La leyenda del maíz

¿De qué trata?: Quetzalcóatl, el gran dios azteca, quiere aliviar el hambre de su pueblo, así que emprende un gran viaje para hacerles el regalo del maíz.

Personajes: Quetzalcóatl, Hombres

Hace mucho tiempo, cuando los hombres apenas empezaban a disfrutar de las bendiciones de la creación, lo único con lo que podían alimentarse era con las raíces y los animales a los que cazaban, pues no sabían sembrar. Tampoco conocían las bondades del maíz, ese alimento tan nutritivo y con el que se pueden hacer cientos de deliciosos platillos, incluyendo las tradicionales tortillas.

Viendo que los hombres estaban muriéndose de hambre, Quetzalcóatl, el gran dios azteca, decidió bajar a la Tierra para ayudarlos. El resto de los dioses se habían cansado de tratar de vencer los obstáculos para enseñarles el don de la agricultura.

—No se preocupen, que ya me ocuparé de eso —les dijo Quetzalcóatl.

Lo siguiente que hizo fue transformarse en una diminuta hormiga negra. Ya en la Tierra, se reunió con una hormiga roja para que le mostrara el camino hasta los misteriosos sembradíos más allá de las montañas, que escapaban a los ojos de los hombres y en donde el maíz crecía sin nadie que pudiera alimentarse de él.

Viajaron las dos hormigas por un camino lleno de peripecias, teniendo que sortear lluvias potentes y vientos que arrastraban el suelo. Tuvieron que cuidarse del calor y de los animales que se atravesaban en su sendero. Pero finalmente, consiguieron llegar hasta las montañas.

Subieron por un monte inmenso y se abrieron paso entre los maizales, que estaban en su estado más tierno.

Quetzalcóatl tomó un solo grano de maíz entre sus diminutas pero fuertes mandíbulas, y así, emprendió el camino de regreso hasta donde vivían los hombres, resguardados en sus modestas chozas y con hogueras donde cocinaban a los animales que a duras penas lograban cazar.

Encontrándose entre ellos, Quetzalcóatl les entregó el pequeño grano y les enseñó como debían colocarlo bajo tierra, para que los rayos del sol lo hicieran fuerte y lo convirtieran en una hermosa planta.

Y así sucedió. Con el paso del tiempo, ese pequeño maíz floreció hasta convertirse en una mazorca, y de los granos de esta surgieron muchas más, hasta que los primeros hombres fueron capaces de cultivar maizales enteros. El hambre se terminó entre ellos.

Con la llegada de este precioso alimento, fueron capaces de alimentar a sus niños y hacer infinidad de comidas.

A veces, se comían los granos enteros, que por sí solos eran muy dulces y sabrosos. Otras, los añadían en medio de caldos o entre la carne de los animales que atrapaban. Pronto aprendieron también a molerlos para preparar harina, con la que cocinaban ricas tortillas y hacían masa para diferentes y ricos manjares.

Desde entonces, Quetzalcóatl se convirtió en el dios más amado por la gente y él también era la deidad que más se preocupaba por sus fieles.

Hasta el día de hoy se cuenta esta hermosa leyenda azteca a muchos niños de América Latina, para que recuerden lo valioso que es el maíz en muchas culturas y sepan agradecer por este precioso alimento, que aun hoy en día forma parte de nuestra dieta.

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Selene y Endimión

¿De qué trata?: Selene, la diosa lunar, está recorriendo el monte cuando un día se topa con Endimión, un joven del que se enamora profundamente.

Personajes: Selene, Endimión

Hace mucho tiempo, existió una diosa llamada Selene, que era la señora de la luna. Ella acostumbraba pasear por la Tierra acompañada de sus dos fieles perros, dos canes blancos como la leche a los que sujetaba con unas finas cadenas de plata.

Un día, Selene se encontraba caminando a las orillas del río Meandro, impresionada por la belleza del paisaje. Le encantaban las flores, los árboles y los verdes campos que florecían a orillas de las aguas. Pero lo que más la impresionó, fue la enorme colina que se levantaba al pie del valle, preciosa y llena de vida.

Preguntó a los lugaremos como se llamaba aquel lugar y estos le respondieron que se trataba del Monte Latmos. Selene subió a explorarlo con sus perros, emocionada por una nueva aventura.

Llevaba un buen rato caminando cuando repentinamente, se dio cuenta de que no era la única en aquel paraje. A la sombra de un frondoso roble, se encontraba durmiendo un joven pastor de piel blanca como la leche y cabellos dorados. Era tan hermoso, que Selene dudó por un momento que se tratase de un simple mortal.

