La leyenda del maíz

¿De qué trata?: Quetzalcóatl, el gran dios azteca, quiere aliviar el hambre de su pueblo, así que emprende un gran viaje para hacerles el regalo del maíz.

Personajes: Quetzalcóatl, Hombres

Hace mucho tiempo, cuando los hombres apenas empezaban a disfrutar de las bendiciones de la creación, lo único con lo que podían alimentarse era con las raíces y los animales a los que cazaban, pues no sabían sembrar. Tampoco conocían las bondades del maíz, ese alimento tan nutritivo y con el que se pueden hacer cientos de deliciosos platillos, incluyendo las tradicionales tortillas.

Viendo que los hombres estaban muriéndose de hambre, Quetzalcóatl, el gran dios azteca, decidió bajar a la Tierra para ayudarlos. El resto de los dioses se habían cansado de tratar de vencer los obstáculos para enseñarles el don de la agricultura.

—No se preocupen, que ya me ocuparé de eso —les dijo Quetzalcóatl.

Lo siguiente que hizo fue transformarse en una diminuta hormiga negra. Ya en la Tierra, se reunió con una hormiga roja para que le mostrara el camino hasta los misteriosos sembradíos más allá de las montañas, que escapaban a los ojos de los hombres y en donde el maíz crecía sin nadie que pudiera alimentarse de él.

Viajaron las dos hormigas por un camino lleno de peripecias, teniendo que sortear lluvias potentes y vientos que arrastraban el suelo. Tuvieron que cuidarse del calor y de los animales que se atravesaban en su sendero. Pero finalmente, consiguieron llegar hasta las montañas.

Subieron por un monte inmenso y se abrieron paso entre los maizales, que estaban en su estado más tierno.

Quetzalcóatl tomó un solo grano de maíz entre sus diminutas pero fuertes mandíbulas, y así, emprendió el camino de regreso hasta donde vivían los hombres, resguardados en sus modestas chozas y con hogueras donde cocinaban a los animales que a duras penas lograban cazar.

Encontrándose entre ellos, Quetzalcóatl les entregó el pequeño grano y les enseñó como debían colocarlo bajo tierra, para que los rayos del sol lo hicieran fuerte y lo convirtieran en una hermosa planta.

Y así sucedió. Con el paso del tiempo, ese pequeño maíz floreció hasta convertirse en una mazorca, y de los granos de esta surgieron muchas más, hasta que los primeros hombres fueron capaces de cultivar maizales enteros. El hambre se terminó entre ellos.

Con la llegada de este precioso alimento, fueron capaces de alimentar a sus niños y hacer infinidad de comidas.

A veces, se comían los granos enteros, que por sí solos eran muy dulces y sabrosos. Otras, los añadían en medio de caldos o entre la carne de los animales que atrapaban. Pronto aprendieron también a molerlos para preparar harina, con la que cocinaban ricas tortillas y hacían masa para diferentes y ricos manjares.

Desde entonces, Quetzalcóatl se convirtió en el dios más amado por la gente y él también era la deidad que más se preocupaba por sus fieles.

Hasta el día de hoy se cuenta esta hermosa leyenda azteca a muchos niños de América Latina, para que recuerden lo valioso que es el maíz en muchas culturas y sepan agradecer por este precioso alimento, que aun hoy en día forma parte de nuestra dieta.

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La leona feroz

¿De qué trata?: Una leona muy fiera se divierte devorando a los hijitos de sus animales vecinos. Todo cambia cuando unos cazadores amenazan con llevarse a sus pequeños leones.

Personajes: Leona, Leoncitos, Animales del Bosque, Cachorros, Cazadores

Moraleja/Conclusión: Jamás hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, pues nunca sabes cuando podrías necesitar una mano amiga.

En lo más profundo de la sabana, habitaba una leona muy hermosa y feroz, que todos los días salía a cazar sin compasión. Ella no se contentaba con los antílopes y cebras que salían a pastar por montones en las praderas. Lo que más le gustaba, era devorar cachorros.

Pequeños animalitos de distintas especies que habitaban cerca de ella; no le importaba si se trataba de monos, jabalíes, hienas o hasta pajarillos. Para ella, no había carne más tierna y sabrosa que la de los bebés.

