Todos tenemos grietas

¿De qué trata?: Un aguador acude todos los días al río para cargar agua, pero una de sus vasijas se encuentra agrietada. Eso sin embargo, le servirá para aprender una gran lección.

Personajes: Aguador, Vasija rota, Vasija perfecta

Moraleja/Conclusión: A pesar de nuestras imperfecciones, todos podemos sacar algo positivo de nuestro interior si sabemos mirar el lado positivo de las cosas. No te acomplejes por tus defectos, enfócate en tus cosas buenas.

En un pueblo muy lejano de la India, había un aguador que todos los días se levantaba muy temprano para acudir al río por agua. Siempre llevaba con él dos vasijas de barro del mismo tamaño para transportar el líquido, unidas entre sí por un palo que cargaba sobre sus hombros.

Una de las vasijas era perfecta, no había una rotura en su superficie y era tan resistente, que siempre había podido transportar varios litros de agua sin romperse.

La otra en cambio, ya estaba deteriorada, tenía varias grietas y por lo tanto, siempre andaba regando la mitad del agua por el camino, llegando medio vacía a su destino. Esto la hacía sentirse muy avergonzada, en especial al mirar a su compañera, que no parecía cometer errores.

—Qué inútil soy —solía decir—, ya no valgo para nada. Más valdría que me rompiera de una vez por todas, a seguir soportando tanta vergüenza.

Así pues, pasaron dos largos años y la pobre vasija se sentía cada vez más miserable, por no poder hacer por completo el trabajo que le correspondía. Lo más extraño era que el aguador, un hombre muy paciente y sereno, jamás se mostraba disgustado por esto. Era como si no se diera cuenta de lo que sucedía.

Un día, cansada de su situación, la vasija le habló para pedirle disculpas.

—Debo pedirte perdón por todo este tiempo —le dijo, muy apenada.

—¿Por qué lo dices? —le preguntó el aguador.

—Estoy muy vieja y muy rota, siempre termino derramando toda el agua que tanto trabajo te cuesta recoger, no sé como no me has quebrado —le dijo ella—, yo lo haría si estuviera en tu lugar. Para colmo, por mi culpa siempre obtienes solo la mitad de dinero que deberías, pues sé que este es tu único trabajo. Lo siento mucho.

El aguador sonrió para su sorpresa.

—Cuando vayamos de regreso a casa, quiero que hagas algo: fíjate en todas las flores tan bonitas que hay en el camino.

Muy confundida, la vasija le hizo caso y mientras iban de vuelta a casa, se dio cuenta de que había varias flores coloridas en el sendero. Nunca antes las había notado con tanta atención. Y las estaba salpicando con el agua que escapaba de sus grietas, ¡que vergüenza!

—¿Te fijaste en las flores? —le preguntó el aguador al llegar.

—Sí, son muy lindas.

—¿Y ya te diste cuenta de que solo crecían en tu lado del camino?

—No… ahora que lo dices, tienes razón.

—Yo siempre he sabido de tus grietas —le confesó el aguador—, la razón de que no te rompiera y te cambiara, fue porque decidí mirar el lado bueno de tu imperfección. Yo mismo sembré semillas en esa parte del sendero y tú, con tus aberturas, te encargaste de regarlas por mí. Gracias a ti he podido recoger las más hermosas flores y darle belleza a un lugar que antes era estéril. Si no fueras como eres, esto sería imposible. Todos tenemos grietas, pero también la posibilidad de sacar algo bueno de ellas.

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El pescador y su mujer.

¿De qué trata?: Un pescador encuentra a un barbo que puede hablar, según este es un príncipe y suplica al hombre dejarlo en libertad, cosa que hace es pescador, pero su mujer quiere algo a cambio y ordena a su marido ir en busca del barbo.

Personajes: El pescador, la esposa, el barbo.

Moraleja/Conclusión: Nos enseña a ser humildes y valorar lo que se tiene.

Había una vez un pescador que vivía con su exigente mujer, quien se quejaba por vivir en una choza y de su mala suerte, el hombre salía todos los días a pescar, llevaba su caña y la arrojaba al mar.

Ese día algo pico, era muy grande, el pescador tuvo que usar todas sus fuerzas, cuando recupero su caña se llevó la sorpresa de haber pescado a un gran barbo.

– ¡Por favor! No me matéis, soy un príncipe que fue convertido en pez, de nada te servirá comerme, por favor piedad – Imploro el Barbo.

– No habría razón para comer a un pez que habla, no tiene que suplicar más – EL pescador libero al pez quien se fue dejando un hilo de sangre en el agua.

Al llegar a su choza su mujer lo abordo, ansiosa de ver que traía su marido.

– ¿Qué has pescado hoy? – Pregunto con mucho afán.

– Nada, hoy me topé con un barbo que decía ser un príncipe, así que lo libere – Comento el pescador.

– ¿No has pedido nada a cambio? – Pregunto su mujer.

