Bigotes

¿De qué trata?: Trata de un ratón quien decide secuestrar a una princesa. Su padre, el rey se desespera a tal punto que ofrece la mano de su hija a quien pueda liberarla. Pero ¿quién sería el afortunado?

Personajes: El rey, el ratón bigotes, la princesa, el príncipe.

Había una vez, una princesa hermosa que se encontraba prisionera en un escondite secreto, pero esta vez no era por un dragón sino por un pequeño ratón que la tenía consigo y que se caracterizaba por ser un ratón muy fuerte, por lo que resultaba difícil que Hijana, la princesa, pudiese salir sin ayuda.

Cuando el rey se enteró de lo ocurrido que su princesa estaba en manos de un maleante, secuestrada, llamó a todos los sabios que vivían cerca de la aldea, así él tendría más facilidad para encontrar a su hija. Ellos reunidos, disimulaban la risa, pues pensaban que era muy fácil enfrentar al secuestrador.

La primera tarea de todos regresó con la vergüenza de que habían sido derrotados, por lo que sus risas se convirtieron en fracaso. Nuevamente, el rey convocó a otra reunión con ancianos ilustres, estos que ya no reían, sino que se reconocían por tener el entrecejo fruncido.

Después de llevar varias horas en el ajetreo de la liberación de la princesa, se pusieron de acuerdo para enviar un potente ejército guiado con aparatos de última tecnología, en ellos estaban los arcos con flechas, que se encontraban recién afiladas, más tirachinas con piedras de pedernal.

Pero los vientos llegaron de repente a la construcción que había fabricado el ratón bigotitos para retener a su princesa, rompiendo un trozo de ella, en el que la princesa podía sacar la mano y así llegar a hacer señas para poder salir, además que solía gritar con muchas fuerzas, intentando que alguien la escuchase.

De pronto se escuchó ¡Ayúdenme, estoy encerrada sin saber por qué, ayúdenme a librarme de aquí!

-Ya vamos para allá su alteza, respondió la tropa al unísono, hasta que llegó a los oídos de la princesa, la cual ya se encontraba totalmente desesperada por lo que sucedía con ella, no poder salir.

Al escuchar esto, el ratón del otro lado de la pared estaba carcajeándose y burlándose de la princesa, repitiendo lo mismo que ella iba diciendo. La desesperación del rey iba de mal en peor, pues parecía que el pequeño bigotes no tenía límites en este hecho.

Fue entonces cuando se le ocurrió ofrecer la mano de su hija, a aquel hombre que pudiera librarla de su cautiverio. Muchos pretendientes acudieron, dando diferentes ideas que llevaran a concluir que ella podría salir de donde se encontraba prisionero, unos eran guapos pero también estaban los feos que querían tener a la princesa como esposa, costara lo que costara.

Muchos intentaron, pero ninguno tenía éxito en la hazaña de liberar a la princesa del terrible ratón bigotitos que la tenía encerrada ya desde hace varios días.

A los días siguientes, después de tanto intentar por medio de todos los pretendientes que existían, uno de ellos, muy atractivo se atrevió a aventurar. Estuvo escondido vigilando al ratón y fue a su mínimo descuido que colocó una trampa con queso y mientras el ratón la buscaba el príncipe llegó al sitio donde se encontraba la princesa, donde logró liberarla.

Los dos llegaron al palacio, donde su padre la recibió con todo el amor y fiel a su promesa le concedió al príncipe la mano de su hija. Al cabo de un mes se casaron y vivieron felices para siempre.

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La ratita sabia

¿De qué trata?: Cuenta cómo una ratita quería conocer el mundo fuera de su casa, pero a pesar de las advertencias de su madre, esta no le hizo caso y tuvo que vivir con su propia piel todo lo que le había aconsejado su madre que evitara.

Personajes: La ratita, el hada, la madre

Moraleja/Conclusión: La moraleja dejada es hacerle caso a los padres para sufrir lo menos posible. Ellos conocen y tienen más experiencia, por eso nos enseñan.

Había una vez, una ratita que tenía un tamaño muy pequeño. Ella vivía con sus padres bajo las alfombras profundas de una panadería, ahí estaban seguros y lo más importante, bien alimentados motivo por el cual nunca pensarían en mudarse a otro hogar.

A pesar de esto, la ratita se sentía en ocasiones infeliz, ya que era muy inquieta y entonces estaba en busca de una vida mucho más emocionante.

Un buen día se enfrentó a su madre y le dijo: ¡Madre ya estoy cansada de esta vida tan poco enérgica, eso me aburre, ya que siempre hacemos lo mismo, solo asomar el hocico a la puerta de la casa para comer y ya, eso es todo! A mi me gustaría conocer el mundo, replicó.

