Navidad sin regalos

¿De qué trata?: Un chico se despierta la mañana de Navidad y nota algo extraño: el árbol y todas sus cosas han desaparecido.

Personajes: Protagonista, Mamá, Papá, Hermanita, Tía, Familiares, Vecinos

Relato corto de

Esta mañana cuando me desperté, noté que algo extraño pasaba en mi casa. Se sentía en el ambiente. Bajé a la sala y me di cuenta de que el árbol navideño que con tanto esmero habíamos puesto anoche, no estaba. Dudaba que mis padres lo hubieran quitado, al ver la emoción de mi hermanita.

No había regalos y lo que era aun más inquietante, las fotografías familiares en las que yo aparecía habían desaparecido, además de mis propias fotos. Vi a mi perra acercarse a mí y gruñirme como si fuera un desconocido.

Aquello definitivamente comenzaba a ponerse extraño.

—¿Mamá? ¿Papá? —llamé, sin obtener respuesta— ¿Stacey? —mencioné a mi hermanita.

Ninguno de ellos se encontraba en sus habitaciones. Probablemente se habían ido a casa de mi tía, como todos los años en Navidad, pues era ahí donde nos reuníamos con nuestros familiares. ¿Pero cómo podían haberme dejado aquí solo?

Furioso, me puse mi abrigo y salí a toda prisa de mi hogar, dirigiéndome a la calle en la que vivía mi tía. Me extrañó no ver el Ford negro de mi padre estacionado en el garaje, pues nunca lo sacaban para ir con la tía. No cuando podíamos ir perfectamente caminando. Supuse que esta vez les había dado pereza.

Camino hacia allá me encontré con una escena espantosa: en una casa de dos pisos, un loco se había a estrellar con un coche negro justo en la sala de estar. El vehículo había atravesado por completo la ventana, arrasando con la estructura y derrumbando a medias el piso superior. La policía había acordonado el lugar y los vecinos se habían concurrido, curiosos y aterrorizados, al ver tal locura.

Sentí un escalofrío correrme por la espina dorsal y continué hasta casa de mi tía, ansioso por estar con mi familia. No dejaba de tener la sensación de que había algo que andaba muy mal.

Divisé la vivienda de mi tía a lo lejos y corrí hasta la puerta. Por la ventana vi que toda mi familia ya estaba reunida en la sala de estar, pero no se encontraban felices. Iban todos vestidos de negro y parecían muy tristes. Mi madre lloraba desesperada.

Atravesé la puerta, dispuesto a preguntar que pasaba, cuando un torrente de recuerdos me asaltó con tal fuerza que temí desmayarme ahí.

Me vi a mi mismo con mis amigos, bebiendo cervezas y pasándola bien. Subía al auto de mi padre bastante pasado de copas y pisaba el acelerador a fondo, conduciendo por una calle nevada para llegar a casa lo antes posible. Creo que me pasé un alto, o dos; de repente un estallido y oscuridad total. Cuando volví a la conciencia, me estaba ahogando con mi propia sangre.

Luego todo se volvía negro a mi alrededor…

Esta mañana cuando me desperté, noté que algo extraño pasaba en mi casa. Se sentía en el ambiente. Bajé a la sala y me di cuenta de que el árbol navideño que con tanto esmero habíamos puesto anoche, no estaba…

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Los niños del ferrocarril

¿De qué trata?: Espeluznante historia sobre un autobús fantasma donde yacen las almas de varios niños que murieron en un accidente.

Personajes: Niños, conductor

Existe un lugar donde yacen las vías de un ferrocarril que sigue pasando de vez en cuando. Claro que hoy en día esto no es tan común, habiendo transportes más rápidos y económicos. Pero en algunas partes del mundo, estos enormes trenes no han quedado en desuso.

Por desgracia a nadie se le aconseja pasar en auto cerca de estas vías, sobre todo cuando es de noche. Y todo se remonta a una leyenda que habla sobre los espíritus sin descanso de los niños que iban a bordo de un autobús.

Sucedió hace mucho tiempo, cuando los ferrocarriles estaban lejos de ser retirados de la mayoría de las ciudades.

Una clase entera de niños había abordado el transporte escolar para hacer una excursión. Se dirigieron al campo, corrieron, recogieron flores y tuvieron un gran picnic. La desgracia no ocurrió sino hasta más tarde, cuando había oscurecido y todos hubieron subido de nuevo para regresar a sus casas.

Nadie se dio cuenta de lo borracho que iba el conductor. Era un hombre alcohólico y descontento con la vida, que siempre llevaba consigo una petaca de licor para beber cuando nadie se diera cuenta.

Y también se ponía muy irascible cuando estaba al volante.

Esa noche, se puso tan ebrio que sin darse cuenta, detuvo el autobús en medio de las vías del ferrocarril. Los niños tampoco se dieron cuenta, por suerte se habían quedado profundamente dormidos.

