El árbol del diablo

¿De qué trata?: Melissa y Verónica son dos gemelas que deciden jugar en su jardín. Un día, sin embargo, Verónica hace algo terrible para lastimar a su hermana, a quien odia.

Personajes: Melissa, Verónica

Melissa y Verónica eran dos hermanas gemelas que se parecían como un par de gotas de agua. Ambas tenían los mismos hermosos ojos azules, la piel blanca como la leche y un pelo negro muy oscuro, que les enmarcaba el rostro de ángel. Las niñas eran muy bonitas e idénticas por fuera; pero así como su exterior parecía inofensivo, nadie podía imaginar lo distintas que eran por dentro.

Melissa, la mayor por dos minutos de diferencia, era amable y buena con todo el mundo. Las personas la querían por su dulce forma de ser y la alegría que reflejaba su mirada.

Verónica, la menor, era todo lo contrario. A menudo se hacía la falsa con su hermana y con el resto de las personas, pero por dentro, la envidia se la comía viva. Tenía un complejo de inferioridad por haber nacido la segunda y también al ver lo fácil que era para su hermana gemela darse a querer.

Mentía, manipulaba y se aprovechaba de los demás tanto como le fuera posible, así que no tenía amigos. La única que no parecía darse cuenta de sus malas intenciones era Melissa, quien la quería muchísimo.

Pero Verónica se moría de rabia al contemplarse en el espejo y ver el rostro de su melliza.

Un día, Verónica le propuso a Melissa que jugaran un juego. Ambas se encontraban en el espacioso jardín de su casa, sin nada que hacer. Melissa accedió, sin imaginar lo que su hermana tenía en mente.

—Tienes que entrar en la casa y contar hasta veinte. Cuando acabes, sal a buscarme —le dijo Verónica.

Melissa corrió a la casa y se puso a contar.

—… 17… 18… 19… 20… ¡Listo! ¡Verónica, voy a buscarte! —exclamó, antes de volver al jardín a toda prisa.

Lo que vio allí la paralizó por completo.

Verónica yacía colgando de una de las ramas del árbol del jardín, con una soga amarrada al cuello y el rostro amoratado por la falta de oxígeno. Tenía una expresión grotesca en su delicado rostro.

Tanto había llegado a odiar el compartir la misma sangre y apariencia que su gemela, que se había suicidado solo para hacerla sentir culpable.

A partir de entonces, su espíritu la perseguiría toda la vida.

Verónica además, hizo un pacto con el diablo para que el árbol de su jardín mantuviera vivo su recuerdo. A menudo, su hermana se asomaba desde su ventana y veía a su gemela muerta meciéndose entre las ramas, con una malvada sonrisa en su rostro y unos ardientes como las brasas del infierno, que permanecían fijos en ella llenos de odio.

Con sus padres tuvo que mudarse y nada volvió a saberse de ellos.

Este relato corto de terror es uno de los más célebres en Estados Unidos. Hay quienes dicen que sucedió de verdad. Hay quienes creen que el árbol en el que se ahorcó Verónica existe, en algún suburbio desafortunado. Si alguna vez llegas a encontrarte con un tronco muerto en el patio trasero de una casa encantadora, quizá sea mejor mantener las distancias.

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Los gemelos enterrados

¿De qué trata?: Dos gemelos traviesos se meten en el lugar equivocado por hacer de las suyas y encuentran un destino fatal. Para cuando se entere el resto del pueblo, será demasiado tarde.

Personajes: Juan, Martín, Padre Crescencio

Juan y Martín eran hermanos gemelos, idénticos el uno al otro desde el momento en que habían nacido. Parecían dos gotas de agua y nadie, ni siquiera su madre era capaz de diferenciarlos. Esto era algo que aprovechaban para hacer de las suyas en el pequeño pueblo en que vivían.

La gente ya los conocía por ser un par de demonios pues la verdad es que siempre estaban causando muchos problemas.

A veces, se hacían pasar el uno por el otro para confundir a sus vecinos, robarles golosinas o reírse a sus espaldas. Jugando con la pelota habían quebrado infinidad de vidrios. También solían meterse a escondidas a los graneros y gallineros para asustar a los animales, o hacerle bromas pesadas a los demás.

—Son dos diablillos insoportables —era lo que solía decir todo el mundo.

Quien más los regañaba era el padre Crescencio, hombre religioso que vivía en la parroquia y en cuyas misas siempre estaban jugando o corriendo.

—Si siguen siendo tan malos, un día de estos se van a ir al infierno —les decía.

Pero los niños hacían oídos sordos, pensando que tenían toda una vida por delante para arrepentirse. Mientras tanto, iban a seguir haciendo travesuras.

Un día, uno de los hombres más viejos del pueblo falleció y todos los habitantes acudieron a su casa para el funeral. En tanto el padre Crescencio leía los salmos y pedía por el alma del difunto, Juan y Martín se reían por lo bajo y se burlaban del anciano fallecido, que había sido llevado a la morgue a fin de prepararlo para el entierro.

Cuando todas las familias se desplazaron hasta el cementerio para darle la última despedida, los gemelos se separaron de la muchedumbre y descubrieron un ataúd vacío en las cercanías.

