Los buenos vecinos

¿De qué trata?: Don Eliseo es un viejo cascarrabias al que nadie quiere. Cuando la familia Goméz debe viajar por un percance, a su vuelta se encontrará con algo sorprendente.

Personajes: Don Eliseo, Familia Goméz, Vecinos

Moraleja/Conclusión: Nunca juzguez a una persona por como se ve, pues lo que cuenta es el interior.

Don Eliseo era tenido por todos en el barrio como un viejo cascarrabias. A nadie le gustaba acercarse a su casa, pues él odiaba que pisaran su césped. Los niños le tenían miedo por su voz ronca y profunda, y las madres lo rehuían por su apariencia tosca y sus prendas anticuadas. Nunca hablaba con nadie y cicía recluido en su casa.

La familia Gómez en cambio, conformada por un matrimonio feliz y sus tres hijos, era encantadora con todos los vecinos. Incluso con don Eliseo, a quien consideraban un hombre muy solitario.

A diferencia de los demás, siempre lo saludaban y eran cordiales con él. Incluso le habían ofrecido recortar las hierbas de su jardín o llevarle algún postre. Pero don Eliseo no hacía más que mirarlos con desconfianza y responder de manera breve.

—No vale la pena que se desgasten con él —les había dicho una vecina—, es un grosero. Desde que se le murió la esposa no se relaciona con nadie.

Saber eso solo hizo que los Gómez sintieran más pena por el pobre señor.

Un día, uno de sus familiares enfermó y tuvieron que salir de la ciudad para visitarlo. Pensaban que solo estarían ausentes por un par de días, pero esos días se convirtieron en semanas cuando su familiar empeoró.

Al final, ya restablecida su salud, toda la familia pudo volver a su casa con mucho apuro. Habían estado ausentes por tanto tiempo, que pensaban que todo sería un desastre. Las hierbas del jardín habrían crecido y la casa estaría sucia y descuidada. Y sus pobres mascotas seguramente habrían escapado.

Cual fue su sorpresa al llegar que nada de esto había sucedido.

Al contrario, el jardín seguía con el césped recortado y estaba estupendamente cuidado, sus flores habían sido regadas con mucho cariño. La casa estaba aseada y con todas las cosas recogidas, y las habitaciones en orden. Y su perro y su gato se encontraban contentos y muy bien alimentados.

Sus vecinos se habían encargado de todas aquellas labores mientras estaban lejos.

—No sé como agradecerles todo lo que han hecho por nosotros —dijo el señor Gómez—, nos han quitado un gran peso de encima.

—Dénle las gracias a don Eliseo —dijo uno de sus vecinos—, fue él quien nos organizó para ocuparnos de todo al ver que se tardaban en volver. La verdad que nos sorprendió mucho su cambio de actitud.

La familia Gómez sin embargo, supo que siempre había tenido la razón al creer que aquel hombre esquivo y hosco era noble por dentro. Le dieron las gracias y por primera vez, don Eliseo estuvo dispuesto a hablar de forma diferente.

—No, gracias a ustedes —les dijo—, desde que mi esposa murió la vida había perdido sentido para mí y pensaba mal de todo el mundo. Pero ustedes siempre fueron amables conmigo. Eso me hizo darme cuenta de qu tal vez, aun valía la pena vivir por las buenas personas como ustedes.

Don Eliseo se volvió más amistoso y todos los vecinos vivieron en armonía.

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La ratita sabia

¿De qué trata?: Cuenta cómo una ratita quería conocer el mundo fuera de su casa, pero a pesar de las advertencias de su madre, esta no le hizo caso y tuvo que vivir con su propia piel todo lo que le había aconsejado su madre que evitara.

Personajes: La ratita, el hada, la madre

Moraleja/Conclusión: La moraleja dejada es hacerle caso a los padres para sufrir lo menos posible. Ellos conocen y tienen más experiencia, por eso nos enseñan.

Había una vez, una ratita que tenía un tamaño muy pequeño. Ella vivía con sus padres bajo las alfombras profundas de una panadería, ahí estaban seguros y lo más importante, bien alimentados motivo por el cual nunca pensarían en mudarse a otro hogar.

A pesar de esto, la ratita se sentía en ocasiones infeliz, ya que era muy inquieta y entonces estaba en busca de una vida mucho más emocionante.

