Existe una vieja leyenda maya que cuenta que hace mucho tiempo, vivía en esta civilización un guerrero muy poderoso, capaz de combatir con decenas de enemigos para defender a los suyos. Aunque por fuera parecía un hombre fiero y temible, por dentro tenía el corazón de una persona sensible y muy generosa.
Lo que más le gustaba, era ir a cazar en los alrededores de un río enorme de aguas cristalinas. Un día, se encontraba en plena cacería cuando un movimiento llamó su atención.
Al ir a asomarse al cauce del río, vio una canoa que se aproximaba desde la lejanía.
El guerrero se fijó en la persona que iba a bordo e inmediatamente cayó enamorado. Era una india muy hermosa, de piel morena y bellos ojos negros, vestida con una túnica toda bordada de flores.
Al verla tan linda, él sintió como su corazón se inflamaba de amor, más no se atrevió a ir a hablarle por temor a intimidarla con su fiero aspecto.
Aquella noche, sin embargo, no pudo dormir pensando en su belleza.
A la mañana siguiente acudió de nuevo al mismo lugar con la esperanza de verla, pero nadie bajó por el río. Decepcionado, el guerrero regresar todos los días a ver si de casualidad la encontraba de nuevo. Más no hubo suerte en absoluto.
Enfermo de amor, fue a ver a una hechicera muy hábil que tal vez pudiera encontrar la solución a su problema no quería vivir un minuto más separado de aquella bella mujer.
—Si quieres verla de nuevo —le dijo ella—, tendrás que convertirte en un palomo para poder volar al otro lado del río, donde habita tu amada. Si estás dispuesto a adoptar esta forma tan humilde, podrás partir de inmediato. Pero te lo advierto, después de esto, no podrás volver a recuperar tu forma humana.
El guerrero, enamorado como estaba, acepto llevar a cabo este sacrificio y entonces la bruja le clavo una espina en el cuello, que al instante la transformó en un bello palomo.
Así, se fue volando hasta cruzar el río y sobre la misma canoa que había visto días atrás, se encontró de nuevo con la india, que estaba navegando tranquilamente. Tan pronto como la vio se poso en su regazo, haciéndole cariños y mirándola tiernamente.
Ella, enternecida por la ternura del ave, la tomó entre sus manos para acariciarla. Y el guerrero se sintió más feliz que nunca.
Al sentir la espina clavada en el cuello del palomo, la india la tomó entre sus dedos y la desprendió, pensando que debía dolerle mucho. ¡Qué gran error había cometido! El animalito se derrumbó al instante, agonizando por la vida que se le escapaba lentamente.
Muy asustada, la india quiso volver a colocar la espina, pero ya era demasiado tarde. El palomo había muerto.
Con una gran culpa, la mujer se clavó la misma espina y se convirtió en una blanca paloma, que desde entonces, se dedicó a llorar la muerte de su amado. Aun hoy en día se puede escuchar su triste cantar.
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