– Qué mundo, hija cuando aquí tienes lo bueno, allá afuera esta todo lo malo, todo lo que no necesitas. –Bueno por muy malo que parezca el exterior, yo me iré a aventurar para conocer la diversión y el ajetreo de afuera, necesito que me dé el sol.

Esa noche la ratita acomodó todas sus cosas en un pañuelo y la llevó consigo durante su salida. Al sentir la luz del sol, la ratita pensó: -Justo esto era lo que quería, salir del encierro.

Ella iba caminando muy feliz hasta que casi la atropella un carro -¡Oh casi muero, pero a pesar de estas cosas debo seguir adelante y ser valiente! Fue entonces como hizo una canción para sí misma.

Valiente serás
te guste o no,
valiente serás
con o sin perdón.

La cola arriba
peinados mis bigotes
preparadas las patitas
para empezar el trote.

Valiente serás
a toda hora lo pensarás
porque la inteligencia sobra
cuando piensas en ganar

Todo iba bien, pero le interrumpieron la inspiración cuando un carnero enorme pasó por su ruta a toda velocidad, a milímetros de ella. -¡Dios mío si me descuido cantando más, me aplasta ese gigantón! Creo que no será nada valiente como venía diciendo.

La ratita que iba pensando en la vida iba de susto en susto durante su larga caminata a la ciudad, pero ante todo quería tener el valor suficiente para vivir lo que quería, pero el poco que tenía se le estaba acabando. De repente llegó a la orilla de un río y murmuró:

¡Dios que sed tenía, pero también tengo hambre y todo lo que hay aquí es agua cristalina que solo podrá resolver la sed que tengo! Pero es hermoso, nunca había visto nada igual.

De pronto se acercaron unos cangrejos con largas pinzas queriandola pinchar, ella comenzó a gritar como loca ¡No me toquen, sus pinzas me lastiman! –Soy muy desgraciada al salir de mi casa, no debí hacerlo, he pasado más ratos malos que buenos. Ya me devolveré, no lo soporto pero ¿cómo me devuelvo si no sé donde estoy?

En eso apareció el hada de los niños desobedientes y le dijo: Sé lo que te pasa ratita, pero tenías que haberle hecho caso a tu madre, te daré otra oportunidad y te llevaré a casa.

En cuestión de segundos apareció junto a su madre y le dijo: Mamita, mamita tenías razón el mundo allá fuera es horrible, ahora solo quiero estar aquí feliz con ustedes y sobre todo tranquila.

Desde entonces, nunca más se quejó de la vida aburrida que llevaba.

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El pastorcillo mentiroso

¿De qué trata?: Un pastorcillo dedicado a hacer bromas pesadas a los campesinos de su región, hizo todas las bromas que quiso, anunciando que el lobo venía por sus ovejas, sin saber que podía haberse cumplido.

Personajes: El pastorcillo

Érase una vez, un joven que se dedicaba al pastoreo de ovejas pero a la vez le gustaba mucho divertirse a costa de los demás ¿Cómo? Realizando bromas pesadas a todo el que se consiguiera en su frente.

Su objetivo siempre era reírse de los demás todo lo que pudiera, pues para él ese era su entretenimiento diario. Un buen día, después de salir del rebaño de sus ovejas estaba pensando en qué podía hacer para divertirse y se le ocurrió lo que para él parecía una fabulosa idea.

Fue así como este subió a lo más alto de una roca y empezó a gritar con desesperación: ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! Ahí viene el lobo y se llevará todas mis ovejas ¡Auxilio!

Después de oír estos tenebrosos gritos, todos los vecinos y hombres del pueblo iban corriendo a ayudar al pastorcillo. Después que muchos de los hombres nobles corrieron a su rescate subiendo la empinada donde éste se encontraba, fue que se dieron cuenta que había sido una broma gastada por el mentiroso pastor.

Con mucha molestia por la broma que éste les había gastado, todos los campesinos se devolvieron a cada una de sus actividades murmurando entre ellos acerca de lo que había sucedido y lo terrible que era ese pastorcillo.

Todos estaban muy molestos, mientras que el pequeño pastorcillo no hacía más nada que reírse por todas las veces que los campesinos le creían cuando él le hacía bromas todos los días. Les decía ¡Otra vez han caído en mi broma, ja, ja, ja!

Después de varios días, el pastorcillo sentía que se estaba aburriendo y como tal empezó a planear otras bromas para realizarles a los aldeanos de su región, pues ya extrañaba entretenerse nuevamente con otra de sus terribles bromas pero que para él era una excelente forma de reírse sin parar, mientras ellos se enojaban.

