Papá, hay alguien en mi armario

¿De qué trata?: En medio de la noche, un niño despierta a su papá tras escuchar algo raro en su armario. Lo que este hombre no sabe es que los monstruos sí existen.

Personajes: Papá, Mamá, Hijo, Monstruo

Eran las 2:38 de la mañana, cuando sentí que alguien me sacudía en la cama. Me desperté lentamente y vi que mi hijo había entrado a la habitación. Estaba de pie junto a la cama y tenía una expresión asustada en el rostro.

—Papá —me habló—, hay algo en mi armario. Tengo miedo.

A mi lado, sentí como mi mujer se desperezaba y rodaba sobre el colchón para acercarse a mí.

—¿Qué ocurre ahora, cariño? —me preguntó.

Yo reí suavemente, sin alarmarme por lo que había dicho mi hijo.

—Tal parece que tenemos un monstruo en el armario —le contesté, logrando que me sonriera somnolienta.

—Oh, eso es algo nuevo —dijo ella, antes de tenderle los brazos al niño—. Ven conmigo, amor. Deja que papá se ocupe del señor monstruo, mientras estás un rato en la cama con mami.

Salí de la cama con lentitud mientras mi hijo se metía debajo de las sábanas. Vi que ella se disponía a dormir de nuevo y le solté una broma.

—¿Segura que no quieres acompañarme? Tal vez entre los dos podamos vencer al monstruo.

—No, sé que tú solo puedes con él. Y si no regresas… bueno, al menos fuiste un buen marido.

Riendo, salí del dormitorio. El cuarto de mi hijo se hallaba al otro lado de la casa, por lo cual tuve que subir la escalinata para acercarme. Vi que la puerta de la habitación se encontraba abierta de par en par, más no así la del armario, que estaba completamente cerrada.

Justo cuando me encontraba a un par de metros de distancia, pude escuchar un raro sonido proveniente del interior, era algo así como un zumbido distorsionado. Aminoré la velocidad, pensando que tal vez algún dispositivo electrónico se había quedado encendido dentro. No era la primera vez que pasaba.

Sin embargo y por precaución, tomé el bate de béisbol que reposaba cerca de ahí y tras respirar profundamente, me atreví a girar el picaporte.

Mientras la puerta se abría, pude comprobar que mi hijo decía la verdad. En una esquina, un montón de ropa se hallaba apilada desordenadamente y el sonido provenía de debajo de ella.

El ruido persistía mientras algo bajo la ropa se sacudía.

Era la voz amortiguada de una persona. Un niño. Apretando el bate con fuerza y dominado por el miedo, comencé a tirar lentamente de las prendas, incluso cuando el sudor bajaba a raudales por mi frente. Estaba ejerciendo tanta presión con mi mano, que los nudillos se me habían puesto blancos y el corazón me latía de forma frenética.

Entonces lo vi, la fuente de la que provenía el sonido. Pero era imposible…

Ahí estaba mi hijo. Atado, con una mordaza entre los labios y el rostro lleno de lágrimas. Se había esforzado tanto por soltarse, que tenía la cara completamente enrojecida.

Rápidamente le quité la mordaza y él pronunció unas palabras que me helaron la sangre:

—¡Quiere a mi mamá!

Historia inspirada en un creepypasta de Reddit, puedes encontrar la original justo aquí.

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Calificación: 3.2 (13 Votos)

No abras la puerta

¿De qué trata?: Jonás había recibido una única advertencia de su madre: no abrir la puerta a nadie esa noche. Algo espeluznante le esperaba afuera.

Personajes: María, Jonás, Asesino

María era una madre soltera que vivía sola con su hijo Jonás, en un pueblo en el que nunca pasaba nada. Pero aquella noche, los dos se sobresaltaron al ver en las noticias que un peligroso asesino había escapado de prisión. Se trataba de un hombre tan trastornado, que incluso los conductores del programa habían palidecido al informar la novedad.

Lo malo era que María debía hacer un turno esa noche en su trabajo y por lo que se sabía, aquel enfermo bien podía estar rondando por el pueblo. Así que antes de salir, le hizo una advertencia muy seria a su hijo.

—Escucha Jonás, no quiero que le abras la puerta a nadie mientras no estoy —le dijo—. No importa quien sea, ni lo que te diga, no debes abrir. Tampoco te asomes a las ventanas. Yo tengo las llaves de la casa conmigo, pero en caso de que alguna cosa llegara a ocurrir, voy a tocar tres veces para que sepas que soy yo.

