El cuervo y el cisne

¿De qué trata?: El cuervo, envidioso del plumaje del cisne, decide hacer hasta lo imposible por blanquear sus plumas, aprendiendo una dolorosa lección.

Personajes: Cuervo, Cisne

Moraleja/Conclusión: Nunca te compares con los demás, pues tú eres único y de nada sirve tratar de cambiar tu naturaleza. Acéptate tal y como eres y serás más feliz en la vida.

Este era un cuervo que nunca antes se había preocupado por su aspecto, pues como todos los animales de su especie, lo único que le importaba era comer y cazar para vivir contento. Sin embargo, un día se atrevió a sobrevolar una laguna que se encontraba cerca de su casa y allí vio algo increíble.

Un cisne hermoso y blanco como la nieve nadaba entre las aguas cristalinas. Sus plumas eran tan blancas y esponjosas, que al mirarlas, al cuervo le pareció que su propio plumaje se encontraba deslucido y demasiado oscuro.

Por primera vez despreció el color tan oscuro de sus plumas. No le importó lo lustrosas y suaves que estaban.

Quería ser tan bello como aquel cisne, sin importar el costo.

—Que plumas tan bonitas tienes —le dijo con envidia—, ¿cómo haces para que estén así de blancas? Yo siempre he tenido estas y como ves, son negrísimas, parecen de plomo. Dame tu secreto.

—Este es el plumaje con el que yo nací —dijo el cisne—, y a decir verdad, lo único que hago es nadar en este lago.

Pero el cuervo no le creyó una sola palabra.

“Seguro que sus plumas están así de hermosas porque se la pasa nadando aquí”, pensó, “si vengo todos los días a lavarme como hace el cisne, seré tan hermoso como él, ¡puede que incluso más!”

Y así, llevado por la vanidad, el cuervo comenzó a acudir a diario a la laguna. Se sumergía lo más que podía y se daba largas duchas, frotando sus plumas cuanto podía para quitarles su color. Pero por más fuerte que se restregaba y por más profundo que se hundía en el agua, no conseguía cambiar para nada.

Los otros cuervos, preocupados por él, lo instaban a que saliera de allí para volver con ellos, pero alcanzar la belleza del cisne se había convertido en una obsesión para él.

—Nunca podrás ser como yo —le dijo el cisne sin malicia—, ¿no ves que tú y yo hemos nacido diferentes? No puedes cambiar lo que eres, cuervo.

—Déjame solo —le espetaba él, antes de seguir bañándose.

Con el tiempo, ensimismado como estaba en volverse tan blanco como el cisne, se olvidó de salir a conseguir alimento y perdió mucho peso. Por estar tantos días en el agua, también pilló un resfriado que jamás se le pudo curar, pues ya no le importaba nada.

Ese mismo invierno, cuando la nieve cubrió los alrededores y la laguna se congeló, el cuervo ya había muerto, con sus plumas maltratadas y tan oscuras como las tenía desde el principio.

El cisne lo miró con lástima y sus compañeros se olvidaron de él, no sin antes advertirles a los más pequeños que jamás debían seguir su ejemplo.

Aun hoy en día, de vez en cuando alguien cuenta su historia, enseñando a lo demás lo que sucede cuando nos obsesionamos con alcanzar una inexistente perfección. E incluso tú, si no tienes cuidado, podrías terminar tan mal como ese pobre e ingenuo cuervo.

swan photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4.5 (4 Votos)

La zorra y el anciano león

¿De qué trata?: Cuando el rey de los animales enferma, todas las criaturas acuden a verlo. Pero la zorra cree que el león anda tramando algo extraño.

Personajes: Zorra, León

Moraleja/Conclusión: Siempre hay que estar muy atentos a las señales del peligro, pues solo así podremos librarnos de quienes nos quieren hacer daño.

En lo más profundo del bosque habitaba un fiero león, que desde muy joven se había coronado como rey de los animales. Todos lo respetaban y le temían por sus afiladas garras, sus fauces enormes y su habilidad al cazar; por eso no había ni una sola criatura que no obedeciera sus órdenes.

Pero el tiempo no pasa en balde y como era de esperarse, con los años el león fue perdiendo su fuerza y cediendo a la vejez. Un buen día se levantó con tal malestar, que requirió la visita de un médico y este le aconsejó guardar reposo. Lo que no sabía él era que el león estaba fingiendo: como ya no era joven para salir a cazar, se fingía enfermo y muy débil para causar lástima.