Fue entonces cuando él, quiso gastar la misma broma pues él decía que al ser tantas veces y los campesinos le seguían creyendo, por qué no usarla una vez más y obtener la diversión tan fácil como siempre lo solía hacer.

Sin embargo, en esta oportunidad decidió subirse a un punto mucho más alto que el anterior y que todas las veces que había practicado esta misma broma a sus vecinos. De repente, empezó a gritar: ¡Ayúdenme! ¡Por favor! Necesito su ayuda, se los pido. Ahí viene el lobo y está en busca de robar mis ovejas.

Como era de esperarse, los campesinos de la localidad volvieron a creerle la broma y al llegar a la subida el no respondió con más cosa que con múltiples carcajadas, repitiendo a todos que volvieron a caer en su broma pesada.

Con el paso de los días ocurrió que en horas de la mañana y sin ser broma, apareció el lobo en su rebaño y esta vez, en serio. El pastor comenzó a gritar esta vez, con desesperación mucho más real de lo que solía hacerlo en sus bromas. Pedía ayuda una y otra vez pero nadie acudió a socorrerlo, pues por ser tan bromista los campesinos nunca más confiaron en él y el lobo se robó todas las ovejas que quiso.

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Aladino y la lámpara mágica.

¿De qué trata?: Un niño recibe una oferta de un extranjero por buscar una lámpara sin saber que al entrar en esa gruta tendría a disponibilidad sus 3 mejores deseos a costa de una lámpara de aceite.

Personajes: Aladino, el genio y el extranjero

Aladino

Había una vez una viuda, la cual vivía con su hijo llamado Aladino. Un buen día, llegó a su casa un extranjero que parecía muy misterioso, llamó a Aladino y le dijo: “Necesito  que me hagas un favor muy pequeño y como recompensa te dará una moneda de plata”.

Dado a que Aladino y su madre eran muy pobres, él aceptó sin mediar ninguna duda de aquel hombre, pues él solo pensó que con esta moneda podría cambiar sus vidas.

¿Qué tengo que hacer, señor? Preguntó Aladino. –Sígueme, dijo el hombre. Ambos se fueron a un bosque que quedaba cerca de la zona que a Aladino le parecía conocido, pues era ese bosque donde él solía jugar con sus compañeros.

El hombre le indicó a Aladino: -Necesito que entres por esta pequeña abertura y verás una cueva en la que verás una lámpara vieja de aceite. Lo que debes hacer es traerla y entregármela. Como verás esa abertura es tan pequeña que yo no puedo entrar, por eso te pido que tú lo hagas.

-Está bien, dijo Aladino, ya iré a buscarla para entregársela. Aladino siempre tenía la sensación de que la actitud más el tono de voz del extranjero era algo extraño y le inquietaba un poco, pero con todo y ello se atrevió a entrar en la abertura.

Se deslizó a través del orificio para así poder llegar al otro lado y pudo ver que en la parte interna del sitio se encontraba la lámpara de aceite, la cual estaba iluminando de manera muy débil pero a la vez, descubrió que dentro del mismo sitio había montañas de monedas de oro y piedras preciosas.

“Este señor está loco si solo piensa quedarse con la lámpara cuando hay oro dentro de esta pequeña mina” pero cuando se disponía a tomar la lámpara, apareció una voz incesante y tenebrosa que salía de la lámpara y le decía:

-¡Ven de prisa, sácame de esta lámpara! Pero por otro lado se escuchaba la voz del extranjero diciéndole al pequeño ¡Tráeme la lámpara” en tono de desesperación. ¡No te la daré hasta que no salga de este orificio! Le confirmó Aladino.

Pero el sujeto dentro de la lámpara sacó una mano para que Aladino le ayudara a salir, hasta que se escuchó un ruido estruendoso y con ello se cerró toda la gruta.

Aladino quedó solo en la parte de abajo en medio de la oscuridad sin posibilidad de salir de allí, o eso era lo que parecía.

Aladino sin más nada que hacer al respecto, comenzó a frotar la lámpara para limpiarla hasta que de repente salió el genio ¡Me has liberado! Gracias de verdad. Ahora dime ¿Qué deseas jovencillo? Te concederé 3 deseos.

-En primer lugar, quiero regresar a casa dijo Aladino. En un abrir y cerrar de ojos, apareció en su casa con la lámpara entre sus manos. Fue entonces cuando le contó a su madre lo que había pasado.

Volvió a aparecer el genio y le dijo: -Recuerda que tienes dos deseos más ¿Qué deseas? –Bueno genio, quiero una deliciosa comida acompañada de un rico postre para mi madre y para mi. Al instante apareció su deseo en la mesa. Comieron y bebieron hasta quedar plenos.

