Estas dos leyendas de Saltillo hablan de una imagen que llegó en una caja y de unas campanas para las que la gente entregó sus joyas.

1. La mula y la caja
La leyenda cuenta que el 6 de agosto de 1608 una mula entró sola en Saltillo. Nadie caminaba a su lado y nadie sujetaba sus riendas.
El animal avanzó por las calles mientras varias personas lo seguían con curiosidad. Sobre el lomo llevaba una caja cerrada.
—¿De quién será? —preguntó un vecino.
Nadie respondió.
La mula continuó hasta detenerse. Por más que intentaron hacerla avanzar, permaneció en el mismo lugar. Entonces los vecinos bajaron la caja y la abrieron.
Dentro encontraron una imagen de Cristo.
Las personas se quedaron en silencio. Algunos fueron a llamar a otros vecinos. Cuando regresaron, la mula ya no estaba.
Buscaron por las calles cercanas y preguntaron si alguien había visto al dueño. No apareció ni el animal ni el arriero que pudiera explicar el viaje.
Los vecinos volvieron al lugar donde habían abierto la caja. La imagen seguía allí, mientras la calle por la que había llegado la mula quedaba vacía.
2. El metal para las campanas
Otra leyenda de Saltillo recuerda el momento en que se reunía metal para fundir campanas.
La gente llevaba lo que podía. Algunas personas entregaban pequeñas piezas y otras ofrecían objetos de mayor valor.
Entre quienes participaron se recuerda a Josefa Báez Treviño, quien aportó barras de oro y plata. Después de verla, otras personas comenzaron a dejar también algunas de sus joyas.
Una mujer se quitó un anillo. Otra dejó una cadena. Un hombre abrió una pequeña bolsa y entregó unas monedas.
—Que todo esto suene junto —dijo alguien.
Los metales fueron reunidos para la fundición. Días después, cuando una de las campanas estuvo lista, varias personas se acercaron para escucharla.
El primer golpe se extendió por el aire de Saltillo.
Josefa levantó la cabeza. A su alrededor, quienes habían dado algo reconocieron en aquel sonido una parte de su propia ofrenda.
La campana volvió a sonar, y nadie habló hasta que el eco se apagó.


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