—Quiero que todos los animales vengan a hacerme una visita —dijo—, me siento muy solo y la compañía de los otros, sin duda me ayudará a sentirme mejor.

Así que de uno en uno, cada animal se dirigió a charlar con Su Majestad, sin saber sobre el peligro que les esperaba.

Aprovechándose de su mentira, el león hacía como si estuviera muy enfermo y les pedía que se acercaran. Una vez que se encontraban bien adentro de su cueva, este se abalanzaba sobre ellos devorándolos sin piedad.

Ya ves que era un ser muy tramposo. Pero no todos iban a caer en su juego.

Cuando la zorra llegó de visita, se quedó en la entrada de la cueva, sabiendo que algo andaba mal. Ella era muy astuta y no se dejaba engañar por nadie.

—Pasa, querida —le dijo el león, haciéndosele agua la boca al verla—, ¿no quieres que conversemos? Acércate para que podamos platicar mejor.

—No, gracias —dijo la zorra—, puedo escucharlo perfectamente desde donde estoy.

—Pero yo quiero disfrutar de tu compañía, y desde donde estás me es muy complicado verte y escucharte.

—Me parece que nos las podremos arreglar muy bien.

Molesto, el león negó con la cabeza.

—¿Pero por qué no quieres entrar conmigo? ¿Tanto desconfías de mí? ¿No ves que estoy demasiado débil y enfermo como para hacerle daño a nadie?

—Tal vez usted aparente estar muy enfermo, Majestad —dijo la zorra—, pero no he podido dejar de notar todas las pisadas de animales que entraban en su casa. Mírelas, aún se ven frescas sobre la tierra.

—¿Y eso qué?

—Si esos animales siguieran con vida, podría ver las pisadas que salen de la cueva. Pero curiosamente solo veo las que entran.

El león, avergonzado al darse cuenta de esto, tuvo que aceptar que había sido descubierto. Muy orgullosa, la zorra se fue por donde vino, para avisar al resto de los animales de lo que estaba ocurriendo.

Desde ese día el rey no tuvo más la visita de nadie. Tenía que admitir que ya estaba muy anciano como para cazar, pero que jugar sucio no le serviría tampoco para recuperar su esplendor. Pronto los animales tendrían a otro soberano y él sería olvidado por sus bajas acciones.

fox photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 1.5 (4 Votos)

El avaro y el oro

¿De qué trata?: Un hombre muy avaro aprenderá una valiosa lección, luego de perder todo lo que tiene.

Personajes: Avaro, Ladrón, Vecino

Moraleja/Conclusión: Las cosas no valen por su aspecto, sino por su utilidad. De nada sirve tener algo bello si no lo vas a aprovechar al máximo.

En una ciudad vivía un rico comerciante que a base de años y esfuerzo, había logrado acumular una enorme fortuna. Lo malo de este hombre era que siempre desconfiaba de todo el mundo y no disfrutaba de las cosas que tenía, por temor a que se las robaran.

Era por eso que no había querido cambiarse a una casa más grande y seguía vistiendo con prendas viejas y remendadas. Era un tacaño sin remedio.

—No quiero salir ni gastar mi dinero, pues la gente es muy mala y me puede robar —decía a todos los que lo conocían, para justificarse.

Un día, alguien le recomendó que vendiera todos sus bienes y con el dinero recibido, se hiciera fabricar una pieza de oro. De esta manera sería más complicado que le quitaran cuanto tenía.

El avaro hizo caso de este consejo y una vez que se hubo deshecho de todos sus bienes, mandó fundir todo su oro en un hermoso ornamento, el cual enterró en la parte más profunda de un bosque. Y todos los días sin falta, apenas oscurecía tomaba su linterna y se dirigía hacía allí para desenterrar su tesoro y contemplarlo por horas.

Este comportamiento inusual en él, despertó las sospechas de un ladrón que decidió vigilarlo durante los siguientes días. Cuando se dio cuenta de la pieza tan valiosa que escondía entre los árboles, esperó a que se marchara y luego la desenterró él mismo.

Nunca más volvió a aparecer por la ciudad.