Y en mi 3er deseo, dijo Aladino quiero convertirme en un apuesto joven para conseguir a la mujer de mi vida. En segundos, su transformación fue visible y llegó a conseguir a la mujer que compartiría la vida con él. El genio le dijo: La bendigo a ella para que sea tu esposa y sean felices y fue así como Aladino encontró la felicidad a partir de una lámpara de aceite.

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El Gallo Quirico

¿De qué trata?: Un gallo planeaba ir a la boda de su tío Perico, pero consiguió a un inocente gusanito, al que se tragó aprovechando su inociencia. Después todos los compañeros harían hasta lo imposible por encontrarlo.

Personajes: El Gallo Quirico, el gusanito, la hierba, la oveja, el palo

Había una vez, el gallo Quirico se dirigía a la boda de su tío Perico, pero durante el trayecto se consiguió un pequeño gusano en un pozo de agua de calle y le preguntó el gusano ¿Hacia dónde te diriges gallo quirico?

-Voy a la boda de mi tío, el gran Perico, respondió con amabilidad el gallo. ¿Y no puedo ir contigo? –Está bien, te llevará en la parte de adentro y fue como el gallo se tragó el gusano sin importar que se ensuciara el pico.

-Hierba, límpiame el pico porque no puedo ir sucio a la boda de mi tío, el gran Perico. –Muy bien, gallo pero antes dime ¿Qué hiciste con el gusanito? –No sé hierba, la verdad que no lo he visto.

-Gusano, gusanito, ¿dónde te has metido que el día de hoy no has dado señales de vida? Preguntaba la hierba.

-Aquí estoy en el estómago del gallo quirico, pues dijo que me llevaría a la boda de su tío, el gran Perico, quien respondió de forma muy ingenua.

-Bicho malo, eres tu Quirico, cómo me has dicho que no has visto al gusano si lo tienes dentro ¡toma! Límpiate ese pico sucio.

Mientras seguía caminando, el gallo se consiguió con la oveja y este le dijo: Oveja, cómete la hierba, ella no me ha querido limpiar el pico y así no puedo ir a la boda del gran Perico, mi tío.

-Está bien, gallo Quirico pero antes debes decirme ¿Dónde está el gusanito? Porque todos lo estamos buscando. –No sé, hoy no lo he visto.

¿-Gusanito, Gusanito donde estás que hoy no te he visto ni la sombra? Preguntó la oveja.

-Aquí estoy oveja, en el estómago del gallo quirico que me va a llevar a la boda de su tío, el gran perico, éste seguía respondiendo ingenuamente.

-Me has mentido Gallo Quirico, límpiate tú mismo el pico, a lo que lo golpeaba al mismo tiempo con un palo.

En el mismo momento, la oveja se fue y el gallo le dijo al palo: -Palo pégale a la oveja que no quiso comerse a la hierba, quien no me quiso limpiar el pico para poder ir a la boda de mi tío, el gran Perico.

-Muy bien gallo Quirico, pero dime ¿dónde se encuentra el gusanito? –No sé, hoy no me lo he conseguido dijo el gallo, bien seguro.

-¿Gusano, Gusanito, donde estás que hoy no se de ti? –Aquí estoy, en el estómago del gallo quirico para poder ir a la boda del tío Perico. –Oh no, me has mentido gallo malo. Límpiate tú mismo el pico.

Lo mismo sucedió después con el fuego, que también lo descubrió. Después de quedar tan mal con todos sus compañeros, el gallo Quirico se arrepintió y vomitó intacto al gusanito, así ninguno tuvo que hacer nada a nadie, ni el fuego al palo, ni el palo a la oveja, ni la oveja a la hierba ni la hierba al gallo; y él sin ninguna culpa pudo asistir a la boda de su tío Perico.gallo photo

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La niña de los 3 pretendientes

¿De qué trata?: Una princesa quería conseguir un esposo, pero al conocer a sus pretendientes siempre supo que quería a los 3, su padre le hizo todo más fácil poniéndole una estrategia para ver quien se quedaba con ella pero, la sorpresa que se llevó fue peor que el plan.

Personajes: Los 3 pretendientes, El rey y la niña

Érase una vez, un rey que tenía una hija de lo más hermosa dentro de su pueblo. Él ordenó que le presentaran 3 pretendientes y el más apuesto sería el que pediría su mano, pero vio que los tres estaban bien para ella, entonces dejaría que ella decidiera.

La niña entonces al verlos, contestó que quería a los 3

-Pero hija, dijo el rey, eso no puede ser

-Si puede ser y yo ahora estoy eligiendo a los 3, padre.

