Obras de teatro de terror

Obra de teatro de Halloween para cinco personajes: La última calabaza encendida

Una obra original de suspense para cinco personajes. Todo ocurre al terminar una actividad de Halloween, cuando una calabaza de cartón debe permanecer encendida hasta que salga la última visita de la noche.

Cinco personajes observan una calabaza iluminada sobre la mesa de un pequeño escenario.
Ilustración del ambiente de la obra de Halloween.

Ficha breve de montaje

Público: desde 12 años y adultos. Duración orientativa: 12 a 16 minutos, según ritmo de diálogos y pausas; no se ha comprobado mediante ensayo. Espacio: un salón con un pórtico sugerido por una marca en el suelo y una puerta simbólica que no bloquee ninguna salida real. El público debe poder distinguir ambos lados del umbral.

Utilería: una calabaza grande de cartón con un LED a pilas y una tapa que permita encenderlo o apagarlo; cinco bolsas de papel, caramelos envueltos, una tarjeta de registro, bolígrafo, una caja abierta para guardar decoración, un vaso metálico y una cucharilla. Se pueden usar accesorios sencillos de disfraz: sombrero de bruja, placa de robot, orejas de gato, capa y cuello de vampiro. El timbre lo produce Damián tocando la cucharilla contra el vaso, siempre a la vista y solo cuando la acción lo indique. No se necesita grabación, apagón, fuego ni efecto especial; la iluminación de la sala permanece estable.

Reparto: cinco personajes

  • Alma: coordina el cierre y teme que todo termine en desorden; habla rápido y busca decisiones concretas.
  • Bruno: construyó la calabaza y quiere guardarla cuanto antes; usa bromas para esconder su miedo.
  • Celia: lleva el registro y las bolsas de dulces; no acepta dar por terminado lo que no puede comprobar.
  • Damián: se encarga del timbre simulado y desconfía de las explicaciones misteriosas; observa detalles.
  • Vera: debía ser la última visitante, llega con un disfraz sencillo y quiere marcharse por su cuenta; detesta que decidan por ella.

La última calabaza encendida

Escena 1. Una bolsa sin retirar

(Al fondo hay una mesa con bolsas de papel y dulces. En el pórtico, una calabaza de cartón deja salir una luz cálida de LED. ALMA recoge adornos; CELIA revisa una tarjeta; BRUNO sostiene una caja; DAMIÁN está junto al vaso y la cucharilla. La puerta simbólica queda libre.)

ALMA: Once y cuarenta. En veinte minutos tenemos que haber recogido. ¿Cuántas bolsas quedan?

CELIA: Una con nombre y cuatro de reserva. Las de reserva no cuentan. Falta la visita final.

BRUNO: Si te refieres a Vera, dijo que pasaría un momento. Eso puede significar mañana. Yo voy a guardar la calabaza.

CELIA: Mientras la bolsa tenga su nombre, no hemos cerrado el recorrido.

BRUNO: El recorrido ya acabó. Ni siquiera hay público. Esta calabaza pesa más que mis ganas de volver a casa.

DAMIÁN: Pesa poco. Le pusiste cartón fino. Lo que te preocupa es que alguien toque el timbre otra vez.

BRUNO: ¿Y a ti no? Llevas media hora ensayando ese ruido.

DAMIÁN: Una vez. Para comprobarlo. Mira.

(DAMIÁN golpea suavemente el vaso dos veces con la cucharilla.)

ALMA: Basta. Al menos que sea un timbre que podamos reconocer. Celia, ¿qué anotaste exactamente?

CELIA: «Última visita: Vera. Entrega de bolsa y salida por el pórtico». Lo escribiste tú en el plan de esta noche.

ALMA: Lo recuerdo. Pero ninguna decoración puede obligarnos a quedarnos hasta mañana.

BRUNO: Gracias. Hay una caja abierta, una calabaza que cabe dentro y cuatro personas cansadas. Es una operación muy sencilla.

(BRUNO levanta la calabaza, apaga el LED y la mete en la caja. Sin apresurarse, VERA entra por un lateral del salón. Lleva una capa corta y un cuello de vampiro de cartulina.)

