Otros Cuentos de Miedo

Historia de un héroe

Esta es la historia de un superhéroe animado que va luchando contra los malos, como en las versiones clásicas de las caricaturas para niños. Un día como de costumbre, él recibe la llamada de las fuerzas especiales para luchar contra una banda que había robado en una mansión algo inusual: se trataba de un artefacto muy valioso y su dueño, de quien no sabemos nada, pide que se recupere.

El héroe va a camino, llega y logra derrotar a los delincuentes con un golpe, logrando hacer más simple la labor policial y efectuando el arresto de aquel grupo. Una vez que se le agradece, el héroe pregunta por simple curiosidad qué fue lo que habían robado y el encargado de recuperar el artefacto le comentó que se trataba de una cinta que contenía un vídeo que estaba a nombre de Ronald Beingen.

—¿Qué contiene la cinta? —pregunta el héroe.

—Por petición del dueño, no puede ser vista.

—¿Por qué no?

—Es una petición que el dueño le hizo a los encargados, pero no dio una razón clara.

El héroe sugirió que si era posible, podrían ver una parte de la cinta, ya que el crimen no podría tener una razón concreta de haberse llevado a cabo. Sin embargo, el encargado insiste en que el dueño no puede enterarse.

A estas alturas, el héroe tiene sus dudas acerca de los secretos que puede haber dentro de la misma y comienza a pensar que quizás, el robo tiene un motivo mucho más complicado que el de robarla para venderla en el mercado negro, ya que los ladrones no se llevaron nada más; y eso que el sitio al que entraron era una mansión con antigüedades y joyas muy valiosas.

El héroe y el encargado, a espaldas del dueños, decidieron verla. No obstante, este último recibió una llamada de urgencia y tuvo que acudir de inmediato, sin no antes informarle al héroe que volvería en una hora.

Como él era quien tenía más curiosidad por mirarla, se la llevo a espaldas de los demás a su casa, donde tenía un reproductor para vídeo. Cuando introdujo la cinta, aparecieron una serie de grabaciones antiguas en las que se podía ver a distintas personas en un sitio muy extraño y sombrío. La calidad lo dejó muy extrañado, pero no por el ambiente en el que estaban ambos personajes, sino porque se veía en un formato muy extraño: para él no tenía lógica, aunque para nosotros los espectadores no será nada anormal, ya que el vídeo mostraba a gente de en carne y hueso.

En su universo aquello era alucinante; imaginen si pudiésemos ver vídeos donde pudiésemos agregar más dimensiones. Comenzaba con dos personas luchando de manera muy gráfica y violenta, mientras se oían gritos y aplausos alrededor, pero el héroe no podía ver a nadie aparte de los dos sujetos. De repente uno de ellos cae al suelo y con heridas bastante graves,  las manos  rojas y el cuerpo muy pálido. En ese instante, el sonido se apaga y sólo puede ver a la persona en pie, serena e inexpresiva, mirando a la pantalla por largo tiempo.

El silencio duró varios minutos, de repente esbozó una agradable sonrisa y le dijo al espectador que todo estaría bien. Se escucha un grito estremecedor y se ve al mismo sujeto que estaba en el suelo, con el estómago abierto y los intestinos en la boca de su cabeza cercenada. En sus ojos se podía ver que había llorado desconsoladamente.

En ese momento, quien aparece en la cinta le dice al espectador un nombre que el pudo identificar fácilmente: el suyo, quien veía la cinta en ese momento, el héroe, quien no reconocía al sujeto.

Por alguna razón que no entendía, tenía la extraña sensación de que su voz le era familiar. Entre aplausos y elogios, el ganador aparece con la cabeza de su rival dirigiéndose al espectador:

—Esta es la realidad ausente a la percepción, pero es el principio fundamental de la existencia de la sociedad moderna y se despide.

De esa manera, el vídeo termina con un héroe con sentimientos encontrados y con expresión que muchos podrían definir como horrorizada, pero nada más lejos de la realidad, pues él tenía más preguntas que respuestas, por ejemplo, quien era el sujeto del vídeo, porque sabía su nombre, que era ese sitio y lo más llamativo, porque el conflicto fue grabado en un formato tan extraño.

