Poemas de Amor

Poemas de desamor: seis textos originales para acompañar una despedida

Poemas de desamor: seis textos originales para acompañar una despedida

Poemas de desamor: seis textos originales para acompañar una despedida

Una despedida puede dejar tareas pendientes, recorridos que cuestan y palabras que no necesitan enviarse. Estos seis poemas originales miran escenas distintas de ese tiempo. No trazan un calendario de recuperación ni exigen sentirse bien al llegar al último verso. Cada texto puede leerse por separado.

1. Inventario de una mudanza

Quedó una marca clara en la pared
donde estuvo el cuadro que elegimos juntos.
La miro mientras cierro las cajas:
también la casa tiene sus maneras
de recordar sin pronunciar un nombre.

Aparto tus libros de los míos,
envuelvo el vaso con el borde roto,
escribo en cada bolsa lo que contiene.
No encuentro una palabra para todo
lo que no cabe dentro del cartón.

Cuando llegue el coche, bajaré despacio.
La marca seguirá allí un tiempo.
Yo llevaré mis plantas,
la lámpara pequeña
y el derecho a no resolverlo todo esta tarde.

La separación aparece como una tarea material. La marca del cuadro permite conservar memoria sin convertirla en obligación de regresar.

2. El martes cambia de camino

El martes no tomé nuestra avenida.
No fue una gran victoria:
habían cortado el paso por unas obras
y el autobús dobló hacia el mercado.

Vi un hombre colocando mandarinas,
una persiana verde,
dos muchachas que discutían la forma de una nube.
La ciudad llevaba meses trabajando
fuera del pequeño mapa de mi pena.

Bajé una parada antes.
Compré tres frutas, ninguna extraordinaria,
y caminé hasta casa sin buscarte
en cada espalda que cruzaba el semáforo.

Todavía dolía.
Pero mis manos traían algo nuevo
y aquella tarde alcanzaba con eso.

El cambio llega por un desvío corriente. El poema admite que descubrir algo nuevo no borra de inmediato lo que duele.

3. Mensaje guardado

Escribí: todavía me pregunto.
Después escribí: tal vez si hubiéramos.
La pantalla esperaba una dirección,
ese pequeño puente hacia tu noche.

Leí otra vez las líneas.
No contenían una pregunta para ti,
sino un lugar donde dejar
lo que yo aún no sabía decirme.

Guardé el mensaje en una carpeta
sin destinatario.
No todo lo que siento necesita
llamar a otra puerta para existir.

Mañana quizá cambie una palabra,
quizá lo borre,
quizá lo deje quieto entre mis notas.
Esta noche mi tristeza tiene página.
Tu silencio puede seguir siendo tuyo.

La escritura sirve aquí para escucharse. Guardar el mensaje respeta una distancia sin negar la emoción que impulsó a escribirlo.

4. Un día sin calendario

Ayer conté una historia sin quebrarme.
Hoy una canción en la panadería
me hizo mirar el suelo
como si hubiera perdido una moneda.

La mujer del mostrador esperó
con el pan todavía entre las manos.
Pedí dos piezas, pagué,
volví a la calle con la voz más baja.

No pondré una cruz sobre este día
ni lo llamaré retroceso.
También camina quien se sienta un rato
para quitarse una piedra del zapato.

Por la tarde vendrá mi hermana.
Si puedo, hablaremos.
Si no, partiré el pan
y escucharé cómo le fue la mañana.

La escena no propone etapas ni plazos. Un momento difícil puede convivir con una acción sencilla y con la compañía disponible.

5. La llave que devuelvo

Esta llave conocía la cerradura
antes de que yo aprendiera
a subir tu escalera sin hacer ruido.
Ahora descansa en un sobre
con el nombre que acordamos escribir.

No pesa más que ayer.
Soy yo quien tarda en separar los dedos.
Me acuerdo del invierno,
de las compras apoyadas en el suelo,
de buscarla riéndonos bajo la lluvia.

Nada de eso vuelve falsa la despedida.
Hubo días buenos.
También hubo un final que merece cumplirse.

Cierro el sobre.
En mi bolsillo queda espacio
para la llave de la puerta
a la que regreso esta noche.

Devolver la llave reconoce un límite acordado. Los recuerdos valiosos no se usan como argumento para incumplir la despedida.

6. Receta para una sola ración

La receta decía cuatro personas.
Dividí las cantidades con cuidado:
menos arroz, una cebolla pequeña,
el caldo suficiente para esta olla.

Me equivoqué con la sal.
Añadí agua y esperé.
La cena no tenía que representar
mi porvenir entero.
Podía ser únicamente una cena
que aprendía a cocinar de otro tamaño.

Abrí la ventana por el vapor,
puse un plato, acerqué la silla.
Desde el patio llegó una conversación
que no intenté descifrar.

Comí despacio.
Al terminar, anoté la corrección
al margen de la receta:
la próxima vez, probar antes.

La autonomía se muestra como aprendizaje cotidiano, con errores corregibles. El cierre evita exigir una transformación completa para empezar a cuidarse.

Si buscas cuál guardar, puedes elegir el que se acerque a una escena reconocible: la mudanza, el mensaje, una comida. No hace falta identificarse con todos. Otras maneras de nombrar los vínculos aparecen en poemas de amor.

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Acerca de…

Soy Shyvirelle, creador de esta comunidad de cuentos y obras de teatro. Aquí encontrarás historias de terror, amor, drama y comedia, además de guiones para distintos públicos. Descubre a nuestros autores y comparte tus lecturas favoritas.