Adivina mi pensamiento

¿De qué trata?: Trata de una abuela y su nieta que recuerdan días enriquecedores. Intentan valorar el tiempo, y le prestan importancia a la vida más que al deber.

Personajes: Nany, Nita

¿Dónde ocurre la historia?: ACTO I

El salón de Nany. En él hay un reloj gigante, una mesa redonda y dos sofás.

Personajes:

– Nita: Es la nieta de Nany. Tiene tan sólo unos 13 años.
– Nany: Su nombre auténtico es Nancy, y es la abuela de Nita.

ACTO I

Personajes en escena: Nany y Nita

El reloj del gran comedor parecía tener vida propia. Se llevaba bien con el tiempo, gracias a él podía hacerse notar, dar sus notas tocar su música para que así de vez en cuando pueda permitirse poner nervioso a algún que otro ser humano. Las horas en las que más conseguía ser observado y atendido era en las mañanas. Su deber era el de ser el malo de la mañana, el gallo sin cresta.

Nany y Nita, se encontraban sentadas en los sofás individuales. En el centro de ellas, había una mesa con un ropaje verde y un cristal con forma de circunferencia perfecto. En ella, las dos apoyaban sus cartas. Tan sólo jugaban a adivinar el número que tendría la una o la otra.

– Nita: Cuándo era aun más niña, jugábamos a algo parecido, ¿no Nany?

– Nany: ¿Algo parecido?

– Nita: Sí, recuerdo que tendría por lo menos tan sólo como unos cinco años. Papá y mamá se habían peleado aquel día, por eso le pedí a mamá que si podía quedarme contigo. Esa noche, me diste un vaso de leche con colacao y más tarde me dijiste que era la hora de dormir, pero no era muy cierto.

– Nany: ¿Ah no?

– Nita: No, para nada. Cuándo nos pusimos el pijama y tú me peinaste dos trenzas porque decías que así mi pelo no se enredaría con tanto movimiento, las dos nos tumbamos en tu cama. Me dejaste dormir contigo porque yo te lo pedí. Y entonces, no dormimos precisamente. No, porque recuerdo que las dos primero estábamos mirando hacia el techo. En el techo no conseguíamos poder ver absolutamente nada, y entonces… yo te hablé de esas luces que podemos ver a pesar de estar todo oscuro.

– Nany: Oh sí, ya lo recuerdo… . Y te enseñé ese juego de adivinar las formas que dibujábamos en nuestra mente.

– Nita: Las adivinaba absolutamente todas.

– Nany: En eso no has cambiado nada. Ahora todavía adivinas los números que tengo en mi mano, con los años sólo se ha tornado como un juego más complejo, lo que pasa es que por tu costumbre y rutina de él, tú no has notado una gran diferencia de complejidad.

– Nita: ¿Crees que la inteligencia se hace con la práctica?

– Nany: ¿Qué es la experiencia sino una práctica de estar viviendo tu vida diaria? La vida no es nada más que una prueba para todos, un colegio con unas normas que no todo el mundo comprendemos. Algunas personas sin más, sentimos que no encajamos con todas esas normas que nos convierten en algo que nunca deseamos ni siquiera de niños. Lo que ocurre es que, aunque no queramos aceptar y acatar las reglas que nos imponen, existe un deber para la persona que va en contra de la personalidad de cada uno… va en contra de la libertad de intuición que hayamos desarrollado y que, nos gustaría no cambiar por mucho que el tiempo llegase a pasar.

Nita se quedó mirando el reloj barnizado de marrón. Su aguja musical, continuaba el recorrido, su recorrido, su vida. Nos acompañaba como si tuviese también sus normas. Pero, ¿y si un día decidiese parar y hacer que llegásemos tarde al trabajo? Sólo sería eso, llegaríamos tarde a un deber, pero… ¿nuestro deber no es la vida? ¿El reloj no estaría dándonos un regalo sólo por decidir descansar o hacerse el despistado?

Eran las 00:30. Resultaba ser una hora mucho más tardía a la que Nita y Nany acostumbraban a dormirse.

– Nita: Me gusta muchísimo cómo reflexionas abuela. Ojalá hubiesen más personas como tú. Posiblemente así el mundo dejaría de estar tan agobiado cuándo camina por la vida. Ni siquiera parece que sepamos coger aire con nuestros pulmones como es debido. Hoy en día, respirar es algo que también nos tienen que recordar e incluso enseñar. ¿Cómo es posible que hayamos podido evolucionar tanto y a la misma vez desaprendamos una regla tan básica para nuestros cuerpo? Olvidamos lo más esencial para que nuestro cuerpo pueda sentirse en paz, para que nuestras células se sientan bien consigo mismas.

Nita se levanta del sofá. Dirige sus pasos a una estantería de madera que hizo su abuelo antes de que ella naciese. En grande, y en un lateral, existían dos iniciales grabadas; N y P. La N de Nancy y la P de Paco, su abuelo. Siempre le pareció un romántico. Después más abajo había una flechita mal hecha y ponía su nombre ”Nati”, con letra de prescolar. Lo escribió Nati cuándo tendría por lo menos unos tres años. Lo único que es capaz de recordar es que ese día acababa de aprender a escribir su nombre y estaba emocionada porque, su abuelo Paco le había prometido que si aprendía a escribir bien sus letras, entonces podría pertenecer a la madera de sauce que soportaba el peso de muchas mentes que cuentan historias. La idea le encantó tanto, que se esforzó toda una noche en la práctica de su escritura con la ayuda de Nany, por supuesto.

Inevitablemente Nita no pudo evitar esbozar una sonrisa llena de ternura. Sin casi darse cuenta, se descubrió rozando uno a uno los lomos de aquellas historias en las que según su abuelo aquel día, ahora ella formaba parte.

– Nita: ¿Tienes sueño abuela?

– Nany: A decir verdad sí… .

– Nita: ¿Te gustaría que durmiese contigo esta noche? Después de todo el abuelo ya no está y… .

– Nany: Tranquila, sí que está con nosotras. Lo estará. Cuándo nos acostemos en la cama, lo más posible es que esté escuchando desde el otro lado todas las historias que nos contemos y también… ¿por qué no jugamos a adivinar figuras?

– Nita: Podríamos… ¿crees que el abuelo desde el otro lado sabrá adivinar las formas que estoy pensando?

– Nany: Y no sólo eso, cariño. Y no sólo eso. Lo más seguro es que sea él quien influencie esas figuras en tu mente, o puede que esta noche te haga soñar con él para decirte lo mucho que te quiere, lo presente que está, y estará contigo cada noche… .

 

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La cárcel de la autocompasión

¿De qué trata?: Trata de un hada que se llama Lumen y está encarcelada junto con su conejo negro llamado Bigotes, desde que era muy niña. Ella se siente muy triste por todo lo que le pasó.

Personajes: Lumen, Bigotes

¿Dónde ocurre la historia?: Lo alto de un árbol.

Moraleja/Conclusión: Enseña que la autocompasión puede volverse tu propia cárcel, tanto, que con el tiempo te puedes cegar sin ver chispa alguna de esperanza sobre ti mismo. Dañándote y dañando a los demás.

Personajes:

– Lumen: Lumen, es un hada.
– Bigotes: Es un conejito de color negro. Es la mascota de Lumen.

ACTO I

Personajes en escena: Lumen y Bigotes

Lumen, se encontraba en un bosque encerrada dentro de una jaula. Esa jaula, estaba encima de un árbol que diariamente no dejaba de echar raíces más y más grandes. Al principio era un árbol pequeño, pero ahora era tan alto que Lumen no era ni siquiera capaz de poder visualizar el suelo ya que, las hojas de otros árboles lo tapaban.

Ella pensaba que era imposible que algún día pudiese salir de esa cárcel, a pesar de que su mascota Bigotes continuamente trataba de animarla para hacerlo. Para poder salir de ahí.

– Bigotes: Lumen, ¡puedes salir de aquí! ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué no vives?

– Lumen: Es demasiado peligroso Bigotes. Ya es demasiado tarde para poder salir de aquí, el árbol es demasiado alto y delgado. Además, estos barrotes impiden nuestra salida, no hay ninguna puerta.

Bigotes, se puso muy triste tras escuchar las palabras de su dueña. El se sentía atrapado junto a ella porque era incapaz de dejarla sola ni un segundo. Nunca se lo perdonaría.

Lumen se encontraba sentada y cabizbaja porque sentía que aquel lugar sería eterno. Las horas pasaban como años, y a la vez los años pasaban como una sola noche. No parecía que pudiese llegar la primavera jamás. Rendida, decidió echarse una cabezadita.

Bigotes, se dio en cuenta entonces que esa noche la pequeña hada triste y frágil, por primera vez en muchísimo tiempo estaba teniendo un buen sueño. Su sorpresa, fue que la ilusión de los barrotes de golpe desaparecieron.

Bigotes no podía creerlo, por eso, entusiasmado se acercó a la pequeña hada para despertarla emocionado de su sueño placentero.

– Bigotes: ¡Lumen, Lumen! ¡Despierta ya no hay barrotes que nos encarcelen!

– Lumen: … ¿qué?

Lumen se encontraba somnolienta cuándo consiguió Bigotes sacarla de su profundo y precioso sueño. Los barrotes de nuevo volvieron a aparecer en cuánto ella abrió lo ojos.