Un buen día se enfrentó a su madre y le dijo: ¡Madre ya estoy cansada de esta vida tan poco enérgica, eso me aburre, ya que siempre hacemos lo mismo, solo asomar el hocico a la puerta de la casa para comer y ya, eso es todo! A mi me gustaría conocer el mundo, replicó.

– Qué mundo, hija cuando aquí tienes lo bueno, allá afuera esta todo lo malo, todo lo que no necesitas. –Bueno por muy malo que parezca el exterior, yo me iré a aventurar para conocer la diversión y el ajetreo de afuera, necesito que me dé el sol.

Esa noche la ratita acomodó todas sus cosas en un pañuelo y la llevó consigo durante su salida. Al sentir la luz del sol, la ratita pensó: -Justo esto era lo que quería, salir del encierro.

Ella iba caminando muy feliz hasta que casi la atropella un carro -¡Oh casi muero, pero a pesar de estas cosas debo seguir adelante y ser valiente! Fue entonces como hizo una canción para sí misma.

Valiente serás
te guste o no,
valiente serás
con o sin perdón.

La cola arriba
peinados mis bigotes
preparadas las patitas
para empezar el trote.

Valiente serás
a toda hora lo pensarás
porque la inteligencia sobra
cuando piensas en ganar

Todo iba bien, pero le interrumpieron la inspiración cuando un carnero enorme pasó por su ruta a toda velocidad, a milímetros de ella. -¡Dios mío si me descuido cantando más, me aplasta ese gigantón! Creo que no será nada valiente como venía diciendo.

La ratita que iba pensando en la vida iba de susto en susto durante su larga caminata a la ciudad, pero ante todo quería tener el valor suficiente para vivir lo que quería, pero el poco que tenía se le estaba acabando. De repente llegó a la orilla de un río y murmuró:

¡Dios que sed tenía, pero también tengo hambre y todo lo que hay aquí es agua cristalina que solo podrá resolver la sed que tengo! Pero es hermoso, nunca había visto nada igual.

De pronto se acercaron unos cangrejos con largas pinzas queriandola pinchar, ella comenzó a gritar como loca ¡No me toquen, sus pinzas me lastiman! –Soy muy desgraciada al salir de mi casa, no debí hacerlo, he pasado más ratos malos que buenos. Ya me devolveré, no lo soporto pero ¿cómo me devuelvo si no sé donde estoy?

En eso apareció el hada de los niños desobedientes y le dijo: Sé lo que te pasa ratita, pero tenías que haberle hecho caso a tu madre, te daré otra oportunidad y te llevaré a casa.

En cuestión de segundos apareció junto a su madre y le dijo: Mamita, mamita tenías razón el mundo allá fuera es horrible, ahora solo quiero estar aquí feliz con ustedes y sobre todo tranquila.

Desde entonces, nunca más se quejó de la vida aburrida que llevaba.

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El lobo y las cabritas

¿De qué trata?: En medio del bosque, las cabritas son advertidas por su madre para no abrir la puerta a nadie. Pero un lobo voraz anda acechando su pequeña cabaña.

Personajes: Cabritas, Cabra anciana, Lobo

Moraleja/Conclusión: Siempre obedece a tus mayores, pues ellos saben lo que debes hacer para mantenerte con bien.

Una vieja cabra vivía en el bosque al lado de sus siete cabritas, a las que quería con todo su corazón. Un buen día, la cabra tuvo que salir al mercado, pero antes, le advirtió a sus pequeñas que no le abrieran la puerta a nadie más.

—Hay un lobo que anda suelto por ahí —les advirtió—, si trata de acercarse, lo van a reconocer por su gruesa voz y sus patas negras como el carbón. ¡No se dejen engañar!

Y diciendo esto se marchó a hacer sus recados.

No pasó mucho rato antes de que alguien llamara a la puerta. Las cabritas se asustaron al escuchar una voz ronca al otro lado.

—Pequeñas, déjenme entrar, soy un viejo perro que necesita agua.

Al asomarse por debajo de la puerta, vieron cuatro patas negras y enormes.

—¡Eres el lobo! ¡No nos puedes engañar!

Y al ver que no le abrían, el lobo fue hasta la casa de un panadero que vivía cerca y metió sus patas en un costal de harina para que se volvieran blancas.

—Pequeñas, soy mamá que viene de vuelta —dijo al volver a la cabaña, fingiendo una voz suave y dulce—, abránme la puerta.