A la noche siguiente, cuando el avaro volvió a su refugio en el bosque, se quedó atónito al notar que su tesoro había desaparecido. Desesperado, se puso a cavar hoyos por todas partes, creyendo que lo había enterrado en un sitio diferente. Se puso a gritar y se tiró de los cabellos, repitiéndose que tenía que seguir buscando.

Pero cuando no lo encontró, tuvo que volver a casa abatido.

Por la mañana, uno de sus vecinos lo escuchó llorar amargamente y se acercó a preguntarle que le pasaba.

—¡Me han robado todo cuanto tenía en esta vida! —sollozó él— ¡Tanto cuidar de mi tesoro enterrándolo en ese bosque, para que venga alguien y se lo lleve! ¡¿Qué voy a mirar ahora?!

—Si ese es el problema, tiene fácil solución —le dijo su vecino—. Agarra una roca y entiérrala para fingir que es el tesoro.

—¡¿Qué dices?! ¡Una roca no vale nada!

—Da igual para lo que empleabas el tesoro —replicó su vecino— pues jamás hiciste buen uso de él. ¿De qué te servía tenerlo enterrado y mirarlo, si nunca lo ibas a gastar de todas maneras? Puedes estar seguro de que ese ladrón, por más deshonesto que sea, aprovechará su suerte mejor que tú.

Al final del día, el avaro tuvo que darle la razón. Muy tarde se daba cuenta de que su tacañería no lo había llevado a ningún lado y ahora, realmente vivía en la miseria por tener unos pensamientos tan mezquinos, en lugar de agradecer la fortuna con la que contaba.

gold photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 2.8 (4 Votos)

Las zorras a orillas del río Meandro

¿De qué trata?: Una zorra presumida se la pasa fanfarroneando ante sus amigas. Pero será su misma presunción lo que desencadene una gran tragedia.

Personajes: Zorras

Moraleja/Conclusión: No hagas caso de los fanfarrones, pues ellos siempre se ponen en peligro sin pensar en las consecuencias.

Había una vez un grupo de zorras que todos los días se reunían para jugar y cazar. Todas eran muy amigas y se conocían desde pequeñas, por lo cual sería de esperarse que no hubiera problemas entre ellas. Sin embargo y como en toda historia corta, existía alguien que siempre echaba a perder la diversión.

Se trataba de una zorra que a la que todo el tiempo le encantaba presumir de su supuesta valentía. Todas sus compañeras eran astutas y lo pensaban dos veces antes de ponerse en peligro.

Pero ella, fanfarrona como era y muy poco habituada a usar a la cabeza, todo el tiempo estaba metiéndose en problemas y exasperando a las demás.

A veces se acercaba demasiado a los humanos o a otros depredadores, aumentando el riesgo de que la devoraran o la cazaran. Otras, subía más alto que ninguna otra a los árboles o corría demasiado cerca de los barrancos, solo para demostrar que era mejor que las otras.

—¡No existe en el mundo nadie más valiente que yo! —exclamaba, después de sus peligrosas hazañas— Hasta ustedes tienen que admitir que entre todas nosotras, yo soy sin duda la más arriesgada e inteligente. Tanto así que deberían nombrarme su reina.

Pero las zorras, indignadas por su imprudencia, se negaban a reconocerla como tal y la advertían sobre lo arriesgada que estaba siendo.

—¡Tonta! Solo a ti se te ocurre hacer semejantes tonterías —le decían—, si sigues así, un día de estos no va a haber quien te salvé.

Y ella hacía oídos sordos de todo, pensando que era envidia lo que le tenían sus compañeras.

Un buen día, todas decidieron ir al río Meandro para saciar su sed. La corriente estaba muy fuerte, por lo cual tuvieron mucho cuidado de no acercarse más de lo necesario. Cada una estiraba la cabeza con precaución y bebía.

Mas la zorra presumida como de costumbre, tenía otros planes. Saltó temerariamente hacia una roca en medio del río y se pavoneó:

—¡Miren que valiente soy! Ninguna de ustedes se atreve a saltar hasta el arroyo, ¡pues vean como yo enfrento al peligro!

—¡Cuidado, hermana! —le advirtieron las otras, asustadas— ¡La corriente está muy fuerte! ¡Te va a llevar con ella!

Sin embargo la zorra, perdida en sus aires de grandeza no las supo escuchar. Hasta que una enorme brazada de agua se cernió sobre la piedra en la que estaba y la tiró al agua, consiguiendo arrastrarla de manera violenta.