-piensa con la cabeza mujer, le dijo el Rey ¿A cuál de ellos le debo decir que tiene tu mano?

-A los 3 replicó la princesa.

No hubo nadie que la hiciera sacar de esa mentalidad.

El pobre padre permanecía confundido, así que le dijo a los tres pretendientes que tenían la mano aceptada de su hija, pues ella los quería a los 3, pero en vista de que eso no era posible de ninguna manera, él como rey había estado pensando en un plan.

El plan era que los tres se fueran a buscar alguna cosa especial y única en su especie, entonces el que trajera el mejor regalo, ese sería el prometido de su hija sin duda alguna.

Se pusieron en el camino de buscar lo que el rey les había indicado, cada uno por un lugar diferente. Después de varios meses, los 3 pretendientes se volvieron a reunir en las lejanas tierras, teniendo algo en común, ninguno había hallado nada único en su especie.

De tanto rondar por esas tierras, el primero se encontró a un viejecito quien le recomendó que si quería conquistar a una mujer lo podía hacer con un espejo, él sin pensarlo dos veces lo compró y lo guardó.

Horas después llegó el segundo pretendiente, que iba pasando por una calle desolada y se encontró al mismo viejecito.

Éste le recomendó que si quería conquistar a una mujer debía hacerlo con un bálsamo, pues hace resucitar a los muertos, sin duda, lo compró para tenerlo para su princesa, incluso después lo comprobó con un muerto mientras pasaba por un entierro y dijo: este será el regalo perfecto.

El tercer pretendiente estaba metido en sus propios conflictos a la orilla de la playa, hasta que de repente vio venir un arca de muy gran tamaño, la cual se iba acercando a donde él estaba. De allí salieron muchos pasajeros, uno de ellos, el viejecito.

El viejecito se acercó al tercer pretendiente y le dijo que para conquistar a una mujer, no había nada mejor que esta arca, que se la comprara, pues tenía la virtud de llevar a sus dueños y a su esposa a cualquier lugar que deseen ir, puede usted ver como yo lo hice con los pasajeros que estaban en las playas de España.

Pensándolo bien, el tercer pretendiente decidió comprarla, pues era mejor eso a llegar sin nada.

En los próximos días los 3 fueron a la casa de la hija del rey y él los juntó para ver qué habían traído.

El primero empezó: Yo compré un espejo para que todos los días puedas ver tu belleza, a la niña.

El segundo dijo: Yo tengo un bálsamo, que es capaz de resucitar a cualquier muerto.

El tercero dijo: Yo tengo un arca con la que te puedo llevar a cualquier lugar que quieras en pocas horas.

Mientras la princesa despertaba y pensaba lo único que respondió fue:

¿Ve usted padre? Los necesito a los 3

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El mono titiritero

¿De qué trata?: El gran mono logró demostrar su inteligencia después que el tiburón lo traslado a la otra orilla intentando engañarlo. ¿Verás cómo fue que logró salvar su hígado el mono?

Personajes: El mono, el tiburón

“Yo soy el mono titiritero, soy el más inteligente del mundo entero. Mis volteretas son un vaivén y con el rabo cuento hasta cien”.

Esta era la canción que se escuchaba cada día en la orilla del mar, en el terreno de monolandia, donde practicaba cada uno de sus saltos, sus vueltas y también sus cabriolas. Sin embargo, durante una mañana se escucharon una serie de aplausos que acompañaron el fin de la canción del mono titiritero.

¿Y ahora bien, señor mono? Dijo el tiburón que no dejaba de mirarlo todos los días, pues con casualidades siempre se lo topaba cada vez que llegaba a la orilla del mar cantando y realizando al mismo tiempo todos los movimientos acróbatas que lo caracterizaban y lo hacía ser un simpático mono.

El tiburón pensó en el instante que lo vio cuánto le gustaría a su gente, ver a este mono tan peculiar. Dicho esto, el tiburón sin pensarlo dos veces le dijo al protagonista que si se atrevía a cruzar el río.

El mono al principio se resistía, pues le daba un poco de miedo pasar por encima del agua. Pero minutos después al ver que no se podía dejar vencer por el temor frente al tiburón, decidió saltar al lomo del tiburón, quién fue que lo transportó a la otra orilla, con tanta precaución que no hubo gota que salpicara al mono.

Apenas llegó el mono, empezaron a escucharse distintos toques de caracola y él tiburón le preguntó a un hermano menor ¿qué pasa? Y este le contestó:

Es que nuestro rey se encuentra muy grave, lo que significa que hemos conseguido el remedio, pues solo podría salvarse si se come el hígado de un mono, es lo que nos ha dicho el doctor.

