Leyendas de Terror Cortas

El Nuckelavee: el demonio del mar de Escocia

El Nuckelavee: el demonio del mar de Escocia

En las islas Orcadas, en el norte ventoso de Escocia, los pescadores y campesinos antiguos sabían que las olas del mar escondían seres mucho más oscuros que las tormentas de invierno. Aunque temían a los espíritus del agua, había un nombre que nadie pronunciaba sin musitar enseguida una oración de protección: el Nuckelavee.

Decían los viejos que era el más despiadado de todos los seres marinos. No tenía hogar en la tierra, pero en las noches despejadas y sin lluvia salía del océano para arrasar los pastizales con su aliento caliente y marchitar las cosechas de los isleños.

Una noche estrellada de otoño, un campesino llamado Tammas regresaba a pie a su granja después de visitar a un vecino. Su camino bordeaba la orilla rocosa de la costa por una franja angosta de tierra que quedaba atrapada entre las rompientes del mar salado y la orilla tranquila de una laguna de agua dulce.

No había luna, pero el brillo de las estrellas permitía ver el contorno de las rocas. De repente, Tammas sintió que el viento traía un olor nauseabundo, parecido al de la carne podrida y las algas descompuestas, acompañado por un vapor caliente que subía desde la playa.

Al levantar la vista, vio una sombra enorme que avanzaba directamente hacia él.

No era un caballo común ni un jinete ordinario. La figura medía más de tres metros de altura. La parte inferior tenía la forma de un caballo monstruoso, pero en lugar de pezuñas normales, sus patas terminaban en aletas anchas que dejaban surcos húmedos en la arena. En el centro de su cabeza equina brillaba un solo ojo gigantesco, rojo como una brasa de carbón, y su boca, ancha como la de una ballena, soltaba bocanadas de vaho que quemaban el aire.

Pero lo más aterrador estaba sobre su lomo: de la espalda del caballo nacía el torso de un hombre gigante sin piernas, con brazos tan largos que casi rozaban el suelo. Su cabeza humana, grande como un fardo de paja, se balanceaba pesadamente de un hombro a otro como si estuviera a punto de caerse.

Al acercarse a la luz de las estrellas, Tammas vio el detalle más espantoso: el monstruo no tenía piel. Todo su cuerpo era una masa viva de carne roja al descubierto, donde gruesas venas amarillas bombeaban sangre tan negra como el alquitrán, y tendones blancos se estiraban y encogían con cada zancada.

Tammas sintió que la sangre se le helaba en las venas y que un sudor frío le cubría la frente. La criatura le bloqueaba el camino. Retroceder era inútil, porque la bestia galoparía más rápido que él sobre las piedras de la orilla.

En medio del pánico, el campesino recordó lo que contaban los ancianos de la isla: el Nuckelavee reina en el mar salado, pero no tolera el contacto con el agua dulce de los ríos y lagunas terrestres.

Sin pensarlo dos veces, Tammas se arrimó hacia el lado de la laguna de agua dulce. Cuando la enorme boca del monstruo se abrió sobre él soltando su aliento abrasador y sus brazos largos se estiraron para atraparlo, Tammas dio un paso en falso y metió el pie en la orilla de la laguna.

Al pisar el agua dulce, levantó una salpicadura que cayó directamente sobre una de las patas delanteras de la bestia.

El caballo monstruoso soltó un relincho bronco parecido a un trueno y dio un salto hacia atrás, sacudiendo la pata herida por el agua pura. En ese segundo de confusión, Tammas echó a correr con todas sus fuerzas hacia el pequeño riachuelo que desaguaba la laguna hacia el mar unos cincuenta metros adelante.

La criatura giró con furia y galopó tras él, rugiendo con un sonido ensordecedor que hacía temblar la playa. Tammas sintió el viento de las largas manos rozándole la espalda justo cuando llegaba al borde de la corriente de agua dulce.

Con un salto desesperado, el campesino cruzó el riachuelo y cayó al otro lado de la orilla. La bestia se frenó de golpe en la orilla opuesta, incapaz de poner una sola pata en el agua que corría, y soltó un alarido de furia salvaje antes de regresar despacio hacia las olas oscuras del océano.


Adaptación: Shyvirelle

Adaptación de la historia del Nuckelavee y Tammas recogida por Walter Traill Dennison, incluida por George Douglas en Scottish Fairy and Folk Tales (1901).

Deja un comentario abajo.

Acerca del autor

Shyvirelle

¡Sé el primero en comentar!

Clic aquí para Comentar

DESCARGA GRATIS 20 RELATOS CORTOS

CLIC para Descargar Relatos Cortos GRATIS

Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.