– Lumen: ¿Pero qué estás diciendo Bigotes? Los barrotes siguen estando a nuestro alrededor. ¿Por qué me has despertado? Desearía que jamás lo hubieses hecho. Soñaba que volaba al roce de la tierra y me encontraba con cientos de criaturas como nosotros que me saludaban con cariño, ¿por qué lo has hecho Bigotes?

– Bigotes: Pero yo… . He visto que los barrotes han desaparecido en cuánto tú comenzaste a sonreír en sueños.

Entonces Bigotes se dio cuenta.

– Bigotes: ¡Oh vaya Lumen!

– Lumen: ¿Qué pasa?

– Bigotes: Los barrotes que nos encarcelan a los dos son completamente ilusorios. Existen porque tu tristeza está presente desde el día en el que nos carcelaron. Por eso yo también puedo ver los barrotes sin mérito de poder salir yo también, porque cuándo tú estás triste, yo también me siento triste y encarcelado junto a ti. Pero cuándo te veo feliz… como acabo de verte en ese sueño, los barrotes desaparecen gracias a que ya no existe tristeza.

A Lumen, le hizo tanta gracia lo que decía su mascota bigotes que comenzó a reír. Gracias a ello, Bigotes siguió también su risa y entonces la ilusión de los barrotes terminaron por desaparecer. Lumen se acercó a la orilla del árbol sin poder creer que no habían barrotes.

– Lumen: Tienes razón Bigotes, los barrotes desaparecen con la risa pero…

Lumen miraba hacia abajo sin saber muy bien cómo hacer. Por primera vez en su vida iba a poder ser libre, tenía la oportunidad de salir ahí y averiguar cómo era el mundo más allá de se árbol. Pero sentía miedo.

– Lumen: ¿Y dónde iremos Bigotes? ¿Cómo puedo irme de aquí si no puedo volar? Mis alas terminaron rompiéndose a la misma vez que mi corazón el día que nos encerraron aquí juntos, ¿cómo voy a volar?

Bigotes se acercó a Lumen y analizó bien sus alas. Curiosamente su amiga no se daba cuenta, pero él podía ver que sus alas ya no estaban rotas. El tiempo había conseguido cicatrizar sus roturas. Sólo habían pequeñas y leves marcas, pero Lumen lo ignoraba. En el fondo ella aun sentía que estaba rota por dentro y por fuera, eso la incapacitaba para volar.

– Bigotes: Lumen, estás curada. Tus alas no están rotas, han cicatrizado con el tiempo.

– Lumen: Eso es completamente imposible porque yo he seguido sintiéndome triste durante cientos de años. Si no he podido salir antes, ¿cómo puedo salir ahora? Mis alas están rotas, no podré salir jamás.

Entonces Lumen, volvió a sentirse tan triste que terminó sentándose de nuevo donde estaba anteriormente. Los barrotes ilusorios volvieron a rodearle, pero esta vez Bigote cuándo se acercaba a uno de los barrotes podía conseguir atravesarlo.

– Bigotes: Los barrotes ya no son tan fuertes como antes, ¿por qué sucederá algo así?

– Lumen: No lo sé. Yo me sigo sintiendo tan desdichada como antes, no debería de ser así.

Entonces, Bigotes entendió algo más. Comprendió que esos barrotes no sólo estaban ahí por la tristeza que sentía Lumen, sino por su autocompasión. Recordaba tanto su pasado, el cómo y el por qué le habían encerrado en aquel lugar que sólo terminaba por sentir compasión por ella misma.

Bigotes se acercó a Lumen dispuesto a cambiar eso. Saltó hasta sus piernas posándose sobre ella.

– Bigotes: ¿Yo te importo, Lumen?

– Lumen: Por supuesto que sí me importas Bigotes, ¿por qué me preguntas eso? ¿Acaso dudas de mí?

– Bigotes: No son esas las preguntas las que yo debería de contestar querida. La pregunta es, ¿tú confías en mí?

– Lumen: Sí, claro que confío en ti Bigotes.

– Bigotes: Y si es así, ¿por qué has dudado de mi credibilidad por ti? Te he dicho que te has curado, que ya puedes volar. Puedes ser más fuerte e incluso más veloz que antes de que te encerrasen y tú aun así, has desechado la posibilidad de esa certeza creyendo que es algo imposible. Yo te estoy diciendo que es posible. Y por eso, necesito que ahora mismo sonrías y nos saques de aquí a los dos para poder volar lo más alto que puedas.

Las palabras de Bigotes, consiguieron ser un bálsamo para el autoestima de Lumen. Así que, Lumen sonrió. Sonrió tanto que los barrotes entonces ilusorios no sólo desaparecieron, sino que explotaron de tal modo que salieron chispas de flores de éstos. Lumen cogió a Bigotes con sus manitas y entonces, aún sonriente voló. Voló tanto y tan alto como su amigo Bigotes dijo que podría.

 

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No dejaremos que nos hagan daño

¿De qué trata?: Trata de una abuela y su nieta. Las dos se encuentran atrapadas en un campo de concentración, pero hasta que no pasan ciertas cosas no saben que lo es.

Personajes: Corina, Miyu, Samantha

¿Dónde ocurre la historia?: En el primer acto se encuentran en un refugio ruinoso. Hay un tocador, una cama de matrimonio, un lavadero y una puerta que da hacia un baño.

En el segundo acto están en un campo de concentración.

Personajes:

– Miyu: Miyu es ya casi que una mujercita. Tiene 13 años y es la nieta de Corina.
– Corina: Corina es muy dulce. Tiene 64 años de edad y es la abuela de Miyu.

ACTO I

Personajes en escena: Corina y Miyu

Las manos suaves de Corina, sujetaban con mucha delicadeza, como si su nieta Miyu fuera de porcelana aproximadamente un palmo tan sólo de su cabellera morena.

Miyu y Corina se encontraban en el aposento. Miyu estaba sentada en un taburete rojo, delante de un espejo. Sólo con mirarse se sentían seguras, como si se encontrasen adentradas en un templo donde nadie podría llegar a alcanzarlas.

– Miyu: Abuela… . Antes, cuánto estaba fuera he visto a una niña que parecía estar perdida, pero, creí que tenía padres o al menos me pareció verlos hace como unas dos noches jugando con ella.

– Corina: ¿Estás segura cariño?

Miyu: Sí. Muy segura, o al menos eso creo. Mira, su madre esta tan rubia como la niña y su padre parecía un anciano. Pero padre, abuelo, es casi que lo mismo después de todo.

Corina seguía manipulando la cabellera de Miyu. La atendía de forma muy atenta, en su interior, muy al fondo de él, algo le decía que iban las cosas del todo bien. Desde hace un tiempo lo presentía, desde ese instante que metieron a su nieta Miyu junto a ella en aquel horrible lugar, sólo porque ella rechazó la idea de dejarla sola. Corina hubiese preferido que saliese corriendo de allí, pero a la vez sabía que la conexión que existían entre ellas dos era muy difícil de romper y comprendió, que ella hubiese hecho lo mismo que su nieta.

Sabía que algo oscuro podría estar entrando en sus vidas, pero evitaba pensarlo para que nada de lo que pudiese creer se hiciese realidad. Actuaba de modo contrario a lo que hace una gran mayoría de personas con los sueños que tienen. Dicen que si los cuentas, entonces no se cumplen pero, un sueño que quieres que se realice es algo bueno. Todo lo contrario pasa con sus pensamientos, los presentimientos de Corina. Tenía la esperanza de que al no contarlos, como era algo malo entonces dejase de existir la posibilidad mínima de que algo horrible suceda.

Corina: Para aquellos que no recuerdan la historia, están condenados a repetirla… .

Miyu: ¿Qué quieres decir? ¿Cómo va a estar condenada una niña? Todavía no ha tenido ni siquiera la oportunidad de tener el tiempo en sus manos. Algo as su favor para conocer las historias que fueron, la historia que entonces llegó a ser. Ni siquiera tendrá el tiempo para poder vivir su propia historia.

Corina dejó de cepillar a Miyu al instante. Algo sabía su nieta y eso sí que le ponía algo nerviosa. Quizá ella no ha sabido ocultar sus presentimientos, puede que la conexión ella fuese tan grande que sabía ver a través de ella todo lo que no quería creer. Miyu, comenzó a mirar el suelo. La confusión comenzó a cobrar forma en su rostro, se sostenía junto con una incertidumbre que a las dos les pesaba. El de algún posible quizá que cada vez era más densa.

Miyu: Abuela…

Corina: Dime, cariño…

Miyu: Anoche me pareció escuchar que los soldados se encaminan hacia aquí.

Entonces ya sí que Corina se quedó paralizada en cuanto escuchó las palabras de Miyu. Después, reaccionó nerviosa retomando el trabajo de peinar el pelo de Miyu nuevamente.

Corina: Sólo deben de ser rumores Miyu, no hagas ni caso. No te preocupes de nada que no va a suceder.

Miyu: Pero abuela, tú misma has dicho que las personas que no llegan a recordar su historia están condenados a repetirla.

Corina: Miyu, cariño… . Nosotras la recordamos, ¿cierto mi vida?