Las cabritas, al asomarse de nuevo bajo la puerta, vieron que sus patas eran blancas y se confiaron. Pero al retirar el pestillo y entrar el lobo disfrazado, se llevaron un gran susto. El muy malvado se las zampó a todas enteras, menos a la más pequeña, que corrió a esconderse bajo la cama.

Satisfecha su hambre voraz, la bestia se retiró al bosque.

Cuando la mamá cabra volvió a casa, se sintió morir al ver el desorden que había y la ausencia de sus amadas hijas. Solo la menor pudo contarle lo sucedido y entonces ambas lloraron hasta que no les quedaron lágrimas.

Entonces salieron al bosque y hallaron al lobo que dormía la siesta, mientras algo se movía en su barriga.

—¡Son mis hijitas que siguen vivas! —exclamó la vieja cabra.

Rápidamente sacó sus tijeras de costura y le abrió su enorme panza al lobo, alegrándose al ver como las cabritas salían saltando de una en una, sanas y salvas.

—Ahora corran hijas mías, vayan a traerme tantas piedras como encuentren para llenar la barriga de este rufián —les dijo a las siete.

Las cabritillas obedecieron y con mucho sigilo, fueron colocando tantas piedras como encontraron en el estómago del lobo, el cual su madre cosió con hilo y aguja antes de que huyeran a refugiarse en su cabaña.

Cuando el depredador despertó, sentía un gran dolor en la panza.

—¡No puede ser que esas cabritas me hayan hecho daño! —exclamó, arrastrándose hasta un pozo para beber agua y aliviar su malestar.

Pero el peso de las piedras lo hizo caer de boca y ahogarse en el fondo, poniendo fin a toda su maldad. A partir de entonces, la vieja cabra vivió feliz y tranquila al lado de sus cabritas, y no hubo nada que las pudiera separar de nuevo.

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El perro que era demasiado ambicioso

¿De qué trata?: Un perro ambicioso encuentra un hueso jugoso, pero por tretas del destino y su propio egoísmo, termina aprendiendo una valiosa lección.

Personajes: Perro

Moraleja/Conclusión: Valora lo que tienes y no envidies lo de los demás, pues quien no es agradecido con lo propio, tarde o temprano termina perdiéndolo todo.

Había una vez un perro que era demasiado egoísta como para compartir con los demás. Todo el tiempo estaba en guardia, para que los demás animales no se acercaran a su casa, pues pensaba que solo le querían robar. Y al mismo tiempo, se amargaba cada vez que alguno conseguía algo bueno.

Miraba con recelo a los pajarillos que se bañaban en su nueva pila de agua puesta en el jardín. “Ojalá yo también tuviera una para mí”, pensaba él, rencoroso.

Observaba de mala manera al pequeño gato de la casa vecina, que jugaba con su bola de estambre. “Yo podría tener una pelota mejor que esa porquería”, pensaba el can con rabia.

Hasta cuando el zorro se acercaba un poco al vecindario, logrando rapiñar un poco de queso para su familia, se molestaba. “¡Y a mí solo me dan las sobras de la mesa!”

Y así, el perro no era nada feliz con lo que tenía y todo el tiempo se estaba fijando en lo de los demás con envidia.

Un día, mientras escarbaba en el jardín, encontró un jugoso y enorme hueso enterrado bajo los rosales. Sus ojos relucieron de avaricia al ver aquel tesoro.

—¡Caramba! Ahora sí que he tenido suerte —dijo antes de tomar el hueso en su boca.

Como no quería compartirlo con nadie, salió de su casa rumbo a un arroyo cercano por el cual nunca pasaban los demás animales. Sería el perfecto lugar para comerse aquel hueso de tan buen tamaño.

—Esos ladrones no podrán robarme aquí —se dijo, sentándose al lado del río que corría apacible.

Pero ocurrió que entonces, su mirada se fijó en el otro perro que lo observaba desde las aguas. No sabía él que estaba contemplando su propio reflejo, distorsionado por el movimiento del agua y que hacía que tanto su figura como la del hueso parecieran mucho más grandes.

Sus ojos se abrieron de la impresión al ver aquel hueso tan descomunal. ¡Ese otro perro había encontrado un hueso mucho mejor que el suyo! El solo pensamiento le hizo temblar de rabia.

“¿Ah sí? Pues ahora verás como te lo quito, yo me lo merezco más que tú”, pensó, abriendo la boca para arrebatárselo.