Y cuando sus vecinos le suplicaban que no se comiera a sus hijitos, la leona alzaba la cabeza con desdén y les replicaba:

—¡Agradecidos deberían estar de que no los engulla a ustedes! Siempre pueden tener más crías.

Y llenos de dolor, los animales de la sábana comenzaron a vivir en el terror y a ocultar a sus cachorros. Pero no importaba cuanto corrieran, la leona siempre los encontraba y se las arrebataba.

Todo cambio el día en que la fiera se enteró que iba a tener bebés. ¡Pequeños leones a los que cuidar y con los cuales jugar en las afueras! La leona no podía estar más feliz pensando en la numerosa familia que iba a tener. Hasta dejó de cazar por un tiempo.

Cuando sus cachorros nacieron, resultaron ser los más hermosos leoncitos que se hubieran visto en sabana. Todos eran muy juguetones y les encantaba retozar en los pastizales.

Desafortunadamente, unos cazadores llegaron armados hasta los dientes buscando presas finas y pronto pusieron sus ojos en los hijos de la leona. Asustada, ella se los echó en el lomo y huyó con rumbo adonde habitaban sus viejos vecinos, a los que les pidió ayuda para ocultar a sus crías.

—¡Qué poca vergüenza! Venir a decirnos eso cuando tú no tuviste compasión de nuestros propios hijos —le espetaron con rencor—, eso sí que es no tener cara. ¡Pues no vamos a ayudarte!

La leona suplicó y suplicó pero todos ellos le dieron la espalda, encerrándose en sus madrigueras, sus cuevas y las copas de sus árboles.

Sin más remedio, la leona tuvo que emprender un largo y penoso viaje cargando a sus cachorros, para alejarse lo más posible de los cazadores. Cada vez que escuchaba pasos a la distancia o un disparo resonaba en el aire, ella y sus cachorritos temblaban de miedo.

—Ahora sé lo que sentían esos animales cuando atacaba a sus hijos, ¡qué mala he sido! —se dijo, arrepentida.

Y es que le había tocado aprender una dura lección por las malas.

Finalmente, la leona llegó a una nueva pradera libre de cazadores, donde podría empezar una nueva vida con sus hijos. Lo más importante, podría comenzar de cero con sus nuevos vecinos. Y así fue.

La leona nunca más volvió a cazar cachorrillos por diversión. En vez de eso, comía solo presas ancianas o que invadían el sitio. Y en la sabana reinó un ambiente de armonía entre ella y el resto de los animales, quienes la respetaban y apreciaban.

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Los buenos vecinos

¿De qué trata?: Don Eliseo es un viejo cascarrabias al que nadie quiere. Cuando la familia Goméz debe viajar por un percance, a su vuelta se encontrará con algo sorprendente.

Personajes: Don Eliseo, Familia Goméz, Vecinos

Moraleja/Conclusión: Nunca juzguez a una persona por como se ve, pues lo que cuenta es el interior.

Don Eliseo era tenido por todos en el barrio como un viejo cascarrabias. A nadie le gustaba acercarse a su casa, pues él odiaba que pisaran su césped. Los niños le tenían miedo por su voz ronca y profunda, y las madres lo rehuían por su apariencia tosca y sus prendas anticuadas. Nunca hablaba con nadie y cicía recluido en su casa.

La familia Gómez en cambio, conformada por un matrimonio feliz y sus tres hijos, era encantadora con todos los vecinos. Incluso con don Eliseo, a quien consideraban un hombre muy solitario.

A diferencia de los demás, siempre lo saludaban y eran cordiales con él. Incluso le habían ofrecido recortar las hierbas de su jardín o llevarle algún postre. Pero don Eliseo no hacía más que mirarlos con desconfianza y responder de manera breve.

—No vale la pena que se desgasten con él —les había dicho una vecina—, es un grosero. Desde que se le murió la esposa no se relaciona con nadie.

Saber eso solo hizo que los Gómez sintieran más pena por el pobre señor.

Un día, uno de sus familiares enfermó y tuvieron que salir de la ciudad para visitarlo. Pensaban que solo estarían ausentes por un par de días, pero esos días se convirtieron en semanas cuando su familiar empeoró.