Entonces, Corina se dio cuenta de lo que transmitía con sus palabras. Ella sí recuerda la historia, cree en ella, pero la oculta como los mismos sueños. ¿Y si por recordar sus presentimientos y no decirlos se realizan al igual que los sueños? Quizá no habrá efecto rebote por olvidarlo. Hay muy pocas posibilidades de que pueda suceder lo que en verdad a una le gustaría.

Corina deja el cepillo en la mesa y acaricia la mejilla porcelaica de su nieta.

Corina: Vamos a buscar a esa niña, Miyu.

Miyu alzó la cabeza sin entender el cambio que parecía haber sucedido en su abuela. Se levantó sin hacer demasiadas preguntas, se miraron de frente una a la otra.

Miyu: Pase lo que pase…

Corina acarició el hombro de Miyu para aportarle la seguridad que parecía querer ser correspondida en esos momentos.

Corina: Pase lo que pase, cariño.

Y entonces, las dos se fundieron en un abrazo vaticinando que también estaban posiblemente fusionando sus dos verdades internas.

ACTO II

Personajes: Miyu, Corina y Samantha

Hacía muchísima calor fuera. Corina y Miyu caminaban por el campo de concentración buscando a la niña que Miyu vio. Habían tantas personas reunidas en el suelo, formando pequeños grupos en familia que les era realmente difícil encontrar a la pequeña.

Samantha: Shhh… oigan…

Una joven de pelos también castaños pelo de piel más morena que Miyu estiró la falda de Corina, dando pequeños toquecitos para sólo llamar la atención de ambas.

Samantha: Podrían ayudarme, por favor…

Samantha mostró su pierna derecha. Esta estaba como encangrenada, como si le hubiesen propinado unos golpes sin tacto y conciencia alguna. Corina se arrodilló como pudo.

Corina: ¿Quién le ha podido hacer algo así?

Miyu miraba la escena pálida y tras ello miró entonces a su alrededor. Al parecer no era sólo esa joven la que se encontraba en una terrible situación. Pudo ver, como algunos niños estaban muertos en los brazos de sus madres.

Miyu: Abuela… las personas están comenzando a morir.

Corina y Miyu ayudaron a Samantha a levantarse. Corina no era capaz de admitir lo que sus ojos estaban viendo.

Corina: Vayamos a limpiar sus ropajes Miyu.

Samantha: Gracias… benditas seáis queridas.

Miyu le dedicó una mueca de preocupación y tristeza a su abuela. Sabía que estaba empezando todo a tomar una forma que no parecía ser buena.

ACTO III

Personajes en escena: Miyu, Corina y Samantha

Las tres, Corina, Miyu y Samantha se encontraban en lo que era como su refugio desde que llegaron. No se le podía llamar hogar porque todo estaba ruinoso, se caía a pedazos según el tiempo iba actuando en su contra. Pero al menos tenían un tocador muy antiguo con un taburete de color rojo. También tenían una cama de matrimonio, en ella dormían Corina y Miyu juntas. Un lavadero en la misma habitación con agua. Con él sacaban agua para poder lavarse como podían y después en uno de los rincones del lugar también había una puerta. Dentro había un baño y en él se encontraba un inodoro en malas condiciones pero que trataban de asear al máximo con agua y jabón de Marsella siempre. También había un botiquín colgado en la pared, tenía la forma de un espejo y justo abajo un lavabo para lavarse las manos. También era un poco sucio.

En esos momentos Miyu y Corina, juntas, desnudaron a Samantha para limpiar sus ropajes de color carmín. Se percataron de que no sólo tenía ese problema de la pierna sino, que además en sus costillas habían cardenales horribles.

Miyu: ¿Pero qué te ha sucedido?

Samantha: Me llamo Samantha querida… . Lo que me ha pasado es que, hace dos días estuve intentando limpiar las ventanas de lo que mandan aquí, de esos que tienen trajes con sus corbatas y prometieron refugiarnos hasta darnos un hogar con buenos tratos. Uno de esos hombres me pidió que hiciese ese trabajo, la ventana estaba alta por lo que me dio una silla de madera en la que subir. Eso hice, pero entonces, me fijé que estaba quemando la silla con un mechero.

>> ¿Pero qué hace? Le pregunté bajando al instante de ella. No me dio tiempo ni siquiera a recomponerme del susto cuándo entonces ese hombre de corbata sacó una pistola y apuntándome con ella me dijo, ”Suba ahora mismo en la silla y haga lo que le he dicho”. No tuve más remedio que hacerle caso. Le pregunté por qué estaba haciendo eso, pero la única respuesta que me dio era el de la llama que quemaba una de las patas de las sillas. Prendió hasta que se agrietaba y entonces él me golpeó haciéndome caer al suelo. Y no sólo eso, me mordía, me volvía a pegar y así hasta que perdí completamente el sentido.

Corina estaba lavando los ropajes de Samantha en el lavadero mientras Miyu se sentía cada vez más petrificada por lo que le había sucedido.

Samantha: Vendrán todos hoy, me lo dijo él.

Miyu: ¿Vendrán quienes?

Samantha: Todos los soldados, para fusilarnos.

Entonces en esos momentos, Corina dejó de lavar los ropajes de Samantha. Escuchó a las personas gritar de terror, los tiros salían de sus pistolas. Corina le dio la parte interior que aun estaba seca a Samantha para que se volviese a vestir y entonces, Miyu y Corina se miraron profundamente. Sintieron su cariño latir en aquel lugar horrible. Se asintieron la una a la otra.

Miyu cogió la mano de su abuela Corina y corrieron hasta el baño. En él se encerraron. Miyu abrió el botiquín y cogió una cuchilla.

Miyu: Abuela… ¿estás segura?

Corina: No dejaremos que nos hagan daño cariño.

Entonces Corina le cogió la cuchilla a su nieta. Miyu corrió hasta la puerta y puso el pestillo.

Miyu: No tendremos tiempo…

Corina: Lo tendremos mi amor.

Entonces en esos momentos, Corina se cortó la piel, se cortó las venas y… Miyu siguió su camino. No les dolió el corte, tras ello unieron sus brazos mezclando su sangre, abrazándose.

Los soldados llegaron un cuarto de hora después hora después. Pero ellas ya consiguieron lo que querían, estar juntas por siempre y no dejar que nadie les hiciese daño.

 

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Sin permiso

¿De qué trata?: Trata de una pareja de enamorados. El novio le pide matrimonio a la novia, pero lo hace sin permiso de su padre, cosa que hace que tenga en un futuro algunos problemas con él...

Personajes: Abbi, Ito, Hearton

¿Dónde ocurre la historia?: Un jardín en el primer acto y el despacho del padre de Abbi en el segundo acto.

 

ACTO I

Personajes en escena: Hearton y Abbi

El tiempo parecía estar acompañado por el canto de los pájaros. De buena mañana, a la hora del desayuno y con un tiempo envidiablemente soleado, Abbi y Hearton se encontraban en un jardín. Sentados encima de una manta típica de picnic, a cuadros.
Abbi acomodaba su cabeza en el torso de Hearton. Los dos estaban sentados, disfrutando de la comida que habían traído, un zumo de naranja, uvas, frambuesas… . Los dos sentían que estaban en una octava maravilla que pocos privilegiados alcanzarían a reconocer.

Abbi: Me encanta que haga este tiempo. Deberíamos de reverenciar al Sol que está por encima de nosotros, regalándonos este preciado momento que no olvidaremos nunca.

Hearton, acaricia los cabellos largos de Abbi. Cada vez que escucha su voz, parece que siente esos escalofríos que ocurren cuándo comentan que un espíritu te atraviesa. Pero el único espíritu que está recorriendo todo su cuerpo es el de él mismo. Vibrante, con ganas de hacer el amor en mundo entero.

Hearton: Pues eso espero. Porque de no ser así no hubiese tenido mucho sentido ésto.

Y entonces, Hearton mete una de sus manos en su bolsillo del pantalón para sacar entonces una caja azul aterciopelada. Esa caja tenía el tamaño exacto que suelen tener la gran mayoría de cajas de compromiso. La dejó caer sobre la falda alargada y roja de su amor Abbi.

Abbi: Pero… ¿qué es esto?

Hearton: Se puede percibir, pero no lo sabrás hasta que no la abras.

Hearton pudo apreciar que a Abbi le comenzó a temblar el pulso. Sabía que estaba viviendo uno de esos momentos importantes que pueden tener las personas en su vida, se sentía un privilegiado porque de la vida que vivía un dicho momento así no era la de una persona común, sino la de Abbi. Su preciosa, fortuita y amada Abbi.

Hearton: A tu padre seguro que le parecerá muy bien esta idea… .

Abbi: ¿Bromeas? ¡Le va a encantar!

El furor del momento había invadido cada nervio de Abbi. Eso hizo que sus brazos se abriesen de alegría para recibir al que se había convertido en su prometido, su futuro marido.

 

ACTO II

Personajes en escena: Ito y Hearton

Hearton estaba seguro que de esta forma se ganaría la simpatía de su padre. Al principio de conocerse, Hearton sabía que no le había caído lo suficientemente bien. Se dio cuenta de que le miraba por encima del hombro mientras fumaba uno de esos puros que le llevaban a su paraíso. Eran de edición limitada, pero ilimitada era su ritual diario con ellos. Ahora mismo, Hearton se encontraba en el despacho de su padre para pedirle la mano a su hija. Éste le miraba como siempre o peor. Se notaba muchísimo que se sentía molesto por su visita.