VERA: ¿Ahora ya no se ve la entrada desde la calle?

ALMA: La actividad terminó. Perdona, ¿te habían citado aquí?

VERA: Tú misma me citaste, Alma.

ALMA: Sí, claro. No sé por qué he preguntado eso.

CELIA: Tu bolsa sigue en la mesa. Iba a decirte tu apellido para comprobarlo y… No me sale.

VERA: Me conoces desde hace tres años.

DAMIÁN: La conozco yo también. Estuvo cortando los murciélagos de papel esta tarde. Lo que no recuerdo es cuándo acordamos que vendría.

(VERA mira la caja. BRUNO posa la mano sobre la tapa sin cerrarla.)

VERA: Entonces más vale que saques esa calabaza.

Escena 2. La visita que nadie recuerda

BRUNO: ¿Por qué? Es una lámpara a pilas, Vera. Tiene pegamento seco por debajo y un interruptor de juguete.

VERA: Cuando entré por el lateral vi la luz apagarse. Después escuché a Alma preguntarme quién era. Esas dos cosas ocurrieron seguidas.

ALMA: Fue una pregunta absurda. No la conviertas en otra cosa.

CELIA: Dime qué disfraz llevabas el año pasado.

VERA: No viene al caso.

CELIA: Es para saber si recuerdo algo real. Te presté una bufanda amarilla para hacer de espantapájaros. Sé que pasó. Pero al mirarte ahora me cuesta unir tu cara con ese recuerdo.

DAMIÁN: A mí me ocurre con tu voz. Sé que hemos hablado esta tarde, pero no podría repetir una sola frase tuya.

BRUNO: Estamos cansados, eso es todo. Si os sirve de algo, puedo irme el primero.

VERA: No. Quiero saber por qué te empeñas tanto en cerrar la caja.

BRUNO: Porque anoche, mientras terminaba de pintarla, encontré debajo una frase que no había escrito: «No guardes la luz antes de la última salida». No quise decir nada. Pensé que alguno intentaba asustarme.

ALMA: Esa frase es del reglamento del juego. La escribí hace una semana.

BRUNO: ¿Debajo? Yo hice la base y no la vi cuando la pinté.

DAMIÁN: Un momento. Bruno teme que la calabaza atraiga a alguien. Pero solo hemos tenido un problema desde que dejó de verse.

CELIA: Estamos empezando a olvidar a Vera.

(CELIA alza la tarjeta de registro para que todos vean el nombre escrito. Es una tarjeta corriente; no hace falta que el texto cambie.)

VERA: Pues yo también me estoy olvidando de algo. Vivo en la misma calle desde hace cinco años y no recuerdo el número de mi puerta.

ALMA: ¿Puedes recordar tu nombre completo?

VERA: Vera… Sé que falta una parte. No me mires así.

BRUNO: Voy a encenderla. Solo para comprobar.

(Saca la calabaza de la caja, enciende el LED y la coloca de nuevo junto al pórtico.)

DAMIÁN: Ahora me acuerdo: Vera dibujó el murciélago que usamos en el cartel y se enfadó porque le puse unas alas enormes.

VERA: Parecía una cometa. Eso te dije.

CELIA: Vuelvo a recordarlo. No es el cansancio.

ALMA: La luz ha devuelto algo. Pero no sabemos por cuánto tiempo.

DAMIÁN: Leamos toda la instrucción, no solo la frase de la base.

(CELIA da la vuelta a la tarjeta.)

CELIA: «La última visita no termina cuando alguien entra. Termina cuando sale por el pórtico y recibe su bolsa». Lo escribimos para no dejar a nadie sin despedida al cerrar la ruta.

BRUNO: Yo creía que la luz invitaba a una visita más. Por eso quería esconderla.

DAMIÁN: Parece que era al revés. Señala una salida. Y Vera nunca completó la suya.

VERA: Entré por el lateral porque estaba molesta con Alma. No quería hacer el cierre delante de todos. Iba a recoger mi bolsa y marcharme sin pasar por ese pórtico.

ALMA: Discutimos por los horarios. No debí decidir tu turno sin preguntarte.