Jamás había visto ni siquiera a un dios que fuera tan bello como aquel muchacho.

Selene se acercó a él para acariciarle el rostro y el desconocido se despertó, sobresaltado. Luego la miró confundido. Nunca había visto subir a nadie al monte más que él.

—No temas —le dijo la diosa con dulzura—, mi nombre es Selene, estaba paseando con mis perros. ¿Cómo te llamas?

—Endimión —respondió él.

—Yo no soy de aquí, Endimión. Estaba de paso con mis animales, he venido a la Tierra para conocer todos sus rincones —le dijo ella—, y si vienes conmigo, te mostraré lagos, bosques y llanuras mucho más maravillosas que Latmos. Será el viaje de tu vida.

Pero Endimión rechazó su maravillosa oferta.

—No puedo moverme de aquí, tengo que permanecer para estar con los míos. Seguramente habrá lugares más hermosos y grandes que este, pero este sitio y es mi hogar y no lo cambiaría por nada en el mundo.

Desconcertada, Selene volvió a insistir, recibiendo otra negativa por respuesta. Tras varios intentos de convencerlo, la diosa se sintió muy ofendida por su rechazo y quiso vengarse.

—Muy bien —sentenció con frialdad—, pues ya no que no quieres acompañarme, voy a darte el gusto de permanecer aquí. Te quedarás dormido eternamente bajo este árbol y nadie podrá moverte, ni despertarte nunca.

Y pronunciadas estas palabras, Endimión se sumió en un profundo sueño mientras Selene, ofendida, abandonaba la montaña.

Desde ese entonces, cada vez que la luna llena se ponía sobre el Monte Latmos, se decía que era la diosa que volvía para contemplar al pastor del que se había enamorado, durmiendo y atorméntandose por no poder tenerlo cerca.

Endimión jamás pudo despertar de su sueño y terminó por convertirse en parte del monte que tanto amaba. Fue su precio a pagar por tener el atrevimiento de negarse así a la señora de la luna.

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Medusa

¿De qué trata?: Medusa es una hermosa joven de quien Poseidón, el dios del mar, se ha enamorado. Pero una tragedia la convertirá en el ser más temible del planeta.

Personajes: Medusa, Poseidón, Atenea

Cuentan que hace mucho tiempo, en la era de los dioses, existió en la Tierra una joven mujer llamada Medusa, cuya hermosura no tenía límites. Tenía un rostro precioso y unos ojos verdes que recordaban a los más profundos bosques, una voz musical y un andar tan grácil y delicado, que ninguna princesa se le podía comparar.

Medusa era una joven amable con todo el mundo y que despertaba admiración a donde quiera que fuera.

Un día, pasó justo al lado del océano en donde habitaba Poseidón, el dios del mar, que tenía su morada en las profundidades. Cuando él miró a Medusa por primera vez, cayó perdidamente enamorado de su belleza.

Desde ese entonces, a menudo abandonaba el mar para ir a buscarla y tratar de ganarse su corazón. Le hacía regalos fabulosos, como preciosas peinetas de coral y perlas auténticas, túnicas hechas con tejidos submarinos y tesoros que encontraba en las embarcaciones hundidas.

Pero a Medusa nada de esto le importaba, pues no era una chica que ansiara cosas materiales. Para ella lo más valioso era su libertad y no deseaba contraer matrimonio con nadie.

A menudo rechazaba a Poseidón amablemente, repitiéndole que no estaba enamorada de él. Sin embargo, conforme los días pasaban él se ponía más insistente y cada rechazo de la muchacha le hacía encapricharse aun más con ella.

Llegó el momento en que el dios de los mares, cansado de las negativas de Medusa, urdió un plan para poder atraparla y llevarla con él al océano. La sorprendió mientras dejaba una ofrenda en el templo sagrado de Atenea, la diosa de la sabiduría, a quien respetaba mucho. No obstante nada de esto le importó a Poseidón.

Profanó el lugar con lujo de prepotencia y capturó a la joven con la intención de convertirla en su reina.

Esto molestó muchísimo a Atenea, quien decidió darle una lección al arrogante dios. Con un movimiento de su mano, hizo que los cabellos de la muchacha se convirtieran en serpientes venenosas que trataron de morderlo.

Y sus ojos, tan verdes como dos esmeraldas, ahora poseían un poder funesto y asombroso: todo mortal que se mirara en ellos, estaría condenado a ser de piedra por el resto de la eternidad.