Riendo, se metieron en el interior, pensando en el susto que le darían a todo el mundo cuando no los encontraran por ninguna parte. Pero las horas pasaron y nadie fue a buscarlos, de modo que se quedaron dormidos. Y entonces la tragedia comenzó.

Por la noche, cuando su madre no podía encontrarlos se dispararon las alertas. La búsqueda se extendió por todo el pueblo con resultados infructuosos.

Hasta que todos recordaron que el último lugar donde les habían visto había sido el cementerio.

Un horrible presentimiento se apoderó de la madre.

Revisaron todos los entierros que se habían hecho ese día y descubrieron que había un muerto al que le faltaba su caja.

Desenterraron el ataúd que habían puesto bajo tierra por accidente y al abrirlo, una escena desgarradora los recibió. Juan y Martín estaban adentro, con los rostros rígidos y contraídos en una mueca de terror. Tenían las uñas de las manos ensangrentadas, pues habían tratado de rasgar la protección del ataúd para escapar. También se habían arañado entre sí, al desesperarse por encontrarse compartiendo un espacio tan minúsculo.

Por ser tan irrespetuosos y malos habían recibido el peor de los castigos. Desde ese fatídico día, el pueblo no volvió a ser el mismo.

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Construyamos nuestro cementerio

¿De qué trata?: Un hombre y una mujer que se preparan para hacer su vida en una casa que ellos luchan constantemente por reponer. Pero han cometido el error más grande de su vida y sufrirán las consecuencias.

Personajes: Alexander, Antonio, Forense, Asesino.

Erase una vez una joven pareja que quería hacer su vida sola, realmente fue una decisión difícil para ambos emprender una vida juntos, pues ambos no contaban con los suficientes recursos para obtener lo que deseaban al instante. El hombre se llamaba Antonio, la mujer Yessica. Ambos estaban decididos a comprar una vieja casa que a los 2 les había gustado, pero no por el estado en el que estaba, sino por su diseño.

Al verla pensaron que sería fácil reconstruirla, gozar de una casa buena y expandir su familia de generación en generación tomando su nuevo hogar como el núcleo. Antonio empezó a trabajar fuertemente para conseguir los utensilios del hogar. Cocina, nevera, camas, otros accesorios y ya estaba empezando a reunir para un auto.

Pero aún no conseguía lo que quería, iba por más. Afortunadamente para él le ha salido una oportunidad de trabajo donde en total, pasaría fuera 18 horas de su casa. Esto le obligó a residenciarse a las afueras de la ciudad en donde estaba trabajando. Antonio era ingeniero agroindustria y debía estar pendiente de los cultivos y su mantenimiento durante estas horas al día, al menos en el período de la cosecha.

Los ganaderos le estaban pagando bien, así que no había queja al respecto, pero en el lugar donde estaba no tenía señal, así que su mujer estaba completamente incomunicada con él. Pero una noche, mientras ella dormía, sonó el teléfono local de la vivienda. Ella desesperada corrió a contestar con ansias de que fuera su marido.

¡Qué sorpresa! Si es él, la esposa se muestra emocionada al oír la voz de su marido en el teléfono después de varias semanas sin mantener comunicación con él.

Alexandra: ¡Mi amor! ¿Cómo estás? Te has olvidado de mi ¿Verdad?

Antonio: Hola mi amor, hace mucho calor aquí… Necesito que me hagas un favor.

Alexandra: Te escucho extraño, pero debe ser que estás cansado ¡Claro amor! ¿Dime que necesitas?

Antonio: Hace mucho frío aquí. Necesito que todas las paredes de la casa las lijes. Hay que renovar la casa, las cosas van a cambiar.

Alexandra: Mi amor ¿Seguro que puedo yo con eso? Parece una tarea para hombres.

Antonio: Hazlo, por favor. Seguiré llamándote pronto.

Cuelga…

Alexandra se le ha parecido extraño este comportamiento de Antonio, pero se fue contenta a la cama por saber que está bien. Además está ansiosa de pelar todas las paredes de la casa para comenzar a pintarle, de conocer como es su esposo seguro que le dará una sorpresa por haber hecho semejante hazaña en la casa,

Al siguiente día Alexandra se pone en la tarea que Antonio le había dicho por teléfono. Qué gran sorpresa se ha llevado al pelar por completo la primera pared. Varias fechas estaban imprentas en pared, pero la mujer empezó a darse cuenta de que algo no estaba bien, pues las fechas parecían estar imprentas en sangre. Se notaba claramente que no era sangre de cortadas simples, parecía que habían agarrado una brocha de tamaño medio para plasmar las fechas en la pared con claridad.

Enseguida la mujer toma su móvil y llama al número al que su esposo le llamó la noche anterior. Pero al repicar se llevó una sorpresa, pues la operadora le arrojó un mensaje de que el número al cual estaba llamando no se encontraba asignado a ningún dispositivo. Decidió llamar al número de su esposo pero la operadora le confirmaba que no se encontraba con señal disponible.