Al final, ya restablecida su salud, toda la familia pudo volver a su casa con mucho apuro. Habían estado ausentes por tanto tiempo, que pensaban que todo sería un desastre. Las hierbas del jardín habrían crecido y la casa estaría sucia y descuidada. Y sus pobres mascotas seguramente habrían escapado.

Cual fue su sorpresa al llegar que nada de esto había sucedido.

Al contrario, el jardín seguía con el césped recortado y estaba estupendamente cuidado, sus flores habían sido regadas con mucho cariño. La casa estaba aseada y con todas las cosas recogidas, y las habitaciones en orden. Y su perro y su gato se encontraban contentos y muy bien alimentados.

Sus vecinos se habían encargado de todas aquellas labores mientras estaban lejos.

—No sé como agradecerles todo lo que han hecho por nosotros —dijo el señor Gómez—, nos han quitado un gran peso de encima.

—Dénle las gracias a don Eliseo —dijo uno de sus vecinos—, fue él quien nos organizó para ocuparnos de todo al ver que se tardaban en volver. La verdad que nos sorprendió mucho su cambio de actitud.

La familia Gómez sin embargo, supo que siempre había tenido la razón al creer que aquel hombre esquivo y hosco era noble por dentro. Le dieron las gracias y por primera vez, don Eliseo estuvo dispuesto a hablar de forma diferente.

—No, gracias a ustedes —les dijo—, desde que mi esposa murió la vida había perdido sentido para mí y pensaba mal de todo el mundo. Pero ustedes siempre fueron amables conmigo. Eso me hizo darme cuenta de qu tal vez, aun valía la pena vivir por las buenas personas como ustedes.

Don Eliseo se volvió más amistoso y todos los vecinos vivieron en armonía.

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Bigotes

¿De qué trata?: Trata de un ratón quien decide secuestrar a una princesa. Su padre, el rey se desespera a tal punto que ofrece la mano de su hija a quien pueda liberarla. Pero ¿quién sería el afortunado?

Personajes: El rey, el ratón bigotes, la princesa, el príncipe.

Había una vez, una princesa hermosa que se encontraba prisionera en un escondite secreto, pero esta vez no era por un dragón sino por un pequeño ratón que la tenía consigo y que se caracterizaba por ser un ratón muy fuerte, por lo que resultaba difícil que Hijana, la princesa, pudiese salir sin ayuda.

Cuando el rey se enteró de lo ocurrido que su princesa estaba en manos de un maleante, secuestrada, llamó a todos los sabios que vivían cerca de la aldea, así él tendría más facilidad para encontrar a su hija. Ellos reunidos, disimulaban la risa, pues pensaban que era muy fácil enfrentar al secuestrador.

La primera tarea de todos regresó con la vergüenza de que habían sido derrotados, por lo que sus risas se convirtieron en fracaso. Nuevamente, el rey convocó a otra reunión con ancianos ilustres, estos que ya no reían, sino que se reconocían por tener el entrecejo fruncido.

Después de llevar varias horas en el ajetreo de la liberación de la princesa, se pusieron de acuerdo para enviar un potente ejército guiado con aparatos de última tecnología, en ellos estaban los arcos con flechas, que se encontraban recién afiladas, más tirachinas con piedras de pedernal.

Pero los vientos llegaron de repente a la construcción que había fabricado el ratón bigotitos para retener a su princesa, rompiendo un trozo de ella, en el que la princesa podía sacar la mano y así llegar a hacer señas para poder salir, además que solía gritar con muchas fuerzas, intentando que alguien la escuchase.

De pronto se escuchó ¡Ayúdenme, estoy encerrada sin saber por qué, ayúdenme a librarme de aquí!

-Ya vamos para allá su alteza, respondió la tropa al unísono, hasta que llegó a los oídos de la princesa, la cual ya se encontraba totalmente desesperada por lo que sucedía con ella, no poder salir.

Al escuchar esto, el ratón del otro lado de la pared estaba carcajeándose y burlándose de la princesa, repitiendo lo mismo que ella iba diciendo. La desesperación del rey iba de mal en peor, pues parecía que el pequeño bigotes no tenía límites en este hecho.