El tiburón le lanzó una ojeada a su amigo el mono, quien de inmediato quería lanzarse al agua para salvar su vida y su hígado de ser preparado para un remedio. Sin embargo, lo pensó mejor y le dijo:

-Debido a que le tienes mucho amor al rey de los tiburones, yo no tengo ningún inconveniente en aportarle mi hígado y así puedas ofrecérselo.

-De verdad, muchas gracias amigo, eso me ha conmovido ya yo había pensado en conseguirlo de la forma que fuera, dijo el tiburón.

-El problema es que como soy muy distraído se me van olvidando muchas cosas, entonces dejé en la casa el hígado y el corazón sobre un sombrero, por lo que tendría que ir a buscarlo en la otra orilla.

El tiburón que ya estaba de mal humor se lanzó al agua, dando vueltas de un lado a otro y decidió llevar al mono a toda velocidad. Cuando llegaron el mono saltó a tierra firme y con carcajadas no dejaba de repetir:

-¡Aquí tengo mi hígado!, ¡ven a buscarlo si es que lo quieres jajaja…..o, acaso ¿te imaginaste que me lo iba a dejar arrebatar así de fácil?

“Yo soy el mono Titiritero, soy el más listo del mundo entero. Mis volteretas son un vaivén y con el rabo cuento hasta cien”.mono photo

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Las 3 hojas de la serpiente

¿De qué trata?: Una historia que muestra las dos caras de la fidelidad, cómo el amor puede demostrarse en todo momento y el desamor también.

Personajes: El rey, El príncipe, la princesa, el piloto

En tiempos lejanos, existía un hombre tan pero tan pobre que solo vivía para poder alimentar a su único hijo, por sobre todas las cosas y todas las adversidades que existiesen.

-Padre mío, se que estás muy necesitado y yo no soy más que una carga que no puedes soportar, lo mejor será marcharme a buscar por mis propio medios lo que comeré día a día.

El padre aceptó y solo le dio la bendición y una profunda sonrisa para su marcha. Fue entonces cuando sucedió que durante esos días, el rey tenía una guerra con un poderoso imperio. Por su parte, el joven se alistó en el ejército y se dispuso a ir a la guerra, sabiendo incluso que el peligro lo rodearía.

Después de llegado al campo de concentración de la guerra, no dio paso el combate, llovían fuegos y el peligro era total, mientras que el joven se sorprendía viendo cómo sus compañeros caían uno tras otro, después que todos decidieron huir, él se adelantó:

-¡No, no podemos permitir que nuestra patria se hunda! Fue entonces cuando lanzó una piedra, sirviendo para derrotar al enemigo. Después de conocer esto, el Rey le dio al joven el reconocimiento que merecía, pues solo era de él, la victoria, nombrándolo el primero del reino.

El rey, por su parte tenía una hija con muchas cualidades físicas, pero con todo y ello, muy pretenciosa. Ella había hecho votos previos donde indicaba no aceptar a nadie como su esposo hasta que no prometiera de forma solemne que en caso de morir, él se haría enterrar vivo sobre la superficie de su misma sepultura.

“Si de verdad, siente que es el amor de mi vida y me ama de verdad, ya no querría seguir viviendo si yo fallezco”, decía la princesa. Así mismo, ella también se comprometía a lo mismo en caso de que la muerte fuera al contrario.

Todos los pretendientes, como era de suponerse habían sido ahuyentados. Un buen día, el joven guerrero le impresionó tanto la hermosura de la princesa que sin dudarlo al verla, la pidió a su padre el rey.

¿Estás seguro de la promesa que vas a hacer? Dijo el rey. – Si, que debo estar junto a su tumba en caso de que ella muera. Pero tan grande es el amor que le tengo que me atreveré a hacerlo si eso pasa.

El rey asintió entonces con respecto a la propuesta y la boda se celebró con toda solemnidad, con elegancia y mucho esplendor. Vivieron muchos meses de felicidad, hasta que la princesa fue diagnosticada con una grave enfermedad, una enfermedad a la que hasta los momentos no se le conseguía cura.

Después que la princesa se encontraba en su último lecho, el joven se horrorizaba al pensar sepultarse sobre su esposa en vida, pero ya sabía que no había más opción.

Ya el rey le había mandado a colocar guardianes a toda la casa, sabiendo que entonces sería inútil decir No al destino que ya le esperaba. Llegó el día de su muerte y el cuerpo de la princesa iba bajando a la cripta real. Al mismo tiempo, el príncipe fue conducido a ella cerrándose la puerta de la urna, con piedra y lodo.

