Dame tu mano

¿De qué trata?: En medio de una fuerte tormenta nocturna, dos hermanas se toman de la mano para no sentir miedo, sin saber que esa noche no están precisamente solas...

Personajes: Marta., Elisa

No era muy común que aquellas dos hermanitas se quedaran en la casa de campo, de hecho, el lugar no les gustaba demasiado pues era algo tenebroso. Por las noches, podían escuchar como las cosas crujían y también como si alguien diera diminutos pasos afuera de su habitación.

—Es tan solo el viento —solía decirles su padre, quien sonreía al escucharlas y pensaba que sus hijas tenían una gran imaginación.

Más en el fondo, Marta y Elisa sabían que aquellas cosas no se las estaban imaginando. Hasta ellas a su corta edad, sabían diferenciar bien la realidad de una fantasía.

Y aquella no lo era.

Habían comenzado las vacaciones de verano y sus padres habían creído que sería buena idea pasar unos días en la cabaña, para respirar aire fresco y relajarse. Los alrededores eran muy bonitos ciertamente; lo único que ellas odiaban eran las noches.

A falta de luz eléctrica, allí eran más oscuras de lo normal y no podían verse la una a la otra aunque compartieran el mismo cuarto.

Tenían una habitación con dos camas gemelas, separadas por una cómoda de madera. Siempre se quedaban hablando hasta que dormían, para no sentir tanto miedo.

Una noche, empezó a llover muy fuerte, tanto, que las hermanitas se asustaron.

—Marta —dijo Elisa temblando—, tengo miedo.

—Dame la mano —le pidió su hermana, a lo que ambas extendieron sus manos y se las tomaron.

Elisa se relajó al sentir la calidez de la mano de Marta y así, las dos se quedaron dormidas, finalmente sin temer a la tormenta.

A la mañana siguiente mientras desayunaban, hablaron del incidente.

—Menos mal me diste la mano, hermanita. Estaba muy asustada —decía Elisa.

Su madre les preguntó si habían dormido en la misma cama, a lo que las niñas negaron. Y ella las miró confundida. No entendía entonces como habían sido capaces de tomarse de la mano, si las camas gemelas estaban demasiado separadas entre sí; y obviamente ellas siendo tan pequeñas no las podían mover.

Las chiquillas también se extrañaron al escuchar a su mamá decir aquellas cosas.

Rápidamente volvieron a su habitación y con la luz del día, hicieron el intento de volver a tomarse la mano. Se acostó cada una en su cama y estiraron los brazos. No consiguieron ni tocarse los dedos. Se acercaron a las orillas y ni así lo lograron.

Pero anoche, claramente, habían sentido como algo les daba la mano…

Las niñas sintieron como las recorría un escalofrío y decidieron no hablar más del tema. Parecía que esa noche, ellas no eran las únicas que tenían miedo de la tormenta.

Esa misma tarde, por suerte, regresaron con sus padres a la ciudad y no volvieron a estar en la cabaña en años.

Hasta que un día, siendo ya adulta, Marta volvió. El lugar era tan tétrico como lo recordaba, incluso más, pues ahora tenía varios años de abandono. De pronto le había entrado curiosidad por saber más de él.

Se quedó helada al saber que allí, una pequeña niña había muerto hace tiempo.

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El muñeco William

¿De qué trata?: William, un pequeño muñeco construido por un hombre que estaba invadido por una pena. La pena lo llevó a la muerte y su mujer decidió al tiempo poner al muñeco en adopción. Pero terribles cosas pasan con este juguete...

Personajes: William, Mary, Mave, Byron, Jiseth, Ivan, Larry, Lisbeth, Hermana de Mary

Erase una vez la historia de un muñeco llamado William. Este fue hecho con intenciones de parecerse a un niño, pero su fabricante al parecer lo hizo a su imagen y semejanza. Este tenía la ropa de un infante, pero su rostro lucía como el de un hombre a punto de entrar en la tercera edad. Durante mucho tiempo, Ivan, el fabricante lo había conservado, pero por alguna razón extraña el mismo se suicidó.

Su esposa Mave lo conservó hasta que se le ocurrió la grandiosa idea de sacarles provecho a todas las cosas viejas, creaciones y colecciones de su marido. Eran épocas duras y necesitaba pagar algunas deudas, así que decidió hacer una venta de Garaje en su jardín, ofreciendo todo a un precio realmente asequible.

Era una tarde de domingo en el jardín, preparada para deshacerse de todo vio como una humilde anciana se acercó a ella y le dijo:

-Buenas tardes ¿Qué precio tiene el muñeco?

-son 45 dólares.

La Anciana, de nombre Mary le pareció muy atractivo el muñeco, su precio era algo exacto para el estado y la perfecta construcción a pesar de que no se parecía a un niño. Sin duda alguna la anciana tomó el muñeco y se lo llevó a casa convencida de que sería un excelente compañero junto a toda su familia.

