El obsequio de las palomas

¿De qué trata?: Cada año después de Navidad, un príncipe chino libera palomas para entretener a sus súbditos. Hasta que uno de sus consejeros le hace descubrir algo importante...

Personajes: Príncipe, Consejero

Moraleja/Conclusión: Muchas veces las buenas intenciones no son suficientes para arreglar un problema. Antes de hacer un favor, hay que actuar con precaución y preguntarnos si realmente será útil.

Hace mucho tiempo, existía en China un antiguo reino llamado Handan, en el que todos sus habitantes estaban bajo el mando de un príncipe. El joven tenía un buen corazón, pero no siempre actuaba con cautela al gobernar. Por eso solía consultar cada decisión con sus consejeros, que eran más sabios y mayores que él.

Cada año al llegar el invierno, los súbditos de Handan preparaban las fiestas con gran algarabía. En Navidad se ponían brillantes túnicas de color rojo y verde para salir a las calles a celebrar, jugaban en medio de la nieve y elaboraban deliciosos dulces para los más pequeños.

Luego hacían un gran desfile en el que todos se repartían regalos y al príncipe le encantaba ver como eran felices. Pasadas las fiestas de Navidad, llegaba la hora de celebrar el Año Nuevo.

La gente de Handan tenía por costumbre reunirse a cenar con sus familias y disparar fuegos artificiales hacia el cielo.

Además de esto, todos tenían la costumbre de cazar palomas blancas para obsequiárselas al príncipe, en agradecimiento por su benevolente reinado. Y él, por su parte, les recompensaba con maravillosos obsequios.

Un día, poco antes de la víspera de Nochevieja, uno de sus consejeros le preguntó porque mantenía dicha tradición.

El príncipe le respondió lo siguiente:

—En Año Nuevo, libero las palomas que mis súbditos me obsequian para mostrarles mi benevolencia.

—Pero, ¿no le gustan a usted las palomas?

—Por supuesto que sí —dijo el joven—, son animales nobles y muy hermosos. Me recuerdan la inocencia y todas las cosas buenas que hay en el mundo. Por eso no tendría el corazón para mantenerlas cautivas.

—Cada vez que se acerca el fin de año ocurre la misma situación —prosiguió su consejero—, la gente sabe que usted necesita palomas para liberarlas y se ponen a cazarlas sin control. Como resultado, muchas de ellas mueren y se acumulan en las calles. Si de verdad ama a estos animales, debe prohibir su caza. Su buena intención de liberarlas no es suficiente para reparar los daños que las personas cometen.

El príncipe reflexionó en lo que decía y llegó a la conclusión de que tenía razón. Una tradición no valía la pena si se ponía en peligro la vida de unas criaturas tan buenas.

Ese año, se publicó en Handan un edicto con el que la caza de palomas quedaba prohibida. Al principio no fue del agrado de todos, pues había quienes no querían dejar de recibir las recompensas que les otorgaba el príncipe.

Así que a cambio, a él se le ocurrió instaurar una nueva tradición: los ciudadanos podrían regalarle palomas hechas de papel y él, a cambio, les obsequiaría dulces, túnicas de colores y otros curiosos regalos para que pudieran usar en las fiestas de fin de año. Esta nueva medida fue adoptada con gran alegría por su gente.

Desde entonces, antes de seguir otra tradición y hacer efectiva una decisión importante, el príncipe pensó con mucho cuidado. Pues además de buenas intenciones, la razón era necesaria.

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La viuda y su oveja

¿De qué trata?: Una pobre viuda se ve en problemas tras perder a su marido y quien lo sale pagando, es su pequeña y leal oveja.

Personajes: Viuda, Oveja, Esposo, Trabajadores

¿Dónde ocurre la historia?: Si vas a hacer un trabajo, antes debes prepararte para hacerlo bien.

Una mujer vivía en una próspera hacienda gracias al trabajo de su esposo, quien era el terrateniente más rico de la región. Tenía muchas cabezas de ganado, negocios en el pueblo cercano y una casona muy confortable en medio del campo, con montones de sirvientes que le servían a su señora.

Sin embargo, la desgracia tocó a la puerta del matrimonio y un día, mientras el hombre montaba a caballo para supervisar a sus animales, este se encabritó con una serpiente que vio a medio camino, tirándolo al suelo.