Sin mucho que hacer la mujer decidió esperar la próxima llamada de su marido. Mientras se puso en tarea de pelar el resto de paredes. Al llegar la noche había pelado ya unos cuartos. Parece que lo hacía con facilidad y en un par de días podía terminar. Pero lo que le perturbaba era que fechas como 2 de noviembre de 1994, 6 de diciembre del 1948, 4 de febrero de 1967, entre otras fechas aleatorias seguían apareciendo medida que pelaba paredes.

Pasó varias horas de la madrugada en vela pensando en las impresiones de la pared. En ese instante suena el teléfono y ella corre a agarrarlo.

Antonio: Hola mi amor ¿Cómo vas?

Alexandra: Ya casi termino amor, pero estaba ansiosa que llamaras, hay varias fechas imprentas con sangre en la pared.

Antonio: …

Cuelga

A Alexandra se le hizo muy extraño, quizás pensó de que la llamada se le estaba cayendo. Así que fue a dormir tranquila pensando en que su marido volvería pronto. Al siguiente día ya casi terminaba de pelar todas las paredes tras horas arduas de trabajo. Pero en la sala principal se dio cuenta de algo que le perturbo demasiado. Una fecha muy reciente, 1 de Enero de 2017.

En ese momento se asusta y escucha su teléfono sonar. Enseguida lo contesta con mucha prisa:

Antonio: ¡Amor! Qué alegría ya voy en camino a casa ¡Te extraño demasiado!

Alexandra: ¡Antonio! Amor, te tengo que decir algo, ya no aguanto más, y no estoy cansada de pelar estas paredes, simplemente me arte de ver fechas llenas de sangre en la pared ¡Estoy asustada!

Antonio: Amor ¿De qué hablas? Bueno, sea lo que sea quiero decirte que sólo me separan unos cuantos kilómetros de casa, extrañaba hablar contigo.

Alexandra: Pero, si hablamos anoche amor ¿no recuerdas?

Antonio: Amor, yo no te llamo desde que te confirme que casi llegaba y perdí la señal.

Alexandra: No puede ser ¿Me estás jugando una broma? Si es así te voy a matar cuando apenas lleg……

Llamada caída.

Antonio emprende un viaje a toda velocidad, está asustado por los sucesos extraños que ocurren en su casa mientras no estaba. Trágica noticia al llegar a su casa y ver todas las paredes peladas con un montón de fechas imprentas en sangre. Entro a su casa y vio a su esposa desplomada en el suelo, sin la piel de sus piernas y otras partes de su cuerpo.

El hombre no aguanta romper en llanto. Llama a la policía y el equipo forense se queda sorprendido al ver esta ruin escena. No hizo falta interrogar al hombre para darse cuenta de que el no tenía nada que ver con ello. El suceso sólo llevaba horas de haber sucedido, aunque si sometió al hombre a responder preguntas que no tenían nada que ver con la muerte de su esposa.

Equipo forense: Señor ¿Sabe usted de casualidad porque su esposa estaba pelando paredes? Cerca de ella hay una paleta que tiene sus huellas.

Antonio: Ni idea, sólo me dijo que estaba cansada de hacerlo, además dijo que yo le había llamado antes, cuando no fue así.

Equipo forense: Señor Antonio, seguiremos investigando este caso, lo cierto es que adquirieron la casa de un homicida. Su mujer no estaba pelando pintura, sino piel muerta impregnada por un asesino para cubrir las fechas en sangre. Lo más espeluznante es que las fechas coinciden con varios asesinatos y desapariciones.

La fecha impregnada con 1 de enero de 2017 no fue un homicidio, fue un suicidio, el asesino se quitó la vida al recibir año nuevo en este mismo lugar. Su cuerpo no pudo ser recuperado, ya que mientras se ahorcaba se prendió fuego el mismo.

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Algo extraño en la ventana

¿De qué trata?: Vigilando por su telescopio, un niño logra ver algo encaramado a la ventana del edificio de enfrente. Será el inicio de una auténtica pesadilla para él.

Personajes: Niño, Visitante

Vivo en un barrio muy agradable, en el centro de la ciudad. Por esta zona casi todas las construcciones son antiguas y el edificio en el que vivo no es la excepción. En realidad son varios, todos ellos históricos y con numerosos apartamentos de ventanas blancas, por las que es divertido mirar si vives en un piso lo bastante alto.

Como yo. A veces, cuando es de noche, me gusta acercar mi telescopio a la ventana y apuntar hacia el cielo. No consigo ver mucho con la iluminación eléctrica de las calles, pero es interesante.

Sin embargo, lo más curioso pasa en los otros apartamentos. Cuando dsvío mi telescopio y lo apunto hacia las ventanas del edificio que se alza enfrente. Puedes ver cosas realmente raras, como la mujer del segundo piso que se pone esa extraña mascarilla verde la cara, el hombre del sexto que hace ejercicio en calzoncillos y la chica del tercero que guarda fotografías de chicos en ropa interior bajo su almohada.

Solía ser divertido, antes de esa noche. Ojala esa noche no se me hubiera ocurrido mirar.

Eran aproximadamente las doce y yo no tenía sueño. Saqué el telescopio y apunté con él hacia el hacia el último piso. Había algo en la última ventana, tocando la ventana insistentemente. Entonces me paralice.

