La leyenda de Naylamp cuenta la llegada por mar de un señor y su comitiva a la costa norte del Perú. Su nombre quedó unido a Lambayeque y al relato de una dinastía cuyo primer gobernante desapareció de una forma extraordinaria.
La llegada de la flota de balsas
Una versión de la tradición de Naylamp fue recogida en el siglo XVI por Miguel Cabello Valboa. Ese relato narra que en una época remota llegó desde el mar una flota encabezada por Naylamp. A la cabeza de la expedición navegaba Naylamp, un caudillo de porte majestuoso y ojos serenos, acompañado por su esposa principal Ceterni y una comitiva de cortesanos especializados.
La comitiva llevaba consigo una imagen de piedra verde. A su paso sonaban caracoles y se esparcía polvo de conchas. Después de la travesía, buscaban un lugar donde establecerse.
La fundación de Chot y el ídolo Yampallec
La expedición desembarcó en la desembocadura del río Faquisllanga. Internándose media legua hacia el valle fértil, Naylamp ordenó erigir una monumental huaca de adobe llamada Chot.
En el templo principal colocaron una imagen llamada Yampallec. La tradición ha relacionado ese nombre con Lambayeque. La imagen representaba al propio Naylamp y ocupó un lugar central en el templo de Chot.
La misteriosa metamorfosis alada
La leyenda cuenta que Naylamp vivió durante muchos años. Cuando murió, sus allegados ocultaron su cuerpo y anunciaron a la población que el señor no había muerto:
—A nuestro venerado Naylamp le han brotado alas invisibles en los hombros y ha volado de regreso hacia las estrellas para velar eternamente por su pueblo.
La figura de Naylamp quedó ligada a la memoria cultural de Lambayeque. Su hijo Cium continuó la dinastía. El relato sobre aquel primer señor siguió contándose después de su desaparición.
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