El fantasma de Zhuzha

¿De qué trata?: Terrorífica leyenda urbana de Rusia, que habla sobre el fantasma de una acaudalada mujer del siglo XIX.

Personajes: Zhuzha, Niño

A mediados del siglo XIX, Moscú era una de las ciudades cuya economía en Europa iba en ascenso. Hombres y mujeres de distintos estratos sociales comenzaban a prosperar, ganándose la vida con toda clase de oficios. Una de ellos era Josefina, una joven que se dedicaba a diseñar sombreros.

Sus diseños tuvieron tanto éxito en la capital rusa, que aristócratas y gente importante comenzaron a demandar que fuera ella quien vistiera sus cabezas. Y así Josefina, a quien cariñosamente todos conocían como Zhuzha, se convirtió en una de las diseñadoras más prestigiosas de su época.

Zhuzha estaba enamorada de un millonario llamado Sava Morózov, el cual disfrutaba de donar grandes sumas de dinero a distintas caridades. Le admiraba que usara su fortuna para ayudar a otros y que no fuera tan frívolo como el resto de los ricos.

Se dice que ella y Sava estaban próximos a comprometerse, aunque otros aseguran que la diseñadora solo lo amaba en secreto, pues era muy tímida.

Fuera como fuere, la tragedia tocó a la puerta de Zhuzha una tarde fría de invierno, mientras se dirigía en su carruaje a hacer unas diligencias. La muchacha se encontraba mirando por la ventana cuando, cerca de ahí, vio a pasar a un niño que vendía periódicos, gritando una terrible noticia.

—¡Sava Morózov se ha suicidado! ¡El millonario Sava Morózov se ha quitado la vida!

Aterrada por lo que acababa de oír, Zhuzha abrió la puerta de su coche en un impulso y saltó de él mientras todavía estaba en movimiento, desesperada por ir a leer la noticia ella misma. Con tan mala suerte que al caer, tropezó y quedó atrapada bajo las ruedas del vehículo, que la aplastaron hasta matarla.

Poco después se sabría que la nota sobre Sava Morózov ni siquiera había sido confirmada. Pero una oscura leyenda comenzaba en las calles de Moscú.

Al día siguiente de la muerte de Zhuzha, el niño que vendía periódicos fue encontrado muerto en la nieve, estrangulado con una media de mujer. La prenda era exactamente igual a las que solía vestir la diseñadora. Por más que intentaron encontrar a la asesina, las autoridades no tuvieron éxito.

Lo más aterrador ocurrió en las semanas posteriores, pues los corresponsales que se habían encargado de publicar el artículo sobre Sava, también fueron hallados muertos y estrangulados.

El fantasma de Zhuzha se había convertido en un alma en pena, que buscaba vengarse de todos los que le habían provocado tanto sufrimiento, orillándola a morir.

Aún hoy, se dice que algunos transeúntes de la ciudad de Moscú han visto pasar un carruaje fantasmal en medio de la noche, del cual salta una muchacha vestida con ropas antiguas y muy finas. Su lamento desgarrador al ser asesinada por las ruedas del vehículo les hiela la sangre.

Si alguna vez visitas este maravilloso lugar, tal vez debas tener cuidado al salir cuando el sol se oculta, por si las dudas. No querrás presenciar esta escena tan escalofriante, o que ella te encuentre mientras estás solo.

carriage photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4 (1 Votos)

La leyenda de los delfines

¿De qué trata?: Hermosa leyenda que cuenta el origen de los delfines y porque les gusta tanto nadar en el mar.

Personajes: Kimanta, Familia Ksamink, Extranjeros

¿Conoces a los delfines? Estas son las criaturas más graciosas e inteligentes que existen en el mar, además de ser sumamente amistosas con los humanos. Tal vez sea porque, según cuenta una vieja leyenda, hace muchos años ellos eran de nuestra especie.

Dice la historia que un día, unos extranjeros invasores llegaron a la costa donde habitaba la tribu de los onas, en Tierra de Fuego. Estos hombres, llevados por la avaricia, destruyeron y saquearon todo cuanto había a su paso.

