En el norte de Baja California, entre Tecate y Mexicali, la carretera cruza la sierra por una zona de curvas cerradas y grandes rocas de granito conocida como La Rumorosa.

Entre los camioneros se cuentan historias de personas que aparecen junto a la carretera y desaparecen entre las rocas. Una de ellas habla de un chofer que todavía busca entregar un sobre a su familia.
Manuel llevaba años transportando carga por esa ruta. Una noche de invierno, con frío intenso y bancos de neblina espesa, bajaba despacio, con las luces bajas encendidas y atento al pavimento mojado.
Al salir de una curva solitaria, vio a una persona de pie junto al acotamiento de tierra.
Llevaba una chamarra oscura y una gorra que le cubría la frente. Hacía señas con una linterna pequeña para que se detuviera. Manuel orilló el camión despacio y bajó la ventanilla.
El aire helado entró a la cabina con un silbido seco.
—Buenas noches, compañero —dijo el hombre con voz cansada—. Tuve una falla con el camión más arriba y no puedo moverme. Mi esposa está esperando en Mexicali y no tengo cómo avisarle. ¿Me harías el favor de llevarle este sobre?
El hombre sacó un sobre de papel doblado y amarrado con hilo.
Manuel tomó el sobre. Notó que el papel estaba muy frío y que las manos del hombre estaban rígidas por el clima de la sierra.
—Súbase a la cabina —le ofreció Manuel—. Aquí hay calefacción y lo dejo abajo en el retén.
—No puedo dejar la carga sola en el camino —respondió el hombre, dando un paso atrás hacia la sombra de las piedras—. Solo entréguele el sobre. Me llamo Francisco. La dirección está escrita aquí.
En ese instante una ráfaga de viento levantó una cortina de polvo y niebla en la orilla. Cuando Manuel parpadeó, el hombre ya no estaba.
El chofer guardó el sobre en la guantera y continuó el descenso hasta llegar al valle al amanecer.
Intrigado por el encuentro y por cumplir el encargo, Manuel buscó la dirección escrita en el sobre. Al tocar a la puerta, abrió una mujer con un niño de la mano.
El chofer se quitó la gorra con respeto y le mostró el sobre.
—Señora, anoche en La Rumorosa un chofer me pidió que le entregara esto de parte de Francisco.
La mujer miró la letra a lápiz en el sobre y guardó silencio un momento con la vista empañada.
—Mi esposo Francisco murió en La Rumorosa hace años —dijo la mujer—. Su camión se quedó sin frenos en una bajada.
Manuel miró hacia su camión. La mujer todavía sostenía el sobre.
—No es el primero que viene —añadió ella—. Cada invierno alguien llama a esta puerta con un sobre igual.
Manuel se despidió con un saludo silencioso, subió a su camión y miró a lo lejos la línea azul de la sierra, recordando el rumor del viento entre las piedras grandes del camino.
Adaptación: Shyvirelle
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