Al hacer esto, el hueso de verdad cayó en el río y fue arrastrado por la corriente muy lejos de él. Cuando el animal se dio cuenta de que lo había pasado, se sintió como un tonto. Había perdido un delicioso manjar y todo por culpa de su avaricia.

—Qué mal me he comportado —se decía con pesar al volver a casa—, eso me pasa por ser tan envidioso.

Desde ese entonces, en lugar de ser tan desagradable con los demás, el perro decidió alegrarse por lo que tenían. Y pronto se dio cuenta de que si lo hacía, ellos con mucho gusto querrían compartir esas cosas con él.

El perro ambicioso ahora tenía amigos y cada vez que encontraba algún hueso, también lo compartía con ellos.

Fue muy feliz el resto de su vida.

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El cisne que era feo

¿De qué trata?: Un pequeño cisne sufre por no ser tan hermoso como los demás. Pero al pasar el tiempo, se dará cuenta de que algunas de las mejores cosas que existen en la vida, se hacen esperar.

Personajes: Cisne, Patos, Ranas

Moraleja/Conclusión: La paciencia y el tiempo, son tus mejores aliados cuando intentas convertirte en la mejor versión de ti mismo.

Quienes conocen a los cisnes saben que estos siempre se han encontrado entre los animales más bellos del mundo. Sus largos y elegantes cuellos, su plumaje blanco como la nieve y su gracia natural, son algo que despierta la envidia de otras especies.

Era por eso que este pequeño cisne, que vivía en un lago rodeado de nenúfares y árboles acuáticos, no comprendía por que él no era tan bonito como los otros, que retozaban en el agua con sus esponjadas plumas.

Él no se parecía en nada a ellos: su andar era torpe, su cuello era corto, su pico era tan negro como sus ojos y patas, y su plumaje era áspero y gris.

El chiquitín sufría todo el tiempo por no ser tan bonito como el resto de su parvada y por que además, los otros animales del lago se burlaban de él cruelmente.

—¡Pero qué feo eres para ser un cisne! —solían decirle los patos con sus voces agudas— Tal vez ni siquiera seas uno, debes ser un pájaro feo que alguien colocó en los nidos de esas hermosas criaturas, para jugarles una broma pesada.

El cisne bajaba su cabeza avergonzado ante las pullas de esos patos.

—Jamás habíamos visto un cisne que fuera tan feo —croaban las ranas desde sus hojas de núfar, mirándolo de mala manera—, tu aspecto le da muy mala imagen a nuestro lago. ¡A saber lo que serás, por que cisne no eres!

Y el pequeño cisne lloraba mucho y se escondía en una cuevecita que estaba junto a la laguna.

Algunos de los cisnes mayores notaban esto y trataban de darle ánimo.

—No hagas caso de lo que dicen esos animales, la envidia les hace hablar de esa manera. Como lo hacen todos los que buscan hacer sentir mal a los demás.

—Algún día serás un bello cisne, pero debes tener paciencia.

Al animalito estas palabras lo entristecían aun más, pues pensaba que solo querían consolarlo en vano. Un buen día, decidió resignarse e ignorar completamente cualquier cosa que le dijeran los otros.

Él estaba bien así y ya habría quienes lo aceptaran sin importar su apariencia.

El tiempo paso. El cisne fue creciendo y conforme lo hacía, su cuello se hacía cada vez más largo y grácil, su pico se volvía de un brillante color amarillo y las plumas también le cambiaron. Se volvieron más grandes y suaves y poco a poco, el gris se fue desvaneciendo de ellas para abrir paso a un pulcro blanco.

Finalmente era un cisne adulto. Y era el más hermoso de todos los que había en el lago.

Los crueles animales que se habían burlado de él, ahora se quedaban callados al verlo nadar con elegancia. Algunos lo admiraban y ya ni se acordaban de lo malos que habían sido.

El cisne había aprendido una importante lección: que al final no importa la opinión de nadie, más que la que tenga uno mismo acerca de su persona.

Y que ser paciente tenía su recompensa.

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Los tres gatitos

¿De qué trata?: Tres gatitos muy traviesos reciben un precioso regalo por parte de su mamá, pero pronto aprenderán una importante lección sobre el valor de las cosas.

Personajes: Tres gatitos, Mamá

Moraleja/Conclusión: Todas las cosas, por más sencillas que sean, tienen su valor. Por eso, si tus padres te dan algo cuídalo como si fuera lo más valioso, pues ellos se esfuerzan para que tengas de todo.