Estaba confundido y una vez más leyó el nombre en la cinta de un tal Ronald Beingen. Consternado pero todavía curioso, guardó celosamente la cinta para investigarla a fondo.

Tenía amigos de confianza que podían ayudarlo a resolver el misterio, uno de ellos era un famoso doctor en psicología, neurología y filosofía, el cual tras analizar a fondo la cinta, pensó que se trataba de un vídeo muy mórbido pero nada inusual, salvo el hecho de preguntarse acerca de la conexión entre el vídeo y el héroe en cuestión.

Otro contacto que tenía, era con un productor de efectos especiales, el cual asombrado no podía creer lo que veía, ya que la grabación era tan extraña y tan novedosa que le generó mucha envidia al trabajo realizado.

Todo apuntaba a que el héroe no debía seguir en esto, ya que había algo mucho más oscuro de lo que se pudo ver en ese entonces. Les preguntó a los encargados dónde podía encontrar al dueño de la cinta para entregarle su cinta y disculparse por la demora y le dieron una dirección.

El héroe llegó a la mansión de aquel sujeto y vio que la mansión no había sido dañada por el robo perpetrado hace ya unos días. Tocó el timbre, pero nadie respondió, así que decidió regresar otro día. Trató comunicarse con el dueño en muchas ocasiones, aunque la mansión nunca dio señales de que hubiera ninguna persona viviendo en ella.

Fue a preguntar a los encargados donde se hallaba el propietario de esa casona con aspecto de estar abandonada.

—No sabemos, la última vez que nos pusimos en contacto con él fue durante la llamada que nos hizo.

En otras palabras, el dueño de aquella mansión nunca estuvo ahí realmente, sólo llamó para informar del robo y les dio la dirección de su residencia, una vez que pudieran recuperar la cinta de vídeo. El héroe estaba más confundido que nunca.

—˛Saben si  la policía detectó la fuente de la llamada o si saben dónde está este sujeto?

—Están investigando.

—¿En qué prisión encerraron a los responsables del robo?

—Ni idea, de ellos se encargó otro departamento de policía, pero si sabemos algo, te lo haremos saber.

Habían muchas cosas que no estaban del todo claras, por ejemplo quién era realmente el dueño de esa mansión, como consiguió esa cinta; ya que obviamente, el costo estimado de fabricación de una película como la que había visto debía ser demasiado alto como para tratarse de una película amateur más.

También se preguntaba era si aquel sujeto era algún productor de cine perturbador, o tenía contactos en la industria y ellos a cambio de una recompensa habían accedido, más luego pensó quién diablos podría ver una película centrada en semejante acto y como los productores podrían pensar que aquellas escenas serían redituables.

Intentó averiguar los misterios que la cinta poseía, empero, pronto se dio cuenta que eso le demandaba mucho tiempo. Las misiones comenzaban a ser menos frecuentes y se hallaba cada días más exhausto. De pronto se le ocurrió si podría existir una relación entre el formato de la cinta y su propia existencia.

Todo era muy sospechoso y de repente, le llegó una carta de un sujeto anónimo. El mensaje decía que debía abandonar la investigación, dejar de meterse en donde no le llamaban.

El héroe considero que esto se trataba de algo más extraño y sobretodo siniestro, por lo que debía rechazar la carta e intentar resolver el misterio del creador de la cinta. En un comunicado declaró que no va a resolver crímenes por un tiempo debido a asuntos personales, y aunque el departamento de policía lo quería persuadir de lo contrario, accede de momento a su petición.

El ya retirado justiciero, a quien mencionaremos como un nuevo investigador, sale de su casa para buscar pistas sobre la identidad del creador de la cinta. Su investigación lo lleva a una casa abandonada a las afueras de la ciudad.

Se ve que dicha casa fue testigo de eventos enervantes.

El nuevo investigador logra entrar y encuentra una colección de vídeos en un formato muy antiguo, que datan de la misma fecha que el vídeo que vio la primera vez. Muchos de ellos muestran diferentes nombres de personas; en ese momento halló uno que le trajo los recuerdos más tétricos: el de Ronald Beingen.

