Panchito

¿De qué trata?: Una niña escucha como su tía abuela habla con Panchito, el viejo muñeco que tiene sobre la vitrina.

Personajes: Clarita, Leonora, Panchito

Pasar el fin de semana en casa de la tía abuela Leonora es lo más aburrido. Todo huele a viejo y ella está medio loca. Mamá dice que es por qué nunca se casó ni tuvo hijos, y que por eso también debemos tener lástima de ella. Pero yo no le tengo lástima. Hay algo en ella que no me agrada.

Todos los veranos es lo mismo, siempre tengo que venir a quedarme unos días para hacerle compañía, en lo que mis padres terminan de preparar nuestro propio viaje.

—La tía abuela está muy solita y es lo mínimo que podemos hacer por ella —me dice mi papá—, además a ella le da mucho gusto verte.

Yo no creo que sea así. Siempre tiene cara de estar oliendo algo feo, me dice que no suba los pies a sus muebles y se la pasa prohibiéndome cosas. Además, su comida sabe asquerosa. Lo bueno es que llevo suficientes galletas para comer a escondidas.

Odio su casa, es oscura y parece sacada de una película de terror.

—¿Ya saludaste a Panchito, Clarita? —me pregunta la tía abuela, mirándome de mala manera y señalando un objeto que está sobre la vitrina de su recibidor.

Panchito.

El horrendo muñeco parece mirarme de verdad con sus ojos azules. Tiene el pelo rubio y ondulado y la boca abierta en un gesto inexpresivo. Va vestido con una túnica muy anticuada y la tía abuela lo trata como si fuera un niño de verdad.

Por eso todos decimos que está loca, sí le afectó no tener hijos.

—Mi Panchito se va a enojar si no eres amable con él.

Le sigo el juego y saludo. Odio a Panchito.

Ya de noche me ha tocado darme un buen atascón de galletas, luego de medio comer la horrible sopa de espárragos que ha preparado. Lo único que quiero es que los días se pasen rápido para poder volver con mis padres.

Pero a medianoche, algo me despierta. Alguien está subiendo las escaleras lentamente. Debe ser ella, que bajó a beber agua o algo.

Silencio.

La escucho pararse justo detrás de mi puerta y me quedo muy quieta.

—¿La oyes, Panchito? ¿La oyes respirando? Está ahí dentro —susurra la tía abuela Leonora, con una voz que me hace sentir escalofríos—, te dije que no íbamos a estar tan solos, mi niño.

Otra pausa sepulcral transcurre en el pasillo. Yo cierro los ojos muy fuerte, tratando de ignorar el desesperado latido de mi corazón.

—Sé que odia estar aquí, ¡nos odia! Pero ya le enseñaremos a tener un poco de respeto.

Está loca, está completamente loca. Voy a contarle esto a mis padres y nunca más volveré a esta casa. Ojalá pudiera marcharme ya de aquí.

—No te preocupes, que ella no sospecha nada. Y aunque lo hiciera, ¿quién le va a creer? Los niños mentirosos son desagradables para sus padres, ¿no te lo he dicho ya?

Una risa infantil responde esta vez a sus palabras y yo me quedo helada.

muñeco photo

Nuestro puntaje de los lectores
[Total: 9 Average: 3.4]

Autor: Erika GC

Apasionada por contar historias, me gustan los buenos libros y pasarme tardes enteras en Netflix. El cine y la literatura son la mejor combinación para mí.