Nadie vio las luces que se acercaban sin prisa desde el otro extremo de la vía, ni sintió como el tren colisionaba con violencia el vehículo, arrancándole la vida a todos sus ocupantes. No quedó ni uno solo en pie. Aquel fue el peor accidente del año y un motivo más para que las autoridades se apresuraran a modernizar sus transportes, removiendo los ferrocarriles.

Ese sin embargo, siguió funcionando un tiempo. Aun pasa a día de hoy de vez en cuando, y si hay suerte, no hay nadie cerca cuando lo hace.

Porque de lo contrario, lo que les espera no es nada bueno.

Y es que, dicen que cuando pasas con tu automóvil al lado de las vías, este se apaga misteriosamente y a continuación, sientes como si fuera empujado hasta la vía por varias diminutas manos. Son los espíritus de los niños, que le hacen aquella cruel jugarreta a los incautos.

En las noches más frías, se asegura que incluso sus manos se pueden en las ventanas, como huellas empañando los cristales nublados.

Y una vez que el auto del desafortunado se encuentra justo donde estuvo el autobús escolar, tiene escasos segundos para escapar de la colisión del ferrocarril. No todos lo logran, pero hay quienes han corrido con la suficiente fortuna como para mantenerse a salvo de la ira de esos pequeños.

Haz caso de esta historia y si alguna vez tienes que conducir por un paraje como el que acabo de describir, quizá sea mejor que aguardes un poco o que vayas a pie. Nunca sabes que clase de presencias pueden estar acechando.

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Camino de Tilos

¿De qué trata?: El camino de tilos es reconocido por ser uno de los más tenebrosos de Táchira Venezuela Hechos ocurridos allí hacen que la leyenda cobre vida en la actualidad. Una historia de terror basada en hechos reales.

Personajes: Martín, Juan, Michelle, Freddy

Ocurrió hace mucho tiempo subiendo los caminos hacia la aldea del Peronilo en Táchira Venezuela. Es una leyenda que se ha mantenido viva por años y muchos Tachirenses están consientes de que aún suceden los hechos que vivieron antepasados en un camino lleno de tilos. Juan era un hombre que se la pasaba mucho entre los caminos de tilo hacia la aldea del peronilo de noche, estaba consciente de que irse muy tarde por esos lados resultaba muy peligroso para él, ya que muchos maleantes asaltaban en esa zona, en especial un camino de 4 kilómetros que no estaba asfaltado.

Pero el era una persona muy devota a sus santos. Siendo cristiano católico se sentía protegido y pasaron muchos años sin que no le pasara nada. Fue entonces donde un día con toda su familia, quienes la conformaban su hijo Freddy y su esposa Michelle escucharon por la radio de un accidente ocurrido en el tránsito donde a diario el venía hacia su casa.

Al parecer un autobús había perdido el control en el camino por ir a altas velocidades en el paso de arena. Como resultado hubieron varios heridos, aunque la mayor parte de los que venían en el autobús lamentablemente fallecieron. Esta noticia ha entristecido mucho a la familia, y por supuesto, al pueblo, quienes perdieron a parte de la población, dejando a muchas familias llorando sus muertes y sufriendo la recuperación de los heridos.

Desde entonces, Juan cada vez que pasaba a diario por el camino ya no era lo mismo, sentía como la noche era un poco más pesada y ahora el clima se ponía un poco más denso, con un poco de neblina y algunos cuervos que cantaban a esas horas de la noche. Todos estos detalles le hacían sentir muy triste, llegaba a su casa con el estrés acumulado y una tristeza que ni su esposa lograba quitársela con mimos y caricias.

Fue entonces cuando una noche mientras la mujer esperaba a su hombre en casa, Martín, el vecino vino a visitarla. Su hijo Freddy y ella estaban sentados en la sala con el vecino, quien estaba a punto de contarles una historia que los dejaría con la piel helada y los pelos de punta.

-En el camino de tilos suceden cosas muy extrañas, veo cosas que no deberían verse ¿Alguna vez Juan ha visto algo?

-Juan no ha llegado, quizás deberíamos esperarlo. Aunque es muy extraño que me preguntes algo así ¿Pasa algo?

Es en ese instante en donde Juan entra y ve a a su esposa y su hijo con el vecino en la sala, aunque está un poco pálido y no dice ni una sola palabra. Martin en un par de segundos comprendió lo que le pasaba y preguntó:

  • ¿Lo viste también?
  • Por supuesto que sí, llevo varios días y ya no soporto pasar por ese lugar, renunciaré a mi trabajo y encontraré como sustentar a mi familia desde el pueblo
  • Juan ¿Estás seguro de ello? Replicó Martín sorprendido
  • Sí ¿Acaso a ti no te preocupa tu salud e integridad? ¡Siento que me volveré loco si paso otra vez por ese lugar!

