La niña del avión

¿De qué trata?: Un piloto se retira a dormir a la cabina de descanso, cuando ve que está ocupada por alguien más. Una niña pequeña.

Personajes: Piloto, Azafata, Niña, Pareja

Es una noche de invierno muy fría y para la tripulación de aquel vuelo, la jornada que les espera todavía promete ser larga. En cabina, el piloto se despereza luego de haber estado volando por un par de horas. Deja los controles a cargo de su segundo al mando y sale a preguntar a una de las azafatas si la cabina de descanso está libre.

—No hay nadie en este momento —le responde ella.

El piloto le da las gracias y se dirige hacia allí para echar una cabezada. La cabina es un espacio pequeño y oscuro, en el que había un par de literas para que los miembros de la tripulación pudieran tomar la siesta de tanto en tanto.

Sin embargo, el hombre sintió un bulto pequeño en una de ellas y muy sigilosamente, sacó su linterna de bolsillo para iluminar la cama. Vio a una pequeña durmiendo profundamente.

Extrañado, él la arropó con cuidado y salió de la cabina a buscar a la misma azafata.

—Hay una niña durmiendo en la cabina —le dijo, consternado.

—¿Qué?

—Que hay una niña pequeña dormida en una de las literas —dijo él—, ¿qué hace allí? ¿Quién es?

—Imposible, esa cabina estaba totalmente desocupada —dijo la azafata.

Sin embargo, el piloto insiste y le describe brevemente a la chiquilla, haciendo que la mujer palidezca. La ve mirar hacia un rincón del avión, preocupada y le habla en voz baja.

—¿Puede ver a esa pareja que va viajando en la fila de allá? —le pregunta, señalando a un matrimonio no muy maduro.

Ambos se ven cansados y demacrados, como si el viaje les sentara terrible. El piloto afirma con la cabeza, cada vez más confundido.

—Claro que los veo, ¿pero qué tienen ellos que ver en todo esto?

—Están viajando al funeral de su hija —respondió la azafata, trémula—, la pequeña murió mientras se encontraban de vacaciones. Ella está abajo, con el equipaje, en un ataúd.

El piloto palideció al instante. Enseguida se dirige al baño para refrescarse un poco. Se echa agua en la cara y duda de si debería volver a la cabina de descanso o pilotear hasta que se le olvide el asunto. En ese momento levanta la mirada y sus ojos se clavan en un mensaje que ha aparecido en el espejo del lavabo, escrito con un diminuto dedo infantil:

Gracias por arroparme.

Cuando el piloto volvió a la cabina de descanso para echar un vistazo, se dio cuenta de que no había ni rastro de la niña. Pero ya no fue capaz de conciliar el sueño el resto de la noche.

Esta es una de las leyendas urbanas más famosas alrededor del mundo. Dicen que cuando una persona muere repentinamente, su alma tarda más en dejar este mundo mortal, acompañando a sus seres queridos hasta encontrar el descanso eterno. Acaso aquella pequeña aun no se había dado cuenta de que estaba muerta, o quería seguir viajando con sus padres hasta el momento de despedirse definitivamente en el entierro.

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Mascotas resucitadas

¿De qué trata?: Al descubrir que su perro ha matado al loro de su vecina, a Tomás se le ocurre una descabellada idea.

Personajes: Tomás, Perro, Loro, Vecina

Aquella mañana, Tomás fue a sacar a pasear a su perro como de costumbre. Era un precioso ejemplar de Beagle, raza conocida por ser muy ágil y excelente en la caza. Le extraño no escuchar al molesto loro de su vecina, que todos los días temprano y sin falta, se ponía a dar gritos a voz en cuello.

Su perro odiaba a ese animal y cada vez que lo escuchaba, ladraba con disgusto. ¿Cómo culparlo? Tomás también estaba harto de escucharlo y no dudaba que los otros vecinos también.

Supuso que aquella mujer por fin había entrado en razón y hecho callar a su horrible mascota.

Contento, buscó a su perro en el jardín y fue entonces cuando se quedó paralizado. El can estaba cavando un hoyo en la tierra para enterrar algo que sostenía en la boca. Era el loro de la vecina. Estaba inmóvil.

—¡No! —gritó Tomás, arrebatándoselo del hocico— ¡No! ¡Perro malo!

El animal lo miró confundido y bajó las orejas. Tomás examinó al ave y se dio cuenta de que no había nada que hacer, estaba muerta.

Ahora estaba en problemas. La vecina lo iba a demandar si se enteraba de que el perro había matado a su mascota. ¿Qué hacer? Tras pensarlo detenidamente, decidió que lo mejor sería colocar al loro de vuelta en su jaula sin que se diera cuenta; así, su muerte podría aparentar haber sido por causas naturales.

