Mitos y Leyendas

La leyenda de las momias de Guanajuato: qué se cuenta y qué se sabe

La leyenda de las momias de Guanajuato: qué se cuenta y qué se sabe

Hay un temor que vuelve una y otra vez cuando se habla de las momias de Guanajuato: ¿y si alguna de aquellas personas hubiera sido sepultada mientras todavía respiraba? La pregunta alimenta una leyenda conocida, pero no debe confundirse con lo que se ha podido investigar. Detrás de los rostros que hoy vemos en fotografías y museos hubo personas con una vida propia; detrás del relato de terror hay una historia de cementerio, exhumaciones y conservación natural.

Un conserje con una escoba y una lámpara recorre de noche un pasillo de nichos cerrados en un cementerio imaginario.
Ilustración del relato ficticio «Los golpes del nicho».

De un panteón a una colección

Los cuerpos que dieron origen al Museo de las Momias de Guanajuato proceden del panteón de Santa Paula, en la ciudad de Guanajuato. El museo municipal explica que hubo exhumaciones cuando fue necesario reutilizar sepulturas. Algunos cuerpos se habían conservado de una manera inesperada. La ficha del Sistema de Información Cultural (SIC) cuenta que, antes de existir las salas actuales, las visitas a las catacumbas eran informales y estaban movidas por la curiosidad.

Entre los cuerpos de la colección figura el de Remigio Leroy, un médico francés al que el museo y el SIC identifican como el primero encontrado. Las momias no fueron personajes de una misma historia de terror: se trata de restos de personas que vivieron y murieron en circunstancias distintas.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explica que la momificación natural se relaciona con la deshidratación del cuerpo y con factores que pueden frenar la descomposición. Para los restos de Guanajuato, pertenecientes a los siglos XIX y XX, menciona una combinación de condiciones: el clima, la ubicación de las sepulturas, el sol y el viento recibidos, la falta de oxígeno dentro de los nichos y los materiales de los ataúdes. No hubo una causa única, ni es correcto confundir esa conservación con un embalsamamiento deliberado.

La leyenda del entierro en vida

El propio museo municipal recoge una leyenda popular: durante una epidemia de cólera, algunas personas habrían parecido muertas a causa de una parálisis y las habrían sepultado mientras aún vivían. Quienes cuentan esta historia ven en algunas bocas abiertas la huella de un grito bajo tierra. El museo la presenta como leyenda, no como una prueba de que esos entierros sucedieron.

El INAH ofrece una explicación distinta para ciertos gestos de los rostros. En algunos entierros se utilizaba una venda o tela para mantener cerrada la mandíbula; cuando faltaba esa sujeción, la relajación de los tejidos podía dejar la boca abierta. Esa apariencia no demuestra que alguien despertara dentro de un nicho. Tampoco permite reconstruir los últimos instantes de una vida.

Recreación literaria: «Los golpes del nicho»

El siguiente relato es una ficción original inspirada en la creencia del entierro prematuro. Jacinto, las conversaciones y lo ocurrido esa noche son inventados: no constituyen un testimonio ni un hecho documentado sobre las momias de Guanajuato.

Jacinto llevaba tres semanas ayudando en el cementerio cuando escuchó el primer golpe. Venía de la hilera de nichos que quedaba a oscuras antes que las demás, allí donde la lámpara del pasillo apenas alcanzaba a dibujar las esquinas.

Se detuvo con la escoba en la mano. Sonó otro golpe. Después, un tercero.

El día anterior, una mujer le había contado la historia de alguien sepultado por error. Lo había dicho tan tranquila, acomodándose el rebozo, que Jacinto no supo si quería advertirlo o asustarlo.

Apoyó el oído en el muro. Nada. Pensó en ir a buscar a un compañero, pero le dio vergüenza. Probó entonces a llamar con los nudillos.

—¿Hay alguien?

Le contestó un golpe seco.

Retrocedió hasta chocar con su cubeta. La lámpara tembló. Estuvo a punto de echar a correr cuando vio que una pequeña puerta de metal, mal cerrada, se movía con el viento al otro extremo del pasillo. Fue hasta ella. La sostuvo con una mano. El ruido cesó.

Jacinto soltó una risa que no le salió completa. Cerró la puerta y regresó por la escoba. Frente al nicho dejó de mirar las manchas de humedad como si fueran letras. Ya estaba junto a la salida cuando escuchó, muy cerca, cuatro golpes seguidos.

En la mañana pidió que repararan aquella puerta. Sobre el resto de la noche no dijo nada. A veces, pensaba, bastaba un ruido para dar forma a una historia; lo difícil era saber cuándo se había acabado.

La historia no es una película

La imagen de las momias también llegó al cine. Las momias de Guanajuato (1972) es una película de luchadores mencionada por el INAH; La leyenda de las momias de Guanajuato (2014) es una película animada identificada en el SIC. Son obras diferentes y ninguna documenta un entierro en vida.

Los estudios del INAH recuerdan que estos restos pertenecieron a personas con historias propias. También advierten del deterioro causado por el manejo y la exposición de los cuerpos.

Podemos imaginar un relato inquietante como el de Jacinto, pero no adjudicárselo a una persona real sin pruebas. Ese límite permite contar la leyenda sin borrar la memoria de quienes están detrás de ella.

Fuentes de referencia

Firma editorial: Shyvirelle.

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Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.