Fue entonces cuando se le ocurrió ofrecer la mano de su hija, a aquel hombre que pudiera librarla de su cautiverio. Muchos pretendientes acudieron, dando diferentes ideas que llevaran a concluir que ella podría salir de donde se encontraba prisionero, unos eran guapos pero también estaban los feos que querían tener a la princesa como esposa, costara lo que costara.

Muchos intentaron, pero ninguno tenía éxito en la hazaña de liberar a la princesa del terrible ratón bigotitos que la tenía encerrada ya desde hace varios días.

A los días siguientes, después de tanto intentar por medio de todos los pretendientes que existían, uno de ellos, muy atractivo se atrevió a aventurar. Estuvo escondido vigilando al ratón y fue a su mínimo descuido que colocó una trampa con queso y mientras el ratón la buscaba el príncipe llegó al sitio donde se encontraba la princesa, donde logró liberarla.

Los dos llegaron al palacio, donde su padre la recibió con todo el amor y fiel a su promesa le concedió al príncipe la mano de su hija. Al cabo de un mes se casaron y vivieron felices para siempre.

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El árbol del diablo

¿De qué trata?: Melissa y Verónica son dos gemelas que deciden jugar en su jardín. Un día, sin embargo, Verónica hace algo terrible para lastimar a su hermana, a quien odia.

Personajes: Melissa, Verónica

Melissa y Verónica eran dos hermanas gemelas que se parecían como un par de gotas de agua. Ambas tenían los mismos hermosos ojos azules, la piel blanca como la leche y un pelo negro muy oscuro, que les enmarcaba el rostro de ángel. Las niñas eran muy bonitas e idénticas por fuera; pero así como su exterior parecía inofensivo, nadie podía imaginar lo distintas que eran por dentro.

Melissa, la mayor por dos minutos de diferencia, era amable y buena con todo el mundo. Las personas la querían por su dulce forma de ser y la alegría que reflejaba su mirada.

Verónica, la menor, era todo lo contrario. A menudo se hacía la falsa con su hermana y con el resto de las personas, pero por dentro, la envidia se la comía viva. Tenía un complejo de inferioridad por haber nacido la segunda y también al ver lo fácil que era para su hermana gemela darse a querer.

Mentía, manipulaba y se aprovechaba de los demás tanto como le fuera posible, así que no tenía amigos. La única que no parecía darse cuenta de sus malas intenciones era Melissa, quien la quería muchísimo.

Pero Verónica se moría de rabia al contemplarse en el espejo y ver el rostro de su melliza.

Un día, Verónica le propuso a Melissa que jugaran un juego. Ambas se encontraban en el espacioso jardín de su casa, sin nada que hacer. Melissa accedió, sin imaginar lo que su hermana tenía en mente.

—Tienes que entrar en la casa y contar hasta veinte. Cuando acabes, sal a buscarme —le dijo Verónica.

Melissa corrió a la casa y se puso a contar.

—… 17… 18… 19… 20… ¡Listo! ¡Verónica, voy a buscarte! —exclamó, antes de volver al jardín a toda prisa.

Lo que vio allí la paralizó por completo.

Verónica yacía colgando de una de las ramas del árbol del jardín, con una soga amarrada al cuello y el rostro amoratado por la falta de oxígeno. Tenía una expresión grotesca en su delicado rostro.

Tanto había llegado a odiar el compartir la misma sangre y apariencia que su gemela, que se había suicidado solo para hacerla sentir culpable.

A partir de entonces, su espíritu la perseguiría toda la vida.

Verónica además, hizo un pacto con el diablo para que el árbol de su jardín mantuviera vivo su recuerdo. A menudo, su hermana se asomaba desde su ventana y veía a su gemela muerta meciéndose entre las ramas, con una malvada sonrisa en su rostro y unos ardientes como las brasas del infierno, que permanecían fijos en ella llenos de odio.

Con sus padres tuvo que mudarse y nada volvió a saberse de ellos.

Este relato corto de terror es uno de los más célebres en Estados Unidos. Hay quienes dicen que sucedió de verdad. Hay quienes creen que el árbol en el que se ahorcó Verónica existe, en algún suburbio desafortunado. Si alguna vez llegas a encontrarte con un tronco muerto en el patio trasero de una casa encantadora, quizá sea mejor mantener las distancias.