Cuando nadie estaba mirando, Tomás se acercó al pórtico de su vecina y puso al loro en el interior, antes de regresar a toda prisa a su casa y sacar al perro como de costumbre.

Caminaron un rato por el vecindario y después volvieron a su hogar como si nada.

A mediodía, Tomás escuchó un grito aterrado y agudo en la casa de al lado. Lleno de culpa, salió a hacer como que regaba el jardín para investigar. La vecina estaba pálida y observaba llorosa la jaula de su lorito. El pobre animal estaba muerto.

—La ley de la vida —dijo Tomás para consolarla—, no se preocupe, mujer. Piense que el animalito tuvo una vida muy feliz, a veces es mejor que se vayan pronto a que sufran por viejos. Estoy seguro de que pronto podrá comprarse otra mascota de compañía.

Ella miró con el rostro desencajado.

—No entiende —le dijo—, mi loro murió ayer por la tarde. Yo misma fui a enterrarlo en mi jardín. Y esta mañana ha aparecido de nuevo en su jaula, mirándome con sus ojos vidriosos. ¡Casi me da un ataque! Creí que había regresado de entre los muertos.

Nerviosa, la vecina volvió a recoger el cadáver de su lorito, preguntándose quien podría haber hecho una broma tan cruel.

Tomás por su parte, regresó a casa muy avergonzado y sin atreverse a revelarle la verdad. Y él pensando que su perro era un asesino. La vecina nunca supo lo que había sucedido, pero Tomás se hizo la firme promesa de que nunca más se iba a inmiscuir en sus asuntos.

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Bienvenido al mundo del sida

¿De qué trata?: Un hombre en un viaje de negocios coquetea con una atractiva mujer, sin sospechar el horror que vendrá más tarde.

Personajes: Juan, Desconocida

Juan era un hombre de familia ejemplar a los ojos de los demás. Tenía un buen trabajo que le había permitido comprar una casa preciosa, coche del año, una esposa guapa y dos hijos muy simpáticos, que realmente era su orgullo. No le hacía falta pues, nada para ser feliz.

Sin embargo y como suele ocurrir en muchas personas, fuera de casa la historia era otra. Juan había sido un mujeriego antes de casarse con su esposa y el hábito no lo había abandonado del todo.

Durante sus viajes de negocios gustaba de coquetear con diversas mujeres; al fin y al cabo, no iba a tener problemas al no volver a verlas.

En uno de esos congresos a los que tuvo que viajar, entró en una discoteca por la noche en compañía de sus amigos. En la barra divisó a una muchacha muy guapa y de figura atractiva, a la que de inmediato le invitó una copa. La chica se mostró halagada y comenzaron a hablar. Bailaron y rieron.

Después de unas cuantas bebidas, la joven accedió a acompañar a Juan a su habitación de hotel y sucedió lo que debía pasar.

No fue sino hasta el día siguiente que Juan se dio cuenta de que algo andaba mal. No era solo por el dolor de cabeza o las nauseas que sentía, producto de la resaca. La chica no estaba por ninguna parte. Supuso que se había metido al baño o se había marchado, (y si era así, mejor para él).

Sintiéndose terrible, Juan entró en el baño y lo que allí encontró, lo hizo temblar de pies a cabeza. Había en el espejo un mensaje escrito con lápiz de labios con una única frase:

BIENVENIDO AL CLUB DEL SIDA

Al principio, Juan entró en pánico y sintió como el corazón le palpitaba más fuerte. Luego se dijo que aquello tenía que ser una broma de mal gusto. El camino hacia el hospital para efectuarse los análisis fue el más largo de su vida y cuando le entregaron los resultados, su mundo se derrumbó.

En efecto, había sido contagiado con el virus del VIH y a partir de ese momento, estaba condenado a sobrevivir de una enfermedad incurable.

¿Cuánto tiempo le quedaba de vida? Eso solo sería respondido por el tiempo mismo.

Esta leyenda corta urbana lleva circulando más o menos desde el año 2000, cuando la información sobre la enfermedad del sida no se encontraba tan extendida como hoy en día. Si bien no existen pruebas contundentes de que sea real, no pueden descartarse los casos de personas contagiadas por tener intimidad sin la debida protección.

Otra variante habla de personas que dejan jeringas infectadas con VIH en lugares públicos, como playas, parques infantiles, antros y hasta butacas de cines. A veces estos pinchazos pasaban desapercibidos en sitios muy concurridos y desde luego, era imposible dar con el culpable.

Esta versión sin embargo, si puede calificarse como inverosímil, debido a que el virus tiene un período de vida muy limitado.

