El pescador

¿De qué trata?: Un día mientras pasea por la playa, un rico empresario se encuentra con un pobre pescador y aprende la lección más importante.

Personajes: Empresario, Pescador

Moraleja/Conclusión: Vivir para acumular riqueza exclusivamente, no vale la pena si no puedes disfrutar de tus seres queridos y lo que realmente te hace feliz.

Un día, un rico empresario salió a disfrutar de un paseo por la playa. A simple vista, uno podía apreciar que se trataba de un hombre millonario, pues iba vestido con un traje de marca carísimo, llevaba un reloj de oro puro en una muñeca, gafas de sol exclusivas y hasta la goma que usaba en el pelo parecía brillar de lo costosa que era.

Este hombre caminó por unos minutos en la costa, hasta que se topó con un pescador que amarraba su pequeña barca en el muelle. Pudo adivinar que era una persona muy humilde por sus ropas baratas, su barcaza maltrecha y sus pies descalzos.

Aún así, al pescador se lo veía de muy buen humor.

—Disculpe, buen hombre —le dijo el empresario—, ¿no es un poco temprano para que vuelva de su faena?

—Al contrario —le respondió el pescador—, llevo desde las diez de la mañana en el mar, recogiendo todo este pescado. Pero ya cogí todo el que necesito y he terminado.

—¿Qué ya ha terminado, dice? ¿Cómo es posible? ¡Si apenas son las 2 de la tarde!

—Verá —dijo el pescador con una sonrisa serena—, yo cada día me despierto a las 9 de la mañana, me siento a desayunar con mi mujer y mis hijos, la acompaño para llevarlos a la escuela y cuando dan las diez, ya estoy en mi bote pescando cuanto puedo. Cuando son las dos de la tarde regreso a la playa y sé que durante esas cuatro horas que trabaje, pesqué todo lo necesito para la subsistencia de mi familia. Entonces regresó para recoger a mis niños de la escuela junto con mi esposa, comemos, tomo la siesta y después salimos todos juntos a pasear a la playa, donde conversamos y reímos. Cuando llega la noche, nos vamos a dormir contentos.

—Pues, si me permite, creo que está cometiendo una gran equivocación —dijo el empresario—, si ampliara su jornada laboral de ocho a diez horas, duplicaría sus ingresos con el pescado y entonces podría comprar un barco más grande, y hasta contratar a un empleado…

—¿Y para qué?

—¿Cómo que para qué? ¿No ve que con lo que gane con ese segundo barco, pronto podrá ahorrar para adquirir otros dos, cuadruplicando sus ingresos y obteniendo un margen de beneficio mayor por el pescado?

—¿Para qué? —repitió el pescador.

—¡Hombre! Pues de esa manera podría llegar a comprar su propia flota de barcos pesqueros, exportar su producto en grandes cantidades y volverse el pescador más rico de la región.

—Pero, ¿para qué?

—¡¿Cómo para qué?! Pues así tendría tiempo para levantarse a las nueve, desayunar con su familia, llevar a sus hijos a la escuela, comer con sus seres queridos, dormir cuando quiera y pasear con todos ellos. ¿No lo entiende?

El pescador sonrió ampliamente y le contestó:

—¿No estoy haciendo ya todo eso?

A veces, estamos tan enfrascados en trabajar para escalar, que nos olvidamos de evitar volvernos esclavos del trabajo y dejamos de lado las cosas más importantes, como estar con nuestros seres amados.

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La Vaca

¿De qué trata?: De viaje por un campo muy pobre, un discípulo y su maestro conocen a una humilde familia.

Personajes: Maestro, Discípulo, Padre, Madre, Hijos

Moraleja/Conclusión: Es en las situaciones más desesperadas donde tenemos la oportunidad de demostrar de lo que somos capaces, para avanzar y prosperar.

Un día, un joven discípulo salió a viajar por el mundo al lado de su maestro, un viejo muy sabio que había vivido un montón de experiencias y al cual había jurado obedecer. Por largos días caminaron, buscando posada en los lugares que se atravesaban por su camino.

Hasta que llegaron a un campo hermoso, en el que se divisaba una casa muy pobre. Allí, vivía un matrimonio humilde con dos hijos. Todos vestían con harapos y contaban con apenas lo indispensable para subsistir.

Al conocerlos, el joven se sorprendió mucho y no pudo evitar preguntarle al padre como hacían para sobrevivir en medio de tanta pobreza.

—Nosotros tenemos una vaca —contestó él—, es la única posesión valiosa con la que contamos. Todos los días da leche y parte de ella la vendemos en el mercado. La otra la bebemos o la intercambiamos por algunos alimentos, de ese modo vamos manteniéndonos.

