Adivina mi pensamiento

¿De qué trata?: Trata de una abuela y su nieta que recuerdan días enriquecedores. Intentan valorar el tiempo, y le prestan importancia a la vida más que al deber.

Personajes: Nany, Nita

¿Dónde ocurre la historia?: ACTO I

El salón de Nany. En él hay un reloj gigante, una mesa redonda y dos sofás.

Personajes:

– Nita: Es la nieta de Nany. Tiene tan sólo unos 13 años.
– Nany: Su nombre auténtico es Nancy, y es la abuela de Nita.

ACTO I

Personajes en escena: Nany y Nita

El reloj del gran comedor parecía tener vida propia. Se llevaba bien con el tiempo, gracias a él podía hacerse notar, dar sus notas tocar su música para que así de vez en cuando pueda permitirse poner nervioso a algún que otro ser humano. Las horas en las que más conseguía ser observado y atendido era en las mañanas. Su deber era el de ser el malo de la mañana, el gallo sin cresta.

Nany y Nita, se encontraban sentadas en los sofás individuales. En el centro de ellas, había una mesa con un ropaje verde y un cristal con forma de circunferencia perfecto. En ella, las dos apoyaban sus cartas. Tan sólo jugaban a adivinar el número que tendría la una o la otra.

– Nita: Cuándo era aun más niña, jugábamos a algo parecido, ¿no Nany?

– Nany: ¿Algo parecido?

– Nita: Sí, recuerdo que tendría por lo menos tan sólo como unos cinco años. Papá y mamá se habían peleado aquel día, por eso le pedí a mamá que si podía quedarme contigo. Esa noche, me diste un vaso de leche con colacao y más tarde me dijiste que era la hora de dormir, pero no era muy cierto.

– Nany: ¿Ah no?

– Nita: No, para nada. Cuándo nos pusimos el pijama y tú me peinaste dos trenzas porque decías que así mi pelo no se enredaría con tanto movimiento, las dos nos tumbamos en tu cama. Me dejaste dormir contigo porque yo te lo pedí. Y entonces, no dormimos precisamente. No, porque recuerdo que las dos primero estábamos mirando hacia el techo. En el techo no conseguíamos poder ver absolutamente nada, y entonces… yo te hablé de esas luces que podemos ver a pesar de estar todo oscuro.

– Nany: Oh sí, ya lo recuerdo… . Y te enseñé ese juego de adivinar las formas que dibujábamos en nuestra mente.

– Nita: Las adivinaba absolutamente todas.

– Nany: En eso no has cambiado nada. Ahora todavía adivinas los números que tengo en mi mano, con los años sólo se ha tornado como un juego más complejo, lo que pasa es que por tu costumbre y rutina de él, tú no has notado una gran diferencia de complejidad.

– Nita: ¿Crees que la inteligencia se hace con la práctica?

– Nany: ¿Qué es la experiencia sino una práctica de estar viviendo tu vida diaria? La vida no es nada más que una prueba para todos, un colegio con unas normas que no todo el mundo comprendemos. Algunas personas sin más, sentimos que no encajamos con todas esas normas que nos convierten en algo que nunca deseamos ni siquiera de niños. Lo que ocurre es que, aunque no queramos aceptar y acatar las reglas que nos imponen, existe un deber para la persona que va en contra de la personalidad de cada uno… va en contra de la libertad de intuición que hayamos desarrollado y que, nos gustaría no cambiar por mucho que el tiempo llegase a pasar.

Nita se quedó mirando el reloj barnizado de marrón. Su aguja musical, continuaba el recorrido, su recorrido, su vida. Nos acompañaba como si tuviese también sus normas. Pero, ¿y si un día decidiese parar y hacer que llegásemos tarde al trabajo? Sólo sería eso, llegaríamos tarde a un deber, pero… ¿nuestro deber no es la vida? ¿El reloj no estaría dándonos un regalo sólo por decidir descansar o hacerse el despistado?

Eran las 00:30. Resultaba ser una hora mucho más tardía a la que Nita y Nany acostumbraban a dormirse.

– Nita: Me gusta muchísimo cómo reflexionas abuela. Ojalá hubiesen más personas como tú. Posiblemente así el mundo dejaría de estar tan agobiado cuándo camina por la vida. Ni siquiera parece que sepamos coger aire con nuestros pulmones como es debido. Hoy en día, respirar es algo que también nos tienen que recordar e incluso enseñar. ¿Cómo es posible que hayamos podido evolucionar tanto y a la misma vez desaprendamos una regla tan básica para nuestros cuerpo? Olvidamos lo más esencial para que nuestro cuerpo pueda sentirse en paz, para que nuestras células se sientan bien consigo mismas.

Nita se levanta del sofá. Dirige sus pasos a una estantería de madera que hizo su abuelo antes de que ella naciese. En grande, y en un lateral, existían dos iniciales grabadas; N y P. La N de Nancy y la P de Paco, su abuelo. Siempre le pareció un romántico. Después más abajo había una flechita mal hecha y ponía su nombre ”Nati”, con letra de prescolar. Lo escribió Nati cuándo tendría por lo menos unos tres años. Lo único que es capaz de recordar es que ese día acababa de aprender a escribir su nombre y estaba emocionada porque, su abuelo Paco le había prometido que si aprendía a escribir bien sus letras, entonces podría pertenecer a la madera de sauce que soportaba el peso de muchas mentes que cuentan historias. La idea le encantó tanto, que se esforzó toda una noche en la práctica de su escritura con la ayuda de Nany, por supuesto.

Inevitablemente Nita no pudo evitar esbozar una sonrisa llena de ternura. Sin casi darse cuenta, se descubrió rozando uno a uno los lomos de aquellas historias en las que según su abuelo aquel día, ahora ella formaba parte.

– Nita: ¿Tienes sueño abuela?

– Nany: A decir verdad sí… .

– Nita: ¿Te gustaría que durmiese contigo esta noche? Después de todo el abuelo ya no está y… .

– Nany: Tranquila, sí que está con nosotras. Lo estará. Cuándo nos acostemos en la cama, lo más posible es que esté escuchando desde el otro lado todas las historias que nos contemos y también… ¿por qué no jugamos a adivinar figuras?

– Nita: Podríamos… ¿crees que el abuelo desde el otro lado sabrá adivinar las formas que estoy pensando?

– Nany: Y no sólo eso, cariño. Y no sólo eso. Lo más seguro es que sea él quien influencie esas figuras en tu mente, o puede que esta noche te haga soñar con él para decirte lo mucho que te quiere, lo presente que está, y estará contigo cada noche… .

 

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Autor: Ainoa Rodríguez

Las apariencias engañan, pero otras veces lo que ves es lo que hay.Redactora multitemática y relatista en Hidden Words desde hacer más de 10 años.Si hay algo que tengo que decir sobre las palabras, es que ellas son las que me salvan diariamente.