– ¿Qué podría pedirle, no creo que tenga nada para darnos? – Respondió el pescador algo cansado.

– Debes regresar y decirle que necesitamos una casa mejor que una choza, una casa de madera para poder vivir cómodos –

El pescador siguiendo las órdenes de su esposa se dirigió hasta donde había pescado al barbo. Se acercó al agua y la pudo ver amarilla y verde, comenzó a cantar.

“Tararira ondino, tararira ondino,

Hermoso pescado, pequeño vecino,

Mi pobre Isabel grita y se enfurece,

Es preciso darle lo que merece.”

 

El barbo había emergido a la superficie.

 

– ¿En qué te puedo ayudar? – Pregunto el gran Barbo.

 

– Hace poco te salve la vida y mi mujer dice que debería pedirte algo –

 

– ¿Y qué quiere tu esposa? – Respondió el Barbo.

– Cansada de vivir en una choza, ella quiere ahora vivir en una casa de madera más cómoda y amplia que nuestro actual hogar – Agrego el pescador.

– Regresa que ya encontraras tu nuevo hogar –

El pescador regreso y sus ojos no creyeron lo que había visto, antes donde estaba su choza ahora esta una hermosa casa de madera, con un patio amplio con patos y gallinas, varios huertos y mucha comida en la cocina.

Esa durmieron plácidamente, al transcurrir 15 días el semblante del mujer había cambiado, no está satisfecha.

– Debes regresar con el barbo y pedirle una casa más grande, de hecho un palacio de piedra, esta casa es muy estrecha, el barbo te puede dar un enorme palacio de piedra  – Dijo la mujer molesta.

El hombre se dirigió nuevamente a ver al gran pez, al acercarse al agua pudo notar que era de color azul y violeta.

“Tararira ondino, tararira ondino,

Hermoso pescado, pequeño vecino,

Mi pobre Isabel grita y se enfurece,

Es preciso darle lo que merece.”

 

Llamo al barbo y este apareció.

 

– ¿Qué quiere tu mujer? – Inquirió el barbo.

 

– Ella, ella hora quiere un palacio de piedra – Dijo muy nervioso ante la posible negativa del barbo.

 

– Regresa a tu palacio donde encontraras a tu mujer – Le dijo el barbo antes de desaparecer en el agua.

 

El pescador regreso con su mujer quien le mostro su nuevo palacio de piedra, le mostro a sus nuevos criados, las alacenas se encontraban llenas por montañas de comida, en el patio trasero había un parque lleno de conejos, ciervos, gamas,  y varios animales de corral.

 

El pescador se fue a dormir junto con su mujer, este pensó que ahora ella sería feliz y no desearía más.

 

La mujer vio desde su ventana una hermosa campiña a lo lejos, se le vino una idea a su mente y despertó a su marido.

 

– ¡Despierta! Debes ir a ver al Barbo – Dijo la esposa.

 

– ¿Por qué? Ya no tienes todo lo que deseas amor mío – Sugirió el pescador.

 

– ¿No te gustaría que fuéramos reyes? – Pregunto la mujer.

 

– Yo no quiero ser rey, además el barbo no podrá cumplirnos eso – Asumió el pescador.

 

– ¡Yo si quiero ser Reina! – Dijo la mujer muy molesta, el pescador otra vez cayó ante sus peticiones y fue a ver con mucha vergüenza al barbo.

Volvió al agua que estaba de un color gris, el agua subía a borbotones desde el fondo del mar y un olor fétido inundaba el lugar. Comenzó a cantarle nuevamente y el Barbo se asomó.

 

– ¿Qué quiere tu mujer ahora? – Pregunto el barbo secamente.

 

– ¡Ah! Quiere ser reina –

 

– Regresa que ya lo es – Dijo el barbo antes de irse.

 

Al regresar se encontró con que los lujos del palacio habían aumentado, en un trono se encontraba su esposa portando una hermosa corona de oro y diamantes.

 

– Mi esposa, que bueno, ya eres reina, ya no desearas más nada cierto – Dijo su esposa esperando sentirse aliviado.

 

– Nada de eso, ya he sido reina por mucho tiempo, cuando podría ser la emperatriz, regresa con el barbo y dile que quiero tener un imperio a mi poder, quiero ser la emperatriz –

 

El pescador regreso con el barbo, el agua se encontraba negra y hervía a borbotones, la espuma inundaba la superficie y el viento soplaba muy fuerte.

 

– ¿Y qué quiere? – Dijo el barbo sabiendo de quien se trataba.

 

– Quiere ser emperatriz –

 

– Regresa que ya lo es – Dijo el barbo antes de irse a la mar.

 

El palacio era ahora mucho más grande, muchos sirvientes, caballos, y grandes ejércitos tocaban trompetas, en el interior había príncipes, duques y de más miembros de la nobleza, en el centro se encontraba la esposa del pescador, la emperatriz.