La zorra trataba de mantenerse a flote y movía las patas para nadar, en vano.

—¡No te vayas, hermana! —le gritaron las otras, tratando de seguirla desde la orilla— ¡Regresa y dinos como podremos seguir bebiendo sin correr peligro!

La zorra, viendo que su muerte estaba cerca, no quiso ser humilde ni en sus últimos momentos de vida, por lo cual intentó ocultar el miedo que sentía dándoles una improvisada respuesta.

—Cuando vuelva se los digo, pues ahora llevo un mensaje muy importante para Mileto.

Después de ese día, nadie la volvió a ver.

fox photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4 (6 Votos)

La paloma y la hormiga

¿De qué trata?: Después de ser salvada por una paloma, la hormiga le devolverá el favor de la manera más inesperada.

Personajes: Paloma, Hormiga, Cazador

Moraleja/Conclusión: Siempre debemos responder los favores que nos hacen, así como ayudar a quien lo necesita pues nunca sabremos cuando seremos nosotros quienes necesitemos la ayuda de alguien más.

Esta era una hormiga que iba por el campo, despreocupada de la vida. De pronto, sintió una sed repentina y se acercó hasta un manantial para beber un poco de agua. Pero con tan mala suerte que no se fijo por donde pisaba y cayó en el agua, dejando que la corriente la arrastrara hasta el río.

A punto de ahogarse, la hormiga empezó a gritar desesperada por ayuda.

—¡Sálvenme! ¡Sálvenme! ¡Qué no sé nadar! —gritó.

Aunque nadie parecía escucharla. La hormiga pensó que como era tan chiquita, ninguna otra criatura la iba a oír y se ahogaría sin remedio. Pero justo cuando estaba a punto de ahogarse, pasó una paloma volando que la vio.

—¡Sujétate! —le gritó, arrancando una ramita de un árbol y arrojándola al agua.

La hormiga se asió a la rama con todas sus fuerzas y pudo flotar hasta la orilla, donde una vez a salvo le dio las gracias a su salvadora.

—Muchas gracias por lo que has hecho por mí —le dijo—, nunca lo olvidaré.

Y así, mientras la paloma se alejaba, la hormiga se volvió andando hasta su hormiguero, donde prometió a sus compañeras que sería más precavida. Los días pasaron sin más sobresaltos.

Un día, mientras la hormiga volvía a pasear en las afueras para buscar comida, reconoció una silueta familiar en el cielo. ¡Era la paloma que le había salvado la vida! Y parecía revolotear muy alterada, como si tuviera miedo de algo.

La hormiga se dio cuenta de que frente a ella estaba un cazador, listo para disparar al ave, apuntándole con su rifle.

Cualquiera pensaría que un ser tan diminuto como la hormiguita no sería capaz de hacer nada el respecto, siendo como era un insecto pequeño y el cazador un gigante comparado con ella.

No obstante la hormiga avanzó hasta él con decisión, se subió a su zapato y lo picó tan fuerte en el talón, que el hombre chilló de dolor y terminó soltando su arma para sobarse la parte adolorida. Cuando la hormiga se había bajado, no quedaba más que un bulto enrojecido y que al señor le dolía bastante.

—¡Malditas hormigas! —exclamó enojado— ¡Por eso no me gusta salir a cazar!

Y muy molesto, se retiró de ahí con su arma. Mientras tanto, la paloma había podido escapar y ahora se refugiaba en lo alto de la copa de un árbol.

—Muchas gracias por lo que has hecho por mí —le dijo a la hormiga—, creía que ese hombre iba a matarme.

—Es menos de lo que podía hacer luego de que tú hubieras salvado mi vida —le dijo la hormiga—, los buenos favores siempre se devuelven con honor.

A partir de ese momento, la paloma y la hormiga se convirtieron en muy buenas amigas.

Y lo que este cuento corto nos ha enseñado es que si ayudamos a los demás, nunca nos faltarán amigos en los que apoyarnos cuando estemos en problemas. Por eso, nunca dudes en tenderle la mano a alguien que lo necesita.

dove photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 3 (4 Votos)

El padre y sus dos hijas

¿De qué trata?: Un padre va a visitar a sus hijas para ver que puede hacer por ellas, encontrando que tienen deseos muy diferentes.