Al llegar a casa se encontró con Byron y Jiseth, dos niños hijos de Larry y Lizbeth. Entusiasmada presentó al muñeco:

-Miren chicos ¡El es William!

El padre se sintió sorprendido, aunque la madre aún más. Lizbeth exclamo:

-¡Mamá! ¿Por qué le has puesto al muñeco el nombre de papa?

La anciana sonriente respondió mientras le ponía en la mecedora en la que se sentaba todas las tardes a tejer.

-Simplemente me recuerda a mi Esposo, ahora este será su lugar.

Y así fue como William se integró a la familia. La abuela poco a poco le fue cogiendo mucho cariño, tanto que por 3 años seguidos cogió la tradición de agarrar sólo un día para lavarlo y vestirlo con ropas nuevas para que estrenara pinta nueva cada año. Sin embargo y a pesar de este afecto, los jóvenes no se sentían a gusto con su presencia.

Cada vez que alguno pasaba frente a la mecedora que se ubicaba en el pasillo sentía que el muñeco de alguna manera los veía, como si sintiera su presencia. Tanto fue el terror para los jóvenes que decidieron juntar sus camas en el mismo cuarto y dormir juntos, pues no paraban ambos por individual de soñar con William.

Los padres de Byron y Jiseth se percataron del hecho. Por esta razón le decidieron preguntar a los niños el porqué lo hacían, pero ambos simplemente no le respondieron, temían que dijeran la verdad y se les calificara de demente a ambos.

Un día Byron se paró a orinar, el chico para llegar al baño tenía que pasar por el pasillo donde se encontraba el terrorífico muñeco. Con éxito logró llegar, pero al salir se llevó un terror, pues observó en el pasillo y justo en la mecedora que el muñeco no estaba en su sitio, estaba tirado en el suelo boca abajo mientras la mecedora se mecía lentamente.

Byron no aguantó el llanto y gimiendo llamó a sus papas. La abuela salió primero y se molestó al ver que tiraron a William al suelo. Con un fuerte regaño no le tocó más que irse a dormir con su hermana, quien antes de dormirse con él le pidió que le contara lo sucedido.

Pocos días después la anciana lamentablemente falleció, a los 67 años de edad a causa de una muerte natural inesperada. Los chicos les suplicaron a sus padres deshacerse de William ya que la abuela no estaba, era evidente que ambos no sentían la presencia del abuelo en el muñeco. Ambos estuvieron de acuerdo, pero no de deshacerse, sino de llevarlo al ático.

Pasaron semanas desde el encierro de William arriba del ático, nadie quería saber de él, a excepción de la hermana de la abuela difunta, quien les pidió a los padres que se le obsequiara para tener un recuerdo de Mary. El padre subió al ático, pero al llegar y subir por la escalera se encontró con una sorpresa, el muñeco William no estaba. Toda la familia empezó la búsqueda por cada rincón de la casa durante semanas, pero sin éxito, William había desaparecido.

Una noche Los niños dormían tranquilamente, Byron se paró a las 2 y media de la madrugada a ir por un vaso con agua, pero al abrir la puerta oyó un pequeño golpeteo en el suelo ¡Era William! Cayó al suelo como si estuviera recostado a la puerta. El joven no pudo evitar soltar el grito y los padres corrieron al lugar sorprendidos.

-¡Mañana por la mañana William se irá con la tía!

Llevándose a William a la recámara principal y guardándolo en una gran gaveta de su peinadora durmieron pensando en quien de los dos pillos había escondido el juguete y le había gastado semejante broma. Pero para su sorpresa por la mañana, la gaveta donde había guardado el muñeco desapareció. Este hecho si le pareció extraño, ya que antes de echarle la culpa a los niños recordó el había echado llave al cuarto de la habitación, la misma estaba justo en el sitio que la dejó en la noche, justo en el bolsillo de la piyama que cargaba puesta.

Lo que nadie sabía de William es que el muñeco fue construido a imagen y semejanza del hijo del dueño, el cual murió en un accidente y su rostro se quemó. Durante su funeral, el padre no olvidó la cara con la que quedó su pequeño y decidió hacer un muñeco con él. Sin embargo, el no aguantó el dolor de ver a su hijo tallado en el rostro de un muñeco y se suicidó.

Se dice que el alma del pequeño está en William, otros dicen que es el padre quien alberga el pequeño cuerpo de este juguete. Lo cierto es que está poseído y luego de su desaparición lo más probable es que busque venganza.

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Pandora y la caja misteriosa

¿De qué trata?: Como parte de un castigo divino, Pandora llega a la tierra acompañada de una caja que los dioses le han prohibido abrir. Sin embargo su curiosidad es más grande y algo increíble sucede...

Personajes: Pandora, Epimeteo, Dioses del Olimpo

Cuentan que hace mucho tiempo, la humanidad no conocía de enfermedades, crímenes o pobreza, aunque tampoco sabía lo que eran los sentimientos sinceros. Las personas pues, llevaban una vida sencilla y sin sobresaltos.

