Vecino molesto

¿De qué trata?: Un hombre recuerda el tiempo en que habitaba su apartamento de soltero y a su insoportable vecino.

Personajes: Hombre, Hijo, Vecino

Cuando era joven, me fui a vivir a un edificio que se encontraba en el centro de la ciudad, la típica construcción antigua pero con pisos baratos en la que uno puede iniciar su vida de soltero. No había demasiado espacio, pero las ventanas eran amplias y el lugar muy tranquilo.

Sin embargo, tiempo después terminaría acumulando razones para mudarme, entre ellas el mal vecindario, el ruido y la frecuencia con la que los servicios básicos fallaban en ese edificio.

La más importante de todas, fue mi vecino.

Yo en ese entonces estaría pasando por mis veinte, y necesitaba concentrarme de pleno en mi primer trabajo, el primero que me permitía pagar mis propias cuentas.

Pero siempre era lo mismo.

A altas horas de la noche, mientras me encontraba en mi habitación frente a la computadora, comenzaba una serie de sonidos molestos, unos golpes que se repetían una y otra vez como si alguien golpeara contra el piso. Eran golpecitos ligeros pero constantes, que a mí me recordaban al ruido que hacían los tacones de una mujer cuando caminaban.

Lo más curioso era que, además de comenzar después de la medianoche, parecían llevar un patrón definido, a tal grado que llegué a contar el número de golpes exactos que se producían y los intervalos en los cuales lo hacían.

A veces me preguntaba si mi vecino haría aquello con los nudillos de las manos, o si pondría alguna grabación para molestarme.

Y es que a mí nunca me cayó bien esa persona.

Era un muchacho aproximadamente de mi edad, que vivía en el piso de arriba, muy reservado, jamás hablaba con ninguno de los vecinos que habitábamos allí. Tampoco salía mucho de casa, siempre que nos lo cruzábamos nos miraba con recelo y creo que jamás lo escuché hablar.

Simplemente había algo en él que me daba mala espina.

A lo largo de un año, las cosas continuaron de la misma manera: yo despierto hasta después de medianoche, tratando de trabajar o de dormir, escuchando esa serie de golpecitos que llegué a grabar en mi memoria como un tatuaje irremplazable.

No obstante, eventualmente me mudé y terminé formando mi propia familia hasta que esos hechos quedaron en el olvido. O al menos esa era lo que pensaba, pues años después, ocurrió algo que aún me sigue helando la sangre.

Todo comenzó cuando estaba ayudando a mi hija pequeña a hacer su tarea. A ella y a sus compañeros les estaban enseñando código morse en el colegio.

La vi golpear la mesa con los nudillos de su pequeña maño, reproduciendo exactamente el mismo sonido que solía escuchar en mi apartamento de soltero y un escalofrío me corrió por la espalda.

—¿Qué significa eso, hija? —le pregunté, sorprendido.

—Es el código más fácil de todos, papito —me respondió con inocencia—. Este se usa para pedir ayuda.

Hasta hoy, las dudas no han dejado de acosarme desde que sé el significado de esos golpes. ¿Quién estaría pidiendo ayuda desde el apartamento de mi vecino y por qué?

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Leyenda del árbol de Sakura

¿De qué trata?: Leyenda que cuenta la historia de amor entre una bella joven y un muchacho humilde, y como su amor dio origen a uno de los árboles más hermosos del mundo.

Personajes: Sakura, Jardinero, Señor de la guerra

Tiempo atrás, en un feudo del Antiguo Japón, existía una joven muy delicada y hermosa llamada Sakura, la cual era muy conocida en aquellos territorios por su belleza. A temprana edad consiguió numerosos pretendientes, todos ellos de buenas familias y distintas edades.

Sus padres finalmente, decidieron casarla con un hombre mucho mayor que ella, un guerrero muy acaudalado y diestro en batalla, que además de ser un orgulloso soldado, les daría una vida llena de comodidades.

Sakura no era feliz con este acuerdo, pero desde pequeña la habían enseñado a obedecer y fue por eso que no protestó contra el matrimonio.