Personajes: Padre, Hijas

Moraleja/Conclusión: Nunca trates de complacer a todos o invariablemente quedarás mal. Su felicidad no es algo que dependa de ti.

Había una vez un padre que tenía dos hijas, las cuales al crecer se convirtieron en señoritas muy guapas. Constantemente, las dos fantaseaban sobre el tipo de hombre con el que se casarían y la clase de boda que tendrían.

—Yo quiero casarme con un gran señor, para que mi boda sea la más rica de todas y pueda yo vivir en una hermosa casa —decía la primera—, ¡sería la esposa más acaudalada de la región!

—Pues yo quiero casarme con un joven que sea muy famoso —decía la segunda—, para que mi boda dé mucho de que hablar y a nadie se le olvide mi nombre.

Ni lo uno ni lo otro sucedió, ya que las muchachas se enamoraron de hombres comunes y corrientes. La mayor se casó con un hortelano y se fue a vivir con él a su casa, la cual además de no ser tan grande como ella soñaba, estaba repleta de plantas.

Pero como de verdad lo quería, aquello era lo de menos.

La menor en cambio se casó con un ladrillero, al cual apenas y conocían en su calle. Nadie iba a recordar su nombre, pero eso sí, gracias a él y a los ladrillos que fabricaba, las casas serían más resistentes.

Un buen día, el papá decidió visitarlas para ver que se les ofrecía. Entró en la casa de su primogénita y la encontró quejándose por el calor.

—Ay padre mío, ¡ojalá lloviera más para que las plantas pudieran refrescarse! —se lamentó— Con este calor, se me van a terminar por achicharrar y a mi marido se va a poner muy mal.

El padre entonces le prometió que rezaría para que bajara algo de lluvia y la muchacha se puso muy contenta.

Fue entonces a visitar a su hija menor y se encontró con que esta estaba preocupada, pues había escuchado que pronto podía llover y todos los ladrillos estaban secándose en el patio.

—¿Por qué tendrá que llover tanto? —refunfuñó— El agua puede echar a perder todo el trabajo de mi esposo, pues los ladrillos necesitan todo el calor posible para acabar de secarse.

Muy contrariado, el padre le dijo que pediría esa misma noche para que no lloviera y la hija lo abrazó, esperando que sus rezos dieran resultado.

Cayó el sol y el hombre se devolvió a su casa para dormir.

Mientras se ponía su pijama, pensaba en lo que querían sus hijas y se dio cuenta de que ya no sabía porque orar. Una quería lluvia y la otra días completamente secos, ¿cómo dar gusto a las dos con deseos tan diferentes y que se enfrentaban entre sí? El rezar para darle gusto a una y decepcionar a la otra, lo llenaba de remordimientos.

Tanto estuvo pensando en esto, que llegó a la conclusión de que era imposible complacer a ambas y así se tuvo que ir a dormir.

—Al fin y al cabo —se dijo—, ¿qué poder tiene uno para detener las fuerzas naturales? Lo que será, será.

rain photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 3.8 (6 Votos)

El bufón y el campesino

¿De qué trata?: Un bufón y un campesino se presentan al mismo concurso de talentos, ¿cuál de los dos ganará?

Personajes: Bufón, Campesino, Noble rico, Público

Moraleja/Conclusión: No hay que dejarnos llevar por nuestros prejuicios, pues a menudo juzgamos mal a quienes no lo merecen.

Había una vez un noble muy acaudalado, que decidió usar su fortuna para abrir un teatro en la ciudad y que así los pueblerinos pudieran entretenerse. Para inaugurar este nuevo lugar, quiso hacer un concurso de talentos, que anunció con pompa en medio de las calles.

—La persona que sea capaz de descubrirnos el mejor entretenimiento de todos —dijo—, será recompensada generosamente por mí en persona.

Al escuchar esto, muchos de los habitantes quisieron presentarse. Algunos cantaron y tocaron música, otros hicieron malabares y algunos más actuaron. El teatro realmente se encontraba a reventar a causa del concurso.

De pronto, un bufón se subió al escenario y la gente guardó silencio. Iba solo, no había otros actores o ayudantes que lo asistieran, y estaba vestido de forma ridícula con un colorido traje, lleno de borlas por todos lados. El individuo se aclaró la garganta e inhalo aire profundamente.

