El lirón que era muy tacaño

¿De qué trata?: Un lirón muy tacaño intenta engañar a una generosa familia de topos, sin saber que al final, el engañado será él.

Personajes: Lirón, Mamá Topo, Pequeño Topo

Moraleja/Conclusión: Aprende a ser generoso con los demás y la vida te recompensará de las maneras más hermosas e inesperadas.

Había una vez un viejo lirón que era muy tacaño. Siempre estaba viendo la manera de no gastar, a pesar de que nada le faltaba como para que se comportara de esa manera. No le gustaba ayudar a sus vecinos y mucho menos donar su dinero para obras de caridad. Escatimaba con la comida y todo el tiempo se estaba quejando de que la vida era muy cara.

Al contrario que él, la familia de topos que vivía bajo tierra era muy gentil y generosa. Siempre compartían lo que tenían con el resto de sus vecinos y procuraban ayudar a quienes más lo necesitaban. Incluso al viejo topo, aunque tuviera un carácter tan amargado.

Pero él nunca se dignaría a recordar todas esas veces en las que habían sido tan amables con él, sin esperar nada a cambio.

Un día, alguien tocó a su puerta. Se trataba del miembro más pequeño de la familia de los topos.

—Buenos días, señor lirón —lo saludó él—, mi mamá me ha mandado a pedirle medio kilo de harina, pues tiene que hacer un pastel.

De mala gana, el lirón aceptó dársela solamente porque Mamá Topo ya le había dado también comida en varias ocasiones. Al rato, el pequeño topo regresó.

—Ahora mi mamá necesita que le preste medio kilo de azúcar —le dijo.

El lirón, enojado por tantos favores, decidió darle medio kilo de sal en vez de azúcar, regodéandose al pensar en lo feo que le quedaría el pastel a Mamá Topo. Se pasó toda la tarde riendo mezquinamente por su travesura.

Al día siguiente, el pequeño topo volvió a tocar a su puerta. Llevaba con él un enorme pastel de fresas, de apetitoso aspecto.

—¡Buenos días, señor lirón! —lo saludó con alegría— ¡Y feliz cumpleaños! Mi mamá le ha mandado este pastel que hizo ayer con las cosas que le prestó.

El lirón se llevó una gran sorpresa al ver aquello, pues no sabía que Mamá Topo se hubiese acordado de su cumpleaños. Avergonzado, aceptó el pastel y le dio las gracias a su hijo. Por supuesto, estuvo dudando mucho al comérselo, pues sabía bien que tenía sal en vez de azúcar.

Cuando lo probó se enfermó del estómago, se veía apetitoso por fuera, pero realmente sabía a rayos. Y la culpa era de él por ser tan tacaño y mal pensado.

Desde ese día, el lirón cambio su modo de ser al comprender la suerte que tenía de tener unos vecinos tan considerados.

Comenzó a ayudar a los demás y ya no se quejaba de que todo era muy caro, pues al compartir con los otros, ellos también le prestaban sus cosas de buena gana y lo invitaban a la comida. Y el lirón tenía más de lo que nunca se imaginó llegar a poseer.

Pero lo más importante, fue que ahora contaba con amigos.

Como él, tú no debes olvidarte de la importancia de la generosidad. Pues si eres alguien generoso con tus semejantes, la vida lo será contigo.

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El lobo y las cabritas

¿De qué trata?: En medio del bosque, las cabritas son advertidas por su madre para no abrir la puerta a nadie. Pero un lobo voraz anda acechando su pequeña cabaña.

Personajes: Cabritas, Cabra anciana, Lobo

Moraleja/Conclusión: Siempre obedece a tus mayores, pues ellos saben lo que debes hacer para mantenerte con bien.

Una vieja cabra vivía en el bosque al lado de sus siete cabritas, a las que quería con todo su corazón. Un buen día, la cabra tuvo que salir al mercado, pero antes, le advirtió a sus pequeñas que no le abrieran la puerta a nadie más.

—Hay un lobo que anda suelto por ahí —les advirtió—, si trata de acercarse, lo van a reconocer por su gruesa voz y sus patas negras como el carbón. ¡No se dejen engañar!

Y diciendo esto se marchó a hacer sus recados.

No pasó mucho rato antes de que alguien llamara a la puerta. Las cabritas se asustaron al escuchar una voz ronca al otro lado.

—Pequeñas, déjenme entrar, soy un viejo perro que necesita agua.

Al asomarse por debajo de la puerta, vieron cuatro patas negras y enormes.

—¡Eres el lobo! ¡No nos puedes engañar!

