Mitos y Leyendas

Leyendas de la selva peruana: 4 encuentros amazónicos

En la Amazonía peruana circulan relatos sobre seres del monte y del agua. Los detalles cambian según la zona y quien cuenta la historia. Los cuatro encuentros siguientes recrean de forma literaria motivos conocidos del Chullachaqui, el Bufeo Colorado, la Runamula y el Yacuruna.

1. El sendero del Chullachaqui

Ramiro regresaba a su comunidad por un sendero que conocía desde niño. La tarde estaba terminando cuando escuchó una voz entre los árboles.

—Ramiro, ven por aquí.

Era la voz de su primo Saúl.

Ramiro vio una figura unos metros más adelante.

—¿Qué haces aquí?

—Encontré un camino más corto.

Ramiro estuvo a punto de seguirlo. Entonces recordó que Saúl había salido esa mañana en dirección contraria.

La figura avanzó sin esperar respuesta.

Ramiro miró el suelo húmedo. Las huellas no eran iguales entre sí.

—Saúl —llamó Ramiro—. ¿Cómo se llama tu perro?

La figura se detuvo.

No respondió.

Ramiro retrocedió hasta el árbol grande donde se dividían los senderos. En lugar de perseguir a la figura, tomó la ruta conocida.

Cuando llegó a casa encontró a Saúl cenando.

—¿Fuiste al monte esta tarde?

—No. Volví antes del mediodía.

Ramiro dejó de comer. Afuera, entre los árboles, alguien volvió a llamarlo con la voz de Saúl. Su primo levantó la vista del plato.

2. El visitante del río

En una celebración junto al río apareció un joven al que nadie conocía. Vestía ropa clara y llevaba un sombrero que no se quitó en toda la noche.

Conversó con varias personas y bailó con Elisa, que había llegado con sus primas.

—¿De qué comunidad vienes? —preguntó ella.

El joven señaló hacia el río.

—De más lejos.

—Eso no responde nada.

Él sonrió.

Cuando la música terminó, invitó a Elisa a caminar hacia el embarcadero.

Ella miró alrededor. Sus primas seguían en la fiesta.

—Iré cuando les avise.

El joven insistió.

—Solo será un momento.

Elisa negó con la cabeza.

—Entonces puedes esperar.

Fue a buscar a sus primas. Cuando regresaron, el desconocido ya no estaba.

Desde el embarcadero escucharon un chapoteo. A cierta distancia apareció por un instante el lomo rosado de un bufeo antes de hundirse otra vez.

Una de las primas miró a Elisa.

—¿Era él?

—No lo sé.

Elisa miró el lugar donde el bufeo había desaparecido. Sobre la tabla del embarcadero seguía el sombrero del desconocido, empapado por dentro.

3. La Runamula del camino

Teresa volvía a casa con su hermana cuando escucharon cascos detrás de ellas.

—Viene un caballo —dijo la hermana.

Se apartaron del camino.

Pero lo que apareció entre los árboles parecía una mula que corría sola. Antes de cruzarse con ellas soltó un grito que sonó como una voz humana.

Unos metros más adelante se oyó el mismo galope, aunque el camino hacía una curva que ellas todavía no habían alcanzado.

—No puede haber dado la vuelta tan rápido —murmuró Teresa.

Las dos decidieron regresar por la ruta principal.

Al día siguiente contaron lo ocurrido a su abuela.

—La llaman Runamula —dijo ella—. Cuentan que es una mujer transformada en mula que sale a recorrer los caminos de noche.

Teresa preguntó quién era realmente aquella criatura.

La abuela tardó en responder.

—No salgan a buscarla —dijo al fin.

Las hermanas volvieron al mismo camino varios días después, esta vez a plena luz. No encontraron cintas, huellas extrañas ni una mula perdida.

Al llegar a la curva, Teresa se detuvo. En el barro seco había marcas de cascos que terminaban junto a dos huellas de pies descalzos.

4. La voz del Yacuruna

Joel pescaba cerca de una zona profunda del río cuando escuchó que alguien pronunciaba su nombre desde el agua.

Miró hacia la orilla.

No había nadie.

—Joel.

La voz llegó otra vez, esta vez desde un remanso oscuro.

El muchacho recogió la cuerda de la canoa.

Su abuelo le había contado relatos sobre el Yacuruna, un ser relacionado con el mundo profundo de los ríos. Su abuelo bajaba la voz cada vez que lo nombraba.

Joel no remó hacia la voz. Se dirigió a una zona de corriente tranquila y esperó.

Unos minutos después vio salir de entre los árboles a su tío.

—Te estaba buscando desde la otra orilla.

—¿Me llamaste?

—Sí, pero no desde ahí.

Joel señaló el remanso.

—Yo escuché mi nombre dos veces.

El tío permaneció en silencio.

Regresaron juntos.

Joel nunca aseguró haber visto al Yacuruna. Solo contaba que una tarde el río pareció llamarlo y que decidió no acercarse a una profundidad que no conocía.

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