Era una figura humanoide, pero estoy seguro de que esa cosa no es un ser humano. Ninguno podría sostenerse así a semejante altura. No estaba vestido, parecía una especie de sombra, llamando sin cesar a la ventana. Y mientras intentaba descubrir que era, temblando, aquello volteó y miró directamente hacia mí.

Jamás en la vida había sentido tanto miedo. No podía despegarme del telescopio.

A través de la lente, alcancé a ver su rostro. Tenía una boca enorme que alcanzaba sus orejas, carecía de nariz y tenía dos ojos anormalmente diminutos. Era lo más monstruoso que había visto.

Aterrorizado, hice el telescopio a un lado, cerré la ventana y eché las cortinas. Luego me metí en la cama sin dejar de temblar.

Casi no pude pegar ojo en toda la noche.

Creía que se había tratado de una pesadilla a la mañana siguiente, cuando me levanté lleno de cansancio para ir a la escuela. No pude dejar de pensar en ello todo el día.

Y justo cuando me había hecho a la idea de que solamente lo había soñado, la noche volvió a caer.

No saqué el telescopio, había tenido suficiente con lo de el día anterior, fuera real o no. Me preparé para dormir y me arrebujé entre las sábanas, nervioso.

TOC, TOC, TOC.

El ruido de la ventana me dejó congelado. Sin moverme de donde estaba, supe que era eso. Estaba afuera de mi habitación.

No lo había soñado.

TOC, TOC, TOC.

El visitante volvió a tocar con insistencia. Traté de cubrir mis oídos con la almohada, pero el ruido no se detuvo nunca. Sabía que estaba dentro y no iba a dejarme en paz.

Desde entonces, no ha dejado de venir una sola noche.

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El señor Antero

¿De qué trata?: El señor Antero. Un muñeco que toma vida propia a través de las pesadillas de un niño. Al parecer un espíritu maligno asechó el cuerpo endeble de un muñeco de trapo para usar al infante y manipularlo a su antojo.

Personajes: Señor Antero, Matías, Carlos, Marta

Los terrores nocturnos son pesadillas que no dejan dormir a muchas personas. Sin embargo, hay cierto porcentaje de ellas que desarrollan los mismos al pasar los años, teniendo como consecuencia problemas psicológicos. Ese era el caso de un niño de 6 años, quien tenía terrores nocturnos desde que tenía memoria.

Vivía en casa con sus padres cerca de Texas. La casa era pequeña y tenían muy pocos vecinos alrededor, pero se encontraban muy cerca de un pueblo que lo tenía todo para vivir bien. Noche tras noche los padres del niño sufrían demasiado, Marta y Carlos estaban hartas de las quejas de enrique, además de los alaridos que pegaba sin razón mientras dormía y que a su vez, tristemente lo despertaban.

La madre quiso hacer algo al respecto, pensó en regalarle un acompañante. Ha comprado osos de peluche e incluso una mascota con la cual durmió los primeros días, pero extrañamente se dejó de encariñar pasado un tiempo. Pese a los esfuerzos fallidos de la madre, ella decidió hacerle un muñeco propio con mucho cariño.

En una dura tarde con materiales muy viejos que tenía guardados en el sótano de su casa se puso a fabricar un muñeco para su pequeño. Al parecer tenía el presentimiento de que si se lo hacía ella misma lo iba a valorar con mucho más cariño. Al día siguiente se acercó a Matías para obsequiarle el muñeco que había construido especialmente para él.

-¡Matías! Hijo, Ven un momento por favor. Exclamo Marta, la madre.

– Si ¿Mami?

– Quiero obsequiarte este regalo de cumpleaños.

La madre sonriente le entregó el muñeco de trapo al niño con mucho cariño y una sonrisa de oreja a oreja. Pero mientras lo sostenía para que lo agarrara por su cuenta Matías sólo se quedaba pasmado viéndolo, con los ojos saltones brotados en su cara como si se tratase de algo anormal que nunca antes haya visto.

-¿Qué pasa Matías?

-Mami ¿Quién es él? Preguntó el niño mientras miraba la sonrisa de un muñeco de payaso con los ojos totalmente negros, pues eran dos botones de una camisa vieja que ella usó de niña.

-Es el señor Antero, tu nuevo compañero, el te protegerá de todos los monstruos que te asechan por la noche.

Con esos mismos ojos saltones dibujó una sonrisa y tomó el muñeco encantado, creyó en lo que su mamá le dijo y lo llevó a la habitación para jugar con él. Noche tras noche los padres oían como el niño hablaba con el Señor Antero sólo, le preguntaba cual era su comida favorita, los deseos que quería realizar en la vida y cosas que sólo nos preguntamos entre humanos.

Lo sorprendente era que el niño seguía haciéndole preguntas y también respondía a incógnitas misteriosas que al parecer sólo el niño podía oír. Este hecho perturbó un poco a los padres mientras le espiaban, pero se dieron cuenta de que por las noches el niño no tenía más problemas para dormir, podía descansar como un bebé que se alimenta bien.

