El Huay Chivo es una figura de relatos de la península de Yucatán. Se lo representa como un ser de apariencia caprina asociado con poderes sobrenaturales. Una versión recogida por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo relaciona su aparición con la persecución de un hombre al que el pueblo culpaba de sus desgracias.
Este cuento utiliza el motivo del ser que acecha los caminos, pero inventa sus personajes y su trama. No es la transcripción de un relato maya ni un testimonio real.

Lo que cuidaba el corral
La cabra volvió al corral sin su cría.
Inés lo notó apenas abrió la puerta: el animal entró solo, golpeando con la cabeza el travesaño que siempre esquivaba. Llevaba las patas cubiertas de lodo. Dio una vuelta junto al comedero y se quedó mirando hacia el camino.
La cría tenía una cuerda azul en el cuello. Inés había hecho el nudo esa misma mañana para poder reconocerla entre los animales de los vecinos.
Tomó una linterna y salió a buscarla.
Su hermano quiso acompañarla. Ella le pidió que se quedara junto a la cabra, por si el pequeño animal regresaba mientras estaba fuera.
El sendero pasaba entre dos cercas y luego se internaba en una franja de árboles. Inés conocía cada tramo. Se había caído allí de niña, había perdido un zapato y había encontrado monedas enterradas en el polvo. Nunca le había parecido un lugar extraño.
Hasta esa noche.
La linterna iluminó una cuerda azul sobre el suelo.
No estaba rota. El nudo seguía hecho, como si alguien se hubiera tomado el trabajo de pasarla por encima de la cabeza de la cría.
Inés se agachó para recogerla.
Entonces oyó un golpe al otro lado de la cerca.
Apuntó la luz hacia los árboles. Entre las ramas vio dos cuernos. Estaban demasiado altos. Pensó que un chivo se había subido a algún tronco, pero el tronco se movió.
El animal dio un paso hacia ella.
Inés alcanzó a ver una mano apoyada en el alambre.
La luz le tembló. Volvió a apuntar al mismo lugar, pero la mano ya no estaba. Quedaba la cerca vibrando.
Desde el camino llegó un balido.
Era la cría.
Inés quiso llamarla. Antes de pronunciar su nombre escuchó otra voz, muy cerca de su oído.
—La buscas.
Retrocedió hasta chocar con el poste. Nadie estaba a su lado. La figura de los cuernos seguía detrás de la cerca, moviéndose con lentitud hacia donde el alambre estaba más flojo.
Inés recordó el nombre que su abuelo había usado para asustar a los adultos cuando volvían tarde: Huay Chivo. Nunca se lo había contado como una advertencia para niños. Lo decía con una seriedad que terminaba por callar a los demás.
La cría volvió a balar.
Al iluminar el camino, Inés la encontró junto a los árboles. El pequeño animal estaba atrapado por una rama. No parecía herido.
Había que atravesar el espacio que la separaba de aquella figura para llegar hasta él.
Inés se quitó el saco y lo arrojó sobre el alambre. La tela quedó prendida en una punta. La figura inclinó la cabeza hacia la prenda.
Ella echó a correr.
Recogió la cría, la apretó contra su pecho y siguió por el sendero sin mirar hacia atrás. Sintió los golpes de sus pequeñas pezuñas contra el brazo. Un cuerno arañó la cerca a sus espaldas, con un ruido que la siguió hasta la puerta de su casa.
Su hermano la esperaba con otra linterna.
Cuando vio el animal, sonrió. Después miró la cara de Inés y dejó de hacerlo.
Ella cerró el portón. Apoyó la espalda en la madera y solo entonces pudo soltar a la cría.
Del otro lado de la puerta algo rozó el suelo.
Pasaron varios minutos. El roce se alejó.
Al amanecer encontraron el saco colgado del travesaño del corral. No tenía ninguna rotura. Solo estaba húmedo y desprendía un olor fuerte, desconocido.
Inés lo llevó hasta los árboles y lo dejó sobre una piedra.
No quiso convertir a un vecino en sospechoso ni salir con otros a cazar lo que había visto. Sabía cuántas historias empezaban con una multitud que se convencía de conocer al culpable.
Desde entonces cerraba el corral antes de que desapareciera la luz. La cría creció y perdió la cuerda azul.
El saco permaneció sobre la piedra durante días.
Una mañana ya no estaba.
Procedencia de la historia
La figura del Huay Chivo inspira el encuentro. Inés, la cría, el saco y todos los acontecimientos del cuento son creación de esta versión, no detalles documentados de una leyenda local. Las creencias de las comunidades no se reducen a un único monstruo ni a un catálogo de peligros reales.
Como referencia puede leerse el apartado dedicado al Huay Chivo en «Monstruos de México», de la Gaceta de la UAEH. Aquí no se reproduce su narración ni se ofrece una etimología propia.
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