Ito: Hearton…

Ito dio una calada a su puro desde detrás de su escritorio. A su vez, Hearton se sentó en la silla libre que había para hablarse de cara a cara con su futuro suegro oficial. El humo le daba en la cara a Hearton.

Hearton: Hola señor, ¿cómo estás?

Ito no respondió a la pregunta de Hearton. Se limitó a ofrecerle un puro a Hearton, pero a éste no le gustaban.

Ito: Gracias señor, pero… no me apetece ahora mismo.

Hearton: Ito, no me jodas. Coge uno y conviértete en un hombre de una vez.

Esa reacción a Hearton le caló un poco hondo. Él siempre se había sentido como un hombre, por lo que un comentario con ese tono consiguió que se pusiese algo rojo. Terminó cogiendo el puro y Ito le dio fuego en cuanto este se posó en la boca de Hearton. Tosió como un condenado tras tomar la primera calada.

Ito: Vaya por Dios Hearton. Tienes unos pulmones de niña… . En fin, ¿qué es lo que te trae por aquí?

Hearton: Pues verá señor, la causa de mi visita es…

Hearton cogió la caga vacía de compromiso y la colocó sobre el escritorio.

Hearton: Es ésto.

Ito le miró con el ceño fruncido. Le miraba, pero después bajaba la mirada para entonces mirar la caja aterciopelada de color azul. Su semblante pereció haberse quedado un tanto paralizado, estaba estático mudo. Hearton no sabía muy bien que hacer en esos momentos, si quedarse callado, decir algo o salir corriendo.

Hearton: ¡NO!

Hearton se cobijó sobre sí mismo por el grito que Ito echó al tejado. A la misma vez Ito cogió la caja, la tiró con fuerza hacia al suelo y ésta terminó abriéndose por el golpe. Eso, tenía mucho que decir en contra de Hearton según la lógica del padre de Abbi, Ito. Señaló la caja con furia.

Ito: ¡¿Qué significa eso?! ¡¿Y qué hace vacía?!

Hearton: Ya le he pedido la mano…

Ito: ¡Insensato! Si te crees que vas a casarte con mi hija, crees mal pequeño desgraciado… . Ella merece mucho más de lo que tú puedas darle, ¡porque tú no puedes darle nada!

Hearton: Pero…

Ito: ¡NO! ¡Cállate! Me vas a escuchar… . Ahora mismo, vas a desaparecer de mi vista. Vas a ir a tu casa, a coger toda tu maldita, tu barata ropa y la vas a meter en tus malditas maletas. Después de eso, lo que vas a hacer es coger esa maleta, caminar hasta el aeropuerto. Allí tendrás uno de los billetes más caros que tú jamás podrás pagar en cuánto le digas tu nombre a la recepcionista. Yo mismo te los pagaré y…

Ito estaba de pie, cerrando los puños con tanta fuerza que parecía estar haciéndose daño a sí mismo de la misma rabia que parecía haber en su interior.

Hearton: ¿Y entonces qué señor? ¿Pretende que le parta el corazón a su hija?

Fue entonces en esos momentos cuándo Ito dejó de apretar tanto sus puños hasta relajarlos de golpe.

Ito: No. Te casarás con ella.

Hearton: ¿De verdad señor? ¿Tengo su bendición?

Ito: ¡Jamás tendrás mi bendición maldito! La tiene ella. La bendición es sólo para mi hija, tú sólo espero que le des todo lo que ella quiera o terminarás viéndote un bala en tu cerebro, ¿¡entendido!?

Hearton: Entendido, señor…

 

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Amenazada

¿De qué trata?: Trata de una embarazada que no quiere casarse y por ello, se ve amenazada por sus padres.

Personajes: Raúl, Anaís

¿Dónde ocurre la historia?: Un parque con una fuente.

 

ACTO I:

Personajes en escena; Raúl y Anaís.

Raúl y Anaís aún no han aparecido en escena, pero se dirigen a ella. Se encaminan hacia un parque. En él, el césped está verde, las aves buscan el agua de una fuente que está en el centro del lugar. Ésta es grande, por arriba hay un chorro que cae como las emociones hasta la zona básica de ella. Ahí es donde se posan los pajaritos, muertos de calor debido a la estación en la que se encuentran.

– Raúl: Es necesario que te cases. Alguien debería tener algún derecho sobre ti para poder defenderte.

– Anaís: Ni muerta. No pienso sellar ningún tipo de pacto con un hombre jamás. No lo haré ni por mi propia salvación ni por nadie.

Raúl saca una brújula de su bolsillo. Lo mira con posesión, como si en cualquier momento pudiese llegar a perderlo o algo que podría llegar a ser muchísimo peor; que se lo robaran. Él se encontraba nervioso, sólo quería salvar a Anaís de futuras desgracias, pero ésta parecía no hacerle demasiado caso. En realidad, nunca le hizo el caso que él hubiese querido que le hiciese en algún momento.

Raúl: Anaís… no seas tonta mujer. Sabes de sobra que si no te casas tus padres te repudiarán. Y no sólo te repudiarán, también repudiarán a el ser que llevas dentro de tu vientre.

Anaís, tras escuchar el comentario que Raúl le hizo sobre su bebé, no pudo evitar posar sus manos en el abdomen. Aun no se le notaba nada, estaba apenas de dos meses. Hizo una mueca conteniendo sus pensamientos, El lugar, ese parque además conseguía emocionarla. O era el lugar o las hormonas que conseguían hacer de las suyas, pero, desde luego que se encontraba de lo más sensible.

Anaís: Pero Raúl… yo no tengo deseos de casarme con Mark. Sí, vale. Estoy de acuerdo con lo que dices, porque después de todo sería el paso más sensato que estaría dando si te hiciese caso. Si me casase, mi bebé no tendría problemas de manutención, viviría cómodamente sin complicaciones y yo en cambio, me pasaré los días mirando por la ventana deseando otra vida que no podré tener. Me acostumbraría a vivir una fachada que muchas parejas terminan por confundir, creyendo que eso es lo que hay que sentir, pensando o haciéndose creer que lo que hacen, lo hacen por amor. Pero, no me obligues Raúl porque… sé que Mark no está capacitado para ser el padre que dicen sus padres que será después de casarse.

Raúl, guarda la brújula en su bolsillo. Camina de un lado a otro, escuchando atentamente lo que Anaís dice, viéndose incapaz de incordiarle. Su corazón, toda ella manda en sí misma. Es incapaz de detenerla.

Anaís, se acerca a Raúl con aspecto angustioso. Él viste con un traje formal, su corbata es roja y sus zapatos de color blanco, mientras que ella viste con un vestido veraniego de botones, de color amarillo. Anaís se acerca a él y acaricia la corbata escarlata de su amigo Raúl.

Anaís: Sé… que estás preocupado Raúl, pero por favor, no me empujes a casarme. Aunque no lo comprendas ahora, sé que algún día sí que terminarás entendiéndolo. Verás que Mark, continuará como hasta ahora… se drogará o quién sabe, puede que hasta la termine vendiendo si es que no lo está haciendo ya.

Raúl: Sí…

Anaís: Yo no deseo una vida así para mi futuro hijo. Espero que tú tampoco estés esperando esa clase de educación sólo por el dinero de mis padres.

Raúl, comenzó a rascarse la barbilla. Pensando en qué hacer, a dónde llevarla. Si ella escogía no casarse, sabía que en cualquier momento entonces se podría ver fuera de su casa en menos de veinticuatro horas. Eso le causó ya no sólo nerviosismo, sino un agobio que venía cogido de la mano de otra sensación que sin pedir ningún permiso se quería unir a la fiesta.

Raúl: Entonces, ¿a dónde irás?

Anaís se separó un instante de Raúl. Miraba el entorno sin saber muy bien qué contestarle, ya que esa clase de respuesta todavía no la veía muy clara para poder declarar una decisión afortunada tan pronto.

Anaís: Primero, creo que debería de ocuparme en buscar un trabajo y me preguntaba… si tú podrías ayudarme.

Raúl: ¿Yo?

Anaís se mordía el labio superior que comenzaba a temblar a causa de la posible respuesta que, creía que no le iba a gustar ni tampoco ayudar. Puede que sí hubiese tenido algo de suerte convenciendo a Raúl de que lo mejor no era casarse con Mark debido a su inmadurez, su proceder y actitud que sólo causaría vacíos en su futuro que podría ser próximo en el caso de aceptar encadenarse a esa clase de vida. Pero, entonces temió que Raúl no le ayudase a buscar el trabajo que necesitaba para poder amoldarse a vivir de manera independiente. Ella, la vida y su futuro hijo o hija que llevaba en el vientre. Temía que no fuese a ser posible, que entonces se encontrase en la calle tras su negativa, que no lograse encontrar nada y entonces tuviese que asumir toda una vida de culpas por la condenación que le daba a su hijo.

Anaís: Raúl… nunca te he pedido nada. Jamás. Pero por favor, sé que tú eres el único que puede ayudarme a tener un trabajo que pueda darme una estabilidad para conseguir mis propósitos. No me niegues algo así ahora que me entiendes.