Cuando el titán Prometeo osó robar el fuego para regalarlo a los hombres, Zeus montó en cólera y quiso en venganza, hacer una mujer capaz de manipular y enredar a cualquier hombre en sus redes de seducción.

Los dioses se dieron a la tarea de complacerlo. Hefesto, el señor de los fuegos, la moldeó con arcilla dándole una bella figura y un rostro muy atractivo. Atenea, diosa de las artes y la sabiduría, le concedió gracia y la vistió con las ropas más elegantes. Y Hermes, el ágil mensajero del Olimpo, le enseñó como engatusar y seducir, para que ningún ser humano pudiera negarse a sus requerimientos.

A últimas instancias le sopló Zeus en el rostro, insuflándole vida y ordénandole bajar para vivir entre los hombres. También le obsequió una misteriosa caja con una sola advertencia:

—Jamás has de abrirla bajo ninguna circunstancia, pues tu curiosidad podría ser tu perdición.

La llamaron Pandora y la llevaron a casa de Prometeo, donde vivía el titán acompañado por su hermano, Epimeteo, quien nada más ver a la joven se enamoró pérdidamente de ella. A pesar de que Prometeo le advirtió que aquello podía ser una trampa de Zeus, Epimeteo hizo caso omiso y tomó por esposa a la joven.

La caja de Pandora quedó olvidada por algún tiempo en una de las habitaciones de la casa, hasta que un buen día, la muchacha se acordó de ella y acudió a verla.

Se preguntó que sería lo que habría dentro, pero recordando las palabras de Zeus, se abstenía de dejarse vencer por su curiosidad.

Finalmente, las dudas la volvieron loca. Tenía que saber que era lo que se escondía en el interior. Solo será un vistazo, se dijo, tan solo la abriré un poquito para asomarme y mirar.

Pero apenas hubo Pandora desprendido la tapa unos milímetros, escaparon de ella sombras monstruosas, que sin darle tiempo a reaccionar, fueron y se desperdigaron por el mundo. Eran todos los males de la humanidad. La locura, los vicios, el hambre, la enfermedad, la envidia… todas estas plagas se asentaron entre los hombres trayéndoles grandes desdichas y haciéndoles morir por decenas.

Cuando Pandora vio lo que había hecho, se sintió muy afligida y quiso cerrar la caja pero era demasiado tarde. Estaba completamente vacía. O bueno, casi completamente. Pues la joven notó, en un rincón, a un pequeño y hermoso pájaro azul.

Era la esperanza, la única virtud que había sido encerrada al lado de todas aquellas desgracias.

Pandora la tomó en sus manos y corrió a decírselo al resto de las personas. Eran infelices a causa de tantos males, pero en medio de la miseria y la oscuridad, siempre podrían recurrir a la esperanza e imaginar un mundo mejor, ya que ahora la tenía a buen recaudo.

Y nunca la dejaría escapar.

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Estrellita de oro

¿De qué trata?: Una historia que muestra cómo la envidia puede ser capaz de acabar con el triunfo en el amor de la gente buena. Sin embargo, la verdad y el bien siempre sale a la luz, tal y como sucedió con la hija del rey y su estrella.

Personajes: El rey, hija del rey, Esposa del Rey, Hija de la esposa del rey

Érase una vez, un rey, el cual era viuda y tenía una hija que la conocía porque era muy hermosa. Después de unos años de que el rey perdiera a su esposa, conoció a otra mujer, con la cual decidió casarse, mujer que tenía a su vez una hija con gran belleza física, igualmente.

Después del matrimonio, esta mujer se volvió muy maléfica con la hija del rey, pues la envidia le carcomía la vida al ver que la hija de su esposo, era mucho más bella que la suya, uno de sus castigos diarios por ello, era mandarla a lavar todos los días en el río.

La hija del rey se resignaba y le hacía caso, ya que sabía que su padre adoraba a esta mujer y no quería agregar a esta vida de pareja, un disgusto. Un buen día, mientras la hija del rey lavaba, a una mujer que se encontraba a su lado, se le perdió un anillo.

-Oh no, se me ha caído mi anillo,  ¡no puedo creer esto! Ayúdame joven a recuperarlo, es que tengo muy mala vista y sé que por mí misma no lo encontraré.

-No se preocupe señora, dijo la hija del rey, por lo que se sumergió en esta agua sucia y también muy fría. El anillo no aparecía y fue tanto lo que nado en lo profundo que terminó golpeándose en la frente.

Por fortuna, este golpe valió la pena, pues con este dio donde estaba el anillo, recuperándoselo a esta mujer. Sin embargo, sucedió algo bien raro y fue que en el sitio donde la hija del rey se había golpeado, empezó a notársele una cicatriz en forma de estrella.

Cuando ella llegó a casa, la madrastra le pregunto – ¿Qué es lo que llevas en la frente?