Jonás le prometió que así lo haría y su madre partió más tranquila al trabajo.

El niño pues, se dispuso a cenar y a ver la televisión, tratando de olvidarse de las macabras noticias de esa tarde. En ese momento, estaban pasando una película basada en el relato corto de uno de sus escritores favoritos, muy terrorífica y entretenida.

De pronto unos golpes en la puerta lo asustaron, alguien estaba tocando desesperadamente.

Paralizado, José miró hacia la entrada, la cual parecía que de un momento a otro podría derrumbarse debido a la fuerza con la que llamaban desde el otro lado.

—¿Mamá? ¿Eres tú? —preguntó con miedo.

Una voz espeluznante gritó desde la calle, emitiendo palabras indescifrables.

—¡JABEME DA PUETA!

Al escuchar esto, Jonás corrió a esconderse en su habitación, rogando porque su madre volviera pronto del trabajo. Pero ella nunca regresó.

Por la mañana, sus vecinos se encontraron con una espantosa escena en la entrada del niño. Allí estaba María, muerta y con el cuerpo ensangrentado. Le habían cortado las piernas y parte de la lengua, lo que explicaba porque no había podido hablar correctamente la noche anterior, mientras pedía ayuda.

Las autoridades determinaron que en algún momento de la noche, la pobre mujer se había cruzado con el loco escapado de la cárcel, quien no había tenido piedad con ella. La había mutilado de la manera más cruel.

Pero de alguna forma, María había conseguido arrastrarse hasta su casa, donde intentó pedir auxilio. Si tan solo no le hubiera hecho aquella advertencia a Jonás, tal vez podría haber entrado en casa y salvado su vida.

Luego de ver lo que había ocurrido con su mamá, el pobre chico enloqueció y tuvo que ser internado en un psiquiátrico. A partir de entonces, no dejaba de tener pesadillas sobre lo sucedido y no soportaba que hubiera puertas cerradas, pues tenía un pánico extremo a que alguien tocara y no saber quien se encontraba del otro lado.

Nunca llegaron a encontrar al asesino de María.

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Calificación: 4.1 (22 Votos)

La casa maldita

¿De qué trata?: Tres chicos se reúnen a jugar a la Ouija en una casa abandonada, sin saber que están a punto de toparse con algo siniestro.

Personajes: Niña, Tomás, Mateo, Lucas

Tomás, Mateo y Lucas, eran tres amigos adolescentes que una noche acudieron a una casa abandonada a las afueras de su pueblo. Alguna vez habían escuchado una leyenda corta, que aseguraba que ahí pasaban cosas extrañas, pero ellos no le habían dado la menor importancia. Se creían invencibles, como todos los muchachos de su edad.

En medio de risas y bromas, entraron en la propiedad a medianoche y sacaron una tabla Ouija. Después de abrir una sesión como era debido, empezaron a preguntar toda clase de cosas, sin tomarse el juego en serio.

Ni siquiera se inmutaron cuando notaron que el puntero comenzaba a moverse, pues ninguno de ellos se creía que esa cosa pudiera cambiar de posición sola. Llegó un momento en el cual, al preguntar si había alguien acompañándolos, la respuesta fue un rotundo sí y únicamente Lucas empezó a sentir algo de miedo.

—¿Quién eres? —preguntó Mateo, aún sin poder aguantarse la risa.

En la Ouija, poco a poco se fue deletreando la respuesta. Hablaba con ellos una niña pequeña, que hace mucho tiempo había muerto en el lugar donde se encontraban.

Lucas se levantó de inmediato y anunció que se iba a su casa, ya sin poder disimular el temor que se había apoderado de él.

Sus amigos se burlaron de su terror, pero no tardaron en seguirlo al considerar que el juego se había puesto demasiado aburrido. A la noche siguiente sin embargo, volvieron a acudir los tres juntos para volver a usar la Ouija.

Lucas se veía extraño y sin muchas ganas de seguir con aquello.

Lo primero que hicieron, fue preguntar si la niña aún se encontraba allí y ella no tardó en responderles que así era. El ambiente se había vuelto sumamente tétrico y conforme las horas pasaban, las preguntas fueron subiendo de intensidad.

En ese momento, Tomás lanzó el cuestionamiento fatal:

—¿Cómo fue que moriste?

El espíritu de las niñas se dio a la tarea de deletrear una nueva contestación. Ella, les dijo, había sido asesinada cruelmente por su propia madre entre aquellas mismas paredes. Nunca habían logrado atraparla, pues se había dado a la fuga inmediatamente después de cometer el crimen. Y ahora ella no podía descansar en paz.