Fue así como Juan y Martin se pusieron de acuerdo para montar un abasto juntos para poder mantener a su familia por medio del trabajo. Pero poco a poco fueron sitiándose encerrados, necesitaban buscar mercancía y viajaron hacia San Juan de Colón para buscar las cosas que necesitaban para abastecer el negocio nuevamente y satisfacer las necesidades de los clientes que ya tenían en su localidad.

Juntos fueron luego de mediodía a buscar los alimentos y todas las cosas necesitaban. En el camino se detuvieron en los caminos de tilos para observar el paisaje, empezaron a tener conversaciones cortas por lo que pudo haber sucedido esa noche. Minutos después decidieron arrancar el auto e ir a la ciudad, pero el mismo no arrancaba y en ese lugar no había señal para pedir ayuda.

Ellos estaban consientes de que muy pocas personas pasaban por auto allí, por lo que decidieron llamar al 911. Extrañamente se encontraban sin señal y como no tenían otra cosa que hacer decidieron empujar el coche por el camino de tierra en camino hacia la ciudad. Pero muy pronto los agarró el atardecer y se dieron cuenta de que estaban empujando el coche en dirección equivocada, era hora de regresar a casa ¿Qué le dirían a sus esposas si llegan al otro día?

Les provocaba pavor quedarse a dormir en aquel lugar. Cuando estaba anocheciendo ambos vieron pasar un autobús repleto de gente, ambos se miraron con una alegría, aunque Martín vió la hora en su reloj y eran las 10:30 PM. Era raro que un autobús estuviera de paso a esas horas, pero al mirar quien lo conducía se dieron cuenta que nadie y los pasajeros que iban en el autobús no prestaban atención a ese hecho tan horroroso, sino que actuaban totalmente normal, como si no tuviera de que preocuparse.

En ese instante el bus desapareció y por instinto Juan prendió el coche ¡Que sorpresa! Encendió y aceleró en dirección a su casa nuevamente. Ambos lucían pálidos por el terrible hecho que habían vivido esa noche en el camino de tilos. Llegando a su casa le han contado todo a sus esposas e hijos, no podían creer lo que habían vivido esa noche, pues al percatarse de lo sucedido nunca pensaron que podrían regresar sanos y salvos a sus hogares.

Se dice que aún aquellas almas en pena rondan por los caminos que a día de hoy han sido renovados y asfaltados. Muchas personas ven mujeres, otros ven niños, lo cierto es que hay muchas almas en pena que están vagando año tras año por los lugares, en especial a altas horas de la noche. El camino de tilos quizá ya no es el mismo que conocemos, el lugar ha cambiado un poco su aspecto con el pasar de los años, pero aún la zona de 4 kilómetros sigue sin estar poblada por los lugares, siendo así uno de los lugares más terroríficos de Táchira.

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Una historia para asustar a mi hijo

¿De qué trata?: Tratando de avisarle sobre los peligros de Internet, un padre le cuenta a su hijo una historia macabra.

Personajes: Will, Padre, Papá. Mamá, Colby

—Hijo, tenemos que hablar muy seriamente sobre los riesgos de usar Internet —dije mientras entraba en la habitación de Will, un chaval al que le encantaba conectarse en línea.

¿Y a cuál no?

Él me miró aburrido y me preguntó si aquella iba a ser otra de las historias tontas que le contaba de niño. Sonreí.

—Creí que mis historias te gustaban.

—Eso era antes, cuando de verdad daban miedo. Pero soy mayor, papá y ya no me asustan. Así que sí vas a contarme una historia sobre Internet, ¿podrías hacerla bastante aterradora? —inquirió con emoción.

Lo pensé un momento y luego asentí.

—Muy bien, esta es la historia de un niño llamado Colby. A Colby le gustaba mucho navegar por Internet y jugar en línea. Fue en uno de estos juegos que conoció a Helper23, un sujeto agradable con el que resultó tener muchas cosas en común. Ambos veían los mismos programas y siempre reían con los chistes del otro.

» Un buen día, Colby le obsequió a Helper23 seis diamantes en el juego que estaban experimentando, por lo cual este, para agradecerle, le sugirió que le diera la dirección de su casa y así podría enviarle un obsequio físico. Le prometió que no se lo diría a nadie, ni compartiría la dirección con extraños. Así que finalmente, Colby accedió.

Miré a mi hijo y le pregunté:

—¿Tú crees que Colby hizo bien en confiar en ese sujeto?

—Por supuesto que no —dijo él, agitando la cabeza enérgicamente.

—Bien, pues Colby empezó a creer lo mismo poco después. Se sentía tan mal por haberle dado su dirección a ese desconocido, que la culpa comenzó a atormentarlo. Tenía miedo tanto de él, como del castigo que le darían sus padres. Pero al final decidió contarles la verdad.