Lamentablemente también hicieron prisioneros a todos los inocentes que se cruzaron en su camino. Entre ellos se encontraba la familia de los Ksamink, cuyos miembros eran muy unidos y se querían sinceramente entre sí. A todos los subieron a un barco y los encerraron bajo la cubierta, mientras los conquistadores emprendían el viaje de regreso a casa.

No obstante, cuando toda la tripulación dormía, los Ksamink se asomaron por una de las aberturas del barco y con ayuda de la luz de la luna, se dieron cuenta de que el navío se había detenido en una isla, con grandes salientes rocosas en el borde.

Se las arreglaron para salir muy sigilosamente del cadalso al que los habían arrojado y decidieron que intentarían escapar.

—Vamos a saltar de la cubierta del barco y regresaremos nadando a nuestro hogar —dijo el padre.

Y así, uno por uno fueron saltando al agua, excepto Kimanta, el hijo menor, quien se quedó de pie en donde estaba.

—¿Por qué no saltas? —le preguntó su madre— ¡Rápido! Antes de que despierten.

—Es que no sé nadar —admitió el muchacho con vergüenza.

Sus cuñados volvieron a subir y trataron de convencerlo de que saltara con ellos.

—No te preocupes, nosotros te sostendremos y te ayudaremos hasta que lleguemos a tierra firme.

Pero Kimanta tenía demasiado miedo y el sol ya amenazaba con salir. Sin más remedio, sus cuñados lo arrojaron al mar donde se hundió sin remedio y luego fueron tras él.

Toda su familia se zambulló hasta encontrarlo y llevarlo de nuevo a la superficie, donde aspiró una larga bocanada de aire fresco.

Entre todos volvieron a nadar de vuelta a Tierra de Fuego, sujetando al pobre Kimanta, quien poco a poco perdió el temor de estar en el agua. Sentía como su cuerpo flotaba en mitad del océano y empezaba a gustarle esa sensación.

—Suéltenme —le pidió a sus familiares—, creo que he aprendido como hacerlo.

Así fue como Kimanta aprendió a nadar.

Él y su familia pasaron tanto tiempo nadando para regresar a casa, que sus cuerpos se transformaron. Sus piernas y brazos se convirtieron en largas y ágiles aletas, sus rostros se alargaron y en sus espaldas surgió otra amplia aleta dorsal. Todo esto les permitió nadar de manera más veloz, además de pasar más tiempo bajo la superficie. Ahora eran delfines y se sentían completamente compenetrados con el agua.

A pesar de que lograron alcanzar Tierra de Fuego nuevamente, nunca más quisieron salir del océano y es ahí donde siguen residiendo hasta hoy en día.

dolphins photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 5 (1 Votos)

El cuervo y el cisne

¿De qué trata?: El cuervo, envidioso del plumaje del cisne, decide hacer hasta lo imposible por blanquear sus plumas, aprendiendo una dolorosa lección.

Personajes: Cuervo, Cisne

Moraleja/Conclusión: Nunca te compares con los demás, pues tú eres único y de nada sirve tratar de cambiar tu naturaleza. Acéptate tal y como eres y serás más feliz en la vida.

Este era un cuervo que nunca antes se había preocupado por su aspecto, pues como todos los animales de su especie, lo único que le importaba era comer y cazar para vivir contento. Sin embargo, un día se atrevió a sobrevolar una laguna que se encontraba cerca de su casa y allí vio algo increíble.

Un cisne hermoso y blanco como la nieve nadaba entre las aguas cristalinas. Sus plumas eran tan blancas y esponjosas, que al mirarlas, al cuervo le pareció que su propio plumaje se encontraba deslucido y demasiado oscuro.

Por primera vez despreció el color tan oscuro de sus plumas. No le importó lo lustrosas y suaves que estaban.

Quería ser tan bello como aquel cisne, sin importar el costo.

—Que plumas tan bonitas tienes —le dijo con envidia—, ¿cómo haces para que estén así de blancas? Yo siempre he tenido estas y como ves, son negrísimas, parecen de plomo. Dame tu secreto.

—Este es el plumaje con el que yo nací —dijo el cisne—, y a decir verdad, lo único que hago es nadar en este lago.

Pero el cuervo no le creyó una sola palabra.