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El vuelo del triangulo de las bermudas

¿De qué trata?: Un vuelo perdido en el triángulo de las Bermudas. Un misterio entre muchos sin resolver, la torre de control está desconcertada tras un hecho que le pone los pelos de punta a quien lo viva.

Personajes: Torre de control, Tripulantes, Militares.

El triangulo de las bermudas es una zona de la tierra que tiene casos extraños de desapariciones. Cientos de científicos aseguran que esto se debe a las condiciones climáticas que hay en la zona, pero lo cierto es que la historia a continuación nos describe un hecho que descarta cualquier teoría que la misma ciencia pueda argumentar al respecto.

Hace unos años atrás un hombre el cual se encargaba de la torre de control en el aeropuerto internacional de Palm Beach Florida recibió un llamado de emergencia que lo dejaría totalmente helado. El se encontraba laborando instrucciones en algunos vuelos, cuando de repente escuchó un ruido muy extraño en la línea de su radio.

-Me copia, llamando a Palm Beach, necesitamos ayuda estamos perdiendo el control, solicitamos un equipo de rescate para las coordenadas  356 con 7 ¡Interferencia!

El hombre encargado del control de dicha torre no podía oír nada por el ruido de fondo. Parece que había problemas de comunicación, pero era extraño porque las condiciones climáticas que se daban en ese mismo instante en el triangulo de las Bermudas era algo normal. Por ello procedió a pedirle al objeto que se identificara.

  • Se solicita identificación inmediata, se solicita identificación inmediata ¿Me copia?

Pero al parecer el receptor no podía captar el mensaje, porque nuevamente replicó sin respuesta a lo que anteriormente el jefe de la torre de control de Palm Beach había solicitado.

  • Si pueden oírme por favor envíen ayuda a las coordenadas de… ¡Interferencia!
  • ¿Me escucha?

Una vez perdida la señal el comandante del puesto de control avisa a las unidades militares cercanas que sobrevuelen la zona para ir en búsqueda de esta tripulación. Al parecer no había ningún vuelo planeado para esa noche, se estimaba que este llamado sospechoso era un ataque ruso o quizás hasta de los mismos iraníes.

Sin embargo, la misma interferencia se escuchó segundos después de que la tripulación de la aviación confirmara que no encontraron absolutamente nada en la zona donde se encontraba la tormenta. Lo extraño era que ya no se escuchaba nada a través de la radio, sino un zumbido fuerte, como si hubiera colisionado.

Tras días de búsqueda no se pudo encontrar nada. Otra vez la interferencia se volvió a escuchar. La torre de control estuvo atenta a algún llamado por radio. En ese momento se pudo contactar con un hombre que se oía bastante agitado.

  • Torre de control ¿Me escucha? Si nos escucha estamos en las coordenadas 339.889 al Noreste de la torre de control ¡Podemos verla!

No pasaron 5 minutos cuando ya se encontraban unidades en camino, pero la mujer se le erizó los pelos cuando el capitán de la armada dio un informe a la torre de control.

  • Aquí torre de control, estamos en las coordenados indicadas sobrevolando la zona y no hay nadie.

Enseguida de haber escuchado este mensaje se escuchó la interferencia de la tripulación perdida en el triangulo de las bermudas.

  • Torre de control, estamos en las coordenadas 339.889, fecha de 4 de diciembre de 2011, por favor envíen refuerzos, repito estamos ¡Interferencia!

El problema de todo era que la fecha actual era el 14 de octubre de 2016.

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Miedo a la oscuridad

¿De qué trata?: El pequeño Francisco le tiene pavor a la oscuridad. Después de su desafortunada muerte, sus padres se percatan de que algo no va bien con el sepulcro del niño.

Personajes: Madre, Padre, Francisco, Investigador

El pequeño Francisco había desarrollado desde muy niño, un miedo terrible a la oscuridad que preocupaba a sus padres. Si bien esto era normal en todos los chiquillos, su hijo no parecía superar esa dura etapa como pasaba con el resto de los críos.

Todo el tiempo pedía que hubiera luz en su mesita de noche, pues quedarse a oscuras le provocaba las peores pesadillas. Así que su madre se asguraba de prender una lamparilla en su habitación sin falta.

Pero Francisco poco a poco se hacía mayor y aquella fobia no quería desaparecer.

