Juguetes volando

Esta es una historia que poco tiene de mentira. Nada de lo que puedas escuchar sobre estos dos chicos es parte de un engaño.

Se llaman Margarita y Pinino y ambos tienen doce años. No se conocían hasta los diez, y son de diferentes partes del mundo, aunque los dos hablan en español.

Tienen la habilidad de volar, pero solo por la noche. A veces suena más romántico poder volar por a esta hora, pero también les trae problemas. La visión no resulta buena y el total de animales (principalmente pájaros) que están activos durante la noche es el doble aproximadamente que los que están activos de día.

La organización de estos dos niños, hizo que estas palabras puedan ser volcadas en la hoja, con coherencia y notable afinidad por parte del autor.

Resulta que se conocieron de casualidad, porque Pinino se encontraba con su familia de vacaciones en Panamá, el país de origen de Margarita.

Un día en la playa, se encontraron y cruzaron miradas como si la atención entre los dos fuera algo magnética, como un imán que quisiera juntarlos. Pasaron algunos días y al verse todos los días, se hablaron como cualquier persona que comenta algo con desconocidos.

Cuatro horas seguidas de charla, terminaron de cerrar la idea que ninguno de los dos podía creer. Tenían los mismos poderes. Podían volar de noche los dos.

La casualidad era, entre tantas otras, que los dos guardaban su poder como un secreto bajo llave. Nunca le habían comentado a nadie, pensando que por recelo o resentimiento, las demás personas les iban a hacer mal.

Entonces, cuando Pinino y su familia vuelvan a San Salvador de las vacaciones, ya quedaron en agregarse por Skype y empezar a darle provecho al regalo que les dio la vida, que era volar.

Tres meses pasaron desde el primer encuentro, y los niños engendraron un lazo amistoso muy rápido, confiándose en absoluto las historias que genera mirar la tierra desde lo alto todas las noches.

Una noche chateando, Pinino le dijo a Margarita:

− Marga, ¿Por qué no buscamos la forma de hacer algo bueno con nuestros poderes? Podríamos atrapar delincuentes, avisándole a la Policia.

− Estoy de acuerdo en hacer algo bueno, pero ¿Avisarle a la Policia cuando roban? Eso es lo más aburrido que escuché, no tiene gracia. Prefiero ayudar niños.

Pinino y Marga siguieron hablando durante un par de horas. Días después estaban volando todas las noches, se metían en casas de juguetes con una bolsa de tela medida XXL, que ambos habían encargado por internet (con la tarjeta de sus padres), y la llenaban.

Durante una semana, los dos lo hicieron. Pinino en El Salvador y Margarita en Panama, llevaban juguetes a los hospitales más precarios de la ciudad y los dejaban en la puerta. Los grandes depósitos no se daban cuenta de la falta de insumos, ya que tenían de sobra.

Una y otra vez, con diferentes ideas sobre las necesidades que sufren otros niños, Margarita y Pinino por las noches llevan alegría en formas de diferentes objetos, a los niños de Panama y El Salvador.

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Reflexiones en la juventud

En los años setenta, cuando todavía no existía la tecnología que tenemos ahora, los recreos de la escuela eran aprovechados. No como la panorámica que tenemos en el presente, de niños y adolescentes en el patio del colegio, cual zombies mirando la pantallita de su celular, ojeando a ver si el que va a el salón que queda a cinco pasos del suyo colgó una foto en la red.

Acá se jugaba a la pelota, se organizaban los equipos en el barrio. En la escuela llegaba el recreo y ya estaba todo dicho. A cara de perro y cuchillo entre los dientes, como decía el kiosquero de la Normal N° 24, su colegio.

No se regalaba nada, los varones eran fieras con la mitad de los botones rotos del guardapolvo, las tiras descocidas. Las caras rojas de ansiedad y transpiración puberal amalgamada con un odio por ganar. No el odio que sentimos cuando somos grandes, que es dañino. Ese no, sino en el sentido de la competencia, del juego, de divertirse con responsabilidad.