Y al ver que no le abrían, el lobo fue hasta la casa de un panadero que vivía cerca y metió sus patas en un costal de harina para que se volvieran blancas.

—Pequeñas, soy mamá que viene de vuelta —dijo al volver a la cabaña, fingiendo una voz suave y dulce—, abránme la puerta.

Las cabritas, al asomarse de nuevo bajo la puerta, vieron que sus patas eran blancas y se confiaron. Pero al retirar el pestillo y entrar el lobo disfrazado, se llevaron un gran susto. El muy malvado se las zampó a todas enteras, menos a la más pequeña, que corrió a esconderse bajo la cama.

Satisfecha su hambre voraz, la bestia se retiró al bosque.

Cuando la mamá cabra volvió a casa, se sintió morir al ver el desorden que había y la ausencia de sus amadas hijas. Solo la menor pudo contarle lo sucedido y entonces ambas lloraron hasta que no les quedaron lágrimas.

Entonces salieron al bosque y hallaron al lobo que dormía la siesta, mientras algo se movía en su barriga.

—¡Son mis hijitas que siguen vivas! —exclamó la vieja cabra.

Rápidamente sacó sus tijeras de costura y le abrió su enorme panza al lobo, alegrándose al ver como las cabritas salían saltando de una en una, sanas y salvas.

—Ahora corran hijas mías, vayan a traerme tantas piedras como encuentren para llenar la barriga de este rufián —les dijo a las siete.

Las cabritillas obedecieron y con mucho sigilo, fueron colocando tantas piedras como encontraron en el estómago del lobo, el cual su madre cosió con hilo y aguja antes de que huyeran a refugiarse en su cabaña.

Cuando el depredador despertó, sentía un gran dolor en la panza.

—¡No puede ser que esas cabritas me hayan hecho daño! —exclamó, arrastrándose hasta un pozo para beber agua y aliviar su malestar.

Pero el peso de las piedras lo hizo caer de boca y ahogarse en el fondo, poniendo fin a toda su maldad. A partir de entonces, la vieja cabra vivió feliz y tranquila al lado de sus cabritas, y no hubo nada que las pudiera separar de nuevo.

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Aladino y la lámpara mágica.

¿De qué trata?: Un niño recibe una oferta de un extranjero por buscar una lámpara sin saber que al entrar en esa gruta tendría a disponibilidad sus 3 mejores deseos a costa de una lámpara de aceite.

Personajes: Aladino, el genio y el extranjero

Aladino

Había una vez una viuda, la cual vivía con su hijo llamado Aladino. Un buen día, llegó a su casa un extranjero que parecía muy misterioso, llamó a Aladino y le dijo: “Necesito  que me hagas un favor muy pequeño y como recompensa te dará una moneda de plata”.

Dado a que Aladino y su madre eran muy pobres, él aceptó sin mediar ninguna duda de aquel hombre, pues él solo pensó que con esta moneda podría cambiar sus vidas.

¿Qué tengo que hacer, señor? Preguntó Aladino. –Sígueme, dijo el hombre. Ambos se fueron a un bosque que quedaba cerca de la zona que a Aladino le parecía conocido, pues era ese bosque donde él solía jugar con sus compañeros.

El hombre le indicó a Aladino: -Necesito que entres por esta pequeña abertura y verás una cueva en la que verás una lámpara vieja de aceite. Lo que debes hacer es traerla y entregármela. Como verás esa abertura es tan pequeña que yo no puedo entrar, por eso te pido que tú lo hagas.

-Está bien, dijo Aladino, ya iré a buscarla para entregársela. Aladino siempre tenía la sensación de que la actitud más el tono de voz del extranjero era algo extraño y le inquietaba un poco, pero con todo y ello se atrevió a entrar en la abertura.

Se deslizó a través del orificio para así poder llegar al otro lado y pudo ver que en la parte interna del sitio se encontraba la lámpara de aceite, la cual estaba iluminando de manera muy débil pero a la vez, descubrió que dentro del mismo sitio había montañas de monedas de oro y piedras preciosas.

“Este señor está loco si solo piensa quedarse con la lámpara cuando hay oro dentro de esta pequeña mina” pero cuando se disponía a tomar la lámpara, apareció una voz incesante y tenebrosa que salía de la lámpara y le decía:

-¡Ven de prisa, sácame de esta lámpara! Pero por otro lado se escuchaba la voz del extranjero diciéndole al pequeño ¡Tráeme la lámpara” en tono de desesperación. ¡No te la daré hasta que no salga de este orificio! Le confirmó Aladino.

Pero el sujeto dentro de la lámpara sacó una mano para que Aladino le ayudara a salir, hasta que se escuchó un ruido estruendoso y con ello se cerró toda la gruta.