VERA: Eso lo hablaremos mañana. Esta noche quiero saber si todavía puedo irme siendo yo.

Escena 3. Salir cinco

(ALMA aparta la caja de la entrada y la conserva para llevársela al salir, sin bloquear el paso. BRUNO sostiene la calabaza encendida cerca del umbral. CELIA toma la bolsa marcada «Vera»; las cuatro de reserva siguen sobre la mesa. DAMIÁN sostiene el vaso y la cucharilla.)

ALMA: No vamos a pedirte que participes en una broma. La salida está ahí. Podemos acompañarte y ver qué ocurre.

VERA: ¿Y si al cruzar me olvidáis por completo?

CELIA: Tu nombre está escrito. Solo falta anotar la salida. Puedo conservar la tarjeta.

DAMIÁN: Podría decir que todo esto es una coincidencia. Pero hace un minuto me parecía extraño que hubiera cinco bolsas sobre la mesa. Ahora recuerdo que una llevaba tu nombre.

BRUNO: Mi idea de guardarla nos metió en esto. Seré el último en tocar el interruptor.

VERA: No basta con que tú lo arregles. Esta mañana nadie quiso escuchar cuando pedí cambiar el cierre de la actividad. No voy a hacer ahora lo que decidáis cuatro personas por mí.

ALMA: Tienes razón. ¿Qué propones?

VERA: Que salgamos juntos. Que yo cruce primero como visitante y que nadie se quede aquí contando desde lejos.

CELIA: Te daré la bolsa al otro lado, para que quede claro que has terminado.

DAMIÁN: ¿Usamos el timbre?

VERA: Una vez. Sin fingir que hay alguien esperando detrás de la puerta.

BRUNO: Yo sujetaré la luz. No puedo prometer que entienda cómo funciona, pero sí que no la esconderé otra vez.

ALMA: Y yo anotaré la salida cuando los cinco estemos fuera. Esta vez no habrá prisa que valga.

(VERA se acerca a una marca que representa el botón. DAMIÁN produce un único timbre de dos golpes suaves en el vaso y guarda el vaso y la cucharilla en la caja que lleva ALMA. VERA espera sin cruzar de inmediato.)

VERA: Ahora recuerdo cómo empieza mi apellido, pero todavía no sé mi dirección. Quiero salir.

CELIA: Entonces termina el recorrido.

(Antes de cruzar, ALMA, BRUNO, CELIA y DAMIÁN toman cada uno una de las cuatro bolsas de reserva; CELIA lleva además la de VERA. ALMA transporta la caja abierta. VERA cruza el umbral primero. Los otros cuatro la siguen, uno a uno, sin dejar el escenario a oscuras. BRUNO lleva la calabaza encendida y visible. ALMA deja la caja y su bolsa en el lado exterior del umbral. Nadie vuelve al lado interior.)

VERA: Salcedo. Vera Salcedo. Vivo en el dieciocho. Me acuerdo de todo.

DAMIÁN: Vera Salcedo. La del murciélago que parecía cometa. No se me olvida.

ALMA: A mí tampoco. ¿Estamos los cinco?

CELIA: Alma, Bruno, Damián, Vera y yo. Cinco. Vera, aquí tienes tus dulces.

(CELIA entrega la bolsa. VERA toma un caramelo, pero deja la bolsa abierta para compartirlo después. ALMA anota la salida y muestra la tarjeta al grupo.)

VERA: Esta vez sí hemos terminado.

BRUNO: ¿Puedo apagarla?

VERA: Ahora sí. Pero no la guardes sin mirar antes que nadie se haya quedado atrás.

(BRUNO apaga solamente el LED, a la vista, y coloca la calabaza en la caja que ALMA dejó fuera. La luz general sigue encendida. Los cinco salen juntos por el lado exterior del pórtico, sin regresar al salón. Fin.)

Para representar más escenas de suspense, pueden consultarse las obras de teatro de terror. Quienes prefieran leer antes de actuar encontrarán tres ficciones originales en Cuentos cortos de Halloween: tres historias de calabazas y dulces.

Por Shyvirelle.

Acerca del autor

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Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.