Obra de teatro para Día de Muertos: El delantal con el remiendo amarillo
Lectura original: https://relatoscortos.org/obra-de-teatro-dia-de-muertos-delantal-remiendo-amarillo/
El Día de Muertos ofrece distintas maneras de recordar a los seres queridos. Las prácticas cambian entre regiones, comunidades y familias: no hay una sola mesa ni una sola forma de evocarlos. La UNESCO documenta expresiones indígenas de esta conmemoración. La ofrenda doméstica de la siguiente obra pertenece únicamente a una familia ficticia; no pretende describir una regla para todo México.

El delantal con el remiendo amarillo: obra de teatro para Día de Muertos
Reparto (cuatro voces):
- Renata: hija de Sofía, fallecida. Quiere que el recuerdo familiar se vea impecable ante las visitas.
- Mauro: hijo de Sofía y hermano de Renata. Conserva recuerdos difíciles y también afectuosos.
- Lara: nieta adolescente de Sofía. Pregunta por la persona real, no por una figura perfecta.
- Brígida: hermana de Sofía. Cree que recordar con sinceridad no obliga a revelar intimidades.
Utilería y montaje: una mesa estable que representa la pequeña ofrenda de esta familia; un mantel liso; dos flores de papel; un delantal viejo de tela con un remiendo amarillo ya cosido (no se cose ni repara nada durante la representación); una hoja con unas palabras preparadas por Renata; una hoja en blanco; un lápiz; y una silla. No se necesitan retratos, comida auténtica, velas, fuego, música ni apariciones. Todo sucede en casa, la tarde previa a una reunión de parientes durante las fechas de Día de Muertos. La fallecida no aparece ni tiene voz.
Escena 1. Una versión sin manchas
(La mesa está cubierta por el mantel. Renata acomoda las flores de papel. Sobre la silla descansa el delantal con su remiendo visible. Renata lleva la hoja escrita; la hoja en blanco y el lápiz están a un lado de la mesa.)
Renata: Cuando vengan mañana los primos, quiero leer estas palabras. Me ha costado encontrar una forma bonita de hablar de mamá.
Lara: Léelas ahora. Así sabemos cómo queda.
Renata: «Sofía siempre fue paciente, nunca alzó la voz y encontró una frase dulce para cada persona que entraba en esta casa».
Mauro: ¿De quién estás hablando?
Renata: De mamá. No te burles.
Mauro: No me burlo. La quería, pero se enojaba. A veces muchísimo.
Renata: ¿Quieres que, en un día para recordarla, anunciemos sus peores momentos?
Lara: Yo recuerdo que me regañó cuando dejé mis cosas en el suelo. También recuerdo que se sentó a escucharme cuando no quería volver a la escuela. ¿No se puede decir lo segundo sin fingir lo primero?
Renata: Claro que sí. Solo estoy intentando que mañana nadie salga de aquí con una impresión fea.
Brígida: La impresión que se lleven no está por completo en tus manos, hija. ¿Y el delantal de Sofía?
Renata: Lo dejé en la silla. Sobre la mesa se ve gastado, como si no hubiéramos cuidado sus cosas.
Brígida: Ese remiendo amarillo se lo puso ella hace años. Nunca le importó que el color no combinara.
Renata: Por eso mismo no queda bien con el mantel.
Escena 2. Lo que no cabe en una frase
(Mauro toma el delantal de la silla. Lo sostiene frente a la mesa; no lo coloca todavía.)
Mauro: Mamá llevaba esto cuando me dijo que dejara de trabajar con ella. Yo tenía diecinueve años. Me habló tan duro que pasamos semanas sin mirarnos.
Lara: Yo no sabía eso.
Renata: No tienes por qué contárselo. Fue entre ustedes.
Mauro: Justamente. No pienso contarlo delante de todo el mundo. Pero si tú dices que jamás alzó la voz, me pides que asienta ante algo que no viví.
Renata: ¿Y si les parece que no la quisimos?
Brígida: Querer a una persona no convierte todo lo que hizo en perfecto. Tampoco hace falta contar cada discusión para demostrar que somos sinceros.
Lara: Yo casi no conocí a la abuela cuando era joven. Si solo oigo que nunca se enojaba, me cuesta reconocer a la misma que se sentaba junto a mí sin decir nada hasta que yo pudiera hablar.
Renata: Ese silencio lo recuerdo bien. Yo siempre lo confundía con que estaba disgustada.
Mauro: A veces lo estaba. Otras veces esperaba. Nunca conseguí adivinar cuál de las dos cosas era.
(Renata deja su hoja sobre la mesa y mira el delantal.)
Renata: Mañana van a estar personas que apenas la visitaban. No quiero que una anécdota difícil se vuelva la única historia que repitan de ella.
Brígida: Entonces no la cuenten. Pero tampoco obligues a Mauro a defender una historia que no reconoce.
Mauro: Si lees esa hoja, no me voy a poner a tu lado. No voy a discutir delante de las visitas, pero tampoco voy a asentir.
(Mauro coloca el delantal de nuevo sobre la silla y se aparta de la mesa. Renata retira una de las flores, como si buscara dejar una mesa más ordenada, y de pronto parece menos segura.)
Renata: Pensé que hacía esto por todos. Y casi consigo que no quieran acercarse.
Escena 3. Elegir qué mostrar
Lara: No tenemos que contarle mañana a nadie lo que Mauro acaba de decir. ¿Podemos poner algo que sí sea de ella, sin volverla otra persona?
Brígida: El delantal estuvo en esta casa durante años. Si lo ponemos, nadie tiene que explicar cada mancha.
Renata: Yo quería que la recordaran con su mejor cara.
Mauro: Quizá la mejor cara no era la misma todos los días. Yo sí puedo contar que, aunque discutimos, me enseñó a llevar mis cuentas sin engañarme. No tenemos que contar cómo terminó aquella discusión.
Renata: Mamá revisaba las cuentas dos veces. Y después hacía como que la segunda era un simple paseo por los números.
Lara: Eso sí la reconozco.
(Renata levanta su discurso. Lo dobla y lo deja bajo la hoja en blanco; no lo lee de nuevo. Toma el delantal de la silla, lo extiende sobre la mesa con el remiendo amarillo a la vista y acomoda las dos flores a cada lado.)
Renata: No leeré aquel texto. Mañana diré que era buena con los números, terca cuando creía tener razón y capaz de acompañarnos en silencio. Lo demás, cada cual decidirá si quiere contarlo.
Brígida: Yo hablaré de cuando discutíamos por quién lavaba las tazas. Me llevaba la contraria hasta cuando estaba de acuerdo conmigo.
Mauro: Yo quizá no diga nada mañana. Pero quiero que el delantal se quede ahí.
Renata: Se queda. No voy a pedirte que hables.
Lara: ¿Y la hoja en blanco?
Renata: Puede quedarse en la mesa por si alguien quiere escribir un recuerdo. También puede quedarse vacía.
(Lara pone el lápiz junto a la hoja, sin escribir. Los cuatro miran un instante la mesa sencilla.)
Mauro: El remiendo tiene tres puntadas torcidas.
Brígida: Siempre dejaba la tercera más larga.
Renata: Y si alguien se lo señalaba, decía que el delantal no iba a presentarse a un concurso.
(Lara sonríe. Ninguno mueve el remiendo para ocultarlo. Fin.)
Guion original: Shyvirelle.
Sigue leyendo en Obras de Teatro.