Raúl: Lo sé, lo sé… . Es sólo que ahora el mercado laboral es bastante escaso, y posiblemente no pueda conseguirte un puesto de trabajo con facilidad debido a tu estado, ¿sabes Anaís? Por ese lado las cosas se suelen poner algo tensas. ¿Sabes cuántos jefes echan a las mujeres que están embarazadas de sus puestos?

Anaís: Algo he leído y escuchado sí… pero, ¿entonces qué puede hacer la mujer en este caso? ¿Vivir una vida con alguien que no le ama sólo porque no puede trabajar embarazada? Yo me veo capacitada para trabajar embarazada… .

Raúl: Está bien, trabajarás para mí.

Embarazada photo

Anaís: ¿Lo dices de verdad?

Raúl: Sí. Necesitas ayuda y eso es lo que tendrás.

Anaís no pudo evitar llorar de la emoción, de la gratitud que sentía en esos instantes por Raúl. Y no pensó en esos momentos en todo lo que iba a sucederle, pero sí es cierto que no pudo evitar desearle a otra futura mamá soltera este tipo de ofrecimientos para hacer que su vida pudiese ser más fácil.

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Bárbara

¿De qué trata?: Trata de Bárbara. Un espíritu que sigue habitando en la casa de los Murray.

Personajes: Bárbara, Izan, Clara, Leo, David, Susana

¿Dónde ocurre la historia?: En el primer ACTO I, el escenario es la calle, y está la puerta de los Murray.

En el segundo ACTO II, podemos apreciar la casa de los Murray por dentro. Un salón, la habitación de Bárbara, una cocina junto al salón, un baño...

Habitación photoPersonajes

– Susana: Mujer de David. Tiene 29 años y está esperando un bebé de seis meses. Su pelo es liso, de color pelirrojo como casi una amapola secándose en el Otoño.
– David: Es el marido de Susana. Impaciente por tener a esa niña suya que viene en camino. De carácter agradable. Hijo de un campesino.

Personajes secundarios: Clara, Izan y su hijo de 7 años que se llama Leo.

Protagonista:

– Bárbara: Es el espíritu que habita en la casa.

ACTO I

Personajes en escena: Susana, David, Clara y Izan

Caminaban despacio, debido a que Susana esperaba una niña en sus entrañas. Con los embarazos siempre hay que tener tacto, mucho cuidado.

No les quedaba mucho camino por recorrer. En cuándo menos lo esperaron ya estaban delante de la puerta de los Murray.

– Susana: ¿Crees que estarán despiertos a estas horas?

– David: ¿Y por qué no iban a estarlo? Habíamos quedado con ellos a las cinco, ¿no es así?

– Susana: Sí, así es, pero tan sólo son las cuatro y veinte. Puede que les pillemos tomando la siesta.

– David: Qué siesta ni qué siesta…

David tocó a puño cerrado la puerta principal de los Murray.

Mientras pasaban unos minutos sin que nadie apareciese por la puerta, Susana y David se miraban con nerviosismo.

– David: O puede en cambio que sí tengas algo de razón querida y…

Susana, iba a rebatir el comentario de David justo en el momento en el que abrieron la puerta principal. Los propietarios, que se llamaban Clara y Izan, se asomaron por la apertura con unas cálidas sonrisas que demostraban dar un abrazo de bienvenida sólo con mirar a Susana y David. Estaban encantados de su llegada.

– Clara: ¡Vaya hola! Qué alegría veros tan pronto de la hora citada. Me da mucho gusto conoceros.

Clara le proporcionó dos besos cordiales a Susana y colocó una de sus manos en su vientre.

– Clara: Vaya, vaya… y qué tenemos aquí, ¿un niño o una niña?

– Susana: Para mí también es un placer conocerte Clara y…

Susana coloca también su mano encima de la de Clara, acogiéndola. Era su forma de darle también otra clase de bienvenida distinta.

– Susana: … va a ser una pequeña. De momento tiene sólo seis meses.

– David: Sí, tan sólo seis meses, ¿verdad que es adorable?

Izan carraspeó.

– Izan: En fin, ¿os apetece entonces ver la casa?

– Susana y David: ¡Claro!

– Clara: Luego tendremos más tiempo para charlar querida, pero presentaros vuestro posible hogar, es lo primero de la lista ahora mismo.

Susana le dedicó a Clara una de sus más fieles y enternecedoras sonrisas. Todos entraron al piso, seguidos de Izan y Clara.

 

ACTO II

Personajes que se encuentran en escena: Susana, David, Izan, Clara, Bárbara y el pequeño Leo

La casa tenía un baño, un dormitorio de matrimonio, un salón bastante rústico, una cocina unida a dicho salón y una habitación que le vendría a Susana de perlas, porque al parecer era de una niña.

Izan y Clara, se encontraban en el salón con David.

– Clara: ¿Verdad que es un salón acogedor para tomar el té? Además, para días de frío contáis con una estupenda chimenea que podrá calentaros en tan sólo unos minutos. Eso, y que da un ambiente muy especial a decir verdad… .

– David: Tendríamos que tener cuidado con el fuego, sobretodo cuándo la niña crezca. Yo colocaría unas puertas para evitar que las chispas puedan salir y para que la pequeña tampoco se queme por la curiosidad al tocar los cristales colocaría a parte una valla que cree una distancia segura entre el fuego y la niña.

– Izan: Desde luego que es una idea estupenda David. Eso es lo que hicimos justamente con Leo, para evitar consecuencias graves. Que por cierto, no os lo hemos llegado a presentar, permítanme un segundo.

Todos se quedaron en el salón. Susana y David, estaban maravillados por el lugar, pero les encantaba mucho más el recibimiento por parte de los propietarios.

– Clara: ¿Os apetece un té o tal vez un café?

– Izan: ¡Leo hijo! ¡Ven recibir a los futuros inquilinos de nuestra casa!

Susana y David se miraron por un instante extrañados. En ningún momento llegaron a creer que el niño estuviese en la casa, ya que no lo llegaron a comentar y tampoco llegaron a escuchar ningún ruido. Justo en esos momentos, Leo llegó hasta ellos correteando.

– Leo: Hola señores, un placer.

Su padre Izan, mientras Leo se presentaba tocaba los cabellos de su hijo, admirado de su creación. Susana, se acercó al pequeño Leo, postrándole un dulce beso materno en la mejilla.

– Susana: ¡Eres muy alto y muy guapo!

– Leo: Lo sé. Soy muy mayor ya porque tengo siete años. Los cumplí hace dos días.

– Susana: Y tanto que sí… .

Susana despeinó el pelo del pequeño.

– Susana: Cariño… .

Susana se dirigió a su marido David.

– Susana: Voy a rodear mientras tanto un poco la casa, puedes quedarte aquí si quieres.

Clara, mientras tanto estaba haciendo té de jengibre para todos en la cocina. Así que Susana aprovechó la situación en la que tanto David como Izan, hablaban de sus deportes favoritos y Leo el pequeño miraba por la ventana y jugaba con un pequeño soldadito de plástico que tenía en la mano. Lo que hizo Susana es salir del salón para seguir mirando las habitaciones que con anterioridad les habían mostrado los propietarios a una vista mucho más fugaz. Susana quería fijarse en los detalles, imaginarse un futuro en este maravilloso hogar.

Caminó despacio hasta la habitación de la que dijeron que era de Leo, aunque en cuánto llegó allí se encontró con una niña junto a la ventana. Era pálida y llevaba un camisón largo con puntillas en los bajos mirándola directamente.

– Susana: Vaya, hola…

La niña se llamaba Bárbara. No respondió al saludo de Susana, pero le miraba con un semblante frío y bastante serio.

– Susana: ¿Vives aquí?

Bárbara le respondió a Susana moviendo su cabeza a modo de negación. Estaba recta como una estatua. Susana se sentía muy confusa, no entendía por qué Clara y Izan sólo les habían llegado a presentar a su hijo Leo de siete años, ya que al parecer tenían a otra hija aquí.

Bárbara seguía sin responder. Así que lo que hizo Susana es ir hasta el salón donde estaban todos, dejando a Bárbara atrás; David, Clara que ya había traído los té’s, Leo y Izan.

– Susana: ¿Tenéis otra hija? ¿Por qué no nos lo habéis dicho? Está en la habitación…

No pudo terminar la frase porque a Clara se le cayó la tetera de porcelana al suelo en cuánto escuchó a Susana decir esas palabras.

– Clara: ¿La has visto? ¿Has visto a Bárbara?

Las manos de Clara temblaban, sus ojos estaban abiertos como los mismos platos de té que había llegado a posar en la mesa. Izan, mostraba el mismo rostro espectante que su mujer y David no lograba comprender muy bien lo que estaba sucediendo, así que se rascaba la cabeza.

– Susana: Bueno yo… he ido a la habitación de su hijo y, he visto a una niña junto a la ventana. Imagino que será su hija, ¿no?

– Izan: Es imposible…

– Clara: ¡Bárbara! ¡Bárbara! Oh, mi niña… ¡Bárbara!

Y entonces ocurrió algo. Clara echó a correr como una loca hasta la habitación, gritando Bárbara y llorando como una posesa endemoniada. Izan iba detrás de su mujer, llamando a su mujer ”¡Clara!” tratando de tranquilizarla. David se acercó a Susana, colocó las manos en su vientre.