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Lentes de contacto que te dejan ciego

¿De qué trata?: Una chica obsesionada con lucir bien decide probar con unos lente de contacto de mala calidad, pagando las consecuencias.

Personajes: María, Sebastián

María era una chica guapísima que acudía a tomar sus clases en la universidad. Todos se fijaban en ella porque además de hermosa era simpática, pero la muchacha solo tenía ojos para Sebastián, el chico más atractivo del campus y que desgraciadamente, tenía novia.

Aunque Sebastián parecía gustar también de ella, no se atrevía a romper con su insoportable pareja, que a cada momento le armaba escenas de celos. Con todo, María no perdía las esperanzas de que un día se animara a estar con ella.

Un día ocurrió lo impensable: Sebastián y su novia terminaron. Al parecer el joven ya no había soportado ya el control que la chica ejercía sobre él.

No solo eso, sino que aquella misma mañana fue a buscar a María para invitarla a una barbacoa que iba a organizar en su casa. Ella entendió que era el momento perfecto para actuar.

Se propuso estar bellísima para la ocasión.

Fue a la peluquería para arreglarse el pelo, las uñas de los pies y de las manos, y a maquillarse con toda precisión. Se hizo una limpieza con exfoliante en la piel y se compró el mejor bikini que encontró en el centro comercial, para estar despampanante.

Lo único que no pudo comprarse fueron unos buenos lentes de contacto, pues al acercarse a la óptica, se dio cuenta de que se había gastado casi todo el presupuesto en lo demás.

Desesperada, María llegó hasta una importadora china donde para alivio suyo, tenían lentillas en una amplia gama de colores y a un precio bajísimo. No eran de la mejor calidad desde luego, pero ella sabía que por el costo no podía pedir más y aparte solo las usaría un día.

Gustosa, pagó unas y se fue a casa a prepararse para la barbacoa.

Durante la fiesta, era la muchacha más hermosa de todas las asistentes, con su pequeño bikini y su cabello reluciente. No quería meterse a la piscina a estropear su peinado y su maquillaje, de modo que se quedó cerca de la barbacoa. Hacía mucho calor y sus ojos comenzaban a escocer un poco, pero ella no le dio importancia.

Sebastián se acercó a hablar con ella.

—Muchas gracias por invitarme, la estoy pasando muy bien —le dijo ella con coquetería.

—A mí me alegra que hayas venido. ¿Sabes, María? Hay algo muy importante que tengo que decirte…

En ese instante, María notó un dolor intenso en sus ojos y se derrumbó en el suelo, chillando. Las lágrimas caían sin parar de su mirada y ella las sentía como ácido que le quemaba. Intentaron calmarla echándole agua fría, pero no funcionó.

La tuvieron que llevar al hospital de emergencia.

Ahí, los doctores le practicaron una operación de emergencia tras descubrir lo que había sucedido: los lentes de contacto barato se habían derretido con el calor que desprendía la parrilla, ablandándose con sus lágrimas quedándose adheridos a sus pupilas. El agua fría había terminado de cristalizarlas, ocasionándole un daño irreparable.

María nunca volvería a ver.

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Nunca ayudes a un desconocido

¿De qué trata?: Monique, una chica hambrienta, decide ayudar a un anciano al que no conoce, pero en el último minuto sospecha de sus perversos planes.

Personajes: Monique, Anciano, Niño, Policía, Carnicero

Tras el término de la Segunda Guerra Mundial, una gran depresión económica se cernió sobre Europa, provocando que en muchos países el empleo y los alimentos escasearan, incluso en los que habían vencido. Francia no era la excepción.

Los franceses habían invertido gran parte de sus recursos en la guerra y comer era un lujo que no toda la gente se podía dar. Gran parte del ganado había desaparecido y muchos de los cultivos habían sido arrasados a causa de la batalla de Normandía. Como es usual en tiempos difíciles, hubo quienes se aprovecharon de la miseria de los demás para inflar los precios de la carne, los huevos, los granos.

Había quienes llegaban a pagar auténticas fortunas por un kilo de carne para alimentar a sus familias. Otros robaban o yacían famélicos.

Monique era una hermosa jovencita que para sobrevivir, había tenido que desempeñar el papel de amante de los soldados alemanes. Pero no quedaba ya ninguno en su pueblo. Lo único que podía hacer era seguir usando sus encantos para conseguir comida, aunque cada vez era más difícil.

Un día, vio a un pobre anciano que era empujado frente a uno de los puestos de carne, donde la gente se amontonaba desesperada. La chica le ayudó a incorporarse y le aconsejó que no se acercara a ese puesto.

—Son todos como unos animales —dijo, señalando a los clientes.