El día del casamiento, sus doncellas la vistieron con un kimono de color blanco en señal de su pureza, arreglaron su pelo con flores y pintaron su rostro de tal manera, que Sakura parecía una princesa. El señor de la guerra se quedó encantado.

Finalmente la llevó a vivir a una casa en medio del campo, pues era muy celoso y no quería que ningún hombre le arrebatara el cariño de su esposa.

Un día, el guerrero tuvo que salir de nuevo a pelear y antes de irse, le advirtió a la joven que por ningún motivo podía salir de su hogar. Él se marchó y Sakura se quedó muy sola.

Día tras día observaba el mundo a través de su ventana, anhelando la compañía de alguien.

Cierta mañana se dio cuenta de que había un muchacho arreglando las flores de su jardín. Era un jardinero, al cual el señor de la guerra le había encargado mantener sus plantas.

Sakura se puso muy contenta y lo saludó, tras lo cual se pusieron ambos a conversar. Por fin tenía a alguien con quien hablar.

Pero con el paso de los días, esa bonita amistad que había surgido entre ellos se transformó en un apasionado amor. Aprovechando la ausencia del marido de Sakura, los jóvenes se dispusieron a estar juntos tanto como pudieran y cada día eran muy felices.

Sin embargo, una tarde el señor de la guerra se presentó en casa y al ver lo que estaba sucediendo entre su mujer y el jardinero, se puso furioso. Deshonrado, sacó su espada y los mató a ambos.

La sangre de Sakura y su amado se derramó sobre el suelo y fue a mezclarse en las profundidades de la tierra, de donde brotó un árbol hermosísimo. Su tronco era muy estilizado y de sus ramas brotaron cientos de flores rosadas, que inundaron con su exquisito aroma todo el jardín.

El señor de la guerra, conmovido ante tanta belleza, decidió conservar el árbol para que pudiera consolarlo de su traición. Sin saberlo, le había dado una segunda oportunidad a los sentimientos entre Sakura y su jardinero.

Hoy en día, se dice que cada vez que los árboles de cerezo japoneses florecen, Sakura y su verdadero amor vuelven a encontrarse en algún lugar del universo, ahora sin obstáculos que les impidan quererse.

Es por eso que este árbol simboliza el amor y la esperanza.

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El bufón y el campesino

¿De qué trata?: Un bufón y un campesino se presentan al mismo concurso de talentos, ¿cuál de los dos ganará?

Personajes: Bufón, Campesino, Noble rico, Público

Moraleja/Conclusión: No hay que dejarnos llevar por nuestros prejuicios, pues a menudo juzgamos mal a quienes no lo merecen.

Había una vez un noble muy acaudalado, que decidió usar su fortuna para abrir un teatro en la ciudad y que así los pueblerinos pudieran entretenerse. Para inaugurar este nuevo lugar, quiso hacer un concurso de talentos, que anunció con pompa en medio de las calles.

—La persona que sea capaz de descubrirnos el mejor entretenimiento de todos —dijo—, será recompensada generosamente por mí en persona.

Al escuchar esto, muchos de los habitantes quisieron presentarse. Algunos cantaron y tocaron música, otros hicieron malabares y algunos más actuaron. El teatro realmente se encontraba a reventar a causa del concurso.

De pronto, un bufón se subió al escenario y la gente guardó silencio. Iba solo, no había otros actores o ayudantes que lo asistieran, y estaba vestido de forma ridícula con un colorido traje, lleno de borlas por todos lados. El individuo se aclaró la garganta e inhalo aire profundamente.

Luego, para sorpresa de todos los que se encontraban allí, comenzó a imitar los chillidos de un cerdo, de una manera tan increíblemente fiel al animal real, que todos terminaron aplaudiéndole y aclamándolo.

Pero a un campesino que se hallaba entre la multitud le ocurrió algo diferente.

—¡Por todos los dioses! No puedo dejar que ese hombre me gane con un truco tan básico —se dijo—. Mañana veremos quien de los dos puede hacerlo mejor.

Al día siguiente subieron el bufón y el campesino al escenario. El público ya estaba predispuesto a apoyar a su preferido, por lo cual cuando el bufón volvió a imitar a un cerdo, le llovieron aplausos y aclamaciones.