Medusa se transformó en un ser sin alma y con un odio infinito por los hombres, dejando atrás a esa dulce mujer que alguna vez había sido.

Cuando Poseidón se dio cuenta de esto, retrocedió lleno de horror y Medusa aprovechó para volver a la superficie. Una vez allí hizo de una isla desierta su morada, que pronto se lleno de estatuas siniestras. Y es que los hombres que desembarcaban ahí, atraídos por su belleza, caían en la tentación de su mirada y se daban cuenta de la maldición cuando era demasiado tarde.

Y así habrían de pasar muchos años, antes de que llegara alguien que le pusiera fin a tanta desgracia. Mientras tanto, Medusa seguiría en ese lugar, clamando su venganza contra los hombres que eran demasiado egoístas.

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Más allá de los 5 sentidos

¿De qué trata?: Los 5 sentidos forman parte del cuerpo humano normalmente desde el nacimiento. Pero ¿Que pasaría si faltaran? Un grupo de científicos está a punto de descubrirlo. Un paso que la ciencia quizás jamás en la vida tuvo que dar...

Personajes: Juan, Jose, John, Kevin

Para un ser humano los 5 sentidos es la característica que les hace saber que están en este mundo. Desde sentir con su cuerpo, y degustar, oír, ver y olfatear. Nuestro cerebro puede llegar a tener capacidades infinitas a través de ellos. Pero ¿Es capaz de desarrollarse si no tuviera ninguno? Un grupo de científicos ha querido comprobar desde siempre lo que pasaría en el cuerpo humano si estos dejaran de existir luego de tenerlos.

Experimentar con humanos es algo que la ciencia tiene prohibidos desde su origen, pero la única manera de averiguar la incógnita es que se experimente con un ser humano para poder comunicarse. Por fortuna ellos consiguieron a un anciano que se prestó para el experimento, la gran sorpresa para ellos es que ha sido un mismo integrante de este grupo de científicos.

Se trataba del hombre más experimentado, un anciano de 80 años llamado Jhon, estaba dispuesto a dar la vida por encontrar la respuesta. El decía que la única manera de encontrar la respuesta era desactivando los 5 sentidos desde su cerebro, con ello podría experimentar el mismo lo que el humano era capaz de sentir con su cerebro luego de que sus sentidos desaparecieran por completo.

El grupo de los otros científicos, Juan, José y Kevin no estaban dispuestos a realizar el experimento de quitar sus 5 sentidos, pero por orden de Jhon tuvieron que acceder a hacerlo.

Jhon: Chicos, no se preocupen, estaré bien. Ustedes más que nadie saben que no tengo familia, mis hijos me abandonaron y mi esposa murió. En dado caso de que mis hijos aparezcan entréguenles esta carta. En donde les dejo mis bendiciones y buenos deseos.

José y Kevin no quisieron aceptar, pero Juan entendía la situación del anciano. Su sueño era descubrir esa incógnita y hasta donde había llegado en la vida no pudo encontrar respuesta ¡No podía morir si no descubría ello! Por eso, Juan, José y Kevin procedieron a realizar el experimento con mucho dolor. Antes de empezar le dijeron a Jhon que no olvidara hablar en todo momento en el que pudiera ver algo, o al menos lo que su cerebro creara luego de arrancarle sus 5 sentidos.

Durante 18 horas en el quirófano, haciendo la operación más delicada que pudieron llevar a cabo sedaron al hombre, el actuó de manera completamente normal al despertar, aunque él no abrió los ojos por que no podía sentir si estaban abiertos o cerrados. Por un momento ellos se sintieron incómodos y decidieron atarle a una cama.

Duro horas sin decir una palabra. Luego de un buen rato empezó a moverse de un lado para otro sin decir nada. José le da una buena palmada en el pecho a ver si reacciona, pero nada. Pasaron un par de semanas, al hombre le daban de comer para que pudiera sobrevivir con normalidad, pero su expresión en el rostro al hacer las labores diarias de un humano era de asco.

Varios días después el abrió los ojos y los 3 científicos se habían quedado sorprendidos, pudieron ver que habían cambiado, su retina ahora era de color grisáceo. En ese mismo instante todos se quedaron paralizados, porque Jhon emèzó a hablar.

Jhon: No comprendo cómo puedo ver grandes masas de oscuridad moviéndose entre sí ¿Son ustedes chicos? Háblenme por favor.

Los 3 científicos empezaron a gritarle despavoridos y desconcertados.

Juan: John ¿Me puedes oír enserio? ¿Qué vez?