Aladino quedó solo en la parte de abajo en medio de la oscuridad sin posibilidad de salir de allí, o eso era lo que parecía.

Aladino sin más nada que hacer al respecto, comenzó a frotar la lámpara para limpiarla hasta que de repente salió el genio ¡Me has liberado! Gracias de verdad. Ahora dime ¿Qué deseas jovencillo? Te concederé 3 deseos.

-En primer lugar, quiero regresar a casa dijo Aladino. En un abrir y cerrar de ojos, apareció en su casa con la lámpara entre sus manos. Fue entonces cuando le contó a su madre lo que había pasado.

Volvió a aparecer el genio y le dijo: -Recuerda que tienes dos deseos más ¿Qué deseas? –Bueno genio, quiero una deliciosa comida acompañada de un rico postre para mi madre y para mi. Al instante apareció su deseo en la mesa. Comieron y bebieron hasta quedar plenos.

Y en mi 3er deseo, dijo Aladino quiero convertirme en un apuesto joven para conseguir a la mujer de mi vida. En segundos, su transformación fue visible y llegó a conseguir a la mujer que compartiría la vida con él. El genio le dijo: La bendigo a ella para que sea tu esposa y sean felices y fue así como Aladino encontró la felicidad a partir de una lámpara de aceite.

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Los gemelos enterrados

¿De qué trata?: Dos gemelos traviesos se meten en el lugar equivocado por hacer de las suyas y encuentran un destino fatal. Para cuando se entere el resto del pueblo, será demasiado tarde.

Personajes: Juan, Martín, Padre Crescencio

Juan y Martín eran hermanos gemelos, idénticos el uno al otro desde el momento en que habían nacido. Parecían dos gotas de agua y nadie, ni siquiera su madre era capaz de diferenciarlos. Esto era algo que aprovechaban para hacer de las suyas en el pequeño pueblo en que vivían.

La gente ya los conocía por ser un par de demonios pues la verdad es que siempre estaban causando muchos problemas.

A veces, se hacían pasar el uno por el otro para confundir a sus vecinos, robarles golosinas o reírse a sus espaldas. Jugando con la pelota habían quebrado infinidad de vidrios. También solían meterse a escondidas a los graneros y gallineros para asustar a los animales, o hacerle bromas pesadas a los demás.

—Son dos diablillos insoportables —era lo que solía decir todo el mundo.

Quien más los regañaba era el padre Crescencio, hombre religioso que vivía en la parroquia y en cuyas misas siempre estaban jugando o corriendo.

—Si siguen siendo tan malos, un día de estos se van a ir al infierno —les decía.

Pero los niños hacían oídos sordos, pensando que tenían toda una vida por delante para arrepentirse. Mientras tanto, iban a seguir haciendo travesuras.

Un día, uno de los hombres más viejos del pueblo falleció y todos los habitantes acudieron a su casa para el funeral. En tanto el padre Crescencio leía los salmos y pedía por el alma del difunto, Juan y Martín se reían por lo bajo y se burlaban del anciano fallecido, que había sido llevado a la morgue a fin de prepararlo para el entierro.

Cuando todas las familias se desplazaron hasta el cementerio para darle la última despedida, los gemelos se separaron de la muchedumbre y descubrieron un ataúd vacío en las cercanías.

Riendo, se metieron en el interior, pensando en el susto que le darían a todo el mundo cuando no los encontraran por ninguna parte. Pero las horas pasaron y nadie fue a buscarlos, de modo que se quedaron dormidos. Y entonces la tragedia comenzó.

Por la noche, cuando su madre no podía encontrarlos se dispararon las alertas. La búsqueda se extendió por todo el pueblo con resultados infructuosos.

Hasta que todos recordaron que el último lugar donde les habían visto había sido el cementerio.

Un horrible presentimiento se apoderó de la madre.

Revisaron todos los entierros que se habían hecho ese día y descubrieron que había un muerto al que le faltaba su caja.

Desenterraron el ataúd que habían puesto bajo tierra por accidente y al abrirlo, una escena desgarradora los recibió. Juan y Martín estaban adentro, con los rostros rígidos y contraídos en una mueca de terror. Tenían las uñas de las manos ensangrentadas, pues habían tratado de rasgar la protección del ataúd para escapar. También se habían arañado entre sí, al desesperarse por encontrarse compartiendo un espacio tan minúsculo.

Por ser tan irrespetuosos y malos habían recibido el peor de los castigos. Desde ese fatídico día, el pueblo no volvió a ser el mismo.

