En 1992 se dio a conocer un escalofriante suceso al que se nombró como «caso Vallecas». Esto a partir de los extraños fenómenos que se registraron en un domicilio de la calle Luís Marín de Vallecas, habitada por Concepción Lázaro de la Iglesia y su familia. Si bien hoy en día todas las actividades paranormales cesaron, es interesante mirar hacia atrás y tratar de imaginar el miedo que por una temporada, pasaron estas personas.
Todo comenzó En 1990, dentro del Colegio Aragón al cual acudía Estefanía Gutiérrez Lázaro, hija de Concepción. La joven, de 16 años de edad, fue sorprendida en las instalaciones de la escuela por una profesora, haciendo una sesión de espiritismo junto con otros compañeros.
Las niñas llevaban una tabla Ouija con la que pretendían contactarse con el más allá. Al entrar la maestra, según testigos de aquel incidente, el vaso que usaban en la sesión se rompió, desprendiendo un humo que fue aspirado por la muchacha. A este hecho no se le concedió importancia alguna, sobre todo por que los meses siguientes transcurrieron sin sobresaltos.
Pero un día, Estefanía atemorizó a sus padres al experimentar convulsiones de la nada. La adolescente les comentaba que podía ver a personas desconocidas alrededor de su cama que la llamaban.
El 14 de julio de 1991 tuvieron que internarla en el hospital como consecuencia de un ataque repentino, que la había tumbado de espaldas en su cama dejándola inconsciente. Poco antes, Estefanía había asustado a su familia comportándose de manera violenta, al querer abalanzarse encima de su hermana Marianela. En dicha ocasión, cayó al suelo y empezó a echar espuma por la boca.
Durante la madrugada, la jovencita falleció repentinamente y los doctores dictaminaron que había sufrido asfixia pulmonar.
Meses después, las cosas en el hogar de la familia Gutiérrez se volvieron terribles. Sus objetos se movían o se caían sin explicación aparente, los vasos se quebraban, las puertas se cerraban y abrían solas, y ruidos raros surgían a todas horas.
El colmo de la situación se produjo una noche, cuando sin la intervención de nadie, una de las fotografías de Concepción se prendió fuego.
Muy asustados, ella y su esposo se pusieron en contacto con las autoridades, las cuales no daban crédito a lo que ocurría. El inspector Negri, a cargo de investigar el caso, corroboraría con sus colegas como una de las puertas del departamento de los Gutiérrez se azotaba repetidas veces delante de ellos. Concepción le mostró además, el sitio en la pared del cual había sido arrancada una imagen de Jesucristo. Quedaba en ese punto la marca tenebrosa de tres garras, que el policía no supo de donde provenía.
Su informó de la aparición de una extraña baba marrón, la cual vio sobre la mesita del teléfono. Nunca nadie fue capaz de brindar una explicación razonable a lo que pasaba en Vallecas.
Sea como fuere, los fenómenos del poltergeist solo se terminaron una vez que Concepción cumplió la última voluntad de su hija. Esta consistía en colocar una fotografía de sus padres dentro de su féretro.
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