José: John que sientes ¿Puedes oler algo?

Kevin: ¿Qué pasa Jhon? ¡Dinos algo hombre!

Lamentablemente no respondió sus preguntas, sino más bien hacía muchas más.

John: ¿Qué es esto? Veo grandes masas negras moviéndose entre sí, me intentan sujetar ¡Me estñan sujetando!

Al cabo de unos minutos

John: ¿Por qué me sujetas? ¿Quién eres tó? ¡Déjame!

Pasaron horas desde que el hombre empezó a quejarse, llegando la hora de dormir y el aún quejándose de que grandes masas de oscuridad intentaban sujetarlos. Pasó la madrugada hablando sólo sobre lo mismo y los 3 científicos no pudieron dormir, así que por la mañana lo sedaron para que pudiera descansar sin problemas. Pero esa misma mañana, cerca de la hora del almuerzo Jhon despertó de nuevo, sus ojos sangraban, empezó a describir algo que dejaría atónito a cada uno de los científicos:

John: Veo muchas caras en el suelo, muchas manos saliendo de las paredes, hay algo que me está persiguiendo, pero no me puede alcanzar aunque yo no corra, y, aunque no lo haga siempre está en la misma posición.

Por un momento cada uno de los científicos pensó en que John estaba tomándoles el pelo, pero se dieron cuenta varios días después de que no era así. Jhon empezó a decir algunas cosas que los dejarían helados. Aunque fueran científicos que trabajaran desde hace muchos años era imposible de que dijeras tales cosas.

Jhon: Kevin, tu abuela Marta dice que quiere estar pronto contigo, pero que disfrutes la vida junto a tu esposa, le prestes atención a tus hijos y le dejes de ser infiel a tu mujer con la secretaria Gabriela. José, tu papa dice que no tuviste la culpa en el accidente de coche donde el murió y tu conducías. A José le pareció esto increíble, pues su papá le enseñó a manejar coche cuando tenía 14 años (Ambos tuvieron un accidente en donde murió el padre a causa de un impacto del lado del pasajero) Juan, dios te ama, la ciencia nos ha enseñado a alejarnos de él y demostrar que no existe, pero estoy hablando con él.

Esta fue la gota que derramó el vaso para los 3 científicos, ninguno creía en Dios, todos eran ateos y siempre trataban de demostrar que Dios no existe. En ese instante Jhon se arrodillo y empezó a llorar sangre abundante, su piel estaba pálida y empezó a helarse. Todos se miraron entre sí y sabían que al anciano le quedaba poco, sus ojos se voltearon en blanco y sus venas relucían en la superficie como si se fueran a reventar.

Jhon: Dios ha venido por mí, lo he podido ver. Chicos, esta es mi hora, nunca debimos jugar con fuego. Dios no vendrá por nosotros, el… el ya nos ha abandonado.

En ese momento Jhon cae desplomado al suelo, sin vida.

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El mito de Perséfone y la primavera

¿De qué trata?: Perséfone, una joven ninfa, es llevada al inframundo por Hades, dando origen a un crudo invierno. ¿Volverá la primavera algún día a la Tierra?

Personajes: Hades, Perséfone, Démeter, Zeus

Perséfone era una de las hijas de Démeter, diosa de la cosecha. Era también una de las ninfas más bellas que existían en la Tierra y a menudo bajaba a los campos a recoger flores con sus hermanas. Fue durante uno de estos paseos que Hades, el dios del Inframundo la vio y se enamoró de ella.

La vida de Hades era muy solitaria, puesto que estaba destinado a permanecer en su mundo para resguardar a los muertos. Su trabajo además, era uno de los menos valorados, pues a nadie le gustaba despedirse para siempre de sus seres amados.

Sin embargo, él debía llevarles la muerte para cumplir con el ciclo de la vida. Pero Hades se sentía terriblemente solo.

Un día, subió a la Tierra mientras Perséfone jugaba en la pradera con sus hermanas y aprovechando un descuido de las otra jóvenes, tomó a la ninfa y se la llevó al inframundo.

Cuando Démeter se enteró de la desaparición de su amada hija, comenzó a buscarla con desesperación por todos los rincones de la Tierra. Tanto así, que descuidó sus labores y las cosechas se retrasaron, la tierra se secó y el otoño llegó más rápido. Pronto, los hombres se encontraron padeciendo a causa de un terrible invierno.

Los alimentos eran escasos y el frío estaba matando lentamente a sus animales e hijos.