» Arropado en su cama, escuchó al padre subiendo las escaleras y lo llamó. La cabeza de su papá asomó por el umbral de la puerta, en un ángulo muy extraño y le habló con una voz muy inusual. ‘¿Sí, hijo?’

» Colby balbuceó. ‘¿Está mamá en casa? Tengo algo que contarles’. A continuación, la cabeza de su madre asomó debajo de la del padre, en el mismo ángulo raro, y habló con un falsete de voz nada natural. ‘¿Nos vas a decir que le diste nuestra dirección a Helper23? ¡No debiste hacerlo! Él fingía ser un niño y nos ha matado a los dos, ¡solo para pasar un buen rato contigo!’

Las cabezas cercenadas de ambos cayeron al suelo y apareció en la puerta un hombre regordete y de sonrisa maníaca, que se abalanzó sobre Colby para acabar con él.

Horas después, el asesino escuchó un llanto. Había un bebé en la habitación de al lado, quién sonrió al verlo entrar en la habitación.

—Hola, pequeñín —lo saludó el criminal, simpáticamente.

»  Se llevó al niño, lo llamó Will y lo crió como si fuese suyo…

—Pero papá, ¡yo me llamo Will! —dijo mi hijo, pálido y asustado.

—Claro que sí, hijo.

Lo dejé sollozando. Supongo que en el fondo, la historia le gustó.

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La mecedora del fantasma

¿De qué trata?: Silvia tiene una extraña mecedora en casa que por las noches se mueve sola. No tardará en descubrir algo inquietante.

Personajes: Silvia, Mamá, Papá, Abuelo

La casa de Silvia era un lugar muy acogedor, con un enorme jardín para jugar y habitaciones muy bien iluminadas. A ella le encantaba llevar a sus amigos al porche o al patio trasero, donde tenían aventuras sin fin. El único lugar que a ella le inquietaba, era la última recámara del segundo piso al fondo, un sitio al cual nunca se acercaba.

Había algo extraño en ese cuarto, que no parecía tan bien iluminado como los demás.

Sus padres lo usaban como un pequeño estudio, con estanterías llenas de libros y un escritorio para poner la computadora, pero Silvia nunca se ponía a estudiar ahí. Prefería hacerlo en su habitación, con la laptop personal que su padre le había comprado.

Y es que, el único lugar para sentarse dentro del estudio, era esa maldita mecedora. La mecedora que por las noches crujía una y otra vez, como si alguien estuviera sentado en ella, balanceándose rítmicamente y haciéndole pasar noches en vela, sin atreverse a echar un vistazo.

Durante el día también se movía pero solo unas cuantas veces. Sus padres no parecían darle la menor importancia.

—Debe ser el viento —decían, cada vez que Silvia sacaba el tema.

Pero hasta una niña como Silvia sabía que el viento no podía hacer que la mecedora se moviese de esa manera tan calculada.

Llegó la Navidad y Silvia ayudó a su mamá a decorar la casa. Pusieron guirnaldas en las escaleras y llenaron de esferas el árbol. Por la noche, contenta con los preparativos, la niña se fue a dormir a su habitación pasando por el estudio. Entonces percibió por el rabillo del ojo una sombra que le heló la sangre.

Silvia se quedó paralizada y no se atrevió a mirar por completo. Sentía que lo que estuviera sentado en la mecedora la estaba mirando. Entonces, lo escuchó. Una voz quebrada y débil que mencionaba su nombre.

—Sil… viaaaa… Siiil… vi… aaaaa

La niña corrió a su habitación y se ocultó bajo las sábanas, con el corazón en un puño. A la mañana siguiente, decidió contarle lo sucedido a sus padres, convencida de que algo sucedía en esa habitación.

Esta vez no hubo bromas acerca del viento o que hicieran referencia a su gran imaginación. Ambos se miraron el uno al otro con inquietud y entonces ella tuvo la certeza de que estaba por enterarse de algo inquietante. Y no estaba segura de querer saber.

—Bueno, algún tendría que enterarse —dijo papá—, ya es lo suficientemente mayor para entender.

—Pero vaya una noticia para Navidad —dijo mamá lamentándose.

—Verás Silvia, tú no conociste a tu abuelo, el padre de tu mamá. Hace muchos años vivía aquí con nosotros. Pero estaba muy enfermo. Su habitación era el estudio a donde no te gusta entrar.

—Lamentablemente falleció allí mismo —mamá suspiró—, nunca quisimos decirte para no asustarte, ¿entiendes?

—Pero ahora eres lo suficientemente madura para entender, ¿verdad?

Silvia tragó saliva pesadamente.

—¿Entonces el estudio era el cuarto del abuelo?

—Claro. Su sitio favorito era la mecedora.

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Apocalipsis IV: El día de los caídos.

¿De qué trata?: Samanta deberá continuar su camino debido a que el asentamiento donde se encontraba sufrió un bestial ataque.