El hacendado se golpeó en la cabeza muriendo al instante y sus trabajadores trasladaron el cuerpo hasta su casa, para horror de la ahora viuda.

—¡¿Qué será de mí ahora?! —exclamó, pues ella solo sabía como llevar la casa.

Con el tiempo, la hacienda fue cayendo en decadencia, ya que la mujer no entendía los negocios de su difunto esposo. Gran parte de la fortuna se había ido en pagar el funeral y las deudas que este había contraído.

Los trabajadores le recomendaron ir vendiendo todas las cabezas de ganado para hacer frente con todas estas responsabilidades, y después las aves de corral. Poco después, fueron ellos los que abandonaron a su ama, quien tuvo que recurrir a vender gran parte de los objetos de valor de su casa.

Al final, únicamente le quedaba una pequeña oveja, muy bien provista de lana. La viuda solía cuidarla lo mejor que podía, pues pensaba aprovechar esta lana para venderla en el pueblo y comprar provisiones.

Era su última esperanza.

Como ya no tenía quien se encargara de trasquilar al animal, decidió probar suerte y hacerlo ella misma. Se arremangó su vestido ya bastante viejo y se sentó enfrente del animal para comenzar con la tarea.

Pero he aquí que una vez que lo hizo, la oveja comenzó a quejarse y a llorar. La viuda no sabía lo que estaba haciendo y cada vez que pretendía cortar un poco de su lana, pellizcaba también la tierna carne de la criatura.

—Ama, ¿por qué me maltratas de esta forma, si yo me he quedado contigo hasta el final? —le preguntó— ¿En que te beneficiaría añadir mi sangre a esa lana que quieres vender? Si deseas también mi carne, mejor haz venir al carnicero, que al menos se encargará de matarme sin hacerme sufrir. Pero si lo único que quieres es mi lana, te suplico que vayas por el esquilador al pueblo, quien me esquilará sin lastimarme.

Muy arrepentida, la viuda curó las heridas del animal y, pese a que antes no quería gastar en contratar al esquilador, aceptó que fuera él quien sacara la lana pues tampoco quería perder a su ovejita.

El esquilador vino y removió toda la lana del animal con delicadeza, ante el asombro de la mujer.

A partir de entonces decidió que no volvería a hacer nada para lo que no estuviera preparada, por más necesidad que tuviera. Pues era preferible hacer un trabajo bien hecho, que ganar rápidamente unos cuantos centavos.

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La esclava fea y Afrodita

¿De qué trata?: Una esclava fea y malvada le da las gracias a la diosa Afrodita por dejarle disfrutar del amor de su amo.

Personajes: Afrodita, Esclava, Amo

¿Dónde ocurre la historia?: Que no te ciegue lo que crees buena fortuna, cuando en realidad puede ser la carencia de otros.

En una casa muy grande y lujosa, vivía un señor muy rico y poderoso, al que servían varios esclavos de todas las edades. Este hombre era muy prepotente con todos, pero más con una esclava de mal talante y bastante poco agraciada, que siempre buscaba hacer las cosas a su conveniencia.

La esclava, furiosa con su señor por tratarla de esa manera, a menudo rumiaba la manera de robarle para desquitarse.

El hombre además era un mujeriego sin remedio, pues gustaba de perseguir a las muchachas más jóvenes. A menudo también se metía con Afrodita, la diosa del amor y de la belleza, creyendo que ni ella podría resistirse a sus encantos. Y esto enfadaba mucho a la deidad, que pensaba que él no era más que un viejo ridículo y tonto.

Así que decidió darle una buena lección.

Usando su magia, Afrodita se fijó en la esclava fea y la volvió atractiva para su amo. Este, súbitamente enloquecido de amor, comenzó a tratarla mejor y a darle privilegios sobre los otros esclavos. Mandó que la trasladaran a las más lujosas habitaciones de la casa y que los otros esclavos la sirvieran en todo. Le dio vestidos nuevos y joyas para que se adornara.

Y la esclava, muy envanecida por todas estas nuevas atenciones, se sintió no menos que la señora de la casa, colocándose sus nuevas joyas y adornos complacida.

El resto de los esclavos no comprendían lo que había visto su amo en ella. Su piel ya estaba arrugada, la barbilla la tenía larga y afilada, al igual que su nariz. Su cabello estaba encanecido y los ojos, llenos de codicia, eran oscuros y fríos.