—Si no me hubiera acercado hasta allí hija mía, no habría podido obtener esto —el anciano dejó ver un enorme paquete de carne que a la pobre muchacha, le hizo la boca agua—. Pero como has sido buena conmigo, te propongo compartirlo. Solo tienes que hacerme un favor.

—Usted dirá.

—Llévale esta carne a mi hijo que vive en la casa de la vuelta. Te haré una nota para que no desconfíe de ti.

Hambrienta, Monique aguardó a que terminara de escribir el recado y se fue a toda prisa. Pero a mitad de camino, un mal presentimiento la embargó. Miró hacia atrás y vio que el anciano había desaparecido.

Desconfiada, le dio una moneda a un niño para que hiciera el encargo por ella y se quedó vigilándolo a la distancia.

El niño llegó ante la casa mencionada y un hombre abrió la puerta. Tras leer la nota, jaló el brazo del niño y lo metió adentro con violencia. Monique avisó a unos policías y la puerta de la casa fue echada abajo. Dentro les esperaba un espectáculo horrendo: el niño había sido asesinado y a su alrededor, había varias partes humanas, deshechas y empaquetadas para ser vendidas como carne.

Cerca de allí, encontraron la nota que el anciano le había escrito a Monique:

“Esta es la última que te envío hoy, el negocio va mejor que nunca”.

Esta historia corta es una de las leyendas urbanas más populares de los últimos años. Si bien es imposible comprobar su veracidad, no hay que olvidarnos de que guarda una lección importante. Mira bien a quien ayudas, pues nunca conoces sus verdaderas intenciones.

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La Planchada

¿De qué trata?: Una misteriosa enfermera fantasma recorre los pasillos de cierto hospital atendiendo a los pacientes.

Personajes: La Planchada, Médico, Pacientes

Cuentan que en un antiguo hospital de México, hace muchos años sirvió una enfermera joven y muy dedicada a su profesión. Como ella, no había quien tratara a los pacientes con tanto cariño y disposición a cualquier hora del día.

Además era muy pulcra al vestir, siempre llevaba su uniforme perfectamente almidonado y de un blanco reluciente. Todos sus compañeros la admiraban.

Un día, llegó a trabajar al hospital un médico muy apuesto y que tenía fama de ser un mujeriego empedernido. A pesar de ello, la enfermera se fijo en él y este correspondió a sus afectos, iniciando ambos una relación que a ojos de los demás, era idílica y muy bonita.

Pasaron los meses, hasta que el doctor le dijo a la enfermera que tenía que pasar varios días fuera por un congreso muy importante al que asistiría.

Ella lo despidió llena de amor y continuó con su trabajo.

Así, hasta que uno de sus compañeros en el hospital, quien siempre había gustado de ella, le preguntó si quería acompañarlo a una boda pero ella desistió:

—Mi novio sigue en el congreso y le he prometido esperarlo —dijo.

—¿Pero no lo sabes? —inquirió su compañero extrañado— El doctor no se ha ido a ningún congreso. Hace poco renunció al hospital, porque este fin de semana se casa y va a trabajar en otra ciudad.

Escuchar aquello le rompió el corazón a la enfermera que, gracias a los periódicos, no tardaría en confirmar que la historia que acababan de contarle era cierta. Su doctor la había engañado.

Tan grande fue la desilusión que desde ese instante, perdió toda la pasión y las ganas que tenía de vivir. Su trabajo le fue despreciable. Comenzó a ser grosera con sus colegas y a maltratar a los pacientes, muchos murieron por su negligencia.

La muchacha murió años después sin conocer a otro hombre, siempre desempeñando su oficio de enfermera con el menor de los cuidados y amargada con la vida.

Poco después de su fallecimiento, se veía pasear por los pasillos del hospital a una enfermera con la vestimenta muy suave e inmaculada.

Y la leyenda comenzó.

A altas horas de la madrugada, esta aparición entraba a las habitaciones de los pacientes para calmar sus dolores y molestias. En cuando ella los tocaba, ellos se sentían mejor al instante pero nunca tenían oportunidad de agradecerle puesto que desaparecía al instante.

Los enfermeros de varias generaciones no se atrevían a hablar de ella.

Todos le decían La Planchada, pues no se veían arrugas en su impecable vestimenta.

Se dice que es un ánima en pena, que sigue en el mundo brindando consuelo a los enfermos para pagar las maldades que hizo en vida. Y se dice también que sigue llorando por aquel amor que se fue para siempre.

Esta historia corta es hasta hoy una de las más conocidas en México, entre sus muchas leyendas que hablan sobre apariciones y amores trágicos. Hay quienes aseguran haber visto a la Planchada mientras estaban convalecientes.