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La mujer sin corazón

¿De qué trata?: Marisela es una niña que siente un amor enfermizo hacia su padre. Después de morir su madre, una macabra leyenda comenzará de la manera más inesperada.

Personajes: Padre, Madre, Marisela

Cuentan que hace mucho tiempo, en un pueblo olvidado de España, existió un matrimonio muy feliz que ansiaba tener un hijo. Al poco tiempo de casarse les nació una niña que los llenó de gran alegría. Pero conforme el tiempo fue pasando y la criatura creció, se dieron cuenta de que había un mal inherente en ella.

Y es que la niña quería mucho a su papá. Al principio era normal, no obstante, cuando empezó a hablar y a tener entendimiento, este cariño se convirtió en un amor obsesivo y muy extraño, que los incomodaba de sobremanera.

Constantemente, la pequeña decía que quería casarse con su padre y que odiaba a su madre. Día y noche atormentaba a la pobre mujer y le gritaba, hasta que acabo con su paciencia.

—Ojalá mamá se muriera algún día para que pudiéramos estar solos —solía decir ella a su padre.

—¡No vuelvas a repetir eso jamás! —la reñía él, asustado.

Llegó el día, sin embargo, en el que las horrorosas palabras de la niña se hicieron realidad. La mujer falleció y asistieron todos los del pueblo al entierro; el marido destrozado y la pequeña exhibiendo una malvada sonrisa, que nadie pareció notar mientras entonaban los cánticos funerarios y daban las condolencias.

Los días pasaron y el buen humor de la muchacha comenzó a incrementar. Aunque su padre se paseaba desolado de una habitación a otra de la casa, ella siempre procuraba tratar de animarlo con palabras alegres.

Así transcurrió un año y él se repuso suficiente de la muerte de su mujer. Aunque en el fondo seguía inquietándole ese extraño amor que le profesaba su hija. Se preguntaba en que se había equivocado para que ella albergara esos sentimientos.

Una noche, la chica se ofreció a preparar la cena y le preguntó que le gustaría de comer.

Él le respondió que un guisado con corazón de cerdo, igual que los que solía prepararle su madre. Era su platillo favorito y llevaba mucho tiempo sin probarlo.

La mención de la mujer enfadó bastante a la muchacha pero entonces, sonriendo de mala manera, le dijo a su padre que esa misma noche volverían a saborear aquel rico platillo. Espero a que él saliera de la casa para ir al mercado.

Compró todos los ingredientes que necesitaba, menos el corazón de cerdo.

En vez de eso, se internó en el cementerio, profanó la tumba de su madre y le arrancó el corazón, que esa misma noche preparó para su papá.

Los dos comieron con gusto y el hombre pareció especialmente contento.

Por la noche sin embargo, un aullido aterrador despertó a los vecinos, helándoles todos los huesos.

—Hija, ¡devuelve el corazón que me has quitado!

Nadie se atrevió a salir de su casa.

A la mañana siguiente, se percataron de que la niña había desaparecido. Por más que se la buscó, no pudieron hallarla.

Desde ese entonces, se dice que el espíritu de su madre sigue vagando por el pueblo, clamando venganza y lamentándose por el corazón que le fue arrebatado.

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El Gallo Quirico

¿De qué trata?: Un gallo planeaba ir a la boda de su tío Perico, pero consiguió a un inocente gusanito, al que se tragó aprovechando su inociencia. Después todos los compañeros harían hasta lo imposible por encontrarlo.

Personajes: El Gallo Quirico, el gusanito, la hierba, la oveja, el palo

Había una vez, el gallo Quirico se dirigía a la boda de su tío Perico, pero durante el trayecto se consiguió un pequeño gusano en un pozo de agua de calle y le preguntó el gusano ¿Hacia dónde te diriges gallo quirico?

-Voy a la boda de mi tío, el gran Perico, respondió con amabilidad el gallo. ¿Y no puedo ir contigo? –Está bien, te llevará en la parte de adentro y fue como el gallo se tragó el gusano sin importar que se ensuciara el pico.

-Hierba, límpiame el pico porque no puedo ir sucio a la boda de mi tío, el gran Perico. –Muy bien, gallo pero antes dime ¿Qué hiciste con el gusanito? –No sé hierba, la verdad que no lo he visto.

-Gusano, gusanito, ¿dónde te has metido que el día de hoy no has dado señales de vida? Preguntaba la hierba.

-Aquí estoy en el estómago del gallo quirico, pues dijo que me llevaría a la boda de su tío, el gran Perico, quien respondió de forma muy ingenua.

-Bicho malo, eres tu Quirico, cómo me has dicho que no has visto al gusano si lo tienes dentro ¡toma! Límpiate ese pico sucio.