Luego, para sorpresa de todos los que se encontraban allí, comenzó a imitar los chillidos de un cerdo, de una manera tan increíblemente fiel al animal real, que todos terminaron aplaudiéndole y aclamándolo.

Pero a un campesino que se hallaba entre la multitud le ocurrió algo diferente.

—¡Por todos los dioses! No puedo dejar que ese hombre me gane con un truco tan básico —se dijo—. Mañana veremos quien de los dos puede hacerlo mejor.

Al día siguiente subieron el bufón y el campesino al escenario. El público ya estaba predispuesto a apoyar a su preferido, por lo cual cuando el bufón volvió a imitar a un cerdo, le llovieron aplausos y aclamaciones.

El campesino por su parte, se encontraba de espaldas a la gente, ligeramente agachado y con un pequeño cerdo oculto entre sus ropas, para que nadie pudiera verlo. En cuanto le llegó el turno de actuar, tomó la colita del animal y disimuladamente tiró de ella para provocar que llorara.

El cerdo comenzó a retorcerse y a lanzar chillidos. Sin embargo los asistentes, en vez de alabar la imitación del campesino, volvieron a apoyar al bufón alegando que la suya había sido más exacta.

—¡Ese hombre no sabe imitar a ningún animal! —dijo uno— ¡Esos ni siquiera parecen chillidos de puerco!

—¡Bájate del escenario, que el bufón tiene más talento que tú! —le gritó otro.

—¡Denle el premio al bufón, él sí sabe como hacer imitaciones! —exclamó alguien más.

En ese instante, el campesino se dio la vuelta y sacó al cerdo debajo de sus ropas, haciendo callar a todo el mundo. Habían escuchado el llanto de un puerquito de verdad y ni así habían admitido la derrota de su concursante preferido.

—Ya ven, aquí tienen la prueba de la clase de jueces que son ustedes —les dijo el campesino—. Si tanto les gusta el bufón pues denle el premio a él, pero que nadie diga que su imitación aquí, fue la más exacta.

Después de aquello, nunca volvió a organizarse otro concurso de talentos en el teatro, pues estaba visto que el público no siempre sabía juzgar correctamente.

pig photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 3.5 (4 Votos)

El hijo del rey y el león pintado

¿De qué trata?: Tras tener un sueño terrible, un rey decide hacer lo que sea para proteger a su hijo, sin saber que a veces el destino es irremediable.

Personajes: Príncipe, Rey

Moraleja/Conclusión: Debes afrontar tus problemas con la cabeza fría y no en la desesperación, pues actuar de manera precipitada solo te traerá grandes desgracias.

Cuento corto basado en una fábula de Esopo.

En un reino muy próspero, vivía un rey cuya difunta esposa solo había engendrado un hijo. Por eso desde que nació, el príncipe fue mimado con todas las comodidades y sobreprotegido hasta el el extremo. Su padre le hizo cuidar por múltiples niñeras u cada vez que él quería aprender algo nuevo, como nadar o montar a caballo, se angustiaba muchísimo.

Pensaba en su difunta esposa y en el miedo que tenía a quedarse solo de nuevo, y terminaba prohibiéndole hacer cualquier cosa que considerara peligrosa para él.

Así, el muchacho creció siendo una persona inútil e incapaz de valerse por sí misma.

Un día, su padre despertó agitado de una terrible pesadilla. En su sueño había visto a un león con las fauces abiertas de par en par y afilados colmillos, que se abalanzaba sobre su hijo y lo destrozaba en un instante.

Asustado al pensar que podía tratarse de una premonición, el rey reunió a todos los constructores del reino y les dio una orden:

—Quiero que construyan al palacio más seguro del mundo —les dijo—, un lugar en el que nadie pueda entrar o salir sin ser avistado, que cuente con todos los lujos posibles y se levante en medio de la isla aquella, que esta tras la laguna de mi castillo. Allí, mi hijo vivirá seguro y alejado de cualquier bestia que pueda amenazar su vida.

Y así se hizo.

Los obreros iniciaron la construcción de inmediato y el palacio estuvo terminado en cuestión de meses. Era tan magnífico, que costaba trabajo pensar que hubiera sido construido por manos humanas.

