La leyenda de Popocatépetl e Iztaccíhuatl relaciona la silueta de los dos volcanes mexicanos con una historia de amor y pérdida.
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La promesa
Iztaccíhuatl era hija de un gobernante y Popocatépetl, un joven guerrero. Los dos querían casarse.
Un día, Popocatépetl tuvo que partir con otros guerreros.
Antes de despedirse buscó a Iztaccíhuatl.
—Volveré —le dijo.
—Entonces te esperaré —respondió ella.
No sabían cuánto duraría la separación. Iztaccíhuatl siguió con su vida mientras esperaba noticias.
La noticia falsa
Pasó el tiempo. Un hombre que conocía el amor de los jóvenes llegó con una noticia terrible.
—Popocatépetl ha muerto —aseguró.
La noticia era falsa.
Iztaccíhuatl preguntó varias veces si alguien podía confirmarla, pero nadie traía información distinta. Los días pasaron y Popocatépetl no regresaba.
La joven cayó en una tristeza profunda. Murió sin llegar a saber que Popocatépetl seguía vivo.
El regreso
Popocatépetl finalmente volvió y preguntó por ella.
Nadie quiso responder al principio.
—¿Dónde está Iztaccíhuatl?
Entonces conoció lo ocurrido.
Popocatépetl llevó a Iztaccíhuatl hacia las montañas. La recostó en lo alto, donde podía ver el valle que los dos habían conocido. Después encendió una antorcha y se quedó a su lado. Pasaron los días. La nieve cubrió a la joven y al guerrero, hasta que sus siluetas formaron las dos montañas de la leyenda.
Iztaccíhuatl queda asociada con la figura de una mujer recostada. Popocatépetl permanece cerca, como si continuara vigilándola.


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