Leyendas de Terror Cortas

La leyenda del Kelpie

La leyenda del Kelpie

La bruma de la noche flotaba sobre las aguas oscuras del loch escocés como un velo espeso que borraba las colinas de brezo de las Tierras Altas. En aquel rincón solitario, donde el agua era tan honda y fría que los pescadores jamás lograban tocar el fondo con sus sondas de plomo, el silencio apenas se rompía por el graznido distante de una garza.

Colin, un joven pastor de dieciocho años con chaleco de lana basta, y su hermano menor Jamie arreaban un grupo de ovejas cerca de la orilla cenagosa del lago.

Al doblar un recodo rodeado de piedras cubiertas de musgo, Jamie se detuvo con los ojos brillantes de emoción.

—¡Colin, mira qué caballo tan hermoso! —exclamó el niño señalando hacia la orilla del agua.

A pocos metros de la corriente, pastando plácidamente en una franja de hierba verde, había un corcel magnífico. Era un semental de gran alzada, con el pelaje negro y lustroso como el carbón mojado, patas fuertes y una estampa noble que parecía salida de las caballerizas de un señor feudal. El animal no llevaba silla ni riendas; sus crines largas y espesas caían sobre el cuello, goteando agua fresca de forma continua y dejando ver pequeñas briznas de algas y juncos enredadas entre los mechones oscuros.

Al ver a los muchachos, el caballo levantó la cabeza despacio, soltó un bufido suave y dócil y dio dos pasos hacia Jamie, agachando el lomo como si los invitara a montar.

Jamie corrió hacia el animal con los brazos abiertos.

—¡Es manso, Colin! ¡Déjame subir a su grupa solo un momento!

Colin sintió un escalofrío repentino que le heló la sangre en las venas.

—¡Jamie, no lo toques! —gritó el hermano mayor con desesperación, corriendo tras el niño—. ¡Atrás!

Pero Jamie ya había agarrado un mechón de la crin para intentar subir. Antes de lograrlo, sintió que no podía soltar las manos.

En el mismo instante en que las palmas del niño tocaron la piel mojada del animal, una trampa espantosa se activó.

La piel del caballo, que parecía suave y sedosa a la vista, se volvió instantáneamente pegajosa y viscosa como la resina más densa del pino. Cuando Jamie intentó apartarse asustado por el grito de su hermano, descubrió que sus manos estaban pegadas a las crines del animal, incapaces de soltarse por más que forcejeara con desesperación.

Los ojos del caballo cambiaron de golpe: su mirada dócil se transformó en un fuego amarillento y salvaje, y sus belfos se abrieron mostrando dos hileras de dientes afilados como cuchillos.

—¡El Kelpie! —bramó Colin, reconociendo al monstruo del que hablaban las canciones más antiguas de Escocia.

El caballo acuático soltó un relincho ensordecedor que sonó como un trueno sobre el lago, dio media vuelta y comenzó a trotar hacia las aguas negras y heladas, dispuesto a sumergir a su presa en el fondo abisal para devorarla en la oscuridad.

Colin no dudó un segundo. Desenvainó de su bota su cuchillo tradicional de acero fino con empuñadura de ciervo, se arrojó hacia adelante y agarró a su hermano por el cinturón de cuero.

Con un tajo rápido, firme y desesperado, Colin cortó de un solo golpe el mechón grueso de las crines del monstruo al que estaban pegadas las manos de Jamie.

El corte soltó las manos del niño de la crin justo cuando las patas delanteras del animal entraban en la corriente honda.

Colin jaló a su hermano hacia atrás con todas sus fuerzas, cayendo ambos de espaldas sobre la turba seca de la orilla.

El Kelpie, al verse burlado de su presa, golpeó el agua con los cascos traseros, levantando una cortina de espuma negra que empapó las piedras del borde. Dejó escapar un chillido monstruoso y se sumergió de golpe en la profundidad del loch, desapareciendo bajo un remolino de burbujas fétidas que olían a fango podrido.

Jamie temblaba de terror en el suelo, con mechones de crin negra pegados a las palmas de las manos que tardaron semanas en desprenderse. Colin abrazó a su hermano con fuerza, respirando el aire frío de las Tierras Altas con el corazón desbocado.

Los dos hermanos arrearon a sus ovejas colina arriba a paso vivo. Desde el collado alto, Colin volvió la vista una sola vez: en el centro del lago, una estela de espuma fría se cerraba sobre el agua negra sin dejar rastro del corcel.


Adaptación: Shyvirelle

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Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.