Viendo eso, desde afuera, ya se sabía que en el campito se armaba peor. Los potreros (1) estaban siempre en mal estado, pura tierra. Cuando llovía era un alivio, más que nada para las madres de los muchachines que les tenían que lavar la ropa llena de polvo, y mandarlos a bañar ni bien pisaban su casa, algo un poco más complicado de lograr.

Cuando uno reflexiona, se da cuenta de la profundidad de esos encuentros. Un simple partido de fútbol relucía nuestras cualidades, nuestros defectos y nuestras emociones.

Los adolescentes, actualmente se piensan que se conocen de memoria entre sí, solo por andar subiendo todo el día esas historias a Instagram, o mostrando sus cualidades a través de fotos y videos.

Pero jugar un partido de fútbol en el campito, era el acto de mayor coraje para cualquiera. No solo por lo deportivo, ya que aunque fuera el aspecto central de la actividad de la que aquí hablo, no me quiero avocar a ello. Sino porque de allí, se configuran las capacidades que va a demostrar alguien a lo largo de su crecimiento.

Era increíble sentarse en un banco al costado, y ver como los niños jugaban, se peleaban y se burlaban unos con los otros, pero sabiendo que en el fondo todos abrazaban la honestidad y entre todos generaban un ánimo cabal de compañerismo.

Un día, uno de ellos se tropezó en la cancha mientras se jugaba un partido reñido, recuerdo que era una semifinal entre los “cebollitas” y los “malandras” (esos eran los nombres de los equipos).

Al caer, con su rodilla derecha, había un clavo que penetró sobre su piel y se hizo un tajo muy grande, con intenso sangrado. Velozmente, un compañero se saco la camiseta, la rompió y se la ató en la rodilla para frenar la hemorragia.

En el mismo momento, el que vivía más cerca fue en busca de su mama para que haya un adulto que lleve tranquilidad. En menos de cinco minutos estaba allí.

Dos chicos del equipo de los “cebollitas” le pidieron a una señora que vivía frente al potrero, y siempre los aprovisionaba con agua, si podían utilizar el teléfono. Ellos llamaron a la ambulancia.

El mejor amigo, se subió a la bicicleta y fue hasta su casa a buscar a los padres del accidentado. A los diez minutos, casi al unísono de la llegada de la ambulancia estaban de vuelta, el y los padres.

Ante la desesperación del niño herido, cuatro chicos del equipo contrario se quedaron al lado suyo, transmitiendo serenidad y constatando, con seguridad de que había sido solo un percance, para que no se preocupe.

Así fue, que la cancha de fútbol de barrio, por un suceso imprevisible, se transformó en el comité de organización con mejor funcionamiento que vi en mi vida.

Siempre que trato con niños, me doy cuenta, que lo más lindo que tienen, y de lo que más nos hace falta a los adultos, es su inocencia.

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(1) Potrero: Terreno baldío donde suelen jugar los niños.

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Coquena

Ya estaba atardeciendo, y María Luisa dejaba el puesto de empanadas en la calle central de Humahuaca, cerca de las escalinatas donde en su punto más alto se sitúa un monumento majestuoso de Indios que, por su gesticulación, ofrecen resistencia a un ataque invasor cuatro siglos atrás, seguramente.

Madre soltera, criada en una finca cerca del pueblo, donde su padre oficiaba como peón. No tuvo educación primaria, su vida estuvo dedicada al trabajo campesino.

De grande, fue desafortunada con el amor. Su pareja, con la que tuvo cuatro (el más grande tiene doce) la golpeó continuamente mientras duró la relación, y un día dijo basta.

Una tarde, dos chicas turistas la vieron en el puesto de empanadas con un ojo morado y llorando, y se le acercaron para ayudarla a empoderarse, hacer la denuncia correspondiente y terminar con el tormento en el que se hallaba.

Ahora, Maria Luisa estaba plena. Trabajaba todos los días del año, le alcanzaba para llenar la pancita de sus cuatro hijos, y disfrutaba la vejez de sus padres visitándolos cuando podía.