Mientras seguía caminando, el gallo se consiguió con la oveja y este le dijo: Oveja, cómete la hierba, ella no me ha querido limpiar el pico y así no puedo ir a la boda del gran Perico, mi tío.

-Está bien, gallo Quirico pero antes debes decirme ¿Dónde está el gusanito? Porque todos lo estamos buscando. –No sé, hoy no lo he visto.

¿-Gusanito, Gusanito donde estás que hoy no te he visto ni la sombra? Preguntó la oveja.

-Aquí estoy oveja, en el estómago del gallo quirico que me va a llevar a la boda de su tío, el gran perico, éste seguía respondiendo ingenuamente.

-Me has mentido Gallo Quirico, límpiate tú mismo el pico, a lo que lo golpeaba al mismo tiempo con un palo.

En el mismo momento, la oveja se fue y el gallo le dijo al palo: -Palo pégale a la oveja que no quiso comerse a la hierba, quien no me quiso limpiar el pico para poder ir a la boda de mi tío, el gran Perico.

-Muy bien gallo Quirico, pero dime ¿dónde se encuentra el gusanito? –No sé, hoy no me lo he conseguido dijo el gallo, bien seguro.

-¿Gusano, Gusanito, donde estás que hoy no se de ti? –Aquí estoy, en el estómago del gallo quirico para poder ir a la boda del tío Perico. –Oh no, me has mentido gallo malo. Límpiate tú mismo el pico.

Lo mismo sucedió después con el fuego, que también lo descubrió. Después de quedar tan mal con todos sus compañeros, el gallo Quirico se arrepintió y vomitó intacto al gusanito, así ninguno tuvo que hacer nada a nadie, ni el fuego al palo, ni el palo a la oveja, ni la oveja a la hierba ni la hierba al gallo; y él sin ninguna culpa pudo asistir a la boda de su tío Perico.gallo photo

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Medusa

¿De qué trata?: Medusa es una hermosa joven de quien Poseidón, el dios del mar, se ha enamorado. Pero una tragedia la convertirá en el ser más temible del planeta.

Personajes: Medusa, Poseidón, Atenea

Cuentan que hace mucho tiempo, en la era de los dioses, existió en la Tierra una joven mujer llamada Medusa, cuya hermosura no tenía límites. Tenía un rostro precioso y unos ojos verdes que recordaban a los más profundos bosques, una voz musical y un andar tan grácil y delicado, que ninguna princesa se le podía comparar.

Medusa era una joven amable con todo el mundo y que despertaba admiración a donde quiera que fuera.

Un día, pasó justo al lado del océano en donde habitaba Poseidón, el dios del mar, que tenía su morada en las profundidades. Cuando él miró a Medusa por primera vez, cayó perdidamente enamorado de su belleza.

Desde ese entonces, a menudo abandonaba el mar para ir a buscarla y tratar de ganarse su corazón. Le hacía regalos fabulosos, como preciosas peinetas de coral y perlas auténticas, túnicas hechas con tejidos submarinos y tesoros que encontraba en las embarcaciones hundidas.

Pero a Medusa nada de esto le importaba, pues no era una chica que ansiara cosas materiales. Para ella lo más valioso era su libertad y no deseaba contraer matrimonio con nadie.

A menudo rechazaba a Poseidón amablemente, repitiéndole que no estaba enamorada de él. Sin embargo, conforme los días pasaban él se ponía más insistente y cada rechazo de la muchacha le hacía encapricharse aun más con ella.

Llegó el momento en que el dios de los mares, cansado de las negativas de Medusa, urdió un plan para poder atraparla y llevarla con él al océano. La sorprendió mientras dejaba una ofrenda en el templo sagrado de Atenea, la diosa de la sabiduría, a quien respetaba mucho. No obstante nada de esto le importó a Poseidón.

Profanó el lugar con lujo de prepotencia y capturó a la joven con la intención de convertirla en su reina.

Esto molestó muchísimo a Atenea, quien decidió darle una lección al arrogante dios. Con un movimiento de su mano, hizo que los cabellos de la muchacha se convirtieran en serpientes venenosas que trataron de morderlo.

Y sus ojos, tan verdes como dos esmeraldas, ahora poseían un poder funesto y asombroso: todo mortal que se mirara en ellos, estaría condenado a ser de piedra por el resto de la eternidad.

Medusa se transformó en un ser sin alma y con un odio infinito por los hombres, dejando atrás a esa dulce mujer que alguna vez había sido.