“Seguro que sus plumas están así de hermosas porque se la pasa nadando aquí”, pensó, “si vengo todos los días a lavarme como hace el cisne, seré tan hermoso como él, ¡puede que incluso más!”

Y así, llevado por la vanidad, el cuervo comenzó a acudir a diario a la laguna. Se sumergía lo más que podía y se daba largas duchas, frotando sus plumas cuanto podía para quitarles su color. Pero por más fuerte que se restregaba y por más profundo que se hundía en el agua, no conseguía cambiar para nada.

Los otros cuervos, preocupados por él, lo instaban a que saliera de allí para volver con ellos, pero alcanzar la belleza del cisne se había convertido en una obsesión para él.

—Nunca podrás ser como yo —le dijo el cisne sin malicia—, ¿no ves que tú y yo hemos nacido diferentes? No puedes cambiar lo que eres, cuervo.

—Déjame solo —le espetaba él, antes de seguir bañándose.

Con el tiempo, ensimismado como estaba en volverse tan blanco como el cisne, se olvidó de salir a conseguir alimento y perdió mucho peso. Por estar tantos días en el agua, también pilló un resfriado que jamás se le pudo curar, pues ya no le importaba nada.

Ese mismo invierno, cuando la nieve cubrió los alrededores y la laguna se congeló, el cuervo ya había muerto, con sus plumas maltratadas y tan oscuras como las tenía desde el principio.

El cisne lo miró con lástima y sus compañeros se olvidaron de él, no sin antes advertirles a los más pequeños que jamás debían seguir su ejemplo.

Aun hoy en día, de vez en cuando alguien cuenta su historia, enseñando a lo demás lo que sucede cuando nos obsesionamos con alcanzar una inexistente perfección. E incluso tú, si no tienes cuidado, podrías terminar tan mal como ese pobre e ingenuo cuervo.

swan photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4.5 (4 Votos)

El pescador

¿De qué trata?: Un día mientras pasea por la playa, un rico empresario se encuentra con un pobre pescador y aprende la lección más importante.

Personajes: Empresario, Pescador

Moraleja/Conclusión: Vivir para acumular riqueza exclusivamente, no vale la pena si no puedes disfrutar de tus seres queridos y lo que realmente te hace feliz.

Un día, un rico empresario salió a disfrutar de un paseo por la playa. A simple vista, uno podía apreciar que se trataba de un hombre millonario, pues iba vestido con un traje de marca carísimo, llevaba un reloj de oro puro en una muñeca, gafas de sol exclusivas y hasta la goma que usaba en el pelo parecía brillar de lo costosa que era.

Este hombre caminó por unos minutos en la costa, hasta que se topó con un pescador que amarraba su pequeña barca en el muelle. Pudo adivinar que era una persona muy humilde por sus ropas baratas, su barcaza maltrecha y sus pies descalzos.

Aún así, al pescador se lo veía de muy buen humor.

—Disculpe, buen hombre —le dijo el empresario—, ¿no es un poco temprano para que vuelva de su faena?

—Al contrario —le respondió el pescador—, llevo desde las diez de la mañana en el mar, recogiendo todo este pescado. Pero ya cogí todo el que necesito y he terminado.

—¿Qué ya ha terminado, dice? ¿Cómo es posible? ¡Si apenas son las 2 de la tarde!

—Verá —dijo el pescador con una sonrisa serena—, yo cada día me despierto a las 9 de la mañana, me siento a desayunar con mi mujer y mis hijos, la acompaño para llevarlos a la escuela y cuando dan las diez, ya estoy en mi bote pescando cuanto puedo. Cuando son las dos de la tarde regreso a la playa y sé que durante esas cuatro horas que trabaje, pesqué todo lo necesito para la subsistencia de mi familia. Entonces regresó para recoger a mis niños de la escuela junto con mi esposa, comemos, tomo la siesta y después salimos todos juntos a pasear a la playa, donde conversamos y reímos. Cuando llega la noche, nos vamos a dormir contentos.

—Pues, si me permite, creo que está cometiendo una gran equivocación —dijo el empresario—, si ampliara su jornada laboral de ocho a diez horas, duplicaría sus ingresos con el pescado y entonces podría comprar un barco más grande, y hasta contratar a un empleado…

—¿Y para qué?