El campesino por su parte, se encontraba de espaldas a la gente, ligeramente agachado y con un pequeño cerdo oculto entre sus ropas, para que nadie pudiera verlo. En cuanto le llegó el turno de actuar, tomó la colita del animal y disimuladamente tiró de ella para provocar que llorara.

El cerdo comenzó a retorcerse y a lanzar chillidos. Sin embargo los asistentes, en vez de alabar la imitación del campesino, volvieron a apoyar al bufón alegando que la suya había sido más exacta.

—¡Ese hombre no sabe imitar a ningún animal! —dijo uno— ¡Esos ni siquiera parecen chillidos de puerco!

—¡Bájate del escenario, que el bufón tiene más talento que tú! —le gritó otro.

—¡Denle el premio al bufón, él sí sabe como hacer imitaciones! —exclamó alguien más.

En ese instante, el campesino se dio la vuelta y sacó al cerdo debajo de sus ropas, haciendo callar a todo el mundo. Habían escuchado el llanto de un puerquito de verdad y ni así habían admitido la derrota de su concursante preferido.

—Ya ven, aquí tienen la prueba de la clase de jueces que son ustedes —les dijo el campesino—. Si tanto les gusta el bufón pues denle el premio a él, pero que nadie diga que su imitación aquí, fue la más exacta.

Después de aquello, nunca volvió a organizarse otro concurso de talentos en el teatro, pues estaba visto que el público no siempre sabía juzgar correctamente.

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El paquete de galletas

¿De qué trata?: Una mujer compra unas galletas para soportar la espera de su tren. De pronto, un joven se sienta junto a ella y ocurre lo impensable...

Personajes: Señora, Joven

Moraleja/Conclusión: No hay que dejarnos llevar por nuestros prejuicios, ni pensar mal de quien ningún daño nos ha hecho. Antes que nada, conviene analizarnos nosotros mismos y reconocer nuestros propios errores.

Era bastante temprano cuando la protagonista de nuestro cuento corto, una señora de edad media, llego al andén de la estación de trenes para coger su transporte. Había comprado su boleto con anticipación, pero aquel día, tuvo la mala suerte de enterarse de que el ferrocarril había sufrido una avería, por lo cual llegaría más tarde de lo esperado.

Molesta, ella decidió comprarse una botella de jugo y un paquete de galletas para almorzar mientras esperaba. Se sentó en una de las bancas y se puso a hojear una revista.

Un par de minutos después, llegaba a sentarse a su lado un joven vestido con jeans y el cabello largo, amarrado en una coleta. La señora lo vio de reojo con desdén, preguntándose como podía llevar semejantes pintas. Y su indignación aumentó cuando vio como el chico, sin decir una palabra, cogía el paquete de galletas y lo abría para empezar a comer como si nada.

“¡Qué sinvergüenza!”, pensó ella con furia.

Pero como no quería hacer un escándalo, simplemente fulminó al chico con la mirada, extendió una mano hacia el paquete y tomó una galleta que se metió a la boca, masticándola lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos.

Para su sorpresa, el muchacho simplemente le sonrío y tomó otra galleta. Después, ella tomó una más.

Y así cada uno de los dos agarraba una galleta a la vez y comían en silencio. La mujer le reprochaba con sus ojos su osadía mientras él simplemente continuaba sonriendo.

Tras comerse casi todo el contenido de la bolsa, el joven se dio cuenta de que únicamente quedaba una galleta.

“¡Solo eso faltaba! Que después de quitarme mis galletas, quiera la última para él”, pensó la mujer enojadísima. No obstante, el chico tomó el confite y partiéndolo en dos, le ofreció la mitad.

La señora se la arrebató y se la comió en un instante, viendo que su tren estaba llegando al andén.

Tomó sus maletas y se dirigió muy airada al ferrocarril, mientras el joven le deseaba buenos días. “¡Si es que hay gente que no tiene la más mínima vergüenza!”, pensó ella al tiempo que le entregaba su boleto al encargado del tren. “Con esa facha, menos podía esperarse, estos jóvenes de hoy solo piensan en malvivir”.