Cuando Poseidón se dio cuenta de esto, retrocedió lleno de horror y Medusa aprovechó para volver a la superficie. Una vez allí hizo de una isla desierta su morada, que pronto se lleno de estatuas siniestras. Y es que los hombres que desembarcaban ahí, atraídos por su belleza, caían en la tentación de su mirada y se daban cuenta de la maldición cuando era demasiado tarde.

Y así habrían de pasar muchos años, antes de que llegara alguien que le pusiera fin a tanta desgracia. Mientras tanto, Medusa seguiría en ese lugar, clamando su venganza contra los hombres que eran demasiado egoístas.

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Lo que tu matas te lo comes

¿De qué trata?: un padre al que le encantaba que su hijo cumpliera las normas. Pero quizá en una de ellas se le ha pasado la mano, haciendo que su hijo pierda el control de sus actos y se convierta en lo que el nunca quiso que fuera.

Personajes: Hachi, Harold, Richard

Erase una vez un niño llamado Richard. Su padre Harold le había inculcado valores que lo estaban haciendo un hombrecillo de bien. Sin embargo, había una frase que el padre materializaba en su pequeño. El tenía la costumbre de jugar con insectos, pero vio muy mal que el chiquillo los juntara para que se pelearan entre sí y el luego terminaba de matarlos pisoteándolos.

Juegos de niños diría cualquiera ¿No es así? Pero el padre no lo tomaba de esta manera, el se hacía mentes de que realmente no podía dejar que si hijo hiciera estos actos o se convertiría en un asesino ruin. Por eso tuvo la idea de decirle una frase que marcaría para siempre su vida “Lo que matas, te lo comes”.

Mientras el niño pisoteaba los insectos el padre le miraba sonriente. Richard se detuvo a mirar como su padre estaba burlándose simuladamente de él. Extrañado le preguntó

  • ¿Qué pasa papi?
  • Lo que matas, te lo comes… Ahora debes comerte esos pequeños insectos ¡Cómetelos!

Pero el niño aún no comprendía esto que le decía el padre, apenas tenía 6 años, pero sabía muy bien que no tenía que comer ese tipo de cosas. Como el chiquillo no quería comerse estos insectos el padre le obligó hacerlos colocándoselos en un plato y acariciando un látigo que utilizaba su abuelo cuando era niño para darle castigos fuertes cuando se portaba mal con sus padres.

Con los ojos llorosos el niño se comió los insectos, estaba asqueado y no podía creer lo que su padre le había obligado hacer. Pero ya sabía que un incidente como estos no podía repetirse, era sencillo, no mataba y podía vivir feliz con su padre. El no era malo, su personalidad simplemente era realmente fuerte, el carácter tosco no podía llevarlo cualquiera, tan sólo su pequeño hijo al cual le encanta pasar tiempo con él.

2 años después mientras almorzaba sólo en el comedor notó la presencia de muchas moscas, por ello decidió ir en busca de una bota para matarle a un par y ahuyentar el resto. Que fortuna, pudo matar un montón, al menos 10 de estos parásitos cayeron al suelo. Que sorpresa que el último cayó justo enfrente de su padre.

El mismo le estaba mirando con los ojos fijos totalmente a él. Sonriendo macabramente recogió las moscas y las puso justo encima de su carne:

-¡Cómetelas!

– Papa, pero debe ser una broma, estas moscas saben feoooo

– Lo que tu matas te lo comes.

El hombre buscó el látigo y le pegó fuertemente a su hijo, obligando así que se comiera ese manjar de moscas junto a la carne y el brócoli que le había servido. El legado era claro y no podía traicionar a su padre con ningún tipo de animal en su presencia.

Pasaron los años, ya el chico tenía 14 y estaba contento con un nuevo perro que le había regalado su padre. Ambos pudieron tener un fuerte lazo de amistad, Richard fue al refugio con su padre Harold a adoptar a Hachi, un perro muy tierno que estaba en busca de dueños que pudieran alimentarlo y consentirlo por siempre. El padre de Richard es muy complaciente. Se ha encariñado mucho con el perro al igual que su hijo.

Transcurrieron tres años y Richard le pidió a su padre prestado el auto, era hora de salir con una chica. Su padre se sentía realmente orgulloso, El pequeño estaba creciendo, ya hubiera deseado que la madre estuviera viva para verlo crecer y convertirse en todo un hombre al igual que su padre. Como buen padre complació a su hijo, confiaba en el.

Pero el muy tonto llegó ebrio en la madrugada, metiendo el auto de retroceso a la cochera no se fijo que estaba hachi detrás y le ha pisado una pata, quebrándosela totalmente haciendo que el perro pegue un alarido que ha despertado a media cuadra. A pesar de que sólo le dio en una pata, el perro termino desangrado en la cochera. Hachi murió en cuestión de un par de minutos.