Luego de conversar, el maestro y su alumno se retiraron, pues el viejo tenía que decirle algo importante. Con la mirada muy seria le dio una orden terrible.

—Saca a esa vaca del corral, llévala al precipicio más cercano y empújala.

El chico se sintió horrorizado al escuchar las palabras de su maestro y se negó.

—Señor, esa vaca es lo único que tienen esos desdichados para sobrevivir —le dijo con pena—, si muere, nunca más tendrán que comer.

Sin embargo, el hombre insistió en que le obedeciera sin mostrar piedad alguna y muy afligido, el muchacho tuvo que cumplir con la orden. Se robó a la vaca y la empujó por un barranco, viéndola morir al estrellarse contra el suelo.

La culpa no dejó de atormentarlo durante el resto del viaje y en los años siguientes. Cuando el joven se hizo mayor y hubo aprendido todo cuanto podía de su tutor, decidió seguir su camino solo y lo primero que hizo fue volver al campo aquel, con gran arrepentimiento.

Pensaba pedirle perdón a esa pobre familia y trabajar hasta ayudarles a comprar otra vaca.

Al llegar, se encontró con que la choza en la que vivían había aparecido y en su lugar se hallaba una casa grande y preciosa, con un gran jardín en el que jugaban algunos niños, un tractor y un coche reluciente en el pórtico.

Él se atormentó al creer que la familia habría tenido que vender sus tierras para subsistir, y se acercó a preguntar por ellos.

Cual fue su sorpresa al darse cuenta de que las personas que vivían allí, eran las mismas a las que había conocido años atrás. Pero habían prosperado milagrosamente. Al preguntarles como lo habían logrado, la respuesta lo asombró aún más.

—Cuando perdimos a nuestra vaca, no nos quedó más remedio que aprender cosas nuevas para trabajar y seguir adelante —le dijo el padre—. Así fue como desarrollamos habilidades que no sabíamos que poseíamos y el éxito tocó a nuestra puerta. Al final, la pérdida que sufrimos nos permitió esforzarnos de verdad para tener una vida mucho mejor.

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Calificación: 4.5 (6 Votos)

El papel arrugado

¿De qué trata?: En medio de un arrebato de ira, un estudiante aprende una valiosa lección de boca de su maestro.

Personajes: Luis, Profesor, Noé

Moraleja/Conclusión: Antes de actuar hay que pensar en las consecuencias que tendrán nuestras palabras y acciones. Una disculpa, por más sincera que sea, jamás podrá reparar completamente el daño que se ha hecho.

Era un día normal en la escuela cuando Luis, uno de los estudiantes más conflictivos del salón, golpeó a uno de sus compañeros después de discutir por una tontería. No contento con eso también insultó a Noé, el chico con quien había peleado por un comentario inofensivo.

En el fondo, Luis era una buena persona pero no sabía como controlar sus emociones. En casa sus padres no le prestaban la atención suficiente, por lo cual todo el tiempo estaba buscando la manera de hacerse notar.

Lamentablemente no era la primera vez que tenía un problema como aquel en el colegio. Todos conocían a la perfección los ataques de ira de Luis, por lo que constantemente era regañado por los profesores y enviado con reportes a casa.

Lo peor de todo era que siempre se arrepentía tras agredir a sus compañeros, y aunque les pedía disculpas, veía como poco a poco todos se alejaban de él.

Aquel día, uno de sus maestros lo observó y lo llevó a un salón aparte para hablar, luego de que intentara pedirle perdón a Noé por haberle pegado e insultado. El chico todavía respiraba de manera acelerada y tenía la cara roja de vergüenza.

—No ha estado nada bien lo que hiciste —le dijo el profesor seriamente.

—Yo sé que estuvo mal, pero ya le pedí perdón a Noé —dijo Luis ofuscado—, no sé porque todos se enojan tanto conmigo. A veces no puedo controlar lo que siento y estallo, pero a fin de cuentas sé pedir disculpas.

El maestro tomó entonces una hoja de papel, nueva y lisa, y se la entregó.

—Toma —le dijo—, arrúgala.

A pesar de no comprender porque le decía aquello, Luis hizo una bola con el papel como le indicaba, arrugándolo con sus manos.

—Ahora —le dijo su profesor—, déjala como estaba antes.

Luis volvió a extender la hoja e intentó volver a alisarla con sus manos. Pero por más que lo planchaba, el papel no volvió a verse igual. Ahora tenía arrugas por todas partes.