El niño Matías sostenía sueños con el señor antero que le hacían agarrarle mucho más cariño, como que combatían a los males de la noche ellos juntos y los derrocaban. Otras noches soñaba con que el señor antero lo defendía de los niños de la escuela de mayor edad que suelen meterse con él. Pero un día en que Matías cumplió sus 7 años todo cambió.

Ese mismo día el padre de Matías, Carlos le sacó un diente de leche al niño y le indicó que si lo ponía debajo de la almohada iba a recibir un regalo al otro día. Matías se mostraba poco emocionado por este hecho, pero un regalo más de los que ya recibía de sus padres no vendría nada mal. Esa noche justo a mitad de la madrugada Matías se despierta por algunos movimientos en su propia cama.

¡Es el señor Antero!

-Matías ¿Podrías regalarme el diente que hay debajo de tu almohada? Tengo mucha hambre. Exclamó el muñeco mientras el niño abría sus ojos y lo observaba.

– ¿Para qué lo quieres? Contestó inocentemente Matías.

-¿Tú me quieres Matías? Dámelo si me quieres por favor ¡Tengo mucha hambre!

-Pero, si te lo doy seguro no recibiré mi sorpresa. Dijo el niño con voz un poco triste.

-Si no me das el diente ¡Seguro volverás a tener pesadillas!

El niño recordando todos los males que sufrió de niño prefirió perder uno de sus dientes de leche que volver a su terrible pasado, por lo que procedió en dárselo a antero. Noche tras noche seguía durmiendo con normalidad, hasta que el muñeco volvió a replicarle algunas palabras en mitad de la madrugada con mucha más fuerza.

-¡Tengo hambre! Quiero dientes, ricos y deliciosos dientes frescos.

Matías se levantó un poco asustado y ladeando la cabeza le dijo a Antero que no sabía dónde podía conseguir más. Con un tono amenazante Antero replicó:

-Si no me consigues dientes frescos ¡Tendrás pesadillas de nuevo!

– el niño lo ignoró y siguió durmiendo.

Esa noche no ha pasado nada en absoluto, pero los días posteriores tuvo pesadillas terribles. Durante el día si le perseguían perros soñaba que los mismos lo devoraban. SI había malas noticias en el televisor, era terrible porque le pasaban frente a sus ojos combinándolo con sucesos como asesinatos y muertes. Tras este hecho decidió comprar dientes de tiburón en la tienda y dárselos al señor antero.

Cuando llegó a su casa para complacerlo, se pasmó al ver como el señor Antero lo estaba esperando sentado en la cama. El muñeco ladeó un poco la cabeza y le dijo:

  • No quiero dientes viejos ¡Quiero dientes frescos!

El chico desesperado y guiñendo un ojo, no supo qué hacer. Llegando la noche sabía que muchas cosas terribles iban a pasar, por lo que de la desesperación se arrancó uno de sus dientes de leche, aún no estaba flojo pero quería complacer al señor antero para que le diera su protección en el sueño. Esto pudo calmarlo durante días, pero sus peticiones no se acabaron, la semana siguiente no quería un diente, sino una docena.

  • Si no me das 12 dientes, en el próximo sueño puedes morir
  • Pe .. Pero Señor Antero ¿Dónde puedo conseguir tantos?
  • Tus padres tienen 64 en total, si me los das todos no te pediré más nada nunca.

Era una petición riesgosa, pero un trato que consideraba accesible. Por lo menos sus padres no morirían pensó el chico. En una noche silenciosa y con un alicate se acercó a la cama de sus padres. Intentó arrancar el primer diente pero cuando lo hizo su padre se despertó desconcertado y adolorido. El niño de la desesperación lo golpeó varias veces con el alicate, mientras la madre se despertó y vio la terrorífica escena de su hijo perforando el cráneo de su padre mientras lloraba.

Unos años después el muñeco fue puesto en venta de Garaje por la esposa. El pequeño Matías fue puesto en un centro de rehabilitación y luego procesado a un manicomio de menores. El paradero de Antero no se sabe, pero es probable que esté haciendo más daño a personas con dientes de leche.

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Panchito

¿De qué trata?: Una niña escucha como su tía abuela habla con Panchito, el viejo muñeco que tiene sobre la vitrina.

Personajes: Clarita, Leonora, Panchito

Pasar el fin de semana en casa de la tía abuela Leonora es lo más aburrido. Todo huele a viejo y ella está medio loca. Mamá dice que es por qué nunca se casó ni tuvo hijos, y que por eso también debemos tener lástima de ella. Pero yo no le tengo lástima. Hay algo en ella que no me agrada.

Todos los veranos es lo mismo, siempre tengo que venir a quedarme unos días para hacerle compañía, en lo que mis padres terminan de preparar nuestro propio viaje.

—La tía abuela está muy solita y es lo mínimo que podemos hacer por ella —me dice mi papá—, además a ella le da mucho gusto verte.

Yo no creo que sea así. Siempre tiene cara de estar oliendo algo feo, me dice que no suba los pies a sus muebles y se la pasa prohibiéndome cosas. Además, su comida sabe asquerosa. Lo bueno es que llevo suficientes galletas para comer a escondidas.

Odio su casa, es oscura y parece sacada de una película de terror.