La esclava no tardó en adoptar las mismas actitudes que el amo y a ser déspota con sus compañeros. Le encantaba restregarles en la cara las nuevas riquezas de las que ahora disfrutaba, sintiéndose más que ellos.

Viendo su ahora próspera situación, la esclava decidió hacerle un sacrificio a la gran Afrodita, en agradecimiento por hacerla bella para su amo.

Esa misma noche, la diosa se le apareció en un sueño, furiosa.

—¿No ha sido de tu agrado el sacrificio que coloqué para ti? —le preguntó la esclava, sorprendida.

—No es eso lo que me molesta, si no el hombre que se ha enamorado de ti —respondió Afrodita—, ¿crees que te volví hermosa ante sus ojos para hacerte un favor? No confundas mis acciones, ni me agradezcas el haberte hecho bella. Si lo hice, es porque estoy muy enojada con tu amo.

Comprendió la esclava que realmente no había nada bueno en ella y se sintió muy humillada. Se quitó todas sus joyas y decidió no aceptar nada más del amo.

Y lo que nos ha enseñado este cuento corto, es que no siempre debemos fiarnos de quienes hacen cosas amables por nosotros; en especial si antes solían hacernos mal. A veces tu tesoro es la desgracia de alguien más. Siempre hay que ser amables con todos y agradecer a quienes nos quieren sinceramente.

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La zorra y la leona

¿De qué trata?: Una astuta leona le da a una zorra presumida la lección más importante de su vida.

Personajes: Zorra, Leona

Moraleja/Conclusión: El valor de las cosas no está en la cantidad, sino en la calidad con la que las hagas.

Vivía en la sabana una hermosa leona que soñaba con ser madre algún día. Su vecina, la zorra, había tenido ya una camada con varios cachorritos, a los cuales le encantaba malcriar. Como eran tantos, siempre se decía que no tenía tiempo para estar al pendiente de todos y vigilar lo que hacían.

Aun así le gustaba presumir ante la leona de sus hijitos, sabiendo que ella todavía no había podido tener ninguno.

—Desearía que sintieras lo que es poder tener varios cachorros tan lindos como los míos —decía como falsa amiga—. Ser madre es lo más maravilloso que le puede pasar a cualquier hembra.

Y al oírla, la leona seguía soñando con emoción en el momento de experimentar la maternidad.

Así, llegó el día en que se quedó embarazada, para envidia de la zorra.

—Espero que tu cachorro no nazca enfermo —le dijo a la leona falsamente preocupada—. Sería una lástima que después de tanto esperar, tengas un bebé defectuoso.

La leona hacía oídos sordos y seguía esperando a su bebé con amor. Tras un período de tiempo, dio a luz a un precioso leoncito, muy saludable y alegre, que prometía convertirse en un magnífico felino. Esto encendió los celos de la zorra, quien sabía que sus hijitos nunca serían tan majestuosos.

Los pequeños zorros eran lindos, pero se estaban convirtiendo en unos animales rapaces y desagradecidos.

Siempre que podían hurtaban la comida de los otros y causaban problemas con sus múltiples travesuras. En los alrededores, los demás comenzaban a evitarlos y a cuidarse de ellos por temor a que fuesen una mala influencia. No dejaban que otros cachorros jugaran con ellos, pues nadie quería que sus hijos fueran tan malos desde pequeños o que salieran lastimados.

Y toda la culpa era de la zorra, por no educarlos bien.

Finalmente, buscando una forma de herir el orgullo de la leona, esta miró con desdén a su cachorro y le dijo:

—Qué pena que solo puedas parir a un pequeñuelo. En cambio yo, he tenido a varios en una sola camada.

—Sí —replicó la leona—, solo he parido a un león. ¡Pero es todo un señor león! Y algún día va a convertirse en rey.

El tiempo pasó dándole la razón a la leona. Aquel león pequeñito y juguetón se transformó en una criatura soberbia, con una abundante melena de fuego y un rugido muy poderoso.

Y cuando los zorros crecieron también, convirtiéndose en seres maliciosos y que causaban todo tipo de inconvenientes entre los vecinos, fueron castigados por el león, para vergüenza de su madre. Solo entonces, la zorra tuvo que admitir que se había equivocado al esforzarse por arruinar la vida de la leona, en lugar de preocuparse por hacer de sus pequeños animales de bien.