—¿Cómo que para qué? ¿No ve que con lo que gane con ese segundo barco, pronto podrá ahorrar para adquirir otros dos, cuadruplicando sus ingresos y obteniendo un margen de beneficio mayor por el pescado?

—¿Para qué? —repitió el pescador.

—¡Hombre! Pues de esa manera podría llegar a comprar su propia flota de barcos pesqueros, exportar su producto en grandes cantidades y volverse el pescador más rico de la región.

—Pero, ¿para qué?

—¡¿Cómo para qué?! Pues así tendría tiempo para levantarse a las nueve, desayunar con su familia, llevar a sus hijos a la escuela, comer con sus seres queridos, dormir cuando quiera y pasear con todos ellos. ¿No lo entiende?

El pescador sonrió ampliamente y le contestó:

—¿No estoy haciendo ya todo eso?

A veces, estamos tan enfrascados en trabajar para escalar, que nos olvidamos de evitar volvernos esclavos del trabajo y dejamos de lado las cosas más importantes, como estar con nuestros seres amados.

pescador photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 5 (3 Votos)

Papá, hay alguien en mi armario

¿De qué trata?: En medio de la noche, un niño despierta a su papá tras escuchar algo raro en su armario. Lo que este hombre no sabe es que los monstruos sí existen.

Personajes: Papá, Mamá, Hijo, Monstruo

Eran las 2:38 de la mañana, cuando sentí que alguien me sacudía en la cama. Me desperté lentamente y vi que mi hijo había entrado a la habitación. Estaba de pie junto a la cama y tenía una expresión asustada en el rostro.

—Papá —me habló—, hay algo en mi armario. Tengo miedo.

A mi lado, sentí como mi mujer se desperezaba y rodaba sobre el colchón para acercarse a mí.

—¿Qué ocurre ahora, cariño? —me preguntó.

Yo reí suavemente, sin alarmarme por lo que había dicho mi hijo.

—Tal parece que tenemos un monstruo en el armario —le contesté, logrando que me sonriera somnolienta.

—Oh, eso es algo nuevo —dijo ella, antes de tenderle los brazos al niño—. Ven conmigo, amor. Deja que papá se ocupe del señor monstruo, mientras estás un rato en la cama con mami.

Salí de la cama con lentitud mientras mi hijo se metía debajo de las sábanas. Vi que ella se disponía a dormir de nuevo y le solté una broma.

—¿Segura que no quieres acompañarme? Tal vez entre los dos podamos vencer al monstruo.

—No, sé que tú solo puedes con él. Y si no regresas… bueno, al menos fuiste un buen marido.

Riendo, salí del dormitorio. El cuarto de mi hijo se hallaba al otro lado de la casa, por lo cual tuve que subir la escalinata para acercarme. Vi que la puerta de la habitación se encontraba abierta de par en par, más no así la del armario, que estaba completamente cerrada.

Justo cuando me encontraba a un par de metros de distancia, pude escuchar un raro sonido proveniente del interior, era algo así como un zumbido distorsionado. Aminoré la velocidad, pensando que tal vez algún dispositivo electrónico se había quedado encendido dentro. No era la primera vez que pasaba.

Sin embargo y por precaución, tomé el bate de béisbol que reposaba cerca de ahí y tras respirar profundamente, me atreví a girar el picaporte.

Mientras la puerta se abría, pude comprobar que mi hijo decía la verdad. En una esquina, un montón de ropa se hallaba apilada desordenadamente y el sonido provenía de debajo de ella.

El ruido persistía mientras algo bajo la ropa se sacudía.

Era la voz amortiguada de una persona. Un niño. Apretando el bate con fuerza y dominado por el miedo, comencé a tirar lentamente de las prendas, incluso cuando el sudor bajaba a raudales por mi frente. Estaba ejerciendo tanta presión con mi mano, que los nudillos se me habían puesto blancos y el corazón me latía de forma frenética.

Entonces lo vi, la fuente de la que provenía el sonido. Pero era imposible…

Ahí estaba mi hijo. Atado, con una mordaza entre los labios y el rostro lleno de lágrimas. Se había esforzado tanto por soltarse, que tenía la cara completamente enrojecida.