– David: ¿Estás bien?

– Susana: Sí… yo…

Susana no entendía muy lo que estaba pasando, pero entonces lo entendió todo de repente. Susana, al parecer sí había visto a la hija de Izan y Clara, pero no a la viva precisamente. Susana se acercó hasta Leo, ya que éste puede que pudiese llegarle a corresponder sus dudas respondiéndolas.

– Susana: Leo, cielo… ¿quién es Bárbara?

Leo seguía jugando en el alféizar de la ventana. En ella, se podía apreciar una nevada que estaba comenzando a nacer en lo que, al parecer iba a ser una agradable tarde que había dejado de serla. David, se arrodilló junto al niño, colocándose a su lado hasta tener la misma altura que éste. El niño Leo, se mantenía callado sin responder a nadie.

– David: Leo… no le diremos a tus padres que nos has contado nada, te lo prometemos.

Entonces Leo, dejó de jugar. En el fondo de la casa, mas particularmente por la habitación se podían escuchar los lloros de su madre, Clara. Leo miró de reojo lo que era el pasillo y después miró a Susana.

– Leo: Bárbara era mi hermana.

– Susana: ¿Era? ¿Qué quieres decir?

A Susana se le hizo un nudo en el estómago en cuánto se dio cuenta de que lo que estaba pensando o incluso creyendo en el fondo, estaba resultando ser confirmado. David apretó la mano de su mujer y dirigió también, al igual que había hecho Leo una fugaz mirada hacia la fuente de sonido de donde provenían todas las lágrimas de Clara. También lo comprendió todo.

– David: ¿Y qué le ocurrió?

– Leo: Murió de una pulmonía por tener la ventana abierta mientras dormía, pero va a volver.

– Susana: ¿Cómo va a volver?

Entonces, ocurrió algo inimaginable. Leo levantó su mano, y señaló el vientre de Susana.

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El cumpleaños de las tres

¿De qué trata?: De tres mujeres que entran en la edad de los cuarenta a la misma vez, y hablan un poco de el feminismo.

Personajes: Sofía, Liviana y Kesia

¿Dónde ocurre la historia?: Una cafetería de color rosa. Todo rosa.

Personajes:

– Kesia, Sofía y Liviana: Tres amigas que acaban de cumplir 40 años y temen quedarse solas.

ACTO I

Personajes en escena: Kesia, Sofía y Liviana

Tres mujeres se presentan en una cafetería. Dicho lugar era de color rosa pastel por todas partes, y en casi todas esas michas partes se asomaba el rostro de Hello Kitty. Menos en el baño, el baño daba algo de miedo porque en la papelera estaba Ken y en ese aparato que tira aire para secarte las manos, en cambio, estaba el rostro de Barbie.

Kesia, Sofía y Liviana estaban en una de esas mesas pastelosas de la cafetería. En medio de la mesa, había una tarta también rosa con tres velas.

– Kesia, Sofía y Liviana: Una, dos… ¡y tres!

En cuánto contaron tres al unísono juntas, soplaron cada una de ellas su respectiva vela asignada de cumpleaños.

– Sofía: Ya es oficial. Tenemos la edad inmencionable de la mujer.

– Liviana: Venga ya Sofía, no es para tanto.Tanto como para decir que no puede llegar a ser mencionable… seguro que mañana mismo algún jovencito mencionará nuestro número como si estuviese dibujado en nuestra frente, sólo con la intención de meterse con nosotras.

– Kesia: Claaro, claro… y de paso el muy cruel nos recordará que nos queda menos vida que a él.

– Sofía: Bueno, eso habrá que verlo. Si algo así me sucede, os aseguro que haré que se arrepienta de haber mencionado mi edad inmencionable. A no ser que sea muy guapo, claro… .

Sofía tenía el color de pelo negro, y igual de negra se ponía al recordar que tenía ya cuarenta años. Siempre trabajó de modelo en Vogue, y, aunque sabía que la carrera de una modelo era fugaz y efímera, no se conformaba con la vida plena que vivió en la revista. ¿Qué clase de broma le estaba haciendo la vida?

– Kesia: Si fuese guapo, lo más seguro es que es joven. Y si es joven, no tenemos nada que hacer a no ser que finjamos ser inmaduras, libres y aventureras.

– Sofía: Pues yo creo, que aun siendo unas cuarentañeras como lo somos ahora, para ligar seguimos haciendo las mismas bobadas que cuándo éramos jóvenes. Eso sí, ahora tenemos mucho más poder que antes.

Liviana casi se atraganta con el café de sólo escuchar lo ”cuarentañeras”.

– Liviana: Se dice ”cuarenteañeras”, Sofía. Y… dudo mucho que la mujer, en algún momento de su vida tenga más poder que el hombre.

– Kesia: Pues yo no lo pongo en duda, ¿a caso ahora no se está levantando una gran revolución feminista?

– Liviana: Sí, por supuesto. Pero eso está sucediendo más en las jóvenes que en las solteras de más edad como nosotras.

– Sofía: Desde luego.

Sofía señala a Liviana y toma otro trago de café.

– Sofía: Nosotras si tenemos que hacer lo que las jóvenes de hoy en día hacen, no nos comeríamos un rosco.

– Kesia: ¿Pero por qué no? ¿A caso no tenemos la misma valía que todas esas jóvenes? Somos fuertes e independientes… .

Entonces, se miraron las tres. Algo les cambió el semblante nada más escuchar lo que Kesia había dicho.

– Liviana: ¡Pues claro que sí! Y fuertes e independientes moriremos. Una buena forma de vivir y morir, también.

Kesia, Sofía y Liviana: ¡Chin, chin!

Brindaron y fueron unas felices solteronas para siempre. O puede que no, ¿no?

 

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Una noche borrosa

¿De qué trata?: Trata de una chica que decide salir una noche para divertirse, pero esa noche se vuelve contra ella.

Personajes: Sheryl, Desconocido

¿Dónde ocurre la historia?: La casa de Sheryl, una discoteca y el hospital.

Había decidido llamar por teléfono y tomar chino a las 1:30 de la madrugada. Por extraño que llegase a parecer, el restaurante todavía estaba abierto a esas horas tan dramaturgas.

Más tarde, después de haberme atiborrado a tallarines grasientos, decidí que aun siendo las 2:20 de la madrugada todavía no tenía sueño. Que tal vez, no sería mala idea levantarme, vestirme y caminar hasta alguna de las discotecas más cercanas del barrio. Después de pensarlo, ya estaba reaccionando, haciendo que todo lo que sucedía por mi mente fuese realidad.

Cuándo salí de mi casa con un abrigo largo, vestido corto y negro y unos tacones altos que iban a juego tanto con mi abrigo como con mis labios, caminé y caminé hasta las discoteca ”Allan”.

Había muchísimo gentío, con un ambiente musical donde Melody Gargot pronunciaba su voz como si fuese el mismísimo viento del recinto. Las copas que las estanterías detrás de la barra se disponían a sujetar sus bases, brillaban a un tono fluorescente azul gracias a las luces que se asomaban centelleantes, para dar algo de magia al estado de la noche.

Me apoyé a la barra, a la espera de que el camarero o quizá camarera que no se encontraba detrás de la mencionada barra, apareciese para poder pedirlo algún Cosmopolitan. Pero claro, ya había cambiado de posición de pierna unas cinco veces y ahí no aparecía ningún profesional para atender mi ansiosa necesidad por meterle a mi estómago algo más que un chino.

Me mordí el labio superior algo nerviosa por la situación, fijando mi vista al Sur del lugar. Porque de Norte, es cierto que me quedaba poco. Vi como dos ancianos bailaban casi fusionados, a un ritmo espectacular y sincronizado que daba gusto de ver. Imágenes como éstas, hacían que te preguntases si de verdad estamos destinados a alguna persona en particular a pesar de todos los puntos negros que llegan a haber en el planeta, caminando a paso efímero por la vida.

– ¿Nadie te sirve hermosura? – Quien hablaba, no era el camarero o la camarera, no. Era un hombre de aspecto atlético, con ojos negros como la pantalla de un televisor apagado. Su pelo tenía algunos rizos, que también parecían ligeros y muy negros. Era bastante atractivo.

Me quedé algo admirada y observadora. No sabía si decir algo o salir corriendo, pues no dejaba de ser un extraño para mí.

– Ehm… – Moví mi cabello castaño y liso hacia un lado, dejándolo a mi espalda para poder dejar visible mi cuello además de mi cara para que pudiese apreciar más mis gestos- querría que me sirviese alguien algún Cosmopolitan, pero parece ser que nadie está contratado por aquí-.

El desconocido con semblante oscuro, miró con aire divertido todas esas copas que brillaban en la noche. Después se volvió de nuevo a mí, hizo un chasquido con sus dedos y me guiñó un ojo. Saltó la barra, cosa que hizo que se activase mi risa tanto como si me hiciesen cosquillas.

– Shhh… – Con uno de sus dedos me pedía silencio, aun con aspecto divertido y muy amigable. Tapé mis labios para evitar que alguna que otra carcajada saliese de mí.

Entonces a partir de ahí comenzó a prepararme el Cosmopolitan de manera muy profesional. Un acto voluntario que me hizo sospechar de que posiblemente era él el camarero del recinto y aprovechaba sus desapariciones para capturar a muchachitas solitarias que esperaban alcohol a las 3:00 de la madrugada. Una hora peligrosa en la noche dirían algunos.