Y lo más importante, era que la casa estaba maldita y ellos estaban en peligro.

Para este punto, los tres jóvenes se encontraban sumamente asustados. Aquello había dejado de ser una broma para pasar a ser un juego muy arriesgado.

Escucharon un ruido y se sobresaltaron, sintiendo que ahora sí, alguien más estaba con ellos y no solo en espíritu.

Esa noche ninguno de los adolescentes fue capaz de salir de la casa.

Al día siguiente, el pueblo entero salió a buscar a los muchachos, que no habían regresado a sus casas. La búsqueda concluyó en la vivienda abandonada, donde fueron encontrados sus cuerpos en medio de un charco de sangre.

Todos estaban muertos y tenían en sus rostros una grotesca mueca de terror.

Desde aquel entonces, nadie volvió nunca a la casa.

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Calificación: 3.8 (43 Votos)

Trato con el Diablo

¿De qué trata?: Después de invocar al diablo, un hombre mantiene una interesante conversación en la que se revelará el más escalofriante secreto.

Personajes: Diablo, Protagonista

Había poco tiempo para llevar a cabo aquella conversación, pero el intento bien valía la pena. El acuerdo era sencillo. Después de invocarlo, yo podía preguntarle unas cuantas cosas y él también me haría algunas preguntas. Aquello me resultó extraño. Después de todo, ¿qué le interesaría conocer de nosotros al Diablo?

—¿Existe el cielo? —fue lo primero que le pregunté.

—Sí —me contestó él y pude escuchar que su voz era como las lenguas de fuego que ardían en la chimenea—, también el infierno existe.

—¿Y quienes van a ir al cielo?

—Todos aquellos a los que Dios quiera tener ahí.

—¿Puedes ser más específico? —inquirí, cada vez más intrigado por la conversación.

Pero él me contestó con otra rara pregunta.

—¿Qué se siente? —dijo y pude ver como sus ojos brillaban— ¿Qué se siente tener miedo?

Confuso, traté de explicar lo mejor posible aquella sensación, aunque no terminaba de entender porque me preguntaba algo así. Sin embargo, él pareció quedarse satisfecho con mi contestación.

—¿Por qué quieres saber eso?

—Porque cuando fui creado por Dios, él no me dio la habilidad de sentir muchas cosas. Mi capacidad de sentir miedo es muy limitada.

—Entonces, ¿qué es lo que sientes?

—Dolor.

Como el tiempo se agotaba, volví a enfocarme en mis preguntas.

—¿Puedes especificar en tu respuesta anterior acerca del cielo?

—Las puertas del cielo están abiertas para todas las criaturas de Dios, sin excepción alguna.

—Entonces tú también podrías entrar en el cielo, ya que fuiste creado por Dios, ¿no es así?

—Podría, pero no voy a hacerlo.

—¿Por qué no?

—Porque cometí el pecado más blasfemo de todos e hice solo lo que él podía hacer.

—¿Hablas de la creación?

—El intento de, no dio resultado. Mis ángeles fueron diseñados a mi propia imagen y semejanza, así que toda la culpa la tengo yo. Y ellos insisten en crear dolor y sufrimiento, destruyendo todo lo que tienen a su paso. Por eso Dios ordenó que sus almas fuesen condenadas a las llamas del infierno.

—Hablas de los demonios, ¿verdad?

—Supongo que podrías llamarlos así. No puedo subir al cielo, no en tanto mis hijos estén sufriendo. Por eso, cuando la última de sus almas haya descendido al infierno, yo bajaré con ellas para estar a su lado. Sufriré por la eternidad.

—No lo entiendo, ¿por qué harías algo así?

—Porque yo los amo.

Una alarma sonó de pronto, sobresaltándome y avisándome que la entrevista había concluido.

—Los demás van a sentirse felices cuando sepan la noticia —dije, colocándome en pie con cierto alivio.

—Pero, ¿de qué noticia estás hablando?

—Lo que dijiste. No importa lo que hayamos hecho, de todas maneras entraremos en el cielo.

—Pero no podrán entrar. De hecho, ninguno de ustedes podrá entrar jamás.

Ante sus palabras, me sentí palidecer.

—Pero… pero tú acabas de decir que…

—Sí, sé bien lo que dije —dijo y en ese momento me percaté de que, más que amenazante, su voz denotaba una profunda tristeza—. Solo que ustedes no fueron creados por Dios, sino por mí.