Una mañana, los tres gatitos se despertaron para encontrar tres cajas de regalo junto a sus camitas. Eran unos guantes muy coquetos que su mamá les había tejido especialmente para el invierno. Los gatitos se pusieron muy contentos y corrieron a darle las gracias.

—¡Feliz cumpleaños, mis queridos gatitos! —los felicitó ella con gran alegría— Miren que bonitos guantes les he tejido, un par de cada color para cada uno de ustedes: azules, verdes y rojos. Se verán muy bien con ellos y así ya no rasguñarán sus juguetes.

Luego de usar sus guantes por un rato, los gatitos salieron a jugar con sus juguetes y para poder hacerlo con más comodidad, se los sacaron. Pero tuvieron tan poco cuidado que rasguñaron cada juguete y entraron llorando con su mam{a.

—¡Mamá, mamá! Por quitarnos los guantes nuestros juguetes están todos rasguñados.

—¿Cómo es eso? Pues si no los reparan no les daré más estambre para jugar.

Los pequeños mininos fueron a por un poco de barniz y cubrieron los rasguños.

—Mamá, mamá, hemos arreglado nuestros juguetes y ahora vuelven a estar tan bonitos como antes —dijeron al terminar de reparar todas sus cosas.

Su mamá estaba muy contenta.

—Por ser tan buenos les voy a preparar un rico pastel de cumpleaños. ¡De chocolate! Su favorito.

Al rato, los gatitos extraviaron sus guantes y se pusieron a llorar de nuevo.

—¡Mamá, mamá! Hemos perdido nuestros guantes —dijeron en medio de maullidos.

—¡Qué gatitos más descuidados y traviesos! Si no encuentran esos guantes, no van a poder comer pastel.

Los pequeños se pusieron pues a buscarlos por todas partes, hasta felizmente los encontraron bajo sus camas.

—Mamá, mamá, ya encontramos nuestros guantes. Resulta que estaban muy cerca todo este tiempo —dijeron, volviendose a poner aquellas prendas diminutas.

De nuevo su mamá se puso feliz.

—¡Qué gatitos tan más listos! Sabía que no podían haberlos perdido de verdad. Les voy a servir una rica rebanada de pastel.

Los tres gatitos comieron golosamente su pastel de cumpleaños, que era de chocolate con deliciosas fresas. Pero con tan mala suerte que mientras lo degustaban, se mancharon sus patitas cubiertas con aquellos guantes, tan amorosamente tejidos.

—¡Mamá, mamá! —lloraron— Nos hemos manchado los guantes de pastel.

La madre los miró con el ceño fruncido.

—Eso está muy mal, mis gatitos. ¡Yo que con tanto cariño se los tejí! Y miren como se los han dejado, no sé ya si esas manchas se vayan a quitar tan fácilmente.

Los pequeñitos lloraron al ver a su mamá tan disgustada y corrieron a lavar sus guantes. Tallaron y tallaron con sus patitas el jabón sobre la tela, hasta que toda la suciedad hubo desaparecido y volvían a verse tan nuevos como antes.

—Mamá, mamá, hemos lavado nuestros guantes y han quedado relucientes de limpios —le dijeron al terminar.

Y la madre sonrió.

—Qué gatitos tan amorosos tengo, tan bien portados. ¿Pero qué veo por ahí? ¡Es un ratón! Vayan a por él.

Y los tres gatitos se fueron a cazar.

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Los zapatos rotos

¿De qué trata?: Un niño está por comprarse unos zapatos nuevos pero en el camino, decide ayudar a un pobre viejo dándole el dinero que tiene. ¿Será que tiene que quedarse con sus viejos zapatos rotos?

Personajes: Sebastián, Viejo, Zapatero

Moraleja/Conclusión: Siempre ayuda sin menospreciar a quien te necesite, pues las personas bondadosas jamás se quedan sin recompensa.

Sebestián era un niño muy obediente, que siempre hacía todas sus tareas y ayudaba en casa con lo que se necesitara. Sus padres le habían enseñado a ser amable con los demás pero sobre todo, a mostrarse compasivo, pues uno nunca sabía cuando podría necesitar que alguien le tendiera la mano.