Personajes: Samanta, Harold, Curley, Bob,

Todo lo bueno llega a su fin, las hospitalidad de quienes me recibieron se consumió en el fuego, hordas de mutantes atacaron el asentamiento, solo yo pude salir con vida porque mimí me ayudo a escapar, fue una pena no poder rescatarla, pero continuo mi camino a la fortaleza roja.

Sabia que este tipo de cosas pasarían cuando comencé mi viaje, pero no deja de ser duro, ver como mi familia murió, como mis amigos también lo hicieron, y todo el que me acompañe termina con un destino atroz.

Seguí en mi Harley sin novedad hasta que la noche arropo el cielo, pero el ambiente se encontraba muy pesado, algo pasaría me supuse, algo malo.

No tuve que esperar tanto, a solo unos kilómetros grandes hogueras se hicieron sentir, lo mas probable es que algún grupo de mutantes se encuentren celebrando alguna cacería, es difícil entender como estas criaturas humanas se han dedicado al canibalismo y la tortura.

Prometí no involucrarme jamas en ningún problema, pero era evidente que muchas personas serian la cena de esas bestias, simplemente no me agradaba la idea, ademas de odiar a esas criaturas con todas mis fuerzas.

Me acerque a pie al campamento, como lo sospeche, muchos se encontraban encadenados, varios cuerpos yacían desmembrados en el suelo, mujeres degolladas; costumbre de estos asesinos después de violarlas en grupo. Quedaban muy poco sobrevivientes.

Como pude me acerque detrás de unas rocas para intentar liberarlos, una mujer y dos hombres.

— ¡Por favor ayúdanos! — Dijo la chica.

— ¡Silencio Curley!, te pueden escuchar esos mal nacidos — Dijo el chico con una cicatriz en la cara.

— Haré lo que pueda chicos, no se preocupen — Trato samanta de calmarlos.

Pude desatarlos pero no fueron lo suficientemente silenciosos como para pasar desapercibidos.

— ¡Intentan escapar, atrapenlos, voy a bañarme en su sangre cucarachas! — Dijo uno de los mutantes alertando al resto.

Soy buena luchando pero no en este tipo de condiciones cuando tengo a oros tres como una carga, por eso no me gusta viajar acompañada, pero me ofrecí a ayudarlos así que debo cumplir, debo admitir que extrañaba la adrenalina correr por mis venas.

— Bob rápido trae a Curley — Dijo el chico de cabeza rapada.

— ¡Apresurense! — Golpeo a un mutante con una pala — ¡Cuidado! — Los mutantes tomaron a la chica y le arrancaron la cabeza.

— ¡Curley! ¡No! — Dijo Harold.

— Andando, ya no podemos hacer nada por ella, debemos ponernos a salvo — Dijo Samanta matando a otro mutante.

Como pude tome a los chicos y los lleve a mi motocicleta, 8 de esos mutantes nos seguían, parecía que no lo lograríamos pero mi Harley no nos decepciono.

El amanecer llego, con nuevas expectativas, no quería acompañantes ahora tengo dos chicos que parecen extremadamente indefensos, se que si los abandono perecerán en cualquier momento, tratare de dar lo mejor mi esta vez.

Cada vez me acerco mas a mi destino, la Fortaleza roja esta mas cerca, se que podre llegar, quizás estos chicos me ayuden, para que por primera vez en la vida estemos a salvo.

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El DVD maldito

¿De qué trata?: Un misterioso DVD puede mostrarte tu vida entera, pero cuidado si planeas verlo hasta el final. Puede que no te guste lo que vayas a ver en él.

Personajes: Protagonista

No es fácil encontrar la película de la que voy a hablarte, pero si tienes suerte, podría estar en el próximo videoclub al que vayas. Así que si sales a rentar un DVD, fíjate bien en todos los rincones. Podría estar en la sección de cualquier género, en cualquier estantería, incluso estar en las manos de otra persona.

Lo reconocerás fácilmente, pues la caja es completamente negra y tiene un título muy simple: .

En cuanto lo localices, tómalo y dirígete a pagarlo como si nada. Tal vez el encargado de la tienda te lance una mirada extrañada, pero no se negará. Si acaso te hará un comentario como: “Ah… quieres ese…”

En fin, cuando vuelvas a casa debes esperar hasta la medianoche para poner el DVD. No cedas a la tentación de verlo antes, pues de todos modos, no funcionaría. Tiene que ser a las doce de la noche en punto. Entra en una habitación muy oscura y silenciosa, sin luz ni estímulos que puedan distraerte. Solo deberías ser capaz de escuchar los latidos de tu corazón.

También es necesario que te encuentres solo. No querrás que nadie más vea los misterios de tu vida que solo tú debes conocer.

Es hora de poner el DVD en reproducción. Esta película contiene todos los eventos de tu pasado, de tu presente y también los que van a ocurrir en tu futuro, así que tú solo sabrás hasta donde debes o quieres ver. Piénsalo muy bien si vas a mirar los acontecimientos que aun no han ocurrido.