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Calificación: 3.3 (40 Votos)

El repartidor

¿De qué trata?: Un repartidor de pizza acude a hacer una de sus entregas en una casa a las afueras de la ciudad. Al llegar, no tarda en notar que hay algo extraño en ese lugar.

Personajes: Repartidor, Jefe, Extraño

Cuando salí de la secundaria, decidí tomar un trabajo como repartidor de pizzas para ayudar a pagarme la matrícula de la universidad. No mentiré, me tomó un gran esfuerzo soportar aquel empleo no solo por la mala paga, sino también por lo exhausto que terminaba luego de conducir en mi moto a diferentes sitios de la ciudad.

Sin embargo, no fueron aquellas cosas las que finalmente me hicieron decidir renunciar para buscar una cosa mejor.

Nunca voy a olvidar aquel día en el que dentro de la pizzería, recibimos una inquietante llamada. Yo estaba a punto de terminar con mi turno y como era ya muy tarde, era prácticamente el único repartidor que permanecía en el establecimiento.

Con desgana, descolgué el teléfono y contesté. Del otro lado de la línea, una voz muy rara me habló. Parecía un hombre que intentaba imitar un tono muy agudo, como si estuviera jugando o haciendo una broma.

—Quisiera ordenar una pizza de peperonni —me dijo.

Maldiciendo para mis adentros y esperando que aquello no fuera una jugarreta, decidí obedecer a mi jefe y entregar la orden, pues me dijo que después de eso podía marcharme directamente a casa.

Tomé la comida y me subí en la moto, con destino a un domicilio que quedaba a las afueras de la ciudad. Estaba oscureciendo pero aun así, al llegar, pude notar que se trataba de una vivienda en deplorables condiciones. El jardín estaba lleno de maleza y hierbas, las ventanas estaban obstruidas por gruesas cortinas y los muros de madera se veían algo carcomidos en la fachada.

Parecía como si en realidad nadie hubiera habitado allí por años.

Dudando, me acerqué a tocar la puerta y como nadie me respondió, me atreví a gritar.

—¿Hola? ¡Traigo la pizza que ordenó!

Escuché una risita desagradable y tuve la intuición de que algo no andaba bien ahí.

Al mirar hacia arriba, mi corazón se detuvo al ver a una silueta que corría un poco la cortina y se asomaba para mirarme. No pude distinguir bien su rostro pero al instante, la misma voz fingida que me había hablado por teléfono se dejó oír.

—Entra. Sube a darme la pizza.

—Lo siento, no me permiten entrar en las casas —dije, asustado—, ¿puede bajar por ella?

Como el extraño insistiera en que entrara, decidí dejar la pizza en el pórtico e irme de ahí, ya convencido de que era peligroso entrar. En cuanto hice eso, escuché como la persona que estaba adentro bajaba corriendo por las escaleras y presa del pánico, eché a correr hasta la moto y arranqué a toda velocidad, sin mirar atrás.

Lo último que escuché, fue la puerta abriéndose con violencia y una risa aguda y frenética, que solo un demente podría haber emitido.

Tan pronto como llegué a la ciudad, hablé con la policía y unos oficiales decidieron investigar el lugar. Su respuesta no me dejó tranquilo: habían entrado en la casa sin encontrar a nadie. La propiedad había estado abandonada desde siempre.

Días después renuncié a mi trabajo.

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Calificación: 3.1 (44 Votos)

Vecino molesto

¿De qué trata?: Un hombre recuerda el tiempo en que habitaba su apartamento de soltero y a su insoportable vecino.

Personajes: Hombre, Hijo, Vecino

Cuando era joven, me fui a vivir a un edificio que se encontraba en el centro de la ciudad, la típica construcción antigua pero con pisos baratos en la que uno puede iniciar su vida de soltero. No había demasiado espacio, pero las ventanas eran amplias y el lugar muy tranquilo.

Sin embargo, tiempo después terminaría acumulando razones para mudarme, entre ellas el mal vecindario, el ruido y la frecuencia con la que los servicios básicos fallaban en ese edificio.

La más importante de todas, fue mi vecino.

Yo en ese entonces estaría pasando por mis veinte, y necesitaba concentrarme de pleno en mi primer trabajo, el primero que me permitía pagar mis propias cuentas.

Pero siempre era lo mismo.