Lo que esta historia corta nos ha enseñado es que siempre debemos esforzarnos por hacer las cosas lo mejor posible, en vez de preocuparnos por la velocidad o la cantidad. Estas características no son más valiosas que la virtud de las cosas.

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La hormiga y el saltamontes

¿De qué trata?: Un saltamontes feliz canta como siempre lo hace, disfrutando de una cálida tarde de verano, pero algo llama su atención, una hormiga trabajando en un hermoso día, no perderá la oportunidad para burlarse de esta.

Personajes: El saltamontes, la hormiga

Moraleja/Conclusión: Nos enseña a que el trabajo duro da sus frutos pero de ser flojo no se saca nada bueno.

Una linda tarde de verano, y el señor saltamontes disfrutaba de tocar su violín rodeado de otros insectos del bosque, era la época perfecta para socializar.

— ¡Amigos que bien nos la estamos pasando! — Dijo la pulga.

— Totalmente amigo mio, es lo que mejor hacemos, divertirnos sin importar nada — Dijo el saltamontes.

— No todos parecen divertirse, mira ese de allá — Señalo a la mariquita a una hormiga.

Se veía algo sucia, muy exhausta, aunque era de esperarse cargando tantas semillas al mismo tiempo, con un cuerpo tan diminuto era un milagro que pudiera cargar semejante peso.

— Dime amigo mio, ¿porque no te unes a la fiesta? — Se le acerco un poco mas a la hormiga.

— Muchas gracias por tu oferta amigo, pero debo de trabajar, el invierno se acerca y no tendré que comer si no lleno los almacenes — Menciono la hormiga, equilibrando el peso sobre sus hombros.

— ¡Invierno! — estallo en risas — ¡Muchachos escuchen a nuestro amigo, le preocupa la nieve que pueda caer en este momento — Todos se burlaron de la hormiga.

— Discúlpeme, debo seguir trabajando — Dijo la hormiga retirándose, pero sintiéndose triste.

Mientras la hormiga se retiraba el saltamontes comenzó a tocar de nuevo su violín para continuar con la fiesta.

Unos días después………

El señor saltamontes se encontraba nadando con sus amigos en el arrollo, cuando pudo ver nuevamente a la hormiga.

— Pero que tenemos aquí, si hasta los fines de semana trabaja nuestro amiguito, pobre no debe de saber que es un día libre — Dijo el saltamontes riéndose de la hormiga pero esta lo ignoro.

— ¡Que perdedor! — Dijo la mariquita.

— ¡Fuera de aquí, aguafiestas! — Grito la pulga.

Pasaron los meses y la hormiga no dejo de trabajar ni un solo día, los otros insectos continuaron con su fiesta día tras día, hasta que el otoño llego, el clima comenzó a tornarse frió.

La fiestas tuvieron que suspenderse por algunos días, aunque usando abrigos y bufandas ellos continuaron en algunas ocasiones pero esto se acabo cuando cuando la nieve comenzó  a caer.

El saltamontes moría de frió, así que fue a la casa de su amigo la pulga para que le diera cobijo. Pero al llegar a la casa de este ni la puerta le abrió.

Decidió ir con su amiga la mariquita.

— Lo siento no puedo tenerte aquí, no tengo suficientes provisiones para los dos  — Fue lo que le dijo al saltamontes.

Sin tener un lugar a donde ir, decidió tragarse su orgullo y buscar cobijo con la hormiga.

— Buenas mi buen amigo, pasaba por aquí y me preguntaba si podrías darme cobijo, este invierno es demasiado duro y tu como buena hormiga que eres me dejaras pasar ¿Cierto? —

— Durante todo el verano lo único que hiciste fue cantar, ahora que es invierno te tocara bailar — Dijo la hormiga cerrando la puerta en la cara del saltamontes.

El saltamontes no tuvo de otra que irse a otro lugar para no terminar congelado.

 

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El poder de las palabras

¿De qué trata?: El samurái más importante del mundo aprende una lección al encontrarse con un viejo maestro.

Personajes: Samurái, Maestro Wei, Aldeano

Moraleja/Conclusión: Las palabras tienen poder de crear la realidad de una persona, pues generan emociones buenas y malas. Usa con cuidado las tuyas si quieres que tu realidad esté llena de armonía.