La hija del rey le explicó lo sucedido y afirmó no saber cómo había ocurrido la aparición de esta estrella.

Ok, entonces mañana tu no irás a lavar, sino que irá mi hija. ¿Entendiste? Le dijo a su hija.

¿Yo? Jamás iré a lavar, que vaya ella como siempre.

¿Vas a dejar que tu hermana tenga algo que tu no tienes? Vas a ir quieras o no.

Al otro día, la hija de la esposa del rey fue al rio pero como no había manera de que se decidiera a entrar al agua dado que era agua sucia y muy fría, la mamá llegó para hacerla meter la cabeza a la fuerza.

Al sacar la cabeza, la madre gritó atónita y la hija se asustó por ese grito de susto de su madre y era porque en lugar de una estrella, en su frente había salido una marca de rabo de burro. Entonces le dijo: -Nos vamos rápido al médico, tienes que borrar eso de tu frente.

La hija lloraba, al entrar a la consulta el médico le informó que lo mejor era cubrirlo con un velo y así lo hicieron.

Con el velo hicieron creer al pueblo que el príncipe le había propuesto matrimonio, cuando lo real era que quien poseyera la estrella era la elegida. Un día precipitado, los caballos quisieron defender a la hija del rey y a la otra joven le quitaron con traspiés el velo, donde se vio la cola de burro y quedó en evidencia quién se iba a casar.

Se tomaron de la mano y fueron muy felices.

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Las cabritas y el toro

¿De qué trata?: Un toro se divierte todos los días jugando con sus amigas, las pequeñas cabras. Hasta que un perro entrometido lo hace dudar de esa gran amistad.

Personajes: Cabritas, Toro, Perro vagabundo

Moraleja/Conclusión: Hay cosas que son más importantes que el que dirán, como la amistad. No vale la pena perder a las personas que de verdad te quieren, por complacer a los que no te conocen.

Este era un toro enorme y de cuernos muy afilados, que todo el día se la pasaba jugando en el campo con sus amigas, tres pequeñas cabritas que no le tenían miedo. Esto ocurría por que los cuatro habían sido criados juntos desde que eran pequeños y desde luego, su amistad se remontaba a entonces.

Todos los días pastaban juntos, corrían de un lado a otro y por las noches se acurrucaban los unos contra los otros. La cabritas estimaban al toro y se sentían protegidas con su imponente presencia.

Se podía decir que no había nada que él no fuera capaz de hacer por ellas.

Un día, los animales se estaban divirtiendo como siempre cuando un perro vagabundo pasó cerca de ahí. El can se quedó muy sorprendido al mirar la escena que ante él tenía. No podía comprender como ese fuerte toro, con su ruda apariencia y su enorme tamaño, se contentaba con andar al lado de tres cabritillas tan insignificantes.

Pero los días pasaron y todo el tiempo era lo mismo. Para el perro, aquella situación no tenía sentido, de modo que llamó al toro cuando sus amiguitas no estaban mirando.

—Oye amigo toro, he notado una cosa y disculpa que me meta —dijo él—, pero es que no puedo entender, ¿qué haces perdiendo el tiempo con esas tres cabritas pequeñas? ¿Por qué eres amigo de ellas?

—¿Y por qué no? Nos conocemos desde pequeños —respondió el toro—, son buenas cabritas.

—Eso no lo dudo —dijo el perro—, pero es ilógico que te juntes con ellas siendo tú un animal tan grande y fuerte, que podría fácilmente darse a respetar con cualquiera. Pero eso no sucederá si manchas tu imagen jugando con esas tontas. Los otros animales pensarán que eres débil y estúpido, y se aprovecharán de ti.

—¿Tú crees? —preguntó el toro, preocupado.

—Claro. A mí no me ves jutándome con gatos torpes e indefensos, ¿verdad? Arruinaría mi reputación —añadió el perro con pomposidad.

Lamentablemente, las mezquinas palabras del perro surtieron efecto y el toro decidió alejarse de sus buenas amigas, por miedo a lo que los otros animales pudieran decir.

Ahora se paseaba solo por el campo, confiando en infundir respeto a los demás. Y ciertamente lo infundía, por qué nadie se le acercaba.

El toro comenzó a sentirse muy solo. Extrañaba a sus amigas y los ratos felices que pasaban. Ahora era muy temido por el resto de los animales, pero de nada le servía tener su respeto (infundido por el temor), si no era feliz. Comprendió que antes tenía suerte de contar con la amistad de aquellas humildes cabritas y quiso recuperarla.

Por suerte para él, ellas no le guardaban rencor y aceptaron muy gustosamente su compañía como antes. Y así, continuaron jugando todos juntos por el resto de sus días.

Y nunca más se dejó llevar el toro por opiniones ajenas, pues mientras estuviera contento y al lado de animales que lo querían de verdad, ¿qué importaba lo que los otros dijeran?

