Jey y Green descubren la magia del bosque

Personajes

Jey: Hija

Green: Hijo

Padre

Madre

Bruja

 

Durante la cena, la madre va organizando toda la mesa y el padre se encuentra cortando la leña, a la vez que Jey y Green se encuentran en sus deberes escolares. Hasta que llegan a casa.

Madre: Hola niños, les informo que tendrán que dirigirse al bosque a tratar de encontrar todas las fresas que puedan, pues hoy no nos ha alcanzado el dinero para comer, ni para ir a la tienda de comida.

Padre: mientras ustedes van al bosque, su madre y yo estaremos en busca de más leña para poder calentar la casa, en estos tiempos de invierno y además porque solo nos quedan dos horas de luz para trabajar.

Green: Jey, no podemos demorar buscando las fresas, pues debemos llegar antes de que la noche caiga.

Jey: Si, Green llevaré una de las cestas más grandes para poder traer una buena cantidad de fresas.

Después de un par de horas, Jey y Green siguen en el bosque…

Green: Una fresa para la cesta y otra para la boca de Green

Jey: Una fresa para la boca de Jey y otra para la cesta

Green: ¡Mira Jey!, ya ha salido la luna y oscureció.

Jey: No nos queda de otra que pasar la noche en esta pequeña casa.

Los hermanos ven una casa hecha de migas de pan con un techo de bizcocho y ventanas azucaradas. Empiezan a probarla.

Jey: ¡Oh!, estoy sacando a la luz mi tripa de pobre

Green: y yo nunca había visto algo parecido.

Aparece una bruja en un lado de ambos pero se hace invisible…

Bruja: Tun, Tun, ¿quién se está comiendo mi pequeña casa?

Jey y Green: Es el viento, el viento que es muy veloz.

La bruja aparece y se deja ver detrás de la casa atrapando a los niños con un fuerte hechizo

Bruja: Abra Kadabra kun casaka, que se paren los dos en este instante porque soy la bruja malvada del bosque.

Jey y Green después de estas profundas palabras de la bruja, quedan completamente hechizados haciendo que Green se comporte como perro, mientras que Jey solo va dedicándose a las labores del hogar. La bruja va paseando por toda la casa sobre su escoba, riéndose a carcajadas maléficas.

Después de tanto pasear, la bruja se relaja sobre el sillón y Jey le quita la escoba para quitar el hechizo de su hermano convertido en perro. Al utilizar el mismo hechizo que había practicado la bruja, la llevaron al interior del horno.

Jey: Abra Kadabra kun casaka, ya no serás más un perrito.

Jey y Green: Abra Kadabra kun casaka, bruja glotona no nos comerás, bruja glotona en el horno te calentarás.

Al pronunciar el hechizo, el padre y la madre de Jey y Green entraron a la casa y con una gran felicidad abrazaron a sus hijos.

Madre: ¡Por fín los hemos encontrado mis queridos hijos!

Padre: ¡Que felicidad!, pensé que no los volvería a ver. Celebremos cantando como lo que somos, una familia.familia photo

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Juguetes volando

Esta es una historia que poco tiene de mentira. Nada de lo que puedas escuchar sobre estos dos chicos es parte de un engaño.

Se llaman Margarita y Pinino y ambos tienen doce años. No se conocían hasta los diez, y son de diferentes partes del mundo, aunque los dos hablan en español.

Tienen la habilidad de volar, pero solo por la noche. A veces suena más romántico poder volar por a esta hora, pero también les trae problemas. La visión no resulta buena y el total de animales (principalmente pájaros) que están activos durante la noche es el doble aproximadamente que los que están activos de día.

La organización de estos dos niños, hizo que estas palabras puedan ser volcadas en la hoja, con coherencia y notable afinidad por parte del autor.

Resulta que se conocieron de casualidad, porque Pinino se encontraba con su familia de vacaciones en Panamá, el país de origen de Margarita.

Un día en la playa, se encontraron y cruzaron miradas como si la atención entre los dos fuera algo magnética, como un imán que quisiera juntarlos. Pasaron algunos días y al verse todos los días, se hablaron como cualquier persona que comenta algo con desconocidos.

Cuatro horas seguidas de charla, terminaron de cerrar la idea que ninguno de los dos podía creer. Tenían los mismos poderes. Podían volar de noche los dos.

La casualidad era, entre tantas otras, que los dos guardaban su poder como un secreto bajo llave. Nunca le habían comentado a nadie, pensando que por recelo o resentimiento, las demás personas les iban a hacer mal.

Entonces, cuando Pinino y su familia vuelvan a San Salvador de las vacaciones, ya quedaron en agregarse por Skype y empezar a darle provecho al regalo que les dio la vida, que era volar.

Tres meses pasaron desde el primer encuentro, y los niños engendraron un lazo amistoso muy rápido, confiándose en absoluto las historias que genera mirar la tierra desde lo alto todas las noches.

Una noche chateando, Pinino le dijo a Margarita:

− Marga, ¿Por qué no buscamos la forma de hacer algo bueno con nuestros poderes? Podríamos atrapar delincuentes, avisándole a la Policia.

− Estoy de acuerdo en hacer algo bueno, pero ¿Avisarle a la Policia cuando roban? Eso es lo más aburrido que escuché, no tiene gracia. Prefiero ayudar niños.