Rápidamente le quité la mordaza y él pronunció unas palabras que me helaron la sangre:

—¡Quiere a mi mamá!

Historia inspirada en un creepypasta de Reddit, puedes encontrar la original justo aquí.

closet photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 3.2 (13 Votos)

El señor de la bolsa

¿De qué trata?: A bordo del metro, Marina está a punto de experimentar el encuentro más espeluznante de toda su vida.

Personajes: Marina, Hombre de la bolsa

Esa tarde, Marina había salido de su trabajo sumamente agotada. No era para menos, encontrándose a mitad de semana y con los pendientes en la oficina al tope. Malhumorada, bajó las escaleras del subterráneo y aferró su bolso con fuerza. Odiaba la congestión que había todos los días en ese lugar.

No supo si sentirse aliviada o decepcionada cuando su metro llegó casi de inmediato, puesto que como de costumbre, el transporte estaba a reventar. Sin embargo entró a toda prisa, ansiosa por regresar a casa.

Una vez dentro del metro, Marina fue empujada por una avalancha de gente, obligándola a quedar de pie en el centro del vagón.

El metro reanudó su marcha y ella suspiró, notando como un hombre alto y con gabardina se mantenía de pie cerca de su persona. Había algo que no le daba buena espina en ese sujeto.

Tenía una expresión muy seria y vacía, y lo más raro, es que estaba cargando en su hombro una bolsa de mujer sumamente costosa y fina.

Marina intentó ignorarlo y concentrarse en sus asuntos, pero la afluencia de pasajeros que entraban en casa estación era tal, que cada vez la empujaban más y más hacia aquel hombre, hasta que de un momento a otro se vio al lado de él.

Al sentir como la miraba fijamente con aquella expresión vacía, la joven se sintió intimidada.

Luego, sintió como él retiraba la vista y tuvo oportunidad de mirar más de cerca aquel bonito bolso femenino, que ahora que tenía tan cerca, pudo notar que se encontraba sumamente lleno. ¿Qué traería aquel personaje en su interior y por qué cargaría con un accesorio como aquel?

Marina echó un rápido vistazo dentro y se quedó helada: el bolso estaba repleto de manos femeninas, que parecían haber sido cortadas de tajo de sus cuerpos. Todas ellas además, estaban llenas de joyas muy costosas como anillos y pulseras cargadas con oro y piedras preciosas.

La mujer gritó espantada, atrayendo la atención del resto de las personas.

Las puertas del vagón se abrieron y rápidamente, el desconocido la empujó y echó a correr afuera, mientras Marina era incapaz de controlar su ataque de nervios.

Alguien alertó a un policía que fue corriendo detrás del hombre, pero desgraciadamente no pudo atraparlo.

Horas después, Marina prestaba declaración ante la policía, describiendo con detalle lo que había visto. Algunos policías no le creyeron, aunque de cualquier manera peinaron la zona para ver si podían detener al tipo.

Nunca lo encontraron.

Dicen que hasta hoy, puede que halla por ahí un hombre perturbado, al que le gusta matar y cortar las manos de mujeres adineradas para pasearse con ellas macabramente.

Durante los años 90, esta fue una de las leyendas urbanas más populares en México, logrando aterrorizar a miles de personas que usaban los servicios del subterráneo. A pesar de lo escalofriante que es esta historia, lo cierto es que nunca se ha podido comprobar la existencia de un personaje como el que en ella se describe.

subway photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 3.8 (4 Votos)

La leyenda de la estrella de mar

¿De qué trata?: Hermosa y antigua leyenda que cuenta el origen de las estrellas marinas, y el amor entre un pescador pobre y una bella muchacha.

Personajes: Pescador, Muchacha, Poseidón

Existe una historia corta y muy antigua, que asegura que hace mucho tiempo el mar no tenía estrellas como las que ahora vemos en la playa. Estas fueron un regalo de Poseidón, el dios submarino.

Había una vez en la hermosa isla de Creta, un pescador noble y apuesto, pero muy pobre, que todos los días trabajaba incansablemente para mantener a su familia. Este muchacho se enamoró de una jovencita, la más hermosa de todo el lugar y de pronto ella se convirtió en su más grande razón de vivir.