De postura tenaz y mirada fija, ella caminaba del trabajo a su casa y a buscar a la escuela a los niños, la rutina habitual. Su sombrero, su pollera, sus ojos y su pelo negro, no reflejaban la desazón de años atrás.

Un día de verano en Humahuaca, decidió ir unos días a la casa de los padres que quedaba en Aparzo, dentro del valle escondido, inmerso en los valles y en la interminable Puna Jujeña.

Llegaron con los niños y los abuelos los recibieron con un abrazo y muchas historias para contarles a Juan, José, Claudia y Beatriz, los cuatro hijos de María Luisa.

Se hizo de noche, mientras los chicos correteaban por los parajes desolados, entre llamas y vicuñas. La abuela se puso a cocinar unas empanadas de queso para comer por la noche y celebrar la unión familiar.

Luego de la cena, en la casa de adobe de los abuelos se respiraba olor a palo santo y leña quemada. Las luces del pueblo se fueron apagando y los niños se metieron en cuatro camas con excesivas frazadas que preparo la abuela.

Entre tanto, el abuelo Pedro fue hasta la pieza a saludarlos y contarle una de sus historias antes de que se duerman.

“Coquena, como le decimos nosotros, es un chango(1) que recorre la Puna por la noche y protege a las llamas y las vicuñas. Conduce grandes rebaños de animales ¡Tan grandes como los puedan imaginar! cargados de oro y plata, utilizando víboras en forma de cuerdas.

Él no puede ser visto por los humanos, porque se convierte sin esfuerzos en aire. Solamente es amigo de las llamas y vicuñas, y como las protege con todo su corazón, castiga al que las deprede por pura satisfacción.

Es benevolente, solo que defiende a sus compañeras. Aunque ayuda al hombre desdichado que no tenga para comer, penetrando en sus sueños y dándole la ubicación de algún animal que se haya alejado de la manada sin crías, para que pueda cazarla.

Por eso, yo antes de dormirme susurro hacía mis adentros: Coquena, sos el dueño de toda la Puna y del amor.. de la luna que nació para alumbrar”.

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(1) Chango: En el interior de Argentina se le da el significado de muchacho o niño. 

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Amor botánico

Se vino todo encima,

como los pétalos salen de la corola y los sépalos salen del cáliz.

Así, como una flor. Tanto que te gustan.
Se vino todo encima y te dije lo que siento, me dijiste lo que sentías.

Viejos tiempos aquellos que nos conocimos, nos tocamos, los ojos brillosos y el aliento seco

Por la sensación que nos apaño en los primeros momentos.
Cuando se vino encima, crecés con creces y la flor, que deja de ser verde, repta por encima del pedúnculo y salen colores.

Esos colores te distinguen y solo hacen que sigas siendo diferente.
Acaso hay dos flores iguales en el mundo? No. Ni aunque sean dos flores hermanas, de una misma plantas.

Van a seguir siendo diferentes.

Hay que contar que el fruto,
lo que da la flor
autentico, él solo, se respira
y eso es lo más lindo
de vos.

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Estrategia arriesgada

Una señora compraba botones en una mercería, entretanto un obrero devoraba del hambre una hamburguesa en un puesto de la calle. La ciudad emanaba el ordinario smog matutino devenido de los colectivos y los vehículos pesados que circulaban por las avenidas.

En distintos parajes de la ciudad, se llegaron a acuerdos legales, mientras jóvenes y muchachas juraban amor eterno, y abuelas en sus casas preparaban el almuerzo.

Los grandes edificios centellaban en sus terrazas con los carteles, y enorgullecían a algunos transeúntes, con lo allí escrito. Signos del poderío de la patria lejana, exhibiendo publicidades de empresas.

En el despacho presidencial, el comandante primero de las fuerzas armadas ingresó súbitamente con un  comunicado. Se lo vio apenas incómodo, ya que su carácter habitual era firme como el quebracho.

Se dirigió respetuosamente al primer mandatario y le dijo que lamentablemente tenía que atender la urgencia del momento.