No obstante, Démeter estaba tan triste por la pérdida de su hija que no tenía ganas de ayudar. Así que la gente se encomendó a Zeus, el más grande de todos los dioses.

Démeter también acudió a él para suplicarle que le ayudara a buscar a su hija.

Como Zeus veía que los humanos sufrían, se encargó personalmente de encontrar a Perséfone, hasta enterarse de que estaba en el Inframundo y Hades la había hecho su esposa.

—No puedo hacer nada para sacarla de allí, ya que ha comido y bebido de la mesa de Hades —le dijo a Démeter—, y todo aquel que prueba alimento en el mundo de los muertos, no puede permanecer de nuevo en la Tierra.

Démeter, al enterarse de esto se sintió aun más desgraciada. Así que Zeus lo pensó mejor hasta dar con una solución.

—Lo único que podría hacer por ti, es llegar a un acuerdo con Hades. Le exigiré que devuelva a tu hija a la tierra por seis meses. Pasado ese período de tiempo, tendrá que regresar con su esposo, pero al menos no la perderás para siempre.

Démeter aceptó. Perséfone volvió con ella por un largo período de tiempo, en el que la Naturaleza volvió a florecer y las cosechas fueron abundantes nuevamente.

Luego, cuando regresó con Hades, el invierno volvió, pero esta vez las personas estaban mejor preparadas.

Ese fue el origen del cambio de las estaciones.

Cada vez que llegaba la primavera, la humanidad sabía que Démeter estaba contenta por tener a su hija de nuevo. Pero en invierno le guardaban respeto, pues era la señal de que Perséfone se había devuelto al inframundo.

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La manzana de oro

¿De qué trata?: Tres diosas se disputan una manzana de oro enviada para "la más bella". La decisión final recaerá en las manos de Paris, un humilde pero hermoso pastor.

Personajes: Zeus, Paris, Afrodita, Hera, Atenea, Eris, Tetis, Peleo

Hace mucho tiempo, Tetis, una hermosa Nereida, decidió casarse con Peleo, un hombre mortal pero muy digno y con gran valor. Todos los dioses asistieron a la boda y también algunos de los amigos humanos de Peleo.

Hubo una única diosa que no fue invitada: Eris, la señora de la discordia.

Ofendida por tal afrenta, Eris creó una hermosa manzana de oro que relucía como el sol, y la envío a la celebración con un único mensaje: “Para la más bella”.

Fue así que tres de las diosas pusieron sus ojos en la preciada fruta, creyendo ser merecedoras de ella: Hera, la esposa de Zeus, Atenea, la diosa de la sabiduría y de las artes, y Afrodita, la diosa de la belleza y del amor.

Pronto se desató una trifulca entre las tres, que se enseñaban a toda costa con quedarse con la manzana dorada. Hasta que Zeus, cansado de escucharlas reñir, decidió llamar a Paris. Él era un muchacho muy bello que había acudido a la boda. Se dedicaba a cuidar ovejas.

—Decide tú quién habrá de quedarse con la manzana —le ordenó el dios.

—¿No sería mejor que partiéramos la manzana en tres partes iguales, para que cada una tuviera la suya? —inquirió él, intimidado.

—No —dijo Zeus—, solo una puede ser la más bella. Es tu decisión. Y tienes solamente una noche para comunicarnos el resultado.

Paris tomó la manzana y se lo pensó mucho. Luego, las tres diosas trataron de seducirlo, cada una por su cuenta, haciéndole ofertas a las que nadie en su sano juicio se habría resistido.

—Si me elijes a mí —le propusó Hera—, tendrás todas las riquezas del mundo y serás el hombre más poderoso de todos.

—Elígeme a mí —le dijo Atenea—, y te daré fama y honor. En ninguna guerra habrás de estar del bando perdedor y siempre se te reconocerá en todas partes.

—No hagas caso de esas palabras necias, pues la gloria y la fortuna no son nada sin amor verdadero —le dijo Afrodita—, yo puedo concederte eso. Un amor puro y sin límites, de la mujer más bella del mundo. Ella será tuya si me eliges a mí.

Paris tomó su decisión. Afrodita era la diosa más bella del Olimpo y de ella sería la manzana de oro.

Gracias a ella, Paris conoció a Helena, la princesa de Troya y la mortal más hermosa de todas. Aunque estaba casada, se enamoró de él y juntos huyeron lejos de la ciudad sin saber que esto desencadenaría una gran guerra.