—El corazón de los demás es igual que ese papel —le explicó su maestro—, no importa cuantas veces les pidas perdón; aún si hacerlo es demostrar tu humildad para reconocer que te equivocaste. Puede que te disculpen, pero tus ofensas habrán dejado para siempre una arruga en sus corazones, como una huella imborrable.

Luis reflexionó en lo que le decía y se dio cuenta de que tenía razón.

—Es muy importante que antes de hacer o decir algo, debes pensar en las cosas que podría provocar y en si podrías lastimar a alguien. La próxima vez que te enojes con alguien, acuérdate de ese papel arrugado y tal vez puedas controlar mejor tus emociones.

Luis escuchó el consejo de su educador y de ahí en adelante, su conducta mejoró bastante. A veces seguía teniendo diferencias con sus compañeros, pero esta vez no reaccionaba agresivamente, sino que respiraba profundo y trataba de tranquilizarse antes de hacer una tontería.

Así fue como recuperó la confianza de sus maestros y amigos.

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Calificación: 4 (12 Votos)

El árbol triste

¿De qué trata?: Un árbol intenta imitar a los demás para descubrir quien es realmente, hasta que un ave sabia le da la respuesta más increíble de todas.

Personajes: Árbol, Búho, Manzano, Rosal

Moraleja/Conclusión: Tu única misión en este mundo es ser tú mismo. Nunca intentes ser como nadie más, pues lo más valioso es conocerte a ti para descubrir tu lugar en el universo.

Había una vez un bosque frondoso en el cual habitaban distintos tipos de árboles. Todos ellos convivían felices y en armonía, pero había uno en especial al que siempre se le veía cabizbajo y triste. Y es que él, a diferencia de los demás, no tenía la menor idea de quien era.

No daba frutos ni flores como sus compañeros, ni tenía un tronco que se pareciera al de ellos. Esto le hacía sentirse sumamente confundido.

—¿Qué se supone que haga en esta vida? Si nada surge de mis ramas, ni puedo hacer ninguna cosa en especial.

—Si tú te esforzaras un poco más, tal vez podrías tener manzanas como las mías —le dijo el manzano—, mira lo jugosas y frescas que son. No hay cosa mejor que ser un manzano.

Pero por más que lo intentaba, el árbol no podía hacer crecer manzanas de sí mismo.

—No escuches a ese —le dijo el rosal—, las manzanas no son gran cosa. En cambio, mira las rosas tan bellas que tengo, ¿no son lo más sublime que has visto? Trabaja duro y podrás ser un rosal tan majestuoso como yo.

Pero por más que trato, el árbol no consiguió hacer que ninguna flor brotara de entre sus ramas.

Lleno de tristeza, se dedicó a pasar sus días suspirando y lamentándose.

Un día, escuchó una voz que brotaba desde lo más profundo de su tronco y se sobresaltó.

—No hay cosa más lamentable que ver a un árbol tan triste.

—¿Quién ha dicho eso?

Desde un orificio, un búho asomó la cabeza. Esta, que era la más sabia de las aves, miró al árbol con serenidad.

—Hace días que llegué sin que te dieras cuenta y he escuchado que no sabes quien eres. Aunque no lo creas, tu problema no es tan grave como crees. Es más, muchas personas en la tierra lo tienen —dijo el búho—. Ahora voy a darte la respuesta que necesitas: deja de intentar ser como otros. La única manera en la que descubrirás quien eres realmente, es aceptándote y conociéndote a ti mismo.

—¿Conocerme a mi mismo? ¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? —preguntó el árbol.

Pero el búho no volvió a hablar con él.

A partir de ese día, el árbol decidió que no seguiría tratando de imitar a sus compañeros. Cerró sus ojos, se concentró con mucha paciencia y por fin, luego de dejar atrás todas sus inseguridad, escuchó una voz en su interior que le revelaba su verdadera identidad:

—Tú eres un roble, fuerte y poderoso. No das flores ni frutos, pues tu trabajo es cobijar a las aves, brindar sombra a los viajeros y crecer tanto como puedas para embellecer el paisaje.

Cuando el roble aceptó esta verdad, su potencial se disparó como nunca antes y creció tan hermoso y seguro de sí mismo, que todas las criaturas en el bosque se quedaron admiradas.

Al igual que él, es el trabajo de todos conocernos a nosotros mismos, pues solo así descubriremos quienes somos para ser felices.

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Calificación: 3.3 (22 Votos)

El saco de plumas

¿De qué trata?: Tras difamar de manera terrible a uno de sus mejores amigos, un hombre acude con el sabio del pueblo para que le ayude a enmendar su equivocación.

Personajes: Hombre, Amigo, Sabio

Moraleja/Conclusión: Todos cometemos errores y a veces, aunque tratemos, no es posible repararnos. Pero siempre podemos pedir perdón con humildad.