Ocupó su asiento dentro del tren y abrió su bolso para sacar la botella de jugo. ¡Cuál fue su sorpresa al encontrar que adentro estaba también su paquete de galletas intacto!

Estupefacta, la mujer lo observó y luego sintió que un rubor furioso inundaba su rostro.

Resultaba que en todo ese tiempo, había sido ella la ladrona aprovechada que había estado tomando las galletas de aquel joven sin su permiso, ¡y él no le recriminó nada, sino que incluso había aceptado compartirlas con una sonrisa en la cara!

La señora sentía que se moría de la vergüenza. Cuando el tren partió, solo podía pensar en lo equivocada que estaba y en que nunca más se apresuraría a juzgar a nadie por su aspecto.

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La chica del asiento de atrás

¿De qué trata?: En medio de la noche, un conductor despistado vivirá la experiencia más aterradora de su vida tras tener un accidente en la carretera.

Personajes: Alexis, Chica, Policías

Cerca de las doce de la noche, Alexis se disponía a regresar a casa tras un día extenuante en su trabajo como conductor de autobús. Estaba acostumbrado a terminar a altas horas de la noche, pero a veces el cansancio podía más que él. Se reconfortó al pensar que, luego de dejar el vehículo en su correspondiente estacionamiento, llegaría de inmediato a casa para dormir.

Pero el trayecto todavía le parecía tan largo.

Bostezando, Alexis se esforzó por concentrarse en el camino aunque cada vez sentía más sueño. Sin poder evitarlo, sus ojos se cerraron mientras se encontraba al volante y no fue capaz de ver a la muchacha que cruzaba delante de él.

Alexis se despertó bruscamente al sentir que el autobús se impactaba con algo. Asustado, frenó y se asomó para comprobar que efectivamente había arrollado a una joven.

Lleno de pánico miró hacia todas partes, sin encontrar testigos del horrible accidente.

Se dijo a sí mismo que no podía ir a la cárcel, tenía una familia que mantener y dentro de todo, era un buen hombre que solo había tenido algo de mala suerte esa noche.

Sin pensarlo dos veces, Alexis se volvió a poner en marcha y se alejó del lugar a toda velocidad.

Mientras conducía, presa de los nervios, le pareció ver algo en el espejo retrovisor y levantó la mirada. Casi se muere del susto al ver, como en el asiento trasero, había una muchacha con el rostro ensangrentado que lo miraba fijamente.

Alexis miró hacia atrás y vio que el asiento se encontraba vacío, pero cuando miró de nuevo el espejo, la chica continuaba allí. Se había acercado un poco más.

A punto de llorar, el conductor miró sobre su hombro sin comprender, pues detrás de él no había nadie.

Otro vistazo al espejo le confirmó que ella seguía ahí, cada vez más cerca. Temblando, Alexis se repitió que todo era una alucinación y aceleró el paso. Pero cuando sintió una mano helada que lo tomaba con fuerza del hombro, soltó un grito espeluznante y viró con el volante, haciendo que el bus entero se volcara.

El hombre quedó inconsciente.

Cuando Alexis despertó, vio que se encontraba en una cama de hospital. Tenía una de sus piernas completamente vendada y varias curaciones en los brazos y en la cabeza. Al principio no comprendió que estaba haciendo allí.

Luego recordó lo que había sucedido la noche anterior y se estremeció. En especial al ver como unos oficiales de policía entraban en ese momento, son serios semblantes en sus rostros.

—Señor, nos encontramos aquí porque recibimos un grave reporte. Parece ser que el autobús que usted conducía atropelló a una muchacha ayer, cerca de la madrugada. Hallamos rastros de sangre en la carrocería que coinciden con el impacto del golpe —sacaron una fotografía—, ¿reconoce usted a esta mujer?

Alexis la miró y nuevamente sintió escalofríos que bajaban por su espalda. Era la chica del asiento trasero del bus.

Se había asegurado de que no se saliera con la suya.