A altas horas de la noche, mientras me encontraba en mi habitación frente a la computadora, comenzaba una serie de sonidos molestos, unos golpes que se repetían una y otra vez como si alguien golpeara contra el piso. Eran golpecitos ligeros pero constantes, que a mí me recordaban al ruido que hacían los tacones de una mujer cuando caminaban.

Lo más curioso era que, además de comenzar después de la medianoche, parecían llevar un patrón definido, a tal grado que llegué a contar el número de golpes exactos que se producían y los intervalos en los cuales lo hacían.

A veces me preguntaba si mi vecino haría aquello con los nudillos de las manos, o si pondría alguna grabación para molestarme.

Y es que a mí nunca me cayó bien esa persona.

Era un muchacho aproximadamente de mi edad, que vivía en el piso de arriba, muy reservado, jamás hablaba con ninguno de los vecinos que habitábamos allí. Tampoco salía mucho de casa, siempre que nos lo cruzábamos nos miraba con recelo y creo que jamás lo escuché hablar.

Simplemente había algo en él que me daba mala espina.

A lo largo de un año, las cosas continuaron de la misma manera: yo despierto hasta después de medianoche, tratando de trabajar o de dormir, escuchando esa serie de golpecitos que llegué a grabar en mi memoria como un tatuaje irremplazable.

No obstante, eventualmente me mudé y terminé formando mi propia familia hasta que esos hechos quedaron en el olvido. O al menos esa era lo que pensaba, pues años después, ocurrió algo que aún me sigue helando la sangre.

Todo comenzó cuando estaba ayudando a mi hija pequeña a hacer su tarea. A ella y a sus compañeros les estaban enseñando código morse en el colegio.

La vi golpear la mesa con los nudillos de su pequeña maño, reproduciendo exactamente el mismo sonido que solía escuchar en mi apartamento de soltero y un escalofrío me corrió por la espalda.

—¿Qué significa eso, hija? —le pregunté, sorprendido.

—Es el código más fácil de todos, papito —me respondió con inocencia—. Este se usa para pedir ayuda.

Hasta hoy, las dudas no han dejado de acosarme desde que sé el significado de esos golpes. ¿Quién estaría pidiendo ayuda desde el apartamento de mi vecino y por qué?

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Calificación: 3.4 (46 Votos)

La chica del asiento de atrás

¿De qué trata?: En medio de la noche, un conductor despistado vivirá la experiencia más aterradora de su vida tras tener un accidente en la carretera.

Personajes: Alexis, Chica, Policías

Cerca de las doce de la noche, Alexis se disponía a regresar a casa tras un día extenuante en su trabajo como conductor de autobús. Estaba acostumbrado a terminar a altas horas de la noche, pero a veces el cansancio podía más que él. Se reconfortó al pensar que, luego de dejar el vehículo en su correspondiente estacionamiento, llegaría de inmediato a casa para dormir.

Pero el trayecto todavía le parecía tan largo.

Bostezando, Alexis se esforzó por concentrarse en el camino aunque cada vez sentía más sueño. Sin poder evitarlo, sus ojos se cerraron mientras se encontraba al volante y no fue capaz de ver a la muchacha que cruzaba delante de él.

Alexis se despertó bruscamente al sentir que el autobús se impactaba con algo. Asustado, frenó y se asomó para comprobar que efectivamente había arrollado a una joven.

Lleno de pánico miró hacia todas partes, sin encontrar testigos del horrible accidente.

Se dijo a sí mismo que no podía ir a la cárcel, tenía una familia que mantener y dentro de todo, era un buen hombre que solo había tenido algo de mala suerte esa noche.

Sin pensarlo dos veces, Alexis se volvió a poner en marcha y se alejó del lugar a toda velocidad.

Mientras conducía, presa de los nervios, le pareció ver algo en el espejo retrovisor y levantó la mirada. Casi se muere del susto al ver, como en el asiento trasero, había una muchacha con el rostro ensangrentado que lo miraba fijamente.

Alexis miró hacia atrás y vio que el asiento se encontraba vacío, pero cuando miró de nuevo el espejo, la chica continuaba allí. Se había acercado un poco más.

A punto de llorar, el conductor miró sobre su hombro sin comprender, pues detrás de él no había nadie.

Otro vistazo al espejo le confirmó que ella seguía ahí, cada vez más cerca. Temblando, Alexis se repitió que todo era una alucinación y aceleró el paso. Pero cuando sintió una mano helada que lo tomaba con fuerza del hombro, soltó un grito espeluznante y viró con el volante, haciendo que el bus entero se volcara.

El hombre quedó inconsciente.

