Estas tres historias presentan versiones sencillas de motivos tradicionales de América relacionados con la naturaleza. Como ocurre con muchas leyendas orales, existen variantes en nombres y detalles.
Puedes encontrar más relatos tradicionales en leyendas y mitos.
1. El conejo de la Luna
Una conocida tradición vinculada con Quetzalcóatl cuenta que el dios recorrió la tierra con apariencia de viajero.
Después de caminar durante muchas horas se sentó a descansar. No llevaba comida.
Un conejo que comía hierba se acercó.
—¿Por qué no comes? —preguntó.
—No tengo alimento —respondió el viajero.
El conejo le ofreció su hierba, pero comprendió que una persona no podía alimentarse de la misma forma que él.
Entonces hizo una oferta mucho mayor: estaba dispuesto a entregar lo único que tenía, su propia vida, para que el viajero pudiera continuar.
Quetzalcóatl no aceptó el sacrificio.
—No voy a comerte —le dijo—. Pero tu generosidad será recordada.
Levantó al conejo hacia la Luna y, según la leyenda, dejó allí su figura. Después lo devolvió sano y salvo al suelo.
Desde entonces, quienes cuentan esta historia reconocen la silueta de un conejo en las manchas de la Luna.
2. Los dos volcanes
Una leyenda mexicana cuenta la historia de una joven llamada Iztaccíhuatl y un guerrero llamado Popocatépetl.
Antes de partir a una guerra, él prometió regresar. Ella esperó durante mucho tiempo, pero recibió la noticia falsa de que el guerrero había muerto.
La tristeza de Iztaccíhuatl fue tan profunda que su vida se apagó antes del regreso de Popocatépetl.
Cuando el guerrero volvió y conoció lo ocurrido, llevó a la joven hacia las montañas. Allí permaneció junto a ella.
La tradición transforma a los dos personajes en los grandes volcanes que llevan sus nombres. Iztaccíhuatl aparece tendida y Popocatépetl permanece cerca, asociado en muchas versiones con el fuego y el humo del volcán.
Así relaciona la leyenda la forma de las montañas con la historia de los dos amantes.
3. El regalo de la yerba mate
En una versión de una leyenda guaraní, Yasí, la Luna, y Araí, la Nube, bajaron a la tierra como dos jóvenes para conocer el bosque.
Mientras caminaban, se encontraron con un yaguareté, un gran felino de la selva. Un cazador que estaba cerca intervino y logró alejarlas del peligro.
El hombre no sabía quiénes eran sus visitantes. Les ofreció refugio, comida y un lugar donde pasar la noche.
Antes de marcharse, ellas quisieron agradecer su hospitalidad.
—Queremos darte las gracias por recibirnos —le dijeron—. Pero podemos dejarte algo que puedas compartir.
Según el relato, hicieron crecer una planta nueva y enseñaron al hombre a preparar con sus hojas una bebida para recibir a familiares y visitantes.
La tradición relaciona así la yerba mate con la hospitalidad y el acto de compartir.
Consulta más lecturas en nuestras categorías de relatos.


¡Sé el primero en comentar!