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Accidente en un barranco

¿De qué trata?: Al ir conduciendo por una carretera, Marcos es detenido por una angustiada mujer que pide ayuda para salvar a su bebé. Él no sabe que está a punto de descubrir algo espeluznante.

Personajes: Marcos, Mujer, Hombre, Bebé, Policías

Era ya bastante tarde cuando Marcos decidió tomar una carretera de la Sierra Ecuatoriana, al volver a casa de un viaje de estudios. Se encontraba haciendo un posgrado y aquella región era vital para su trabajo. Aunque hubiera querido partir más temprano, pues no le gustaba conducir de noche, las circunstancias no se lo permitieron.

Sintonizo una estación en la radio y se dispuso a manejar con mucho cuidado, pues la zona en la que transitaba era sumamente peligrosa. Había precipicios y curvas en los que, si uno no tenía cuidado, podía sufrir un feo accidente.

Estaba con los ojos puestos en el camino cuando de pronto, algo a la distancia llamó su atención.

Parecía una persona haciendo señas.

Al acercarse, vio que era una mujer que movía sus brazos para pedir ayuda. Como pudo, Marcos se detuvo a un lado del sendero y se dirigió a ella.

—¡Por favor, ayúdeme! —le pidió ella, suplicante— ¡Acabamos de tener un accidente y mi hijo está atrapado en el auto!

Marcos se dio cuenta de que la mujer se encontraba en un lamentable estado. Tenía una contusión en la cabeza y la cara y los brazos manchados de sangre.

—Cálmese, dígame donde está y llamaré a la policía de inmediato.

La mujer lo condujo unos metros más adelante y señaló un barranco. La pobre iba por la carretera con su esposo cuando el coche se les había volcado, rodando cuesta abajo.

Como pudo, Marcos descendió hasta el vehículo que estaba tumbado boca abajo. Miró en el interior y se quedó helado.

En el asiento del conductor había un hombre muerto y con la cabeza ensangrentad. Y a su lado, se encontraba la misma mujer que minutos antes lo había detenido. Sin vida.

Marcos sintió que se le ponía la piel de gallina y entonces oyó un llanto en el asiento trasero.

Un pequeño bebé se encontraba asegurado en su asiento, milagrosamente con vida. El hombre se las arregló para sacarlo de ahí y con mucho trabajo, volvió a subir por la barranca para llamar a la policía.

Cuando los oficiales llegaron, acompañados por una ambulancia, confirmaron la muerte de la desventurada pareja.

El niño por suerte, estaba bien y no había sufrido más que unos cuantos rasguños durante la volcadura del auto. Ahora estaba huérfano pero al parecer tenía familiares que podrían hacerse cargo de él.

—Tuvo suerte de distinguir el coche al fondo del precipicio —le dijo uno de los policías a Marcos—, con esta oscuridad era seguro que no los habríamos hallado hasta el día de mañana. Y quien sabe si ese bebé seguiría con vida.

Marcos no supo como explicarle que la madre del niño había sido quien lo había guiado hasta ahí. Ni él mismo estaba seguro de lo que había pasado.

Esa noche, después de pasar toda la velada sin dormir, llegó a la conclusión de que el espíritu de la mujer había permanecido unos momentos más entre los vivos, con tal de asegurarse de salvar a su hijo.

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La paloma torcuaz

¿De qué trata?: Hermosa leyenda maya que cuenta los orígenes de la paloma, a través de una sorprendente historia de amor.

Personajes: Guerrero, Mujer, Hechicera

Existe una vieja leyenda maya que cuenta que hace mucho tiempo, vivía en esta civilización un guerrero muy poderoso, capaz de combatir con decenas de enemigos para defender a los suyos. Aunque por fuera parecía un hombre fiero y temible, por dentro tenía el corazón de una persona sensible y muy generosa.

Lo que más le gustaba, era ir a cazar en los alrededores de un río enorme de aguas cristalinas. Un día, se encontraba en plena cacería cuando un movimiento llamó su atención.

Al ir a asomarse al cauce del río, vio una canoa que se aproximaba desde la lejanía.