– Aquí tienes hermosura – Su sonrisa era perfecta. Y con una sonrisa mía agradecí mi copa.

No sé cómo explicar lo que empezó a suceder después. Comencé a beberme el Cosmpolitan cuándo entonces mi vista empezó a nublarse.

– ¿Te encuentras bien? – Me decía el chico desconocido de la sonrisa perfecta y rizos ligeros. No sabía su nombre, no sabía qué me estaba pasando, sólo… recuerdo que eran las 3:00 de la madrugada.

 

Desperté a la mañana siguiente despeinada y entre sábanas cómodas. Eran cómodas porque era mi casa, pero, ¿cómo he llegado hasta aquí?

Comencé a creer que tal vez anoche no salí a ningún lugar. Mi comida china estaba en mi mesilla, así que podría ser muy probable que quizá llegase a haber tenido alguna posible indigestión que me hiciese flipar en colores, hasta hacerme imaginar algunos momentos que apenas recordaba de la noche. Pero entonces, cuando fui a salir de mi cama percibí que no tenía el pijama puesto, sino… que estaba desnuda.

– Pero qué… – Comencé a sentirme alarmada. No sólo estaba desnuda en mi propia cama, sino que además había sangre en mis sábanas. Palpé todo mi cuerpo en busca de alguna posible herida que hubiese causado todo eso, pero no encontré nada.

Traté de mantener la calma. ”Tranquila, quizá sólo sean tu menstruación o algo… ” Pero, no no me lo terminaba de creer. Después de ponerse sopa limpia, cambiar las sábanas y hacer una limpieza profunda de toda su casa para ver si los recuerdos llegaban a ella por arte de magia y con más claridad, decidió tomar cita con el médico para prevenir cualquier cosa que le pudiese estar pasando, ya que no recordar lo que pasó anoche no era muy normal.

Eso hice. La cita me la dieron para el día siguiente a las 9:00 de la mañana. No tardé nada en plantarse en aquel lugar arreglada y más tranquila que el día anterior.

– Por favor, siéntese y espere a que su médico de cabecera le llame- Le comunicó la recepcionista, a la que hizo caso sin dilaciones.

– Sheryl, adelante pase -.

Y eso hice. Después… sucedió algo que cambió mi vida en un sólo instante. El médico me comunicó que estaba embarazada, ¿cómo era eso posible? Nada más salir de allí, entonces lo vi. Vi a ese hombre moreno que me sirvió el Cosmopolitan que tan borrosamente recuerdo. Me sonreía con malicia y, yo no entendía ni siquiera cómo era posible que la implatanción de un bebé en mi útero pudiese darse tan rápido.

Esa noche, en cuánto llegué a mi casa pasó algo peor. Era la 1:30 de la madrugada. Las náuseas me levantaron de la cama, fui corriendo hasta el baño y vomité a causa de ellas. Cuándo me levanté, noté algo distinto; mi barriga había crecido.

– No puede ser… – Acaricié mi vientre espantada, sin entender nada de lo que estaba pasando. Intenté olvidar lo que estaba viendo, lo que me estaba sucediendo. ¿Puedo estar volviéndome loca? Quizá por eso no recuerdo nada de la noche anterior… .

Cuándo me acosté en mi cama, apenas estaba percibiendo que mientras dormía, mi vientre seguía aumentando como si el reloj del tiempo tuviese vida propia, saltándose los nueve meses de gestación. La alarma que nunca encendí sonó, a las 3:00 de la madrugrada. Desperté sobresaltada.

No sólo yo desperté, algo con garras desde dentro de mí también decidió abrirse paso, abriéndome sin compasión. Mis sábanas limpias se llenaron de sangre nuevamente y… ahí estaba de nuevo. Delante de mí, sonriendo con un Cosmopolitan en la mano, brindando por su monstruoso hijo. Por su vida, por mi muerte.

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La futura remembranza de un viaje

¿De qué trata?: Consiste en las dificultades que existen entre un amor de una joven que es menor y otro mayor que ella.

Personajes: Chloé, Tristin, Jack

¿Dónde ocurre la historia?: El escenario del ACTO I, es una playa.

El escenario del ACTO II, es la casa de Chloé y su padre Jack. Se encuentran en el salón, respectivamente. En él existe una estantería, una mesa pequeña de madera y en los laterales dos sofás individuales.

ACTO I

Personajes en escena: Tristin y Chloé

Era un día soleado. Tristin y Chloé se encontraban en la playa. Los dos, tenían sus manos entrelazadas a su vez que miraban la brillantez que la arena dejaba asomar. Chloé con su otra mano, encarcelaba esos granos de arena con repetición. Cogiéndola, para dejar que se deslizase y así caer de nuevo donde estaba.

Chloé: Es tan suave… .

Tristin, estaba pegado junto a ella admirando su belleza. Le encantaba todo lo que Chloé pudiese hacer, meditar, pensar, por acción pequeña o tonta que pareciese. Sólo era capaz de sonreirle como si estuviese chiflado. Se encontraba en lo alto de una nube, pues después de todo todavía no podía conseguir creer que él tuviese la suerte de poder estar cerca, en la vida de esta pequeña joven de cabellos dorados con reflejos violetas debido a que se lo tintó.

Tristin: Tú si que eres suave… .

Tristin entonces, alargó su mano para acariciar la mejilla de la preciosa de Chloé. Sentía que se rompía o se quebraría en moléculas sólo por haber dado ese pequeño impulso tan sentido, por eso, soltó un suspiro pleno.
Chloé, tras notar esa reacción en Tristin, comenzó a sentirse algo nerviosa. Tenía algo que contarle, y no tenía muy claro cómo podría llegar a hacerlo. Empezó por su nerviosismo a jugar con sus manos, a mover las piernas. Sentía calor por la nuca… y fue entonces cuándo Tristin se percató de la situación, que al parecer comenzaba a transformarse.

Tristin: Chloé, ¿te sientes bien?

Tristin toca tembloroso la frente de Chloé y nota que ésta está sudando.

Tristin: ¿Tienes fiebre? ¿Te sientes mareada?

Chloé: Oh, no, no Tristin. Es el calor y…

Chloé le dirige a Tristin una mirada insegura. No sabía muy bien cómo emitir sus palabras sin balbucear.

Chloé: Bueno, en realidad Tristin debo decirte algo.

Tristin: ¿De qué se trata?

Chloé: Es… sobre mi padre.

Tristin se mira los pies. Sabe que cuándo Chloé menciona a su padre no puede esperar nada bueno.

Tristin: Ese hombre me tiene demasiada manía Chloé…

Chloé: Lo sé…

Tristin: ¿Y ahora qué he hecho?

Chloé: Sólo tener 29 años.

Tristin resopla sin poder creer lo que sus oídos están escuchando.

Tristin: ¿Sólo por eso? ¿Qué quieres decir Chloé? ¿Por qué es un problema que yo tenga 29 años?

Chloé: Pues verás Tristin, es un problema porque mi padre cree que quieres aprovecharte de mí. Yo tan sólo tengo 16 años. Sé que los dos nos queremos, nos respetamos. Pero en la vida real las personas piensan por encima de las emociones, es decir que… no saben ver lo que nuestra sí está conociendo en el momento, Tristin.

Tristin se echa las manos en la cabeza, un tanto desesperado.

Tristin: Es decir que… tu padre cree que soy un pederasta.

Chloé: No sé si van por ahí los tiros pero… ¿por qué no intentamos hablar con él?

Tristin mira a Chloé, con cara de terror tras escuchar esa pregunta tan suicida.

Tristin: Estás completamente loca, Chloé. Tu padre me odia, me matará sólo por ser quién soy. No le importará que yo te quiera como nadie te está queriendo. Dudo que tu padre acepte esta relación que tenemos porque está criado a la vieja usanza y es un cerril de mollera.

A Chloé no le sentó muy bien que Tristin le dedicase tales palabras amargas a su padre y se le enfrentó.

Chloé: Sólo quiere protegerme. Si le visitases y le hicieses ver que eres la persona adecuada para mí, la persona que me hace sentir bien y feliz… tal vez lo comprendiese todo y no quisiese…

Tristin: ¿No quisiese qué?

Chloé: Nada, nada… .

Tristin: ¿Qué está pasando Chloé? Algo me estás ocultando.

Chloé: No, no te estoy ocultando nada, Tristin.

Chloé se levanta dispuesta a marcharse a su casa. Antes de hacerlo, le da un beso a Tristin en los labios a modo de despedida.

Chloé: Por favor, me encantaría que fueses mañana a mi casa a ver a mi padre, porque si no es así… tal vez sería demasiado tarde.

Tristin se queda sentado viendo cómo Chloé le da la espalda. No entiende nada, y no comprende tampoco qué beneficios puede traerle una conversación con su padre. Se queda quieto, tratando de meditar lo que está pasando, intentando descifrar por qué debe de haber algo que pueda hacer que el amor llegue tarde. Ese punto no era sensato, no era real para lo que él estaba sintiendo por Chloé.