Llegó el momento en que se enteraron de que él era el único niño de su edad que seguía durmiendo con la luz encendida. Aunque consultaron con varios especialistas y trataron de ayudarlo a superar ese medio, no hubo manera. Francisco simplemente odiaba la oscuridad.

El tiempo pasó y un día desafortunado, el chico tuvo un accidente que lo mató al instante. Destrozados, sus padres decidieron hacer un funeral y darle sepultura.

Amortajaron su cuerpo infantil y sin vida, y lo pusieron en un ataúd, el cual enterraron justo en el jardín para seguir teniéndole cerca.

Fue ahí que comenzaron los problemas.

Todas las noches, los padres de Francisco escuchaban como la cripta se abría y enseguida unos diminutos pasos. Su terror aumentaba cuando, al asomarse por la ventana, veían que efectivamente, la tumba estaba abierta de par en par.

El ataúd seguía allí pero por más que cerraran la cripta, está volvía a abrirse a la noche siguiente.

Descartaron que se tratara de ladrones, pues además de que no tenían cosas de valor y los restos de Francisco permanecían intactos, sabían que ningún amante de lo ajeno se iba a tomar la molestia de regresar todas las noches al mismo lugar.

Decidieron entonces llamar a un investigador de lo paranormal, que colocó monitores en el jardín y espero hasta ver algo.

El hombre le mostró a la preocupada pareja como la cripta se abría sola por las noches, aunque no se veía que nada saliese de ahí. Empero, los pasos pequeños seguían escuchándose, seguidos de un escalofriante y casi imperceptible llanto.

Ellos lo reconocieron, ¡era la voz de su hijo!

La madre de Francisco comprendió lo que ocurría de repente. Aunque su hijo se había marchado para siempre, aun en el más allá le tenía miedo a la oscuridad y la cripta era un lugar muy oscuro. Ya no tenía su lamparita de noche para sentirse seguro.

A partir de ese momento, noche tras noche comenzó a poner una vela encendida para él y los ruidos y hechos extraños cesaron.

El tiempo pasó y los padres de Franscisco también murieron. Otras personas llegaron a habitar en la vieja casa, con la tenebrosa sepultura en el jardín. Y ellos juraban que algunas veces, en medio de la noche, sus puertas se abrían y lograban escuchar un llanto amargo e infantil, de un niño que buscaba a sus padres.

Y tú, ¿qué tanto le temes a la oscuridad?

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La ratita sabia

¿De qué trata?: Cuenta cómo una ratita quería conocer el mundo fuera de su casa, pero a pesar de las advertencias de su madre, esta no le hizo caso y tuvo que vivir con su propia piel todo lo que le había aconsejado su madre que evitara.

Personajes: La ratita, el hada, la madre

Moraleja/Conclusión: La moraleja dejada es hacerle caso a los padres para sufrir lo menos posible. Ellos conocen y tienen más experiencia, por eso nos enseñan.

Había una vez, una ratita que tenía un tamaño muy pequeño. Ella vivía con sus padres bajo las alfombras profundas de una panadería, ahí estaban seguros y lo más importante, bien alimentados motivo por el cual nunca pensarían en mudarse a otro hogar.

A pesar de esto, la ratita se sentía en ocasiones infeliz, ya que era muy inquieta y entonces estaba en busca de una vida mucho más emocionante.

Un buen día se enfrentó a su madre y le dijo: ¡Madre ya estoy cansada de esta vida tan poco enérgica, eso me aburre, ya que siempre hacemos lo mismo, solo asomar el hocico a la puerta de la casa para comer y ya, eso es todo! A mi me gustaría conocer el mundo, replicó.

– Qué mundo, hija cuando aquí tienes lo bueno, allá afuera esta todo lo malo, todo lo que no necesitas. –Bueno por muy malo que parezca el exterior, yo me iré a aventurar para conocer la diversión y el ajetreo de afuera, necesito que me dé el sol.

Esa noche la ratita acomodó todas sus cosas en un pañuelo y la llevó consigo durante su salida. Al sentir la luz del sol, la ratita pensó: -Justo esto era lo que quería, salir del encierro.

Ella iba caminando muy feliz hasta que casi la atropella un carro -¡Oh casi muero, pero a pesar de estas cosas debo seguir adelante y ser valiente! Fue entonces como hizo una canción para sí misma.