“Según la comunidad meteorológica, están dadas las condiciones para que se avecine un huracán del tipo cuatro, nunca visto por acá. Igual, personalmente jefe, tómelo con cautela, ya que éstos científicos no son mucho de confiar, se lo digo con total sinceridad”

Esas fueron las palabras del comandante, que luego de hablar, al ver que el Presidente no iba a levantar la cabeza para responder, dio media vuelta y se fue.

Para las cinco de la tarde, los hombres solitarios que circulaban cabizbajos  se agolpaban en los bares mirando por televisión lo que se avecinaba. Una ventisca anunciaba lo que podía llegar a ser una simple tormenta, o el huracán del que se hablaba.

El cielo gris, y las calles zumbaban de alboroto ante la anarquía del tránsito y los objetos que se volaban de los contenedores de basura.

De pronto, siluetas de espalda y encorvadas y enormes cabezas caídas caminaban para su casa, para resguardarse de la tempestad. Ya no era el smog lo que dificultaba la visión, sino el remolino de basura y las partículas de tierra y polvo que se levantaban del suelo.

La multitud, inquieta, comenzó a correr entre las veredas y lo más cerca de las paredes posible. En la calle hubo choques consecutivos y los choferes de los autos se bajaban y lo dejaban allí abandonados.

Los animales del zoológico de la ciudad escaparon, incluso los grandes felinos en sus jaulas blindadas. No hacían otra cosa diferente que los humanos, escapar y buscar sitio donde resguardarse.

De fachada en fachada, el ancho de todas las calles trazadas estaban ocupadas por la multitud. Ya de noche, las terrazas de los edificios no eran más que un punto invisible para los que se encontraban en la superficie del asfalto de la calle.

Súbitamente, sobre los edificios, pudieron ver una luz violeta que descendía y los encandilaba al mismo tiempo.

Después de la vorágine que desató el remolino, en la tierra descendió una nave. Inconscientemente, salieron todos corriendo sin mirar atrás. Pensando que eran extraterrestres, seguramente.

Las luces cortadas en toda la ciudad inspiraron la locura de la multitud, y se desató una crisis generalizada. Muerte, robos y saqueos.

La nave que aterrizó, no era otra cosa que el Presidente de la nación intentando hacer propaganda para su nueva elección, de una forma novedosa que había discutido con sus asesores los últimos meses. No era muy recomendada, pero eligió hacerla igual.

 

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La santa Juana

“Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para dominarlos a todos”.

Suena como una película del señor de los anillos, pero era una charla entre amigos que se fue un poco de tema y Anibal quiso bromear acerca de la situación de Rubén, que se estaba por casar con sus jóvenes veintiocho años.

Como cualquier otro hijo de vecino, Ruben había crecido en una familia de clase media y había trabajado de chico con el padre en el taller automotor que tenía en la calle Montevideo, ciudad de Chivilcoy, en Argentina.

Durante su adolescencia, se puso de novio con una chica del barrio, con la que también compartieron la escuela secundaria.

Los años de su esplendor fueron esos, durante los quince y los veinte años. Nadie le decía lo que tenía que hacer, ganaba algo de dinero para gastarlo en lo que quería los fines de semana, y estaba de novio con su querida Juana.

Ya habían pasado varios años, y consigo el tiempo dejó atrás la próspera vida que estimaba con nostalgia. Ahora Ruben se interpelaba todo el tiempo, preguntándose si lo que estaba haciendo era lo correcto. No tenía idea porque se casaba, siendo él mismo el que le propuso matrimonio a Juana, luego de diez años de noviazgo.

Los amigos de siempre seguían allí, cada cual en la suya, pero siempre en el pueblo, de allí no se fue ninguno. Era tal la confianza generada entre Ruben, Juana y los amigos de Ruben, que hasta había tiempo para mofarse de ella asegurando que estaba embarazada, ya que le gustaba comer más que a Ruben y se notaba en su apariencia física.

Faltaban tres días para el casamiento y Ruben llega a la casa de unos amigos, donde cocinarían un cerdo.

− Se te ve nervioso Ruben, o estás muy cagado? Le dice Martín, un amigo que no era muy agradable, con sus 120 kilos y las manos engrasadas.