Te sentirás asombrado cuando te veas a ti mismo, naciendo y creciendo hasta dejar de ser un bebé para pasar por los principales recuerdos de tu infancia. Sentirás nostalgia o vergüenza al llegar hasta los días de tu adolescencia. Y si has crecido lo suficiente, es probable que te sientas impresionado, orgulloso o deprimido al ver el joven en que te has convertido, ese que tiene que empezar a aprender adulto y adquirir más responsabilidades.

Te recomiendo que dejes de ver hasta allí. Saca el DVD del reproductor y colócalo en el piso de tu armario. Ciérralo sin volver a mirar y márchate. A la mañana siguiente, te darás cuenta de que se ha ido sin dejar rastro.

Muy pocos quieren ver en realidad su futuro. Pero si tú insistes, solo tendrás que dejar que la película siga reproduciéndose.

Intenta no gritar cuando llegues a la parte en donde mueres. No mires atrás ni a los lados cuando veas como algo sale del armario, y te arrastra al interior desgarrando tus entrañas. No se te ocurra parpadear al ver como eres descuartizado, ni la carnicería dejada frente al televisor con el DVD desparramado en el piso, junto a las extremidades arrancadas de tu cuerpo.

En ese instante, la película habrá finalizado y serás libre de marcharte a dormir. Si es que aun puedes dormir.

Ah, una última recomendación. No vayas a gritar cuando sientas la cálida respiración del monstruo acariciando los cabellos de tu nuca. Podrías enfurecerlo.

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Yo también lo escuché

¿De qué trata?: Una madre llama a su hija en medio de la noche, pero las cosas no son siempre lo que aparentan.

Personajes: Mamá, Hailey

Cuando era pequeña, me gustaba jugar con mi madre al escondite. Me las arreglaba para ocultarme en todo tipo de rincones, detrás de las cortinas, debajo de la cama, en los gabinetes del mueble bajo del baño y en el jardín. Era muy buena jugando ese juego y mamá también. Siempre cerraba los ojos y contaba en voz alta hasta veinte, para darme suficiente tiempo de ocultarme.

Mamá era increíble y no recuerdo que haya dejado de estar ahí nunca, cuando más la necesitaba. Siempre sabía que hacer para reconfortarte de cualquier problema. Un abrazo suyo o una palabra cariñosa eran suficiente para que te sintieras mejor.

Cualquier sitio donde estuviera mamá era el más seguro y feliz del mundo.

A veces aun sigo preguntándome que sucedió aquella noche y que era eso de lo que ella tanto quería protegerme.

Tenía seis o siete años, creo yo. Acabábamos de entrar en mi habitación porque era la hora de dormir y yo ya traía puesta mi pijama rosa. Me encantaba ese pijama que me hacía sentir como una princesa.

—¿Qué cuento leeremos hoy? —me preguntó mi madre como de costumbre.

Se lo dije y sacó el pesado tomo de cuentos que descansaba en una estantería. Me leyó el relato para esa noche y casi al instante, el sueño se apoderó de mí.

Mamá me arropó y me dio un beso en la frente.

—Buenas noches, Hailey —le escuché susurrar antes de que se marchara, dejando la lamparilla de mi mesa de noche encendida.

Los minutos pasaron en silencio, conmigo sumida en la tierra de los sueños. Pero estoy segura de que lo que ocurrió esa noche, no fue ninguno.

Desperté en medio de la noche, alertada por alguien que decía mi nombre.

—Hayley —me llamó desde el piso de abajo—, Hayley.

Era mi mamá. Estaba llamándome. Qué raro, ella siempre insistía en lo importante que era la hora de dormir y no le gustaba que estuviera de mi cama tan tarde.

—Hayley —volvió a llamarme ella, con más urgencia.

Rápidamente, me calcé mis pequeñas pantuflas y salí de la habitación. La luz de la escalera estaba encendida. En algún lugar del piso de abajo se escuchaba el murmullo de la televisión. Y después, de nuevo la oí a ella.

Bajé los escalones como si nada hasta llegar al nivel inferior. Y justo cuando estaba por ir a encontrarme con mamá, una mano cubrió mi boca y me atrajo violentamente hacia un armario. Me revolvió, asustada, hasta que la persona se agachó frente a mí y pude verla.

Era mamá.

—No vayas —me susurró con miedo—, yo también la escuché.

Sigo sin comprender que fue lo que pasó aquella noche, o que fue lo que escuchamos las dos. Mis recuerdos luego de lo que ocurrió son prácticamente inexistentes.

Cada vez que le pregunto a mamá quien me estaba llamando esa vez, ella desvía el tema o me asegura que todo fue un sueño. La última fingió que no se acordaba.

Tengo el presentimiento de que nunca lo sabré.