Y es que Hera y Atenea, furiosas por haber perdido en aquella inusual competencia, le hicieron una visita a Eris y entre las tres planearon aquella gran catástrofe entre griegos y romanos que pasaría a la historia como una de las peores. Las diosas nunca supieron que la señora de la discordia lo tenía todo calculado desde un principio.

Por eso suelen decir, que el peor enemigo de una mujer suele ser otra mujer. Y más cuando se trata de una chica vanidosa.

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Prometeo y el regalo del fuego

¿De qué trata?: Prometeo es castigado por entregar a los hombres el regalo más valioso que los dioses resguardan en el Olimpo: el del fuego.

Personajes: Prometeo, Zeus, Hefesto

Cuentan que hace mucho tiempo, cuando la humanidad apenas comenzaba a habitar en la tierra, los hombres tenían que sobrevivir al frío y a la amenaza de las animales salvajes con muchas dificultades. Se ocultaban en cuevas frías cuando podían o perecían de manera irremediable, por que no sabían como hacer frente a estos problemas.

Prometeo, un titán de corazón bondadoso, decidió que tenía que ayudarlos y decidió robar el bien más preciado de los dioses: el fuego.

Este se encontraba resguardado en el Olimpo, en la caldera de Efesto, un dios deforme cuya especialidad consistía en trabajar con metales. Gracias a ello era capaz de crear cosas maravillosas para el resto de los inmortales, como los poderosos rayos de Zeus o las zapatillas aladas de Hermes, el dios mensajero.

Prometeo se deslizó a hurtadillas en su taller y mientras no vigilaba, sumergió un madero entre las brasas para hacer una antorcha. Luego escapó a toda prisa hasta la Tierra, donde enseñó a la humanidad a utilizar aquella fuerza maravillosa.

Al principio, los hombres tenían miedo del fuego y con razón. Un solo roce de su piel podía producirles gran dolor. Pero pronto aprendieron que también podían usarlo en su beneficio.

Con la ayuda de Prometeo, aprendieron a hacer fogatas para ahuyentar a las bestias y cocinar su comida. Fueron capaces de mantenerse calientes en invierno y después, hasta aprenderían a elaborar trastos de metal y arcilla, que podían moldear con aquella extraña sustancia cálida.

Todos estaban muy agradecidos con Prometeo. Pero en cuanto Zeus se dio cuenta de aquello, montó en cólera por la osadía del titán.

Así que le ordenó a Hefesto elaborar unas fuertes cadenas para atarlo en el pico más alto de la Tierra, lejos del alcance de cualquier humano, pero no lo suficientemente cerca de los dioses.

Allí tendría que permanecer por su atrevimiento.

Pero ese no sería el único tormento al que pobre titán estaría condenado. Todos los días, un águila voraz descendería sobre él para devorar su hígado, que se regeneraría durante la noche para alimentar al animal por la eternidad.

Ese fue el castigo que Prometeo debió pagar por siempre, por haber osado ir en auxilio de los hombres. Sin embargo su sacrificio no fue en vano.

A partir de entonces, la humanidad lo recordaría como su más grande benefactor y sería capaz de evolucionar, haciendo grandes cosas. Con la llegada del fuego llegaron grandes inventos en los tiempos antiguos, como la rueda y la cerámica. La gente empezó a construir casas en lugar de refugiarse entre la naturaleza, tuvieron carromatos y desarrollaron más disciplinas, como la agricultura y la ganadería.

Se dice pues, que Prometeo no solo entregó el fuego a los hombres, sino que les demostró que tenían algo que ni los dioses podrían arrebatarles: su libre albedrío y su inteligencia para hacer lo que quisieran.

Este mito es uno de los más queridos en la cultura griega y nos enseña lo grande que ha llegado a ser la humanidad.

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Pandora y la caja misteriosa

¿De qué trata?: Como parte de un castigo divino, Pandora llega a la tierra acompañada de una caja que los dioses le han prohibido abrir. Sin embargo su curiosidad es más grande y algo increíble sucede...

Personajes: Pandora, Epimeteo, Dioses del Olimpo

Cuentan que hace mucho tiempo, la humanidad no conocía de enfermedades, crímenes o pobreza, aunque tampoco sabía lo que eran los sentimientos sinceros. Las personas pues, llevaban una vida sencilla y sin sobresaltos.

Cuando el titán Prometeo osó robar el fuego para regalarlo a los hombres, Zeus montó en cólera y quiso en venganza, hacer una mujer capaz de manipular y enredar a cualquier hombre en sus redes de seducción.