Pinino y Marga siguieron hablando durante un par de horas. Días después estaban volando todas las noches, se metían en casas de juguetes con una bolsa de tela medida XXL, que ambos habían encargado por internet (con la tarjeta de sus padres), y la llenaban.

Durante una semana, los dos lo hicieron. Pinino en El Salvador y Margarita en Panama, llevaban juguetes a los hospitales más precarios de la ciudad y los dejaban en la puerta. Los grandes depósitos no se daban cuenta de la falta de insumos, ya que tenían de sobra.

Una y otra vez, con diferentes ideas sobre las necesidades que sufren otros niños, Margarita y Pinino por las noches llevan alegría en formas de diferentes objetos, a los niños de Panama y El Salvador.

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El callejón del beso

Cuentan que hace mucho tiempo, en la hermosa ciudad mexicana de Guanajuato, existió una historia de amor que hasta nuestros días, sigue causando fascinación en todos los enamorados.

Carmen era una hermosa muchacha de muy buena posición, hija de un hombre severo y muy resentido, que la había educado en la obediencia y la sumisión. Todos los domingos sin falta le hacía asistir a la iglesia, por supuesto acompañada de su aya para evitar intromisiones de los desconocidos.

Sin embargo, esto no impidió que la joven conociera a Don Luis, un apuesto hombre que nada más verla se enamoró. Y así, la pareja comenzó a verse a escondidas, en complicidad con la vieja nana de Carmen.

Cada domingo se encontraban en la capilla y, silenciosamente ante los ojos de los santos, expresaban su amor con sutiles miradas. Luego Don Luis tomaba la mano de su amada y le hacía tocar el agua bendita, antes de susurrarle lo mucho que la amaba.

Desgraciadamente los cotilleos no se hacían esperar por los alrededores de lo que, en aquel entonces, seguía siendo un pueblo muy pequeño y así, el atrevimiento de los amantes llegó a oídos del padre de Carmen.

Furioso con las andanzas de su hija, el malvado hombre amenazó con enviarla a España, donde ya tenía en mente a un pretendiente distinto. Un noble entrado en años y muy rico, que al desposarla no haría sino incrementar su prestigio y su fortuna.

Desconsolada, Carmen se echó a llorar y tuvo prohibido salir de su habitación.

Mientras tanto, Don Luis buscaba formas de hablar con ella. Ocurría que la casa donde vivía Carmen se encontraba en un callejón tan estrecho, que la ventana de su habitación daba directo al balcón del dormitorio de enfrente, a tal punto que prácticamente se podían tocar.

Así fue como Don Luis compró la vivienda vecina y se instaló, esperando poder hablar con la muchacha. Cual fue la sorpresa de Carmen al verle aparecer delante de su ventanal una noche.

Compartieron los enamorados muchos bellos momentos de esa forma, siempre saliendo sin falta a su encuentro apenas se ocultaba el sol.

Pero he aquí que el padre de Carmen volvió a sospechar de algo y una de esas noches, entró sigilosamente en sus aposentos mientras ella se encontraba con Don Luis en el balcón. Y les sorprendió en medio de un beso.

Fuera de sí, el viejo sacó una filosa daga de entre sus ropas y la hundió en el corazón de su hija, matándola al instante.

Solo quedó su mano entre las de su amado, pálida y fría.

Desde ese entonces, a esa callejuela pequeña se le conoció como el Callejón del Beso, debido a la trágica historia que se ocultaba tras sus paredes. Este lugar es real y todavía hay parejas que suben hasta ambos ventanales para fingir que se encuentran como hacían Carmen y Don Luis.

Dicen que quienes lo hacen y se besan en el callejón, tendrán un romance que durará para siempre.

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El ultimo pétalo

Personajes

Christina: Reina de Roca de fuego.

Charlotte: Hija mayor de la reina.

Emperatriz: La segunda hija de la reina.

Milena: Hija menor de la reina.

Zahir: Sultán de las arenas.

 

Acto I

La reina ha reunido a sus hijas en el salón real para dar a conocer la nueva noticia, el sultán de las arenas del desierto, el joven Zahir se encuentra buscando esposa, y ha decidido desposar una princesa de roca de fuego, la oportunidad perfecta para incrementar el poder político de esa nación.

 

—A la elegida le esperan lujos que harán ver la vida en este castillo como de plebeyos, sea la envidia de toda mujer en las 5 grandes naciones, pero; ¿cuál de ustedes quiere desposarse con el sultán?—Pregunto la reina  con complicidad.

 

—Creo que por ser la más joven tengo posibilidades de concebir hijos sanos para el sultán, además si mis hermanas no han encontrado marido a estas alturas por algo será— Agrego Milena descaradamente.

 

—Soy la mayor y es mi deber asumir este gran compromiso para la nación, esta es la oportunidad de oponernos a yugo de las grandes naciones y unificar nuestros pueblos para formar una coalición que funde los cimientos de nuestro reino— Dijo Charlotte entusiasmada.

—Aunque sus argumentos son válidos debo decirles que para el sultán ninguna de sus palabras cuentan, el decidirá con quien casarse, es un hombre del desierto y las costumbres de nuestro pueblo no van con su cultura— Dijo Christina aclarando todos los puntos.