Hace muchos años en Japón, en una época muy antigua y llena de esplendor, existió un joven samurái que era muy diestro en su arte. Desde pequeño se había entrenado para hacer un buen uso de las armas, a tal grado que podía decir que conocía todas y cada una de las técnicas necesarias para vencer a sus enemigos.

Él se había hecho de una gran reputación en la región donde vivía, pues era muy fiero y muy arrojado. Lo que más le causaba placer era matar a sus enemigos, pues creía que solo así sería respetado por los demás.

Por eso, siempre buscaba excusas para pelear a la más mínima afrenta y todos lo tenían miedo. Nadie se atrevía a meterse con él.

Un día, el sumurái escuchó hablar acerca de un tal maestro Wei, el cual era muy admirado en los alrededores por su sabiduría en las artes marciales. De él se decía que había entrenado a los mejores samuráis del mundo y que había ganado incontables batallas.

Esto le sorprendió muchísimo. Al ver a unos cuantos aldeanos que se dirigían a ver al maestro, detuvo a uno de ellos:

—Oye tú, ¿quién es ese tal maestro Wei del que todos hablan?

El hombre, temblando de miedo, le respondió:

—¿Cómo es posible que no le conozcas, noble guerrero? Él alguna vez fue un samurái muy afamado, ahora mismo vamos a escucharle.

El samurái, intrigado por estas palabras, decidió seguirlos. Al llegar al lugar donde se hospedaba el maestro Wei, vio que este era un hombre anciano y de muy poca estatura, lo que le despertó gran antipatía por él.

—En esta vida —decía Wei—, hay distintas armas diseñadas para lastimar a los hombres. Sin embargo para mí, ninguna es más poderosa que las palabras.

—Solo un viejo tan idiota como tú podría afirmar algo así —lo interrumpió el samurái y a continuación, desenvainó su katana—, ¡esta sí que es un arma poderosa! ¿Te atreverías a negarlo?

—Bien, es comprensible que pienses eso —dijo Wei sin inmutarse—, a leguas se nota que eres un hombre sin ninguna educación, bruto, ignorante y un completo estúpido.

El samurái se sintió aun más molesto y avergonzado.

—Hasta aquí llegó tu vida, anciano insolente —dijo, preparándose para atravesarlo con su espada.

—Por favor, perdóname gran señor —dijo Wei—, solo soy un viejo al que la edad lo ha hecho perder su lucidez. Ya ves, estoy loco. ¿Podría un gran guerrero como tú perdonar el agravio de un hombre tonto y acabado como yo?

El samurái, sorprendido por su humildad, se detuvo en seco.

—Pues por supuesto, buen maestro Wei, acepto tus disculpas.

En ese instante, Wei lo miró a los ojos y sonriendo con serenidad dijo:

—Ahora dime mi buen amigo, ¿tienen o no tienen poder las palabras?

Aquel día, aquel samurái arrogante había aprendido una gran lección. No importaba cuan fuerte o hábil fuera en la batalla. Un simple comentario podía destruir o enaltecer a cualquier persona, si sabía utilizarse con inteligencia.

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El león y el ratón

¿De qué trata?: El rey de la selva se encuentra durmiendo, cuando dos ratones interrumpen su momento, logra atrapar a uno de los pillos, pero este suplica por su vida y promete retribuir el favor, el león se burla de este y le dice que un ratón insignificante no podría nunca hacerle un favor a un rey como el.

Personajes: El león, los dos ratoncitos.

Moraleja/Conclusión: Una fabula muy conocida la cual nos enseña a que cada acto de bondad no queda sin recompensa. Y por otro lado nos enseña a no menospreciar las amistades humildes, y a ser agradecidos.

Erase una vez un león quien era el rey de la selva, venerado por todos los animales, ejercía su poder con mano dura, todo animal que pasara por el frente debía reverenciarlo, era temido y respetado por muchos.

Disfrutaba de sus momentos a solas cuando se disponía a tomar la siesta, un sueño reparador era lo que un rey necesitaba para reponer sus fuerzas.

Muy cerca de donde el león dormía, dos ratoncitos estaban jugando a las escondidas, el ratoncito mas pequeño pensó que seria buena idea ocultarse en la melena del león, ahí nunca seria encontrado, pero para su mala suerte el rey de la selva despertó.

— Quien se atreve a interrumpir el sueño de un rey — Dijo el león furioso.

