El Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires, reúne tumbas históricas y también relatos que crecieron con el paso del tiempo. Entre ellos destacan las leyendas de Rufina Cambaceres y Luz María García Velloso. Estas adaptaciones recogen dos de esas historias de misterio.

1. Rufina Cambaceres
Rufina Cambaceres murió en 1902, cuando tenía 19 años. Después de su muerte nació una de las historias más inquietantes de la Recoleta.
Aunque no está demostrado que ocurriera, la leyenda dice que Rufina fue enterrada cuando todavía estaba viva. Ese temor es el centro del relato que creció alrededor de su tumba.
Según esa versión, algún tiempo después del entierro se habría descubierto que el ataúd había sido movido. Al revisarlo, aparecieron señales que hicieron pensar que la joven había despertado bajo tierra y había intentado salir.
La historia pasó de una persona a otra. Cada narrador añadía el miedo de imaginar una oscuridad cerrada, un despertar tardío y una salida imposible.
Años después, una visitante se detuvo frente a la tumba de Rufina. Había escuchado la historia desde niña.
Apoyó una flor, miró la figura de piedra y permaneció unos segundos en silencio.
Luego se alejó sin repetir el relato en voz alta.
2. Luz María García Velloso y el abrigo
Otra leyenda de la Recoleta habla de una joven vestida de blanco. Esta historia se asocia con Luz María García Velloso.
Una noche, un muchacho conoció a una joven de aspecto delicado. Conversaron y entraron a un café. Ella tenía frío, así que él le prestó su abrigo.
Antes de despedirse, la joven le indicó dónde vivía.
Al día siguiente, el muchacho fue a buscarla para recuperar la prenda. Tocó la puerta y explicó que había acompañado a Luz María la noche anterior.
La persona que lo atendió quedó inmóvil.
—Luz María murió hace tiempo —le dijo.
El joven creyó que se trataba de una confusión. Insistió en que había hablado con ella pocas horas antes.
Entonces le indicaron dónde estaba enterrada.
Fue al cementerio. Caminó entre los mausoleos hasta encontrar el nombre que buscaba.
Sobre la tumba estaba su abrigo.
El muchacho lo tomó con ambas manos. La tela estaba fría.
No esperó a que anocheciera. Salió de la Recoleta antes de que cerraran las puertas.


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