La cinta se veía una fecha que databa del año 1992. El 2 de julio, el mismo año, él se volvió un héroe con el fin de ayudar a los necesitados y así poder crear un mundo mejor.

Dentro de la casa había un reproductor que aún funcionaba correctamente. Introdujo la cinta en el reproductor. En ella, podía ver a una mujer muy bonita, pero con una expresión muy apagada. El cuarto donde se hallaba era muy colorido y había fotos de niños desaparecidos de distintas edades. El cuarto tenía el aspecto de un jardín infantil y el resto de las cosas que se veían a su alrededor, eran juguetes y cosas para infantes. Pasan los minutos y ella sigue manteniendo la mirada perdida ante el lente de la cámara, el vídeo comienza a adquirir una atmósfera más siniestra.

De repente se escucha una melodía muy armoniosa. Era la sinfonía de Mozart, Piano concerto número 21, la cual tocaba mientras se mostraba el jardín de aquella residencia, adornada con la sonrisa de los niños en sus fotos singulares, todos reflejaban una alegría muy inusual. Poco a poco la joven del vídeo nos observa directamente y nos regala una cálida sonrisa.

En tanto el vídeo avanza, el cuarto empieza a apagarse, en las fotos aparecían los mismos niños con una sonrisa única y radiante, como si el momento de mayor felicidad fuese sólo reflejado en los recuerdos del ayer.

De pronto, la música se detiene y la mujer nos dice si queríamos ver algo sin igual. Acto seguido la vemos siendo ultrajada por un sujeto con una máscara que tapa su rostro, dejando sólo a la vista sus ojos, que parecían estar perdidos por la depravación y la rabia. La chica gritaba de manera desesperada, de fondo los niños comenzaban a reír más y más fuerte.

El sonido era insoportable, se veía como el sujeto le hablaba a la cámara:

—Esta es la verdadera razón del éxtasis puro, la depravación es el recuerdo más bello de la inocencia de la gente.

De repente la cámara se apaga y aparecen los cadáveres de cada uno de los niños de las fotos, cada uno siendo víctima de crímenes grotescos.

El nuevo investigador estaba horrorizado como nunca en toda su vida. El vídeo cierra con una frase infeliz que reza: “Este es el verdadero rostro de dios y los recuerdos son sólo parte de un intento por compartir un tiempo amigable con su único y querido amigo”.

Una vez más, el nuevo investigador ve que su nombre es mencionado, pero además lo que le sorprende, es que el vídeo está en el mismo formato que inicialmente llamó su atención. Y es que era muy extraño, ¿cómo era posible que ese formato pudiese existir en esa época? Todo era muy raro y nada parecía tener sentido, sin embargo, él decidió llevarse las cintas a su casa.

Lo que más lo intrigaba era saber porque la casa abandonada tenía esas cintas, porque no se las llevaron y porque la policía nunca supo de la propiedad.

Al llegar a su morada, vio que dentro de la caja había una dirección y un documento, fue ahí cuando el horror comenzó. Era su dirección y el documento poseía datos como su nombre, el nombre de sus familiares, de sus amigos, los lugares donde estudió en su infancia, adolescencia y temprana adultez. Además se había adjuntado una carta:

Yo en algún punto disfrutaba de cosas que la mayoría de mis compañeros no, me sentía muy raro y también muy solo. Sabía que era diferente del resto, pero no sabía hasta qué punto lo era. Un día surgió en mí una pregunta que me inquietaba responder. Me preguntaba cómo se siente cada día una persona que cometió un error que no puede ser borrado, por más que lo intente remediar y la pregunta me consumía por dentro, y me atrapaba al punto que un día, caminando, vi una familia que iba alegre al campo. Estaban la madre, el padre y sus dos hijos. Los veía tan felices mientras hablaban de su día a día y yo estaba siempre sólo.

Me pregunté entonces, qué pasaría si la felicidad de ellos se traspasara a mí por un momento y yo les traspasara mi angustia, para que así ellos y yo pudiéramos tener una conexión más cercana y quizás conseguir mis primeros amigos.