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La dama enlutada

¿De qué trata?: En una ciudad del centro de México, una misteriosa dama de negro recorre los cementerios por la noche.

Personajes: Taxista, Dama enlutada, Licenciado

Existe una leyenda que es muy conocida dentro de la hermosa ciudad de San Luis Potosí, en el país de México. Un hombre, taxista de profesión, deambula en su vehículo a altas horas de la noche, después de prestar servicio durante todo el día y dispuesta a irse a dormir a casa.

De pronto, nota como alguien le hace una señal para que se detenga. Fastidiado, el taxista considera pasar de largo, pues ya no está de servicio. Sin embargo no lo hace.

Por alguna extraña razón siente que se debe detener.

Ahora se encuentra a las puertas de un cementerio y la persona desconocida sube al auto. Es una mujer que va toda vestida de negro. Traen un velo de encaje que le tapa el rostro y guantes oscuros en sus manos.

El taxista siente un escalofrío.

—Buenas noches —saluda, sin obtener respuesta inmediata.

La mujer no devuelve el saludo, sino que le indica la dirección de un templo en el centro de la ciudad, con voz fría e inexpresiva.

Hacia allá se dirigen. El taxi se detiene frente a una de las iglesias más antiguas del Casco Histórico y ve como ella se apea lentamente, no sin antes indicarle que la espere.

Pasan cinco, diez, quince minutos. Al cabo de un rato, la dama vuelve a salir y se sube al taxi, indicándole la dirección de un segundo templo, a poca distancia de allí. La escena se repite. Al parecer, la mujer tenía que hacer alguna especie de encomienda; quizá le había pedido a algún santo por el descanso de sus difuntos.

Fuera como fuera, aquella noche nuestro protagonista se encontró acudiendo a siete iglesias diferentes y cuando el recorrido terminó, la mujer le dio una última indicación:

—Lléveme al cementerio donde me recogió, por favor.

Allí la dejó el taxista y antes de bajarse, la desconocida sacó una medalla de oro de entre sus ropajes.

—No traigo dinero para pagarle —le dijo—, pero tome esta medalla y acuda mañana a esta dirección —le dio un papel doblado junto con la alhaja—, que ahí le pagan toda la tarifa.

El taxista, demasiado cansado como para reclamar, echó un vistazo a la medalla y confirmó que era de oro puro. Cuando volvió a mirar al asiento, se sorprendió al ver que la mujer había desaparecido.

No la había escuchado bajarse, ni había rastro de ella en las puertas cerradas del cementerio.

Exhausto, volvió a casa.

A la mañana siguiente se dirigió a la dirección que la dama de negro le había indicado. Resultó ser el despacho de un licenciado, que escuchó con sorpresa su historia.

—Sí, conozco esta medalla de oro —le dijo, tomando la medallita—. Pero es increíble… la mujer a la que usted recogió anoche, hace años que falleció. Si no fuera por esta medalla, pensaría que está usted tratando de engañarme.

El taxista se puso pálido. Sus servicios le fueron pagados con más dinero del quese le debía y nunca volvió a hablar de la anécdota.

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Los dados malditos

¿De qué trata?: Richard es un hombre al que le encantan las apuestas, pero un giro en su vida cambiaría su destino millonario a uno en las ruinas. Uno que a ningún hombre en todo el planeta se le pudo haber deseado.

Personajes: Richard, El hombre de los dientes de oro

Los amantes de apuestas son capaces de dar la vida por el propio juego. Aunque ellos estén dispuestos a perderla, Richard en el fondo no quería ni si quiera pensar en la derrota. A él le encantaba estar en un casino de las vegas cada fin de semana, parece que le iba muy bien y tenía una suerte para predecir las probabilidades en los juegos de dados, porque atinaba lo suficiente como para vivir muy bien de ello.

Una noche mientras se enfrentaba a varios jugadores con el famoso juego de dos dados, el era demasiado suertudo, pues le había tocado esa noche un sabroso premio de 50.000 dólares en la mesa. Parece que era odiado y admirado por muchos de los que le observaban jugar, todo cambiaría cuando una noche luego de ese viernes se iría a otro Casino para probar suerte.

En una de las mesas un hombre con dientes de oro le hizo una apuesta exquisita, el hombre le ofreció los dientes de oro, que en total eran 32 dientes. No supo ni como perdió la dentadura, pero a Richard no le importaba, el sólo quería ganar dinero de la manera que se le presentase. Además, esa noche parecía una apuesta fácil, el hombre impuso las reglas y le pareció algo sospechoso que todo estuviese a su favor.

