Literatura y escritura

Poemas de fútbol originales: cancha, afición y juego limpio

Poemas de fútbol originales: cancha, afición y juego limpio

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El fútbol se vive desde muchos lugares: el área antes de un remate, el banquillo que espera, la calle donde alguien improvisa una portería o la grada que acompaña sin jugar. Estos cuatro poemas originales de fútbol recorren esas miradas. Son textos independientes, no adaptaciones de himnos, canciones de clubes ni cánticos existentes.

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Poemas de fútbol originales: cancha, afición y juego limpio 1

1. Donde empieza la cancha

No hay corona en la pelota,
ni rey sentado en el gol;
hay una línea de cal
y una tarde bajo el sol.

La bota aprende del suelo
lo que el orgullo olvidó:
que nadie llega tan lejos
si otro no le dio un pase.

Una pared hace equipo,
una voz encuentra a otra;
el balón cruza el espacio
como pregunta que bota.

Si el arco queda lejano
se avanza paso a paso;
a veces vale un buen pase
más que el brillo de un abrazo.

Al final calla la cancha;
queda la marca en la arena.
El partido ya terminó,
pero el juego nos enseña.

2. La voz del banquillo

Desde aquí se ve distinto:
la carrera y la ocasión,
la rodilla que se cansa,
el segundo de indecisión.

No llevo el número en alto,
ni el aplauso del final;
llevo agua para el equipo
y palabras al pasar.

Si hoy no entro a la cancha,
no me vuelvo menos yo;
otra tarde será el turno,
hoy sostengo esta canción.

No es canción que pida fama
ni que exija un pedestal:
«¡Estamos juntos!», decimos,
y eso ya nos hace avanzar.

Cuando el árbitro da el cierre,
no pregunto quién brilló;
le doy la mano al que vuelve
y le digo: «Buen esfuerzo».

3. El barrio es una portería

Dos mochilas en el suelo
son los postes del lugar.
No hay tribuna ni tablero,
solo ganas de jugar.

Una esquina pone límites,
otra esquina da el saque;
si pasa un vecino, paramos
y dejamos libre el paso.

La pelota sabe esquinas,
vueltas, muros y un balcón;
y, si rueda hacia otra calle,
la seguimos con atención.

Cae la tarde sobre el barrio,
se recogen los dos bolsos;
queda un gol en la memoria
y un empate entre nosotros.

Mañana habrá otra cancha,
otro acuerdo y otro lugar.
Lo importante no es el cemento:
es volvernos a encontrar.

4. Ganar también es saludar

Hay una falta en el medio,
el rival cayó al correr;
ya tenías la ventaja,
pero decides volver.

Tiendes tu mano sin prisa,
le preguntas si está bien;
no hay marcador que te quite
lo correcto que hay que hacer.

El silbato marca el juego,
no dicta quién valdrá más;
aunque pierdas por un tanto
puedes irte con dignidad.

Ganar es celebrar juntos
y saber también frenar;
perder es mirar al frente,
agradecer y regresar.

Queda el césped en silencio
y se apaga el reflector;
en la mano del contrario
se comprende el marcador.

Cuatro perspectivas, un mismo deporte

El primer poema muestra cómo los pases sostienen una jugada; el segundo mira a quien participa sin estar dentro del campo; el tercero convierte un lugar común en una cancha compartida; el cuarto pone el juego limpio por encima de la rivalidad. Se pueden leer en voz alta sin convertirlos en una canción conocida. Su intención no es enumerar reglas técnicas, sino observar relaciones humanas alrededor de un juego.

Quien quiera escribir un poema propio puede partir de un detalle concreto —las medias llenas de barro, el silencio antes de un penal o el gesto de recoger la pelota— y preguntarse qué emoción contiene. Un poema de fútbol no necesita rimar cada línea; necesita un punto de vista que haga visible algo del partido.

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Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.