Obras de Teatro

Obra de teatro de la Revolución Mexicana: La jornada tachada

Obra de teatro de la Revolución Mexicana: La jornada tachada

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Lectura original: https://relatoscortos.org/obra-de-teatro-revolucion-mexicana-la-jornada-tachada/

Esta obra de teatro sobre la Revolución Mexicana transcurre el 23 de noviembre de 1910, pocos días después de la fecha señalada por el Plan de San Luis para un levantamiento contra el gobierno de Porfirio Díaz. Ese llamado y su fecha están documentados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). La población, el taller y los cuatro personajes que siguen son inventados. La obra no pretende mostrar que todos los pueblos vivieron aquellos días de la misma manera.

La jornada tachada: obra de teatro de la Revolución Mexicana

Reparto (cuatro personajes civiles):

  • Candelaria: costurera. Depende de sus turnos para sostener su casa.
  • Nicasio: aprendiz del taller. Quiere participar en una reunión de vecinos.
  • Palmira: encargada de anotar jornadas y pagos; defiende que las cuentas sean claras.
  • Eusebio: responsable del taller. Teme perder un encargo y cerrar el negocio.

Utilería y montaje: una mesa; cuatro sillas; un pedazo de tela sin cortar; un cuaderno que haga de libro de cuentas, con dos jornadas impagas anotadas para Candelaria; una hoja en blanco para un acuerdo de vecinos; dos lápices; y una tablilla de cartón apoyada a la vista con los turnos del día siguiente y dos fichas removibles con los nombres «Candelaria» y «Nicasio». Todo ocurre en el mismo taller ficticio, durante una tarde. El trabajo se simula doblando la tela; no se necesitan máquinas, armas, disparos, uniformes ni personas fuera de escena que hablen.

Escena 1. Dos jornadas pendientes

(Candelaria dobla la tela sobre la mesa. Eusebio mira la tablilla de turnos. Palmira revisa el cuaderno y Nicasio entra por un lado.)

Candelaria: Eusebio, mañana cumplo otra jornada. ¿Cuándo me pagarán las dos que faltan?

Eusebio: Cuando entreguemos este pedido. Si no terminamos mañana, el comprador puede buscar otro taller.

Palmira: El cuaderno dice dos días sin pagar. No son un favor pendiente: son trabajo hecho.

Eusebio: Ya lo sé. No he borrado la cuenta.

Candelaria: Pero mi casa no come de cuentas escritas.

Nicasio: Por eso quiero ir mañana a la reunión de vecinos. Van a hablar del trabajo y de cómo hacer oír lo que pedimos.

Eusebio: No mañana. Nos falta doblar y preparar toda esa tela.

Nicasio: En otros lugares ya se habla de levantamientos. El llamado de Madero era para el día veinte. Hoy es veintitrés; nadie sabe lo que pasará aquí.

Palmira: Precisamente por eso conviene pensar antes de actuar. Una cosa es lo que sabemos y otra lo que dicen de paso.

Candelaria: No quiero que decidan mi jornada por rumores. Quiero poder decir lo que me deben, con mi nombre.

Eusebio: Y yo quiero abrir el taller la semana próxima. Si faltan los dos mañana, no habrá entrega. Sin entrega, quizá tampoco haya nuevos turnos.

Escena 2. Elegir no sale gratis

(Nicasio coloca la hoja en blanco sobre la mesa. Palmira le presta un lápiz.)

Nicasio: Podemos dejar por escrito lo que pedimos: pago por los días trabajados y que se permita hablarlo entre vecinos sin amenazas.

Eusebio: Una hoja no va a pagar las deudas del taller.

Palmira: Tampoco las paga fingir que Candelaria ya cobró.

Eusebio: ¡Yo no he dicho que finja nada!

Candelaria: Entonces no me pidas que finja que estoy conforme. Si voy mañana, ¿conservo mi turno siguiente?

Eusebio: No puedo reservar una jornada que no se trabaja mientras un pedido vence. Si salen a la reunión, tendré que buscar cómo reducir los turnos.

Nicasio: Yo puedo ir solo. Candelaria se queda, tú entregas el pedido y yo explico lo que pasa.

Candelaria: Suena cómodo hasta que alguien te pregunte cuánto me deben y por qué no estoy allí. Quiero hablar yo, no mandar a otro a adivinar mis palabras.