Richard estaba destrozado, ahora sólo se escuchaban sus llantos en la cochera. Miró el cuerpo de hachi y sabía que algo terrible iba a pasar si su padre se enteraba. Pero era demasiado tarde, no había pensado en eso cuando escuchó que su padre tosía frente a el con un bate en mano.

  • Sabes cuales son las leyes de la casa ¿Verdad?
  • Oh no padre, no me vas a obligar hacer esto ¡No con mi antiguo perro!
  • Lo que tú matas, te lo comes.

Se llevó a su hijo adentro en casa para servirle un plato a media madrugada. Encendió el horno y puso a cocinar al perro. Increíblemente el joven estaba atónito, no podía creer la escena .Sabía que debía comerse a su mascota o si no su padre se molestaría con él. El pobre perro rostizado fue servido en mesa para que el chico se lo comiera.

Ante tan ruin escena el chico empezó a llorar, pero su padre agarró un pedazo del canino y se lo embutió en la boca. El se vio forzado a comer obligado para no dañar a su padre. Sabía que la única manera de acabar con esto era teniendo una fuerte pelea con el, pero en vez de ello prefirió satisfacer la petición.

Tras haberse comido el rabo y parte de su panza, el joven se había llenado. Su padre Harold estaba satisfecho con ello y guardó el resto por la mañana. Sin embargo, el joven tenía planeado escapar esa misma madrugada, por lo que al amanecer apenas su padre se fue a dormir intentó escapar. Pero vaya sorpresa se llevó cuando vio a su padre con el bate en la puerta de casa.

-¡Tu no vas a ningún lado!

-Déjame ir ¡Estás loco y demente!

El chico empezó a forcejear con el padre y terminó tumbándolo al piso, haciendo que se golpeara con una esquina de una mesa de vidrio en la cabeza, provocándole la muerte instantánea. Este hecho marcaría su vida por siempre El chico había cometido un suicidio, pero dentro de su corazón y en segundos después de haber hecho este acto inconsciente, una voz le carcomía diciéndole

“Lo que tu matas, te lo comes”

El chico prendió el honor, fue por un hacha y empezó a desmembrar a su padre mientras sonreía.

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La estrella de mar

¿De qué trata?: Una hermosa estrella de mar vive mirando a las estrellas del firmamento, deseando ser como ellas. Hasta que un buen amigo se acerca a ella y le enseña una gran lección.

Personajes: Estrella de mar, Pez

Moraleja/Conclusión: Eres hermoso tal y como eres, por fuera y por dentro. Ámate a ti mismo y nunca tendrás nada que envidiarle a los demás.

Hubo una vez una estrella de mar muy hermosa, que despertaba gran admiración en el océano. Su forma perfecta, el rojo intenso de su cuerpo y su apariencia única, hacía que muchos peces, moluscos y corales, la observaran llenos de embeleso.

—Es la estrella de mar más bonita que hay en todas las aguas —decían entre ellos.

Y realmente era cierto, pues nada se podía comparar a aquella criatura tan linda. Sin embargo, para ella eso no era suficiente. Aunque se sabía bonita, por dentro sentía un vacío muy grande, que le hacía envidiar a las estrellas que habitaban en el cielo.

Todas las noches, mientras los demás animales marinos dormían, la pequeña estrella subia hasta la superficie para contemplar, en silencio, aquellos puntos resplandecientes en el firmamento.

Eran como pequeños diamentes incrustados en la bóveda celestial, que la dejaban atónita y triste con su belleza.

—¿Por qué yo no puedo vivir arriba como ellas? —se preguntaba.

Cuanto le habría gustado tener una casa en el cielo, para observar como ella el vasto mundo desde muy lejos y no conformarse con la inmensidad de océano.

—¿Por qué yo no emito tanta luz como lo hacen ellas? —se decía, llena de celos.

Cierto era que el color de su cuerpo era llamativo y muy bonito, pero la estrella lo que de verdad quería, era poder emitir tantos destellos como hacían sus iguales en el cielo.

—¿Por qué yo no soy una estrella celeste? —se repetía, llena de amargura.

Y en cuanto llegaba la mañana, volvía a descender a las profundidades cada vez más deprimida, ignorando las palabras amables y llenas de admiración de los demás. Todo en lo que podía pensar era en que no era tan bonita ni importante como las estrellas del espacio, lamentándose sin cesar.

Y así, su tristeza crecía día con día, consumiéndole e impidiéndole disfrutar de la vida.

