Mitos y Leyendas

La leyenda del Urutaú: la joven que esperaba al Sol

Existen distintas versiones guaraníes sobre el Urutaú. En una de ellas, su canto está ligado a una joven que amaba al Sol y lo esperaba cada día. Esta adaptación está inspirada en ese motivo de amor y transformación.

La leyenda del Urutaú: la joven que esperaba al Sol

La joven que miraba el cielo

En una aldea cercana al monte vivía una joven que cada tarde dejaba lo que estaba haciendo para mirar el cielo.

No esperaba lluvia ni buscaba señales de tormenta.

Esperaba al Sol.

Cuando la luz bajaba entre los árboles, ella caminaba hasta un claro y seguía con los ojos el disco brillante que descendía lentamente.

Una tarde dijo en voz baja:

—Si pudiera acompañarte, no tendría miedo de la noche.

Al día siguiente volvió al mismo lugar. Y al siguiente también.

Una promesa de luz

La leyenda cuenta que el Sol escuchó su voz y bajó al monte con figura de un joven de aspecto resplandeciente.

La joven pudo hablar con él. Le pidió que se quedara, pero su visitante tenía que regresar al cielo. Cuando se fue, el claro volvió a estar vacío.

—Volveré mañana —dijo ella.

Desde entonces buscó un lugar más alto para esperar. Encontró un árbol grande y subió hasta una rama desde la que podía ver buena parte del horizonte.

Cuando amaneció, vio aparecer la luz al otro lado del cielo.

—Aquí estoy —susurró.

Pero el Sol siguió su camino.

Ella esperó hasta el atardecer. Entonces la luz volvió a alejarse.

La espera

Pasaron los días.

La joven regresaba al árbol y llamaba al Sol. Algunas personas de la aldea le pedían que bajara y descansara, pero ella siempre respondía:

—Un día escuchará mi voz y se quedará.

Una tarde las nubes cubrieron el cielo. La joven no pudo ver el resplandor y llamó durante horas.

Cuando por fin apareció una franja de luz en el horizonte, extendió los brazos hacia ella.

El viento movió las hojas.

Su voz se hizo más fina, más larga, más triste.

El canto del Urutaú

A la mañana siguiente, quienes fueron a buscarla no encontraron a la joven en la rama.

En su lugar había un ave inmóvil, pegada al tronco, con colores parecidos a la madera.

Nadie logró acercarse demasiado.

El ave permaneció quieta durante el día.

Al caer la tarde, cuando el Sol comenzó a bajar, levantó la cabeza.

Entonces lanzó un llamado largo que cruzó el monte.

La luz desapareció detrás de los árboles.

El Urutaú volvió a llamar.

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Shyvirelle

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