La cárcel de la autocompasión

¿De qué trata?: Trata de un hada que se llama Lumen y está encarcelada junto con su conejo negro llamado Bigotes, desde que era muy niña. Ella se siente muy triste por todo lo que le pasó.

Personajes: Lumen, Bigotes

¿Dónde ocurre la historia?: Lo alto de un árbol.

Personajes:

– Lumen: Lumen, es un hada.
– Bigotes: Es un conejito de color negro. Es la mascota de Lumen.

ACTO I

Personajes en escena: Lumen y Bigotes

Lumen, se encontraba en un bosque encerrada dentro de una jaula. Esa jaula, estaba encima de un árbol que diariamente no dejaba de echar raíces más y más grandes. Al principio era un árbol pequeño, pero ahora era tan alto que Lumen no era ni siquiera capaz de poder visualizar el suelo ya que, las hojas de otros árboles lo tapaban.

Ella pensaba que era imposible que algún día pudiese salir de esa cárcel, a pesar de que su mascota Bigotes continuamente trataba de animarla para hacerlo. Para poder salir de ahí.

– Bigotes: Lumen, ¡puedes salir de aquí! ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué no vives?

– Lumen: Es demasiado peligroso Bigotes. Ya es demasiado tarde para poder salir de aquí, el árbol es demasiado alto y delgado. Además, estos barrotes impiden nuestra salida, no hay ninguna puerta.

Bigotes, se puso muy triste tras escuchar las palabras de su dueña. El se sentía atrapado junto a ella porque era incapaz de dejarla sola ni un segundo. Nunca se lo perdonaría.

Lumen se encontraba sentada y cabizbaja porque sentía que aquel lugar sería eterno. Las horas pasaban como años, y a la vez los años pasaban como una sola noche. No parecía que pudiese llegar la primavera jamás. Rendida, decidió echarse una cabezadita.

Bigotes, se dio en cuenta entonces que esa noche la pequeña hada triste y frágil, por primera vez en muchísimo tiempo estaba teniendo un buen sueño. Su sorpresa, fue que la ilusión de los barrotes de golpe desaparecieron.

Bigotes no podía creerlo, por eso, entusiasmado se acercó a la pequeña hada para despertarla emocionado de su sueño placentero.

– Bigotes: ¡Lumen, Lumen! ¡Despierta ya no hay barrotes que nos encarcelen!

– Lumen: … ¿qué?

Lumen se encontraba somnolienta cuándo consiguió Bigotes sacarla de su profundo y precioso sueño. Los barrotes de nuevo volvieron a aparecer en cuánto ella abrió lo ojos.

– Lumen: ¿Pero qué estás diciendo Bigotes? Los barrotes siguen estando a nuestro alrededor. ¿Por qué me has despertado? Desearía que jamás lo hubieses hecho. Soñaba que volaba al roce de la tierra y me encontraba con cientos de criaturas como nosotros que me saludaban con cariño, ¿por qué lo has hecho Bigotes?

– Bigotes: Pero yo… . He visto que los barrotes han desaparecido en cuánto tú comenzaste a sonreír en sueños.

Entonces Bigotes se dio cuenta.

– Bigotes: ¡Oh vaya Lumen!

– Lumen: ¿Qué pasa?

– Bigotes: Los barrotes que nos encarcelan a los dos son completamente ilusorios. Existen porque tu tristeza está presente desde el día en el que nos carcelaron. Por eso yo también puedo ver los barrotes sin mérito de poder salir yo también, porque cuándo tú estás triste, yo también me siento triste y encarcelado junto a ti. Pero cuándo te veo feliz… como acabo de verte en ese sueño, los barrotes desaparecen gracias a que ya no existe tristeza.

A Lumen, le hizo tanta gracia lo que decía su mascota bigotes que comenzó a reír. Gracias a ello, Bigotes siguió también su risa y entonces la ilusión de los barrotes terminaron por desaparecer. Lumen se acercó a la orilla del árbol sin poder creer que no habían barrotes.

