Mitos y Leyendas

La leyenda del viento Zonda: Gilanco y la caza sin medida

Esta es una recreación literaria de una variante de la leyenda del viento Zonda difundida en materiales educativos de Cuyo. Las escenas y los diálogos son propios.

Gilanco había aprendido a acertar con su arco antes de aprender a detenerse. Cuando otros cazadores regresaban con lo necesario, él todavía buscaba un blanco más. No siempre quería la presa. Muchas veces le bastaba con demostrar que podía alcanzarla.

Al principio, sus vecinos admiraron aquella destreza. Después empezaron a notar que volvía satisfecho incluso de jornadas en las que había dejado animales muertos sin aprovecharlos. Gilanco escuchaba las felicitaciones y fingía no advertir los silencios. Para él, la montaña se había convertido en un lugar donde competir consigo mismo.

Una tarde, al bajar por una ladera, encontró a Yastay, protector de los animales de los cerros. No llevaba armas ni mostraba intención de enfrentarlo. Miraba el suelo por el que Gilanco acababa de pasar.

—¿Cuánto más necesitas? —preguntó Yastay.

—Ya no necesito nada —respondió el cazador.

—Entonces, ¿por qué sigues?

Gilanco ajustó el arco sobre su hombro. Tenía muchas respuestas preparadas para quien discutiera su habilidad, pero ninguna para aquella pregunta.

Yastay le advirtió que Pachamama no aceptaba esa manera de quitar vidas sin necesidad. Le habló del límite que separa alimentarse de destruir por orgullo. Gilanco asintió apenas. Al marcharse, se dijo que había escuchado un reproche, no un aviso.

Durante algunos días cazó menos. No fue porque hubiera cambiado de idea: quería probarse que podía renunciar cuando quisiera. Pero una mañana vio movimiento entre las piedras y sintió el deseo conocido de hacer otro disparo perfecto. No tenía hambre. Nadie lo acompañaba. Nadie iba a elogiarlo. Aun así, tensó la cuerda.

En cuanto soltó la flecha, el aire dejó de comportarse como siempre. Una ráfaga levantó la tierra a sus pies. Gilanco intentó avanzar, pero el polvo le ocultó el sendero. Otra corriente se enroscó a su alrededor, más cálida, más intensa. Entre el estruendo, comprendió que la advertencia de Yastay no se refería a su puntería, sino a lo que estaba haciendo con ella.

La leyenda cuenta que Pachamama lo envolvió en aquel gran remolino y que Gilanco desapareció. El viento siguió su camino por las laderas, caliente y poderoso. Quienes narran esta variante reconocen en ese soplo al Zonda: una señal simbólica de lo que sucede cuando alguien toma de la naturaleza más de lo que necesita y deja de escuchar cualquier advertencia.

El Zonda de la leyenda y el viento real

El relato explica el viento mediante una enseñanza moral; no describe su causa física. En la realidad, el Zonda es un fenómeno atmosférico fuerte, seco y cálido que puede presentarse en zonas situadas al pie de los Andes. Las condiciones meteorológicas, y no las acciones de Gilanco ni de las personas, son las que producen ese viento.

La fuerza de esta versión está en otra parte: Gilanco era capaz de acertar a todo lo que apuntaba, pero no sabía decidir cuándo dejar de hacerlo. Su falta no fue la caza necesaria para vivir, sino haber confundido una habilidad con permiso para actuar sin medida.

Adaptación y texto: Shyvirelle.

DESCARGA GRATIS 20 RELATOS CORTOS

CLIC para Descargar Relatos Cortos GRATIS

Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.