Pasaron tres y cuatro horas, en las que Tristin no dejaba de darle viajes a la idea de hablar con el padre de el amor de su vida. Tal vez debería hacerlo, o puede que no… ya que quizá sólo terminaría siendo una conversación perdida, o incluso puede que todo llegase a una conclusión final que ninguno de los dos desearían. Al menos como el padre no. Decidió irse a casa, sin saber muy bien que hacer.

ACTO II

Personajes en escena: Chloé y Jack

El salón estaba lleno de flores. Chloé se encontraba junto a una estantería de libros, sin saber muy bien qué libro elegir, hasta que encontró Cumbres Borrascosas. Ya lo había leído en más de una ocasión.

Chloé: Espero no terminar como los personajes de esta dramática historia… .

Jack que estaba leyendo el periódico en esos instantes, miró a su hija con la ceja levantada. Pensaba que estaba un poco chiflada porque hablaba sola. Después, tras mover la cabeza a modo de negación siguió leyendo el periódico.

Chloé: Ufff…

Chloé no dejaba de mirar su reloj. Estaba desesperada porque viniese ya su pareja Tristin. Pero no lo hacía, y eso estaba consiguiendo que se sintiese más triste que nunca. También miraba de reojo cada dos por tres las dos maletas que estaban junto a la puesta.

Se sentó en el otro sofá que había justo a una mesilla central y redonda, separada de su padre. Se dispuso a leer cuándo entonces una alarma sonó.

Jack cerró el periódico, miró su reloj.

Jack: Bien querida, es la hora.

Chloé cabizbaja asintió, se levantó del sofá y se acercó a su padre. Tanto uno como otro cogieron sus respectivas maletas y entonces, salieron por la puerta. Se marcharon de viaje y Tristin nunca más pudo ver a Chloé por una mala decisión.

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Un padre atormentado

¿De qué trata?: Trata de un padre atormentado que no sabe si está criando bien a sus hijas. Un sueño le aclarará las ideas.

Personajes: El personaje protagonista se llama Jorge, un padre atormentado y después está Ardilla, que es quién aparece en el sueño de Jorge.

¿Dónde ocurre la historia?: El primer escenario del ''ACTO I'' es una autopista, Jorge va en un coche y le rodean muchas luces de la ciudad.

El segundo escenario del ''ACTO II''es la habitación de Jorge. Una cama de matrimonio, con dos cómodas y un armario en un lateral de la habitación

 

Personajes
Jorge (Protagonista)
– Ardilla.

ACTO I

En escena se encuentra: Jorge y Ardilla

Jorge se encuentra en una autopista, conduciendo en su coche. Las luces de las farolas parecen disolverse a su alrededor mientras conduce, avanzando hasta su casa. La ciudad parece turbia, arremolinándose por ese tiempo que actúa en el futuro próximo.

Jorge se encuentra nervioso, deseando poder llegar a casa para encontrarse con sus hijas. En esos momentos para de conducir. Las luces parecen detenerse junto con él. Se mira por unos instantes en el retrovisor del coche y suspira.

Jorge: Deben odiarme, casi nunca estoy con ellas.

Coge sus llaves y sale del coche atormentado. Mientras tanto, como si fuese un tic juega a darle vueltas sus dichas llaves, tintineándolas.

Jorge: Siempre trabajo, trabajo y trabajo… pero nunca consigo sacar tiempo para ellas, ¿qué puedo hacer?

Justo en esos momentos, una bellota le cae a Jorge en la cabeza.

Jorge: ¡Au! Pero, ¿qué ha sido eso?

Jorge frota su cabeza y mira hacia todas partes, incluyendo el árbol que está sobre él intentando ver de dónde proviene el golpe. Es entonces cuando ardilla da unos pequeños saltos hasta dejarse ver por el capote del coche de Jorge. Ardilla tiene entre sus manitas otra bellota, que mordisquea con sus pequeños pero afilados dientecillos a la vez que mira a Jorge sin corte alguno. Jorge, en cuánto ve la ardilla pega un bote muerto de miedo, ya que les tiene un especial temor a las ardillas. Cree que sus dedos son feos, con articulaciones de lo más extrañas además de arrugadas.

Jorge: ¡Vete ardilla horripilante! ¡Márchate de aquí!

Jorge con su chaqueta trata de espantar a la pequeña y roedora de bellotas, propinándole varios golpes que a decir verdad no conseguía tener mérito alguno, puesto que no se marchaba.

Ardilla: Humanos… .

La ardilla daba pequeños saltos como si la chaqueta fuese una cuerda de diversión y saltase la comba en el recreo.

Ardilla: Siempre asustándose de hasta una pequeña hormiguita.

Le tiró la bellota que tenía entre manos dándole un buen golpe de nuevo en la cabeza. Jorge, quedó noqueado tras ver que la ardilla podía hablar. Señalaba su diminuto y peludo cuerpo con su dedo con la boca entreabierta, noqueado, sin poder emitir ningún tipo de sonido o palabra.

La ardilla entonces dio algunos botes hacia él, algo preocupada por su reacción. Eso sí que le daba algo más de miedo, que sabía que los humanos no siempre reaccionaban bien ante lo desconocido o lo sumamente extraño.

Ardilla: ¿Te encuentras bien? No irás a matarme, ¿verdad?

Jorge cerró los ojos con fuerza, aun estando inmóvil con el dedo más tieso que sus palabras estancadas por su tráquea. Intentaba comprobar de esa forma, que la ardilla habladora no era real, que todo era cosa de su imaginación.

Jorge: Tú… tú… ¿cómo es posible que puedas hablar?

La ardilla movió sus brazos con gesto de espectación, transmitiendo con su cuerpo que lo que estaba preguntando Jorge resultaba ser evidente.

Ardilla: ¿Pues no ves que es así? Estoy aquí y…

Ardilla le otorga a Jorge un buen mordisco en la nariz.

Jorge: ¡Au! ¡¿Por qué narices has hecho algo así?! ¿Estás loca?

Ardilla: No, no, no… . Tú estás mucho más loco.

Jorge: ¿Yo? ¿Por qué dices algo así?

Jorge se puso la chaqueta, comenzaba a tener frío a pesar de lo acalorada que parecía estar siendo esta realidad tan irreal. Ardilla, analizaba a Jorge dando algunas vueltas sobre él, pensativa.

Ardilla: Vaya, vaya… .

Jorge: Vaya, vaya, qué.

Ardilla: Con que eres de esos, ¿verdad?

Jorge: ¿De lo de qué?

Jorge comenzaba a enfadarse con la pequeña peluda, ya que no sólo le estaba dando a ver que algo así como su emisión de voz y comunicación, era algo posible que no sólo sucedía en las películas, sino, que además la tía parecía estar disfrutando de algo que él no sabía percibir sobre sí mismo. Y eso le estaba comenzando a parecer un tanto insultante.

Ardilla: Me juego lo que sea, a que tienes hijos y mucho dinero, pero nunca puedes aprovechar el tiempo para disfrutar de ese dinero que tanto te ganas con tu propio tiempo, para jugar con o experimentar con todo lo que has creado.

Jorge: ¿Cómo sabes todo eso?

Ardilla: No lo sé.

Jorge: ¿Disculpa?

Ardilla: Que no lo sé. Pero sí es cierto que has dicho antes algo como… ”Urrrg, trabajo, trabajo, trabajo…”.

Jorge puso los ojos en blanco, como si comenzase a entender la intromisión de la ardilla en su vida tan de repente.

Jorge: Ya lo entiendo todo. Mis hijas te han domesticado y han puesto algún micrófono oculto por ahí para decir lo que piensan a través de ti.

Ardilla: De eso nada. ¡Soy real tío! ¿Qué no me ves? ¿Estás ciego? ¡Mira qué carnes!

La ardilla saca su barriga tratando de mostrarle sus carnes cerveceras, absolutamente orgulloso de su tipo animal. Jorge arqueó una ceja, se llevó las manos a la cabeza intentando aceptar lo que estaba viendo en estos momentos.

Jorge: Por Dios… una ardilla acaba de enseñarme sus lorzas, ¿quién me ha drogado?

Jorge se acercar hasta un retrovisor lateral de su coche para mirarse las pupilas desde cerca, comprobando de algún modo si ha llegado a intoxicarse con alguna comida que pudiese estar haciéndole alucinar de algún modo.

Jorge: Pues mi aspecto parece estar bien… .

Ardilla: ¡No estás nada bien! Tienes ojeras tío. ¡Mira, mira!

La ardilla coge la cara de Jorge y le pega una palmadita en la mejilla para que despierte de su bobería.

Ardilla: Y esas ojeras, son de trabajar y no jugar con tus hijas.

Jorge: Tienes razón… . Mis hijas merecen más de mi tiempo, no sé que estoy haciendo con mi vida.

Ardilla: ¡Pues espabila! Vete con ellas de una vez, en vez de estar perdiendo más tiempo aquí, pensando en lo mal padre que eres. Hazles la cena o algo, ¡venga!

Y entonces la ardilla le metió una patada en el culo hasta encaminarlo por la vía más adecuada; hasta sus hijas.

ACTO II

Personajes en escena: Jorge

Jorge se despierta en su cama, con las ideas mucho más claras. Bosteza y se frota los ojos con una sonrisa, porque sabe que a partir de ahora tendrá más tiempo para sus hijas y menos trabajo… .

Ardilla photo

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