En un pueblo vivía un hombre que apreciaba mucho a su mejor amigo, pues desde niños se habían criado juntos. Habían crecido, estado el uno con el otro en las buenas y en las malas, y se habían ayudado en los tiempos de necesidad. Parecía que nada en el mundo podría quebrantar esa gran amistad que los unía.

Sin embargo, un día, este hombre comenzó a sentirse celoso del éxito que el otro estaba teniendo en sus negocios, pensando que él merecía más todo aquel dinero y reconocimiento.

A causa de sus celos, se le ocurrió que podía arruinar su reputación y comenzó a esparcir rumores maliciosos sobre él por todo el pueblo, difamándolo y ocasionando que el resto de la gente dejara de confiar en él y de comprarle.

Cuando su amigo se enteró de lo que había hecho, fue a casa a confrontarlo y le dejó en claro que su relación de amistad se había terminado.

Entonces, un gran remordimiento se apoderó de este hombre, quien arrepentido acudió a ver al anciano más sabio del poblado, para que le aconsejara que hacer al respecto.

—Me siento muy mal por lo que he hecho y quiero reparar mi error —le confesó—, ¿usted sabe cómo podría arreglar las cosas?

—Lo primero que debes hacer, es conseguir un saco repleto de plumas. Las más pequeñas y suaves que encuentres —le dijo el sabio—, llévala contigo y a todos los lugares por los que pases, suelta una y deja que se vaya.

Muy extrañado por esta indicación pero confiando en él, el hombre hizo lo que le pedía y consiguió un saco de plumas de considerable tamaño. Así, las fue repartiendo por todos los sitios a los que iba, dejando que se las llevara el viento. Cuando terminó, fue con el sabio sintiéndose satisfecho.

—He hecho lo que me dijiste, solté todas las plumas.

—Esa fue la parte más sencilla —le dijo el sabio—, ahora tienes que salir y recuperarlas todas.

—¡Pero eso es imposible! —dijo el hombre angustiado— Son tan ligeras y pequeñas, que el viento las debe haber arrastrado muy lejos.

Como el sabio insistiera, él salió y trató de reunir todas las plumas, fallando en el intento. No consiguió volver más que con unas pocas. Y cuando el viejo vio esto le dio una gran lección.

—Así como no pudiste encontrar todas esas plumas que se dispersaron con el viento, es imposible que puedas remediar el mal que tú mismo esparciste y que se ha difundido de boca en boca por todo el pueblo. El daño ya está hecho. Ahora, lo único que te queda por hacer es buscar a tu amigo y pedirle perdón.

Desolado, el hombre hizo lo que le aconsejaba y aunque su amigo aceptó las disculpas, estaba claro que nunca más volvería a confiar en él, ni su relación podría ser como antes.

Por el resto de su vida, aquel sujeto debió aprender a vivir con las consecuencias de sus malas acciones, a pesar de su arrepentimiento.

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Calificación: 3.3 (8 Votos)

El bambú japonés

¿De qué trata?: Un agricultor y su hijo siembran unas semillas de bambú pero al ver que estas no crecen, el joven se desespera. Su padre le enseñará entonces una gran lección.

Personajes: Agricultor, Hijo

Moraleja/Conclusión: El éxito se consigue a base de esfuerzo y paciencia, pues no hay logros instantáneos. Si quieres tener buenos resultados, persevera y confía en el futuro.

En medio de las montañas vivía un humilde pero sabio agricultor, que se dedicaba a plantar semillas para embellecer la naturaleza. Su padre y su abuelo habían hecho el mismo trabajo, y ahora él le estaba enseñando a su hijo a hacer lo mismo, no sin algo de esfuerzo, pues este era un joven impaciente y que se dejaba llevar por sus impulsos.

—Acompáñame a colocar unas semillas —le dijo un día, después de que ambos se despertaran temprano—, he preparado la tierra para plantar.

Y así salieron los dos de casa y se ocuparon en colocar unas cuantas semillas de bambú.

—A partir de ahora tendrás que venir a regarlas frecuentemente — dijo el agricultor al chico—, con el agua y el sol que reciben, estoy seguro de que se convertirán en unos bambús hermosísimos.

Y como le dijera su padre, el chico acudió a regar las semillas constantemente, viendo con frustración que después de varias semanas, no había salido de la tierra el más mínimo brote. Al darse cuenta de esto, el muchacho montaba en cólera y pisoteaba la tierra dando alaridos.

—¡Crezcan, maldita sea! ¡No estoy trabajando para nada! —exclamaba— ¿Por qué no crecen?