El guerrero se fijó en la persona que iba a bordo e inmediatamente cayó enamorado. Era una india muy hermosa, de piel morena y bellos ojos negros, vestida con una túnica toda bordada de flores.

Al verla tan linda, él sintió como su corazón se inflamaba de amor, más no se atrevió a ir a hablarle por temor a intimidarla con su fiero aspecto.

Aquella noche, sin embargo, no pudo dormir pensando en su belleza.

A la mañana siguiente acudió de nuevo al mismo lugar con la esperanza de verla, pero nadie bajó por el río. Decepcionado, el guerrero regresar todos los días a ver si de casualidad la encontraba de nuevo. Más no hubo suerte en absoluto.

Enfermo de amor, fue a ver a una hechicera muy hábil que tal vez pudiera encontrar la solución a su problema no quería vivir un minuto más separado de aquella bella mujer.

—Si quieres verla de nuevo —le dijo ella—, tendrás que convertirte en un palomo para poder volar al otro lado del río, donde habita tu amada. Si estás dispuesto a adoptar esta forma tan humilde, podrás partir de inmediato. Pero te lo advierto, después de esto, no podrás volver a recuperar tu forma humana.

El guerrero, enamorado como estaba, acepto llevar a cabo este sacrificio y entonces la bruja le clavo una espina en el cuello, que al instante la transformó en un bello palomo.

Así, se fue volando hasta cruzar el río y sobre la misma canoa que había visto días atrás, se encontró de nuevo con la india, que estaba navegando tranquilamente. Tan pronto como la vio se poso en su regazo, haciéndole cariños y mirándola tiernamente.

Ella, enternecida por la ternura del ave, la tomó entre sus manos para acariciarla. Y el guerrero se sintió más feliz que nunca.

Al sentir la espina clavada en el cuello del palomo, la india la tomó entre sus dedos y la desprendió, pensando que debía dolerle mucho. ¡Qué gran error había cometido! El animalito se derrumbó al instante, agonizando por la vida que se le escapaba lentamente.

Muy asustada, la india quiso volver a colocar la espina, pero ya era demasiado tarde. El palomo había muerto.

Con una gran culpa, la mujer se clavó la misma espina y se convirtió en una blanca paloma, que desde entonces, se dedicó a llorar la muerte de su amado. Aun hoy en día se puede escuchar su triste cantar.

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El hijo del rey y el león pintado

¿De qué trata?: Tras tener un sueño terrible, un rey decide hacer lo que sea para proteger a su hijo, sin saber que a veces el destino es irremediable.

Personajes: Príncipe, Rey

Moraleja/Conclusión: Debes afrontar tus problemas con la cabeza fría y no en la desesperación, pues actuar de manera precipitada solo te traerá grandes desgracias.

Cuento corto basado en una fábula de Esopo.

En un reino muy próspero, vivía un rey cuya difunta esposa solo había engendrado un hijo. Por eso desde que nació, el príncipe fue mimado con todas las comodidades y sobreprotegido hasta el el extremo. Su padre le hizo cuidar por múltiples niñeras u cada vez que él quería aprender algo nuevo, como nadar o montar a caballo, se angustiaba muchísimo.

Pensaba en su difunta esposa y en el miedo que tenía a quedarse solo de nuevo, y terminaba prohibiéndole hacer cualquier cosa que considerara peligrosa para él.

Así, el muchacho creció siendo una persona inútil e incapaz de valerse por sí misma.

Un día, su padre despertó agitado de una terrible pesadilla. En su sueño había visto a un león con las fauces abiertas de par en par y afilados colmillos, que se abalanzaba sobre su hijo y lo destrozaba en un instante.

Asustado al pensar que podía tratarse de una premonición, el rey reunió a todos los constructores del reino y les dio una orden:

—Quiero que construyan al palacio más seguro del mundo —les dijo—, un lugar en el que nadie pueda entrar o salir sin ser avistado, que cuente con todos los lujos posibles y se levante en medio de la isla aquella, que esta tras la laguna de mi castillo. Allí, mi hijo vivirá seguro y alejado de cualquier bestia que pueda amenazar su vida.

Y así se hizo.