 

—Me da igual quien sea, puede ser el mismo rey de Tysha pero si no quiero no me casare con un desconocido, ya no vivimos en la era de los clanes para someternos al juicio de un extranjero para asegurar nuestra supervivencia— Dijo emperatriz.

 

—Hermana que sabias palabras, pero todas en el fondo sabemos que quieres la corona de las arenas tanto como nosotras, pero esperemos que el sultán llegue a nosotras y escoja a la que crea merecedora de tal título— Dijo Milena mirando cautelosamente a su hermana.

—El sultán llegara en dos días, más les vale cautivarlo, no queremos que las princesas de roca de viento nos arrebaten a el heredero del ejercito de las arenas— Dijo la reina duramente.

 

La tensión abrumaba la habitación, cada una tenía sus razones para tener la corona de las arenas y harían lo necesario para tenerla.

 

 

Acto II

 

Era un día de júbilo, el sultán Zahir arribo la roca de fuego en busca de una nueva consorte, la reina lo esperaba junto a sus hijas en el trono de las rosas humeantes.

— ¡Bienvenido!, sultán de las arenas del desierto, es un honor recibir a tan importante figura en nuestra humilde nación— Dijo la reina tratando de adular al recién llegado.

 

—Gracias por tan cálida bienvenida su majestad, ahora me gustaría que abordáramos el motivo de la visita— Dijo Zahir secamente.

 

—Por supuesto, déjeme presentarle a mis hij— Fue cortada tajantemente por el sultán. — Ella es a quien quiero— dijo el sultán señalando a Emperatriz.

 

La selección del sultán sorprendió a todos, pero esto había ofendido mucho a sus dos hermanas quienes esperaban ser las escogidas, la ira se reflejaba en sus ojos como la furia de un dragón.

 

Acto III

Un escándalo arruino los planes de boda entre los dos monarcas, se corrió el fuerte rumor de que la princesa Emperatriz no era pura, el sultán se sintió ofendido y solicito una revisión, pero la princesa se negó rotundamente a ser humillada en tal acto.

 

Luego de mediar a favor de su reino, Christina convenció al sultán de permanecer un tiempo en el castillo para pensar sobre las cosas y conocer mejor a sus dos hijas, esto lleno de esperanzas a las otras princesas ya que añoraban ser la consorte de Zahir.

Pero la competencia seria ruda entre estas mujeres que darían todo por el todo para arrebatarse el poder la una a la otra, Milena intento quemar la habitación de su hermana dejándola sin vestimentas para cortejar a Zahir, en respuesta a este ataque Charlotte había agregado en el agua de su hermana una posición de sueño que mantuvo a su hermana en cama durante dos días.

Estos enfrentamientos escalaban un nivel mayor causando problemas ya sea en el castillo o fuera de este, el caos era eterno pero al parecer el sultán disfrutaba ver como las gatas luchaban por él, como dos ninfas peleando por un sátiro.

 

— ¡Esto es el límite!, ¿cómo te has atrevido zorra?, me las pagaras — Dijo milena lanzándose contra su hermana mayor.

 

—Ya basta, este comportamiento no es propio de una princesa— Dijo la reina furiosamente —Fue muy bajo de su parte Charlotte, cortar el cabello de tu hermana mientras dormía es un delito, has atentado contra la belleza de una de tus hermanas, que pasa si el sultán no te desea a ti y decide buscar esposa en otra nación.

 

—Eso no hará falta mi reina, creo que según las circunstancias debo desposar a  la más hermosa y pura de sus hijas, por eso escojo a su primogénita para ser mi esposa — Dijo Zahir sin mucho entusiasmo.

 

Acto IV

 

Una vez celebrada la boda la unión entre las arenas del desierto y roca de fuego se encontraba consolidada, o eso pensó la reina, al pasar los años Charlotte no daba señales de haber quedado en cinta, aun después de someterse a un tratamiento con las mejores curanderas de todo el continente de Orquídea no lograron curar su infertilidad.

 

Esto lleno de ira al sultán quien había desposado a otra mujer quien le había dado ya dos herederos, con el tiempo el sultán regreso a Charlotte a su hogar anulando la alianza con roca de fuego.

 

Emperatriz se había coronado como la reina de roca de fuego, dejando a sus hermanas sin derechos reales, los cuales habían perdido tras los eventos ocurridos.

 

La sombra de la vergüenza inundo el reino, sin aliados ni relaciones estratégicas solo era cuestión de tiempo hasta que sus enemigos se volcaran en una masacre que acabaría con el ultimo reino de las rosas, donde la avaricia fue el ingrediente principal para desatar la desdicha en el reino de roca de fuego.

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El amor y la infidelidad son pedazos de cristales rotos

Personajes:

Marcos: Esposo

Maria: Esposa

En la sala de la casa, María se da cuenta que Marcos la ha estado engañando con otra mujer. Después de enfrentarlo, el esposo le pide perdón de todas las maneras, pero ella renuente decide separarse de él y el esposo empieza a reaccionar de un modo relativamente machista.

La esposa, con la maleta hecha abre la puerta dispuesta a irse de su casa.

Marcos:  Maria ¡escúchame!, no te puedes ir así, molesta. Por favor, perdóname, sé que me merezco todo lo que estás haciendo pero te estoy pidiendo otra oportunidad.