Investigando, descubrí que la gente como yo usaba un método poco convencional para hacer amigos, el cual consistía en secuestrar  lo más preciado que poseían los líderes de una micro sociedad normal.

Seguí a la familia por días y días y en un momento descubrí donde estudiaban sus dos hijos, a los cuales convencí de que quería enseñarles un juego muy divertido. Por supuesto, sabes que fue lo que siguió y sin embargo, aunque quisieras leerlo, no puedes porque te podrías asustar.

Pasaron los días y yo iba conociendo finalmente, el significado de la palabra felicidad en los corazones rotos de mis primeras víctimas. Llamé a los padres para decirles que sus hijos estaban bien, mientras en una mano sostenía la piel de uno de los infantes y en el suelo, la cabeza decapitada del otro niño que, para intentar huir, intentó matarme mientras dormía. Pero no lo consiguió, porque era débil y todavía no había construido un carácter fuerte para hacer lo correcto desde su concepción de la vida. Pasa que los débiles siempre serán débiles y sólo sirven de alimento para los fuertes.

Les dije a sus padres que vinieran a buscar a sus hijos; por supuesto sólo habían pasado unas horas, así que no tenían idea de lo que sucedía. Tocaron la puerta y los atendí como un caballero, preguntando si antes de ver a sus hijos, querían ver algo alucinante, a lo que ellos me comentaron que tenían poco tiempo, pero que sí.

Mientras ellos caminaban, veía en sus rostros desconcierto y eso me encantaba, no saben lo mucho que disfruté aquella noche. Trataron de llamar a sus hijos y de pronto, la madre me pregunto como los había encontrado y porque accedieron a seguirme. Esa pregunta me llamó la atención, no podía esperar a que el espectáculo comenzara. Les pedí que esperaran en la sala mientras yo iba a buscar a los niños y así lo hicieron. Subí las escaleras de mi casa y tomé mi apreciada arma blanca, pero luego pensé: ¿y si en vez de matarlos, inventó un nuevo juego? Sería para darle un sentido radiante a la vida y como dice el gran Horacio, hay que vivir el momento.

Entonces en vez de tomar mi arma blanca, llevé conmigo unos tranquilizantes. Baje las escaleras muy emocionado, estaba tan feliz. Los padres me preguntaron dónde estaban sus hijos.

—Arriba, tienen una sorpresa para ustedes y pidieron que les esperen tres minutos. ¿Desean agua?

—Sí.

Llené los vasos con agua y mezclé unos tranquilizantes; el hombre lo bebió. La mujer, al darse cuenta que su esposo comenzaba a tener sueño y como los minutos pasaban, decidió subir las escaleras. Yo accedí y ella subió. Cuando llegó y vio mi gran presente, logré noquearla usando un mazo bastante pesado, pero no la maté, eso llegaría a su tiempo.

Antes conocía a un hombre muy célebre en el bajo mundo, llamado Ronald. Era un excéntrico millonario y buscaba insistentemente darle un sentido a su vida y existencia, usando contenidos muy llamativos, los cuales consistían en videos de gente que era despojada de toda dignidad, y otros donde simplemente morían de manera atroz. Aquel hombre me cayó muy bien, era afable y sereno. Un día lo lleve a mi casa y sintió un espeso olor a humedad, que le recordaba a sus grandes placeres de verano, mientras escuchaba una melodía tan bella como la mujer más preciosa que uno pueda imaginar. Era la composición de Danse Macabre de Camille Saint Saëns, perfecta para lo que vio con sus ojos y para recordar los bailes con los huesos de sus actrices favoritas, que hoy descansan en su gran cementerio de cristal.

Él se encontraba maravillado, perplejo y asombrado, al ver como la piel de los chicos servía de mantel para la cocina y sus entrañas adornaban la sala como si de una reliquia invaluable se tratara. Entonces sonrió de manera natural y me dijo:

—Esto es asombroso, no puedo dejar de llorar de alegría al ver semejante logro. Hay que organizar una gran fiesta en honor a esta visión.

Esa misma tarde, preparó un banquete con un par de sirvientas con las miradas más aciagas que jamás vi.