El juego consiste en tirar un par de dados y si cae un doble elegido por el jugador, el contrincante pierde. El hombre de los dientes de oro le concedió 32 oportunidades, pero ¿Las oportunidades del hombre de la dentadura costosa? Es allí donde un terrible detalle le ha puesto los pelos de punta a Richard. El hombre quería que le concediese 20 oportunidades, pero no quería dinero precisamente, quería los dedos que tenía en ambas manos y pies, 20 en total.

Era algo arriesgado, tampoco era algo que implicaba la vida, pero si era algo bizarro. Sin embargo, esos dientes valían una fortuna cada uno y quería conseguirlos pase lo que pase. El hombre de los dientes de oro le ha dicho que empiece con 12 oportunidades primero, para luego empezar a la par. El juego estaba a punto de empezar, cuando otro detalle asustó más a Richard.

El hombre de los dientes de oro se mete la mano al bolsillo y saca un montón de cosas muy pequeñas, entre las que se encontraba un dedo en hielo, como si se lo hubiese ganado en una apuesta reciente, 3 tréboles de 4 hojas arrugados, varias monedas y dos dados de oro. El hombre miró fijamente a Richard y le dijo en voz baja “Si quieres ganar con estos dados debes tirar”.

Pero Richard lo miró con cara de burla, tomó el par de dados y se los devolvió, diciéndole que no por miedo los tiraba, sino por no darle el gusto de concederle tantas peticiones. El hombre lo miró fijamente, sonrió como si estuviese seguro de su victoria y los guardó en el bolsillo. El juego estaba a punto de comenzar, Richard toma sus dados y lanza la primera vez.

Sin embargo, es su primer intento fallido, un uno y un seis. Con tan sólo un par será capaz de ganarse uno de sus dientes de oro. Al menos tiene la oportunidad de ganarse uno de ellos si tira esas 32 veces, conociéndolo bien estaba seguro de llevarse más de la mitad de la dentadura del hombre. Richard tira la segunda vez, pero falla de nuevo.

Entusiasmado y con 9 oportunidades más tira los dados, pero sin suerte alguna. Al parecer no era su día de suerte, una racha invicta de toda la vida parecía que se iba a convertir en su peor pesadilla. Las otras 7 veces que tiró tampoco acertó ninguna. Estaba desesperado por lo que estaba pasando, curioso le dijo al hombre si podía usar los dados de oro para tirar la ronda a par, pero el hombre puso una condición que le puso aún más los pelos de punta.

-Si tiras de mis dados más de la mitad de la dentadura me quitarás, pero te aseguro que también todos los dedos los perderás.

Ante los aciertos del hombre y el poco nivel de juego que estaba teniendo Richard decide aceptar. Tira su primera oportunidad y un doble seis le hace sonreír. El hombre de los dientes de oro lo mira y sonríe a la vez que le dice

-Eres el primer hombre que acepta mi reto de tirar con mis dados, serán los últimos que tires

Richard sonríe y le replica:

-¿Te daría miedo tirar con los dados normales?

– Si tiro de los dados y acierto más de 5 números pares con los dados normales deberás perder una de tus extremidades.

Richard se aterroriza aún más, parece que se ve acorralado en el juego por un maestro de la astucia, un cínico que sólo quiere convertir su cuerpo en un ser que no podrá tirar dados ni con los pies. Ocultando su terror, Richard decide dejar las cosas como estaban antes y continuar el juego tirando ambos con los dados de oro.

En el primer intento ambos aciertan, el hombre de los dientes de oro sonríe y saca un cuchillo, Richard se asusta porque cree que la masacre empezará ahora mismo. Pero en realidad el lleva este cuchillo a su boca para sacarse el primer diente, perdiendo mucha sangre e incluso manchando la mesa. Richard aterrorizado le dice que no continúe con el juego, al parecer la apuesta iba enserio y al hombre de los dientes de oro no le agradó para nada su retirada repentina.

-Soy un hombre de palabra, también un hombre generoso, por ello te regalaré el diente que perdí y mis dados de oro. Si lo llegas a vender tu vida perderás, si juegas con otros dados aparte de estos tu dentadura caerá. Mantén este pacto y tu vida se mantendrá. Richard con miedo aceptó y luego de ello se libró de algo realmente trágico.

Semanas después Richard siguió usando sus dados en casa de apuestas, haciendo caso omiso a lo que dijo el hombre. Pero empezó a tener una mala racha que llevó hasta la ruina. Luego de verse en quiebra y con las deudas al cuello, decide vender los valiosos dados junto al diente que le obsequio el hombre para montar un negocio.

Al siguiente día cuando fue a preparar sus nuevos planes de vida, mientras estaba cepillándose notó que sus dientes se estaban empezando a caer uno por uno en ese mismo instante. El pánico de Richard fue tan fuerte que terminó muriendo de un infarto.