Al lado del féretro se encontraba una mesa que contenía sobre ella, cuatro velas, cuatro trozos de pan y cuatro botellas de vino. Una vez que hubiese consumido todos estos elementos, tendría que morir de hambre y sed.

Cada día comía solo un pequeño trozo de pan y bebía solo un pequeño sorbo de vino, sabiendo que la muerte vendría en cualquier instante. De repente vio salir en uno de los rincones, una serpiente dirigiéndose hacia el cadáver de su mujer.

-¡Mientras yo esté vivo en este lugar, no hará nada para tocarla! Partiendo a la serpiente en tres pedazos. Después de unas horas, del mismo rincón se asomó otra serpiente con las mismas pretensiones. Esta, enseguida retrocedió al ver que la primera serpiente había sido despedazada.

No obstante regresó un rato después llevando consigo tres hojas verdes. Con las tres hojas recogió los restos de su amiga serpiente, cuidando que cada herida quedara en las tres hojas, así las heridas se recuperaron y la serpiente empezó a cobrar vida.

Las hojas quedaron tiradas en el suelo y al príncipe se le ocurrió una brillante idea, pues así como la serpiente recuperó la vida con las hojas, su esposa probablemente lo hiciere. Las colocó en sus ojos y en la boca y en cuestión de minutos se avivó el color de la vida en la princesa, abriendo los ojos y respirando.

-¿Dónde estoy Dios mío?

– Estas conmigo, esposa amada, le respondió el príncipe y le contó todo lo que sucedió y cómo su cuerpo había regresado a la vida.

-Le dio pan y vino a su princesa y al recobrar fuerzas, ambos se fueron a la puerta a gritar hasta que alguien de los guardias los escuchasen. Lo lograron y de inmediato fueron a avisar al rey, quien bajo sorprendido para ver con sus propios ojos lo que había sucedido.

Todos se alegraron de esta enorme sorpresa y el príncipe llegó a guardarse las 3 hojas de la serpiente entregándoselas al criado. –“Guárdamelas, no se sabe si podamos volver a utilizarlas”

Pero, lo que nadie sabía es que las hojas habían tenido otro efecto, el corazón de la princesa ya no tenía ningún afecto por su marido. En un viaje que hicieron, la princesa comenzó a emocionarse por el piloto donde iban, quien después de llamar su atención ambos hicieron todo para tirar al mar al esposo. ¡Ahora si nos casaremos! Dijo la princesa

El criado, al saber la noticia lo buscó en el mar al príncipe y le colocó las hojas para su despertar, reviviendo felizmente. Ambos decidieron llegar al rey para contarle todo.

Cuando la princesa le informó de la muerte del príncipe al rey, este le dijo: -recusitaré a tu marido, pues ya él sabía todo el relato.

La princesa quedo abismada y el rey le contestó: No hay perdón para ti, él estuvo a riesgo a morir contigo en la tumba, dándote de nuevo la vida, mientras que tu le pagas así.

El rey la llevó junto al piloto hasta alta mar donde los dos fueron devorados por las olas del profundo mar.

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El niño y los clavos

¿De qué trata?: Una historia en la que se muestra cómo un padre encuentra la mejor forma de enseñarle a su hijo cómo controlar su mal genio y su carácter cuando algo no sale bien. Sin embargo, también le recuerda que las cicatrices siempre van quedando.

Personajes: Niño, padre

Érase una vez, un niño que se la pasaba en todo momento con un mal carácter. Un buen día, el padre le regaló una bolsa que contenía dentro, una cantidad de clavos diciéndole: “Cada vez que pierdas el control y la calma, debes clavar uno de estos clavos detrás de la puerta”.

Fue así como empezó este nuevo reto para el niño. El primer día, el niño tuvo que clavar 37 clavos detrás de la puerta. En el segundo día, iba disminuyendo la cantidad de clavos clavados sobre la puerta y así fue pasando, cada día requiriendo de menos clavos, pues eso le iba enseñando a controlar su mal genio, así como su carácter para con los demás.

Después de tanto esperar, en definitiva llegó el día en el que el jovencito no volvió a clavar ningún clavo detrás de la puerta, por lo que en todo el día no había perdido la calma ni una sola vez.

Cuando le informó a su padre que en el día no había sido necesario clavar ningún clavo detrás de la puerta, este se contentó mucho y fue entonces cuando comprendió como podía controlar su mal carácter y una personalidad negativa.

El padre con mucha alegría, le sugirió a su hijo que ahora en lugar de clavar los clavos, cada día que llegara a controlar su carácter y su mal genio, procediera a sacar un clavo de la puerta. Fue así como los día empezaron a pasar y a ver todos los cambios en su carácter.