Valiente serás
te guste o no,
valiente serás
con o sin perdón.

La cola arriba
peinados mis bigotes
preparadas las patitas
para empezar el trote.

Valiente serás
a toda hora lo pensarás
porque la inteligencia sobra
cuando piensas en ganar

Todo iba bien, pero le interrumpieron la inspiración cuando un carnero enorme pasó por su ruta a toda velocidad, a milímetros de ella. -¡Dios mío si me descuido cantando más, me aplasta ese gigantón! Creo que no será nada valiente como venía diciendo.

La ratita que iba pensando en la vida iba de susto en susto durante su larga caminata a la ciudad, pero ante todo quería tener el valor suficiente para vivir lo que quería, pero el poco que tenía se le estaba acabando. De repente llegó a la orilla de un río y murmuró:

¡Dios que sed tenía, pero también tengo hambre y todo lo que hay aquí es agua cristalina que solo podrá resolver la sed que tengo! Pero es hermoso, nunca había visto nada igual.

De pronto se acercaron unos cangrejos con largas pinzas queriandola pinchar, ella comenzó a gritar como loca ¡No me toquen, sus pinzas me lastiman! –Soy muy desgraciada al salir de mi casa, no debí hacerlo, he pasado más ratos malos que buenos. Ya me devolveré, no lo soporto pero ¿cómo me devuelvo si no sé donde estoy?

En eso apareció el hada de los niños desobedientes y le dijo: Sé lo que te pasa ratita, pero tenías que haberle hecho caso a tu madre, te daré otra oportunidad y te llevaré a casa.

En cuestión de segundos apareció junto a su madre y le dijo: Mamita, mamita tenías razón el mundo allá fuera es horrible, ahora solo quiero estar aquí feliz con ustedes y sobre todo tranquila.

Desde entonces, nunca más se quejó de la vida aburrida que llevaba.

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Selene y Endimión

¿De qué trata?: Selene, la diosa lunar, está recorriendo el monte cuando un día se topa con Endimión, un joven del que se enamora profundamente.

Personajes: Selene, Endimión

Hace mucho tiempo, existió una diosa llamada Selene, que era la señora de la luna. Ella acostumbraba pasear por la Tierra acompañada de sus dos fieles perros, dos canes blancos como la leche a los que sujetaba con unas finas cadenas de plata.

Un día, Selene se encontraba caminando a las orillas del río Meandro, impresionada por la belleza del paisaje. Le encantaban las flores, los árboles y los verdes campos que florecían a orillas de las aguas. Pero lo que más la impresionó, fue la enorme colina que se levantaba al pie del valle, preciosa y llena de vida.

Preguntó a los lugaremos como se llamaba aquel lugar y estos le respondieron que se trataba del Monte Latmos. Selene subió a explorarlo con sus perros, emocionada por una nueva aventura.

Llevaba un buen rato caminando cuando repentinamente, se dio cuenta de que no era la única en aquel paraje. A la sombra de un frondoso roble, se encontraba durmiendo un joven pastor de piel blanca como la leche y cabellos dorados. Era tan hermoso, que Selene dudó por un momento que se tratase de un simple mortal.

Jamás había visto ni siquiera a un dios que fuera tan bello como aquel muchacho.

Selene se acercó a él para acariciarle el rostro y el desconocido se despertó, sobresaltado. Luego la miró confundido. Nunca había visto subir a nadie al monte más que él.

—No temas —le dijo la diosa con dulzura—, mi nombre es Selene, estaba paseando con mis perros. ¿Cómo te llamas?

—Endimión —respondió él.

—Yo no soy de aquí, Endimión. Estaba de paso con mis animales, he venido a la Tierra para conocer todos sus rincones —le dijo ella—, y si vienes conmigo, te mostraré lagos, bosques y llanuras mucho más maravillosas que Latmos. Será el viaje de tu vida.

Pero Endimión rechazó su maravillosa oferta.

—No puedo moverme de aquí, tengo que permanecer para estar con los míos. Seguramente habrá lugares más hermosos y grandes que este, pero este sitio y es mi hogar y no lo cambiaría por nada en el mundo.