— Disculpe su majestad, solo estaba jugando — Dijo el ratón con mucho miedo.

— ¡Te parezco que tengo ganas de jugar! — Dijo el león rugiendo.

— No mi señor disculpe usted, perdóneme —

— Te devorare para que aprendas tu lección — Dijo el león furioso.

— Le propongo algo mi rey, si me perdona la vida tendrá mi eterna gratitud y mi amistad sincera — Propuso el ratoncito.

— ¿Que puedo sacar yo de la amistad de un ratón insignificante como tu? —

— Mi señor yo podría serle de ayuda en cuando menos se lo espere, no me menosprecie por ser pequeño, tengo muchas habilidades que podrían serle de utilidad — Dijo el ratón convencido.

— No lo creo, pero no me gusta la comida que hable mucho, te perdonare la vida pero piérdete de mi vista inmediatamente —El ratoncito partió rápidamente perdiéndose en la maleza.

Días después el león e encontraba cazando, disfrutaba mucho ejercitarse antes de comer, era su hobbie favorito, pero noto algo raro en el ambiente, pero igual no presto mucha atención ya que tenia hambre y una presa había entrado en su campo visual.

Rápidamente comenzó al persecución, estaba apunto de atrapar a la cebra cuando fue atrapado por una trampa de cazadores, los hombre habían dejado esta trampa para atrapar animales como el.

Pasaron las horas y el león no pudo liberarse, las cuerdas lastimaban su piel, ya se encontraba resignado a que no viviría otro día para ser rey.

— ¿Como se encuentra mi rey? — Pregunto el ratoncito

— ¿A que vienes? te quieres burlar de mi, te alegra verme vulnerable, sin poder liberarme — Dijo el león furioso.

— Por el contrario mi señor vengo a liberarlo, he prometido serle de ayuda en el futuro, le he ofrecido mi amistad desinteresada  — Dijo el ratoncito.

Rápidamente el ratoncito procedió a liberar al león, le tomo mucho tiempo poder roer las cuerdas pero con mucha paciencia logro liberarlo.

El ratoncito a pesar de todo tenia miedo de que el león cambiara de opinión, y se lo comiera de un bocado.

— Muchas gracias, amigo, creo que he subestimado tu potencial, creo que un rey debe tragarse su orgullo, como yo lo estoy haciendo en estos momentos, tienes mi entera gratitud de por vida, para ti y para los de tu raza — Dijo el león enorgulleciendo al ratoncito.

El león se fue a su hogar sano y salvo, el ratoncito tuvo la certeza de que había ganado un nuevo amigo.

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¿Quién es el más bello?

¿De qué trata?: Ante los rumores de la llegada del señor Xu, Zou Yi está desesperado por saber si es el hombre más bello de su provincia.

Personajes: Zou Yi, señor Xu, Esposa, Sirvienta, Hombre de negocios

Moraleja/Conclusión: Nunca te fíes de quienes te piropean y halagan todo el tiempo para obtener algo de ti, pues solamente tú conoces tus límites, tus virtudes y defectos.

Cuentan que hace varios siglos, habitó en la China Imperial un hombre que llamaba Zou Ji, el cual era bien parecido y gozaba de buena posición económica. Habitaba en una mansión muy parecida a un palacio, con una esposa muy buena y varios criados a su servicio.

Lo que más le gustaba era verse al fino espejo de marfil que tenía en su dormitorio, para halagar su propio reflejo.

—Que piel más suave, que porte más distinguido, que pelo más sedoso —decía—. Sin lugar a dudas soy el hombre más bello de toda China.

Y todos en casa le daban la razón.

Un día, surgió un rumor en la provincia de Zou Yi que aseguraba que el señor Xu, un joven noble y muy hermoso que provenía de una urbe del norte, estaba por llegar a la ciudad. Eso lo preocupó mucho, pues no quería que dejaran de considerarlo como el más bello.

Cuando una de sus sirvientas le recordó que tenía una cita con cierto hombre de negocios importante, se vistió con sus mejores ropas y se acicaló lo mejor que pudo.

Luego se dirigió a su esposa.

—Querida mía, ¿has oído hablar de ese tal señor Xu que está en boca de todos? ¿Crees de verdad que él sea más bello que yo?