 

Esa noche se fueron a dormir, el pescador durmió plácidamente mientras que su esposa no pego un ojo en toda la noche.

 

– Esposo mío quiero que vayas a ver al barbo y le pidas que me haga similar a Dios, no puedo conciliar el sueño si no puedo mandar al sol y a la luna salir cuando yo quiera –

 

– ¡Por favor, te lo pido, no más, ¿no estas contenta por ser emperatriz? – Se arrojó al suelo y suplico a su mujer.

 

Esta le dio un puntapié y comenzó a llorar, rompió todo a su alcance y ordeno a su esposo que cumpliera su mandato, ella no se conformaría con solo esto.

 

El pescador fue a ver al barbo, una tempestad se había desatado, fuertes vientos arrastraban arboles movían casas, el cielo era negro y tronaba fuertemente, las olas eran inmensas como montañas de un color negro, cada una con na corona de espuma, el pescador tuvo que comenzar a gritar porque no podía escucharse a sí mismo.

 

– ¿Qué quieres amigo?  – Pregunto el barbo.

– Ella quiere ser semejante a Dios – Dijo el pescador nervioso.

 

– Vuelve y la encontraras en la choza – Dijo el pez antes de irse.

 

Hoy en día aún sigue viviendo en la misma choza.

 

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El diablo y su abuela.

¿De qué trata?: Tres soldados deciden desertar del ejercito pero se encuentran acorralados entre la vida y la muerte, pero el diablo les propone un trato.

Personajes: Los tres soldados, el diablo, la señora, la abuela del diablo.

Moraleja/Conclusión: Todo problema tiene solución, siempre y cuando se mantenga mente positiva.

En un reino muy lejano se disputaba una gran guerra, llevando al rey a reclutar muchas más tropas de las que podía mantener, el salario de los soldados era ínfimo lo cual no alcanzaba para mantenerse.

Tres soldados cansados y hambrientos decidieron ocultarse en un campo de trigo para poder desertar sin ser descubiertos, pero tras dos días junto a sus noches el ejército nunca se movió, de salir del campo de trigo serian ejecutados, de seguir escondidos morirían de hambre.

Un dragón que escupía fuego descendió desde los cielos hasta el campo de trigo, preguntando él porque permanecían en ese lugar a los tres soldados; tras conocer la razón el dragón les propuso un trato, los sacaría de ahí sin ser vistos por el ejército pero tendrían que servirle por siete años, al no ver otra salida los soldados aceptaron.

El gran dragón los elevo por los cielos y los dejo en una zona bastante alejada, luego el dragón se encendió en llamas y regreso a su forma original, era el Diablo.

Como parte del trato les entrego un látigo del cual cada vez que lo hicieran estallar surgirían riquezas que podían usar a su antojo, pero a cambio pasado los siete años tendrían que regresar con él a servirle aunque si lograban resolver su acertijo podrían quedar libres por completo.

Tras firmar el libro los tres soldados se fueron a recorrer el mundo, disfrutando de las riquezas que habían conseguido, vivieron una vida de lujos pero pasado un tiempo los siete años llegaban a su final, preocupando a dos de los tres hombres.

Pero el más joven de los tres que siempre se mostraba despreocupado aseguró tener una solución para todo, pero el tiempo se acababa.

Una vez sentados los tres hombres muy preocupados son abordados por una señora quien les pregunta que les sucedía, a pesar de creer que no sería de ayuda le comentaron lo ocurrido con el diablo.

La señora los miro muy bien y les dijo; “Para poder salir de este embrollo deberán ir hasta el bosque, llegar hasta un muro de rocas destruido con forma de casa; ahí encontraran la solución a sus problemas”

Dos de los soldados fueron pesimistas al respecto, se negaron rotundamente a ir, ya que sería algo completamente innecesario, pero el soldado más joven se aventuró, no tenía nada que perder.

Al llegar a la casita se encontró con una anciana muy pero muy vieja, a la cual le conto todo lo que había ocurrido, para su suerte le había caído bien a la anciana quien era la abuela del diablo, le prometió ayudarlo, lo escondió para que cuando llegara el diablo no lo viera y así pudiera escuchar cuando la abuela le sacara la información que necesitaba.

Así paso, el diablo llego y su comida fue servida, mientras conversaban la abuela pudo sacarle información sobre el acertijo el cual era.

“En el mar del norte hay un caballo marino muerto, que será su asado; y el castillaje de una ballena será su cuchara de plata; y un viejo casco de caballo hueco será su copa de vino”

Una vez el diablo quedo dormido la anciana saco al soldado quien muy contento regreso con sus amigos.

Había llegado el día, el diablo pregunto el acertijo.

-Los llevare al infierno, pero antes les daré la oportunidad que prometí, si logran descifrar el acertijo, veamos, si son capaces de adivinar, ¿qué asado les serviré en un banquete en el infierno?”-

-En el mar del norte hay un caballo marino muerto, el cual será nuestro asado- respondió el primer soldado.