Maria: ¿cómo te atreves a decirme todo eso si fuiste tu el que destruyó toda la pasión, en cuestión de minutos? Me pisaste el corazón con esta terrible traición que hiciste casi en mi cara. Eres tan cínico que no te da vergüenza darme la cara y pedirme perdón.

Marcos: (colocando los brazos en alto), te lo pido Maria por favor, solo se trataba de un desliz, no me di cuenta de todo lo que estaba arriesgando, sin pensar que ese simple desliz que no significa nada, podía poner en juego el amor que tú sientes por mí. Tu misma sabes que mi alma y mi corazón son tuyas.

Maria: (Con mirada fija), es imposible perdonarte, no puedo hacerlo ¿quién sabe cuántas veces más podrías hacerlo si te perdono? Nada más ponte a pensar ¿si fuese yo la que en este caso hubiese sido infiel a tu amor? ¿Lo perdonarías? ¿Lo olvidarías por completo? Ya te quisiera ver en ese puesto. Pagaría por verlo.

Marcos: (La toma de sus brazos con desesperación) Tu estás equivocada, sé que es difícil pero debes entenderme, esto es diferente, no significa nada para mí, es un simple resbalón que no puede acabar por completo con nuestro matrimonio de años.

María: (Con impaciencia y rabia contesta) No digas que esto es diferente, cuando de igual forma se trata de una infidelidad, sea por el motivo que sea, el punto es que estabas buscando tu placer fuera de casa y ese no es el objetivo de un matrimonio, ¡un matrimonio de verdad! No estoy equivocada, no soy una mujer de metal que no siente nada.

Marcos: (Con machismo, responde) También tienes que estar consciente que las debilidades pueden pasar en frente de mí, soy hombre y la carne es débil. ¡Entiéndeme!

María: De verdad, eres patético, inconsecuente. Así como tu eres hombre, yo soy humano y lo doy todo por amor siempre y cuando me correspondan de la misma manera, no cuando me responden con infidelidad, con ingratitud, pues este dolor también se siente, aunque tú seguramente no lo hayas vivido.

Siempre ten en cuenta que así como un matrimonio se trata de fidelidad, la lealtad también está del mismo lado y al perdonarte sería un amor como cuando se rompen los cristales de un espejo, así lo pegues de la forma más perfecta ¡Jamás quedará igual que antes!

Fue así como Marcos quedó en un silencio sepulcral y María con mucha decisión, terminó de dar el paso hacia delante y se marchó, teniendo la razón.

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Reflexiones en la juventud

En los años setenta, cuando todavía no existía la tecnología que tenemos ahora, los recreos de la escuela eran aprovechados. No como la panorámica que tenemos en el presente, de niños y adolescentes en el patio del colegio, cual zombies mirando la pantallita de su celular, ojeando a ver si el que va a el salón que queda a cinco pasos del suyo colgó una foto en la red.

Acá se jugaba a la pelota, se organizaban los equipos en el barrio. En la escuela llegaba el recreo y ya estaba todo dicho. A cara de perro y cuchillo entre los dientes, como decía el kiosquero de la Normal N° 24, su colegio.

No se regalaba nada, los varones eran fieras con la mitad de los botones rotos del guardapolvo, las tiras descocidas. Las caras rojas de ansiedad y transpiración puberal amalgamada con un odio por ganar. No el odio que sentimos cuando somos grandes, que es dañino. Ese no, sino en el sentido de la competencia, del juego, de divertirse con responsabilidad.

Viendo eso, desde afuera, ya se sabía que en el campito se armaba peor. Los potreros (1) estaban siempre en mal estado, pura tierra. Cuando llovía era un alivio, más que nada para las madres de los muchachines que les tenían que lavar la ropa llena de polvo, y mandarlos a bañar ni bien pisaban su casa, algo un poco más complicado de lograr.

Cuando uno reflexiona, se da cuenta de la profundidad de esos encuentros. Un simple partido de fútbol relucía nuestras cualidades, nuestros defectos y nuestras emociones.

Los adolescentes, actualmente se piensan que se conocen de memoria entre sí, solo por andar subiendo todo el día esas historias a Instagram, o mostrando sus cualidades a través de fotos y videos.

Pero jugar un partido de fútbol en el campito, era el acto de mayor coraje para cualquiera. No solo por lo deportivo, ya que aunque fuera el aspecto central de la actividad de la que aquí hablo, no me quiero avocar a ello. Sino porque de allí, se configuran las capacidades que va a demostrar alguien a lo largo de su crecimiento.

Era increíble sentarse en un banco al costado, y ver como los niños jugaban, se peleaban y se burlaban unos con los otros, pero sabiendo que en el fondo todos abrazaban la honestidad y entre todos generaban un ánimo cabal de compañerismo.

Un día, uno de ellos se tropezó en la cancha mientras se jugaba un partido reñido, recuerdo que era una semifinal entre los “cebollitas” y los “malandras” (esos eran los nombres de los equipos).

Al caer, con su rodilla derecha, había un clavo que penetró sobre su piel y se hizo un tajo muy grande, con intenso sangrado. Velozmente, un compañero se saco la camiseta, la rompió y se la ató en la rodilla para frenar la hemorragia.