—Ni pensarlo, amor mío —lo halagó su mujer—. Ningún caballero podría superarte en belleza y lo sabes bien.

Pero eso no tranquilizó a Zou Yi, quien entonces le habló a una de sus sirvientas.

—Dime la verdad, ¿es ese tal señor Xu más hermoso que yo?

—Desde luego que no, señor mío —dijo ella—, no hay hombre con más elegancia y distinción que usted.

Un poco más tranquilo por tener una segunda opinión, Zou Yi fue a su cita de negocios. Al llegar con aquel hombre al que no conocía, le pidió opinión sobre su aspecto, pensando que él sería completamente honesto.

—Si le soy sincero —dijo él—, es usted el hombre más atractivo que he visto por estos lares.

Aquello terminó de convencer a Zou Yi de que no tenía porque preocuparse y volvió a su casa muy ufano.

Días después se anunciaba la llegada del señor Xu a la ciudad y Zou Yi le mando una invitación para comer en su casa. Cuando su invitado se hizo presente, una amarga sorpresa se instaló en el pecho de su anfitrión.

Jamás se había visto a un joven que derrochara tal belleza y elegancia como el señor Xu, con sus ojos como dos esmeraldas, su sonrisa encantadora, su andar elegante y sus ropas finísimas.

¿Pero cómo? Si todos le habían asegurado que él era el más bello.

Zoy Yi comprendió con decepción que no siempre podía fiarse de la opinión de los demás. Su esposa lo había halagado porque lo amaba, su sirvienta porque tenía miedo de perder su trabajo y aquel hombre de negocios, porque necesitaba de su dinero.

A partir de entonces, decidió que dejaría de depender de la opinión de otros y se aceptaría tal y como era.

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Las dos mariquitas

¿De qué trata?: Un par de mariquitas vanidosas se dan cuenta del valor de la amistad por encima de las apariencias.

Personajes: Mariquitas, Abejorro

Moraleja/Conclusión: Los buenos amigos son más valiosos que el físico, por eso, nunca menosprecies a los tuyos, ni los juzgues por su exterior. Lo que importa es el buen corazón.

En lo más profundo del bosque, habitaban dos mariquitas que desde pequeñitas habían sido amigas. Pero mientras más crecían, un sentimiento de rivalidad iba creciendo entre ellas. Todo el tiempo tenían que discutir por ver quien era la más bonita.

La primera de ellas tenía tres puntos negros sobre su rojo caparazón. En cambio la segunda, contaba con siete, lo cual hacía que se considerara más atractiva y con mucha suerte.

—Mira nada más que alas tan bonitas tengo —le dijo un día se amiga, abriendo sus diminutas alas para que pudiera contemplarla en todo su esplendor—, tan lisas y rojas como dos rubíes. Es obvio que yo soy la más hermosa de ambas.

—¿Pero cómo va a ser así —dijo la otra orgullosamente—, si solo tienes tres puntos en tus alas? En cambio yo tengo siete, mira que oscuros y lindos son. Mis alas llaman mucho más la atención que las tuyas. Yo soy la más preciosa entre las dos.

—Prefiero ser como soy a tener la espalda llena de manchas —dijo la primera mariquita, mirándola con molestia.

—Serán manchas como dices, pero bien que las envidias —le refutó ella.

Y así transcurrían los días, llenos de peleas que nunca se terminaban y no les permitían recordar lo hermosa que era su amistad. De vez en cuando, fingían que se reconciliaban solamente para volver a las andadas. A veces también lo hacían por conveniencia, cuando una veía que la otra había encontrado una hoja muy fresca para comer o un lugar bajo el cual refugiarse de la lluvia.

Pero nunca tardaban en seguir menospreciándose.

Llegó el momento en que, acostumbradas como estaban a pelear entre sí, no se dieron cuenta de que estaban siendo acechadas. Por el cielo volaba un abejorro que había salido a buscar algo de comer.

Al ver a las dos catarinitas, su boca empezó a salivar por lo mucho que se le antojaron.

—¡Menudo festín me voy a dar! —exclamó con deleite.

Y entonces se lanzó en picada contra ellas, quienes apenas alcanzaron a verlo para correr despavoridas. El abejorro las persiguió hasta casi darles alcance. Por suerte, ellas encontraron un pequeño agujero en la tierra, donde pudieron meterse para escapar de él.