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—Ellas vieron el infierno y no pudieron contener su estado de ánimo —exclamó y volvió diciendo que no me preocupara—, ellas ven eso todos los días, ya que son obligadas a convivir con nuestro selecto grupo de caballeros.

De pronto, los señores de la mesa trajeron a sus nobles recursos, recursos definidos como seres que hace mucho dejaron de ser humanos. Cada uno llevaba una máscara cubierta por una frazada y estaba semidesnudo.

—Veo que hicieron un buen trabajo disciplinando a esos interesantes especímenes, —le dije al señor que veía con naturalidad la escena, la cual yo pensé, sólo podía ser ilustrada en un sueño fantástico de placeres relativamente inalcanzables.

Entonces la música comenzó a rodar, la misma que él me mencionó hace un rato y aquellos señores bailaron con aquellos seres sin espíritu y desesperanzados, en un acto simplemente maravilloso. La noche era bella y la luna era más brillante ante el rojo de la sangre, que caía del rostro sin ver de las personas. Y yo me quedaba sin palabras, pues sólo podía apreciar la belleza de esta escena como ninguna, lancé un gemido de éxtasis. La música se detuvo, los señores tomaron un cuchillo y se lo clavaron a cada uno.

Los gritos se escuchaban con tanta armonía que parecía que escuchábamos el renacer del mundo. Luego, los señores pidieron a cada uno que si querían salvar a lo que quedaba de sus familiares, debían lastimar a los demás, pero no matarlos, sino mediante la tortura más degenerada que se les pudiese ocurrir a cada uno de ellos. Pasó el tiempo y yo podía presenciar cosas que hacían que la inquisición española quedara como novata en este arte tan especial. Cuando sólo quedó uno que aún podía meramente distinguir la realidad vista ante sus ojos, pues los demás ya estaban muertos por dentro, se le preguntó al superviviente una simple cosa: ¿Cuál es el deseo que más te gustaría que fuese realidad?

El joven dijo algo que llamó mucho mi atención y era que deseaba escapar de la realidad vista y vivir en una caricatura, siendo un héroe para la gente que lo necesitara, pero con la posibilidad de recordar este episodio de su vida, para que los errores del pasado no afecten a su porvenir.

Los señores, muy interesados, dijeron que no hay problema, que harían todo lo posible por hacer realidad su deseo, por haberles dado la noche de sus depravados sueños. Entonces se lo llevaron  y más nunca se supo de él. Pero quien sabe, puede que a ese chico lo conozcas de sobra, ¿no te parece, Andrew Schmidt?

Ese es el nombre del superhéroe, que se dio cuenta de que sólo era parte del deseo macabro de un ser, despojado de su condición como ser humano. La rabia de su protagonista no podía ser más profunda, siendo opacada por su impotencia de saber que era el personaje principal de un relato, contado por alguien a quien nunca podrá salvar, pues esa línea dimensional está alejada de su propia realidad. El héroe naturalmente destruye todas las cintas y sale de su casa en un silencio.

Camina preguntándose cómo le fue a tan sencillo hallar la casa abandonada y encontrar las cintas. Andrew piensa que hay más de lo que realmente se puede ver, mas luego se preguntó porqué en su mente esto seguía vigente, si nadie querría recordar algo tan horrible. Sabe que es un personaje animado, pero no sabe porque todo lo lleva a preguntarse acerca del mismo
suceso una y otra vez.

Trato de olvidar todo lo que leyó, pero no había caso. Recibió ayuda psiquiátrica por un tiempo, pero todos pensaban que se trataba de era una alucinación del mismo personaje, pues en su realidad, los personajes tenían un criterio de caricatura y él sabía que nadie podría ayudarlo jamás; nadie salvo el dueño de la mansión donde todo comenzó.

Con la sinfonía de Requiem de Mozart, él se mostraba como una persona trastornada y aciaga, recordando la tragedia y viendo cómo su mundo
se caía a pedazos segundo a segundo. La desesperación era síntoma de su descenso a la locura y su depresión un síntoma de que estaba vivo, cuando quería morir, pero por alguna razón no podía suicidarse.