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La bella durmiente

¿De qué trata?: Una historia basada en la magia de las hadas y en cómo un maleficio transforma la vida de una jóven princesa, pero que terminaría en conocer al gran amor de su vida.

Personajes: Rey, Reina, Hadas, Bella durmiente

En un tiempo muy antiguo, un rey y una reina vivían bajo el flamante reino, pero con un toque de infelicidad. Cada día ambos pensaban: “Si por lo menos tuviéramos un hijo, todo sería mucho mejor” intentaban todo y nada que el hijo se hacía presente.

Un día, una rana saltó del agua a la tierra y le dijo a su reina: Hoy tu deseo será realizado y antes que finalice el año tendrás una hija.

La rana le hizo realidad el sueño de los reyes y la niña fue motivo de gran dicha en el reino, por lo que se dio una gran fiesta de bienvenida. El rey invitó desde sus familiares hasta amigos y conocidos, incluso al grupo de hadas, de forma que fueran generosas con su pequeña.

Cuando la fiesta se terminó, las hadas iban obsequiando muchos regalos a la niña, una le dio virtud, la otra hada, mucha belleza, la próxima hada abundantes riquezas y así hasta que fue el turno de la hada décimo primera, la cual no había sido invitada y como venganza le gritó a la pequeña: “Hija del rey, apenas cumplas quince años, te pincharás con la punta de una aguja e inmediatamente morirá”, el hada salió del salón.

Todos, atónitos quisieron resolver el maleficio, pasó entonces el hada duodécima y frente a la niña le dijo: “Ella no morirá, pero si entrará en un estado de sueño profundo durante cien años y será despertada por un hermoso príncipe, el amor de su vida.

Todo se empezaba a deslindar como lo habían dicho las hadas, era bella con abundantes riquezas y muchos beneficios. No obstante, el día de sus quince años la bella doncella necesitaba arreglar una parte de su vestido, intentó abrir muchas puertas, pero todas estaban cerradas, hasta que por fin llegó a la última, una puerta entreabierta donde se encontraba una vieja hilando en su máquina.

Al llegar a ella, le dijo: Buen día señora, necesito saber cómo arreglar este vestido con esa máquina, al intentar abordarla tocó la punta de la aguja y el decreto de la maléfica hada se cumplió, cayó sobre su cama y entró en un sueño profundo.

Al saber, el rey y la reina en conjunto con sus caballos y los perros del césped quedaron inmediatamente dormidos al igual que su hija, el viento se detuvo y los árboles permanecían intactos.

Después de cumplirse los cien años, comenzaron a crecer árboles frondosos, el muro del reino ya se había hecho muy alto con el pasar de los años y habían estado cubierto de espinas para evitar que otros se apoderaran.

Ya en el nuevo tiempo, un nuevo príncipe se acercó al lugar y escuchó la historia de la princesa en la boca de un anciano, donde florecía el mito de los espinos y que detrás de ellos se encontraba una hermosa princesa que había sido encantada por una maléfica hada.

El príncipe se interesó demasiado y al lograr entrar al palacio, la vio acostada en esa misma cama brillante, apareciendo la belleza que tanto le sorprendía, fue entonces cuando se atrevió y le dio un beso que rosaba sus labios. Sus ojos se abrieron y despertó con una flagrante sonrisa, reconociendo que se trataba del amor de su vida.

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El fruto de la perseverancia

¿De qué trata?: Mario, un niño discapacitado, aprende que no todo en la vida son las apariencias. A pesar de su discapacidad, su madre lo alienta para que cumpla su meta más importante.

Personajes: Mario, Mamá de Mario

Moraleja/Conclusión: No importan tus limitaciones o tu talento, sino cuanto te sigas esforzando por alcanzar una meta. El trabajo duro y la fe en ti mismo son más importantes que cualquier otra cosa.

Aparentemente, Mario era un niño igual que los demás. Tenía el pelo y los ojos castaños, era alto para su edad y desde pequeño le gustaba jugar en las afueras. La única cosa que lo distinguía del resto de otros chiquillos era su sordera: Mario no podía oír. Y tampoco había hablado.

Era sordomudo.

Fue por eso que tanto él como su madre, tuvieron que aprender lenguaje de señas para poder comunicarse. Él además, aprendió a leer los labios, de modo que siempre pudiera entender lo que otras personas decían.

Pero a veces le parecía que nada de eso era suficiente.

Al entrar a la primaria, Mario desarrolló un gusto enorme por jugar a la pelota. Le encantaba patear balones en el recreo y era el mejor a la hora de jugar fútbol, corría más rápido que los demás. Eso lo llevó a inscribirse en la liga infantil futbolística de su barrio.

Su mamá estaba orgullosa de él. Con mucho gusto le compró su uniforme y un balón propio para practicar en casa.

Sin embargo, poco después el niño comenzó a tener problemas.

A causa de su sordera y su falta de atención, no podía escuchar las indicaciones del entrenador y por eso tampoco se le daba bien jugar en equipo. El resto de sus compañeros empezaban a quejarse.

