La leyenda del molino de sal: por qué el mar es salado
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Hace mucho tiempo, según un cuento tradicional noruego, el mar era distinto de como lo conocemos. Su sal apareció por culpa de un molino pequeño que podía producir cuanto se le pidiera, pero que no se detenía con cualquier orden. La historia fue recogida en la tradición de Asbjørnsen y Moe y se conoce, entre otros títulos, como Por qué el mar es salado.

La leyenda del molino de sal
El regalo que nadie esperaba
En una aldea vivían dos hermanos. El mayor tenía una casa grande, reservas para el invierno y un establo lleno. El menor apenas lograba alimentar a su familia. Una víspera de Navidad, cuando no quedaba nada en su despensa, el hermano pobre decidió pedir ayuda.
El rico lo recibió con mala cara. Después de escucharlo, le entregó una gran pieza de carne y le puso una condición absurda: debía llevarla al lugar oscuro que había mencionado como burla, al Infierno de los cuentos.
—Lo prometido es deuda —murmuró el hermano menor, que ya había aceptado el trato.
Caminó durante horas, hasta que vio un resplandor detrás de los árboles. Junto a un cobertizo, un anciano cortaba leña para la fiesta.
—Busco un sitio al que nadie quiere ir —le dijo el viajero—. Y traigo esto porque di mi palabra.
El anciano miró la carne y sonrió.
—Dentro querrán comprártela. No aceptes dinero. Pide el molino pequeño que guardan detrás de la puerta. Pero escucha bien: cuando salgas, vuelve a verme. Yo te enseñaré a hacerlo funcionar y, más importante, a detenerlo.
El hombre entró. Allí, en aquel lugar extraño de la leyenda, todos querían la carne. Le ofrecieron monedas, objetos brillantes y otras riquezas. Él solo señaló la pequeña piedra de moler. Al final se la entregaron.
Antes de emprender el camino de regreso, visitó al anciano y aprendió las palabras necesarias para mandar y detener al molino. Luego guardó el objeto en su saco.
Una mesa llena de comida
Cuando volvió a casa ya era muy tarde. Su esposa lo esperaba con una vela casi consumida.
—¿Qué vamos a comer? —preguntó ella.
El hombre puso el molino sobre la mesa y pidió pan, comida caliente y bebida. El molino comenzó a girar. No había harina delante ni granos en la habitación, pero de él salieron las cosas que habían faltado todo el día.
La mujer retrocedió sorprendida. Su marido, que conocía las palabras adecuadas, lo detuvo antes de que la mesa se desbordara.
Por primera vez en mucho tiempo hubo una cena abundante. En los días siguientes invitaron a sus parientes. El hermano mayor, que esperaba encontrar una familia miserable, vio los platos llenos y quiso conocer el secreto.
El menor intentó no contárselo. Pero durante una reunión sacó el molino y le mostró lo que podía hacer. El rico quedó fascinado. Insistió tanto que el dueño aceptó vendérselo por una suma importante, con la condición de conservarlo hasta que llegara la época de recoger el heno.
Llegado el día acordado, el hermano mayor se llevó el molino. Se marchó tan contento que no aprendió cómo se detenía.
La comida que invadió la casa
A la mañana siguiente quiso preparar la comida sin ayuda. Colocó el molino sobre una mesa y le pidió arenques y caldo. El molino cumplió la orden. Primero llenó las ollas. Después cubrió el suelo. El hombre giró la piedra, la sujetó con ambas manos y gritó que bastaba.
Pero el molino seguía trabajando. El caldo llegó a los umbrales y los pescados comenzaron a deslizarse por la puerta. El rico salió corriendo mientras la comida avanzaba por el camino como un pequeño río.
Encontró a su hermano y le suplicó que recuperara el objeto. El menor aceptó, pero reclamó otro pago. Entonces pronunció las palabras que el anciano le había enseñado, y el molino quedó en silencio.
Con el tiempo, el hombre que antes pasaba hambre prosperó. Tenía una casa junto a la costa y la gente llegaba a visitarlo para conocer aquel objeto tan extraño.
El capitán y el último encargo
Un día arribó un capitán de barco que comerciaba con sal. Había oído que el molino podía producir cualquier cosa y pensó en los viajes que ya no tendría que hacer.
—¿También consigue sal? —preguntó.
—También sal —respondió el dueño.
El capitán insistió hasta que logró comprarlo por mucho dinero. Temía que el vendedor cambiara de opinión, así que se apresuró a subirlo a bordo. Ni siquiera pidió una demostración de las palabras que servían para detenerlo.
Cuando la costa apenas se veía, ordenó al molino que produjera sal. La cubierta empezó a llenarse de granos blancos. El capitán abrió varios sacos, pero se llenaron enseguida. Pidió más barriles, y también quedaron rebosantes.
—¡Basta! —gritó cuando la sal le llegaba a las rodillas.
El molino no hizo caso. Los marineros intentaron moverlo. Otros arrojaron parte de la carga al agua. Todo fue inútil: seguía produciendo sal. El peso fue hundiendo el barco, primero de un lado y después de proa. Los hombres apenas pudieron luchar por salvarse mientras la embarcación desaparecía bajo las olas.
El molino cayó hasta el fondo. Y cuenta la leyenda que, como nadie ha vuelto a decirle las palabras correctas, sigue moliendo sal bajo el mar. Por eso, concluye el cuento, el agua de los océanos tiene ese sabor.
De dónde viene esta historia
Esta recreación sigue la secuencia de la variante noruega conocida en inglés como Why the Sea Is Salt, incluida en Popular Tales from the Norse, versión de George Webbe Dasent de relatos reunidos por Peter Christen Asbjørnsen y Jørgen Moe. Los personajes no reciben nombres propios en esa versión; los diálogos de este relato están escritos de nuevo en español.
Hay otro relato nórdico sobre un molino extraordinario, el de Grótti y las gigantes Fenja y Menja. Allí cambian los protagonistas y la historia del molino. No se han unido las dos narraciones: la lectura anterior conserva el argumento del hombre pobre, su hermano rico y el capitán.
Por qué el océano es salado en realidad
La explicación del molino es imaginaria. La salinidad marina se debe a procesos naturales: las rocas liberan minerales que el agua transporta hacia el mar y también hay aportes desde el fondo oceánico. Las sustancias disueltas se acumulan y circulan durante períodos muy largos. La leyenda ofrece una respuesta fantástica a una pregunta real, no un fenómeno que haya sido observado.
Fuentes del cuento y de la explicación natural
- Popular Tales from the Norse, «Why the Sea Is Salt», Project Gutenberg: argumento tradicional usado para esta adaptación.
- D. L. Ashliman, «Why the Sea Is Salty», Universidad de Pittsburgh: variantes y relación con el tipo folclórico del molino mágico.
- NOAA, «Why is the ocean salty?»: explicación geológica general de la salinidad.
Adaptación original: Shyvirelle. Tradición oral noruega reunida por Asbjørnsen y Moe; versión de consulta de George Webbe Dasent. Los sucesos mágicos pertenecen al cuento.
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