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Pisadas

¿De qué trata?: Una mujer llama a sus hijos para la hora de la cena, no sin antes advertirles que se limpien los pies. Esta familia guarda un oscuro secreto.

Personajes: Sarah, Bill, Lauren, Elliot

Sarah terminó de cortar las patatas y comenzó a hacer el puré para la cena. Estaba haciendo la comida que más le gustaba a sus pequeños hijos, pastel de carne con guisantes. Ahora podía verlos jugar en el jardín, corriendo y saltando en medio del lodo. Sus zapatitos irremediablemente se llenarían de fango.

Había llovido bastante anoche, ¿pero qué se le iba a hacer?

Los vigiló por un momento mientras terminaba de preparar los alimentos y salió al comedor para poner la mesa. Su marido acababa de llegar y ahora lo podía escuchar haciendo cosas en su pequeño cuarto del fondo, su refugio.

—¡Niños, a cenar! —gritó Sarah a través de la ventana de la cocina, llamando a sus hijos.

Los niños corrieron a casa.

—No olviden limpiarse muy bien los pies antes de entrar —les advirtió ella—, no quiero volver a tener que limpiar la alfombra. Ya saben lo grande que es y lo complicado que es sacarle las manchas.

Se sentaron los chiquillos a la mesa y ella también. Bill, su esposo, llegó y ocupó el lugar de la cabecera con expresión malhumorada, resoplando y sirviéndose en su plato sin disimular su estado de ánimo.

Sarah solo sonrió.

—Lauren —le habló a su hija—, ¿qué tal te fue en la escuela hoy? Escuché que rompiste tu marca en atletismo, ¡100 metros sin cansarte! ¿Quieres hablarnos de eso?

Lauren sonrió de manera amplia y abrió la boca para hablar. En ese instante, su padre refunfuñó y bruscamente, se levantó de la mesa con su plato, dirigiéndose a la sala de estar para ver la televisión.

La sonrisa de la niña se desvaneció.

—No, no, cuéntame a mí —le pidió Sarah tomándole la mano—, no te preocupes.

Así, Sarah se pasó la siguiente hora charlando alegremente con sus hijos, quienes le comentaron todo lo que habían hecho a la escuela. La pequeña Sarah cada vez iba mejor en la clase de deportes y Elliot, el niño, estaba ya muy avanzado en su programa de lectura.

Eran dos niños inteligentes y hermosos de los que se sentía muy orgullosa.

Esa noche los mandó a dormir y les dijo que después de lavar los platos, subiría a darles las buenas noches. Los niños se fueron.

Bill se levantó del sofá con su plato vacío y entró en la cocina, donde su esposa fregaba los trastes tarareando una canción por lo bajo. Suspiró, dejó el plato sobre el mostrador y se acercó a ella.

—Sarah, no podemos seguir así —le dijo—, esto está saliéndose de control. Tienes que entenderlo. El hecho de que te comportes como si los niños aun estuvieran aquí, no los va a revivir. Están muertos.

Sarah se volvió hacia él con una sonrisa tensa.

—No, no están muertos —negó, obviando el espantoso accidente que habían tenido meses atrás—, ellos siguen aquí. Si no fuera así, ¿cómo es que todas las mañanas encuentro sus pequeñas pisadas, llenas de fango sobre la alfombra?

Rió.

—Siempre les digo que se limpien los zapatos y no hacen caso.

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Un huésped en la habitación 27

¿De qué trata?: Una enfermera entusiasmada por conseguir trabajo. Su deseo es ayudar a muchas personas en cualquier Hospital. Por fortuna consigue un puesto ante tanta competencia, pero una sorpresa le espera en una extraña habitación del Piso 3.

Personajes: El huésped, Fanny, Rosa, Raul

Hace ya mucho tiempo que Rosa se encontraba sin trabajo, le era difícil por su edad, tenía unos 31 años y aunque fuera una hermosa enfermera tenía demasiada competencia por delante junto a otras pasantes. Dada ya por rendida decidió quedarse en casa, vivía con Raúl. El se sentía un poco deprimido al verla igual, pero tuvo una excelente idea que seguro iba a funcionar.

En un hospital nuevo donde ingresaron a muchas pasantes fue hasta administración junto a su novia para hacerles una propuesta. Ella trabajaría gratis por 3 meses y si demostraba tener excelentes servicios la dejarían trabajando allí. Rosa no estaba descontenta por ello, a ella le encantaba estar ayudando a las personas sin importar el dinero. Además tenían el dinero suficiente para mantenerse, o bueno, al menos Raúl por los momentos.

De esta manera fue como Rosa empezó a trabajar en este hospital, el cual contaba de 5 pisos, pero que funcionaba solamente 4, ya que el del medio estaba en construcción. Algunas de las habitaciones de dicho piso no estaban terminadas aún, cuando Rosa estaba de turno y tenía tiempo extra se acercaba a este piso deseando que lo habilitaran para tener mayor cobertura.