– ¿Cuál será su cuchara?-

– El castillaje de una ballena – respondió el segundo soldado.

– ¿Cuál será su copa? –

– El casco de un caballo hueco será nuestra copa – respondió el tercero y más joven de los soldados.

El diablo comenzó a maldecir, le habían ganado, golpeo el suelo y se fue encolerizado, dejándole el látigo a los tres soldados quienes vivieron el resto de sus días rodeados de riquezas.

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El problema

¿De qué trata?: Al morir el guardián de un templo, un viejo maestro decide hacer una prueba con sus estudiantes para ver quien ocupará su lugar.

Personajes: Maestro Zen, Guardián, Discípulos

Moraleja/Conclusión: Sin importar con bonitos o fascinantes sean algunos obstáculos, el único modo de salir adelante es quitarlos del camino.

Hubo una vez un respetable templo, en el que un anciano maestro zen impartía clases a todos aquellos jóvenes que deseaban ir por el camino de la verdad. A su lado vivía un hombre muy sabio también, pero que siempre guardaba silencio.

Era el guardián del templo, encargado de llevar las llaves de cada puerta y de velar por la seguridad de los viejos pergaminos que detrás de ellas se guardaban. Documentos con secretos que cualquier persona en el mundo codiciaría y por eso, debían ser celosamente protegidos. Él y el maestro convivían en gran armonía.

Pero llegó el día en que el guardián murió de vejez y su compañero decidió que era momento de elegir entre sus alumnos más aventajados, a aquel que podría ocupar su lugar.

Desde luego, los muchachos aguardaban su elección con mucha emoción e impaciencia. Varios ya se veían portando las misteriosas llaves del guardián y accediendo a todos aquellos secretos que su profesor aun no les había revelado.

El anciano los reunió en una sala del templo y anunció lo siguiente:

—Como saben, necesitamos a un nuevo guardián para el templo y he pensado que entre ustedes puede estar el indicado. Para decidirlo, les voy a poner un problema, el primero en resolverlo será el elegido —dijo y a continuación, colocó en una mesa un jarrón muy bello de porcelana, con una única rosa roja en su interior.

Los jóvenes se miraron entre ellos, muy confundidos.

—Este es el problema —les dijo el maestro—, resuélvanlo.

Otra vez, los muchachos volvieron a intercambiar miradas confusas, sin saber que hacer. ¿Cómo iban aquellas cosas a ser un problema, con lo inofensivas y hermosas que eran?

Admiraron el jarrón, de la más fina e inmaculada porcelana que pudiera haberse visto. Los intrincados diseños de oro que se mostraban en su superficie. Y la rosa, tan brillante y bella, con los pétalos suavísimos y ese color rojo tan intenso.

¿Qué se suponía que debían hacer?

Uno de ellos se decidió y fue hasta la mesa. Tomó el jarrón con la rosa y los quitó de ahí para ponerlos en el suelo. Su maestro se acercó a él.

—Este va a ser nuestro nuevo guardián —dijo—, ya que yo fui muy claro con todos ustedes. Les dije que estaban ante un problema. Y sin importar cuando hermosos o fáciles estos puedan ser, solo hay una manera de lidiar con ellos: enfrentándolos. A veces no tendrán ganas de hacerlo, porque es más cómodo mirar hacia otra parte o aferrarse a las cosas que ya no tienen sentido: un ser amado que se ha ido, un romance fallido, un momento feliz… pero sepan que si no tienen el valor de superar esos instantes, nunca podrán seguir adelante y por consiguiente nunca podrán hallar la verdad.

Los discípulos se dieron cuenta de que tenía razón y en vez de sentirse decepcionados por fallar en la prueba, felicitaron a su compañero. Estaban seguros de que haría un gran trabajo y mientras tanto, ellos seguirían aprendiendo.

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La paja, la brasa y la alubia.

¿De qué trata?: Una anciana preparaba su almuerzo, y una paja, una brasa y una alubia logran escapar de la muerte inminente, juntas deciden partir pero la vida les depara una sorpresa,

Personajes: La paja, la brasa, la alubia, la anciana, el sastre.

Moraleja/Conclusión: Siempre se debe optar por la lógica antes de hacer algo.

Una anciana que vivía sola en una choza, se dispuso a recoger un gran tazón de alubias para preparar el almuerzo, con sus delicadas manos tomo cada una de su propio patio, en el cual cultivaba un sinfín de vegetales y hortalizas.

Ya dentro de su cocina se dispuso a lavar las alubias con abundante agua, y las dejo reposar mientras salió al patio para cortar leña, partió un par de troncos para hacer un buen fuego, a su vez fue a buscar un buen puñado de paja para hacer que el fuego ardiera rápido.

Tomo los leños y los deposito en el fuego, coloco unas cuantas brasas para ayudarle a arder, sin darse cuenta una cayó al suelo, ahora que el fuego tomaba forma tomo la paja y la deposito también para que comenzara arder, sin darse cuenta una se deslizo por sus dedos, busco la olla con las alubias y al colocarlas al fuego una salto rápidamente.