Durante el último mes, el chico había estado trabajando muy duro para que sus padres le dieran dinero. Quería comprarse uno zapatos nuevos para jugar, ya que los que tenía estaban muy rotos y desgastados, a causa de lo mucho que corría con sus amigos.

Su padre le había dicho que si se esmeraba más con las actividades en casa, como lavar los platos, sacar al pasear al perro y podar el césped, podría aumentarle la mesada y así conseguiría el calzado que más le gustaba. Cuando Sebastián logró reunir todo el dinero, se sintió muy satisfecho consigo mismo.

Fue directo a la zapatería pensando en los bonitos tenis que se iba a comprar, justo como los que tenían todos sus amigos.

Estaba por entrar cuando, justo enfrente del negocio, vio a un viejo señor que estaba sentado en el suelo, extendiendo la mano para que la gente le diera algo de dinero. Pero solo lo ignoraban.

El anciano se veía muy delgado y parecía algo enfermo. Sebastián se acercó a él.

—¿Se siente mal, señor? —le preguntó.

—Hace dos días que no como nada, no tengo casa ni familia —respondió él lastimeramente—, es que cuando sé es viejo, no es fácil ganarse la vida.

Sebastián miró el dinero que tenía en la mano y que tanto esfuerzo le había costado ganar. Pero finalmente, se lo tendió.

—Tome, usted lo necesita más que yo —le dijo—, tal vez hasta le alcance para ver a un médico.

El niño suspiró y se alejó, dispuesto a volver a su casa. Otra vez tendría que trabajar para comprar sus zapatos. Sin embargo, el zapatero, que lo había visto desde su escaparate, le hizo una seña para que regresara a la tienda.

—Tú eres el niño que todos los días pasaba y veía los zapatos que están en aquel anaquel, ¿verdad? —dijo, señalando el ansiado par que Sebastián quería.

—Sí, había estado ahorrando para comprármelos… pero tuve que ayudar a ese pobre viejo. Ya regresaré después.

—Vi lo que hiciste, todos los que pasaban junto a él ni lo miraban, pero tú no dudaste en tenderle la mano —el hombre tomó los zapatos, los metió en una caja y se los dió—. Ten, esto es por tu generosidad. Todos los niños bondadosos merecen una recompensa.

A Sebastián se le iluminaron los ojos.

—¿De verdad, señor? ¿Lo dice en serio?

—Sí, son tuyos. Solo por esta vez y por qué vi lo que hiciste con el dinero.

—¡Se lo agradezco mucho, señor! ¡Gracias, gracias!

Desde ese día, Sebastián nunca dejó de ayudar a los demás cuando podía hacerlo, pues sabía que su conducta bondadosa le traería buena suerte a donde quiera que fuera.

FIN

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El fruto de la perseverancia

¿De qué trata?: Mario, un niño discapacitado, aprende que no todo en la vida son las apariencias. A pesar de su discapacidad, su madre lo alienta para que cumpla su meta más importante.

Personajes: Mario, Mamá de Mario

Moraleja/Conclusión: No importan tus limitaciones o tu talento, sino cuanto te sigas esforzando por alcanzar una meta. El trabajo duro y la fe en ti mismo son más importantes que cualquier otra cosa.

Aparentemente, Mario era un niño igual que los demás. Tenía el pelo y los ojos castaños, era alto para su edad y desde pequeño le gustaba jugar en las afueras. La única cosa que lo distinguía del resto de otros chiquillos era su sordera: Mario no podía oír. Y tampoco había hablado.

Era sordomudo.

Fue por eso que tanto él como su madre, tuvieron que aprender lenguaje de señas para poder comunicarse. Él además, aprendió a leer los labios, de modo que siempre pudiera entender lo que otras personas decían.

Pero a veces le parecía que nada de eso era suficiente.

Al entrar a la primaria, Mario desarrolló un gusto enorme por jugar a la pelota. Le encantaba patear balones en el recreo y era el mejor a la hora de jugar fútbol, corría más rápido que los demás. Eso lo llevó a inscribirse en la liga infantil futbolística de su barrio.

Su mamá estaba orgullosa de él. Con mucho gusto le compró su uniforme y un balón propio para practicar en casa.

Sin embargo, poco después el niño comenzó a tener problemas.

A causa de su sordera y su falta de atención, no podía escuchar las indicaciones del entrenador y por eso tampoco se le daba bien jugar en equipo. El resto de sus compañeros empezaban a quejarse.