Esto hacía que volviera a casa muy enojado. Un día, el padre le preguntó porque se encontraba de tan mal humor y el muchacho no pudo más.

—Padre, siento que nos hemos esforzado en vano —le dijo—, hace semanas que voy a regar las semillas de bambú y para nada que germinan. Yo creo que nada va a crecer en ese suelo y deberíamos dejar de preocuparnos por ellas. Hagamos otra cosa en lugar de sembrar.

El agricultor sin inmutarse, le ofreció una sonrisa tranquila.

—Esos bambús crecerán, lo creas o no. Pero habrán de pasar varios meses hasta que veas los frutos de todo ese esfuerzo, pues los bambús no son aptos para los impacientes. Durante los primeros siete años, nada sucede con él, de manera que puede uno pensar que pasa algo malo con el suelo o que las semillas que compró son infértiles.

El muchacho suspiró, decepcionado.

—Pero durante el séptimo año, bastan tan solo seis semanas para que los tallos crezcan más de 30 metros y es entonces cuando todo el trabajo duro tiene su recompensa —le explicó su padre—. El éxito hijo mío, es igual en todos los campos, pues nada que valga la pena se consigue tan fácilmente. Hay esforzarse y perseverar para cumplir nuestros sueños, pero sobre todo, tener fe en ellos y saber que aunque no veamos resultados de inmediato, algo bueno se está forjando para el futuro.

Después de esto, el agricultor obligó a su hijo a seguir yendo a regar sus semillas, por más que esto le pareciera inútil.

Pero pasó el tiempo y siete años después, algo maravilloso sucedió. Los bambús empezaron a brotar de la tierra, y crecieron hasta convertirse en tallos fuertes y majestuosos.

Y el muchacho, que para entonces era un hombre, aprendió por fin que la perseverancia era un gran tesoro.

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Calificación: 2.7 (7 Votos)

El paquete de galletas

¿De qué trata?: Una mujer compra unas galletas para soportar la espera de su tren. De pronto, un joven se sienta junto a ella y ocurre lo impensable...

Personajes: Señora, Joven

Moraleja/Conclusión: No hay que dejarnos llevar por nuestros prejuicios, ni pensar mal de quien ningún daño nos ha hecho. Antes que nada, conviene analizarnos nosotros mismos y reconocer nuestros propios errores.

Era bastante temprano cuando la protagonista de nuestro cuento corto, una señora de edad media, llego al andén de la estación de trenes para coger su transporte. Había comprado su boleto con anticipación, pero aquel día, tuvo la mala suerte de enterarse de que el ferrocarril había sufrido una avería, por lo cual llegaría más tarde de lo esperado.

Molesta, ella decidió comprarse una botella de jugo y un paquete de galletas para almorzar mientras esperaba. Se sentó en una de las bancas y se puso a hojear una revista.

Un par de minutos después, llegaba a sentarse a su lado un joven vestido con jeans y el cabello largo, amarrado en una coleta. La señora lo vio de reojo con desdén, preguntándose como podía llevar semejantes pintas. Y su indignación aumentó cuando vio como el chico, sin decir una palabra, cogía el paquete de galletas y lo abría para empezar a comer como si nada.

“¡Qué sinvergüenza!”, pensó ella con furia.

Pero como no quería hacer un escándalo, simplemente fulminó al chico con la mirada, extendió una mano hacia el paquete y tomó una galleta que se metió a la boca, masticándola lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos.

Para su sorpresa, el muchacho simplemente le sonrío y tomó otra galleta. Después, ella tomó una más.

Y así cada uno de los dos agarraba una galleta a la vez y comían en silencio. La mujer le reprochaba con sus ojos su osadía mientras él simplemente continuaba sonriendo.

Tras comerse casi todo el contenido de la bolsa, el joven se dio cuenta de que únicamente quedaba una galleta.

“¡Solo eso faltaba! Que después de quitarme mis galletas, quiera la última para él”, pensó la mujer enojadísima. No obstante, el chico tomó el confite y partiéndolo en dos, le ofreció la mitad.

La señora se la arrebató y se la comió en un instante, viendo que su tren estaba llegando al andén.

Tomó sus maletas y se dirigió muy airada al ferrocarril, mientras el joven le deseaba buenos días. “¡Si es que hay gente que no tiene la más mínima vergüenza!”, pensó ella al tiempo que le entregaba su boleto al encargado del tren. “Con esa facha, menos podía esperarse, estos jóvenes de hoy solo piensan en malvivir”.

Ocupó su asiento dentro del tren y abrió su bolso para sacar la botella de jugo. ¡Cuál fue su sorpresa al encontrar que adentro estaba también su paquete de galletas intacto!

