Una fábula es una narración, por lo general breve, que presenta una situación de la que puede obtenerse una enseñanza. Puede escribirse en prosa o en verso y sus personajes no tienen que ser siempre animales.
Muchas fábulas usan animales que hablan y actúan como personas, pero también pueden aparecer seres humanos, plantas, objetos u otros personajes. La enseñanza puede escribirse al final como una moraleja o quedar para que el lector la deduzca.
Características frecuentes de una fábula
- Suele ser breve: normalmente se concentra en una situación principal.
- Puede usar personajes personificados: un animal o un objeto puede hablar, pensar o tomar decisiones como una persona.
- Las acciones tienen consecuencias: lo que los personajes hacen permite entender la enseñanza del relato.
- Puede incluir una moraleja: a veces aparece escrita al final y otras veces se entiende por lo ocurrido.
- No necesita una estructura única: algunas presentan un conflicto muy claro y otras se construyen alrededor de una conversación, una comparación o una decisión.
Fábula, cuento y mito: en qué se diferencian
Estas formas narrativas pueden compartir personajes fantásticos, animales que hablan o hechos extraordinarios, por lo que no siempre hay una frontera absoluta entre ellas.
- Fábula: suele ser breve y organiza sus acciones alrededor de una enseñanza práctica, ética o social.
- Cuento: es una narración de ficción que puede buscar muchos efectos distintos: humor, misterio, emoción, aventura o reflexión. No necesita terminar con una enseñanza.
- Mito: es un relato tradicional relacionado con las creencias y la visión del mundo de una comunidad. Puede hablar de dioses, héroes, orígenes o fuerzas de la naturaleza.
Dos fábulas originales
1. El ciervo y el camino del castor
Cerca de un río vivían un ciervo joven y un castor que pasaba buena parte del día reparando su refugio y despejando un pequeño paso hacia una orilla elevada.
El ciervo lo observaba desde el prado.
—Siempre estás moviendo ramas —le dijo una mañana—. Yo prefiero correr. Si necesito ir a otra parte, llego en un momento.
El castor siguió trabajando.
—Correr es útil cuando el camino está libre.
Esa noche empezó a llover. El río creció y el agua cubrió la parte baja del prado.
El ciervo corrió hacia el bosque, pero encontró dos pasos cerrados por el agua. Volvió hacia atrás y vio al castor avanzar por un sendero estrecho que subía hasta una zona de terreno más alto.
—¡Espera! —gritó el ciervo.
El castor se detuvo.
—Ven por aquí. Conozco este camino porque lo limpio cada semana.
El ciervo lo siguió. No tuvo que nadar ni saltar sobre la corriente. Solo avanzó con cuidado entre los arbustos hasta llegar a la parte alta de la ribera.
Desde allí esperaron mientras la lluvia disminuía.
—Creía que perdías el tiempo moviendo ramas —dijo el ciervo.
—Y yo creo que mañana tendrás ganas de correr otra vez —respondió el castor—. Las dos cosas pueden ser útiles en su momento.
Moraleja: Prepararse con tiempo puede abrir un camino cuando la rapidez no basta.
2. El topo y el sendero cerrado
Un topo vivía bajo un pequeño bosque. Conocía el suelo por la humedad, las raíces y las vibraciones que sentía al avanzar por sus túneles.
Una mañana, un árbol cayó sobre el sendero que usaban varios animales para llegar al arroyo.
Un conejo intentó rodearlo, pero encontró un grupo de zarzas.
Una ardilla subió al tronco y miró al otro lado.
—El camino continúa, pero desde aquí no veo cómo pasar entre las raíces.
El topo sacó la cabeza de la tierra.
—Yo conozco esa zona por debajo.
—Pero tú no puedes ver el camino desde arriba —dijo la ardilla.
—No necesito verlo desde arriba para saber dónde termina una raíz.
El topo entró de nuevo en su túnel. Tocó las raíces con el hocico, siguió una zona de tierra blanda y salió unos metros más allá del árbol.
Luego regresó y mostró a los demás un paso estrecho junto al borde de las zarzas. Desde arriba casi no se distinguía, pero dejaba espacio suficiente para cruzar.
Uno a uno, los animales pasaron hasta el otro lado.
—Yo podía ver más lejos —dijo la ardilla—, pero tú conocías mejor el suelo.
El topo volvió a su túnel.
—Entonces hicimos bien en mirar el problema de dos maneras.
Moraleja: No todas las capacidades sirven para lo mismo; escuchar a quien sabe algo distinto puede mostrar una salida.
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