Entre las leyendas de Jalisco, una de las más conocidas en Guadalajara está ligada al Panteón de Belén. Habla de un extranjero al que los vecinos comenzaron a mirar con miedo y de un árbol que, según el relato popular, nació donde fue enterrado.

El desconocido que salía de noche
El hombre llegó a Guadalajara sin hacer mucho ruido. Rentó una casa, compró lo necesario y casi no hablaba con sus vecinos.
Lo extraño era su horario.
Durante el día, las ventanas permanecían cerradas. Al caer la noche, el extranjero salía y caminaba por calles cada vez más vacías. Al principio nadie le dio importancia. Después comenzaron a aparecer animales muertos y la gente decía que les habían quitado la sangre. Los rumores se extendieron de una calle a otra.
—Nunca lo he visto bajo el sol —dijo una mujer.
—Y siempre vuelve antes del amanecer —respondió otra.
Cada historia hacía crecer la siguiente. Un ruido en un corral se convertía en una visita del desconocido. Una sombra entre dos casas bastaba para que alguien jurara haberlo visto.
La sospecha
Una noche, varios vecinos decidieron seguirlo. Lo vieron alejarse por una calle oscura y lo perdieron detrás de una esquina.
Cuando llegaron, no encontraron a nadie.
Solo había una puerta entreabierta y una corriente de aire frío.
Desde ese momento, la palabra vampiro comenzó a circular. El miedo hizo el resto.
La versión popular cuenta que finalmente un grupo se enfrentó al extranjero y terminó con él usando una estaca. Después lo enterraron en el Panteón de Belén.
El árbol sobre la tumba
Parecía que todo había terminado.
Pero de la tumba comenzó a brotar un árbol.
Primero fue un tallo pequeño. Después el tronco se hizo más grueso y las raíces empezaron a abrirse paso alrededor de la sepultura.
Los visitantes miraban aquellas raíces y recordaban la vieja historia de la estaca.
—Está creciendo desde ahí —susurraban.
Con los años apareció una nueva parte de la leyenda: si el árbol llegaba a romperse o morir, el vampiro podría levantarse otra vez.
Una tarde de viento, una rama crujió con fuerza. Dos visitantes se quedaron inmóviles.
La rama resistió.
Ambos soltaron el aire al mismo tiempo y se alejaron por el sendero. Detrás de ellos, las hojas siguieron moviéndose sobre la vieja tumba.


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