Ya en el suelo yacían la brasa, la paja y la alubia quienes permanecieron en silencio durante un rato.

– ¿De dónde venís amigos míos? – Pregunto la Paja.

– Del fuego que ardía allá arriba, de no haber saltado me hubiera consumido por completo, extinguiéndose mi vida – Respondió la Brasa.

– Yo pude saltar a tiempo para escapar del triste destino que les deparo a mis hermanas allá arriba, de haberme quedado ahí ya estuviera hecha puré – Respondió la Alubia.

– Que mal, yo estuviera hecha de humo de haber sido arrojada al fuego, la vieja tomo 60 de nosotras de una vez, por fortuna pude escapar de entre sus dedos – Agrego la Paja.

– ¿Qué debemos hacer a partir de ahora? – Pregunto la Brasa.

– Yo creo que deberíamos permanecer juntas, ya que hemos salido airosas escapando de las manos de la muerte, si continuamos unidas podremos irnos a otras tierras más seguras que estas, así podremos vivir más tranquilas – Propuso la Alubia.

Se pusieron en marcha a nuevas tierras, saliendo rápidamente de la casa de la vieja evitando ser vistos.

Tras deambular por algunas horas llegaron a la orilla de un arroyo, pero no había ningún puente alrededor, cosa que le dio una idea a la paja quien se ofreció de puente para que sus amigas pasaran el rio sin problemas.

La paja se dispuso hacer de puente, la primera en pasar fue la brasa, quien se detuvo a la mitad del camino, temerosa por el ruido del agua, tan solo bastaron algunos segundos para que la paja comenzara a arder, se partió en dos y tanto la paja como la brasa cayeron al agua siendo arrastradas.

La alubia desde la orilla no podía contener las risas, se carcajeo tan fuerte que estallo, pero para su suerte un sastre quien pasaba por el lugar se apiado de esta, tomo hilo negro y la remendó, la alubia estuvo muy contenta y le dio las gracias a su salvador.

Como el hilo era negro le dejo la marca de la costura, la cual aún hoy en día portan las alubias.

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El corderito y el pececito.

¿De qué trata?: Dos niños viven felices hasta que su madre murió, su nueva madrastra los odia y termina hechizandolos convirtiendolos en un corderitos y un pececito.

Personajes: La niña, el niño, la madrastra, el cocinero, la campesina.

Moraleja/Conclusión: A pesar de las adversidades siempre podemos contar con nuestra familia.

Había una vez dos niños que perdieron a su amada madre, quien los cuidaba con tanto cariño y amor que fue un duro golpe cuando esta partió de este mundo.

El padre de los chicos se casó con una malvada mujer quien los odiaba con locura, los trataba tan mal que muchas veces los hacia llorar y disfrutaba de verlos sufrir.

Durante una mañana varios vecinitos fueron a jugar con los niños, muy felices y contentos los dos hermanitos disfrutaban de jugar con los otros niños, era aún algo que la malvada bruja no les había arrebatado.

Saltaban, danzaban, corrían y cantaban una muy melodiosa canción.

“Patito, quiéreme un poquito,

Y te daré mi pajarito.

El pajarito me buscará pajita;

La paja la daré a mi vaquita;

La vaca me dará leche rica;

La leche la daré al pastelero:

El pastelero me cocerá pasteles;

Los pasteles los daré al gatito;

El gatito cazara ratoncitos;

Y los ratoncitos los colgare a la espalda…

¡Y te morderán!”

Tras culminar la canción en “Morderán” todos tenían que salir corriendo mientras uno de los niños los perseguía hasta alcanzarlos, la malvada madrasta los vio jugar por la ventana lo que la lleno de rabia al verlos divertirse, así que los hechizo.

Convirtiendo a la niña en un corderito, y al niño en un pez, el pez quedó muy triste nadando en el estanque, mientras que su hermana corriendo por el prado muy triste, sin probar nada de pasto.

Por un largo tiempo todo continúo igual, hasta que forasteros llegaron de visita, la malvada madrastra para complacer a sus invitados mando al cocinero a matar al cordero para darle de comer a sus invitados.

El hombre ato al corderito y lo llevo a la cocina, cuando salió a afilar el cuchillo pudo ver a un pez nadando muy desesperado en el vertedero, era aquel que vivía en el centro del estanque. El corderito comenzó a cantar.

“Hermanito que moras en el estanque,

Mi pobre alma, dolida esta y sangrante.

Muy pronto el cocinero sin compasión

Me clavara el cuchillo en el corazón”

 

“¡Ay, hermanita, que me llamas dese lo alto!