Los dioses se dieron a la tarea de complacerlo. Hefesto, el señor de los fuegos, la moldeó con arcilla dándole una bella figura y un rostro muy atractivo. Atenea, diosa de las artes y la sabiduría, le concedió gracia y la vistió con las ropas más elegantes. Y Hermes, el ágil mensajero del Olimpo, le enseñó como engatusar y seducir, para que ningún ser humano pudiera negarse a sus requerimientos.

A últimas instancias le sopló Zeus en el rostro, insuflándole vida y ordénandole bajar para vivir entre los hombres. También le obsequió una misteriosa caja con una sola advertencia:

—Jamás has de abrirla bajo ninguna circunstancia, pues tu curiosidad podría ser tu perdición.

La llamaron Pandora y la llevaron a casa de Prometeo, donde vivía el titán acompañado por su hermano, Epimeteo, quien nada más ver a la joven se enamoró pérdidamente de ella. A pesar de que Prometeo le advirtió que aquello podía ser una trampa de Zeus, Epimeteo hizo caso omiso y tomó por esposa a la joven.

La caja de Pandora quedó olvidada por algún tiempo en una de las habitaciones de la casa, hasta que un buen día, la muchacha se acordó de ella y acudió a verla.

Se preguntó que sería lo que habría dentro, pero recordando las palabras de Zeus, se abstenía de dejarse vencer por su curiosidad.

Finalmente, las dudas la volvieron loca. Tenía que saber que era lo que se escondía en el interior. Solo será un vistazo, se dijo, tan solo la abriré un poquito para asomarme y mirar.

Pero apenas hubo Pandora desprendido la tapa unos milímetros, escaparon de ella sombras monstruosas, que sin darle tiempo a reaccionar, fueron y se desperdigaron por el mundo. Eran todos los males de la humanidad. La locura, los vicios, el hambre, la enfermedad, la envidia… todas estas plagas se asentaron entre los hombres trayéndoles grandes desdichas y haciéndoles morir por decenas.

Cuando Pandora vio lo que había hecho, se sintió muy afligida y quiso cerrar la caja pero era demasiado tarde. Estaba completamente vacía. O bueno, casi completamente. Pues la joven notó, en un rincón, a un pequeño y hermoso pájaro azul.

Era la esperanza, la única virtud que había sido encerrada al lado de todas aquellas desgracias.

Pandora la tomó en sus manos y corrió a decírselo al resto de las personas. Eran infelices a causa de tantos males, pero en medio de la miseria y la oscuridad, siempre podrían recurrir a la esperanza e imaginar un mundo mejor, ya que ahora la tenía a buen recaudo.

Y nunca la dejaría escapar.

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La bella durmiente

¿De qué trata?: Una historia basada en la magia de las hadas y en cómo un maleficio transforma la vida de una jóven princesa, pero que terminaría en conocer al gran amor de su vida.

Personajes: Rey, Reina, Hadas, Bella durmiente

En un tiempo muy antiguo, un rey y una reina vivían bajo el flamante reino, pero con un toque de infelicidad. Cada día ambos pensaban: “Si por lo menos tuviéramos un hijo, todo sería mucho mejor” intentaban todo y nada que el hijo se hacía presente.

Un día, una rana saltó del agua a la tierra y le dijo a su reina: Hoy tu deseo será realizado y antes que finalice el año tendrás una hija.

La rana le hizo realidad el sueño de los reyes y la niña fue motivo de gran dicha en el reino, por lo que se dio una gran fiesta de bienvenida. El rey invitó desde sus familiares hasta amigos y conocidos, incluso al grupo de hadas, de forma que fueran generosas con su pequeña.

Cuando la fiesta se terminó, las hadas iban obsequiando muchos regalos a la niña, una le dio virtud, la otra hada, mucha belleza, la próxima hada abundantes riquezas y así hasta que fue el turno de la hada décimo primera, la cual no había sido invitada y como venganza le gritó a la pequeña: “Hija del rey, apenas cumplas quince años, te pincharás con la punta de una aguja e inmediatamente morirá”, el hada salió del salón.

Todos, atónitos quisieron resolver el maleficio, pasó entonces el hada duodécima y frente a la niña le dijo: “Ella no morirá, pero si entrará en un estado de sueño profundo durante cien años y será despertada por un hermoso príncipe, el amor de su vida.

Todo se empezaba a deslindar como lo habían dicho las hadas, era bella con abundantes riquezas y muchos beneficios. No obstante, el día de sus quince años la bella doncella necesitaba arreglar una parte de su vestido, intentó abrir muchas puertas, pero todas estaban cerradas, hasta que por fin llegó a la última, una puerta entreabierta donde se encontraba una vieja hilando en su máquina.