En el mismo momento, el que vivía más cerca fue en busca de su mama para que haya un adulto que lleve tranquilidad. En menos de cinco minutos estaba allí.

Dos chicos del equipo de los “cebollitas” le pidieron a una señora que vivía frente al potrero, y siempre los aprovisionaba con agua, si podían utilizar el teléfono. Ellos llamaron a la ambulancia.

El mejor amigo, se subió a la bicicleta y fue hasta su casa a buscar a los padres del accidentado. A los diez minutos, casi al unísono de la llegada de la ambulancia estaban de vuelta, el y los padres.

Ante la desesperación del niño herido, cuatro chicos del equipo contrario se quedaron al lado suyo, transmitiendo serenidad y constatando, con seguridad de que había sido solo un percance, para que no se preocupe.

Así fue, que la cancha de fútbol de barrio, por un suceso imprevisible, se transformó en el comité de organización con mejor funcionamiento que vi en mi vida.

Siempre que trato con niños, me doy cuenta, que lo más lindo que tienen, y de lo que más nos hace falta a los adultos, es su inocencia.

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(1) Potrero: Terreno baldío donde suelen jugar los niños.

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Los Exploradores

Erase una vez dos amigos especiales, Pedro y Juan. Tenían demasiado en común y se la llevaban muy bien. Pero de todas las cosas que compartían juntos había un hobbie muy extraño. Ellos se sentían muy entusiasmados y les excitaba ir a lugares abandonados, quizás por curiosidad o su pasión por la exploración.

Sin embargo, una de las cosas más llamativas y aterradoras es que ambos les encantaban hacerlo de noche. Cuando ya no había luz alguna proveniente del sol, querían asechar estos lugares para sentir la adrenalina o algo distinto a lo normal. Así que emprendieron a un lugar un poco lejano de su pueblo, un hospital abandonado.

En el camino Pedro preparaba las cosas de exploración, un par de linternas con pilas de repuestos. Eran locos pero no tontos, también llevaban un mapa del lugar que se lo había bajado por internet. Además de un equipo de primer auxilios por si alguien se lastimaba en medio de tanta oscuridad. Cuando ya casi iban llegando, notaron que la carretera se acabó. Al parecer les tocó ir sobre tierra y piedras en medio de la nada para llegar al lugar.

Ante tantos obstáculos, ambos pudieron llegar y aparcar en el estacionamiento abandonado del hospital. Frente a la puerta principal, con sus herramientas intentaron desbloquearla. Pero después de unos cuantos minutos de intentos fallidos con el método clásico bumper, prefirieron entrar por una ventana rota.

Después de pasar por un pasillo de espera tenebroso, el comedor y la enfermería. Ambos deciden ir al segundo piso, para así poder conocer el lugar. Entre pasillos oscuros, ventanas con cortinas que soplaban un viento escalofriante de medianoche y la luz de la luna llena entrando en las pequeñas grietas del edificio, Pedro y Juan decidieron tomar una decisión de costumbre ¡Separarse!

Juan se quedó en el segundo piso explorando, mientras que Pedro subió al piso 3 para explorar que había allí. En ese instante Juan le dio un Walkie Talkie a Pedro para que pudiera comunicarse con él por si tenía algún problema con devolverse. En ese instante Juan encontró un cuarto de operaciones y decidió sentarse unos 5 minutos a fijarse en los detalles de la habitación, como le encantaba sentir el terror de un escenario tan frío como ese ¡Miles de cosas pasaban por su cabeza!

En ese instante Pedro le llama ¡Estoy perdido! Exclama ¿Podrías ayudarme? Necesito que me digas como puedo regresar donde llegue ¿llevas el mapa contigo? Juan le contesta: si por supuesto, dame un momento. En ello, saca el mapa y le da instrucciones exactas de cómo puede devolverse. En ese instante escucha los pasos de su amigo en el techo, pero luego de que llega al otro extremo su amigo le replica por la radio que no hay acceso por las escaleras ¡Están bloqueadas!

Pero Juan le da otra dirección, la cual le envía exactamente por donde se devolvió. Va hacia el lugar, la sala administrativa y baja las escaleras al segundo piso. Pero Juan, luego de haber esperado al menos unos 10 minutos a que le respondiera, no obtuvo respuesta alguna. Por eso, decidió replciarle en el Walkie Talkie.

Pedro ¿Estás allí? No contestó, pero al acercarse a la puerta donde su amigo debió haber salido hace un buen tiempo, vió que estaba cerrada. Pero en ese mismo instante, la puerta empieza a vibrar, como si alguien desesperadamente intenta abrirla. Pedro ¿Estás allí? ¿Tienes problemas para abrirla? Juan no recibe respuesta alguna por un par de minutos.

El intenta abrir la puerta desesperadamente, pero en ese instante su amigo le replica en el Smartphone, al parecer dejó tirado el radio del otro lado de la puerta. Le sorprendió y mientras la puerta seguía vibrando, el contestó ¿Qué pasa? ¿Por qué no respondes la radio? Pedro le contesta: La radio la he perdido. Juan le dice: SI eso lo sé ¿Dónde estás?