—Si Mario no mejora su actitud, tendré que sacarlo del equipo —le había advertido el coach a su madre, que se quedó muy preocupada.

Sabía cuan importante era ese deporte para su pequeño.

Pero Mario pensaba que no podía mejorar por culpa de su sordera y se quejaba por no ser como los demás. Así que su mamá tuvo una serie conversación con él.

—Escucha hijo, tú eres único, no necesitas ser como nadie más —le dijo— y no puedes culpar a tu condición de que las cosas no salgan como quieres. Hay músicos y bailarines que son sordos, ¿sabías que Beethoven era sordo?

Mario la miró con asombro.

—Y eso no lo detuvo para convertirse en uno de los compositores más grandes del mundo. Como él, tú también puedes ser lo que quieras, siempre que estés dispuesto a esforzarte.

El niño asintió con la cabeza y decidió que su madre tenía razón.

—De hoy en adelante te concentrarás más. Siempre hablarás con el entrenador antes y después de los partidos para ver en que fallaste, y en que puedes mejorar —le indicó ella—. Y también colaborarás con tus compañeros. Para jugar en la cancha, debes estar respaldado por los otros niños y hacer lo mismo con ellos.

Desde ese día, Mario se esforzó más que nunca por poner atención, mejorar sus jugadas y llevarse mejor con sus compañeros. El entrenador estaba orgulloso de él y los demás chicos se hicieron sus amigos.

Se dio cuenta de que ser sordomudo no tenía nada que ver con ser un buen futbolista.

Así, llegó el día en que su equipo resultó vencedor en un gran campeonato.

Y con el tiempo, Mario conquistó las canchas del mundo.

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El patito feo

¿De qué trata?: Un patito nace totalmente diferente a sus hermanos, éste es gris y muy feo, por lo que siempre era rechazado por su misma especie. Al decidir viajar a otra laguna, pasa el tiempo y descubre una gran sorpresa, su rostro ya no era el que se imaginó.

Personajes: Patito feo, Mamá pata, hermanos patitos

En lo más bajo del campo, entre la pradera escondida y altas colinas donde traspasaba a su lado una bella laguna y donde se visualizaba un nido de muchos huevos, está la mamá Pata, ligeramente sentada sobre los demás huevos, dándoles calor a cada uno de ellos, pues quería que nacieran con el calor de su madre.

Crac! Crac! Empezó a abrirse el primero huevo, seguidamente los demás, mostrando a cada uno de los patitos que salían de las cáscaras con sus pequeñas cabezas. ¡ya va!, dice la mamá pata, pero ¿qué es esta ave gris fea que aparece aquí? Totalmente sorprendida. Mis demás patitos no son como este.

Unos días después, mamá pata iba caminando por toda la extensión de la laguna con todos los patitos, quienes flotaban de forma genial, inclusive el feo pato gris lo hacía junto a ellos. Un buen día, llegaron al corral de los patos. Sin embargo, los demás empezaron a mirar al pato gris con desprecio…

Oh no, ahí viene otra cría, con un pato bien feo, como si no fuera suficiente con los que tenemos aquí. Sáquenlo, no queremos a ese pato.

Todos los patos se lanzaron en contra del patito gris, uno por uno, dejándoles algunos picoteos en el cuello mientras lo empujaban al mismo tiempo, de un lado a otro. Mamá pata, trató de darle protección al patito feo diciendo: déjenlo tranquilo, él también es mi hijo, son muy malas aves si saben que él no le hace ningún daño a ninguna de ustedes.

Esto, no sirvió de nada, pues los desprecios para con el patito gris, seguían y lo trataban mal constantemente. Será mejor que se vaya bien lejos de aquí, dijo la mamá pata porque no sé de qué serían capaz estos patos malos.

El patito feo saltó el cerco y empezó a viajar tan rápido como su cuerpo lo dejaba. Tiempo después, durante el otoño, las hojas resplandecían con color en todo el bosque y una tarde, durante la puesta de sol, unos cisnes sorprendidos dejaron saber: Oh que lindo ser como estas hojas resplandecientes.

El patito feo suspiró y esperó el invierno, los días se sentían tristes y desolados. Con todo y ello, el patito tuvo que nadar en toda esa agua helada para buscar qué comer.

Durante la primavera, el sol volvió a llenar los andenes y a calentar las plantas. Las alas del patito feo eran más fuertes y más grandes. Empezó a batirlas con su cuerpo varias veces, hasta que llegó al aire. Se consiguió un par de cisnes que nadaban en un estanque y dijo: quiero ir con ellos, me acercaré.

Al mirarse en la laguno, vio su reflejo y pudo darse cuenta que su rostro y su cuerpo gris ya había cambiado por completo, era un hermoso cisne blanco. De pronto unos niños llegaron al jardín y al verlo empezaron a gritar:

¡Un cisne nuevo! Es el más hermoso que he visto aquí.