Los obreros iniciaron la construcción de inmediato y el palacio estuvo terminado en cuestión de meses. Era tan magnífico, que costaba trabajo pensar que hubiera sido construido por manos humanas.

Cada una de sus habitaciones estaba decorada de manera exquisita, con frescos de animales pintados en todas las paredes. El rey había mandado pintarlas así para que su hijo no echara de menos el exterior. Pensaba que se pondría muy feliz al conocer su nuevo hogar.

Pero desde el primer instante en que puso un pie allí, el príncipe fue muy desgraciado. Odiaba llevar una vida tan estricta.

Miró al león que estaba pintado en uno de los muros y sintió rabia.

—¡Oh, que animal tan despreciable! —se quejó— Usted señor león, me ha arruinado la existencia. Por culpa de lo que mi padre vio en un sueño, nunca más he de salir de aquí. Me encierran en este palacio como si fuera un criminal, ¿qué se supone que haga ahora?

Queriendo descargarse, extendió su mano hasta un seto con espinas, queriendo arrancar una rama para golpear al león en la pared. Pero con tan mala suerte que una de esas espinas se le clavó en la mano, abriéndole una herida que con el paso de los días, se infectó provocándole una espantosa fiebre que lo tuvo en cama.

El príncipe cayó muy enfermo y para cuando su padre acudió a verlo, resultó ser demasiado tarde. Sin saberlo, su propio encierro había condenado a su amado hijo a morir.

Fue de esta manera que el león realmente cumplió su cometido.

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El camino enlodado

¿De qué trata?: Dos monjes andan por el mismo sendero y se topan con una hermosa mujer que pronto, les hará entrar en conflicto.

Personajes: Tanzan, Ekido, Joven

Moraleja/Conclusión: A veces, los problemas únicamente se encuentran en nuestra mente. Es necesario dejarlos en el pasado para apreciar lo que tenemos por delante.

Tanzan y Ekido eran dos monjes que siendo jóvenes, habían hecho un voto de castidad. Por eso vivían en un monasterio donde no había mujeres y se dedicaban exclusivamente a la meditación. Llevaban pues, una vida tranquila y lejos de los placeres mundanos. Pero un día tuvieron que hacer un viaje y marcharon a pie por la montaña.

En el camino empezó a llover fuertemente y el agua inundó completamente el sendero. Más adelante, corría un arroyo lleno de lodo por el que debían cruzar sin importar que se ensuciaran las sandalias.

Y ante él, se encontraba una hermosa joven vestida con un largo kimono de seda, indecisa.

Ella también debía atravesar, pero temía ensuciar aquellas ropas tan finas que se había puesto para una ceremonia en las cercanías. Era muy bella, tenía la piel blanca como la leche y un cabello largo, tan oscuro como la noche.

Al verla, Ekido se sintió turbado por su belleza pero Tanzan, con una sonrisa suave, la tomó en brazos y cruzó con ella por al arroyo, manteniéndola limpia. La muchacha le agradeció con mucha dulzura y prosiguió su camino.

Durante el resto del viaje, Ekido no pronunció una sola palabra.

Esa misma noche llegaron a un monasterio vecino, completamente empapados y con los pies muy sucios. Los otros monjes les dieron la bienvenida, les prepararon un baño caliente para que se limpiaran y les sirvieron la cena.

Tanzan estaba muy intrigado por el silencio de Ekido, pero no quería presionarlo. Cuando ambos se retiraron a dormir a su habitación, Ekido por fin quiso hablar con él.

—Tú sabes —le dijo—, que hicimos un voto para mantenernos castos. No podemos acercarnos a las mujeres. En especial a las que son jóvenes y hermosas, esas pueden ser las más peligrosas.

—Te escucho —le dijo Tanzan.

—Quiero saber porque cargaste entonces a esa chica —Ekido parecía muy consternado—, tan lozana, tan bonita… ¿sabes lo arriesgado que fue llevarla en tus brazos? ¿Por qué lo hiciste?

Tanzan, sin sentirse ofendido por las preguntas de su compañero, volvió a sonreír con la serenidad que lo caracterizaba.