En ese mismo instante Pedro le dice ¡Fuera! Al lado del auto, vámonos de aquí, en ese lugar no pasa nada extraño. En ese mismo instante Juan le cambió la cara de aburrimiento a terror extremo, echó unos gritos que aturdieron a su compañero, tanto en el Smartphone, como desde arriba. Pedro oía como desesperadamente Juan corría hacia la ventana del segundo piso, pero cuando estaba a punto de llegar, su cabeza saliendo volando, cayendo en el capó del auto.

Pedro sorprendido decidió prender el auto, sin haberse atrevido a quitar la cabeza de su amigo de allí y viendo como sus ojos quedaron viéndolo fijamente arrancó como alma que lleva el diablo. Una historia contada por el mismo Pedro, aunque los hechos personificados por parte de Juan en ese momento fueron testimonios del mismo.

Por desgracia no se encontró ni el cuerpo de Juan, ni su cabeza, lo único que había de evidencia era un poco de sangre fresca cerca de la ventana, además de la sangre en el capó del auto. Hoy en día Pedro está encarcelado, luego llevado a un manicomio, al parecer desde la cárcel no dejaba dormir a los presos gritando todas las noches por su amigo.

Basada en una historia real, un hospital abandonado que no fue reconstruido por la zona en donde se ubica. Desde su inauguración no tuvo mucha recepción y decidieron acabar con la sucursal, pero detrás de toda esta historia que todo el mundo considera lógica, existe una macabra. Al parecer el gerente tenía una banda de maleantes que les robaba órganos a sus pacientes (Especialmente los riñones). Un día este se le hizo una orden de captura por ser descubierto, se hacía muy obvio las atrocidades que hacía con sus cómplices.

Pero cuando este fue a ser capturado, lo encontraron ahorcado en el área administrativa. Aunque no precisamente ahorcado, una soga la cual tenía alambres le había decapitado luego de haber fallecido. Parece que el asesino roba órganos estaba buscando una cabeza para volver a la vida, o al menos eso parece que intentaba hacer con Juan, quien sabe ahora mismo donde esté su cuerpo y su cabeza, un par de exploradores que disfrutaron su aventura ¿no crees?

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No mires hacia el espejo

Siempre me había gustado jugar con los espejos, es asombroso lo mucho que el reflejo de uno puede cambiar cuando se miran fijamente a los ojos y te das cuenta, de que hay cosas en ti que antes no habías notado. Un lunar pequeño oculto en la esquina de la nariz, una ceja más larga que otra, un labio más lleno que su compañero… y entonces, de repente, te asalta la inquietante sensación de que tal vez no eres tú a quien estás mirando, sino alguien que se empeña en emular todos tus movimientos.

¿Jamás te ha pasado?

A la madre de Irma no le agradaban los espejos. Solo tenían uno en casa y era su hija quien se encargaba de usarlo, en el baño de arriba. Yo no entendía como alguien podía vivir sin mirar su reflejo.

—Es por algo que le ocurrió de niña, nunca me ha querido contar —justificó ella a su mamá, una tarde mientras jugábamos.

Irma es mi mejor amiga desde tercero de primaria, lo hacíamos todo juntas. Desde las tareas en equipo hasta emparejarnos en Educación Física para correr, (o intentar hacerlo, no somos muy fanáticas del acondicionamiento).

Un día nos encontrábamos en su casa y por alguna razón, nos dirigimos a ver el espejo del baño. Era un trozo de vidrio de forma ovalada, con un marco antiguo y no muy grande. Pero de alguna manera, nos las arreglamos para mirarnos las dos en él al mismo tiempo. Nuestras caritas infantiles sonreían.

—¿Y ahora qué? —me preguntó ella.

—Esto —le dije yo, y comencé a hacer muecas delante de mí misma.

Ella me imitó. Reímos. Frente a nosotras, nuestros rostros se desfiguraban y volvían a su aspecto normal, mientras estirábamos y arrugábamos nuestras facciones todo cuanto podíamos, haciendo gestos y simulando ser monstruos.

Era divertido.

—¡Ay! —gritó Irma de repente, transformando su sonrisa en un semblante sobresaltado— ¿Viste eso?

—¿Qué? —había estado muy ocupada sacando la lengua como para notar nada.

—Es raro, por un segundo fue como si mi reflejo no fuera yo. Me miró de un modo extraño… ¿no lo notaste?

—Eso no puede ser. Por supuesto que eres tú —nos quedamos de pie, mirando fijamente hacia nuestros ojos. Hacia nuestros propios ojos.

Pero de repente, el mismo sentimiento de inquietud que invadía a mi amiga también se había apoderado de mí. Irma tenía razón. Bastaba con observarse fijamente para notar un ligero cambio.

Esa mirada seria y profunda, y la boca ligeramente torcida, estoy segura de que no me pertenecían a mí.

Solían gustarme mucho los espejos. Ahora se puede decir que evito mirarlos lo más posible. He descubierto que hay algo siniestro en la persona que me mira desde el otro lado y que tal vez, esa persona no sea yo misma.

Sé que es una locura, pero tendrías que echarle un vistazo a este lugar. Quiero decir, no hay espejos, aparte del pequeño que guardo en mi polvera.

Creo que ahora entiendo mejor a la madre de Irma.

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Abre los ojos

El lugar era inmenso. Estaba poco iluminado y parecía estar vacío. No entendía nada. ¿Cómo había llegado hasta allí?, no recordaba nada, la inquietud estaba corriendo por mis venas y un hormigueo estaba subiendo y bajando por todo mi cuerpo.