Pero había un problema: no tenía nada que ofrecerle.

Al mismo tiempo, la muchacha tenía otro pretendiente, el hijo de un acaudalado comerciante que  constantemente la llenaba de regalos.

Ella no sabía por cual de los dos chicos decidirse. Era cierto que su pretendiente rico podría concederle seguridad de por vida, pero la verdad era que no lo amaba. En cambio, el pescador le parecía guapo y había sabido ganarse su corazón con sus tiernos afectos y sonrisas. El único problema es que su pobreza le impedía tomarlo en serio.

Cuando el joven acaudalado le propuso matrimonio, el pescador entró en desesperación. No sabía que más hacer para convencer a su amada de que se quedara con él.

Con sus últimas esperanzas quiso convocar a Poseidón, que vivía en lo más profundo de los mares, para que le brindara su ayuda.

—Yo sé que no tengo más nada que ofrecer que mi esfuerzo y mis buenos sentimientos —dijo—, pero yo daría mi vida por la mujer a la que amo. Ayúdame a conquistarla, obséquiame un regalo que la haga quedarse a mi lado.

Conmovido por el amor del muchacho, Poseidón subió al suelo y fue apagando una por una las estrellas del firmamento. Estas cayeron en la playa a los pies del pescador, quien las recogió agradecido.

Antes de que su amada accediera al compromiso, la citó en la playa para tener una última conversación.

Ella, intrigada, decidió encontrarse con él con la idea de decirle que dejara de buscarla. Había tomado una decisión y estaba convencida de que casarse con su pretendiente rico era la mejor opción.

Cuando llegó a la costa, vio que el pescador le esperaba todo vestido de blanco, en la cala más hermosa que había visto, rodeada de aguas azules. Él caminó hacia ella con una sonrisa y abrió las manos, revelando las miles de estrellas que habían caído desde el cielo. Eran su regalo, para demostrarle que nunca dejaría que quererla.

Al ver esto, la muchacha sintió que su corazón latía desbocado y no tuvo más dudas, amaba al pescador tanto como él la adoraba a ella, y aunque no tuvieran nada, nunca les faltaría lo más importante: el amor verdadero.

Los dos se casaron y estuvieron juntos por el resto de su vida.

Y las estrellas que simbolizaban su cariño se quedaron en la playa, multiplicándose como recuerdo de su historia. Es por eso que hasta ahora, las estrellas de mar siguen siendo especiales.

sea star photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 5 (1 Votos)

La zorra y el anciano león

¿De qué trata?: Cuando el rey de los animales enferma, todas las criaturas acuden a verlo. Pero la zorra cree que el león anda tramando algo extraño.

Personajes: Zorra, León

Moraleja/Conclusión: Siempre hay que estar muy atentos a las señales del peligro, pues solo así podremos librarnos de quienes nos quieren hacer daño.

En lo más profundo del bosque habitaba un fiero león, que desde muy joven se había coronado como rey de los animales. Todos lo respetaban y le temían por sus afiladas garras, sus fauces enormes y su habilidad al cazar; por eso no había ni una sola criatura que no obedeciera sus órdenes.

Pero el tiempo no pasa en balde y como era de esperarse, con los años el león fue perdiendo su fuerza y cediendo a la vejez. Un buen día se levantó con tal malestar, que requirió la visita de un médico y este le aconsejó guardar reposo. Lo que no sabía él era que el león estaba fingiendo: como ya no era joven para salir a cazar, se fingía enfermo y muy débil para causar lástima.

—Quiero que todos los animales vengan a hacerme una visita —dijo—, me siento muy solo y la compañía de los otros, sin duda me ayudará a sentirme mejor.

Así que de uno en uno, cada animal se dirigió a charlar con Su Majestad, sin saber sobre el peligro que les esperaba.

Aprovechándose de su mentira, el león hacía como si estuviera muy enfermo y les pedía que se acercaran. Una vez que se encontraban bien adentro de su cueva, este se abalanzaba sobre ellos devorándolos sin piedad.

Ya ves que era un ser muy tramposo. Pero no todos iban a caer en su juego.