Cada una de sus habitaciones estaba decorada de manera exquisita, con frescos de animales pintados en todas las paredes. El rey había mandado pintarlas así para que su hijo no echara de menos el exterior. Pensaba que se pondría muy feliz al conocer su nuevo hogar.

Pero desde el primer instante en que puso un pie allí, el príncipe fue muy desgraciado. Odiaba llevar una vida tan estricta.

Miró al león que estaba pintado en uno de los muros y sintió rabia.

—¡Oh, que animal tan despreciable! —se quejó— Usted señor león, me ha arruinado la existencia. Por culpa de lo que mi padre vio en un sueño, nunca más he de salir de aquí. Me encierran en este palacio como si fuera un criminal, ¿qué se supone que haga ahora?

Queriendo descargarse, extendió su mano hasta un seto con espinas, queriendo arrancar una rama para golpear al león en la pared. Pero con tan mala suerte que una de esas espinas se le clavó en la mano, abriéndole una herida que con el paso de los días, se infectó provocándole una espantosa fiebre que lo tuvo en cama.

El príncipe cayó muy enfermo y para cuando su padre acudió a verlo, resultó ser demasiado tarde. Sin saberlo, su propio encierro había condenado a su amado hijo a morir.

Fue de esta manera que el león realmente cumplió su cometido.

lion photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 2 (1 Votos)

La tortuga y la liebre

¿De qué trata?: La liebre y la tortuga deciden hacer un concurso para ver cual de las dos llega primero a la meta, ¿quién ganará al final?

Personajes: Tortuga, Liebre

Moraleja/Conclusión: Más vale ser constantes que rápidos, pues a veces ir a toda velocidad te impide disfrutar del camino.

En lo más profundo de una pradera, habitaba una liebre muy presumida, a la que le encantaba ir saltando de un lado a otro. Era el animal más rápido que existía en el lugar y por eso, la muy inquieta se creía superior a los demás. En especial a la tortuga, que siempre caminaba con pasitos muy lentos.

—¡Pero mira tú, que bicho más lento! —solía decirle la liebre de manera burlona— Dime, ¿es qué siempre tienes que ir tan despacio para todas partes? ¡Me desespero con solo verte! A ese paso, te vas a pasar toda la vida sin llegar a casa.

La tortuga, sin ofenderse por sus palabras, sonrío y le respondió tranquilamente:

—¿Para qué quiero ir más rápido, si no tengo prisa por llegar a ninguna parte? Seré lento, pero siempre perseverante. Disfruto de cada paso que doy en el camino y me tomó el tiempo para apreciar las cosas bonitas que hay a mi alrededor. Así que, ¿por qué querría ir más rápido?

—¡Bah! —le espetó la liebre— No sabes lo que dices, apuesto a que ni siquiera serías capaz de ganarme en una carrera.

—No lo sé, podrías llevarte una sorpresa.

—¿Ah sí? —la liebre la miró con desdén— Pues eso ya lo veremos. Te reto a ver quien llega primero hasta el estanque que hay al otro lado de la pradera, ¡para que se te quite lo habladora!

—Está bien —dijo la tortuga—, si gustas. Hagámoslo.

Y así, ambas fijaron una línea de salida y tras contar hasta tres, salieron de inmediato. La liebre saltó a toda velocidad, echándose a reír cuando vio que la tortuga apenas había dado dos pasos.

—Definitivamente va a ser muy fácil ganarle —se dijo—, tan fácil, que esta carrera es muy aburrida. Creo que me da tiempo de echarme una siestecita.

Y así, muy confiada, la liebre se colocó debajo de un árbol frondoso y se puso a dormir profundamente. Tanto, que no se dio cuenta de como las horas pasaban y en todo ese tiempo, la tortuga pacientemente había seguido adelante hasta rebasarlo.

Mientras tanto, la liebre soñaba que cruzaba la línea de meta y se zambullía en el estanque, ante la admiración y los aplausos del resto de los animales. ¡Qué deliciosa sería la victoria cuando la tuviera en sus manos!

Su sueño era tan confortable, que cuando despertó se dio cuenta de que ya se había hecho de noche.

—¡Rayos y centellas! ¡Qué tarde es! —exclamó sobresaltada, levantándose a toda prisa y buscando a la tortuga, que estaba a punto de llegar al estanque.

Desesperada, la liebre corrió lo más que pudo pero cuando llegó al otro lado de la pradera ya era demasiado tarde: la tortuga había ganado y todos los demás la felicitaban.