—Pero querido amigo, tú eres quien sigue cargando con ella, cuando yo la deje atrás en el mismo instante en que atravesamos el río —dijo él—, ¿es eso lo que te ha estado preocupando todo este tiempo?

Ekido se sintió muy avergonzado al darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—Es verdad que hice un voto al igual que tú, pero no dejes que eso te impida moverte por el mundo con la conciencia tranquila. En ocasiones, lo que parece un problema ante los ojos de uno, no lo es en absoluto para los demás. La mayoría de los problemas solo existen en nuestra cabeza. Si conservamos la inocencia y las buenas intenciones, verás que nada es tan malo como parece.

Ekido le pidió disculpas a su querido amigo por haberse dejado llevar por sus prejuicios. La lección tan importante que aprendió aquel día, no se le iba a olvidar jamás.

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La Niña Perdida

¿De qué trata?: En medio de la noche, Alicia se levanta al escuchar que alguien toca a su puerta. Una niña se ha perdido y le pide que la deje entrar a su casa...

Personajes: Alicia, Verónica

Alicia era una joven de provincia que había viajado hasta Madrid para estudiar la carrera de pedagogía. Allí, alquilaba un piso junto con otras dos muchachas universitarias. Cuando llegaron las vacaciones de verano, ambas volvieron a sus respectivos pueblos para estar con sus familias pero Alicia tuvo que quedarse.

Había suspendido un par de asignaturas y quería estudiar para recuperar sus materias en verano. Tener la casa para ella sola era un ventaja, ya que así podría concentrarse mejor.

Una noche, la joven acababa de irse a dormir cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta insistentemente.

Miró hacia el reloj y vio que era de madrugada.

Refunfuñando, se dirigió a la puerta preguntándose quien estaría afuera a esas horas. Pero se quedó paralizada cuando vio que se trataba de una niña pequeña y muy hermosa, con largo cabello rubio y ojos azules.

—Estoy perdida —le dijo ella—, ¿puedo dormir aquí?

Desconcertada, Alicia le ofreció llamar a la policía para que pudieran llevarla a su casa, pero la pequeña se negó, diciendo que tenía mucho sueño.

Entonces la invitó a pasar y le sirvió un vaso de leche. Luego le preparó una cama y antes de que se acostara, le preguntó como se llamaba. La niña se lo dijo. Verónica.

Alicia se fue a dormir a su habitación, sin querer darle muchas vueltas al asunto. A la mañana siguiente, cuando despertó, no había ni rastro de la chiquilla. Por más que intentó buscarla y preguntó a sus vecinos si no la habían visto, no logró encontrarla de nuevo.

Esperando que se encontrara bien, a la muchacha no le quedó más remedio que volver a sus estudios.

Un año después, Alicia se encontraba sola nuevamente en su piso, leyendo de madrugada. Era la misma fecha en la que se había encontrado con Verónica hace tiempo.

Cuando escuchó que tocaban la puerta y acudió a abrir, casi se lleva un susto. La niña se encontraba afuera de nuevo. Pero no había cambiado en absoluto. Llevaba la misma ropa que la vez anterior y parecía no haber crecido desde entonces.

Una vez más, Alicia le dio de cenar y le preparó una cama para dormir. Sin embargo, apenas Verónica se acostó, la joven se comunicó con la policía para reportar a una niña extraviada. Un rato más tarde, dos agentes policiales se presentaban en su apartamento para investigar, pero la pequeña había desaparecido.

Intrigada, Alicia se puso a investigar en hospitales y orfanatos por si había escapado de alguno de estos sitios. Como en un cuento corto de terror, la chica descubrió la fotografía de Verónica en un internado de monjas.

—Sí, Verónica era una de nuestras huérfanas —le dijo una monja—, pero eso fue hace veinte años. La pobre murió a los seis.

Un año después, al escuchar que tocaban la puerta, Alicia ya sabía quien era. Temblorosa, abrió la puerta y se encontró con Verónica, quien sonreía.

—Solo quería agradecerte por haberme dejado entrar. Ahora debo ir por las otras chicas que me cerraron la puerta, para llevarlas al infierno.

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