− Dejame de joder boludo, no tengo ganas de venir a comer con ustedes y que el único tema de conversación sea mi casorio. Contestó Ruben.

Se lo veía extremadamente inquieto y con ciertas dudas con el protocolo eclesiástico al momento de consumar matrimonio. Cuando se tomó unas copas demás, repetía que estando en el altar iba a hacer cualquier cosa y le iba a salir todo “para la mierda”.

Llegado el día, se reunió familia y amigos en la Iglesia Monte Viggiano de Chivilcoy. Juana arribó de la mano del padre con un hermoso vestido blanco y corto, a diferencia de los tradicionales atuendos para estas ocasiones.

Él la esperaba en el altar, y miraba de reojo a las primeras filas de bancos en la Iglesia, en la que se encontraba su familia, y en las próximas dos, siete de sus amigos, expectantes y emocionados al ser el primero del grupo que case.

El cura comenzó a hablar y Rubén y Juana se tomaron de la mano. Antes de que pueda terminar con el monólogo tradicional que termina en el conocido “Los declaro marido y mujer, puede besar a la novia”, Rubén enloqueció de forma insólita. Levantó la vista y observó la Iglesia, y se dio cuenta que no era un lugar para él.

Miró a Juana y le dijo:

– Mi amor, vos sos una santa. Pero yo no. No entiendo que hago en este lugar, prefiero que nuestro matrimonio sea en otro lugar, como en el taller de Papá, o en la casa de tu abuela Chicha, comiendo ravioles. Esto no es para mí, estoy siendo un pecador en potencia si consumamos en este lugar.

Juana omitió con la cabeza y dijo que le parecía bien, si el estaba incómodo. Entonces le dio ánimo para que Ruben se de vuelta en el altar y notifique a los allí presentes:

− Los veo aquí reunidos y me genera mucha alegría, pero lamento decirles que no van a poder escuchar que seremos marido y mujer en este recinto. Mañana al mediodía los esperamos en el taller de mi Papá en la calle Montevideo. Haremos un costillar de ternero y beberemos vino en caja. A los que les parezca bien, están invitados. De lo contrario no vayan.

Los amigos se miraron incrédulos, y al unísono levantaron las manos y abrazaron a Rubencito. Que se acobijó ante la mirada penetrante y desaprobatoria de los tíos y la gente mayor que ocupaba los bancos en la Iglesia.

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El compromiso teórico

Era el día del casamiento de su cuñada, y unas horas antes, Fransico sacó el smoking que tenía guardado en el placard. El polvo le llevo a evocar a la última vez que se lo puso, y le dijo a su novia:

−Mi amor, la fiesta sorpresa de tu Padre! Esa fue la última vez que me puse este saco horrible. Lo mio es andar de zapatillas de lona y jogginetas.

Su esposa estaba muy nerviosa, ya que la que se casaba era su hermana y oficiaba como madrina de la boda. Él, reacio a todas las situaciones en que tenga que actuar de marido ejemplar, se vistió y se puso unos anteojos, para que no le puedan ver los ojos, que lo delataban de lo rojos por haber estado fumando hierba un rato antes.

La boda era de tarde, en una estancia con una casa hermosa que anteriormente había sido una residencia de algún linaje cercano a los primeros inmigrantes sudamericanos portadores de un buen apellido, ahora todos extintos.

Una de las primeras situaciones en las que se vio intimidado fue la de saludar a todas las tías abuelas de su esposa, que rondaban arriba de los 80 años, y las que no podían guardarse la pregunta que más odiaba.

– Decime querido ¿Qué haces de tu vida? ¿Estás trabajando? ¿Tu hermano es el médico no?

Fransico había empezado cinco carreras diferentes en su juventud, y no había terminado ninguna. Su hermano era un médico especializado en cirugía muy reconocido en la ciudad.

Al reponerse de sus pensamientos, idos por el efecto de lo que había fumado en su casa respondió:

– No señoras, no se confundan. Yo soy Licenciado en Casi Todo. Un mérito que no le dan a cualquiera, eh. Es muy difícil conseguir tan invaluable reconocimiento por parte de todas las entidades académicas del país. Yo trabajo con equipos interdisciplinarios y me muevo tanto en las Ciencias Sociales como en las Exactas.