Cuando Alexis despertó, vio que se encontraba en una cama de hospital. Tenía una de sus piernas completamente vendada y varias curaciones en los brazos y en la cabeza. Al principio no comprendió que estaba haciendo allí.

Luego recordó lo que había sucedido la noche anterior y se estremeció. En especial al ver como unos oficiales de policía entraban en ese momento, son serios semblantes en sus rostros.

—Señor, nos encontramos aquí porque recibimos un grave reporte. Parece ser que el autobús que usted conducía atropelló a una muchacha ayer, cerca de la madrugada. Hallamos rastros de sangre en la carrocería que coinciden con el impacto del golpe —sacaron una fotografía—, ¿reconoce usted a esta mujer?

Alexis la miró y nuevamente sintió escalofríos que bajaban por su espalda. Era la chica del asiento trasero del bus.

Se había asegurado de que no se saliera con la suya.

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Calificación: 3.7 (63 Votos)

La Niña Perdida

¿De qué trata?: En medio de la noche, Alicia se levanta al escuchar que alguien toca a su puerta. Una niña se ha perdido y le pide que la deje entrar a su casa...

Personajes: Alicia, Verónica

Alicia era una joven de provincia que había viajado hasta Madrid para estudiar la carrera de pedagogía. Allí, alquilaba un piso junto con otras dos muchachas universitarias. Cuando llegaron las vacaciones de verano, ambas volvieron a sus respectivos pueblos para estar con sus familias pero Alicia tuvo que quedarse.

Había suspendido un par de asignaturas y quería estudiar para recuperar sus materias en verano. Tener la casa para ella sola era un ventaja, ya que así podría concentrarse mejor.

Una noche, la joven acababa de irse a dormir cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta insistentemente.

Miró hacia el reloj y vio que era de madrugada.

Refunfuñando, se dirigió a la puerta preguntándose quien estaría afuera a esas horas. Pero se quedó paralizada cuando vio que se trataba de una niña pequeña y muy hermosa, con largo cabello rubio y ojos azules.

—Estoy perdida —le dijo ella—, ¿puedo dormir aquí?

Desconcertada, Alicia le ofreció llamar a la policía para que pudieran llevarla a su casa, pero la pequeña se negó, diciendo que tenía mucho sueño.

Entonces la invitó a pasar y le sirvió un vaso de leche. Luego le preparó una cama y antes de que se acostara, le preguntó como se llamaba. La niña se lo dijo. Verónica.

Alicia se fue a dormir a su habitación, sin querer darle muchas vueltas al asunto. A la mañana siguiente, cuando despertó, no había ni rastro de la chiquilla. Por más que intentó buscarla y preguntó a sus vecinos si no la habían visto, no logró encontrarla de nuevo.

Esperando que se encontrara bien, a la muchacha no le quedó más remedio que volver a sus estudios.

Un año después, Alicia se encontraba sola nuevamente en su piso, leyendo de madrugada. Era la misma fecha en la que se había encontrado con Verónica hace tiempo.

Cuando escuchó que tocaban la puerta y acudió a abrir, casi se lleva un susto. La niña se encontraba afuera de nuevo. Pero no había cambiado en absoluto. Llevaba la misma ropa que la vez anterior y parecía no haber crecido desde entonces.

Una vez más, Alicia le dio de cenar y le preparó una cama para dormir. Sin embargo, apenas Verónica se acostó, la joven se comunicó con la policía para reportar a una niña extraviada. Un rato más tarde, dos agentes policiales se presentaban en su apartamento para investigar, pero la pequeña había desaparecido.

Intrigada, Alicia se puso a investigar en hospitales y orfanatos por si había escapado de alguno de estos sitios. Como en un cuento corto de terror, la chica descubrió la fotografía de Verónica en un internado de monjas.

—Sí, Verónica era una de nuestras huérfanas —le dijo una monja—, pero eso fue hace veinte años. La pobre murió a los seis.

Un año después, al escuchar que tocaban la puerta, Alicia ya sabía quien era. Temblorosa, abrió la puerta y se encontró con Verónica, quien sonreía.

—Solo quería agradecerte por haberme dejado entrar. Ahora debo ir por las otras chicas que me cerraron la puerta, para llevarlas al infierno.

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Calificación: 4 (59 Votos)

El Peaje

¿De qué trata?: Un cobrador de caseta de peaje vive la peor experiencia de su vida, al cruzarse con una pandilla de matones.