Cuando la zorra llegó de visita, se quedó en la entrada de la cueva, sabiendo que algo andaba mal. Ella era muy astuta y no se dejaba engañar por nadie.

—Pasa, querida —le dijo el león, haciéndosele agua la boca al verla—, ¿no quieres que conversemos? Acércate para que podamos platicar mejor.

—No, gracias —dijo la zorra—, puedo escucharlo perfectamente desde donde estoy.

—Pero yo quiero disfrutar de tu compañía, y desde donde estás me es muy complicado verte y escucharte.

—Me parece que nos las podremos arreglar muy bien.

Molesto, el león negó con la cabeza.

—¿Pero por qué no quieres entrar conmigo? ¿Tanto desconfías de mí? ¿No ves que estoy demasiado débil y enfermo como para hacerle daño a nadie?

—Tal vez usted aparente estar muy enfermo, Majestad —dijo la zorra—, pero no he podido dejar de notar todas las pisadas de animales que entraban en su casa. Mírelas, aún se ven frescas sobre la tierra.

—¿Y eso qué?

—Si esos animales siguieran con vida, podría ver las pisadas que salen de la cueva. Pero curiosamente solo veo las que entran.

El león, avergonzado al darse cuenta de esto, tuvo que aceptar que había sido descubierto. Muy orgullosa, la zorra se fue por donde vino, para avisar al resto de los animales de lo que estaba ocurriendo.

Desde ese día el rey no tuvo más la visita de nadie. Tenía que admitir que ya estaba muy anciano como para cazar, pero que jugar sucio no le serviría tampoco para recuperar su esplendor. Pronto los animales tendrían a otro soberano y él sería olvidado por sus bajas acciones.

fox photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 1.5 (4 Votos)

La Vaca

¿De qué trata?: De viaje por un campo muy pobre, un discípulo y su maestro conocen a una humilde familia.

Personajes: Maestro, Discípulo, Padre, Madre, Hijos

Moraleja/Conclusión: Es en las situaciones más desesperadas donde tenemos la oportunidad de demostrar de lo que somos capaces, para avanzar y prosperar.

Un día, un joven discípulo salió a viajar por el mundo al lado de su maestro, un viejo muy sabio que había vivido un montón de experiencias y al cual había jurado obedecer. Por largos días caminaron, buscando posada en los lugares que se atravesaban por su camino.

Hasta que llegaron a un campo hermoso, en el que se divisaba una casa muy pobre. Allí, vivía un matrimonio humilde con dos hijos. Todos vestían con harapos y contaban con apenas lo indispensable para subsistir.

Al conocerlos, el joven se sorprendió mucho y no pudo evitar preguntarle al padre como hacían para sobrevivir en medio de tanta pobreza.

—Nosotros tenemos una vaca —contestó él—, es la única posesión valiosa con la que contamos. Todos los días da leche y parte de ella la vendemos en el mercado. La otra la bebemos o la intercambiamos por algunos alimentos, de ese modo vamos manteniéndonos.

Luego de conversar, el maestro y su alumno se retiraron, pues el viejo tenía que decirle algo importante. Con la mirada muy seria le dio una orden terrible.

—Saca a esa vaca del corral, llévala al precipicio más cercano y empújala.

El chico se sintió horrorizado al escuchar las palabras de su maestro y se negó.

—Señor, esa vaca es lo único que tienen esos desdichados para sobrevivir —le dijo con pena—, si muere, nunca más tendrán que comer.

Sin embargo, el hombre insistió en que le obedeciera sin mostrar piedad alguna y muy afligido, el muchacho tuvo que cumplir con la orden. Se robó a la vaca y la empujó por un barranco, viéndola morir al estrellarse contra el suelo.

La culpa no dejó de atormentarlo durante el resto del viaje y en los años siguientes. Cuando el joven se hizo mayor y hubo aprendido todo cuanto podía de su tutor, decidió seguir su camino solo y lo primero que hizo fue volver al campo aquel, con gran arrepentimiento.

Pensaba pedirle perdón a esa pobre familia y trabajar hasta ayudarles a comprar otra vaca.