Mis manos empezaron a picar, y quise arrancarme todo el cabello de la cabeza. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba aquí?, empecé a mirar a todas partes, en donde la penumbra era todo lo que me saludaba. No se veía ningún horizonte, no se escuchaba nada. El silencio era ensordecedor.

Intenté gritar, pedir ayuda, correr. Pero nada ocurría. No podía siquiera hablar, el grito se quedó atorado en mi garganta. Lo intenté de nuevo. Nada salía. Intenté con tanta fuerza que pensé que mi garganta se partiría en dos, pero nada ocurría. La oscuridad se hacía aún más pesada, cada vez podía ver menos y el silencio me tenía inquieta.

¿Qué estaba ocurriendo?

De repente caí en el suelo, como si alguien me hubiese empujado. Temí ver hacia atrás, tan sólo me quedé así, entre sentada y acostada en el frío suelo. Empecé a temblar. El pánico me estaba inmovilizando e intenté llorar, pero tampoco podía. ¿En dónde estaba?

Intenté levantarme, mis piernas flaquearon pero respondieron. Entonces noté que estaba en ropa interior y descalza. Volví a estar de pie, esta vez más débil. Logré avanzar unos pasos pero mientras más pasos daba, más oscuro se ponía todo.

La desesperación me tenía abrumada. ¿Hacia dónde iba?, ¿en dónde estaban todos y por qué nadie venía por mí? Sentí que alguien me tomaba de la mano y me giraba, pero no había nadie. Empecé a retroceder.

-¿Quién está ahí? –Creí hablar, pero nada salía de mis labios. Quise gritar. ¡¿Qué demonios estaba pasando?! -¡¿Quién está ahí?! –Nada. Nadie me oía. ¿Es que siquiera había alguien aquí aparte de mí?

Seguí retrocediendo cuando choqué con algo helado a mi espalda. Me giré rápidamente y ya no veía nada. Me volví a girar y nada. Sólo había negro y silencio. Volví a girarme y alcé las manos, tanteando en falso, pero no había nada. ¿Con qué demonios había chocado?

Tenía demasiadas ganas de llorar. Quería gritar, sollozar, correr, pero no lograba hacer nada. No entendía absolutamente nada. ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba aquí, medio desnuda, descalza, sola, rota? No recordaba nada anterior, ni cómo había llegado hasta ese lugar, ni con quién estaba.

Eddy. ¿En dónde demonios estaba Eddy? La desesperación llegó a otro punto, aún más elevado, en donde tiritaba de miedo, sin saber ni recordar en dónde estaba mi hermano. ¿Qué había pasado?

Me daba vueltas la cabeza. Todo a mi alrededor parecía girar, la oscuridad se volvía más pesada a medida que iba dando más y más vueltas, sin lograr ver nada que no fuese negro. Sentía la brisa adherida a mi piel sin sentir las ráfagas de viento helado, tan sólo tiritando, tan sólo muriendo.

De repente neblina empezó a entorpecer mi vista, no podía huir de ella. Era espesa, fuerte, venía con furia y me envolvía a medida que pasaban los segundos. Empecé a escuchar un segundero de fondo, todo estaba pasando demasiado rápido. Mi voz logró salir a caudales, mis gritos resonaron en la oscuridad, alguien me estaba tocando los hombros, me sentía inmovilizada, aplastada en algo frío.

Mi espalda se asqueó en el suelo sin saber realmente cómo había llegado hasta él. La neblina me escocía los ojos y los mantuve cerrados todo el tiempo, el sonido de los segundos apresurados me tenía loca. Mis gritos se oyeron en todo el lugar. Pataleaba.

-Amanda, abre los ojos. –Me detuve. La voz de mi madre llegó desde lo más oscuro del lugar y temí abrir los ojos. -¡Amanda!

Entonces, abrí los ojos y los de mi madre me saludaron. Era una pesadilla. Sólo eso.

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Una canción sin título

Se podía sentir el bombeo del altavoz bajo la suela de mis zapatos planos, el frenesí concentrado que había delante de mí gritaba viral a los artistas del escenario.

La noche, tapaba las imperfecciones que todos creemos tener alguna vez, y los focos de colores nos encendían para recordarnos que ésta noche es nuestra.

– Ariel, yo no puedo entrar tía, no tengo entradas -. Miré a mi mejor amigo Fred con ojos en blanco. Llevaba toda la noche tratando de despistar a los porteros, poniéndose la capucha, cogiéndose del brazo de alguna moza, haciéndose el borracho… . Lo increíble es que una vez lo consiguió, pasó con el pelo tapándole la cara como la niña del grito y las gafas puestas entre sus greñas.

Ésta vez en cambio le habían fichado, y su intención era que yo me quedase fuera con una botella de ron perdiéndome el concierto.

– Entraré sola, pero déjame tu collar por si acaso -. El collar era de pinchos, y eso ayudaría a alejar a algunos bestias del público que quisiesen matarse a golpes en cuánto una canción Punk se emitiese, encontrándome en medio.

– De acuerdo, pero devuélvelo… -. Dijo señalándome rendido tras dedicarle una media sonrisa.

