Rumpelstiltskin: cuento adaptado de los hermanos Grimm
Lectura original: https://relatoscortos.org/rumpelstiltskin-cuento-adaptado-hermanos-grimm/
Adaptación de «Rumpelstiltskin», cuento recogido por los hermanos Grimm. La narración está escrita de nuevo en español sencillo y conserva el desenlace de la edición consultada.

La fanfarronada del molinero
Junto a un río había un molino que funcionaba desde el amanecer. Allí vivían un molinero y su hija. La joven sabía trabajar, ordenar las cuentas y encontrar soluciones a los pequeños problemas del molino. Su padre estaba tan orgulloso de ella que, cuando hablaba con otras personas, exageraba sus cualidades.
Un día el rey pasó por aquella región. El molinero quiso impresionarlo y dijo algo que no era cierto:
—Mi hija tiene una habilidad extraordinaria. ¡Puede convertir la paja en hilos de oro!
El rey, que deseaba poseer mucho oro, ordenó que llevaran a la muchacha al palacio. Allí la condujo a una habitación llena de paja. Había una rueca junto a la ventana.
—Quiero que toda esta paja sea oro antes de que amanezca —dijo—. Si no lo consigues, recibirás un castigo terrible.
La joven trató de explicarle que su padre había inventado aquella historia. El rey no quiso escucharla y cerró la puerta.
Al quedar sola, se sentó junto a la rueca. No conocía ninguna manera de transformar paja en metal. Por más que miraba las largas hebras secas, no encontraba una solución.
Entonces apareció un hombrecillo desconocido.
—¿Por qué lloras? —preguntó.
—Me exigen hilar oro con esta paja. Es imposible.
—Yo puedo hacerlo. ¿Qué me darás a cambio?
La joven llevaba un collar que apreciaba mucho, pero no veía otra salida.
—Te daré mi collar.
El hombrecillo aceptó. Se sentó ante la rueca, la hizo girar y, mientras trabajaba, el montón de paja se convirtió en hilos dorados. Antes del amanecer había terminado. Tomó el collar y desapareció.
Cuando el rey vio el oro, no pensó en dejar libre a la joven. Quiso tener todavía más. La encerró en una segunda habitación, con un montón de paja mayor que el primero.
El hombrecillo volvió aquella noche.
—¿Qué me darás esta vez?
—Mi anillo —respondió ella, mirando su mano.
La rueca giró de nuevo hasta que la habitación brilló con los hilos de oro. El desconocido se llevó el anillo y se marchó.
El precio de la tercera noche
El rey estaba encantado con tanta riqueza, pero seguía sin estar satisfecho. Llevó a la hija del molinero a una tercera sala, más grande que las anteriores.
—Si conviertes también esta paja en oro, te haré reina —anunció.
La muchacha miró la montaña de paja y sintió que se le acababan las fuerzas. Ya no tenía collar ni anillo para entregar.
Como las otras noches, apareció el hombrecillo y se acercó a la rueca.
—¿Qué puedes ofrecerme ahora?
—No tengo nada más.
El desconocido la observó un momento.
—Prométeme que, si algún día tienes un primer hijo cuando seas reina, me lo entregarás.
Ella retrocedió. Era una petición terrible. Ni siquiera sabía si sería reina ni si tendría hijos algún día. Pero estaba encerrada, tenía miedo del rey y no encontraba cómo escapar de su exigencia. Al final aceptó aquella promesa que no deseaba hacer.
El hombrecillo puso las manos en la rueca. Antes de la mañana, toda la paja era oro.
El rey cumplió lo que había anunciado y se casó con la hija del molinero. Pasó el tiempo. La joven se convirtió en reina y tuvo un bebé, al que cuidaba con alegría. Durante aquellos meses casi había olvidado al extraño visitante de las tres noches.
Una tarde, mientras sostenía a su hijo, el hombrecillo apareció ante ella.
—He venido a buscar lo que me prometiste.
La reina abrazó al bebé. Le ofreció sus joyas, dinero y todos los tesoros que pudiera reunir, pero el hombrecillo no aceptó.
—No quiero riquezas. Sin embargo, te daré una oportunidad: tienes tres días para descubrir mi nombre. Si lo dices correctamente, el niño se quedará contigo.