El niño al final, pudo decirle a su padre que lo había conseguido, había logrado sacar todos los clavos que en los primeros días había clavado. Días después el padre del jovencito lo llevó de la mano a la zona trasera de la puerta y le dijo:

-Hijo, yo sé que has trabajado muy duro para clavar y quitar todos los clavos en esta puerta, pero ya ves que todos los agujeros de esta puerta quedarán allí y no volverá a ser la misma nunca más.

-Con esto quiero decir que cuando haces una mala reacción o tienes una mala respuesta con alguien, producto de tu mal genio o de algún enfado, vas dejando una cicatriz en quienes te escuchan, tal y como han quedado los agujeros de la puerta.

Ya no interesará qué tanto pidas perdón, la herida siempre quedará ahí de por medio, pues una herida en la piel resulta lo mismo que una herida dejada por alguna palabra mal dicha a alguien.

Las amistades, así como sucede con los padres y con toda la familia son importantes componentes en la vida de quien y por lo tanto hay que saberlos apreciar y valorar. Son ellos quienes en todo momento, te motivarán a vivir y a sonreír, además de compartir todos los momentos importantes manteniendo su corazón abierto para todo lo que necesites.

La experiencia de cada momento, fue lo que hizo que el niño reflexionara en sus acciones y nunca más volvió a tener mal carácter con ninguna otra persona.

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El traje nuevo del emperador

¿De qué trata?: Una historia en la que la vanidad y la soberbia del rey lo vuelven tan ciego, que no se dará cuenta del nuevo traje que ahora lleva consigo y que todos pueden ver.

Personajes: El rey, Los dos bandidos

Había una vez un rey, un rey que era muy vanidoso, tanto así que le gustaba el lujo desde todas sus perspectivas, desde sus trajes y accesorios, hasta los detalles de su propia casa. Era de los hombres que gastaba a manos llenas todo su tesoro.  Este, era un rey que no le gustaba hacer nada más que gastar e ir de compras. Solo vivía por y para lucir cada uno de los trajes que compraba a diario.

Este, se cambiaba de ropa durante cada momento con el fin de apreciar su elegancia en el espejo y no tener nada de que quejarse. Un buen día, todos ya sabían la afición del rey por los trajes de gala y por esto, dos ladrones con mucho descaro, decidieron engañarlo, haciéndose pasar por arreglistas, sastres y también vendedores de piezas muy galantes de telas muy finas.

Los ladrones llegaron poco a poco al palacio, acercándose con mucha cautela a los soldados encargados de vigilar la entrada de esta gran mansión y les dijeron:

-Buen día, estamos aquí porque queremos ver a tu rey, pues hemos traído finas telas para que él pueda deleitarse con esto que tanto le gusta.

De esta forma, estos pícaros ladrones consiguieron entrar al palacio del rey, frente a él, también aseguraron ser unos de los mejores sastres de la ciudad, mostrándoles distintos trajes que no eran más que una forma de engañarlo por completo.

El rey se encontraba totalmente entusiasmado al ver a estos hombres que querían mostrarles trajes nuevos. Este, le pidió que les enseñaran todas las telas que tuvieran para ver cuál era la que más le convenía pero por más que intentaba convencerlos, no lograba hacer que ellos mostraran nada.

Uno de los bandidos dijo: Es que esta tela, mi Rey es tan buena que solo es usada por los más sabios del mundo. El rey para sus adentros pensaba: -Pero si yo no estoy viendo ninguna tela ¿de qué hablan?

Pero como el rey quería siempre verse muy vanidoso, no quería verse como un tonto delante de los bandidos, le contestó:

Pues si ¿eh? La verdad es que es un traje muy bonito, sonando confundido.

-Pruébeselo, dijo el ladrón. El rey llamó al mayordomo para que tomara el traje y se lo hiciera probar. –Qué elegante es ud, dijo uno de los ladrones.

Fue entonces, cuando el rey organizó una marcha con sus soldados, de forma de poder lucir su nuevo traje delante de todo el pueblo y su magnífico gusto de acuerdo a lo que había obtenido de “los mejores sastres de la ciudad”

El pueblo observaba atónito al rey, todos mudos e impresionados sin poder decirle al rey que se encontraba desnudo. Solo fue un niño, quien se atrevió a decirle la verdad al rey pero de forma muy risueña.

-Jaja, ¡el rey está desnudo!

Al ser palabras de un inocente, todos empezaron a murmurar sobre la misma desfachatez. Fue entonces cuando el rey entendió que había sido engañado por estos malhechores y que por culpa de su misma soberbia y la vanidad, no pudo ver con los ojos bien claros de lo que se trataba todo.

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