Estupefacta, la mujer lo observó y luego sintió que un rubor furioso inundaba su rostro.

Resultaba que en todo ese tiempo, había sido ella la ladrona aprovechada que había estado tomando las galletas de aquel joven sin su permiso, ¡y él no le recriminó nada, sino que incluso había aceptado compartirlas con una sonrisa en la cara!

La señora sentía que se moría de la vergüenza. Cuando el tren partió, solo podía pensar en lo equivocada que estaba y en que nunca más se apresuraría a juzgar a nadie por su aspecto.

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Calificación: 3.8 (10 Votos)

El camino enlodado

¿De qué trata?: Dos monjes andan por el mismo sendero y se topan con una hermosa mujer que pronto, les hará entrar en conflicto.

Personajes: Tanzan, Ekido, Joven

Moraleja/Conclusión: A veces, los problemas únicamente se encuentran en nuestra mente. Es necesario dejarlos en el pasado para apreciar lo que tenemos por delante.

Tanzan y Ekido eran dos monjes que siendo jóvenes, habían hecho un voto de castidad. Por eso vivían en un monasterio donde no había mujeres y se dedicaban exclusivamente a la meditación. Llevaban pues, una vida tranquila y lejos de los placeres mundanos. Pero un día tuvieron que hacer un viaje y marcharon a pie por la montaña.

En el camino empezó a llover fuertemente y el agua inundó completamente el sendero. Más adelante, corría un arroyo lleno de lodo por el que debían cruzar sin importar que se ensuciaran las sandalias.

Y ante él, se encontraba una hermosa joven vestida con un largo kimono de seda, indecisa.

Ella también debía atravesar, pero temía ensuciar aquellas ropas tan finas que se había puesto para una ceremonia en las cercanías. Era muy bella, tenía la piel blanca como la leche y un cabello largo, tan oscuro como la noche.

Al verla, Ekido se sintió turbado por su belleza pero Tanzan, con una sonrisa suave, la tomó en brazos y cruzó con ella por al arroyo, manteniéndola limpia. La muchacha le agradeció con mucha dulzura y prosiguió su camino.

Durante el resto del viaje, Ekido no pronunció una sola palabra.

Esa misma noche llegaron a un monasterio vecino, completamente empapados y con los pies muy sucios. Los otros monjes les dieron la bienvenida, les prepararon un baño caliente para que se limpiaran y les sirvieron la cena.

Tanzan estaba muy intrigado por el silencio de Ekido, pero no quería presionarlo. Cuando ambos se retiraron a dormir a su habitación, Ekido por fin quiso hablar con él.

—Tú sabes —le dijo—, que hicimos un voto para mantenernos castos. No podemos acercarnos a las mujeres. En especial a las que son jóvenes y hermosas, esas pueden ser las más peligrosas.

—Te escucho —le dijo Tanzan.

—Quiero saber porque cargaste entonces a esa chica —Ekido parecía muy consternado—, tan lozana, tan bonita… ¿sabes lo arriesgado que fue llevarla en tus brazos? ¿Por qué lo hiciste?

Tanzan, sin sentirse ofendido por las preguntas de su compañero, volvió a sonreír con la serenidad que lo caracterizaba.

—Pero querido amigo, tú eres quien sigue cargando con ella, cuando yo la deje atrás en el mismo instante en que atravesamos el río —dijo él—, ¿es eso lo que te ha estado preocupando todo este tiempo?

Ekido se sintió muy avergonzado al darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—Es verdad que hice un voto al igual que tú, pero no dejes que eso te impida moverte por el mundo con la conciencia tranquila. En ocasiones, lo que parece un problema ante los ojos de uno, no lo es en absoluto para los demás. La mayoría de los problemas solo existen en nuestra cabeza. Si conservamos la inocencia y las buenas intenciones, verás que nada es tan malo como parece.

Ekido le pidió disculpas a su querido amigo por haberse dejado llevar por sus prejuicios. La lección tan importante que aprendió aquel día, no se le iba a olvidar jamás.

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Calificación: 4.5 (8 Votos)

La furia y la tristeza

¿De qué trata?: Dos mujeres muy distintas llegan a bañarse a un estanque cristalino, en el que ocurrirá algo inevitable.

Personajes: Furia, Tristeza

Moraleja/Conclusión: Las emociones negativas no son lo que parecen, todos ocultamos razones profundas para sentir rabia o tristeza.

Esta historia corta comienza hace mucho tiempo, en un lugar del que nadie se acuerda, en donde había un estanque de aguas cristalinas y puras. El líquido estaba tan limpio, que a través de él podían verse con claridad los cientos de peces de colores que nadaban bajo la luz del sol y las hierbas que crecían junto a ellos.