—¿Ya saludaste a Panchito, Clarita? —me pregunta la tía abuela, mirándome de mala manera y señalando un objeto que está sobre la vitrina de su recibidor.

Panchito.

El horrendo muñeco parece mirarme de verdad con sus ojos azules. Tiene el pelo rubio y ondulado y la boca abierta en un gesto inexpresivo. Va vestido con una túnica muy anticuada y la tía abuela lo trata como si fuera un niño de verdad.

Por eso todos decimos que está loca, sí le afectó no tener hijos.

—Mi Panchito se va a enojar si no eres amable con él.

Le sigo el juego y saludo. Odio a Panchito.

Ya de noche me ha tocado darme un buen atascón de galletas, luego de medio comer la horrible sopa de espárragos que ha preparado. Lo único que quiero es que los días se pasen rápido para poder volver con mis padres.

Pero a medianoche, algo me despierta. Alguien está subiendo las escaleras lentamente. Debe ser ella, que bajó a beber agua o algo.

Silencio.

La escucho pararse justo detrás de mi puerta y me quedo muy quieta.

—¿La oyes, Panchito? ¿La oyes respirando? Está ahí dentro —susurra la tía abuela Leonora, con una voz que me hace sentir escalofríos—, te dije que no íbamos a estar tan solos, mi niño.

Otra pausa sepulcral transcurre en el pasillo. Yo cierro los ojos muy fuerte, tratando de ignorar el desesperado latido de mi corazón.

—Sé que odia estar aquí, ¡nos odia! Pero ya le enseñaremos a tener un poco de respeto.

Está loca, está completamente loca. Voy a contarle esto a mis padres y nunca más volveré a esta casa. Ojalá pudiera marcharme ya de aquí.

—No te preocupes, que ella no sospecha nada. Y aunque lo hiciera, ¿quién le va a creer? Los niños mentirosos son desagradables para sus padres, ¿no te lo he dicho ya?

Una risa infantil responde esta vez a sus palabras y yo me quedo helada.

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Barba Azul

¿De qué trata?: Una historia que muestra a un hombre rico, tenebroso y feo, todo por la apariencia que le dejaba su barba azul. Queriendo mostrar quién era, le pidió a una vecina una de sus hijas en matrimonio, luchó tanto para eso que lo consiguió, pero ¿cuál sería la sorpresa que su nueva esposa se encontraría al entrar a casa?

Personajes: Barba Azul, Hermanas, Madre de las jóvenes

Había una vez, un hombre que poseía una gran fortuna tenía dentro de sus propiedades, elegantes casas, así como casas en la ciudad y en el campo, vajillas de cerámica, de oro y de playa. Las piedras preciosas no faltaban dentro de sus pertenencias y sus muebles forrados eran brocados de gran finura.

Además, tenía elegantes caballos armados en carrozas para cuando quisiera dar sus paseos por el pueblo, sin embargo este hombre también contaba con verdaderos bienes materiales pero con todo y ello tenía un enorme problema y por ser de su apariencia, influía mucho en su personalidad, tenía la barba azul.

Esta barba le daba un aspecto tenebroso, feo y de una persona malvada lo que lo ponía muy triste ya que solía atemorizar a todo el mundo con solo una primera mirada, pues salían huyendo en el primer contacto. Este miedo, también identificaba su persona por haberse casado y divorciado varias veces, donde todo el mundo sabía que sus esposas se iban sin decir por qué y sin dejar ningún rastro de ellas.

Una vecina del hombre, era una dama elegante y de su misma altura social, tenía un par de hijas hermosas. Un buen día se atrevió y le dijo a la dama que quería a una de sus hijas en matrimonio, entonces la señora dejó que él escogiera cuál quería para él. Obviamente, ninguna de las hermosas jóvenes quería casarse con el hombre que tenía la barba azul.

A las dos las invitó a las mansiones del campo con el fin de que alguna se decidiera a casarse con él. Organizó una gran fiesta con muchos invitados, banquetes y hasta veladas nocturnas, consiguiendo que la más pequeña accediera a contraer matrimonio con el barba azul.

Después de un mes del matrimonio, el Barba Azul dijo a su esposa que tenía que hacer un viaje por un largo tiempo, alrededor de 6 semanas por un asunto de trabajo y que por ello le pedía que en su ausencia se divirtiera todo lo que pudiera con sus amigas y no dejara de pasarla bien.

Le entregó las llaves de la casa, de los muebles donde se escondían sus tesoros y todos sus bienes, prohibiéndole que nunca abriera el gabinete escondido que ya ella sabía a cuál se refería. El hombre se fue y la esposa se quedó sola, pero la curiosidad fue tan grande que directamente se dirigió a la puerta prohibida a ver qué tenía dentro de ella, la joven quedó perpleja y asustada, pues ahí tenía sembrados todos los cadáveres de las esposas que habían desaparecido.

Temblando de pánico cerró la puerta y volvió a su habitación, dándose cuenta que la llave se había manchado de sangre sin poder quitarse, por más que ella la frotaba. Barba azul llegó inesperadamente esa misma noche y después de preguntar por las llaves, ella las entregó con las manos temblorosas.