—Si Mario no mejora su actitud, tendré que sacarlo del equipo —le había advertido el coach a su madre, que se quedó muy preocupada.

Sabía cuan importante era ese deporte para su pequeño.

Pero Mario pensaba que no podía mejorar por culpa de su sordera y se quejaba por no ser como los demás. Así que su mamá tuvo una serie conversación con él.

—Escucha hijo, tú eres único, no necesitas ser como nadie más —le dijo— y no puedes culpar a tu condición de que las cosas no salgan como quieres. Hay músicos y bailarines que son sordos, ¿sabías que Beethoven era sordo?

Mario la miró con asombro.

—Y eso no lo detuvo para convertirse en uno de los compositores más grandes del mundo. Como él, tú también puedes ser lo que quieras, siempre que estés dispuesto a esforzarte.

El niño asintió con la cabeza y decidió que su madre tenía razón.

—De hoy en adelante te concentrarás más. Siempre hablarás con el entrenador antes y después de los partidos para ver en que fallaste, y en que puedes mejorar —le indicó ella—. Y también colaborarás con tus compañeros. Para jugar en la cancha, debes estar respaldado por los otros niños y hacer lo mismo con ellos.

Desde ese día, Mario se esforzó más que nunca por poner atención, mejorar sus jugadas y llevarse mejor con sus compañeros. El entrenador estaba orgulloso de él y los demás chicos se hicieron sus amigos.

Se dio cuenta de que ser sordomudo no tenía nada que ver con ser un buen futbolista.

Así, llegó el día en que su equipo resultó vencedor en un gran campeonato.

Y con el tiempo, Mario conquistó las canchas del mundo.

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Amigas antes que nada

¿De qué trata?: Una oveja blanca conoce a una oveja negra y entonces deciden ser amigas. Pronto aprenderá que lo importante no es querer a los amigos por como luzcan, sino por lo que llevan dentro.

Personajes: Oveja Blanca, Oveja Negra, Rebaño

Moraleja/Conclusión: La amistad verdadero se mantiene a pesar de las diferencias que puedan existir entre dos personas.

En un rebaño de ovejas nació una que tenía su lana tan negra como el ébano, para el descontento del resto de las demás, que eran tan blancas como la nieve. Todas pensaban que a causa de tan oscuro color, el animalito crecería para convertirse en una mala criatura.

De modo que desde un principio decidieron marginarla para convivir solamente entre ellas.

—¡Quién sabe lo que se nos pegará si nos juntamos con semejante chusma! —decían varias de ellas, prejuiciosas como eran.

Un día, una de las ovejas blancas se fue a jugar demasiado lejos del rebaño y cayó en una pequeña fosa. Ahí, se puso a gritar para que viniera alguien a rescatarla, asustada.

—No te preocupes —le dijo una oveja desde afuera—, traeré algo para que puedas salir.

Un rato después arrojó a la fosa el largo tallo de un helecho.

—Sujétate de esto, muérdelo con fuerza y yo te jalaré.

Así lo hizo la ovejita blanca que en unos cuantos minutos, estuvo fuera del pozo sana y salva.

Iba a agradecerle a su salvadora cuando la vio y enmudeció. Era nada menos que la oveja negra.

—¿Te lastimaste? —le preguntó ella.

—No, gracias.

En ese momento, la oveja blanca se dio cuenta de que ella no podía ser tan mala como las otras decían, pues después de todo, la había ayudado cuando más la necesitaba. De modo que decidió ser su amiga a escondidas de las demás.

Todos los días jugaban apartadas del rebaño, para que las otras no hablaran. Y aunque era algo triste, a la oveja negra parecía no importarle.

—¡Siempre quise tener una amiga de verdad! —exclamaba contenta.

Pero un buen día, una de las ovejas más chismosas las vio juntas y fue corriendo a avisarle a las demás. Todas se molestaron mucho y se pusieron en contra de su compañera.

—¿No ves que estar con esa oveja es algo muy malo? ¡Su lana es oscura como la noche! ¡No es igual a nosotras!

Al principio, la ovejita sintió miedo por el rechazo de esos animales a los que conocía de toda la vida. Pero luego reflexionó y recordó lo que su amiga había hecho por ella, sacó valor y se enfrentó a las otras.