Intentó acabar con su vida en muchas ocasiones, mientras veía en sus alucinaciones como la gente era hervida viva, mientras otras fueron despellejadas vivas y como los demonios reían de manera violenta, como si todo fuera una gran broma, sólo que el chiste no concluía.

Un día en un bar, encontró a un señor con un aspecto tan deplorable como el suyo, sólo que se notaba que aquel hombre estaba en sus últimos momentos. Ese hombre reconoce a Andrew y le entrega un sobre que contiene un mensaje escrito varias veces:

Gott ist tot

—¿Te gustaría ver el fin de tu pesadilla?

Es entonces cuando Andrew decide emprender un viaje a la ubicación que le señalaron. Al llegar, se encontró en un sitio rodeado de montañas, el cual albergaba una casa de madera a la orilla de un lago. Vio que la puerta de dicha casa se abría lentamente. En ella yacía una mujer con un grupo de personas que tenían el rostro cubierto e iban vestidos de manera formal.

Ella se acercó a Andrew.

—No te preocupes más, el sufrimiento ha terminado, Ronald murió recientemente de un paro respiratorio y ya no lastimará a nadie más.

Andrew, asombrado, tardó en responder. 

—¿Usted sabía quién era él, ¿verdad?

—Eso no importa ahora.

—¿Cómo que no importa? Usted vio la clase de monstruo que era ese tipo, cuánta gente mató y a cuantos utilizó por un placer repugnante.

—Lo sabemos, pero no te preocupes, porque Ronald jamás existió en la realidad.

Andrew estaba incrédulo.

—Imposible, yo vi los vídeos y a la gente que fue víctima de sus crímenes.  

—¿Aún no lo deduces, cierto? —dijo la mujer sin perder la compostura— Ronald eres tú. Tú fuiste un asesino en serie que mató a más de 150 personas durante los años 90 y tú fuiste quien llamó a la policía a causa del robo, pues verás, padeces doble personalidad y memoria reprimida, a consecuencia de algo que te pasó cuando eras joven. Por eso es que
la realidad la ves como una caricatura, pues en esta realidad tú eres la persona que siempre quisiste ser, pero en el fondo querías ser bueno y sin embargo no había ninguna razón para volver atrás. Quisiste remediar tu error a como dé lugar, mas así funciona la vida, una vez que matas a alguien, no hay marcha atrás y nunca nada volverá a ser como antes.

El hombre cayó al suelo y comenzó a ver la realidad distorsionada una vez más. Cuando pudo recuperar la visión, se dio cuenta que estaba en un cuarto blanco, amarrado con muchas cuerdas. Su pelo estaba muy dañado y su rostro deformado.

En ese momento se acerca un señor que al parecer, es médico.

—No se preocupe, todo va a estar bien, los sueños no son reales, sino imágenes que vemos de lo que percibimos de la realidad.

—¿Por qué estoy en este cuarto?

—Siempre ha estado en este cuarto, me sorprende la pregunta —soltó una risa leve.

—¿Quién soy yo?

—Eres sólo Andrew, pero alguna vez fuiste Ronald.

—¿Por qué no siento mis manos?

—Fueron amputadas hace ya cuatro años, debido a un accidente que tuvo en el hospital. Lamentablemente fue la única manera de evitar que la necrosis que tuvo se agravara más de lo usual.

Llega la tarde y llevan a Andrew con el médico, a quien le volvió a preguntar quién solía ser.

—Por órdenes de arriba, no puedo darle detalles de lo que fue en su momento, discúlpeme, son políticas del hospital.

Andrew no estaba conforme.

—Al menos dígame desde cuándo estoy aquí.

—Han sido unos 15 años.

Andrew, confundido, le habló sobre la carta que había leído.

—Claro, la famosa carta del baile macabro. De esa carta he escuchado demasiadas variaciones, muy preocupantes, aunque por mucho tiempo la carta que me estas mencionando fue la versión original y claro que los vídeos eran un complemento que le daban sentido.

—Entonces, ¿es0 jamás sucedió?