El se dio cuenta enseguida y le dijo, como has intentado entrar irás a acompañar a las demás damas que allí viste.

Rogándole le pidió que no lo hiciera, pero Barba azul cogió un cuchillo pero justo en ese momento tocaron tan fuerte a la puerta, eran los hermanos de la joven, quienes se dieron cuenta de lo que pasaba, lo atravesaron con una espada y a Barba azul lo dejaron muerto, mientras que la joven se quedó como la única heredera, pues él no tenía hijos.

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El jinete sin cabeza

¿De qué trata?: Un hombre con el desespero de no contar con el dinero necesario para salvar a su hijo de una enfermedad, pide a sus amigos algunas monedas, cuando estos lo que le dan es un consejo que terminaría en la peor tragedia de su vida y la del pueblo.

Personajes: El jinete sin cabeza

Un cliente habitual de una cantina, llegó un buen día pidiendo a sus íntimos amigos, dinero para llevar a su hijo al doctor, el cual se encontraba enfermo en casa. Sin embargo, ellos no hicieron caso a la desgracia de su amigo, sino que prefirieron seguirse divirtiendo sin tomarle nada de atención.

Uno de los amigos replicó: Oye, no tenemos ni un peso, pero te daré lo único que me queda en secreto. También te cuento que por allí cuentan que quien intenta montar al caballo negro que corre por lo largo de la loma y consigue domarlo, éste lo llevará a la cueva de quien era su amo, donde verás una inmensa cantidad de oro, uno sobre otro y verás que te dejarán tomar la cantidad que quieras para tu hijo.

Como era de esperarse, lo que decía aquel amigo, no eran más que mentiras y más mentiras, solo quería burlarse de este hombre. No obstante, el amigo quien se encontraba desesperado por la situación de su hijo quería hacerlo, por lo que abordó la loma para esperar al caballo sobre la rama de un árbol.

Cuando apareció el caballo, el hombre se dejó caer sobre él y con tanto movimiento y relinchidos, la cabeza del hombre quedo atrapada y colgada en esa rama donde aguardaba y su sangre cubrió por completo los ojos del caballo. Desde ese instante, el animal de forma inmediata emprendió la carrera llevando al hombre consigo, pero con tanta velocidad que segundos después, los dos se fueron por el despeñadero.

Tanto el hombre, como la bestia quedaron unidos por un fuerte lazo de sangre y muerte, y en el que no se sabía cuál estaba primero si el hombre o el caballo, por su unión tan estrecha. La sangre se veía correr sin cesar, generando grietas desde la tierra con abundante sequía, la cual la succionaba como nada.

La tierra comenzó a arder  con la sangre y ambos fueron tragados por esta tierra sedienta. Los pobladores no contaron nada de lo sucedido, pero al día siguiente todos los habitantes encontraron en cada puerta, la quemadura de una herradura.

El día 7 después de haber sucedido todo, entre las rocas de la cañada un fuerte eco encrespó los nervios de todos los que allí estaban, pues se escuchaban cascos de caballo que caminaban con un trote lento, dejando tiempo para que todos escucharan cada paso.

Así mismo, se pudo dejar ver a lo lejos, una intensa bola de fuego que bajaba por la loma y en ese momento todos entraron a sus casas. En las grietas de las paredes se lograba ver un caballo negro con patas de fuego y que obedecía a un jinete sin cabeza buscando a aquellos amigos impertinentes bromistas que había alimentado la creencia de aquel hombre, dejándolos calcinados por completo.

Desde aquel entonces se dijo que quien no tenga la intención de ayudar a un hombre en desgracia, el jinete sin cabeza estará allí para enseñarle que con eso no se juega.

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Banquete siniestro

¿De qué trata?: La fonda de Doña Mercedes es un éxito en la ciudad, pero sus comensales habituales no tardarán en horrorizarse al descubrir de donde proviene la carne de su mejor especialidad.

Personajes: Doña Mercedes, Juan, María, Comensales

Era el mejor lugar para comer en todo el pueblo. La fonda de Doña Carmen podía no ser un restaurante elegante, ni tener grandes lujos en su interior, pero un lugar bien bonito y agradable en el que disfrutar de una comida a gusto. Se encontraba en la cima de un pequeño monte pegado al poblado de San Germán, y para entrar se tenía que subir por una pequeña escalinata de piedra.

Había una pequeña terraza y mesas de madera, y todo estaba pintado con colores brillantes que le brindaban un aspecto acogedor al lugar. Pero lo mejor por supuesto, era el sazón de Doña Mercedes, que se preciaba de preparar todo tipo de delicias.

Pasteles de pollo y filetes de res empanizados, sopas que reanimaban hasta al más triste, un mole de tres chiles que era el preferido de los lugareños y ricos frijoles sazonados. Pero su especialidad sin duda alguna, era un suculento estofado de finas tajadas de carne, que sus clientes no paraban de pedir a montones.

—¿Cuál es su secreto, Doña Mercedes? —solían preguntarle con intriga, pues nunca habían probado una carne tan suave y tierna, tan deliciosa al paladar.

—¿Cuál va a ser? Simplemente cocinar con gusto —respondía ella enigmáticamente, al tiempo que intercambiaba una mirada con María, la joven muchacha de ojos negros que le ayudaba en el negocio.