Nadie sabía de esta laguna preciosa, que habitualmente se encontraba muy sola. Pero un día, dicen que dos mujeres llegaron hasta ella para bañarse, venidas de otro sitio desconocido.

Eran la furia y la tristeza.

Cualquiera habría pensado que eran compañeras de viaje al verlas tan juntas, pero lo cierto es que la mayoría del tiempo se ignoraban. Estaban tan ensimismadas en sus propios sentimientos.

La primera caminaba muy apresurada, tenía el ceño fruncido y maldecía en voz alta a todo lo que se le cruzaba enfrente. Se desvistió con movimientos rápidos y entró en el agua con un violento chapuzón, bañándose en un santiamén.

Sus manos se movían veloces por todo su cuerpo, sin tomarse nunca el tiempo para hacer aquella tarea con la calma que era debida. Así era ella, siempre actuaba sin pensar.

Detrás de ella venía la tristeza, cabizbaja y arrastrando los pies. Suspirando, entró al lago con extrema lentitud, luego de haberse quitado la ropa sin ganas. Muy despacio empezó a lavarse, todos sus movimientos eran débiles, daba la impresión de que ni siquiera quería estar ahí.

Una vez que hubo terminado con su baño, la furia salió de las aguas y agarró el primer vestido que encontró para marcharse.

No se dio cuenta de que aquellas ropas no eran suyas, sino de la tristeza.

Cuando esta terminó de bañarse, mucho tiempo después, nadó hasta la orilla sollozando y se asustó al no encontrar su ropa. Más triste aun, tuvo que conformarse con tomar los vestidos de la furia, pues no se atrevía a andar desnuda por allí.

Así, cada una se fue a vagar por el mundo con el vestido equivocado, contagiando a las personas que se dejaban con sus emociones.

Se dice desde entonces que, si observas con atención a alguien se siente furioso con el mundo, te darás cuenta de que en el fondo no es más que alguien triste, que busca defenderse de las duras experiencias por las que ha pasado a través de una fachada dura y cruel.

De igual manera ocurre cuando analizas detenidamente a una persona deprimida. Muchas veces podemos confundir la tristeza con un capricho, cuando es una reacción natural en alguien que ha tenido muchos disgustos en la vida y cansado de luchar, no le queda más que rendirse y dejar que las lágrimas reemplacen al enojo.

Existe solo una manera de vencerlas a ambas, y es sonreír y agradecer por las cosas buenas que tenemos a nuestro alrededor.

Porque a pesar de los malos momentos, de los tristes y los aburridos, siempre encontraremos que hay más motivos para ser felices que los que tenemos para estar mal.

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Calificación: 4.2 (11 Votos)

Rapunzel

¿De qué trata?: Una joven vive en una torre en medio del bosque, sin conocer a nadie más que a su tía, pero esto cambia cuando conoce al que se convertiría en el amor de su vida.

Personajes: Los aldeanos, la bruja, verdezuela, el príncipe.

Moraleja/Conclusión: A pesar de la adversidad siempre mantener la fe y creer en nuestros seres amados que siempre estarán ahí para nosotros.

Había una vez una pareja de aldeanos que habían pasado todo su matrimonio añorando tener un hijo, tras una larga espera la mujer queda embarazada dándole la mayor alegría a ambos, pero con su embarazo aparecieron los antojos.

Al fondo de su casa se encontraba un gran muro que resguardaba un hermoso jardín, se decía que pertenecía a una malvada bruja, en este había un huerto de verdezuelas, las cuales se le antojaron a la mujer fuertemente.

Pasaba día y noche pensando en ellas, al punto de enfermar, su piel había palidecido de manera súbita y sus energías habían menguado.

– ¿Por qué te ves así amor mío, que te sucede? – Pregunto el marido

– Son esas verdezuelas, necesito comerlas o si no moriré – Dijo la mujer decaída.

Tan pronto como escucho esto el hombre se dispuso en la noche a saltar el gran muro en búsqueda de las verdezuelas para su esposa, trayendo un gran número de ellas, su mujer las preparo de muchas formas pero su apetito había triplicado, quería más verdezuelas y su esposo tendría que ir a buscarlas.

El hombre tuvo que ir nuevamente al jardín a buscar más verdezuelas pero cuando se disponía a irse algo lo sorprendió.

– ¡Ladrón! – Grito la vieja bruja – Te estas robando mis verdezuelas, lo pagaras muy caro.

– ¡Lo lamento mucho mi señora! – Se disculpó el hombre haciéndole una reverencia – Es mi esposa que se encuentra embarazada, le ha entrado antojo de sus deliciosas verdezuelas tanto que ha enfermado por no poder comerlas.