—Bueno, sí y no. Puede que algunas cosas sean distintas, pero no todo es ficción, pues como verás, la realidad tiene muchas caras que uno desconoce y que raramente, siendo aún personas que viven en un solo plano existencial, podemos determinar que es real y que no. Sin embargo, déjame decirte que una persona del día a día, si bien encuentra todo ello intrigante, no puede perder tanto tiempo en esas dudas existenciales, porque tiene una vida, familia, trabajo, cuentas por pagar y algún rato libre que no van a aprovechar con una gran depresión, sino buscando la felicidad.

—¿Por qué me dice eso? Viéndome así, yo ya no es normal, sólo me queda cuestiona mi realidad y como puede cambiar.

—Pero hombre, usted es un personaje imaginario, ¿qué realidad le puede interesar más allá de la vida de quienes viven y no quedan cegados por la oscuridad inherente del universo?

—¿Un personaje imaginario? Pero si usted me dijo que yo era real y que estoy en un hospital psiquiátrico porque debo aceptar mi realidad. 

—Usted sabe que paradojicamente los más cuerdos terminan aquí y nosotros debemos curar la cordura a través de la bienvenida que podamos darle a la diversidad perceptiva del ser que yace en su propia razón de existencia —le dice el médico entre risas—. Usted no existe, pero no por ser irreal física y mentalmente, sino porque no debe existir en una sociedad ausente de la carencia ejercida por la entropía inherente del ser humano. Aún no lo sabe, aquí yacen los muertos que nadie más escuchará, pues la muerte no sólo es física, sino mental y subjetiva. ¿Quién cree usted que va a escuchar o permitir hablar a los muertos? Por eso nuestra sociedad carece de impureza y vive en una constante búsqueda de la felicidad, porque los muertos son la excusa subjetiva de los vivos por creer en la felicidad de ellos, sin siquiera escuchar lo que ellos tengan que decir.

Andrew no puede creer lo que escucha y comienza a llorar.

—¿Te duele escuchar la verdad? Entonces, ¿por qué fuiste tras la verdad. Los seres humanos no pueden buscar algo que los deprima o los perturbe, porque no tienen tiempo para pensar en las cosas horribles que el mundo tiene para ofrecer.

Andrew enojado, le reprime.

—Eres un enfermo, ¡estás loco!

El médico ríe de manera frenética.

—Mi misión es curar a los pacientes que no pueden ver la realidad, ¿cómo podría ser yo un loco? Claramente niegas la vida, pero es normal, pues tú no eres real, por tanto que sabes tú de la vida si nunca viviste en esta
realidad.

—¿Por qué puedo percibir la realidad? ¿Y por qué no he muerto si mi destino es ser infeliz? Al fin y al cabo, prefiero estar loco que ver la realidad que tú ves y describes con tanto orgullo.

—Creo que debemos proseguir con tu tratamiento, debes aprender que al final sobrevive la élite dentro de una especie que en general, se alimenta de la carne viva para fortalecer a quienes reciten de manera inequívoca las palabras que mantienen a la sociedad, como siempre ha sido y siempre será y en caso contrario, sólo hay que aprender a borrar los errores de nuestra naturaleza. Creo que por hoy terminó la reunión, ahora serás llevado a un cuarto un poco diferente del cuarto blanco y ahí serás tratado como todo un héroe. Al fin y al cabo esa fue tu razón de ser, ¿verdad que sí?

Andrew es llevado por otros médicos al cuarto conocido como confinamiento, en donde permanecerá por un tiempo.

Más tarde los médicos se reúnen en una sala de reuniones, a la espera de unas personas muy importantes. El líder de los médicos afirma lo siguiente:

—Bueno señores, hoy recibiremos la visita de personas muy especiales que pueden ayudar a financiar nuestra investigación y por supuesto, a lograr un mundo más próspero y benéfico para los ciudadanos modelo que caminan por las calles llenos de goce por la vida.

Entonces la puerta se abre y llega, desde una limusina negra y con aspecto aristocrático, un señor con una edad entre 40 y 50 años, de piel blanca y ojos verdes. Aquel hombre saluda de forma amigable a los miembros del hospital:

—Buenas tardes señores, mi nombre es Ronald Beingen, es un placer.

Historia de un héroe 1

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