Al llegar a ella, le dijo: Buen día señora, necesito saber cómo arreglar este vestido con esa máquina, al intentar abordarla tocó la punta de la aguja y el decreto de la maléfica hada se cumplió, cayó sobre su cama y entró en un sueño profundo.

Al saber, el rey y la reina en conjunto con sus caballos y los perros del césped quedaron inmediatamente dormidos al igual que su hija, el viento se detuvo y los árboles permanecían intactos.

Después de cumplirse los cien años, comenzaron a crecer árboles frondosos, el muro del reino ya se había hecho muy alto con el pasar de los años y habían estado cubierto de espinas para evitar que otros se apoderaran.

Ya en el nuevo tiempo, un nuevo príncipe se acercó al lugar y escuchó la historia de la princesa en la boca de un anciano, donde florecía el mito de los espinos y que detrás de ellos se encontraba una hermosa princesa que había sido encantada por una maléfica hada.

El príncipe se interesó demasiado y al lograr entrar al palacio, la vio acostada en esa misma cama brillante, apareciendo la belleza que tanto le sorprendía, fue entonces cuando se atrevió y le dio un beso que rosaba sus labios. Sus ojos se abrieron y despertó con una flagrante sonrisa, reconociendo que se trataba del amor de su vida.

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Simbad el Marino

¿De qué trata?: Trata de cómo se puede enseñar a un jóven a no tratar la vida por solo lo material, sino también a disfrutarla por su gente y por la calidez humana, sin guiarse plenamente por el dinero

Personajes: Simbad, anciano

En los tiempos de la antigüedad, en la ciudad de Guayaquil, vivía un joven muy pobre a quien llamaban Simbad, este joven se veía obligado a transportar fardos de mucho peso para poder ganar algo de dinero y llevar comida a su hogar, fue así como con el tiempo lo reconocieron como Simbad el cargador.

Simbad, en los patios llenos de flores seguía haciendo su trabajo, tan bien lo hacía que fue trasladado a una sala de mayor dimensión, donde veía viandas exóticas, con comidas especiales además de vinos excepcionales.

Alrededor de estas grandes mesas, Simbad vio mucha gente, especialmente un anciano que me llamó de la siguiente manera, dijo Simbad: “Simbad, el marino”.

No creas que mi vida solo ha sido jugar y divertirme, todo lo que tengo y lo que me gusta lo he obtenido con mucho trabajo. Te contaré lo siguiente, dijo el anciano…

Mi padre al morir dejo una gran fortuna, pero fue tanto lo que gasté de ella que quedé totalmente miserable y pobre. Fue entonces cuando decidí vender lo poco que me quedaba y me embarqué en unos cuantos mercaderes para poder resolverme la vida.

Después, navegue durante muchas semanas, pasó el tiempo hasta que llegamos a una isla. Al pisar tierra firme, el suelo tembló y todos salimos despedidos del lugar.

Esa tierra firme que habíamos llamado como tal, no era más que una gran ballena, después de no poder subir al barco me dejé llevar por las corrientes del mar con ayuda de una tabla de madera, logrando llegar hasta las orillas de una playa con muchas palmeras.

Después tomé uno de los barcos que allí llegaba y entonces… Simbad interrumpe al anciano con otro tema y el anciano le regaló 100 monedas de oro, rogándole que viniera al día siguiente.

Al otro día, Simbad volvió y el anciano continuó contándole todas sus aventuras, terminando el relato del día Simbad volvió a recibir 100 monedas de oro y también le pidió volver al día siguiente, necesitaba contarle cada una de sus aventuras vividas.

Al otro día, el anciano le seguía contando: Hubiera querido seguir en Bagdad con la fortuna de mi padre pero fuimos arrojados por el barco a una isla llena de enanos que nos tomaron como prisioneros, pues comían carne humana.

En una noche oscura, logramos escapar y volvimos a Bagdad donde me consegui con la hija del rey y me case, pero poco tiempo después ella murió.

Todos los días el anciano le contaba sus aventuras y anécdotas a Simbad y por cada día le daba 100 monedas de oro, de esta forma fue como Simbad aprendió no solo a valorar la atención hacia los demás, sino también a saber enriquecerse con buenas acciones tal y como lo había hecho el anciano a lo largo de sus años, con la diferencia de que este no supo utilizar la fortuna sino hasta el final, cuando se había dado por bancarrota, pero con todo y ello pudo enseñar al joven Simbad a poder hacerlo.

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