Me di la vuelta decidida, y me adentré entre las filas. Los porteros me sonreían, bueno, más bien muchos lo hacían, y aunque me sentía segura, tantas miradas desconocidas incomodaban.

Una vez llegué hasta el tan apegado público, quise seguir abriéndome paso entre todos; quería la primera vista, aunque algunos pervertidos me rozasen adrede. Era imposible no erizarse y encogerse ante tales acciones.

Estaba dentro de la boca del lobo, pero era afortunada de que la mayoría fuesen hombres y me dejasen paso, a veces ser menuda tenía sus ventajas, porque creo temen romperme.

La energía que todo el gentío desprendía, me encendió de calor como si hubiese entrado en una sauna. Apenas habían pasado cinco minutos y ya sentía que los poros de mi nuca transpiraban, era excitante. Avanzaba diminutiva y pude respirar. Llegué a la primera fila.

La música se puso agresiva, y el público también comenzó a dar brincos entusiasmados, empujándose unos a otros, y también dándome a mí. Qué daño, mi hombro.

– ¡Eh, tío ten cuidado! -. Grito furioso un castaño corpulento en cuanto se dio cuenta de que casi me convertían en un sandwich.

– ¿Estás bien?-.

Asentí con mi cabeza, tratando de recobrar la compostura. Tenía la sensación de haber terminado de saltar en unas colchonetas y no sabía cómo pisar el suelo.

– Ponte aquí, si quieres-.

En el punto que me señaló, había un hombre sentado en silla se ruedas. Y lo agradecí, porque gracias a su silla era el hombre más protegido del concierto.

Había espacio, una nueva canción empezó a ser tocada, me pedía bailar aunque fuese despacio para no llamar la atención, porque no soportaba serlo y… un chico rubio de ojos claros, alto de mi izquierda me estaba mirando. Capté toda su atención, vamos. No, me estaba devorando. Tensión.

”No mires”, me pedí mentalmente.

El desconocido, como si se hubiese percatado de mi nerviosismo se acercó más a mí, en silencio, y una tortura de escalofríos por ese misterio del momento comenzó a hacerse de mí.

Me empujaron de nuevo un par de ebrios y éste aprovechó cogiéndome de la cintura poniéndose detrás de mí. Me sobrecogí, paralizada.

Y entonces lo sentí, sus dedos recorrían mi hombro con delicadeza, seguían por mi codo, mi muñeca… hasta mi mano. Entrelazó sus dedos con los míos, se apegó más a mi espalda, protector. No procesaba bien lo que estaba ocurriendo, me gustaba, hacía tiempo que no sentía ésta clase de atracción.

La canción eléctrica terminó en un estallido.

– Hola-. Susurró en mi oído. Pero no contesté, me aparté confusa. Retrocedí con mis pálpitos galopando en un oleaje de emociones que no entendía, fundiéndome en el centro de la multitud.

Una nueva melodía se hizo en el ambiente, y yo, arrepentida de haberme alejado de aquel chico miré hacia donde estábamos, debía presentarme. Pero en cuánto di media vuelta, ya no estaba. Se había ido, como aquella canción instantánea.

Al poco rato, mi mejor amigo Fred reapareció con fuerza.

– ¡Eh tía! ¿Qué estás haciendo ahí tan parada? -.

Mi cabeza daba vueltas. Mientras Fred trataba de hacerme bailar en medio de toda la multidud, no podía evitar sentir que conmigo estaba el tiempo tambaleándose, en mi interior, hasta parece que llegue a pararse.

Fred tenía una gorra, así que pensé en camuflarme un poco más ya que estaba.

– Dame eso – Se la quité sin darle tiempo a reaccionar e ignoré su ”Ey” a modo de quejido mientras bailaba. Total, cinco minutos después ya había encontrado a otra persona con la que fardar con algunos de sus pasos a lo Mickel Jackson. Ya lo tenía muy visto, así que seguí a la mía.

Me separé de Fred aprovechando que estaba hablando con otras personas, y seguí con mi especie de búsqueda que parecía no tener ningún éxito. Me apetecía muchísimo cruzar alguna que otra línea, pero la noche no parecía estar de mi parte.

Caminaba y caminaba, hasta que en la salida de casualidad tropecé con un perro. Era un pequeño Yorkshire.

– Pero bueno, ¿qué estás haciendo tú aquí pequeño renacuajo? -Lo cogí en brazos sin dudarlo unos segundos. Estaba temblando, parecía estar perdido, sin collar. Tan perdido como yo, como el desconocido que ha resultado también perderse en todo éste pajar.

Al menos, cuándo pierdes el alfiler en un pajar, puedes quemar toda la paja hasta lograr encontrarlo, solo que, ¿cómo iba yo a quemar a toda ésta gente sin terminar quemándolo también a él?

Decidí seguir caminando, con el perro en brazos hasta casa. Me había cansado de tanta fiesta, de tanto enigma.

– ¿Qué tal si te llamo Uname? – le decía mientras acariciaba su pelaje largo. Parecía tener mucha hambre, además de que lo más seguro la multitud y la música alta le tenía así de débil.

No descubrí su nombre, no supe nada más de él, y tampoco escuché nunca más esa canción sin título.

Concierto photo

Personaje protagonista: Ariel

Personajes secundarios: Fred, el desconocido y Uname.

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