Leyendas Japonesas de Terror

La leyenda del Tengu

La leyenda del Tengu

La noche había caído y la niebla bajaba desde la cumbre del monte Kurama envolviendo los troncos colosales de los cedros centenarios. El sendero de piedra que subía hacia los santuarios antiguos estaba desierto; los peregrinos habían descendido al valle antes del atardecer, respetando la hora en que los espíritus de la arboleda reclaman el dominio de la montaña.

Solo Gorō, un guerrero arrogante que se vanagloriaba de haber vencido a decenas de rivales en los torneos de Kioto, continuaba subiendo la cuesta con su espada katana al cinto y una sonrisa de desdén en los labios.

—Cuentos de viejas para asustar a los campesinos —murmuró Gorō, pateando una pequeña ofrenda de arroz que los aldeanos habían dejado al pie de un torii de madera vieja—. Los espíritus no tienen acero para resistir el filo de mi espada.

Apenas terminó de pronunciar esas palabras, el viento de la montaña enmudeció por completo.

El aire se volvió de pronto pesado y helado. Desde lo alto de la copa de un cedro milenario que dominaba la escalinata, brotó un crujido formidable, como si una ráfaga invisible sacudiera las ramas más gruesas con la fuerza de un tifón.

Gorō desenvainó su katana con un movimiento rápido y se colocó en posición de guardia.

Sobre una linterna de piedra cubierta de líquenes, a pocos pasos de donde estaba el guerrero, descendió una figura que lo hizo retroceder involuntariamente.

Tenía el porte imponente de un gran maestro de armas, vestido con los hábitos austeros de un monje asceta yamabushi, con cuentas de madera sagrada al cuello y sandalias de una sola suela de madera. En su espalda se desplegaban dos alas formidables de plumas negras como las del cuervo, que se batían suavemente levantando un remolino de hojas secas. Su rostro era de un rojo encendido y severo, con una nariz larga y afilada como la empuñadura de una daga, y unos ojos dorados y penetrantes que atravesaban el alma con la severidad de un rayo.

Era un gran Tengu, el señor alado de los montes sagrados.

En la mano derecha llevaba un abanico de plumas.

—Recoge lo que has tirado —dijo el Tengu, señalando el arroz con el abanico.

Gorō, herido en su orgullo de samurái, lanzó un grito de combate y arremetió contra la linterna de piedra con un tajo vertical de su espada.

El Tengu no desenvainó arma alguna. Con un movimiento sereno de su muñeca, agitó el abanico de plumas hacia el guerrero.

De las plumas mágicas brotó un torbellino descomunal de viento huracanado que levantó a Gorō por los aires como si fuera una brizna de paja seca. La katana salió despedida de su mano, girando en el aire hasta clavarse limpiamente en el tronco del cedro, mientras el cuerpo del samurái daba vueltas en el vendaval hasta quedar suspendido entre las ramas más altas de un árbol, enredado en su propia armadura y desarmado por completo.

Gorō intentó forcejear, pero el viento lo mantenía firmemente sujeto sin causarle una sola herida, dejándolo indefenso y expuesto a la vergüenza de su propia impotencia.

El Tengu alzó el vuelo con un batir majestuoso de sus alas negras, elevándose sobre las copas de los árboles envueltas en bruma.

—Cuando vuelvas a bajar, mira dónde pisas —dijo la figura.

El Tengu se perdió entre las nubes hacia las cumbres del Kurama, dejando tras de sí un silencio absoluto y una brisa tranquila que mecía las hojas caídas.

Gorō llamó a los leñadores al amanecer. Lo encontraron atrapado entre las ramas y tuvieron que subir con una cuerda para bajarlo. El samurái recuperó su espada, recogió el arroz y dejó unas monedas junto al torii. Antes de marcharse, oyó un roce de plumas sobre su cabeza. No levantó la vista.


Adaptación: Shyvirelle

Deja un comentario abajo.

Acerca del autor

Shyvirelle

¡Sé el primero en comentar!

Clic aquí para Comentar

DESCARGA GRATIS 20 RELATOS CORTOS

CLIC para Descargar Relatos Cortos GRATIS

Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.