Por dentro se moría de risa ante la mirada atónita de las mujeres que lo habían rodeado. La mujer de Fransico lo vio a lo lejos y vino a su rescate, con la excusa de que se tendrían que tomar una copa ya que hacía mucho calor. Cuando se alejaron se escucho un murmullo de una de las tías.

– Que impresionante lo de este chico, parecía medio tonto. Es sorprendente la variedad de ocupaciones de hoy en día.

Al rato venía el compromiso marital dentro de la capilla de la residencia. La esposa de Fransico tenía que estar al lado de los novios ya que era la madrina de boda, y él se quedo con un primo de ella con el que se llevaba bien ya que tenían aproximadamente la misma edad. Ya sentados en los bancos de la iglesia se pusieron a charlar.

− ¿Vos te vas a casar algún día?- Pregunta Horacio a Fransisco.

− ¿Vos estás loco o que tenes en la cabeza Horacito? Yo no piso una Iglesia ni por casualidad. Lo mio es el compromiso teórico.- Dijo fransico

− ¿Y eso qué es? ¿Lo inventaste vos? – Confundido preguntó Horacio

− Lo vi en una película de Steve Carrel. Resulta que el amor como se experimenta convencionalmente, requiere de forma concluyente el matrimonio por escrito.

Bueno, el amor en su forma más pura se da de manera práctica, en este caso hay que aprender durante toda la vida como sería la forma de experimentar el amor de forma teórica. Es algo que lleva mucho tiempo Horacito, pero que trae buenos resultados. Dicen que no hay peleas ni reproches de por medio.

Desconcertado, Horacio le responde:

– Que barbaro Fran, después si podes anotame la película así la miro.

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Al otro lado del paredón

−La última vez que subí ese paredón debo haber tenido entre los ocho y nueve años, imaginen ustedes cuando yo les hablo que tengo miedo, no se compara con lo que me tocó pasar del otro lado. Nunca suban.

Las palabras de la madre de Matias quedaron marcada a fuego desde su infancia.

Vivieron siempre en la misma casa, desde que la madre era chica, ya que la casa la había heredado de sus abuelos maternos. Él fue criado allí, y de lo que más se acuerda, ya con 14 años, es que la regla número uno e irrompible bajo cualquier circunstancia es esa. No subir el paredón, ni pasarse del otro lado.

Se habían ido pelotas de fútbol bastante seguido, aún así preferían comprar otra antes que ir a buscarla del otro lado.

Matias tenía el hábito de juntarse con dos amigos casi todas las tardes, después de ir al colegio. A eso de las cinco tocaba timbre Juan, su mejor amigo, y un poco después, con cara de dormida aparecía Luciana (dormir la siesta para ella era indispensable).

Se divertían con poco, ya que tomaban la merienda y conversaban, estudiaban si era necesario, siempre sanamente con muchas risas de por medio.

Un día como cualquier otro, Luciana pregunta por la casa que estaba al lado, que siempre tenía las persianas cerradas salvo los sábados y los domingos. Pero que nunca nadie estaba en ella, incluso los fines de semanas.

La madre que se encontraba preparando un té, se estremeció a tal punto que le dijo que no hablen de eso porque ella no tenía buenas historias que contarles. Solamente quedó ahí la conversación, pero la curiosidad está en la esencia de los jóvenes.

Lo primero que preguntó Juan y Luciana al otro día cuando fueron a su casa, fue por la casa que estaba al lado. Sin cavilar demasiado Matias fue tajante.

−Mi mamá cuando era chica estuvo en ese patio, y lo único que les puedo decir fue que vivió una situación paranormal.

−¿Y eso qué es? Dijo Juan

−Tuvo una aparición de muchos niños, jugando a su lado. Nunca me contó más que eso, si esos niños están ahí o si no existen, solo me dijo que fue paranormal.

Luciana y Juan quedaron helados, les pareció terrorífico lo que habían escuchado. Quisieron ahondar un poco más en el tema.