Mi pobre alma, dolida esta y sangrante,

En las aguas profundas del estanque”

Respondió el pez cantando, dejando al cocinero bastante aturdido, sabía que lo que ocurría aquí no era algo natural, lo más probable es que fuera alguna malvada bruja que convirtió a alguien en estos animales, así que tomo otra res y la sacrifico para servirle a los invitados de la malvada mujer, tomo a los dos animalitos y los llevo a casa de una campesina.

Dio la casualidad que la campesina fue al nodriza de la niña, al reconocerlos los llevo a la casa de un hada buena quien bajo su bendición ellos regresaron a la normalidad.

Los hermanitos podían volver a abrazarse y estar juntos otra vez, la campesina los llevo a una casa en el bosque donde podrían vivir los dos juntos, solos pero felices y contentos sin miedo a ser reconvertidos en animales.

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La reina de las abejas.

¿De qué trata?: Un joven príncipe sale en la búsqueda de sus hermanos mayores quienes lo han apodado como el bobo, pero a pesar de todo sale a buscarlos tras ausentarse por el castillo durante mucho tiempo.

Personajes: el príncipe, los dos hermanos mayores, la reina de las hormigas, la reina de las abejas, las tres princesas, el hombrecillo, los patos.

Moraleja/Conclusión: Has el bien sin mirar a quién, esto podría ayudarte más a delante.

Los dos hijos mayores de un rey salieron a recorrer el mundo en busca de aventuras, se entregaron a una vida disipada y silenciosa, por lo cual nunca regresaron al castillo, su hermano menor “El bobo” tal y como lo habían apodado decidió partir en su búsqueda.

Cuando se rencontró con sus hermanos estos le reprocharon el hecho de que este se quería unir a la vida de aventuras de sus hermanos, pero por ser un bobo no lo lograría, ya que ellos son más astutos y les había ido mal.

Los tres hermanos tomaron el camino de regreso al castillo, tras caminar durante algunas horas de toparon con un nido de hormigas, los hermanos mayores quisieron destruirlo y ver como las hormigas corrían como locas para rescatar a sus huevos.

El hermano menor se opuso rotundamente ya que no habría razón para hacer sufrir a esos pobres animalitos.

Dejaron el nido de hormigas atrás y continuaron su camino, hasta llegar a un lago donde un grupo de patos se encontraban nadando, los hermanos mayores quisieron tomar a los patos y asarlos para la cena, pero su hermano menor se opuso rotundamente.

No muy contentos los hermanos mayores avanzaron hasta encontrarse una colmena de abejas instalada en un árbol, había tanta miel que corría por el tronco, esto les dio la idea a los hermanos mayores de hacer un fuego para espantar a las abejas con el humo.

De nuevo su hermano se opuso rotundamente a tal acto, dejaron el panal atrás y continuaron con su camino que los llevo a un castillo rodeado por varias estatuas de caballos, al explorar los alrededores dieron con un hombrecillo quien les ofreció de comer y beber, ya al caer la noche los encamino a cada uno a una alcoba diferente.

A la mañana siguiente el hombrecillo se dirige al hermano mayor para darle una tarea, para poder romper el encantamiento del castillo tendría que ir y buscar en el musgo las mil perlas de la hija del rey, pero de no cumplirla se convertiría en piedra al caer el sol.

Durante todo el día el príncipe busco las perlas pero solo reunió algunos cientos, al caer la noche, se convirtió en piedra.

Su hermano decidió romper el encantamiento del castillo así que salió a buscar las perlas pero sufrió el mismo destino que el primero.

El tercer príncipe decidió cumplir la tarea para ayudar a sus hermanos convertidos en piedra, pero tras un par de horas intentando recupera todas las perlas en el musgo se dio cuenta que no lo lograría así que se puso a llorar.

La reina de las hormigas reunió a cinco mil de sus súbditos y le ayudo a recolectar las perlas como muestra de agradecimiento.

La segunda tarea consistía en buscar la llave del cuarto de la princesa la cual estaba en el fondo del lago, cuando llego ahí los patos le ayudaron a encontrarla y se la entregaron.

La tercera tarea era descubrir cuál de las tres princesas que se encontraba dormida era la menor, cabe destacar que las tres eran idénticas, el hombrecillo le comento que antes de dormirse la mayor comió un terrón de azúcar, la segunda un poco de jarabe y la tercera una cucharada de miel.

La reina de las abejas se apiado del joven y decidió ayudarlo, reviso la boca de las chicas y descubrió quien era la menor desvaneciéndose el hechizo.

El príncipe se aso con la joven y juntos heredaron el castillo y todos los dominios que pertenecieron al padre de esta, por su parte los otros dos hermanos desposaron a las otras hermanas de la princesa.

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La ventana del hospital

¿De qué trata?: En un hospital, dos hombres muy enfermos comparten la misma habitación. Mientras uno está postrado en cama, el otro mira por la ventana y le cuenta a su compañero todo lo que ve.

Personajes: Marcos, David, Enfermera

Moraleja/Conclusión: Unas palabras de ánimo pueden ser más importantes que la realidad de lo que estamos viviendo.