Personajes: Mateo, Pandilla

Ser cobrador de una caseta de peaje en medio de una de las principales carreteras de la ciudad, no era precisamente el trabajo más emocionante del mundo. Pero Mateo se podía considerar afortunado, pues a sus más de sesenta años de edad, no había muchos lugares que estuvieran dispuestos a brindarle trabajo. Y menos uno de gobierno.

Lo único que lamentaba de su puesto en ese solitario camino, eran los turnos. Tenía que estar en su sitio a altas horas de la noche y durante la madrugada. No demasiada gente viajaba por ahí en dicho horario, además de los camioneros claro estaba.

Esa noche, Mateo se sintió fastidiado al divisar un vehículo a lo lejos, que con sus luces de neón y la música reguetón a todo volumen, se aproximo hasta la caseta.

Eran ya más de las tres de la mañana y no estaba de humor para soportar a unos jóvenes alborotados.

Sin embargo, se tragó sus palabras cuando el conductor bajó la ventanilla. Era un muchacho sumamente musculoso, que vestía una camiseta sin mangas y tenía tatuajes por todo el cuerpo; el típico matón de barrio que podía armar un escándalo a esas horas de la noche sin temer las consecuencias, pues nadie se atrevería a enfrentarlo.

Sus amigos, cinco jóvenes igual de musculosos, no se veían menos amenazantes.

—¿Qué, abuelo? ¿Es qué tengo algo en la cara o qué? —le preguntó socarronamente, al ver que Mateo se le quedaba mirando con temor.

Sus compañeros rieron celebrándole la gracia.

—Anda vejete, que no tengo toda la noche. ¿Cuánto va a ser?

Mateo le dijo la cantidad.

—¡Qué robo tan descarado! ¿Tú te crees que yo soy millonario o qué?

—Yo no soy quien pone los precios, señor. Solo estoy aquí para cobrar —contestó Mateo, tratando de disimular que estaba intimidado.

—¿Qué tal con el vejete? Hasta me trata de señor y toda la cosa —dijo el chico—, me caíste bien, abuelo. Súbete, que nos vamos de fiesta.

—Lo lamento, señor. No puedo dejar mi puesto.

—¿Estás seguro? —el sujeto le dirigió una mirada de pocos amigos y Mateo se encogió en su lugar.

—Sí.

—¡Pues ahora te vienes te guste o no!

Y diciendo esto, el tipo sacó una cuerda que había anudado previamente, enredándola a la muñeca del anciano y arrancando, mientras sus amigos soltaban una carcajada.

El pobre hombre, al ver que la cuerda dentro del vehículo iba saliendo rápidamente, trató de deshacer el nudo, pero el cordón era demasiado grueso.

Sacó la navaja suiza que uno de sus nietos le había obsequiado en navidades, y desesperadamente intentó cortarlo, mientras el auto alejaba cada vez más y más. En vano, Mateo intentó gritar para pedir ayuda; ya se veía siendo arrastrado todo el camino por esos infelices, cuando de pronto…

La cuerda completa salió por de las ventanillas del auto y este desapareció definitivamente.

Los matones nunca la habían atado al interior, todo era parte de una broma pesada que por poco y le ocasiona un infarto al pobre Mateo.

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Calificación: 3.2 (54 Votos)

El pájaro del brujo

¿De qué trata?: Un malvado brujo se hace pasar por un anciano para ir de vas en casa secuestrando jóvenes doncellas, hasta que captura a la chica más joven de una familia quien le dará un lección.

Personajes: El brujo, las tres hermanas, el pájaro del brujo.

Había una vez un malvado brujo quien se hacía pasar por un anciano para ir de casa en casa pidiendo limosnas, pero el verdadero objetivo del brujo era raptar a las jovencitas de las casas para llevárselas a su casa.

Con su saco se disponía a visitar una nueva casa para buscar víctimas, llego a una casa de una familia rica, quienes tenían tres hermosas hijas.

Al sonar la puerta la hermana mayor fue abrir, se compadeció del pobre hombre en su puerta así que le obsequio varias hogazas de pan, cuando se las fue a entregar en sus manos fue encantada y metida en el saco del brujo quien se la llevo rápidamente hasta su casa en el bosque.

El brujo le entrego a la chica las llaves de su hogar dándole la bienvenida, a su vez que le entrego un huevo que tendría que cuidar mientras el salía, le dejo instrucciones explicándole muy bien que podría visitar todas las habitaciones de la casa a excepción del cuartico, el cual tenía prohibido y la pena era la muerte.