– Si es así te dejare tomar todas las que quieras, pero con una condición, cuando nazca tu bebé me lo darán para criarlo como si fuera mi propio hijo.

El hombre no presto atención a la última parte, solo le interesaba llevarles las verdezuelas a su mujer para saiar sus antojos, cuando el bebé nació resultó ser una niña, la bruja se la llevo para criarla como su hija.

Verdezuela fue el nombre que la malvada bruja le puso, la chica creció para convertirse en una joven hermosa, al cumplir los doce años la bruja la traslado al centro del bosque para vivir en un torre la cual no tenía puerta ni escaleras, solo una pequeña ventanilla por donde la bruja pasaba cuando le pedía a verdezuela que dejara caer su larga cabellera del color del oro.

Una tarde el hijo del rey se encontraba paseando por el bosque cuando escucho una hermosa melodía, durante un buen rato estuvo buscando la fuente de esa hermosa voz hasta que encontró la torre, algo sorprendido decidió buscar una entrada para poder conocer a la portadora de tan melodiosa voz.

No logro encontrar nada en absoluto, pero vio a la bruja llegar, rápidamente se ocultó en los arbustos.

– ¡Verdezuela, Verdezuela!, ¡Deja car tu cabellera! –

La chica soltó su larga cabellera y la bruja pudo entrar a la torre.

El príncipe intrigado decidió subir por todos los medios así que se retiró para regresar al día siguiente al caer la tarde esta vez caminando y muy atento de no encontrarse a la vieja bruja.

– ¡Verdezuela, Verdezuela! ¡Deja caer tu cabellera! –

La chica dejo caer su larga cabellera y el príncipe subió, sorprendiendo a la joven doncella, que se asustó mucho al ver al joven, a decir verdad era la primera vez que veía a un hombre.

– ¡No temas! – Dijo el príncipe antes de entrar por completo a la torre – He escuchado tu melodiosa vos que me ha cautivado desde el primer momento que la oí, ahora al verte me he enamorado de tu belleza, ¿dime querida mía no te gustaría ser mi esposa?

Verdezuela se ruborizo, el apuesto príncipe había cautivado su corazón, pensó que la querría más que su tía así que acepto su oferta.

– Venid conmigo a mi castillo – Le invito el príncipe.

– No hay manera en la que pueda salir, desconozco una forma pero tengo una idea, cuando vengas a mi trae madejas de seda para yo ir haciendo una escalera, cuando la termine, poder bajar e irnos juntos al castillo – Sugirió la doncella.

Durante mucho tiempo el príncipe visitaba a su amada en la torre en el bosque, llevándoles las madejas para que esta fuera fabricando la escalera para bajar e irse de una vez por todas a su castillo, siempre la visitaba en las noches ya que en el día la bruja la visitaba.

Pero esto cambio cuando la joven verdezuela se le escapo mencionar al príncipe cuando hablaba con su tía.

– ¿Tía Gothel, siempre me he preguntado, porque cada vez que subo al príncipe lo hago enseguida pero cuando te subo a ti tardo mucho? – Le comento muy inocentemente Verdezuela.

– ¡Bandida! – Dijo la bruja muy furiosa – Te has estado viendo con un hombre a escondidas, aquí estando aislada de todo, ahora veraz – Inquirió la bruja antes de tomar las tijeras y cortas la cabellera de la joven.

La malvada bruja tomo a la chica y la abandono en un desierto dejándola sola y desdichada.

Esa noche el príncipe audio como de costumbre al ver a sui amada, tras subir la torre con la larga cabellera de Verdezuela se sorprendió al ver a la horrorosa bruja.

– ¡Así que tú eres el rufián que se quiere llevar a la niña! – Le apunto con su dedo – Pues nunca la volverás a ver porque yo misma me he encargado de darle fin a su vida, ese pajarito no volver a cantar más.

El príncipe en medio de su dolor salto de la torre, no murió pero quedo ciego al caer sobre los espinos, durante años estuvo vagando por el bosque alimentándose de frutas para sobrevivir, llorando la pérdida de su amada.

Mientras vagaba por el bosque pudo llegar al desierto donde se encontraba verdezuela, una melodiosa voz despertó en el sentimientos que creía haber olvidado, su amada estaba viva, verdezuela se lanzó a sus brazos y lo beso, las lágrimas de la chica cayeron en sus ojos devolviéndole la vista.

El príncipe pudo ver a su verdadero amor y a los frutos de la consumación de aquel amor en la torre, dos gemelos, una niña y un niño hijos de ambos, el príncipe los llevo a todos al castillo donde vivieron felices para siempre.

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