Marcos y David eran dos hombres que habían sido diagnosticados con enfermedades terminales. Ambos habían tenido que ser internados en un hospital para ser atendidos por especialistas y compartían la misma habitación, un sitio de paredes blancas y con una única ventana que daba hacia la calle.

Mientras Marcos debía permanecer todo el tiempo postrado en cama, a David le permitían sentarse todos los días frente a la ventana, para llenar sus pulmones con aire fresco.

Los dos pasaban tanto tiempo juntos que irremediablemente se hicieron amigos.

Buscaban apoyarse el uno al otro durante los difíciles momentos que estaban pasando y se contaban acerca de sus familias, sus amigos y en lo que trabajaban antes de estar en el hospital. A pesar de que sabían que aquellos podían ser sus últimos meses de vida, sabían lo importante que era mantener una actitud tranquila y positiva.

Y era David sobre todo, quien procuraba animar a su amigo al contarle las cosas que veía por la ventana.

—Veo un estanque lleno de patos, en un parque donde hay muchos niños jugando —le decía sonriendo—, todos están muy felices y disfrutan de estar afuera. Hace un día precioso allí.

Al imaginar a los niños y los animales, Marcos dibujaba otra sonrisa serena en su rostro y se sentía mejor. Siempre que podía, le pedía a David que le describiera cada detalle del paisaje.

Le gustaba visualizar el cielo, las flores y a las personas.

—Veo que hay un enorme desfile bajando por la avenida —le dijo David otro día—. La gente ríe y está disfrazada, y los músicos tocan a todo volumen mientras van montados en carros alegóricos.

Marcos no podía escuchar la música, quizá porque ya estaba demasiado débil como para poder usar todos sus sentidos. Pero quiso creerle a su amigo y seguir imaginando todas aquellas cosas hermosas.

Un día, el corazón de David no resistió más y el pobre falleció. Su silla frente a la ventana se quedó vacía y su familia fue a velarlo.

Marcos pensó en él con tristeza, lamentándose de no poder ir a despedirse de él. Pero lo último que aquel buen hombre le había dicho, era que se asegurara de agradecer cada día aunque pudiera ser el último.

Marcos decidió que así lo haría.

—Por favor —le dijo a la enfermera—, ¿cree que pueda moverme hacia la ventana?

Como Marcos estaba un poco mejor y se encontraba solo, ella decidió que no había ningún problema y lo acercó a la ventana. Cuando él miró hacia afuera, se quedó petrificado: daba directamente hacia un muro blanco.

—Pero… pero… creí que por aquí podían verse el parque y la avenida.

—No, ese muro siempre ha estado ahí.

—Entonces, ¿por qué David me contaba todas aquellas cosas, acerca de la gente y los animales que podía ver por aquí?

La enfermera se enterneció.

—Tal vez lo único que su amigo quería era hacerlo sentir mejor —lo consoló—. A veces uno oculta la verdad para proteger a los que ama.

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La campana robada

¿De qué trata?: Al ver que la iglesia tiene una nueva campana de oro, Juan se deja llevar por la avaricia y se propone robarla a como dé lugar.

Personajes: Juan, Horacio, Pobladores

Moraleja/Conclusión: La codicia no es buena consejera, pues nos ciega y destruye las buenas relaciones que tenemos con los demás, al no dejarnos ver que no estamos haciendo las cosas bien.

Juan era un hombre que vivía en un pueblo pequeño. La gente no estaba acostumbrada a tener grandes lujos en el mismo, pero vivían con sencillez y armonía, pues todos confiaban en los demás. Él mismo nunca había aspirado a tener nada más de lo indispensable hasta que un día, se enteró de que Horacio, uno de sus amigos que trabajaba con el metal, había recibido un encargo muy importante.

—Desde la ciudad han hecho una gran donación para la capilla del pueblo. Le van a poner una gran campana de oro sólido —le dijo él, mientras manipulaba sus herramientas para darle forma al bello objeto—, la gente anda muy contenta.

Al enterarse de esto, Juan se dejó cegar por el resplandor del precioso material y lo bonita que estaba quedando la campana.

—Si yo tuviera todo ese oro —se dijo mientras pensaba—, sin duda podría irme del pueblo e ir a comprarme una gran casa junto al río, y entonces nunca más tendría que trabajar. ¿Para qué quiere la iglesia una campana nueva, si la que tiene de hierro está en buenas condiciones? No, ese oro me hace más falta a mí.

Y obsesionándose con esta idea, comenzó a trazar un plan para robarla.

Los días pasaron y una vez que la campana estuvo lista, se hizo una gran fiesta en el poblado para celebrar su colocación  en lo alto de la torre de la capilla. Todos comieron y admiraron el excelente trabajo que había hecho Horacio con ella.

Pero Juan, envidioso como era, no pudo disfrutar del baile, ni de la comida, ni la algarabía que se había apoderado de sus vecinos.