Desconcertada, Selene volvió a insistir, recibiendo otra negativa por respuesta. Tras varios intentos de convencerlo, la diosa se sintió muy ofendida por su rechazo y quiso vengarse.

—Muy bien —sentenció con frialdad—, pues ya no que no quieres acompañarme, voy a darte el gusto de permanecer aquí. Te quedarás dormido eternamente bajo este árbol y nadie podrá moverte, ni despertarte nunca.

Y pronunciadas estas palabras, Endimión se sumió en un profundo sueño mientras Selene, ofendida, abandonaba la montaña.

Desde ese entonces, cada vez que la luna llena se ponía sobre el Monte Latmos, se decía que era la diosa que volvía para contemplar al pastor del que se había enamorado, durmiendo y atorméntandose por no poder tenerlo cerca.

Endimión jamás pudo despertar de su sueño y terminó por convertirse en parte del monte que tanto amaba. Fue su precio a pagar por tener el atrevimiento de negarse así a la señora de la luna.

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El pastorcillo mentiroso

¿De qué trata?: Un pastorcillo dedicado a hacer bromas pesadas a los campesinos de su región, hizo todas las bromas que quiso, anunciando que el lobo venía por sus ovejas, sin saber que podía haberse cumplido.

Personajes: El pastorcillo

Érase una vez, un joven que se dedicaba al pastoreo de ovejas pero a la vez le gustaba mucho divertirse a costa de los demás ¿Cómo? Realizando bromas pesadas a todo el que se consiguiera en su frente.

Su objetivo siempre era reírse de los demás todo lo que pudiera, pues para él ese era su entretenimiento diario. Un buen día, después de salir del rebaño de sus ovejas estaba pensando en qué podía hacer para divertirse y se le ocurrió lo que para él parecía una fabulosa idea.

Fue así como este subió a lo más alto de una roca y empezó a gritar con desesperación: ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! Ahí viene el lobo y se llevará todas mis ovejas ¡Auxilio!

Después de oír estos tenebrosos gritos, todos los vecinos y hombres del pueblo iban corriendo a ayudar al pastorcillo. Después que muchos de los hombres nobles corrieron a su rescate subiendo la empinada donde éste se encontraba, fue que se dieron cuenta que había sido una broma gastada por el mentiroso pastor.

Con mucha molestia por la broma que éste les había gastado, todos los campesinos se devolvieron a cada una de sus actividades murmurando entre ellos acerca de lo que había sucedido y lo terrible que era ese pastorcillo.

Todos estaban muy molestos, mientras que el pequeño pastorcillo no hacía más nada que reírse por todas las veces que los campesinos le creían cuando él le hacía bromas todos los días. Les decía ¡Otra vez han caído en mi broma, ja, ja, ja!

Después de varios días, el pastorcillo sentía que se estaba aburriendo y como tal empezó a planear otras bromas para realizarles a los aldeanos de su región, pues ya extrañaba entretenerse nuevamente con otra de sus terribles bromas pero que para él era una excelente forma de reírse sin parar, mientras ellos se enojaban.

Fue entonces cuando él, quiso gastar la misma broma pues él decía que al ser tantas veces y los campesinos le seguían creyendo, por qué no usarla una vez más y obtener la diversión tan fácil como siempre lo solía hacer.

Sin embargo, en esta oportunidad decidió subirse a un punto mucho más alto que el anterior y que todas las veces que había practicado esta misma broma a sus vecinos. De repente, empezó a gritar: ¡Ayúdenme! ¡Por favor! Necesito su ayuda, se los pido. Ahí viene el lobo y está en busca de robar mis ovejas.

Como era de esperarse, los campesinos de la localidad volvieron a creerle la broma y al llegar a la subida el no respondió con más cosa que con múltiples carcajadas, repitiendo a todos que volvieron a caer en su broma pesada.

Con el paso de los días ocurrió que en horas de la mañana y sin ser broma, apareció el lobo en su rebaño y esta vez, en serio. El pastor comenzó a gritar esta vez, con desesperación mucho más real de lo que solía hacerlo en sus bromas. Pedía ayuda una y otra vez pero nadie acudió a socorrerlo, pues por ser tan bromista los campesinos nunca más confiaron en él y el lobo se robó todas las ovejas que quiso.

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