Palmira: Pero también necesitas cobrar. ¿Quieres que terminemos lo que podamos hoy y decidamos la hora de mañana?

Candelaria: Sí. No estoy rechazando el trabajo. Estoy decidiendo no callarme para conservarlo.

Eusebio: No puedo darles las dos cosas. Si mañana eligen la reunión, retiro de la tablilla sus próximos turnos hasta saber si seguimos con el pedido.

(Eusebio señala las dos fichas sin tocarlas. Hay un silencio. La amenaza ya no es una frase vaga: los nombres están allí.)

Nicasio: Yo iré. No quiero otro mes oyendo que los pagos llegarán después.

Candelaria: Yo también iré. Me asusta perder el turno. Justamente por eso necesitaba saber el precio antes de decidir.

(Eusebio retira de la tablilla las dos fichas y las coloca junto al cuaderno.)

Eusebio: Ahí lo tienen. No habrá turno reservado para ustedes al día siguiente. Si el encargo se pierde, puede que el taller entero pase días sin trabajo.

Candelaria: Ya veo el hueco. Lo voy a recordar cuando tenga que explicar en casa por qué traje menos dinero.

Nicasio: Yo dije que quería cambios. No había entendido que empezaban por perder algo mío.

Escena 3. Lo que sí queda escrito

(Palmira abre el cuaderno delante de todos, sin ocultarlo. Señala las jornadas ya anotadas.)

Palmira: Antes de seguir, necesito una respuesta. Eusebio, ¿reconoces aquí las dos jornadas que se deben a Candelaria?

Eusebio: Las reconozco. No sé cuándo podré pagarlas, y no voy a mentir prometiendo mañana.

Palmira: Entonces escribiré «pendientes» junto a las dos. El libro se queda aquí y lo pueden ver cuando quieran.

Candelaria: Eso no llena mi mesa. Pero impide que después me digan que nunca trabajé esos días.

Nicasio: ¿Pongo en nuestra hoja que todo el taller se suma a la reunión?

Palmira: No. Yo no he decidido ir, y Eusebio no está de acuerdo. Escribe solo lo que ustedes quieran firmar.

Eusebio: Yo me quedaré a ver si puedo cumplir el encargo. No quiero que mi nombre aparezca en una decisión que no tomé.

Candelaria: Está bien. Tampoco pedimos que hables por nosotros.

(Nicasio escribe despacio en la hoja, leyéndola para que todos sepan qué dice.)

Nicasio: «Pedimos que se reconozcan las jornadas realizadas y que podamos reunirnos para expresar nuestras necesidades». ¿Pongo que el pago sigue pendiente?

Candelaria: Sí. Sin insultos y sin inventar nada. Basta con lo que nos pasa.

(Candelaria toma el segundo lápiz y firma. Nicasio firma después. Eusebio mira la hoja, pero no la toca. Palmira vuelve a doblar la tela pendiente.)

Palmira: Todavía queda trabajo esta tarde. Podemos terminar esta pieza antes de cerrar.

Candelaria: La termino. Mañana no sé si volveré con otro turno, pero hoy nadie podrá decir que dejé a medias lo que prometí hacer.

Eusebio: Guardaré sus fichas sobre la mesa. Si conseguimos otro encargo, hablaremos otra vez. No puedo ofrecerles más.

Nicasio: Tampoco sabemos qué saldrá de la reunión. Al menos, ya no vamos sin saber qué queremos decir.

(Los cuatro doblan juntos el pedazo de tela. Candelaria toma la hoja firmada. Eusebio deja las fichas retiradas visibles al lado del cuaderno. Nadie recupera el turno ni cobra de pronto. Se cierra la jornada. Fin.)

Hechos históricos y partes inventadas

Comprobado: en 1910, el Plan de San Luis de Francisco I. Madero desconoció las elecciones de ese año y convocó a levantarse contra el gobierno de Porfirio Díaz el 20 de noviembre. El INEHRM documenta esos hechos. El 23 de noviembre de 1910 pertenece, por tanto, al comienzo del proceso revolucionario, no a su desenlace.

Ficción: la localidad no tiene nombre real; Candelaria, Nicasio, Palmira y Eusebio no son figuras documentadas. Tampoco se presenta como histórico el pedido del taller, las jornadas impagas, la reunión vecinal ni su hoja de demandas. La obra muestra una posible decisión civil bajo incertidumbre, sin afirmar que resolviera la Revolución.

Guion original: Shyvirelle.

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Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.