—En algún momento han de salir, mariquitas tontas —dijo el abejorro esperando afuera— y entonces ya verán como me las voy a zampar.

Al estar juntas dentro de aquel recoveco, las catarinas se dieron cuenta del tiempo que habían desperdiciado discutiendo entre ellas, en vez de disfrutar de la bonita amistad que las unía.

—Perdón —dijo la primera—, he sido una tonta al tratarte tan mal.

—Yo también lo siento —dijo la segunda—, de habernos atrapado ese abejorro, nos habríamos ido para siempre de este mundo enojadas.

Entonces prometieron que no iban a pelear más.

El abejorro finalmente se cansó y fue, malhumorado por no haberse podido llenar el estómago. Cuando las mariquitas pudieron salir, su actitud entre ellas fue muy distinta.

Ahora sabían que la amistad era más valiosa que sus diferencias.

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El príncipe Berrinches

¿De qué trata?: De un príncipe muy malcriado que solía hacer berrinches por todo, además se quejaba de todo lo que tenía y lo que vivía. Después de conocer a un genio que le propuso vivir otros tipos de vidas, éste se dio cuenta de lo afortunado que era y aprendió la lección a no aburrirse de su vida.

Personajes: El príncipe Juancho, el genio

Juancho era un adolescente muy agraciado, pues era un príncipe pero no un príncipe común, pues era apodado como el príncipe Berrinches, siendo un apodo ganado debido a su conducta tan particular.

Generalmente se portaba bien, pero habían ocasiones en las que no dejaba de culparse por su mala suerte sin importarle que ya era privilegiado al ser hijo del rey.

Frecuentemente hacía notar su malestar a todos los vecinos de su palacio, todos se reían a sus espaldas e iban disimulando sus carcajadas cuando éste se iba quejando por la vida.

Su cara normalmente se iba llenando de muchas lágrimas cada vez que encontraba cualquier pequeña razón para quejarse de lo malo de su vida, así como también iba haciendo chantajes por los pasillos de todo el palacio.

Un buen día cuando el príncipe estaba en una de sus crisis, apareció el genio de los soberanos atendiendo los mensajes telepáticos que emitía la reina. El gran mago, después de varios intentos hizo que Juancho dejara de llorar y patalear para atenderle un momento.

¿Por qué estás llorando príncipe? Preguntó el pequeño genio.

Porque lo necesito genio, soy muy desgraciado. Cada día debo levantarme muy temprano para hacer miles de deberes para cumplir con los deseos de mi padre el rey y poder llegar algún día a ese puesto.

Pero ¿tan duras resultan estas obligaciones? Replicó el mago. – sí, aparte tengo mucho que aprender todos los días, matemáticas, idiomas, astronomía e historia. ¿te parece eso justo para un príncipe como yo? Aparte debo aprender a bailar, cabalgar y saber las normas de cortesía completamente.

Por si fuera poco, no me dejan comer lo que a mi me gusta. Siempre me dicen que si lo hago, mi cuerpo se volvería enfermo y con una forma no saludable. El tiempo que tengo para jugar es muy poco y todavía, como si no faltara más nada no me dejan salir solo a la calle porque como soy príncipe debo hacerlo solo en carroza y acompañado de mi séquito.

¿Quieres cambiarte por otro niño? Dijo el genio, sabiendo lo que éste respondería. Si eso es lo que quieres yo te iré proponiendo tareas para que elijas lo que más te agrade.

¡Sí, hagamos eso! Dijo el príncipe con mucho entusiasmo. ¡Bien! ¿te gustaría ser el hijo de un herrero? – creo que no porque no soportaría estar todo el día pegado al fuego sufriendo el verano permanente.

¿y en un pastor? Así puedes pasar el tiempo libre corriendo por los campos, jugando con piedras.
– sí pero también tendría que levantarme muy temprano en busca de los pastos y eso es muy complicado, además no tendría ganas de jugar después de estar tan cansado.

¿Cómo leñador?

– tampoco, sino estaría solo en el bosque solo cortando y talando árboles. Llegaría muy agotado y estaría expuestos a muchos accidentes por el peligro que se corre.

Después de tanto preguntarle, el príncipe recapacitó y repuso: – mejor sigo viviendo como estoy. La verdad es que sí tengo muchos privilegios y quejarme más sería abusar. ¡no volveré a quejarme nunca más de lo que tengo!principe photo

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