María una chica guapísima, pero nunca hablaba y evitaba acercarse demasiado a los comensales, como no fuera para servirles.

Además de ella estaba Juan, un hombre alegre que era quien le llevaba carne a Doña Mercedes para preparar sus sabrosos guisados. A veces, los chicos del pueblo lo veían subir hasta el restaurantito arrastrando pesados fardos y se intimidaban.

Siempre había manchas de sangre en el fondo de las bolsas.

—¡No se espanten, muchachos! —solía exclamar Juan de buen humor— Si nomás son menudencias y retazos de animales para cocinar. No vayan a pensar mal.

Un buen día, a Juan no se le vió acarreando bultos como de costumbre. Su camioneta estaba a la entrada del pueblo como siempre, pero de él no había ni rastro. Los lugareños se extrañaron.

—Qué raro —decían—, él siempre anda por aquí a estas horas. ¿Se habrá demorado en la fonda?

Un par de hombres subieron a investigar, pues Juan era amigo suyo y querían asegurarse de que estuviera bien. Llamaron a la puerta y nadie contestó, así que entraron por su cuenta.

Un aroma delicioso provenía de la cocina, como de costumbre. Inofensivamente se asomaron.

—Buenas Doña Mercedes, queríamos ver si… —el saludo de los hombres se cortó en seco y el hambre fue reemplazada por las naúseas.

Una pared estaba mancha de sangre y en una mesa, yacía un cuerpo destazado como si fuera un animal. Lo reconocieron al instante. Era el de Juan.

Doña Mercedes se volvió hacia ellos con sorpresa.

—Es que ayer no pudo traerme carne como de costumbre —dijo, casualmente—. No pudo atrapar a nadie esta vez. Ya ven lo que tiene que hacer una.

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El muñeco poseído

¿De qué trata?: Henry compra un muñeco en una tienda de antigüedades para regalarlo a su sobrino, aunque no tardará en darse cuenta de que quizá, ese juguete no sea tan inofensivo como pensaba.

Personajes: Henry, Vendedor, Muñeco

Cuando Henry entró en aquella tienda de antigüedades, no tenía proyectado comprar nada para su sobrino. De eso se haría cargo en la juguetería que estaba al cruzar la calle. Sin embargo, siempre le gustaba mirar objetos antiguos; a veces tenía un poco de suerte y encontraba algo que valía la pena restaurar y podía vender por el doble de su valor.

Uno debía sacarle el máximo provecho a una profesión tan poco valorada como la de restaurador, lo apasionaban las cosas con historia.

Miró una tetera de porcelana china y una pianola del siglo XVII, sin particular interés. Por lo visto no había nada que estuviera al alcance de su bolsillo ese día.

Estaba por retirarse cuando algo llamó su atención.

Se trataba de un muñeco muy curioso, un payasito, con el pelo pajizo pajizo y una boina verde sobre la cabeza. Tenía ojos profundos y un maquillaje muy curioso sobre sus facciones infantiles. Le recordó mucho a su sobrino.

—¿Puedo ayudarle en algo, señor? —preguntó el dependiente, saliendo de detrás del mostrador— Ah, es usted de nuevo. ¿Encontró algo que le interese llevar? Tengo una caja de música muy parecida a la que compró la última vez.

—En realidad —dijo Henry—, estaba interesado en saber el precio de este muñeco.

—¿Ese? Acaba de llegar hace poco, no creo que tenga tanto valor como otros objetos de aquí.

—Lo quiero para mi sobrino, cumple siete años el fin de semana.

—Ah, comprendo —dijo el dueño de la tienda—, pues si quiere, se lo puedo dejar en diez dólares. La verdad no esperaba que se vendiera, es algo raro. Pero si a usted le parece…

Henry asintió satisfecho y se marchó con el muñeco a casa. Lo puso en un estante de su habitación y se fue a dormir.

Por la noche, se despertó al escuchar el llanto de un niño. Medio dormido, se preguntó si el hijo de sus vecinos estaría despierto… hasta que se percató de que los sollozos se escuchaban en su habitación.

Pálido, Henry miró hacia el estante. La expresión del payasito había cambiado por completo, ahora tenía unos ojos tristísimos y se boca se curvaba hacia abajo, en un gesto de melancolía. Una lágrima pequeña brillaba en su mejilla.

—Imposible —murmuró, levantándose para tomar el juguete entre sus manos—. Debo de estar soñando.

En ese momento, las pupilas del muñeco se movieron para fijarse en las suyas y Henry sintió que lo recorría un escalofrío de terror. Ese maldito payaso lo estaba mirando.

No tuvo tiempo de reaccionar. El juguete se movió y le saltó encima, haciendo que trastabillara y cayera en el suelo.

Henry soltó un grito de terror que despertó a varios de sus vecinos.

***

Al día siguiente, Henry miró como la policía forense recogía su cuerpo del suelo, el cual yacía con una expresión escalofriante en el rostro. Y él, atrapado dentro de ese maldito muñeco de payaso, no podía sino sonreír falsamente, impotente y desesperado.

Estaría condenado a llorar para siempre.

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