El cisne se sintió conmovido por tal hecho y con felicidad pensó: Jamás me imaginé tener tanta dicha después de ser el patito feo.pato photo

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¿Solo niños?

¿De qué trata?: En un pueblo remoto, los niños comienzan a atacar y matar a los adultos de formas escalofriantes hasta que solo queda uno de ellos en pie. ¿Se atreverá a contraatacar?

Personajes: Narrador, Elisa, Ben, Niños

Nadie supo como fue que comenzó exactamente. Un día, los niños empezaron a comportarse de maneras extrañas. Sus juegos habituales comenzaron a ir un poco más lejos de lo habitual. Ya no se conformaban con jugar a las escondidas o al pilla pilla; sino que se ponían a arrojarle piedras a los ancianos, aflojaban los frenos del auto de sus padres o empujaban a las señoras que no sabían nadar al río.

Hubo muchos correctivos que no sirvieron de nada. Era como si una semilla de maldad hubiera germinado en ellos, nuestros niños inocentes, que tan buenos habían sido desde siempre.

Entonces sucedió, algo hizo mella en ellos. Algo maligno.

Una noche, las casas se llenaron de fuego y de gritos. No eran ellos quienes intentaban escapar, eran sus padres.

Los chiquillos corrían en las calles de un lado a otro, armados con palos, con cuchillos, con cualquier cosa de la que se pudieran valer para hacer daño, como si fueran a enfrentarse contra un enemigo mortal. Solo que tal enemigo en realidad no existía.

Los adultos fueron tomados por sorpresa. A algunos los apalearon hasta la muerte. Otros, fueron cruelmente estrangulados o apuñalados. A otros les dispararon con los revólveres que inconscientemente, los mayores guardaban en sus cajones.

Y así, una a una, las personas mayores de dieciocho años fueron muriendo, padres, abuelos, hermanos, tíos. ¡Mis propios hijos se volvieron contra mí! Vi morir a mi esposa con estos ojos cansados; Elisa, mi pequeña de diez años de edad, le atravesó el pecho con un cuchillo de cocina.

Y yo corrí a refugiarme en el sótano, como el cobarde que soy, escuchando como todos los demás perecían afuera a manos de los niños. Entre ellos mis propios hijos.

Nadie puede ayudarnos o al menos no pudieron hacerlo a tiempo. Somos un pueblo pequeño, ubicado a cientos de kilómetros de las ciudades más próximas. Cuando algo pasa aquí nadie se entera, a menos que salga alguien a hacer eco de la noticia.

¿Quién podría informar de algo así a las autoridades, al ejército? Son solamente niños, ¿quién podría hacer algo en su contra?

Aún me parece estremecerme cuando recuerdo como Ben, mi pequeño campeón, se volvió hacia mí con una sonrisa infantil en su rostro y la pistola que guardaba en mi escritorio por precaución en su manita, queriendo dispararme. Tal y como si estuviéramos jugando.

Cuando la bala me rozó el hombro, apenas y tuve tiempo de correr para esconderme.

No sé cuantos queden con vida. Tal vez sea el único.

Tal vez no por mucho tiempo.

Dubitativo, observo la escopeta que tengo en mi mano. Tuve suerte de hallarla aquí. La acabo de cargar pero la muñeca me tiembla al sujetarla.

No quiero hacer esto. Por favor Dios mío, no quiero hacer esto.

Ayúdame a salir con vida de esta. Haz que todo se trate de una pesadilla. No quiero matar a mis hijos.

Escucho con desazón como las puertas que conducen al sótano se abren. Luego, un coro de risas infantiles.

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Por favor… AYUDAME

¿De qué trata?: Una siniestra historia de una pareja que se queda de vacaciones de verano a disfrutar de la soledad y la piscina. Pero ni el primer día pudieron suspirarlo juntos a causa de un fenómeno que les distanció enormemente...

Personajes: Pedro, Jennifer, Cecilia, Agentes de policia

Erase una vez un chico el cual le gustaba ordenador su sótano cuando se acercaba el verano. Era hora de hacerse espacio en casa y refrescarse un poco. El joven de nombre Pedro y edad de 26 años vivía aún con su madre. El la mantenía con un trabajo de contaduría pública, y Cecilia, su madre se ocupaba de absolutamente todas las tareas del hogar.

Pero una semana, precisamente esa donde iniciaba el verano, ella decidió dejarle un mes solo. California era algo calurosa como para pasarla sólo en un verano, así que llamó a su novia y le invitó a quedarse como compañía mientras su madre no estaba. Era evidente, la madre sabía que esto pasaría, pero lo dejó pasar, el ya es un hombre.

La chica llamada Jennifer lo acompaño dulcemente, el decidió llenar la piscina y mientras lo hacía le dijo que buscaras algunos salvavidas en el sótano. Pero al cabo de un par de horas se asustó, Jennifer no se apareció con las cosas que le pidió y extrañado fue por ella al sótano. Al llegar al lugar revisó y no la encontró a ella.

