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Callejón del Aguacate: leyenda de Coyoacán y una recreación de misterio

El Callejón del Aguacate se encuentra en el barrio de Santa Catarina, en Coyoacán, Ciudad de México. El portal turístico de la ciudad recoge una leyenda sobre un soldado, la muerte de un niño y una imagen de la Virgen relacionada con el arrepentimiento. Son elementos de la tradición del lugar; la existencia de la calle no demuestra que el episodio haya sucedido como se cuenta.

La siguiente historia es una recreación contemporánea de misterio. La protagonista y su encuentro son ficticios.

Una mujer con una cámara recorre un callejón estrecho donde se ve una figura infantil a lo lejos.
Ilustración de esta recreación literaria.

La foto que no tomó

La foto iba a quedar mejor sin gente.

Eso pensó Clara al llegar al callejón. Había pasado toda la mañana caminando por Coyoacán, haciendo imágenes de ventanas y portones para un cuaderno que nunca terminaba. En aquel rincón encontró lo que buscaba: piedra, paredes y una luz que caía de lado.

Un vecino estaba barriendo frente a su puerta.

Clara esperó hasta que el hombre entró en casa. Levantó la cámara y buscó el encuadre. Entonces alguien se puso junto al nicho de la esquina.

Era un niño.

Tenía una mano apoyada contra la pared. No miraba a Clara. Observaba la imagen como si esperara que fuera a decirle algo.

Ella bajó la cámara.

—¿Puedes moverte un poquito?

El niño se volvió, pero no respondió.

Clara comprendió que había sonado descortés. Le sonrió y decidió esperar. El muchacho llevaba zapatos muy gastados. Se inclinó para acomodarse uno de ellos y luego regresó al mismo lugar.

El vecino salió de nuevo con una bolsa.

—Perdone —le dijo Clara—. ¿Ese niño vive por aquí?

El hombre miró hacia el nicho.

—¿Cuál niño?

Clara volvió la cabeza. El espacio estaba vacío.

Pensó que se habría metido por alguna puerta. El vecino se marchó antes de que pudiera preguntarle más.

Levantó otra vez la cámara.

El niño apareció en el visor.

Se encontraba en el mismo sitio, una mano contra la pared. Clara apartó la cámara de sus ojos y lo vio. No había ninguna puerta abierta a su alrededor.

—¿Estás esperando a alguien? —preguntó.

—A que me vea.

Clara miró la calle. Pasaban dos personas cerca de la esquina. Ninguna se detuvo.

—Yo te veo —dijo.

El niño señaló el suelo. Junto a sus pies había un botón pequeño y oscuro. Clara se agachó a recogerlo. Estaba frío a pesar del sol.

Cuando levantó la vista, el niño miraba detrás de ella.

Se oyó un golpe seco sobre la piedra.

Al fondo del callejón había un hombre. Clara no llegó a distinguir su ropa. Se mantenía en una zona de sombra y parecía tener la cabeza inclinada hacia ellos.

El niño se apartó de la pared.

—Él no me veía —dijo.

Clara quiso preguntar a quién se refería, pero el muchacho había comenzado a retroceder. La mirada del hombre seguía fija en la esquina. No caminaba hacia ellos. Tampoco parecía capaz de irse.

El vecino de la escoba volvió a abrir su puerta.

—¿Está bien? —preguntó.

Clara descubrió que tenía la cámara levantada otra vez. Un dedo descansaba sobre el disparador. No recordaba haber decidido tomar una foto.

La bajó despacio.

El niño había desaparecido. El hombre de la sombra también.

Le mostró al vecino el botón que seguía en su mano. Él no supo qué decirle. Se quedó mirándola con una preocupación que le hizo sentir vergüenza.

—Quizá se le cayó a alguien —dijo Clara.

Dejó el botón al pie del nicho, donde pudiera encontrarlo su dueño. No llamó a otros visitantes ni empezó a golpear puertas buscando una explicación. Era un lugar donde vivía gente, y ella solo llevaba allí unos minutos.

Antes de marcharse miró por última vez la esquina.

Le pareció que quedaba una huella pequeña sobre la pared.

No tomó la foto.

En su cuaderno escribió después el nombre del callejón. Donde debía ir la imagen dejó una página en blanco, con una sola frase al margen: «Había alguien antes de que yo eligiera el encuadre».

Leyenda y lugar real

La referencia al soldado y al niño procede de una versión de la leyenda. Clara, la cámara, el botón y los diálogos son ficción de esta adaptación. No constituyen una prueba de apariciones ni un relato de un crimen identificado.

El portal Mexico City de la Ciudad de México describe el lugar y recoge la tradición. También recuerda que se trata de una zona residencial. Si la visitas, respeta a quienes viven allí y evita ruidos, entradas a propiedades privadas o recorridos nocturnos organizados a partir de este cuento.

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Acerca del autor

Shyvirelle

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