—¡No es justo! —chilló la liebre— ¡Todos saben que soy más rápida que tú! ¡Esto es trampa!

—No —dijo la tortuga—, es perseverancia. Aunque sabía que era probable que me ganaras, yo nunca me di por vencida. En cambio, tú te confiaste demasiado y te descuidaste.

liebre photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 4.5 (4 Votos)

La chusma

¿De qué trata?: El gallo invita a la gallina a buscar nueces antes de que la ardilla se las coma todas, en su viaje terminan en una posada donde le darán dolores de cabeza al posadero.

Personajes: El gallo, La gallina, El pato, El alfiler, La aguja, el posadero.

Moraleja/Conclusión: Nos habla sobre la gente mal educada, siempre terminan dando mal ejemplo, el cual debemos evitar.

Había una vez en una granja un Gallo muy glotón, quien siempre estaba pendiente que árbol estaba dando frutos para atacar y devorarlo por completo junto a su señora la Gallina quien era más glotona que él.

– Gallinita, Gallinita, apresúrate el árbol de nueces está cargado, hay que llegar antes de que la ardilla se las coja todas para él solito – Dijo el gallo muy agitado.

– ¡En marcha! vamos rápido, no perdamos más tiempo Gallito – Rápidamente ambos partieron a la colina para buscar las nueces.

Al llegar el árbol estaba bastante cargado, comenzaron a bajar todas las nueces y devorarlas una por una hasta quedar satisfechos.

Tras un par de horas ya era tiempo de regresar pero la pereza los domino así que no ninguno quería regresar a pie, el gallo tuvo una idea y comenzó a fabricar un cochecito con las cascaras de las nueces.

– ¡Eureka! Esta listo – Dijo el gallo orgulloso, la gallina no perdió tiempo y se montó en el coche.

– Vamos, ya estoy lista puedes tirar del coche – El gallo le dio una mirada fulminante.

– ¡No! Me niego, absolutamente no, estoy muy cansado, además yo quiero ser el cochero – Algo interrumpió su conversación, desde el cielo bajaba volando un pato.

– ¡Fuera de mi propiedad! Ladrones, Largo de aquí, ahora verán – Dijo el pato furioso, quien se abalanzo sobre el gallo comenzando una pelea brutal, pero el gallo domino hasta el punto de hacerle pedir clemencia al pobre pato.

– Como castigo te tocara tirar del coche – Dijo el gallo contento ya que podía ser el cochero – ¡Vamos pato continua! corre más duro – el pato corría lo más rápido que pudo, llevar a la gallina y al gallo era algo duro.

Mientras bajaban se toparon con un alfiler y una aguja de cocer, quienes le advirtieron que se aproximaba la noche y era un camino difícil, además de estar sucio, ellos conocían una posada a la cual podrían quedarse, pero debían llevarlos.

El gallo accedió, dejo que se montaran en el coche ya que no ocupaban mucho espacio, al llegar a la posada el encargado se negó a atenderlos alegando que estaban full, pero el gallo muy astuto ofreció el huevo que la gallina puso en el camino y al pato que todos los días ponía uno.

El hombre pensó que se trataba de personas distinguidas así que dejo que se hospedaran.

A la mañana siguiente el gallo despertó muy temprano al igual que la gallina, tomaron el huevo y lo comieron entre los dos, arrojando las cascaras al fogón, tomaron al alfiler y lo clavaron en una de las toallas del baño y a la aguja de cocer en el cojín del sillón del posadero, luego ambos salieron por la ventana volando.

El pato quien había dormido afuera observo como se escapaban aquellos dos así que hizo lo mismo dirigiéndose al rio huyendo rápidamente.

El posadero despertó, como todas las mañanas fue a lavar su cara y cuando iba a secarse con su toalla se pinchó, luego se dirigió a la cocina preparar el desayuno, cuando encendió el fogón las cascaras de huevo saltaron a su cara, se encontraba furioso, pero lo peor fue cuando se fue a sentar en su sillón, el dolor que sintió fue horroroso.

Juro más nunca ofrecer servicio a la chusma, quienes siempre exigían mucho, nunca pagaban y agradecían haciendo malas bromas.

gallo gallina photo

Nuestro puntaje de los lectores
Calificación: 2.8 (4 Votos)