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Clarice está en el restaurante

¿De qué trata?: Un grupo de estudiantes se va de vacaciones con el pesar de que una de sus compañeras ya no está entre ellos, al menos de físicamente. Los eventos terroríficos que se avecinan les hace recordar el pasado.

Personajes: Clarice, compañeros de clase, Luis, Jordan

Un grupo de clases había preparado una gran cena en un restaurante lujoso como uno de los planes a fines de celebrar su graduación, todos habían logrado la meta de ser ingenieros. Desde el principio todos no habían tenido la mejor relación entre ellos, el salón se había dividido en dos y prácticamente duraron los 5 años de su carrera teniendo rivalidades que en ocasiones se le escapaban de las manos y se resolvían con puño limpio.

Tanto así que en el tercer año, uno de esos estudiantes falleció a causa de una pelea. Su nombre era Clarice, una chica muy tranquila que en el fondo no le importaba para nada los problemas que su salón enfrentaba. Todo ocurrió en el cuarto piso del instituto, dos de los hombres se fueron a las manos y mientras se golpeaban el resto del salón observaba expectante.

En ese instante, Clarice decidió interrumpir la pelea, pero justo en ese momento uno de los varones que estaba peleando empujó a su compañero hasta la ventana, llevándose a Clarice de por medio y provocando que se callera desde el cuarto piso hasta la planta baja. En ese momento la pelea se detuvo y todos los compañeros miraron hacia la ventana.

Corrieron rápido al segundo piso y observaron que su compañera estaba desangrada y sin vida. La mayoría de los estudiantes los miró a todos con cara de pocos amigos, en especial a los varones que estaban más pálidos que el resto. El director de la universidad decidió suspender las clases de forma general ese día y conceder el luto correspondiente por otro par de días más.

Increíblemente estos dos compañeros no fueron culpados de nada. Después de varios meses Luis y Jordan, los que habían peleado se convirtieron en los mejores amigos desde entonces. Prometieron que por nada en la vida iban a pelear, siempre se ayudaban con las tareas y exámenes de la universidad, incluso se ayudaban entre sí para hacer trampa en algunos exámenes.

Así fue como estos dos jóvenes lograron graduarse junto al resto. Orgullosos de pasar los 5 años juntos la relación del salón dividió mejoró mucho y decidieron concretar la cena en el restaurant todos unidos, para luego irse a la playa y disfrutar de su gran logro. Durante el viaje hablaban de la buena experiencia que pasarían todos, no parecía el viejo salón donde todos se miraban con envidia.

Cuando llegaron por fin después de un largo viaje de Táchira hasta la isla margarita, sólo pensaron él a cena en grupo que iban a tener. Darse un gran banquete y disfrutar al máximo de todos los placeres de la vida que les rodeaba en aquella playa eran sus deseos. Esa noche todos formaron una mesa redonda en aquel lugar, donde compartieron comida y empezaban a comentar cosas que le habían pasado anteriormente a cada uno.

Ambos hicieron un brindis y haciendo alusión a su compañera difunta le desearon la gloria eterna en cualquier parte donde estará. En ese mismo instante, un viento sopló entre ellos, algo que los dejó totalmente helados al ver que en el lugar todas las ventanas estaban cerradas, además de que no había ningún tipo de acondicionamiento en ese lugar.

Luis y jordan rompieron el silencio enciendo la cámara fotográfica y tomando fotos burlándose de un par de compañeras que estaban comiendo como vacas los postres. En ese momento a todos se les olvidó ese pequeño viento que sintieron. Pero otro suceso les pondría la piel de gallina. Mientras comían empezó a llegar un olor a carne podrida, como si algo se estuviera pudriendo en el lugar mientras ellos hablaban.

Al percatarse la mayoría, el olor era insoportable, por lo que decidieron llamar al dueño del lugar para reclamarle. Pero luego de una búsqueda exhaustiva para determinar de dónde provenía ese olor tan pedante, se dieron cuenta que realmente no había algo en el lugar que provocara malos olores, al contrario, el lugar tenía esencias que seguían funcionando para dar buena experiencia al cliente.

Después de este terrible incidente tan extraño todos decidieron salir del lugar. Pero antes de ellos Luis y Jordan se quedaron para grabar el sitio en cada rincón, le causaba mucha curiosidad un lugar tan hermoso y querían llevarse recuerdos. Pero para su sorpresa en las fotos y vídeos que tomaron encontraron algo que los dejó atónitos.