— Podemos subir al techo y mirar el patio de la casa aunque sea? Dijo Luciana

—Si vamos. Afirmó Matias

Cuando subieron no vieron más que un patio abandonado con los pastizales altos y las paredes de la casa llenas de humedad. Siguieron conversando, sacando conjeturas personales entre los tres, se hizo un poco tarde y se fueron Juan y Luciana a su casa.

Era viernes y quedaron de acuerdo que durante el fin de semana querían organizar los apuntes para el examen que les tomaban la próxima semana.

−Vengan de vuelta mañana entonces. Dijo Matias

Como viven en un pueblo de muy pocos habitantes, el sábado a la mañana por la calle anda muy poca gente. Luciana salió de su casa caminando, y ya estaba cerca de lo de Matías. Se empieza a sacar los auriculares con los que venía escuchando música.

Estaba a media cuadra cuando levanta la vista,  y en la casa de al lado de la de Matías se disponían a lo ancho de toda la vereda muchos bebes. No erán bebes, sino muñecos de plástico. Pero tenían vida.

Ella se paralizó, y siguió caminando por pura inercia. Cuando los tenía cerca, incrédula no dijo nada y siguió caminando. Vio que la casa estaba abierta.

Como si fueran espectros, paso al lado de ellos sin mirarlos. Y una señora muy vieja vestida con pijama, desde el zaguán de la casa le dijo que entre si quería. Que ya sabía que estaba interesada en lo que hacía.

Luciana llegó, por fin, a lo de Matías y rompió en llanto. La madre de Matías la abrazó, y le dijo que no fue más que un susto.

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El “Trinche” Carlovich

Un 20 de Julio del año 1949 en la ciudad de Rosario, en Argentina, nace Tomás Felipe Carlovich, más conocido como el “Trinche”. Un jugador enigmático y emblemático en esa ciudad, principalmente en el club de sus amores, Central Córdoba de Rosario.

Rosario es una de las ciudades icónicas de Argentina. Engendró personalidades como un tal Leo Messi, Ernesto “Che” Guevara, entre otros. El fútbol aquí se respira como en ningún otro lugar, marcado por el clásico de la ciudad Rosario Central y Newell’s Old Boys.

Los que lo vieron jugar aseguran que fue mejor que el mismo Maradona. “Jugaba con la técnica de Fernando Redondo y la templanza de Juan Román Riquelme” dicen otros.

Lo cierto aquí es que el Trinche, nunca fue un jugador reconocido públicamente, debutó en Rosario Central, luego de ser expulsado por el director técnico, jugó en Central Córdoba (su mayor etapa como futbolista), y luego tuvo breves pasos por Colón de Santa Fe, Deportivo Rivadavia y Maipú. Ningún equipo de primera división para aquella época (jugó entre los años 70′ y 80′).

No existe registro fílmico que constate la veracidad de sus dotes para jugar a la pelota, es una de las razones de que su figura sea una incógnita y carne de documental para cualquiera, alimentando el mito del jugador que fue mejor que Maradona.

Con su larga melena al viento, el Trinche era polifuncional dentro de la cancha y la jugada que lo caracterizaba era “doble caño”, ésta constaba de hacer pasar la pelota entre las piernas de un defensor dos veces seguidas.

Hubo un partido, previo al Mundial de Fútbol de 1974 que el Trinche hizo de las suyas. En Rosario, se armó un combinado local entre grandes figuras de Newell’s Old Boys y Rosario Central, más Carlovich. Del otro lado jugaba la selección de Argentina. El partido terminó 3-1 a favor del combinado Rosarino y el técnico pidió en el entretiempo que saquen al número 5 (el trinche) porque sino eso se iba a convertir en una derrota muy abultada de su equipo.

Los que lo conocen, dicen que su personalidad no iba con la vida de un futbolista. Se iba de pesca y no concurría a los entrenamientos. Tenía desinterés en ser un profesional y trascender fuera de la Argentina. El jugador que pudo ser mejor que Diego Maradona, pero no quiso.