Tras algunas pocas horas la muchacha ya había recorrido toda la casa de punta a punta, pero su curiosidad la llevo abrir ese cuartico que tenía prohibido, tras abrir la puerta se encontró con la sorpresa de que había miembros por todas partes, mujeres decapitadas, desolladas, sangre por doquier, del susto el huevo se cayó entre algunos miembros manchándose de sangre.

El brujo llego al poco tiempo, la chica se encontraba muy asustada, a pesar de haber limpiado durante horas el huevo la sangre no pudo ser removida, el brujo al pedir las llaves y el huevo se percató de la sangre en él.

Lo siguiente que paso fue que la joven fue arrastrada a aquel cuartico donde el brujo la colgó y con un hacha le corto la cabeza, sus brazos y dejo que se desangrara.

Al día siguiente el brujo fue a buscar a la segunda hija para llevarla a su casa, paso igual que con su hermana, al entregarle el pan el brujo la encanto, la llevo a su casa y le entrego el juego de llaves y el huevo dándole las mismas instrucciones que a su hermana.

La curiosidad domino a la segunda hermana quien abrió la puerta, casi se desmaya al ver a su hermana colgando sin cabeza, el brujo descubrió que esta había faltado y también le corto la cabeza y la colgó.

El brujo no se quedó de brazos cruzados y fue a buscar a la tercera hermana para llevarla a su casita en el bosque.

La chica recibió las mismas órdenes que la dos anteriores pero esta era más astuta, dejo el huevo en un lugar seguro y fue a ver que había en el cuarto, su sorpresa fue encontrar a sus dos hermanas colgadas sin cabeza y sin sus brazos.

Rápidamente la joven se puso a buscar los miembros de sus hermanas y sus cabezas y los regreso a su lugar, inmediatamente todas las partes comenzaron a soldarse.

Sus hermana regresaron a la vida, las tres se abrazaron fuertemente, tenían que salir de ahí pero el brujo era muy astuto así que la hermana menor se las ingenió para elaborar un plan.

Cuando el brujo llego se encontraba contento porque la joven había pasado su prueba, como el huevo no se encontraba manchado de sangre la chica se salvó, el brujo acordó convertirla en su novia ya que había ganado su confianza.

La chica le encargo regresar a su hogar, para darle la noticia a sus padres y los invitara a su boda, pero tenía que llevarle dos sacos de oro, mientras ella se encargaría de preparar la boda e invitar a sus amigos.

La joven se reunió con sus hermanas, les dio intrusiones para que se metieran en los sacos y las cubrió con oro.

La joven le entrego los sacos al brujo y le dio varias instrucciones; la primera era llevar esos sacos a su casa, no debía detenerse por nada del mundo hasta llegar a la casa de sus suegros, ella lo estaría observando desde su ventanita, ahora debía partir.

El brujo se puso en marcha mientras que la jovencita hacia los preparativos para la boda.

La joven busco varias cosas para llevar a cabo su plan, primero invito a todos los amigos del brujo, luego tomo una calavera y le coloco una corona y un vestido, luego la dejo en el tragaluz.

Por su parte el brujo estaba cansado de llevar los pesados sacos de oro así que decidió descansar un poco, pero inmediatamente una voz le decía que debía continuar, pensó que sería su futura esposa quien aún lo podía observar, prefirió continuar hasta dejar los sacos en la casa de sus futuros suegros.

En la casa del bosque la joven continuaba con los preparativos, luego tomo un barril de miel y se sumergió en el, luego desarmo varias almohadas y tomo sus plumas las cuales se pegaron a su cuerpo, tras esto se dispuso a abandonar la casa.

En el camino se tropezó con varios amigos del brujo quienes le preguntaron de donde provenía, respondiendo esta de la casa del brujo, donde la novia aguardaba impaciente la boda.

En un momento se encontró con el brujo quien le pregunto de donde venía, el pájaro embrujado tal y como le habían llamado le contesto que de su casa, donde ya la novia había barrido y preparado todo para la boda y se encontraba ansiosa.

El brujo entro a su casa al igual que los invitados quienes pensaron que la novia era la que se encontraba en el tragaluz, lo que ignoraban era que los hermanos de las tres jóvenes se encontraban incendiando la casa para quemar a toda esa chumas, tanto al brujo como al resto de sus amigos quienes andarían en fechorías similares.

Así fue como la astuta jovencita pudo deshacerse del malvado brujo quien ya no encantarlas a pobres jovencitas llevándoselas a su casa para darles un cruel, malvado y triste final.

brujo photo

 

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