Al llegar, se encontró con que la choza en la que vivían había aparecido y en su lugar se hallaba una casa grande y preciosa, con un gran jardín en el que jugaban algunos niños, un tractor y un coche reluciente en el pórtico.

Él se atormentó al creer que la familia habría tenido que vender sus tierras para subsistir, y se acercó a preguntar por ellos.

Cual fue su sorpresa al darse cuenta de que las personas que vivían allí, eran las mismas a las que había conocido años atrás. Pero habían prosperado milagrosamente. Al preguntarles como lo habían logrado, la respuesta lo asombró aún más.

—Cuando perdimos a nuestra vaca, no nos quedó más remedio que aprender cosas nuevas para trabajar y seguir adelante —le dijo el padre—. Así fue como desarrollamos habilidades que no sabíamos que poseíamos y el éxito tocó a nuestra puerta. Al final, la pérdida que sufrimos nos permitió esforzarnos de verdad para tener una vida mucho mejor.

cow photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4.5 (6 Votos)

No abras la puerta

¿De qué trata?: Jonás había recibido una única advertencia de su madre: no abrir la puerta a nadie esa noche. Algo espeluznante le esperaba afuera.

Personajes: María, Jonás, Asesino

María era una madre soltera que vivía sola con su hijo Jonás, en un pueblo en el que nunca pasaba nada. Pero aquella noche, los dos se sobresaltaron al ver en las noticias que un peligroso asesino había escapado de prisión. Se trataba de un hombre tan trastornado, que incluso los conductores del programa habían palidecido al informar la novedad.

Lo malo era que María debía hacer un turno esa noche en su trabajo y por lo que se sabía, aquel enfermo bien podía estar rondando por el pueblo. Así que antes de salir, le hizo una advertencia muy seria a su hijo.

—Escucha Jonás, no quiero que le abras la puerta a nadie mientras no estoy —le dijo—. No importa quien sea, ni lo que te diga, no debes abrir. Tampoco te asomes a las ventanas. Yo tengo las llaves de la casa conmigo, pero en caso de que alguna cosa llegara a ocurrir, voy a tocar tres veces para que sepas que soy yo.

Jonás le prometió que así lo haría y su madre partió más tranquila al trabajo.

El niño pues, se dispuso a cenar y a ver la televisión, tratando de olvidarse de las macabras noticias de esa tarde. En ese momento, estaban pasando una película basada en el relato corto de uno de sus escritores favoritos, muy terrorífica y entretenida.

De pronto unos golpes en la puerta lo asustaron, alguien estaba tocando desesperadamente.

Paralizado, José miró hacia la entrada, la cual parecía que de un momento a otro podría derrumbarse debido a la fuerza con la que llamaban desde el otro lado.

—¿Mamá? ¿Eres tú? —preguntó con miedo.

Una voz espeluznante gritó desde la calle, emitiendo palabras indescifrables.

—¡JABEME DA PUETA!

Al escuchar esto, Jonás corrió a esconderse en su habitación, rogando porque su madre volviera pronto del trabajo. Pero ella nunca regresó.

Por la mañana, sus vecinos se encontraron con una espantosa escena en la entrada del niño. Allí estaba María, muerta y con el cuerpo ensangrentado. Le habían cortado las piernas y parte de la lengua, lo que explicaba porque no había podido hablar correctamente la noche anterior, mientras pedía ayuda.

Las autoridades determinaron que en algún momento de la noche, la pobre mujer se había cruzado con el loco escapado de la cárcel, quien no había tenido piedad con ella. La había mutilado de la manera más cruel.

Pero de alguna forma, María había conseguido arrastrarse hasta su casa, donde intentó pedir auxilio. Si tan solo no le hubiera hecho aquella advertencia a Jonás, tal vez podría haber entrado en casa y salvado su vida.

Luego de ver lo que había ocurrido con su mamá, el pobre chico enloqueció y tuvo que ser internado en un psiquiátrico. A partir de entonces, no dejaba de tener pesadillas sobre lo sucedido y no soportaba que hubiera puertas cerradas, pues tenía un pánico extremo a que alguien tocara y no saber quien se encontraba del otro lado.

Nunca llegaron a encontrar al asesino de María.

door photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4.1 (23 Votos)