Los juguetes de Melisa

Personajes:


  • Syndel: Es una muñeca de porcelana. Su dueña es Melisa.

  • Óscar: Es otro muñeco, también de porcelana. Su dueña es Melisa.

  • Garzón: Es un peluche que vive en el baúl de Melisa, de color marrón y con mucha barriga.

  • Melisa: Una niña de 8 años que no sabe jugar, ni cuidar sus juguetes. Siempre suele estar malhumorada.

ACTO I

Personajes en escena: Syndel y Óscar.

En una habitación de lo más colorida se encuentra la muñeca Syndel, sentada en una silla de madera que hace que se balancee hacia delante y hacia detrás. Justo a su izquierda se encuentra otro de los muñecos, llamado Óscar. Está encima de una estantería.

Óscar: Ufff… . Hay días que ésta habitación parece que se me caiga encima.

Óscar suspira desanimado, con un tono muy aburrido.

Syndel: Vaya Óscar, ¿y por qué te está ocurriendo algo así?

Óscar: No lo sé. Será que estoy echando mucho de menos a Melisa. Cuándo está, me saca de quicio porque no hace más que jugar con…

Óscar se obliga a callarse a si mismo, tapando su boca con sus manos en cuándo se da cuenta de lo que iba a decir. Syndel, sin mirar en ningún momento a Óscar pero aún tambaleándose en la silla de madera se queda extrañada.

Syndel: ¿Jugar a qué, Óscar? O… más bien, ¿jugar con quién?

Óscar ladea la cabeza de un lado al otro, nervioso y sin querer responder. Syndel, se levanta de la silla de madera y mira a Óscar inclinando la cabeza, confundida. A Syndel le encanta saberlo todo y no le gusta nada que le oculten ningún secreto. Óscar se quita las manos de la boca, aún negándose a decir nada.

Syndel: No será que…

Syndel avanza un paso hacia Óscar aún con la cabeza inclinada, pensativa.

Syndel: Vaya, vaya. Me parece que lo que tú tienes es envidia de las demás muñecas que sí quiere Melisa para jugar.

Óscar: ¡Mentira!

Cabreado, Óscar da un salto desde la estantería bajando de ésta. Syndel no puede evitar reírse a carcajadas descuidadamente.

Syndel: Sí, sí… que yo me lo voy a creer Óscar. A ti lo que te pasa es que la envidia te está matando por dentro por que Melisa, pasa de ti. Eres demasiado feo para que Melisa juegue contigo.

Óscar: ¡Eso no es verdad! ¡Melisa también juega conmigo!

Syndel: ¿Ah sí? ¿Y cuándo se supone que ha ocurrido algo así? ¿El primer día que te compraron?

ACTO II

Personajes en escena: Syndel, Óscar y Garzón

Syndel comienza a reírse aún más como una bruja, desconsolada y sin piedad. Es entonces cuando de un baúl muy grande de la habitación, sale Garzón el peluche panzón, cabreado porque no Syndel y Óscar no dejaban de discutir entre ellos. Garzón pega un bostezo muy sonoro al salir del baúl.

Garzón: Pero bueno… ¿que aquí no puede conseguir descansar nadie en paz cuándo la niña de la casa no nos molesta?

Syndel: ¡Já! Otro que tal… . ¡Pero si contigo tampoco juega Garzón!

Garzón: Ni falta que me hace. Prefiero que no lo haga porque así, no controlará ninguno de los movimientos que yo pueda dar en mi existencia.

Syndel se cruza de brazos.

Syndel: ¿Y qué sentido tiene supuestamente eso?

Garzón: A algunos juguetes tampoco nos gusta que nos usen y después nos abandonen. Prefiero estar ahí, sin usar en mi baúl.

Garzón señala el baúl de donde ha salido.

Garzón: A que me utilice y me maltrate.

Se oye un sonido de llaves en la casa. Óscar vuelve a su baúl, Garzón a su estantería y Syndel se sienta nuevamente en la silla de madera, esta vez sin balancearse. Estática.

ACTO III

Personajes en escena: Óscar, Syndel, Garzón y Melisa

Melisa entra con un vestido azul de puntillas y sus zapatos también azules a juego en su habitación. Está algo enfadada, así que se dirije a Syndel y con un rotulador comienza a pintarle unos cuernos bien rojizos en su frente. Después deja a Syndel en la silla de nuevo y donde estaba. Melisa se marcha con de su habitación con los pies arrastrándolos.

Se puede escuchar la risa de fondo de Óscar.

Óscar: Como eres una muñeca no puedes llorar. Pero estoy segurísimo de que si no lo llegases a ser ahora mismo serías un mar de lágrimas.

Syndel: ¿Y eso te hace gracia?

Garzón abre un poco el baúl y desde dentro comienza a chasquear los dientres.

Garzón: A veces el karma es así, Syndel. Antes eras tú la que se reía de Óscar porque dices que con él Melisa no juega, ahora eres tú quién ha sufrido las consecuencias por ser tan cruel.

Óscar: No Garzón, en realidad Syndel tiene un poco de razón. Siento muchísima envidia porque Melisa me tiene aquí, abandonado. Ni siquiera me sabe ver, me ignora. Pero, ¿sabes qué? Tú también tienes un poco de tu razón Garzón.

Garzón: ¿Ah sí? ¿Y en qué tengo razón amigo mío?

Óscar: Sí, la tienes. Porque desde aquí he visto como Melisa, desde que era una niña ha descuartizado muchas cabezas de muñecas. Les ha descosido los brazos dejándolas sin miembros y ha sido increíblemente cruel con sus palabras. Pensé, que como con Melisa estaba siendo un poco más cariñosa había cambiado un poco o habría madurado. Pero ahora sé que no es así, que Melisa tiene un fondo cruel y que no me merece.

Óscar vuelve a bajar de la estantería, se acerca a Syndel y le hace una leve pero elegante reverencia que transmite disculpa.

Óscar: Syndel, espero que puedas reconocer mi arrepentimiento y puedas perdonarme.

Syndel, mira a Óscar con el ceño fruncido porque le parece un poco extraño que Óscar llegue a disculparse. Después, se levanta, aunque con la cabeza todavía inclinada.

Syndel: Uhm… Está bien, está bien Óscar. Estás perdonado. Después de todo, los dos nos hemos equivocado.

Óscar: ¿De verdad lo crees?

Syndel: Desde luego. Los dos hemos errado al amar a la persona equivocada, los dos creímos que nuestra dueña era merecedora de nuestros juegos, pero no es así… .

Óscar: Bueno, mi querida Syndel. Si lo piensas con detenimiento, el ser humano con el tiempo cree que tampoco es merecedor de la diversión. El que resulta ser tan negativo pierde su imaginación…

FIN

Juguete photo

Nuestro puntaje de los lectores
[Total: 3 Average: 3.3]

Autor: Ainoa Rodríguez

Las apariencias engañan, pero otras veces lo que ves es lo que hay.

Redactora multitemática y relatista en Hidden Words desde hacer más de 10 años.

Si hay algo que tengo que decir sobre las palabras, es que ellas son las que me salvan diariamente.