Llegó la noche y todos se marcharon a sus casas a dormir. Juan salió hacia la iglesia sigilosamente, verificando que no se escuchara un solo ruido en las calles. Nadie estaba afuera.

Al subir por la campana se dio cuenta de que esta era demasiado grande y pesada, de modo que no podría llevarla él solo.

—Si la quiebro con el martillo, seguramente se romperá y podré ir recogiendo los pedazos para llevarlos conmigo —dijo y torpemente, dio un martillazo contra la superficie que no la quebró.

En cambio provocó un gran estruendo que hizo que todos en el lugar se despertaran y salieran asustados.

—¡Alguien tocó la campana! Algo malo está sucediendo —decían.

Juan no tuvo tiempo para escapar. Asustado por ser descubierto, se ocultó debajo de la campana mientras el ruido le taladraba los oídos. Ahí fue donde lo encontraron, pálido y tembloroso.

Cuando la gente se dio cuenta de lo que planeaba hacer, se convirtió en una turba furiosa que lo expulsó del lugar para siempre.

Muy tarde, Juan aprendió que la codicia no era un buen sentimiento, pues lo había hecho olvidar todos los valores que le inculcaron desde niño. Ahora, por culpa de su avaricia se había quedado sin hogar, sin amigos y adonde fuera difícilmente confiarían en él, pues no había sabido valorar las cosas que tenía en su momento.

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Las ranas y el ánimo

¿De qué trata?: Al caer en una zanja, dos ranas deciden luchar por salir, hasta que sus compañeras les dicen que no tiene caso. ¿Cuál de ellas se dejará vencer?

Personajes: Ranas

Moraleja/Conclusión: Nuestras palabras, así como pueden proporcionar aliento también pueden hacer mucho daño. Hablemos con sabiduría y apoyemos a nuestros seres queridos en lugar de no creer en ellos.

Andando por el bosque se encontraban algunas ranas, cuando de pronto, dos de ellas no se dieron cuenta de que había una zanja delante y cayeron en el agujero. Este era tan profundo que parecía imposible salir y angustiadas, le pidieron ayuda a sus compañeras.

—Es imposible que las saquemos de allí, miren que hondo es —les dijeron las otras ranitas—. Lo sentimos mucho, pero en momentos como estos es mejor aceptar la realidad. Tendrán que dejarse morir.

Sin hacer caso de este consejo, ambas ranas comenzaron a saltar con todas sus fuerzas, tratando de escapar de la zanja. Las demás las miraban con lástima y trataban de convencerlas de que no lo intentaran.

—¡No lo hagan, es inútil! ¿No ven lo alto que está?

—Nunca lograran salir de ahí.

—Es mejor resignarse, acéptenlo. Muy pronto morirán y acabará su sufrimiento.

Pero mientras más hablaban ellas, más intentaban las ranas de salvarse.

Finalmente, una de ellas se dio por vencida, cansada de saltar e influenciada por las terribles palabras de sus compañeras. Cada una de ellas le había calado profundamente, al grado de convencerla de que no tenía salida. Exhausta, se tumbó en el suelo para dejarse morir.

—¿Qué caso tiene seguir intentándolo? Aquí me voy a morir —dijo llena de dolor—. Tenían razón amigas, una tiene que aceptar lo inevitable.

A diferencia de ella, la otra ranita continuaba tratando de alcanzar el borde de la zanja. Brincaba y brincaba cada vez más alto, como si no escuchara los gritos de las otras ranas que le pedían que parase.

Entonces, sorprendentemente, la rana logró saltar de una forma tan extraordinaria que por fin pudo escapar del hoyo, ante los ojos estupefactos de las demás.

—¡Pero qué maravilla! No pensábamos que lo lograrías, pero lo hiciste —le dijeron admiradas—, menos mal que no nos hiciste caso cuando te decíamos que te resignaras, o no habrías podido salir de allí.

—¿Eso es lo que me estaban diciendo? —se preguntó la rana con sorpresa— Pero si yo creía que estaban animándome. Las veía gritar y gritar, y como soy sorda supuse que me estaban diciendo que me esforzase más.

Las ranas se miraron entre ellas al escucharla y se dieron cuenta del enorme error que habían cometido. Porque sus palabras destructivas le habían quitado el ánimo a la otra ranita de vivir.

Rápidamente volvieron a asomarse al pozo y la vieron en el fondo, triste y desfallecida.

—¡Por favor, tienes que intentar salir! —le rogaron.

Pero ya era demasiado tarde. Sus gritos anteriores la habían convencido de que no era capaz de salvarse y como había hecho la otra antes, ahora no se enteraba de lo que decían.

Como la ranita que se salvó, recuerda siempre que puedes hacer todo lo que te propongas, pues solo depende de ti. Aunque las personas a las que conoces parezcan estar en tu contra, sigue intentándolo y no te detengas nunca ante la adversidad. Pues la diferencia entre las personas exitosas y las que no lo son, es la perseverancia.

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