El cascanueces: cuento adaptado de E. T. A. Hoffmann
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Autor original: E. T. A. Hoffmann (1816). Adaptación y redacción: Shyvirelle. Fuente de la obra clásica: Leer el texto alemán de Hoffmann en Dartmouth College. Esta es una versión abreviada de redacción propia, no el texto íntegro del autor.

Era la víspera de Navidad en casa de los Stahlbaum. Marie y su hermano Fritz esperaban con impaciencia el momento de ver los regalos. Sabían que su padrino Drosselmeier, experto en relojes y mecanismos, les llevaría alguna sorpresa.
Cuando se abrieron las puertas del salón, encontraron juguetes, libros, figuras y un pequeño castillo construido por el padrino. Entre los regalos había un muñeco de madera con una boca enorme, capaz de partir nueces.
—Tiene una cara muy graciosa —dijo Marie—. Yo lo cuidaré.
Fritz quiso probarlo con una nuez demasiado dura. La boca del muñeco se estropeó, y Marie lo recogió con cuidado. Lo acomodó en el armario de juguetes y le puso una cinta como vendaje.
Más tarde, su madre permitió que se quedara un rato en el salón. Marie contemplaba al cascanueces cuando el reloj dio las doce. De repente, los soldados de juguete se movieron. Detrás de los muebles aparecieron ratones, dirigidos por un rey que tenía siete cabezas.
—¡Defiendan el armario! —ordenó el cascanueces, que también había cobrado vida.
El ejército de juguetes intentó detener a los ratones, pero retrocedió. Cuando el rey estaba a punto de alcanzar al cascanueces, Marie le arrojó uno de sus zapatos. Hubo un ruido fuerte y la niña perdió el sentido.
Despertó en su cama. Había tropezado con la vitrina y se había lastimado un brazo. Sus familiares pensaron que la batalla había sido un sueño.
Drosselmeier fue a visitarla y le contó una historia antigua.
En un reino lejano vivía la princesa Pirlipat. Una reina de los ratones, llamada Mauserinks, había lanzado un hechizo sobre ella. Para romperlo hacía falta una nuez muy especial, la Krakatuk. Un joven debía partirla, ofrecer su fruto a la princesa con los ojos cerrados y dar siete pasos hacia atrás sin tropezar.
Pasaron años hasta que un relojero de la familia Drosselmeier encontró la nuez. Su joven sobrino fue elegido para cumplir la tarea. Partió la cáscara, entregó el fruto y la princesa recuperó su aspecto anterior. Pero en el último paso apareció Mauserinks. El joven tropezó y quedó convertido en un cascanueces de madera.
La princesa no quiso reconocer lo que aquel muchacho había hecho por ella. El rey lo echó del palacio.
—¿Y nunca podrá volver a ser él mismo? —preguntó Marie.
—El hechizo terminará si vence al hijo de Mauserinks, el rey de siete cabezas, y alguien lo quiere a pesar de su aspecto —respondió su padrino.
Marie miró al muñeco del armario. Ahora entendía por qué necesitaba ayuda.
En las noches siguientes oyó al rey de los ratones. El animal amenazaba con destruir al cascanueces si ella no le entregaba sus dulces y algunos juguetes. Marie cedió varias veces para proteger a su amigo, pero las exigencias no terminaban.
Una noche, el cascanueces habló en voz baja:
—Puedo enfrentarme a él, pero necesito una espada.
Marie pidió ayuda a Fritz. Su hermano tomó una espada pequeña de uno de sus soldados y se la dio al cascanueces. Aquella noche, mientras la casa dormía, hubo una última batalla. Esta vez el cascanueces venció al rey de los ratones.
Al amanecer, el muñeco mostró a Marie siete coronitas doradas: la prueba de su victoria.
—Quiero darte las gracias —dijo—. ¿Me acompañas a conocer mi país?
La condujo hasta un armario. Detrás de un abrigo apareció una escalera diminuta, y al subir llegaron a un prado que brillaba como azúcar. Cruzaron un bosque perfumado, vieron un río de limonada y entraron en una ciudad donde las casas parecían hechas de dulces.
En el castillo de mazapán, cuatro princesas recibieron al cascanueces como a un hermano querido. También dieron las gracias a Marie por haberlo defendido. Ella escuchó música, recorrió las salas y, sin darse cuenta, se quedó dormida.
A la mañana siguiente estaba en su cama. Contó el viaje, pero los adultos creyeron que había soñado. Incluso cuando mostró las siete coronas, nadie aceptó su explicación. Marie, sin embargo, seguía segura de lo que había vivido.
Un día miró al cascanueces y dijo:
—Aunque nunca vuelvas a cambiar, no dejaré de ser tu amiga. No te rechazaría como hizo Pirlipat.
En ese momento se oyó un ruido extraño. Poco después llegó a casa un joven visitante: era el sobrino de Drosselmeier, recién llegado de Núremberg. Su sonrisa le recordó a Marie el rostro de su amigo.
Cuando estuvieron a solas, el joven le confesó que su cariño había terminado de romper el hechizo. Le pidió que fuera su prometida y que algún día gobernara con él aquel país. Marie aceptó.
El cuento de Hoffmann termina diciendo que, al cabo de un año, el joven volvió a buscarla en un carruaje de oro, celebraron su boda y Marie llegó a ser reina de aquel país fantástico. Tal vez nadie de su familia supo cómo había empezado todo; ella nunca olvidó al pequeño cascanueces al que había decidido cuidar.
Resumen en tres frases
Marie protege un cascanueces que parece un juguete, pero que está bajo un hechizo. Conoce la historia de la princesa Pirlipat, ayuda al muñeco a vencer al rey de los ratones y visita un reino fantástico. Al aceptarlo sin juzgar su aspecto, Marie rompe el encanto y, en el final antiguo de Hoffmann, ambos se casan y ella llega a ser reina.
Preguntas y respuestas
- Pregunta: ¿Cómo se llama la niña que protege al cascanueces? Respuesta: Marie Stahlbaum.
- Pregunta: ¿Para qué servía la nuez Krakatuk? Respuesta: Para romper el hechizo de la princesa Pirlipat cuando el joven cumpliera las condiciones indicadas.
- Pregunta: ¿Qué dos cosas necesitaba el cascanueces para librarse de su hechizo? Respuesta: Vencer al rey de los ratones y ser querido a pesar de su aspecto.
Actividad de cinco minutos
Actividad opcional (5 minutos): dibuja un mapa muy sencillo del viaje al reino fantástico. Marca cuatro lugares en orden: armario, prado de azúcar, río de limonada y castillo de mazapán. Une los puntos con una línea y añade una flecha para señalar el camino de Marie.
Nota sobre el desenlace: Hoffmann escribió esta boda fantástica en 1816, con Marie aún niña. Se conserva por fidelidad al cuento antiguo, no como ejemplo de matrimonio apropiado para la infancia actual.
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