“Los tacos, caños y goles de bolea que ha hecho, era distinto a todos los demás” se le escucha decir a un vecino de Rosario ya entrado en años. También han manifestado su admiración por Carlovich figuras del fútbol argentino, como Menotti, Pekerman, Valdano.

Todos están de acuerdo, en que el estilo romántico del Trinche Carlovich es algo muy difícil de encontrar en el fútbol actual. La gambeta, su habilidad y un juego particularmente lento configuraban a este jugador “tipicamente rosarino” como dice Menotti.

Quizá las exigencias que tiene este deporte no son para todos. Y el lo decidió así, no quería jugar en primera. Como futbolista tenía lo mismo que tienen los grandes jugadores, después está el plus que sale de uno mismo. Sostenerse y tener el carácter necesario es algo complejo en ese mundillo.

El mito del Trinche va a existir por la eternidad, y nadie nunca sabrá si hubiese sido mejor que Diego Armando Maradona.

 

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Niño diamante

El niño diamante es un cuento muy pero muy viejo. Las últimas editoriales existen en libros con páginas amarillas, corroídos por años y al que ahora a nadie le interesa, pero en las primeras décadas del siglo XX, era leído por los chicos en las escuelas.

La historia dice que fue escrito por alquimistas en una convención en Babilonia, muchísimos años atrás (antes que la ciencia sea reconocida como tal). El libro habla de un niño de diez años, que tenía desarrollada de una forma extraña y sorprendente la glándula pineal, denominada como “tercer ojo”.

Esto le permitía hacer una regresión en tiempo/espacio, como en el presente hay cientos de referencias que hacen alusión a ello, una de las más conocidas es la película “Volver al futuro”.

El niño diamante era solo uno en todo el planeta. Genéticamente modificado antes de su nacimiento por sujetos benevolentes venidos del centro de nuestro planeta, donde supuestamente residen todavía.

En la ciudad de Teherán (la capital de Irán) se encuentra el tomo original del libro. Muchas veces estudiantes y curiosos han ido en su búsqueda, pero ante la negativa de las autoridades iraníes de prestarlo, regresan con las manos vacías.

Con el paso de los años, se encuentra infravalorado y está siendo olvidado de la memoria colectiva de la gente, diría que de las generaciones más grandes, porque los jóvenes que nacieron en los años noventa no han escuchado hablar en su vida del niño diamante.

Como las leyendas de la piedra filosofal o de la juventud eterna, también existe mucho interés en la regresión en el tiempo. El libro cuenta, que hay un guardián llamado Nectar que decide ocultar al niño diamante durante toda su vida, para que no podamos ejercer fuerzas superiores en el planeta.

Este guardián, es uno de los creadores del niño. Fue seducido por la ignorancia presentada en la colonización hecha por occidente en el mundo. El mundo moderno, como le llaman ahora se le presento servido en una bandeja, le ofreció riquezas que jamas podría tener. A cambio, tenía que esconder su tesoro de mayor valor, el niño.

Es así que la historia nunca concluye, ya que si lo que está escrito en el libro es verdad, el niño diamante podría estar entre nosotros usando sus habilidades de regresión temporal/espacial. Pero gracias a Nectar, sus dotes son reducidos a cenizas, ya que es el único que puede emplear la magia alquímica con él.

Amparado por grandes instituciones y quizás gobiernos, Nectar sigue en la sombras, andando como un anciano cualquiera en las calles de algún lado.

Con la ayuda de una organización científica destinada a promover cuestiones relacionadas con la alquimia, unos niños de Teheran en el año 1994, se quisieron contactar con el niño diamante, ya que amaban su libro y creían que realmente existió.

Dos años de investigación y grandes colecciones enciclopédicas llevaron a cabo, hasta que una noche en Teheran, el grupo de pre-adolescentes que seguían su búsqueda, recibieron un regalo en la casa de Mezut.

Era una carta que decía:

− Nunca perdí la esperanza, de que pudiera ver, otra vez el mundo como era. Saludos del 2150. Nos veremos en otra oportunidad.

Firma: DiaMnTe.

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