Un día se acercó a ella un pez muy curioso, que había estado observándola por buen tiempo. Se había dado cuenta de su tristeza y no se explicaba como una estrella tan bella podía ser tan infeliz.

—¿Qué es lo que te sucede, mi buena amiga? ¿No ves que todos están preocupados por ti? —le dijo.

—Pasa que no soy como las estrellas del cielo y eso me hace sentir muy mal.

—Ya, y nunca vas a ser como ellas, porque tú eres única —le dijo el pez—. Querer ser como alguien es una perdida de tiempo, ¿no te das cuenta de lo preciosa que eres? Tienes una apariencia única en todo el mar y eso es algo que ninguna estrella del firmamento logrará conseguir. Hay millones de ellas, pero solo una como tú.

La estrella de mar se dio cuenta entonces de que él tenía razón: debía comenzar a aceptarse a si misma tal cual era, pues solo así sería feliz.

A partir de ese momento, dejó de pensar en las estrellas del cielo y se regocijó por ser tan especial. Los demás notaron este cambio y la admiraron todavía más.

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La niña de los 3 pretendientes

¿De qué trata?: Una princesa quería conseguir un esposo, pero al conocer a sus pretendientes siempre supo que quería a los 3, su padre le hizo todo más fácil poniéndole una estrategia para ver quien se quedaba con ella pero, la sorpresa que se llevó fue peor que el plan.

Personajes: Los 3 pretendientes, El rey y la niña

Érase una vez, un rey que tenía una hija de lo más hermosa dentro de su pueblo. Él ordenó que le presentaran 3 pretendientes y el más apuesto sería el que pediría su mano, pero vio que los tres estaban bien para ella, entonces dejaría que ella decidiera.

La niña entonces al verlos, contestó que quería a los 3

-Pero hija, dijo el rey, eso no puede ser

-Si puede ser y yo ahora estoy eligiendo a los 3, padre.

-piensa con la cabeza mujer, le dijo el Rey ¿A cuál de ellos le debo decir que tiene tu mano?

-A los 3 replicó la princesa.

No hubo nadie que la hiciera sacar de esa mentalidad.

El pobre padre permanecía confundido, así que le dijo a los tres pretendientes que tenían la mano aceptada de su hija, pues ella los quería a los 3, pero en vista de que eso no era posible de ninguna manera, él como rey había estado pensando en un plan.

El plan era que los tres se fueran a buscar alguna cosa especial y única en su especie, entonces el que trajera el mejor regalo, ese sería el prometido de su hija sin duda alguna.

Se pusieron en el camino de buscar lo que el rey les había indicado, cada uno por un lugar diferente. Después de varios meses, los 3 pretendientes se volvieron a reunir en las lejanas tierras, teniendo algo en común, ninguno había hallado nada único en su especie.

De tanto rondar por esas tierras, el primero se encontró a un viejecito quien le recomendó que si quería conquistar a una mujer lo podía hacer con un espejo, él sin pensarlo dos veces lo compró y lo guardó.

Horas después llegó el segundo pretendiente, que iba pasando por una calle desolada y se encontró al mismo viejecito.

Éste le recomendó que si quería conquistar a una mujer debía hacerlo con un bálsamo, pues hace resucitar a los muertos, sin duda, lo compró para tenerlo para su princesa, incluso después lo comprobó con un muerto mientras pasaba por un entierro y dijo: este será el regalo perfecto.

El tercer pretendiente estaba metido en sus propios conflictos a la orilla de la playa, hasta que de repente vio venir un arca de muy gran tamaño, la cual se iba acercando a donde él estaba. De allí salieron muchos pasajeros, uno de ellos, el viejecito.

El viejecito se acercó al tercer pretendiente y le dijo que para conquistar a una mujer, no había nada mejor que esta arca, que se la comprara, pues tenía la virtud de llevar a sus dueños y a su esposa a cualquier lugar que deseen ir, puede usted ver como yo lo hice con los pasajeros que estaban en las playas de España.

Pensándolo bien, el tercer pretendiente decidió comprarla, pues era mejor eso a llegar sin nada.

En los próximos días los 3 fueron a la casa de la hija del rey y él los juntó para ver qué habían traído.

El primero empezó: Yo compré un espejo para que todos los días puedas ver tu belleza, a la niña.

El segundo dijo: Yo tengo un bálsamo, que es capaz de resucitar a cualquier muerto.

El tercero dijo: Yo tengo un arca con la que te puedo llevar a cualquier lugar que quieras en pocas horas.

Mientras la princesa despertaba y pensaba lo único que respondió fue:

¿Ve usted padre? Los necesito a los 3

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