—Más malas son ustedes, que juzgan a alguien por su exterior sin molestarse en conocerla de verdad —les dijo severamente—, por qué esa oveja, así de negra como la ven, ha sabido ser más amable conmigo de lo que ninguna de ustedes ha sido en todos estos años. Es una amiga de verdad y yo la quiero no por como es en el exterior, sino por su bondad. Así que si quieren echarme del rebaño háganlo, que prefiero estar con una sola oveja buena, que verme rodeada de ovejas malas y prejuiciosas.

Las torpes ovejas se quedaron muy avergonzadas al escucharla y no supieron como responderle. Se dieron cuenta de que tenía razón.

Desde ese entonces, la oveja blanca y la negra fueron las mejores amigas por muchos años.

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Juan sin miedo

¿De qué trata?: Juan es un chico que no siente miedo alguno, ni las tormentas, brujas o cuentos de terror pueden asustarlos, un día decide partir en busca de aventuras para llegar a sentir miedo una vez por todas.

Personajes: Juan, Rey, Esmeralda.

Moraleja/Conclusión: Cuento popular que nos motiva para enfrentar nuestros miedos y angustias, superando mas allá aquellos escenarios que nos aturden y arrebatan nuestra independencia.

Juan vivía en un pequeño pueblo alejado de la ciudad, su Padre siempre veía con preocupación que su hijo quisiera sentir miedo, de hecho no había cosa animal o suceso que lo pusiera a temblar, las tormentas, truenos, cuentos de terror o la oscuridad no eran nada para él.

En vista de sus intentos infructuosos Juan decide marcharse en búsqueda de Aventuras para sentir lo que era el miedo de una vez por todas, su familia se opuso pero el chico era muy testarudo, así que partió sin la aprobación de sus padres.

Recorrió el reino visitando los lugares más tenebrosos que ningún hombre se atrevería a entrar, casas embrujadas, pantanos, cementerios, bosques sombríos, puentes, pero en todos los lugares a los que acudía nunca sentía miedo.

Durante su visita a la ciudad se encontró con un cartel muy curioso.

“Quien logre pasar 3 noches en mi castillo encantado, tendrá el honor de desposar a mi hija Esmeralda”

Parecía sencillo se convertiría en Rey una vez desposara a la hermosa Esmeralda, los rumores cuentan que el castillo se encontraba bajo un maleficio y todo tipo de criaturas lo visitaban durante las noches.

Juan se presentó ante el Rey; afirmando no tener miedo en absoluto, aceptaba el reto para desposar a la princesa, muy gustoso el rey le dio la bienvenida alabando la valentía del joven, curiosamente era el único que se presentó para este reto.

La primera noche un sueño agotador se apodero de juan, quien no dudo en recostarse en su cama, pasada unas horas algo lo despertó, no se inmuto ni se asombró pero un fantasma se encontraba en su habitación, rápidamente juan sin miedo tomo una tijera para cortar las sabanas que este cargaba, el fantasma huyo.

La mañana siguiente el rey visito a Juan quien para su sorpresa se encontraba a salvo y aun en el castillo, felicito al joven por lograr lo que muchos no pudieron, pasar una noche en el castillo, ahora solo faltaban dos noches más.

Juan se encontraba a la expectativa de toparse con algo que lo asustara verdaderamente, pronto un par de risas hicieron eco desde el pasillo, ¡Una Bruja!, entro al cuarto tumbando la puerta y sobrevoló por encima de Juan, pero esto no lo afecto, de un brinco tomo la escoba y la lanzo hacia la ventana sacando a la bruja del cuarto.

Durante la última noche de Juan en el castillo algo diferente paso, primero todo se encontraba en silencio, era sospechoso, hasta que un gran dragón apareció escupiendo fuego, la bestia parecía decidida a acaban con Juan pero este no se inmuto, tomo una silla y la arrojo al animal, como un perro adolorido huyo del valiente Juan quien lanzaba todo tipo de objeto.

El rey le entrego la mano de su hija en matrimonio a Juan quien había superado la prueba, El joven se encontraba lleno de alegría pero dentro de sí mismo se sentía frustrado al no poder sentir miedo.

Esmeralda conocía la preocupación de su amado esposo Juan, así que para ayudarlo decidió verter una jarra de agua helada, Juan despertó de un brinco, temblando y pálido, había conocido el miedo, agradecido con su esposa la abrazo fuertemente, pero también le pidió que no revelara el secreto, ya que si no la gente no le llamaría por su apodo; Juan sin miedo.

Su Amada esposa guardo el secreto.

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