En vista de lo que estaba sucediendo, decidió ir en busca de ella en el resto de la casa, pero fue lamentable no poder encontrar rastros de ella. Asustado, fue al sótano de nuevo y encontró una nota pequeña en la pared martillada con un clavo, lo cual le pareció extraño, porque mientras la buscaba no escuchó ningún golpeo en la pared.

Nervioso, tomó la nota y la leyó, la nota decía Por favor… AYUDAME, pero el lo tomó como una simple broma de su esposa y la siguió buscando, sin poder encontrarla. Durmió sólo esa noche, al despertar por la mañana con ánimos de buscarla se encontró con una de estas notas al pie de su casa, justo cuando puso el primer pie fuera de ella la estaba pisando.

Asustado de nuevo la tomó para leerla, ya estaba un poco perturbado, la nota decía Por favor…AYUDAME. El no supo que hacer, desesperado llamó a la policía y pensando aún que era una broma de mal gusto lo hizo para encontrarla lo mas pronto posible. Al llegar, los policías le dijeron que se calmara, pero el mostrándole las notas desesperadas les imploraba que le ayudara a buscarla. Sin embargo, ellos le aclararon muy bien que no podía hasta haber pasado 48 horas de la desaparición.

Pero luego de decir esto y al dar media vuelta los agentes, vieron tirado en el suelo una nota, la cual decía Por favor…AYUDAME. Bastante extrañados de no haberla visto al llegar tocaron la puerta y decidieron ayudarlo a buscarla. Pero los agentes tras dos días de búsqueda en patrulla con todos los cuerpos de seguridad del estado no pudieron encontrarla en el pueblo.

A pesar de todo, las notas seguían llegándole. Estas aparecían pegadas al espejo del baño, encima de la cama, pasaban por debajo de la puerta, en fin, todas con el mismo mensaje. Un día los agentes fueron a la casa de Pedro curiosos por saber si aun llegaban las misteriosas notas. Pedro les confirmó que las seguía recibiendo, en una semana llegaba su madre y no sabía cómo contarle lo que estaba sucediendo.

Antes de irse a la comisaría sin poder hacer nada, le aconsejaron que intentara dejarle una nota a ella con algún mensaje que pudiera responderle. Pues bien ¿Por qué no? Era buena idea hacerlo, así que se puso manos a la obra y le contestó la nota diciéndole ¿Cómo puedo ayudarte? Luego de ello se sentó a ver TV y recibió una llamada, pero al contestar un número desconocido que luego le colgó, se dio cuenta que tenía una nota justó al lado del dispositivo.

Leyéndola, temblaba de susto, le habían contestado, era Jennifer: ¡Mi amor! ¡Por fin! Ayúdame a salir de aquí, estoy en otra dimensión. El desesperado escribió otra nota: ¿Pero cómo? Explícame detalladamente como es allá y vamos a buscarte la policía y yo. Pero luego de dejar la nota de donde vino, con su respuesta, la misma despareció. Paso una semana, su madre Cecilia volvió, estaba conmocionada por lo que había pasado, confundida y desconcertada le preguntó al hombre donde fue la última vez que la vio.

Él le comentó y ella entró en pánico. Le contó a su hijo que hace muchos años en el sótano se practico una brujería a manos de unas hermanas de ella, las cuales hicieron un sacrificio mutuo con tal de conocer otra dimensión. Cecilia le afirma a Pedro que posiblemente Jennifer esté atrapada en la misma, la única manera de sacarla de allí es que esas viles brujas la traigan de vuelta.

Pasaron otro par de semanas y el sin recibir alguna nota. Pero luego de tanto esperar se puso a buscar en toda la casa, incluso escribía notas y las dejaba en lugares donde solían aparecer las otras. Sin embargo, no tuvo respuesta alguna y poco a poco se fue cansando de buscar a su amada.

Pero un día, mientras estaba arreglándose para una reunión de trabajo frente al espejo, vio que había una nota pegada en la puerta de su espalda, la de su habitación. Emocionado volteó a mirarla, pero no veía nada ¡Extraño! Porque al volver a girar la cabeza para seguir acomodando su corbata ¡Ahí estaba! La nota que vio en el mismo lugar de hace segundos.

Tras varios giros de cabeza para comprobar que no era una ilusión, el hombre tomó el espejo con sus manos y poco a poco se fue acercando caminando hacia atrás en dirección a la puerta para poder leerla. Qué gran sorpresa, un mensaje inesperado y algo largo que lo puso a sudar frío ¿Quieres verme? Para llegar a la otra dimensión debes quitarte la vida en el sótano y venir por mí, ven Por Favor… AYUDAME.

Intrigado y sin saber si eran sus tías, dejó caer el espejo en el suelo ¿Será que su esposa se habrá quitado la vida para entrar allí?

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