Al parecer una mujer aparecía en el fondo de cada una de las fotos que tomaban, en el pasillo, en la mesa, en el gran salón. Pero lo sorprendente es que era la misma mujer, ellos no recordaban a alguien que estuviera presente delante de ellos mientras lo hacían, pues eran los únicos en el lugar aparte de sus compañeros quienes dejaron las instalaciones justo antes de que ellos tomaran las fotos.

Tanto Luis como Jordan le comentaron a todo el grado sobre lo que estaba sucediendo. Una de las compañeras pudo reconocer claramente la mujer de la figura. Haciendo un bulto todos empezaron a mirar las fotos, no podían creer lo que veían, cada uno de ellos empezó a recordar aquel momento terrible en tercer año, cuando Clarice calló del segundo piso y falleció.

Es en ese momento donde empiezan a oler de nuevo la carne podrida, sabían que Clarice estaba presente entre ellos, queriendo disfrutar del momento tan agradable que estaban viviendo hasta que se percataron de su presencia. Sin embargo, todos los compañeros se arrepintieron de haber ido a aquel lugar, pensaron que estaba maldito y empezaron a preguntar a varios turistas y habitantes si habían sentido una presencia extraña desde hace algunos días o meses atrás.

Pero no consiguieron información al respecto, sabían perfectamente ahora que Clarice los estaba acompañando, de buena o mala manera estaba allí, disfrutando del ambiente mientras sus compañeros se preguntan atónitos cómo es posible que ella haya llegado a ese lugar. Luis y Jordan se sienten culpables y son los que más terror le causa su presencia, quizás sea la hora de que paguen por lo que le hicieron aquella vez en el cuarto piso del instituto.

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La sonrisa del payaso

¿De qué trata?: Aterradora leyenda urbana que habla sobre unos delincuentes que acostumbran lesionar a sus víctinas de una forma muy peculiar.

Personajes: Delincuentes, Transeúntes

Una chica va con sus amigas a divertirse la noche del sábado en una discoteca. Las chicas beben y bailan hasta altas horas de la madrugada, antes de volver a sus casas. Ella no vive demasiado lejos, así que sale del club a pie y camina por las oscuras callejuelas de los alrededores. Todavía no es lo suficientemente temprano como para que aparezca el sol.

De pronto, unas risas masculinas la hacen sobresaltar. Hay un grupo de hombres que la ha visto y ahora la están siguiendo. Todos ellos son jóvenes y van vestidos como pandilleros.

La chica echa a correr y ellos la persiguen, hasta acorrarlarla en un callejón. Una vez allí, comienzan a dirigirle palabras lascivas y a tocarla sin su permiso. Ella está aterrorizada y les pide que le dejen en paz. Entonces ellos deciden jugar un juego peculiar.

—Te daremos a elegir —le dice uno de ellos—, puedes entregarte a nosotros o aceptar “la sonrisa del payaso”.

La pobre muchacha no sabe a lo que se están refiriendo. Pero piensa de cualquier modo, que toda cosa es preferible a ser ultrajada por aquellos desconocidos. Así que sin pensarlo mucho, elige la sonrisa del payaso.

Los pandilleros sonríen macabramente y uno de ellos saca una navaja. A continuación, sujeta a la chica y él hace un corte que va desde las comisuras de sus labios hasta las orejas, dejándole una grotesca y ensagrentada sonrisa.

Igual que la de un payaso.

No es la primera vez que esta leyenda urbana ha aterrorizado a las personas. Se viene contando desde hace varias generaciones y por suerte, jamás se ha comprobado que sea real. Incluso existen varias versiones de ella.

Una de ellas, cuenta que los delincuentes andan al acecho de personas que caminen solas por la noche, sin importar su edad o su sexo. Cuando encuentran a alguien, lo obligan a decidir entre ser apuñalado o tener la sonrisa del payaso. Si su elección es la segunda, le hacen tumbarse en el suelo con la boca abierta sobre el pavimento. Entonces le propinan una patada que le hace morder la acera, quebrándole todos los dientes.

La última versión y popular de esta macabra leyenda, dice que la decisión tiene que hacerse entre la sonrisa del payaso y el pellizco. La víctima puede librarse de un defecto de por vida si elige lo segundo, pero tiene que soportar que le muerdan la piel con un alicate.

No se sabe si todas estas cosas sean verdad; probablemente solo son invento de alguien con mucha imaginación e ingenio para asustar a la gente. No existen testimonios propiamente documentados de las víctimas de estas aberraciones, por suerte para quienes se sienten desfallecer con solo leerlas.

La leyenda se ha esparcido sobre todo, a través de correos electrónicos o cadenas que se comparten en los grupos de Whatsapp.

Aunque si lo piensas bien, nunca está de más tener precaución.

Si alguna vez tienes que salir de casa por la noche y a solas, mejor cuídate las espaldas.

payaso photo

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