La reina se quedó mirando la puerta por la que había desaparecido. Solo tenía tres días, pero estaba decidida a encontrar la respuesta.
Tres días y un nombre escondido
La primera noche, la reina escribió en varias hojas todos los nombres que conocía. Preguntó a las personas del palacio y mandó buscar otros por las aldeas.
Al día siguiente llegó el hombrecillo.
—¿Ya sabes mi nombre?
—¿Te llamas Martín? ¿O quizá Tomás? ¿Benjamín?
El visitante negó con la cabeza después de cada pregunta. Ninguno era el suyo.
El segundo día, la reina intentó nombres poco frecuentes que sus mensajeros habían oído durante el viaje. Los pronunció despacio, uno tras otro. El hombrecillo escuchó sin perder la sonrisa.
—Has vuelto a fallar —dijo antes de marcharse.
La reina casi no durmió aquella noche. El tercer día sería el último. Mientras esperaba noticias, caminó de una ventana a otra. Cada paso que oía en el pasillo la hacía levantar la mirada.
Por fin regresó un mensajero cansado, con polvo en los zapatos.
—He encontrado algo extraño —contó—. Ayer crucé una colina del bosque. Cerca de una cabaña vi a un hombrecillo bailando alrededor de una pequeña fogata. Cantaba que nadie averiguaría su nombre. Y al final dijo una palabra muy rara: «¡Rumpelstiltskin!».
La reina le pidió que repitiera el nombre hasta poder recordarlo. Después agradeció al mensajero su esfuerzo y se preparó para la última visita.
Cuando el hombrecillo entró, parecía seguro de ganar.
—Esta es tu última oportunidad —anunció—. ¿Cómo me llamo?
La reina fingió pensar.
—¿Es Pedro?
—No.
—¿Es Juan?
—Tampoco.
Ella sostuvo la mirada del visitante.
—Entonces, ¿tu nombre es Rumpelstiltskin?
El hombrecillo dio un salto de rabia. Gritó que alguien le había contado el secreto y golpeó el suelo con el pie. El pie se le quedó atascado por un instante; consiguió liberarlo y salió apresuradamente del palacio. No volvió a reclamar al bebé.
La reina respiró aliviada y tomó a su hijo en brazos. La promesa de aquella noche difícil ya no los separaría. Afuera, el río seguía corriendo junto al molino donde había empezado todo.
Resumen del cuento
Un molinero presume de que su hija puede hilar oro con paja y el rey la obliga a demostrarlo. Un hombrecillo la ayuda durante tres noches, pero a cambio de la tercera le exige una promesa sobre su futuro hijo. Tiempo después, la reina consigue conservar a su bebé al descubrir, gracias a un mensajero, que el extraño se llama Rumpelstiltskin.
Preguntas de comprensión
- ¿Qué afirmó el molinero sobre su hija y por qué era falso?
- ¿Qué entregó la joven al hombrecillo durante las dos primeras noches?
- ¿Qué pidió el hombrecillo como pago la tercera noche?
- ¿Cómo descubrió la reina el nombre verdadero del visitante?
Respuestas
- Dijo que ella podía convertir paja en hilos de oro, aunque no sabía hacerlo.
- La primera noche le entregó un collar; la segunda, un anillo.
- Pidió que le entregara a su primer hijo si algún día llegaba a ser reina y tenía un bebé.
- Un mensajero oyó al hombrecillo cantar su nombre junto a una cabaña del bosque y regresó para contárselo.
Pregunta abierta
¿Qué otra pista te habría gustado encontrar durante los tres días de búsqueda y cómo la habrías utilizado?
Para leer en familia
Al terminar, pueden recordar las tres noches de la rueca y ordenar lo que se ofreció en cada una. También pueden conversar sobre por qué la reina buscó ayuda y qué cambió cuando apareció el mensajero.
Adaptación: Shyvirelle.
Fuente primaria
Jacob y Wilhelm Grimm, «Rumpelstiltskin», en Grimms’ Fairy Tales, edición inglesa conservada por Project Gutenberg: https://www.gutenberg.org/files/2591/2591-h/2591-h.htm.
Sigue leyendo en Cuentos Infantiles con Moraleja.