– Lumen: Tienes razón Bigotes, los barrotes desaparecen con la risa pero…

Lumen miraba hacia abajo sin saber muy bien cómo hacer. Por primera vez en su vida iba a poder ser libre, tenía la oportunidad de salir ahí y averiguar cómo era el mundo más allá de se árbol. Pero sentía miedo.

– Lumen: ¿Y dónde iremos Bigotes? ¿Cómo puedo irme de aquí si no puedo volar? Mis alas terminaron rompiéndose a la misma vez que mi corazón el día que nos encerraron aquí juntos, ¿cómo voy a volar?

Bigotes se acercó a Lumen y analizó bien sus alas. Curiosamente su amiga no se daba cuenta, pero él podía ver que sus alas ya no estaban rotas. El tiempo había conseguido cicatrizar sus roturas. Sólo habían pequeñas y leves marcas, pero Lumen lo ignoraba. En el fondo ella aun sentía que estaba rota por dentro y por fuera, eso la incapacitaba para volar.

– Bigotes: Lumen, estás curada. Tus alas no están rotas, han cicatrizado con el tiempo.

– Lumen: Eso es completamente imposible porque yo he seguido sintiéndome triste durante cientos de años. Si no he podido salir antes, ¿cómo puedo salir ahora? Mis alas están rotas, no podré salir jamás.

Entonces Lumen, volvió a sentirse tan triste que terminó sentándose de nuevo donde estaba anteriormente. Los barrotes ilusorios volvieron a rodearle, pero esta vez Bigote cuándo se acercaba a uno de los barrotes podía conseguir atravesarlo.

– Bigotes: Los barrotes ya no son tan fuertes como antes, ¿por qué sucederá algo así?

– Lumen: No lo sé. Yo me sigo sintiendo tan desdichada como antes, no debería de ser así.

Entonces, Bigotes entendió algo más. Comprendió que esos barrotes no sólo estaban ahí por la tristeza que sentía Lumen, sino por su autocompasión. Recordaba tanto su pasado, el cómo y el por qué le habían encerrado en aquel lugar que sólo terminaba por sentir compasión por ella misma.

Bigotes se acercó a Lumen dispuesto a cambiar eso. Saltó hasta sus piernas posándose sobre ella.

– Bigotes: ¿Yo te importo, Lumen?

– Lumen: Por supuesto que sí me importas Bigotes, ¿por qué me preguntas eso? ¿Acaso dudas de mí?

– Bigotes: No son esas las preguntas las que yo debería de contestar querida. La pregunta es, ¿tú confías en mí?

– Lumen: Sí, claro que confío en ti Bigotes.

– Bigotes: Y si es así, ¿por qué has dudado de mi credibilidad por ti? Te he dicho que te has curado, que ya puedes volar. Puedes ser más fuerte e incluso más veloz que antes de que te encerrasen y tú aun así, has desechado la posibilidad de esa certeza creyendo que es algo imposible. Yo te estoy diciendo que es posible. Y por eso, necesito que ahora mismo sonrías y nos saques de aquí a los dos para poder volar lo más alto que puedas.

Las palabras de Bigotes, consiguieron ser un bálsamo para el autoestima de Lumen. Así que, Lumen sonrió. Sonrió tanto que los barrotes entonces ilusorios no sólo desaparecieron, sino que explotaron de tal modo que salieron chispas de flores de éstos. Lumen cogió a Bigotes con sus manitas y entonces, aún sonriente voló. Voló tanto y tan alto como su amigo Bigotes dijo que podría.

 

hada photo

Nuestro puntaje de los lectores
[Total: 6 Average: 3.2]
Moraleja/Conclusión: Enseña que la autocompasión puede volverse tu propia cárcel, tanto, que con el tiempo te puedes cegar sin ver chispa alguna de esperanza sobre ti mismo. Dañándote y dañando a los demás.

Autor: Ainoa Rodríguez

Las apariencias engañan, pero otras veces lo que ves es lo que hay.Redactora multitemática y relatista en Hidden Words desde hacer más de 10 años.Si hay algo que tengo que decir sobre las palabras, es que ellas son las que me salvan diariamente.