La campana robada

¿De qué trata?: Al ver que la iglesia tiene una nueva campana de oro, Juan se deja llevar por la avaricia y se propone robarla a como dé lugar.

Personajes: Juan, Horacio, Pobladores

Juan era un hombre que vivía en un pueblo pequeño. La gente no estaba acostumbrada a tener grandes lujos en el mismo, pero vivían con sencillez y armonía, pues todos confiaban en los demás. Él mismo nunca había aspirado a tener nada más de lo indispensable hasta que un día, se enteró de que Horacio, uno de sus amigos que trabajaba con el metal, había recibido un encargo muy importante.

—Desde la ciudad han hecho una gran donación para la capilla del pueblo. Le van a poner una gran campana de oro sólido —le dijo él, mientras manipulaba sus herramientas para darle forma al bello objeto—, la gente anda muy contenta.

Al enterarse de esto, Juan se dejó cegar por el resplandor del precioso material y lo bonita que estaba quedando la campana.

—Si yo tuviera todo ese oro —se dijo mientras pensaba—, sin duda podría irme del pueblo e ir a comprarme una gran casa junto al río, y entonces nunca más tendría que trabajar. ¿Para qué quiere la iglesia una campana nueva, si la que tiene de hierro está en buenas condiciones? No, ese oro me hace más falta a mí.

Y obsesionándose con esta idea, comenzó a trazar un plan para robarla.

Los días pasaron y una vez que la campana estuvo lista, se hizo una gran fiesta en el poblado para celebrar su colocación  en lo alto de la torre de la capilla. Todos comieron y admiraron el excelente trabajo que había hecho Horacio con ella.

Pero Juan, envidioso como era, no pudo disfrutar del baile, ni de la comida, ni la algarabía que se había apoderado de sus vecinos.

Llegó la noche y todos se marcharon a sus casas a dormir. Juan salió hacia la iglesia sigilosamente, verificando que no se escuchara un solo ruido en las calles. Nadie estaba afuera.

Al subir por la campana se dio cuenta de que esta era demasiado grande y pesada, de modo que no podría llevarla él solo.

—Si la quiebro con el martillo, seguramente se romperá y podré ir recogiendo los pedazos para llevarlos conmigo —dijo y torpemente, dio un martillazo contra la superficie que no la quebró.

En cambio provocó un gran estruendo que hizo que todos en el lugar se despertaran y salieran asustados.

—¡Alguien tocó la campana! Algo malo está sucediendo —decían.

Juan no tuvo tiempo para escapar. Asustado por ser descubierto, se ocultó debajo de la campana mientras el ruido le taladraba los oídos. Ahí fue donde lo encontraron, pálido y tembloroso.

Cuando la gente se dio cuenta de lo que planeaba hacer, se convirtió en una turba furiosa que lo expulsó del lugar para siempre.

Muy tarde, Juan aprendió que la codicia no era un buen sentimiento, pues lo había hecho olvidar todos los valores que le inculcaron desde niño. Ahora, por culpa de su avaricia se había quedado sin hogar, sin amigos y adonde fuera difícilmente confiarían en él, pues no había sabido valorar las cosas que tenía en su momento.

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Moraleja/Conclusión: La codicia no es buena consejera, pues nos ciega y destruye las buenas relaciones que tenemos con los demás, al no dejarnos ver que no estamos haciendo las cosas bien.

Autor: Erika GC

Apasionada por contar historias, me gustan los buenos libros y pasarme tardes enteras en Netflix. El cine y la literatura son la mejor combinación para mí.