En Teapa, Tabasco, circulan historias breves ligadas a lugares concretos. Dos de ellas hablan de El Mure y de una ceiba que hubo en La Tejería. Las escenas siguientes son una adaptación sencilla de esos motivos locales.

1. El Mure
Una tarde, Mateo acompañó a su abuela hasta El Mure. Mientras escuchaban correr el agua, él preguntó por qué algunas personas hablaban del lugar como si guardara un secreto.
La abuela sonrió.
—Hay dos dichos viejos —respondió—. Uno dice que, si El Mure deja de brotar, Teapa desaparecerá. El otro dice que quien viene de fuera y bebe de aquí termina quedándose a vivir.
Mateo miró el agua.
—¿Y es verdad?
—Es lo que se cuenta por aquí —dijo ella.
En ese momento una hoja grande cayó justo sobre la corriente y la cubrió por unos segundos. Mateo abrió mucho los ojos.
—¡Abuela!
Ella retiró la hoja con una rama. El agua seguía corriendo debajo.
Mateo soltó una risa nerviosa. Al caminar de regreso pasaron frente a una tienda. El dueño había llegado a Teapa desde otro lugar muchos años atrás y terminó formando allí su familia.
—Mira —dijo la abuela—. Por eso la gente sigue contando el segundo dicho.
El hombre los oyó y se rio desde la puerta.
—A mí me ganó Teapa sin necesidad de comprobar ninguna leyenda.
Mateo siguió caminando mientras el murmullo de El Mure quedaba detrás de ellos.
2. Los duendes de la ceiba
En La Tejería, otra historia habla de pequeños seres que se esconden entre las ramas de una ceiba.
Una niña dejó una cinta sobre una silla del patio y entró a buscar unas tijeras. Cuando volvió, la cinta había desaparecido.
Buscó bajo la mesa, dentro de una caja y detrás de una maceta.
—Otra vez los duendes —bromeó su abuelo.
La niña miró hacia la ceiba. Las hojas temblaron aunque casi no había viento.
Al acercarse encontró la cinta enrollada alrededor de una raíz.
La recogió y escuchó un pequeño crujido entre las ramas.
—Muy gracioso —dijo mirando hacia arriba.
Desde la casa, su abuelo le preguntó si ya había encontrado la cinta.
—Sí. Estaba donde yo no la dejé.
Otra hoja se movió en lo alto y luego algo pequeño golpeó el suelo. Era el botón que la niña había perdido la semana anterior.
No vio a nadie entre las ramas. Guardó la cinta y el botón en el bolsillo. Una hoja cayó lentamente y quedó a sus pies.


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