Pasaron un par de meses y ella se sentía entusiasmada, desde el equipo de administración le habían dado muy buenas noticias. Su gran trabajo estaba dando tantos clientes tan satisfechos que ellos decidieron pagarle esos meses, se lo merecía en su totalidad. Otra buena noticia no tardó en llegar, en la última semana del tercer mes habilitarían el tercer piso.

En la última noche de turno y prepararse para apoderarse del piso que tenía más habitaciones, recibió un llamado de emergencia a través de la radio que comunicaba todas las salas de aquel hospital. Ella se sintió bastante extrañada con dicha voz, pues en el tiempo que llevaba no había oído la misma. Este llamado le solicitaba que limpiara el piso 3, había un gran desorden en una de las habitaciones.

En ese momento ella se sintió aliviada y fue con su equipo de limpieza a echar un vistazo. Aún en camino pensaba en porque le pusieron esa tarea teniendo un Staff dedicado a ello. Cuando llegó todas las luces estaban apagadas, trató de encender los breakers pero estos no respondieron a la acción, por lo que sospechó que estaba averiada.

Extrañada volvió a su puesto de trabajo y solicitó a seguridad que le explicara el motivo del llamado incorrecto. Pero la respuesta que recibió de seguridad le dejó con los pelos de punta. Ellos aseguraron que en ningún momento habían hecho un llamado con su nombre, de hecho, nadie en el hospital había oído esto.

Rosa no se lo creía, ellos confirmaban que lo fuera de común era que ella no estuviera en su puesto y otros pacientes necesitaban su ayuda en ese momento. La enfermera pensó que se trataba de una alucinación, pues eran las 3 de la mañana y su sueño le estaba ganando. Después de esa noche pudo dormir en paz en el día esperando su turno, un poco más despreocupada, ya que tendría compañía de Fanny, una enfermera joven que estaba entusiasmada por aprender a su lado.

Con Fanny a su lado para atender a unas 10 habitaciones en ese piso se sintió más segura, ya se le había olvidado los hechos ocurridos la noche anterior. Ambas formaron un buen equipo desde el primer día. Incluso pudieron dormir a sus pacientes tempranos con buenos antibióticos y otros medicamentos que le aliviaron sus necesidades de salud.

Cuando las dos estaban conversando sobre su pareja en el área de recepción, surge de nuevo ese llamado extraño con una voz profunda. Señorita Fanny solicitada en la habitación 18, señorita Rosa solicitada en habitación 27. Fanny y Rosa se extrañaron, pues la habitación 27 estaba desocupada, no había registros de alguien en ese cuarto.

Fanny decidió acompañarla, pero en el camino oyeron esa voz de nuevo, la cual replicaba que en la habitación 18 se necesitaba una enfermera en caso de emergencia. Rosa estuvo a punto de ir con Fanny a asistirle, pero la curiosidad al pasar primero por la habitación 27 hizo que se detuviera a ver la puerta y entrar lentamente.

Todo estaba oscuro, pero había una gran sorpresa para ella. Si había una persona ocupado una habitación, pero sin acompañante, algo extraño, ya que se suele tener a alguien que cuida al paciente mientras duerme. Ella prendió la luz con permiso del paciente y vio que este tenía un tono de piel muy extraño.

EL paciente tenía los ojos cerrados y con una tonalidad de piel amarillenta, ella se acercó porque no vio signos de alguna respuesta hacia ella. Pero lo más extraño era que mientras se acercaba a él notó que se alejaba un poco más, como si en vez de acercarse se estuviera alejando. Ella entró en pánico y su reacción fue ir directo a la puerta, pero notó que estaba allí, como si no se hubiera movido.

Giró la cabeza en dirección al rostro del paciente y se acerco de nuevo. Esta vez si pudo llegar hasta la camilla, pero lo que ocurrió la dejo aterrorizada y con muchas ganas de gritar- en el momento que tocó la mano del paciente se dio cuenta que estaba completamente frió, el abrió los ojos y la miró fijamente, aunque ella no sabía si en realidad lo estaba haciendo, pues sus ojos eran totalmente negros, veía su reflejo a través de ellos.

En ese momento soltó la mano del paciente y la puerta de la habitación se cerró sola, giró su cabeza de nuevo hacia el paciente y no estaba, sólo veía su sábana sin tender, como si hubiera salido rápidamente de la cama. Mientras tanto, Fanny escuchó unos gritos mientras volvía a recepción, provenían de la habitación 27.

Corrió desesperadamente a ir en auxilio de su amiga Rosa, pero al abrir la puerta encontró todo oscuro, con un llamado auxilio del paciente “Ayuda, acércate a mi por favor” Fanny decidió prender la luz, acercarse a él y ayudarle. Una escena que termina con la desaparición de las chicas, sin registro alguno de la habitación 27.

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